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Avatar: La leyenda de un Pato

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Disclaimer: Ducktales no me pertenece.

Diclaimer 2: El universo de avatar no me pertenece tampoco.

Advetencia: Cualquier parecido de ésta historia con otra cosa es mera coincidencia.


Capítulo 1: Quemando la nave


Cuando aquellos trillizos nacieron, lo hicieron sin ningún cuidado. Sólo había una lámpara justo encima de ellos que mantenía sus cuerpos calientes, externos de toda la maldad fría que el polo sur les iría a otorgar en un futuro. Desnudos, con plumas amarillas, y sin nadie a su cuidado, de uno por uno, separados por pocos segundos, quebraron su huevo y salieron de aquel lugar seguro a uno en el que nadie los iría a encontrar.

Pero a pesar de que un hecho tan bello cómo es el nacimiento de un nuevo ser (y más aún de trillizos) se puede volver tan triste por el suceso de no encontrar a nadie que los caliente con una manta, hay algo todavía más triste: La muerte. En esos instantes, a través de un rayo eléctrico y una cuchilla de vidrio muy afilada, una figura pública murió a ojos de su mejor amigo.

¿Pero qué tiene de especial ésta persona? Que el fallecido era el avatar, una persona capaz de controlar los cuatro elementos a diferencia de los demás. ¿Y esto qué tiene que ver con el nuevo nacimiento? Que uno de esos recién llegados era su sucesor.


Un pato adulto entró a la habitación donde tres pequeños patitos se encontraban durmiendo, en una gran cuna que compartían. Uno de ellos estaba bien despierto moviéndose en la cuna de forma activa a pesar de estar envuelto en una manta azul. El mayor al observarlo, sólo sonrió y lo tomó en brazos, comenzando a arrullarlo, tratando de suavizar su ronca, áspera y aguda voz para poder hacer que el chiquito durmiera.

Al sentir que el pequeño comenzaba a bostezar, lo bajó de nuevo a la cuna y lo envolvió en sus cobijas.

— Ojalá estuviera su madre aquí. Estaría orgullosa de ustedes... Están creciendo muy fuertes. – El mayor sonrió, y se acercó a darles a cada uno un beso en la cabeza: primero al que estaba envuelto en una manta roja, quien bostezó con suavidad moviéndose un poco; luego al de manta azul, quien tenía sus ojitos entrecerrados debido a que volvía a caer en los brazos de Morfeo; y al final al de manta verde, quien sonrió un poco dejando ver unos pequeños hoyuelos en sus mejillas. —... ¿Por qué se parecen tanto a ti?... – Se alejó de la cuna con pequeñas lágrimas en sus ojos.

Él no era su padre, sólo era un familiar que los iría a cuidar desde entonces. El tío Donald...


Donald escribía cartas todos los días; las repetía, pero siempre terminaba quemando todas en fuego abrasador. ¿Qué decían? Nadie lo sabe. Pero era para alguien importante. ¿Para quién?... Sólo se sabe que ésta costumbre la tiene desde que sus tres sobrinos salieron del cascarón.


Los sobrinos eran niños normales, o se veían así. Los tres tenían algo especial, pero en el mayor se había manifestado primero. ¿Conocen las leyendas de éste mundo? Hay gente especial que puede controlar un elemento natural: Agua, tierra, fuego, aire... El mayor había manifestado la habilidad de controlar el elemento agua a los seis años. Por ésta razón, ayudaba a su tío con algunas labores domésticas que incluían el uso de la habilidad. Pero por el momento no había entrenado en forma, por lo menos no hasta formar parte del grupo de "boy scoutz: los Junior Woodchuck".

Por su parte, Luis también manifestó ésta habilidad un año después, pero de forma más vaga. Porque, la verdad, cada que Paco o Hugo comenzaban a molestarlo estando fuera de casa, a sus pies se hacían pequeñas grietas en el hielo, pero no se notaban. Por lo menos así fue hasta que, en una de las rachas molestas de Paco, al lanzarle un golpe Luis accidentalmente hizo que el suelo se agrietara demás y ambos cayeron al agua.

Y Paco... Bueno, de Paco hablaremos un poquito más tarde.


Las cartas no se detuvieron nunca, las escribía y terminaba quemándolas; pero se redujeron en número. En un principio eran cinco cartas, al final sólo fue una con cinco nombres en ella. Quemada en el fuego, sus palabras se convertían en humo.


— ¡Escúchenme todos! ¡Una historia para la hora de la cena! - Gritó un perro viejo de grandes orejas, portando un ropaje típico de la nación del agua muy gastado. Su mirada era de locura, pero los habitantes se colocaban alrededor de la fogata para escucharlo hablar, como si fuera el más sabio de ése lugar.

— Hey, Hugo, ¿De verdad le calentará esa ropa? - Preguntó uno de los niños que estaba en el lugar, riendo entre dientes. Éste niño era un pato, y estaba sentado en medio de otros dos que, curiosamente eran muy parecidos a él físicamente. Lo único que los diferenciaba a simple vista (por el momento) era que las plumas de su frente estaban alborotadas y levantadas hacia arriba.

— Sí que lo hace, Paco. - Dijo el que respondía al nombre de Hugo, un niño con una pequeña gorra de invierno de color rojo, contrastando completamente con el traje azul que toda la población llevaba. — Los Junior Woodchuck le hicimos ésa ropa térmica para que no muera de frío.

Y con una llamada de atención del mayor de esa familia de patos, uno con sombrero de marinero, los dos pequeños se quedaron en silencio.

Así, el relato comenzó: Historias de los diferentes "avatares" del mundo: sobre el avatar Felix y cómo éste había provocado (accidentalmente) una pequeña riña entre espíritus y materiales, sobre el avatar Julius que fue uno de los más violentos y que murió en el mundo de los espíritus, sobre el avatar Walt que había sido el primero de todos, sobre el avatar Pattience que fue la primer mujer avatar y quien dio el orden oficial del avatar para aprenderse los elementos, sobre más avatares, sobre los espíritus, sobre el loto blanco y cómo éstos junto al gran maestro espíritu Yen Sid mantienen el equilibrio en el mundo... Pero la verdad de quien más hablaba era del avatar Mickey y su equipo, para desgracia de Donald.


El viejo del pueblo sabía quién era Donald Duck. O más bien qué había sido. Contaba historias de grandes hazañas y batallas épicas, sobre el gran maestro agua que fue, sobre el avatar que había aprendido de la técnica de éste, sobre un guerrero del reino de la tierra, sobre una pata reportera de ésta misma nación, sobre la princesa de la nación del fuego, y la última maestro aire femenina del mundo. Contaba del gran equipo que fueron, el equipo "avatar" del anterior avatar: Mickey Mouse, un joven benevolente e infantil que mantuvo a raya una creciente guerra hasta su inminente muerte a manos de alguien que actualmente está en la cárcel.

A Donald no le gustaba escuchar todo ello, pero siempre termina yendo a escuchar al viejo por sus sobrinos: Hugo, Paco y Luis. Sobre todo por el de en medio, que parecía estar aún más emocionado que los otros dos aunque le contara la misma historia todos los días.

Donald nunca negó no haber hecho tales hazañas, pero tampoco lo confirmo. ¿Qué habrá pasado con éste pobre hombre como para que sólo esté presente cuando se trata de sus sobrinos y no de sí mismo?...


— ¡Imagina que el avatar esté en nuestra tribu! ¡Sólo imagina eso! - Paco hablaba con sus hermanos, lleno de emoción, levantando sus brazos y fingiendo hacer los movimientos que el viejo contador de historias hacía al relatar los sucesos históricos.

— La verdad sí sería genial conocer al avatar. Digo, ése tipo es una celebridad desde su nacimiento... - El tercer niño que, hasta el momento no había tomado palabra, sonrió tras decir aquello, y con diversión trató de imitar al de cabello alborotado, con ello generando del suelo un pequeño flujo inconstante de agua que flotaba a su alrededor, el cual debido a poca experiencia cayó repentinamente y un sonido de decepción salió de su boca.

— Pues sí, sería bastante genial Luis... pero no creo que vuelva a aparecer. Según el viejo Jenkins ya van siete años sin avatar y se supone que tendría que nacer entre los nómadas de aire pero... - El mayor de los trillizos hizo una mueca, recordando las palabras del viejo diciendo que el ciclo estaba roto al ya no haber más que un nómada del aire, el cual no había tenido hijos nunca.

— Oh, vamos. Todo esto es cuestión de magia y esas cosas ¿No? - El menor de los tres, abrazándolos a sus dos mayores por la espalda, moviéndose de un lado a otro. — Digo, tú tienes ésa magia rara también.

— Se llama Agua control y no tiene que ver con magia, Luis. Tiene que ver con energía - Con tono molesto, Hugo regañó a Luis. — ¡Y tú también haces agua control, no soy el único!

— Magia, energía, lo que sea. – Luis alzó ambas cejas con diversión.

— ¡El avatar tiene que existir!... aún... - Dijo Paco, con mirada pensante, para al final sonreír de lado hacia sus dos hermanos con mucha seguridad. — Yo lo sé. Digo, no pudo desaparecer así como si nada.

— Já, ¿y cómo lo sabe, querido Francisco? – Hugo alzó ambas cejas a modo de reto, con diversión.

—... ¿Quizás intuición? No lo sé.

— ¡Quizás TÚ seas el avatar! – Dijo con tono burlón Luis, dando un pequeño empujón a su mayor, quien no dudó en devolverle el empujón.

— Niños, ya dejen de hablar, por favor. – Dijo su tío, volteando a verlos con mirada irritada.

— Sí tío Donald... – Dijeron al unísono los trillizos.


Años pasaban, Donald criaba a los niños, quemaba cartas, entrenaba en secreto para no olvidar nada de lo que sabía... y los niños, por su parte, jugaban, estudiaban, eran protegidos por el mayor de la casa. Lo típico en una familia pequeña y rota pero buena...


Y de repente, la protección pasó a sobreprotección debido a ése día: Paco, un mes después de que Luis manifestó su poder con el agua, exteriorizó el suyo.

Pero no fue agua control.

Fue aire control.

Ese día Donald volvió a escribir cartas, dos para ser exactos, Una iba dirigida a cuatro personas, y la quinta iba a una sola. ¿A quién?...
Pero éstas no las quemó...

El nerviosismo de Donald aumentó a más no poder, tenía a los tres encerrados en casa la mayor parte del tiempo, a Hugo ya no lo dejó formar parte de los woodchucks, y a Paco no le despegaba la mirada. Incluso tenía prohibido usar aire control en público.

Si bien en un inicio esto molestó mucho a los niños, lograron sobrevivir a su tío paranoico durante tres largos años. Incluso a veces se escapaban de su hogar para poder divertirse afuera, y aunque siempre los encontraba no podían evitar recordar aquellas travesuras con entusiasmo. Realmente no entendían el peligro actual... Por lo menos no Paco, que era quien más se arriesgaba a hacer cosas.

Llegó el momento en que su tío los encerró bajo llave cuando tenía que salir.


Agua, tierra, fuego, aire. Cuando éramos pequeños el viejo del pueblo contaba historias sobre que había una persona, naciendo cada cierto tiempo entre cadanación, que podía controlar los cuatro elementos al cual llamaban "el avatar". Contaba sobre cómo el último había mantenido la paz durante toda su época hasta que murió debido a la traición de uno de sus allegados y que, debido a ello, una guerra iba a empezar. También oía las historias, contadas por aquel viejo loco, de cómo el avatar había tenido un grupo de acompañantes en el cual figuraba mi tío Donald como un gran maestro agua y marinero. Yo, personalmente, no creí éstas historias y me mantenía escéptico. Ver para creer.
Sabía que el siguiente avatar se encontraba entre los nómadas del aire, pero según el viejo sólo quedaba uno, que raramente no seguía las costumbres, y, según él, no había tenido descendencia...
Extrañamente, mi hermano menor, Paco, era un maestro aire. El tío Donald, después de que mi hermano manifestara su poder, no nos dejó salir. ¿Sería él el Avatar?... No, la verdad no creo, sólo es coincidencia... Tenía que ser una coincidencia.


La situación de encierro empeoró con el paso del tiempo a tal punto que Donald ya no les permitía ni siquiera ayudarle a asear en casa, como si pensara que con ello lograrían escapar o algo. Inconscientemente, generaba peleas entre los niños: Luis culpa a Paco del encierro, Hugo no es un buen mediador y sólo cuida que no se lastimen con los golpes, Paco culpa a los otros dos de no hacer nada contra el tío Donald, Hugo le grita mucho a ambos (sobre todo a Paco porque el niño es demasiado imprudente)... un desastre.

Un día de peleas, estaban los tres en cocina de la casa. Luis mantenía una mirada de aburrimiento mientras observaba a Paco intentar crear un remolino de aire en sus manos, otra excusa buena para meterse en problemas.

— Ya deja eso, nunca vas a lograrlo – Dijo Luis con tono burlón, recargando sus codos en la barra de la cocina y la cabeza en las palmas de sus manos.

— ¿Quieres intentarlo tú? – Paco vio mal a Luis, cruzando sus brazos.

—... No, gracias. Yo no soy aéreo, ya sabes... – Volteó hacia un pequeño vaso con agua, intentando mover el agua pero sin lograrlo. —... Meh, algún día se dignará en hacerme caso.

— ¿Sabes que tienes qué practicar, verdad? – Hugo habló, mientras con un solo movimiento levantó el agua del vaso y la volvió a meter en él.

— ¡Dejen de hacer eso, niños! – Se escuchó el grito de Donald desde la planta alta. — ¡No quiero que se lastimen o algo!
Luis, con frustración, se recostó en la barra, boca abajo. Paco hizo una mueca de frustración. Hugo sólo suspiró resignado...

— Esto es imposible... – Dijo el hermano del medio.

— Y que lo digas. – La voz de Luis sonó. (ahogada por la gran chamarra que traía puesta)

— Ya encontraremos algo en qué divertirnos. – Dijo el mayor, tratando de animar a los otros dos.

Y así, Paco sólo comenzó a pegarle a la barra como si fuera una batería. ¿Qué? Estaba aburrido. Luis ni se inmutó por ello y continuó en la posición en la que estaba. Por el contrario, Hugo sí, y alzó una ceja.

— Perdona, ¿pero qué estás haciendo?

— ¿Ritmo?... – Y sólo continuó dando pequeños golpes, sin fijarse que a cada golpecito dejaba una pequeña mancha negra sobre la barra de madera. — Estoy aburrido.

— Eh... Paco... – Hugo intentó hacer que su hermano se detuviera al notar aquellas pequeñas manchas. Un segundo golpe sobre una de ellas generaba humo.

Pero el de cabello alborotado no se inmutó siquiera un poco.

En el proceso, Hugo siguió tratando de hacer que Paco se detuviera, pero como si ello fuera un reto lo seguía haciendo, inclusive más fuerte. Luis levantó la vista para intentar hacer que se callaran de una buena vez, pero sintió un fuerte golpe en su brazo derecho, sobre la manga de la chamarra, y entró en shock. Tras unos segundos observando una pequeña luz incandescente sobre la prenda pudo por fin gritar. Luego de él fue Hugo, y al final gritó Paco.


Donald escuchó los gritos de los trillizos y, a pasos torpes debido a la sorpresa, bajó las escaleras corriendo. Lo que se encontró fue algo nada grato: Su cocina estaba en llamas.

— ¿¡QUÉ ES LO QUE HICIERON?!

Y sin nada más que pensar, los agarró de uno por uno y los sacó de la casa, mientras las llamas arrasaban con todos y cada uno de los muebles.

Y a lo lejos, la familia observó las llamas acabar con su hogar.

— ... Ahora págenme. - Dijo Louie, congelándose mientras estiró las manos hacia Hugo y Paco. Ambos sacaron de sus bolsillos un montón de monedas, Paco menos monedas que Hugo pero le dió un paquete de carne seca de foca. Todo ésto lo hicieron sin siquiera mirarse.

— ... No puedo creer que tuvieras razón... - de un susurro, Paco, no pudo evitar mantener una cara de shock.


No quería creer, pero llegó ÉSE día. El día en el que Paco quemó accidentalmente nuestro hogar con sus manos, siendo que él en realidad controlaba el aire. Mi tío Donald entró en un pánico tan grande, que nos sacó del pueblo a las pocas horas de eso, en un bote que dice que compró. Podía observar el terror en sus ojos, y no sabía por qué, pero yo también tuve mucho miedo. El avatar volvió a nacer, y era mi hermano... ¿Qué podía ser peor que esto?


Bueno, éste es mi primer fanfic de patoaventuras. ¡Espero les guste!