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Experiencias y experimentos

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“No entiendo, Castiel” Comenzó a hablar Jack con su mochila al hombro y siguiendo al mayor con pasos torpes debido al peso de su equipaje y lo incómodo que éste era para llevar “Dijiste que me enseñarías cosas mientras nos quedábamos en el búnker, ¿o es que no habrán nuevas lecciones?”

Al principio Castiel no respondió al nephilim, aún se debatía entre decirle o no sobre sus verdaderas intenciones y en lo que se decidía por completo, optó por jugar un poco con su suerte y responder con aquello que los padres humanos utilizaban para convencer a sus hijos de no seguir preguntando.

“Lo entenderás con el tiempo.”

Pero Jack no era humano, ni tampoco estaba acostumbrado a las indirectas como lo estaba el ángel, por lo que decidió seguir preguntando lo que el mayor tenía planeado hacer todo el camino para llegar a la carretera.

“¿Y si Sam y Dean regresan y no estamos?” Preguntó Jack cambiando de tema al ver que su maestro no contestaría nada con respecto a su entrenamiento.

“Les dejé una nota.”

“¿Será suficiente para que no se preocupen?”

Castiel paró en seco, estaba seguro que no era por lo cerca que estaba su paciencia de agotarse sino que era por la idea de los dos Winchester que más apreciaba preocupándose por absolutamente nada; comenzaba a sentirse un poco culpable por no hacer más que dejar una nota sabiendo lo paranoicos que podían llegar a ser sus humanos, mas eso no significaba que se echaría para atrás, menos cuando ya caminaban sobre la carretera con mochilas al hombro.

Podría escucharse egoísta decir algo así, pero de ahora en adelante Castiel no se preocuparía por nadie que no tuviera dos alas o más y gracia dentro de sí; desde ese preciso momento lo único por lo que se estresaría sería por Jack y por él mismo, nadie más.

Solo esperaba que los Winchester pudieran comprenderlo y no acusarle de maldito ángel egoísta por ello.

“Sam y Dean pudieron valerse sin el apoyo de ángeles por años” Comenzó a contarle Castiel al menor para responder a su duda “Se han acostumbrado a la intervención divina, eso es todo; no pasará nada si los dejamos por un tiempo. Ya verás cómo la nota es suficiente.”

Jack asintió satisfecho por aquella respuesta tan llena de lógica; él ya tenía conocimiento de los hermanos arreglándoselas sin el apoyo de Castiel por años, así que continuó caminando al lado del ángel dispuesto a dejar de preguntar… Mas no de hablar.

“Y en todo caso de que te necesiten, pueden llamarte por teléfono.”

Castiel ya no respondió a eso, en su lugar asintió pesadamente con  la cabeza y, sin quererlo, se tanteó las bolsas de su chaqueta en búsqueda inconsciente de un celular que yacía sobre la mesa del búnker.

“No, Jack” Murmuró el pelinegro en tono derrotado “Esta vez, aunque llamen, no voy a contestarles.”

“¿Por qué?” Preguntó el menor sin una pizca de reproche en su voz, algo que el ángel agradeció en su interior.

“Porque no soy el único que puede ayudarles.”

Eso había sonado más agresivo de lo que el mayor hubiese querido, pero había ayudado a que su protegido no preguntara más cosas sobre lo que estaba ocurriendo y variara bastante en los temas de conversación que tenía con su maestro.

Así caminaron ambos por sobre la carretera hasta que una combi de colores vistosos se detuvo a un lado de ellos y ofreció darles un aventón al pueblo más cercano.

“Gracias por recogernos.” Dijo el ángel abriendo la puerta de la parte trasera de la combi para que Jack se subiera.

“No hay de qué, completos desconocidos.” Se carcajeó el hombre ante su propia ocurrencia, llevaba algún tiempo esperando decirle algo así a algún rider que se encontrara por el camino. “Por cierto, me llamo Jax; pueden decirme Jacson, pero eso sería muy formal. Ah, y siento si el olor a incienso es muy fuerte.” Jax era un hombre en sus cincuenta con una barba de años y ropa de manta, sus ojos eran café oscuro, su nariz ancha y su cabello ya más gris que negro estaba más desordenado que el de Castiel en sus primeros años en la tierra.

“Él es Jack, yo soy Castiel, un placer.” Se presentó el pelinegro una vez dentro de la combi y cerrando la puerta.

“Y, díganme ¿a dónde van?” Preguntó el chofer a sus dos nuevos pasajeros, quienes con trabajos se habían acomodado en tan especioso auto lleno de mantas, colgantes en el techo, bolsas de tela con más tela dentro y un sinfín de cosas más.

“No estoy muy seguro, Castiel dice que me enseñará a hacer las cosas que él hace, pero no sé bien a qué viene el viaje con todo eso.” Contestó Jack entreteniéndose por mucho con uno de los colgantes rosados y brillantes que se encontraba arriba de su nariz.

“Ah, ya veo, un viaje entre padre e hijo, entiendo.” Asintió Jax convencido de su deducción; Castiel no dijo nada ante eso, pues sabía de primera mano que el nephilim le consideraba su padre a pesar de ya haber conocido a su verdadero progenitor. “Mi padre y yo hacíamos lo mismo, era divertido dejar todo atrás y enfrascarse en una experiencia de convivencia… Aunque tanta convivencia a veces terminaba por sacar a nuestros demonios internos.”

“¿Dice que fue poseído?” Preguntó el ángel frunciendo las cejas, intentando ver el alma de aquel hombre si aún yacían rastros de una posesión demoniaca dentro del mismo.

“No como en las películas, no.” Comenzó a explicarse dibujándosele una sonrisa tenue que se ocultaba detrás de su espesa barba y bigote. “Me refiero que, cuando solo estás con alguien unas horas al día puedes aceptarla y tolerarla; como los novios que se ven unas pocas veces a la semana y están ‘profundamente enamorados’” Dijo haciendo comillas con su mano derecha. “Pero, cuando van a vivir juntos, simplemente ya no se toleran, porque es fácil fingir ser alguien más por un tiempo, pero no para siempre. Lo mismo nos pasaba a mi padre y a mí cada que salíamos a convivir… Siempre nos peleábamos, nos reconciliábamos y luego nuestra unión se hacía más fuerte; pero siempre quedaba algo por allí estancado que nos guardábamos y crecía dentro de nosotros hasta que éste salía de su escondite durante la siguiente salida. Un círculo vicioso.”

Mientras el hombre iba hablando, Jack pudo sentir la tristeza del mismo desde donde estaba sentado, acostumbrado a ello gracias a los hermanos Winchester no pudo evitar notar que aquella sensación era diferente, era más… fácil de percibir que con Sam y Dean (que no se diga este último), con ellos era un mar enfurecido, imposible de ver o sentir lo que ocultaban sus aguas, pero aquel desconocido simplemente dejaba todo fluir, inclusive derramó algunas lágrimas…

Jack no pudo evitar preguntar.

“¿Por qué le pondría triste una experiencia así? Se escucha genial.”

“Es nostalgia, supongo.” Contestó Jax encogiéndose de hombros.

Con aquella respuesta, los tres se sumieron en un corto silencio que pronto el chofer rompió con su radio mientras cantaba cada una de las melodías que la estación transmitía. Aquello hizo que, involuntariamente, Castiel pensara en Dean subiéndole todo el volumen a su música cada que su humor se prestaba a eso, como siempre buscando hacer dueto ya fuera con él o con su hermano. Por un segundo se sintió de nuevo en el Impala, pero, como le haría una y otra vez durante su viaje al lado de Jack, sacudió ese pensamiento e hizo lo posible por vivir aquel momento sin pensar de nuevo en los Winchester.