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Desvaríos de salir con Bakugou Katsuki

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Desvaríos de salir con Bakugou Katsuki

- Parte I -

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1

—Mira, no es difícil. Vas, le dices que te gusta, si puedes lo besas y de ahí ves que te hace. A lo mejor te parte la cara, pero ¡oye! A lo mejor no lo hace.

Kirishima mira a Kaminari con los ojos entrecerrados, dándose cuenta de que es lo más idiota que ha dicho en la vida.

—Es la idea más tonta que te he escuchado decir. Y eso que dices ideas tontas casi siempre.

—Hermano, eso duele.

—Aunque, tratándose de Bakugou es lo único que funcionaría —comenta Mina rascándose el mentón.

—A menos que quieras sacar tu lado romántico, Kirishima —esta vez es Sero quien se ríe.

Y como que Kirishima se lo piensa un segundo.

—Bueno, podría empezar con una charla normal, después podría hablar sobre el año pasado, algo que hayamos hecho juntos —dice de brazos cruzados y los ojos hacia un punto en el cielo, pensando.

Sus amigos van asintiendo conforme habla, al parecer conformes con lo que piensa hacer.

—Podría decirle en lo que es bueno, y a lo mejor él me contradice de mala forma, pero no, yo debo insistir.

Otro asentimiento.

—Le diría lo que pienso, completamente, porque es bueno, porque es genial, todo.

Esta vez sus amigos no asienten, pero se le quedan viendo, o al menos Kirishima está seguro de que lo están mirando a él, pero no se molesta en confirmarlo y sigue hablando.

—Y entonces, podría decirle que me gusta, a pesar de su carácter de mierda y actitud testaruda, su malhumor y el cómo no es para nada sincero. Y después de eso, si lo sorprendo, me gustaría besarlo, de verdad que me gustaría ¿Qué opinan?

Kirishima se perdió tanto en su monologo sobre la confesión perfecta que no se dio cuenta de que sus amigos no lo estaban mirando a él, sino a un punto detrás de él. Y sin tener idea, Eijirou se voltea y siente que el corazón se le vuelve de piedra sólida.

Están los cuatro hablando en el jardín del dormitorio, a la vuelta del edificio, donde se supone casi nadie va porque es domingo en la tarde y sus compañeros regresan del fin de semana en casa y van de frente a sus habitaciones a preguntar qué hay de cenar.

Pero ahí estaba Bakugou, con una mochila colgada en su hombro, su genial chaqueta de cuero, jeans negros y botas geniales en los que Kirishima inevitablemente se fija porque lo hacen lucir jodidamente guapo, a pesar de no es el momento.

Y es la expresión sorprendida de Bakugou lo que altera a Kirishima, porque su ceño no está fruncido y sus cejas rubias y frondosas se han disparado hacia arriba, y en su rostro se refleja una genuina conmoción.

—Estas… ¿Estás hablando jodidamente en serio? —suelta, ladeando la cabeza a un lado.

Kirishima se queda rígido, y solo se gira para buscar ayuda en sus amigos, pero estos han echado a correr. Ambos chicos pueden ver como huyen por el camino que lleva a la entrada de la residencia, seguramente pensando en esconderse hasta que caiga la noche, sin importarles que han dejado a Kirishima completamente solo y jodido.

Entonces Eijirou mira a Bakugou, y no pasa ni un segundo antes de que se incline hacia adelante y grite con todas fuerzas.

—¡Sí, Bakugou! ¡Me gustas! ¡Sal conmigo, por favor!

No va a mirarlo, va a quedarse mirando el suelo con la cara y el cuello ardiéndoles de la vergüenza, hasta que Bakugou diga algo. Espera un rechazo, un terrible rechazo, pero lo que escucha es algo completamente distinto.

—¿Estás seguro?

Entonces es ahí cuando Kirishima se endereza de golpe y mira a Bakugou de nuevo, y entonces asiente, una vez, de forma exagerada.

—¡Completamente!

—¿No te estas confundiendo?

—¡Por supuesto que no!

—Sabes que soy un idiota.

—Es raro que lo admitas, pero ya lo sé, no me importa.

—No voy a dejar de gritar.

—Lo sé.

—Te haré estudiar mucho.

—Acepto eso.

—No voy a cambiar mi genio solo por ser tú.

—Acepto eso también.

—Entonces está bien.

—Acepto e…

Entonces Kirishima se queda callado, y sus ojos casi explotan de tanto que llegó a abrirlos.

Bakugou lo mira con la expresión de siempre, pero esta sonrojado, y Kirishima se sorprende mucho de lo lindo que se ve sonrojado hasta las orejas. Katsuki chasquea la lengua mirando a otro lado.

—La verdad es que… ya te habías tardado en decirme algo, idiota —dice sin mirarlo, rascándose el cuello.

Kirishima se estremece, y no puede evitar lanzarse sobre él para abrazarlo y estrujarlo con todas sus fuerzas, con una inmensa sonrisa en la cara.

Se arriesga, y le roza la mejilla con la punta de la nariz, mientras Bakugou se queja, pero no se resiste, y se sujeta a los costados de la sudadera de Kirishima. Entonces se miran a los ojos, y los orbes rubíes de ambos brillan con intensidad. Y es en ese momento que Kirishima quiere besarlo, realmente quiere, sin embargo-

—¡AHH! ¡SE ESTAN BESANDO!

-es por las risas de sus amigos que han vuelto porque son chismosos y no se resisten a saber qué pasa, por lo que se detienen, y Kirishima tiene que evitar que Bakugou golpee a Kaminari o a Sero en la cara. Él ríe, escucha a Ashido reír también, y también oye que los felicita.

Y Kirishima está muy feliz.


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2

Han pasado cinco días desde que le dijo a Bakugou que le gustaba, y Kirishima, aunque podría ser considerada la persona más feliz sobre el planeta tierra, tiene varias razones para quejarse.

Porque sabía que no todo iba a ser color de rosas al intentar tener algo con Bakugou pero vamos.

Cinco días, y nada ha cambiado, y no sabe si eso es algo bueno o algo malo. Porque tal vez ahora sean novios o algo así, pero es que a Kirishima le molesta que no hayan hecho nada.

Nada de nada, no han pasado tiempo juntos los dos solos, no han almorzado solos, no se han tomado de las manos, ni siquiera se han besado. Y Kirishima quiere quejarse con alguien, con alguna administración del corazón y relaciones con chicos tsunderes, pero debe conformarse con Kaminari.

—¿Estaré haciendo algo mal? —le pregunta esa tarde, tirado de cabeza en el sofá de la sala, donde están los dos solos sin hacer nada.

—No lo creo —le dice Denki mientras ojea una revista—. No es culpa de ninguno de los dos, de todas formas, es la primera relación de ambos. No es como si pudieras pedir mucho. Pero si te vas a quejar, a lo mejor deberías hacer algo tú primero. No creo que Bakugou lo haga muy pronto.

—¿Pero y sí ahí es cuando de verdad hago algo mal? —pregunta con preocupación—. No quiero molestarlo tampoco.

—Te estás preocupando demasiado, por favor, relájate, es solo Bakugou. Si no quisiera hacer algo contigo no te habría aceptado en primer lugar.

Sin embargo, eso es algo por lo que Kirishima se está quejando también. Que Bakugou ha aceptado estar en una relación con él pero no le ha dicho nada, algo como un me gustas también. Y también se lo dice a Kaminari, y él le dice que se calme o que haga algo por sí mismo.

Tal vez Kirishima lo haga, pero lo que queda del día no ha podido ver a Bakugou porque está realizando un proyecto de ciencias en el que se ha visto envuelto junto con Yaoyorozu y Midoriya, por lo que Katsuki le ha dicho que se quiere morir.

Así que se va a la cama pensando que al día siguiente a lo mejor hace algo. Tal vez invita a Bakugou a salir por ahí.

Pero a la mañana siguiente se queda dormido y nadie tiene la decencia de levantarlo. Es solo cuando, cerca del mediodía, Bakugou irrumpe en su cuarto con dos mochilas, y le tira una contra la cara que lo hace despertarse.

—¡¿QUÉ?!

—Alista unas cosas y cámbiate con ropa deportiva. Tienes quince minutos o me iré sin ti.

Y se va y lo deja ahí, confundido y desorientado, pero el portazo con el que se va son suficientes para que Kirishima reaccione y haga lo que le dijo. Y no se lo cuestiona, porque el tono de voz de Bakugou es suficiente para hacerlo obedecer.

Tampoco le cuestiona que lo sacara del edificio sin decir nada y los lleve a la parada de autobús, donde se suben a uno de los que salen de la ciudad. No le cuestiona cuando le da un sandwich de atún y un sorbo del café que tiene el termo de su mochila. Se lo cuestiona recién cuando ha terminado de comer.

—¿A dónde estamos yendo?

—¿En realidad quieres saber?

Kirishima parpadea.

—Bakugou, ¿vas a matarme?

—Hoy no, al menos.

—¡Hoy no! Ahora en serio quiero saber.

Bakugou, sentado junto a la ventana, con la barbilla apoyada en su mano, una chaqueta beige sobre una musculosa negra y pantalones holgados y botas de montaña, que a ojos de Kirishima se ve muy bien, lo mira ladeando la cabeza y tras eso esboza una sonrisa imperceptible.

—Sería una especie de cita, supongo.

Y eso es suficiente para callar a Kirishima, quien se queda con la boca abierta y los ojos en blanco, mientras Bakugou saca su reproductor mp3 y se pone los audífonos y se queda mirando la ventana.

El shock de Kirishima es tan grande que cuarenta y cinco minutos más tarde, Bakugou prácticamente tiene que arrastrarlo fuera del bus y llevarlo por el sendero del bosque, y cuando se detienen un kilómetro más adentro, le da una pequeña cachetada para que espabile.

—¡¿Qué?!

—¿Qué clase de reacciones son esas? —le pregunta Bakugou arqueando una ceja—. Vamos de una vez.

Entonces Kirishima observa como saca unas cuerdas de su mochila y unos ganchos, y todo en su cabeza cuadra.

Levanta la mirada y ve la gran subida rocosa que Bakugou pretende que suba.

—¿Quieres la cuerda o quieres usar tus manos? —le pregunta Bakugou abrochándose un cinturón con los ganchos y la soga, antes de mirarlo—. A menos que esto sea demasiado para ti.

Y Eijirou queda en blanco de nuevo. De repente siente un deseo de callarle la boca al chico frente a él, un deseo intenso y calcinante. Entonces se quita la chaqueta de encima y la mete dentro de la mochila. También se quita las botas, antes de ajustar las correas de la mochila, y cuando está en la base de la montaña endurece los pies y sus manos y empieza a escalar.

—Te veo arriba.

—Sí, claro.

Han hecho eso antes, en la escuela, durante el primer año y parte del segundo, al menos para Kirishima, pero Bakugou lo ha hecho desde que era un mocoso, así que lo alcanza, y lo sobrepasa. Se ha vuelto una competencia sin que ninguno de los dos dijera nada.

—No vayas a mirar abajo, idiota —oye que le dice.

—¡Como si tuviera miedo a las alturas!

Esta por apresurarse cuando se da cuenta, de que Bakugou está justamente encima de él, entonces lo ve, en eso que se había fijado desde antes ya. En algo más que en esa descomunal espalda suya. Se ha fijado en su trasero y en el cómo se mueve.

Y no puede mirar abajo, pero tampoco quiere dejar de mirar hacia arriba, pero no le parece correcto hacer eso, así que entra en una crisis de repente.

—Oye, bastardo ¿Te has quedado mirando mi trasero?

La pregunta de Bakugou le llega desprevenido, tanto que casi se suelta de las rocas y cae hacia abajo.

—¡C-Claro que no!

—Ya.

Ha sido tal vez su imaginación, pero lo ha escuchado reír, y solo puede enrojecer de la vergüenza.

Continúan escalando en silencio, pero Kirishima ahora mira a los costados o al frente, así que no se fija en nada, hasta que siente una leve molestia en sus brazos, y tiene que mirar hacia arriba para calcular cuánto falta, pero cuando lo hace casi se suelta de la impresión, pues Bakugou ha desaparecido, pero la cima ya está cerca.

—¿Bakugou? ¡¿Bakugou?! ¡Oye! —exclama, mientras escala más rápido—. ¡¿Dónde estás?!

No era posible que haya llegado a la cima tan rápido sin que lo notara, y si era posible entonces deberían darle el premio a Kirishima por ser tan descuidado. Llega a la cima y se arrastra sobre el suelo, y luego vuelve a gritar.

—¡¿Bakugou?!

—Eres lento.

No ha subido ni la mitad de su cuerpo cuando lo ve, lo que hay ahí, en frente de él, en el borde del risco. Hay tierra y pasto, y a unos metros más adelante lo que parece ser una pradera y más árboles. Y se da cuenta de que han llegado a ese sitio de la forma difícil.

Pero, en medio de eso, una manta roja sobre el suelo, y botellas y platos con comida.

Kirishima ha quedado en blanco de nuevo, y de nuevo a estado a punto de caer, y lo hubiera hecho de no ser porqué Bakugou lo ha tomado de la mano y lo ha ayudado a subir.

Entonces hace que se gire y miré hacia adelante. Y ahí está la ciudad, extendiéndose hasta donde pueden mirar. Kirishima queda con la boca abierta de nuevo, y los ojos le brillan.

—Desde aquí se ve la escuela, también —le dice Katsuki, señalando un lugar.

Kirishima sigue su dedo y a lo lejos puede ver el inmenso edificio de la academia.

—Wow, ¿Cuánto tiempo estuvimos escalando?

—¿Ni siquiera te fijaste en eso? ¿Qué te ocurre? —le cuestiona Katsuki, arqueando una ceja—. Bueno, no importa, vamos a almorzar.

—¡Oh, sí! —dice mientras se quita la mochila de encima y vuelve a ponerse sus botas.

Bakugou se adelanta y se sienta en el suelo antes que él.

—¿Estabas planeando todo esto desde hace mucho? —pregunta Kirishima entusiasmado, sentándose al otro lado de la manta.

Porque la idea de pensar que Bakugou estaba organizando eso desde que empezaron a salir le revolvía el corazón.

—En realidad no, se me ocurrió anoche —le responde sin mirarlo—, solo que todo salió bien porque te quedaste dormido.

—Oh, ya veo —Kirishima asiente antes de darle una mordida a la enorme hamburguesa que tiene en las manos. Es tan deliciosa que es obvio que Katsuki las preparó. Traga una vez para hablar—. Quien diría, puedes hacer sorpresas así si quieres.

—Bueno, es que se me ocurrió después de hablar con Sparky.

Y entonces, de lo que Kirishima estaba comiendo felizmente, casi se atraganta. Porque es tonto, pero no tanto. Porque se ha dado cuenta, de que Kaminari le ha contado a Bakugou todo lo que le dijo el día anterior, así que quiere morirse ahí mismo.

Mira a Katsuki con temor, preocupado por como lo mire a él, pero este solo está tomando su jugo muy tranquilamente, mirando el horizonte.

—B-Bakugou, eso es…

—Está bien.

—¿Eh?

—Que está bien, idiota —le dice mirando la botella de jugo en vez de a él—. Aunque… supongo que lo siento.

Kirishima parpadea.

—¿Pero por qué te estas disculpando? Si yo fui… —se mira las manos antes de seguir hablando—. El que se estuvo quejando de cómo iba esto fui yo…

—Y el que no se molestó en intentar algo fui yo —dice Katsuki.

—¡Pero! ¡No estás en la obligación de hacer nada! —grita Eijirou, sin mirarlo, tomándose la cabeza con una mano—. No deberías hacerle caso a un idiota como yo…

—Y tú no deberías querer a alguien como yo, pero aquí estamos —dice Bakugou, sin mirarlo tampoco todavía—. Y no me malinterpretes, yo planeaba hacer algo como esto, pero quería… sorprenderte, supongo. Es que… —Kirishima lo mira de lado, esperando a que hable—… no quiero cagarla contigo, porque…

Y susurra algo que Kirishima no alcanza a escuchar.

—¿Eh? —dice de nuevo.

Entonces es ahí cuando Katsuki lo mira, y le sostiene la mirada, con una intensidad que a Kirishima le revuelve el corazón.

—Porque me gustas bastante, creo.

Katsuki se ha abrazado las rodillas y tiene la cabeza envuelta en una mano, y lo mira con las mejillas color carmín, pero con una expresión calmada.

Y el aire de los pulmones de Eijirou se vacía, y lo invade la felicidad.

Deja la hamburguesa sobre el plato encima de la manta y se acerca a Katsuki para sentarse a su lado, y apoyarse sobre su hombro.

—Tú también me gustas bastante —le dice, sonriendo—. Y tampoco quiero hacer nada que nos moleste. Quiero hacer las cosas bien contigo. Por eso… si tenemos que llevar esto lento para hacerlo bien, no me importa esperar.

—Ya —acepta Katsuki mirando al frente de nuevo—, pero la cosa es que yo ya no quiero esperar.

Y antes de que Kirishima pueda decir nada, Bakugou se gira y le toma la cabeza con una mano y junta sus labios contra los suyos, tan rápido que siente que le han chocado los dientes, y sus narices se rozan y le hacen cosquillas, pero no se separan, al menos no por unos siete segundos. Bakugou lo suelta y se hace a un lado entierra la cara contra las rodillas.

Kirishima solo puede mirarlo. Y ve esas orejas rojas y siente el calor en sus propias mejillas y también siente las ganas de querer besarlo de nuevo. Pero Katsuki está, aunque pareciera imposible, avergonzado, porque ha sido algo torpe, ha de admitir, pero a Eijirou eso no le importa.

—Oye, Bakugou. Mírame.

—No.

—Mírame.

—Que no.

—No ha sido tan malo.

—Jódete.

—Yo pude hacerlo peor.

—¿Ah sí?

—¿Quieres probar?

Logra captar la atención de Katsuki, quien se separa de sus rodillas y lo mira, y Kirishima le sonríe con cariño. Bakugou se endereza y deja que le tome la cara, y se miran fijamente, hasta que deciden acercarse, lentamente, y se vuelven a besar con suavidad.

Se rozan lento, sin prisa, saboreándose de esa forma. Y a Kirishima le sorprende que ese tacto sea tan gentil, que un beso con Bakugou sea tan calmado. Pero claro, solo es un roce de labios, así que se imagina como sería algo más profundo con él.

Pero ha pensado demasiado pronto porque Bakugou lo toma por las mejillas y lo acerca más, se apresura más, con todo lo que puede, y Kirishima decide hacer lo mismo. Siente el aliento del contrario contra la garganta, y ni siquiera ha abierto mucho la boca. Se siente desfallecer.

Justo cuando el aire se le acaba, Bakugou rompe el beso, pero se queda lo suficientemente cerca para que Kirishima roce su nariz contra su mejilla.

—Me gustas —le susurra al oído—. Un montón.

Bakugou suelta un ruidito como de asentimiento, y entonces lo vuelve a besar.

Y Kirishima siente que podría estar así el resto de su vida.


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3

Para cuando han puesto un pie en la residencia, un montón de ojos los están mirando fijamente, y a Kirishima le hace gracia, pero a Bakugou le molesta ligeramente.

—¿Qué ven? —suelta escuetamente.

—A la pareja más linda de la residencia, eso vemos —se burla Sero desde la sala.

Kirishima piensa que Bakugou se le va a tirar encima, pero no pasa nada, solo se queda ahí parado a su lado y los ve a todos con mirada neutra, pensativo. Todos los miran expectantes también hasta que sucede. Katsuki le toma de la mano y ladea la cabeza al tiempo que Eijirou siente su cara explotar en rojo vivo.

—Sí, tal vez lo somos ¿Y?

Todos jadean sin creérselo, pero seguido de eso algunos sonríen y los felicitan, mientras que otros no pueden salir del shock porque parece muy irreal la situación. Tienen hasta ganas de hacer una cena de celebración, y Kirishima se siente morir.

Mira su mano entrelazada con la de Katsuki, quien lo está sosteniendo frente a todos sin importarle nada, entonces piensa que se va a desmayar en cualquier segundo por la felicidad, pero entonces ve a Kaminari entrando a la sala, y Denki también lo ve a él.

Se miran por un segundo hasta que Eijirou recuerda que él fue de chismoso y le contó todo a Bakugou, y Kaminari parece darse cuenta que de que quizás está en problemas, así que da media vuelta y huye. Pero Kirishima no lo va a dejar escapar.

—¡Vuelve aquí, tú, traidor! —exclama soltando la mano de Bakugou -ya luego se golpeará por haber desaprovechado la situación- y persigue al blondo hasta el tercer piso.

—¡No me atraparas con vida!

Pero entonces Kirishima se quita la mochila de encima y la lanza a esa cabeza rubia y lo derriba cuando está a punto de llegar a su habitación, tumbándolo al suelo.

—¡¿Kaminari, por qué?! —le grita cuando está a su lado, y lo mira desde arriba—. ¡¿Por qué le dijiste todo a Bakugou?!

—¡Es que estaba preocupado por ti!

—¡Si el que dijo que no me preocupara fuiste tú!

—¿Has escuchado el dicho tú tranquilo yo nervioso?

—¡Kaminari!

—¡Bien, bien! ¡Lo lamento! —se disculpa juntando ambas manos y poniéndolas delante de su cara, acongojado—. ¡No lo volveré a hacer! Pero, de todas formas, ¿fue todo bien o no?

Entonces Kirishima parpadea y recuerda el almuerzo y el cómo se besaron durante media hora, y la bajada por el bosque desde la cima hasta el paradero de buses y como se besaron de nuevo, y hace nada le ha tomado de la mano y se la ha apretado firmemente. Y sonríe embelesado sin darse cuenta.

—Veo flores y un fondo rosa tras de ti —le dice Kaminari, con una sonrisa burlona.

—Oh, cierra la boca —se ríe también—. Pero… debo decir que estoy feliz.

Kaminari le sonríe con cariño.

—Eso es genial —le dice dándole un golpe amistoso en el brazo—. Es asombroso que hayas logrado conquistar al tipo con peor carácter de la escuela. Eres genial.

—¡Kirishima! —grita alguien subiendo por el pasillo.

Es Tetsutetsu, uno de los que han sido ascendidos a la clase A de las clases inferiores para su segundo año. El chico se acerca estoico y con el ceño más fruncido que de costumbre.

—¡No salgas corriendo así, hombre! —le grita—. ¡Cuenta todo, con detalles!

—¿Qué, eres una chica chismosa? —cuestiona Kirishima consternado.

—¡Ay, pero yo quiero saber! —exclama Kaminari en un tono chillón y de niña, apretando los puños y subiéndolos a la altura de su barbilla, mirando a su amigo con brillos en los ojos y una sonrisa boba.

—¡Qué demonios!

—¡La que sí es una chica chismosa sí quiere saber~! —entonces llega Mina, canturreando, y también están Ochako y Deku.

—Kirishima, te admiro un montón.

—Midoriya, yo no tengo idea de que estás hablándome.

—¡Estoy muy feliz por ti, Kirishima-kun!

—¡Gracias, Uraraka!

—Tú también estás muy feliz, ¿no? —le dice Tetsutetsu codeándole el brazo.

Kirishima se le queda viendo, luego a todos y después un punto en el vació, hasta que eventualmente, sonríe.

—¡Sí, estoy feliz de estar con Bakugou! —dice con una enorme sonrisa en la cara.

—¡AH! ¡Brilla mucho!

—¡Me lástima!

—Oigan.

Todos se giran hacia las escaleras y ven a Bakugou, al lado de Sero también, parado ahí, quien los mira arqueando una ceja.

—Dejen de acaparar a mi novio, malditos raros.

Entonces una flecha invisible atraviesa al suelo, y esta vez sí que se desmaya. En realidad, no, solo cae al suelo y se hace un ovillo, y se sonroja de la cara hasta los pies.

Porque Katsuki ha dicho eso. Le ha dicho novio. Y todos los miran boquiabiertos, y tal vez a Deku le va a dar un ataque también, porque eso no puede estar pasando.

—¡Él… él solo… Solo lo dijo así y ya! —exclama Kirishima cubriéndose la cara.

—¡Pero que lindos son, ustedes dos!

—¡Ashido cállate!

—Bakugou no tiene vergüenza.

—Soy carente de eso.

—Vas a matarlo de amor, chico.

Kirishima no lo ve, pero escucha como se bufa. Y a lo mejor piensa, o quiere creer, que Katsuki sonríe.

—A lo mejor planeo eso.

Entonces todos gritan, alucinando por como Katsuki ha llegado a soltar algo como eso.

Y Kirishima se siente morir.


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4

El lunes a la hora del almuerzo Bakugou se lo lleva afuera del cafetín, no le toma de la mano, pero si lo jala firmemente de la muñeca con la mano, y con la otra sostiene su bandeja de comida. Kirishima también tiene su almuerzo en una mano y solo puede mirar a Bakugou sorprendido.

Los lleva hasta los jardines fuera del edificio, a la parte trasera, pero es donde empieza la pequeña arboleada que tienen en el jardín, donde hay bancas para que se sienten y todo.

Así lo hacen, uno al lado del otro y Kirishima no le cuestiona nada y come en silencio, pero una sonrisa boba se le ha plasmado en la cara.

—En serio eres brillante, me lastimas los ojos.

—Brillo de felicidad.

—No molestes.

—¿No querías matarme de amor?

Bakugou no dice nada y se lleva un pedazo de carne a la boca. Kirishima sigue sonriendo y come también. La sombra es agradable, la brisa también, hay pájaros cantando cerca, y el silencio no es nada incómodo. Es una escena que Kirishima le gusta, un momento que quiere apreciar, y espera que se repita cada vez que puedan.

—Oh, cierto, debemos formar los grupos para eso del viaje escolar —le dice.

—Se supone que será con los idiotas de siempre y Ashido, ¿no? —responde Katsuki, tajante—. No sé porque me preguntas eso.

—Me parece lindo que los consideres, y que llames a Ashido por su nombre y no incluyas con los otros.

—Mina es de todo menos una idiota. Entrometida y chismosa tal vez, pero no idiota. Como Sparky, que es idiota y entrometido.

—Tienes razón… momento, acabas de llamarla por su nombre.

—Ajá.

—Llámame por mi nombre también.

—No.

—¡¿Por qué?!

—No quiero.

—¿Te da vergüenza?

—Qué demonios, claro que no.

—¡Te da vergüenza! ¡Pero si todo el fin de semana me estuviste diciendo toda esa clase de cosas!

—No sé a qué te refieres.

—Bakugoooooou.

—Deja que termine de comer, estúpido.

Kirishima se calla, y vuelve a insistir cuando Katsuki está a dos bocados de terminar su almuerzo. El rubio suspira, y mira el suelo frente a ellos.

—Mira, tal vez yo vaya a decir esa clase de cosas tontas.

—Y cursis.

—Eso, tal vez vaya a decir algo como eso de vez en cuando, pero con personas alrededor.

—¿Eh?

—Así puedo hacer que la gente vea como te avergüenzas tú por mi causa.

—¡Ah, eso es malvado! ¡¿Qué clase de novio eres?!

—Tu cara de estúpido no tiene precio.

—Lo peor es que no me puedo enojar contigo, maldición.

Katsuki se mofa y termina ese último bocado de comida, mientras Eijirou come su carne refunfuñando.

—Además… así puedo presumir un poco más, supongo.

Kirishima lo mira confundido.

—¿A qué te refieres?

—Nah, no es nada importante. Aunque, me gustaría que la gente vea tu cara cuando te diga por tu nombre, Eijirou.

Y ahí está, con sus defensas desvanecidas por completo, le ha dado un golpe de gracia. A lo mejor quiere matarlo, debe ser así.

—Tú…

—Soy malvado, ya me lo has dicho, idi-

Entonces Kirishima lo toma del cuello de la camisa y lo besa. Se le cae la bandeja de comida vacía y los palillos, y a Bakugou le sucede lo mismo.

Le encanta saborear esos labios, y mientras que lo hace intenta sopesar las palabras de Katsuki, como a que se refiere cuando le dice que quiere presumir. La idea de presumir la relación que tienen pasa por su cabeza, pero es demasiado bueno para ser verdad.

Aunque, ahora está besando al chico que le encanta, y le está correspondiendo, lo cual es algo real. A lo mejor pensar que quiere presumirlo no es algo malo, y tendría sentido, como decir que son la mejor pareja, o llevárselo afuera a comer frente a todo el mundo. Es algo tan tierno que le revuelve el corazón.

Y eso es algo que a Kirishima le gusta apreciar.


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5

La semana siguiente los llevan de viaje escolar a la ciudad de Nara, porque dentro de otras dos semanas empezarán los exámenes tanto teóricos como prácticos, y como que el profesor Aizawa quiere que se relajen un poco antes del sufrimiento. Es algo en lo que un estudiante inteligente debería pensar y notar, pero Kirishima está muy ocupado indignándose porque los han separado por grupos y no ha quedado con Bakugou, como había planeado

Porque quisiera ir a recorrer los puentes colgantes o las calles arboleadas junto a él, pero no puede, y espera que el segundo día del viaje sea diferente. Pero se contenta un poco cuando llega la noche y vuelven a encontrarse en el hotel donde van a quedarse. Bueno, se contenta en parte, y la otra parte se pone ansiosa. Porque van a compartir los baños termales, con todos claro, pero ver a Bakugou entrando a la bañera sin nada puesto le pone los nervios de punta.

El cabello mojado, la piel húmeda, incluso puede notar como respira. Y espera que nadie note que su cara está ardiendo como los mil infiernos, o a lo mejor lo notan, pero no dicen nada. Incluso cuando salen y lo ve vestido en una yukata azul se siente desfallecer.

Para colmo, cuando van a la habitación de los chicos a dormir, Bakugou se acuesta a su lado y no le dice nada, y solo cierra los ojos y listo. Y Kirishima se le queda viendo todo el rato, incluso cuando ya han apagado las luces y todos han empezado a dormir.

No sabe cuánto tiempo pasa, pero no puede dormir, porque algo no anda bien, y lo sabe en alguna parte dentro de su ser.

—Oye, Blasty —le susurra.

—Hmm.

—No puedo dormir.

—Hmm.

—¿Vamos afuera?

A lo mejor esta alucinando, pero los ojos rojos de Bakugou brillan en la oscuridad y lo miran. Primero extrañado, pero luego es como si le dijera que qué importa, y se levantan con cuidado los dos.

Esta vez es Kirishima quien lo jala fuera, y caminan con cuidado de no hacer ruido por los pasillos del hotel, hasta que llegan a uno de los balcones del piso, que es iluminado por la luz de la luna.

Ninguno de los dos puede dormir ahora, así que está bien estar ahí un rato. Sin embargo, Kirishima no lo ha llevado ahí a que observen el cielo estrellado o que concilien el sueño por el aburrimiento. Lo ha llevado ahí porque quiere probar algo que no sería prudente pedir en el dormitorio, porque de hacerlo pasarían cosas comprometedoras y él no está dispuesto por pasar algo como eso ahí en ese lugar.

Así que se arma de valor y mira al chico a su lado, con la determinación en sus ojos y alma.

—Eh, Bakugou.

—¿Mmh?

Se le va la voz cuando se gira a mirarlo, y es que Katsuki se ve tan hermoso a la luz de la luna y con la yukata del hotel puesta, que le es difícil seguir hablando, y los nervios lo invaden.

—Quería, ahm, si tú quieres, probar algo... es, no sé, no tienes que decir que sí pero...

—¿Qué cosa? Deja de balbucear.

—¿Puedo besarte?

Bakugou parpadea, como si no se lo creyera.

—Desde cuando pides permiso para eso.

—No, es que, quiero besarte, pero, no como siempre sino... tu sabes, probar, ¿algo más? ¿Quizás?

—Ah. Oh.

La cara de Eijirou esta roja al punto de ebullición, y Katsuki no se ha quedado atrás, porque es más que obvio que esa propuesta lo ha tomado por sorpresa.

—Entonces...

—Esta... bien.

Kirishima respira una vez antes de acercarlo por los hombros y abrazarlo así, tomándole la cara y acariciándole las mejillas, los labios, delineándolos con el pulgar. Y si bien está nervioso también está ansioso.

Entonces Katsuki separa los labios y siente que pierde el control, y se acerca y lo besa, entre rápido y lento, entreabriendo los labios también. Y es bastante intrépido lo que piensa hacer, pero la hace porque tiene unas ganas inmensas de probar aquello. Así que usa la lengua, y en medio del beso la pasa por sobre el labio superior de Bakugou, antes de meterla en su boca. Entonces siente la lengua de Katsuki moverse contra la suya también y se estremece, y cierra la boca sin querer.

No se ha fijado que Katsuki estaba haciendo lo mismo que él, así que inevitablemente muerde su lengua y el chico rubio gimotea y tienen que separarse. Ahora Kirishima se quiere dar un tiro.

—¡Oh por dios! ¡lo siento, lo siento! ¡Lo siento tanto! ¡Perdón! ¡Yo...!

—Pff, ya cállate —le dice Bakugou, tapándose la boca, antes de retorcerse un poco de risa.

Kirishima lo observa atónito, por sobretodo porque no está enojado y no lo ha mandado a volar.

—No te disculpes tanto —le dice Katsuki luego de mover su lengua fuera de su boca para que recupere la sensibilidad—. Te preocupas tanto que hasta es gracioso.

—Lo siento...

—Que no te disculpes. A ver, probemos de nuevo.

Kirishima no tiene tiempo de quejarse cuando Bakugou lo abraza y se acerca peligrosamente a su cara.

—Abre la boca —le dice, demandante.

Y así lo hace, porque la idea de Bakugou tomando la iniciativa siempre lo pone ansioso y estúpidamente loco de amor, así que cuando siente que le mete la lengua en la boca se siente flotar. Ahora no es tan extraño, ahora puede hacer lo mismo con confianza, pero no deja de ser bochornoso y un poco demasiado excitante. Le pasa la lengua por los labios, los dientes y el paladar, recorriendo cada milímetro, y siente como se enroscan sus lenguas dentro de sus bocas y la temperatura sube.

Entonces Bakugou lo toma firmemente de los hombros y de lo que están en el barandal de la terraza ahora están contra la pared. Kirishima siente el frio del concreto cuidadosamente pintado contra la espalda, mientras Katsuki le abraza el cuello y junta sus pechos y piernas y el beso toma más forma.

Se acostumbran, se moldean las bocas el uno al otro. Se les acaba el aire en un momento, pero cualquiera de los dos tiene que volver a comenzar porque se siente glorioso y agradable, que podrían pasarse así toda la vida.

Pero ambos saben que la vida es más que solo besos, y el hecho de pensar en el momento en que lleguen a algo más los enloquece. A lo mejor a Katsuki lo desespera, pues baja una mano contra su pecho y le quita la yukata por un lado del hombro, y cuando mete la mano bajo la tela y lo toca donde su piel está más sensible que nunca, Kirishima no sabe si detenerlo o dejar que le haga lo que quiera.

Pero no sucede nada porque alguien aparte de ellos dos llega y habla y todo se va a la literal mierda.

—Oigan, ¿estaban acá? ¿Qué están- ¡AHHHH!

Es Kaminari, que ha aparecido de la nada buscándolos porque no los ha encontrado en la habitación y se ha preocupado, pero ahora los encuentra comiéndose las bocas en el balcón del pasillo con Kirishima a medio desvestir y no puede evitar gritar.

Tanta es la sorpresa de Kirishima que esta vez cierra la boca de golpe más brusco que antes, contra la lengua de Bakugou. Y segundos más tarde deduce que le va a dar algo al cerebro y al corazón porque siente el sabor metálico de la sangre que no es suya.

Entonces todo se vuelve un caos.

Él y Kaminari terminan gritando porque posiblemente Katsuki va a perder la lengua, y Kirishima no quiere que pase eso porque dos minutos atrás decidió que ama esa jodida lengua y si le pasa algo mejor puede matarse.

Despiertan a todo el mundo, como era de esperarse.

La reprimenda que les dan es lo de menos, al menos la lengua de Bakugou no corre peligro, pero los han castigado por lo que queda de viaje. Y tampoco los van a dejar esta juntos por ese tiempo, porque Aizawa es malvado y para nada estúpido.

Y Kirishima solo quiere matar a Kaminari. Y besar a Bakugou otra vez.


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6

—Con que, quedaron en los mismos puestos que el año pasado ¿eh? Díganme, ¿Por qué demonios soy amigo de los, de nuevo, más estúpidos de la clase?

—Ah, pero somos tus amigos.

—No me cambies el tema.

—Así nos hicieron, no podemos hacer nada.

—¡No me vengas con excusas idiotas, Bakaminari!

—Ese apodo es nuevo.

—Bakugou-san, enséñanos por favor.

—¿Para eso me reunieron aquí? ¿para enseñarles? Olvídenlo.

—Blasty, por favor.

—A ti te voy a decir que no con mayor razón.

—¡¿Eh?!

—No puedo creer que este saliendo con un idiota.

—Bakugoooou. ¡Tú dijiste que me harías estudiar duro!

—Duro…

—¡Ah! ¡¿Por qué tienen que malinterpretar todo, ustedes dos?!

—No sé, ustedes dígannos.

—Hey, Bakugou, ¿Cómo está tu lengua?

—Vete a la mierda.

—Vamos a estar en la literal mierda si no nos ayuda a estudiar.

—No es mi problema.

—Blasty, por favor.

—Que no. ¿Y qué estás haciendo? Deja de mirarme así.

—Es la mirada de novio-cachorrito suplicante, no puedes resistirte a ella.

—Claro que puedo, solo mírame.

—¿Por qué no pruebas con besos?

—¡Ashido!

—No-oh, si van a hacer eso que sea cuando no estemos presentes.

—Entonces váyanse.

—¡¿E-Eh?!

—Kirishima, ¡No dejes que te convenza!

—¡Sí, obviamente quiere echarnos de aquí!

—No es necesario, yo me largo.

—¡Noooo!

—Dinos que tenemos que hacer para que nos hagas caso.

—Nada de lo que hagan servirá como para…

—Bakugou-sama.

—¿Eh?

—¡Bakugou-sama!

—¿EH?

—¡Bakugou-sama!

—¡Katsuki-sama!

—Espera, espera, debemos conseguir un traje de maid.

—Claro, no es- ALTO QUÉ. ¡No me pondré algo como eso!

—Te pusiste un traje de caperucita roja en Halloween, no le veo el puto problema.

—Yo le veo el puto problema. No van a convencerme así.

—Ah, ¿no?

—Que no.

—Muy bien. Plan B. Kirishima, tenemos que besarte.

—¿Perdón?

—¿Qué?

—Sí, uno por uno.

—¡¿Qué demonios, Sero?!

—¡Para que Bakugou pida que paremos!

—¡¿AH?!

—¡Muy bien, yo primero~~!

—¡ESPEREEEEEN! …revisaremos primero ciencias, y de ahí pasaremos a matemáticas, ¿entendieron, estúpidos?

—¡Sí, Katsuki-sama!


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7

La primera parte del examen práctico consistía en una simulación de rescate de rehenes, contra villanos de verdad, que trabajaban para la UA bajo libertad condicional.

Eran grupos de cuatro, y las pruebas se dieron simultáneamente. A Kirishima y a su equipo les fue bien, pero quería saber cómo le fue a los demás. Sero y Mina, bien. Kaminari, Tetsutetsu, bien. Los grupos de Todoroki y Midoriya más que bien. y estaba por preguntar por el grupo de Bakugou cuando de repente, lo escucha.

En la puerta donde se unen todos los caminos de los simuladores, un mini estallido. Tiene que acercarse, porque esas explosiones pequeñas y ruidosas las conoce bien. le siguen sus demás compañeros, hasta que lo ve, a Bakugou gritándole algo a Shinsou. Ha tenido que hacer equipo con él, con Asui y otro chico que el año pasado estaba en la clase B. Y por lo que ve, Bakugou no se ve nada feliz.

—¿Crees que puedes usarme a tu conveniencia, estúpido? ¡¿Lo crees?!

—Te estabas negando a escuchar.

—¡Responderte y quedarme bajo tu control! ¡Era algo que no quería y te importó una mierda!

—Bakugou, lo sentimos, pero…

—¡Y un carajo con eso! ¡¿De qué me sirve?!

—Aprobamos, de eso sirve.

—Jodete.

Entonces está a punto de golpear a Shinsou en la cara, pero justo cuando llega el profesor a poner orden.

Han aprobado la primera parte del examen, y eso está bien, pero para Bakugou eso no sirve, y la mayoría en esa clase sabe que es así, sobretodo Kirishima, que tiene que seguirlo cuando le da la espalda a todo el mundo.

—Bakugou, espera.

—Déjame en paz.

—Pero dime que pasó.

—No. Estoy harto de tratar con todos estos sujetos.

Kirishima se queda plantado donde está, por un segundo, pero después continúa andando, porque Bakugou siempre dice cosas así, y no le sorprenden. Pero el tono de su voz suena más tajante que nunca.

—Sabes que eso no es cierto.

—Ya déjame en paz, Shima.

—¡Vamos! Sabes que aquí hay quienes valen tu tiempo.

—¿Ah sí? ¿Cómo quién? ¿Cómo tú?

Ahí es cuando Kirishima se queda pegado al suelo, con los ojos bien abiertos, mirando como la espalda de Bakugou se va alejando.

—¿No valgo tu tiempo, entonces? —le reclama, levantando la voz para hacerse escuchar.

—Ahora mismo no, anda a joder a alguien más.

No vuelve a decir otra palabra, y deja que Katsuki se vaya.

Se queda pensando en eso por las próximas 24 horas, durante las cuales Bakugou no ha hablado con nadie, y Kirishima tampoco ha tenido ganas de hablar con él.

—Me parece que para ser la primera pelea de ustedes dos, es una total ridiculez —comenta Kaminari, tirado en su cara ojeando una revista, mientras Eijirou esta recostado contra un costado de la cama, mirando el techo.

—Es que no sé qué ir a decirle —responde Kirishima con sinceridad—. Porque siempre responde cosas así, pero… esta vez dijo algo que temía.

—¿Ah sí? —suelta Kaminari sin mucho interés—. ¿Qué cosa?

—Que, en realidad, en serio, no valgo su tiempo.

Suelta esas palabras y lo siguiente que pasa es que está recibiendo un golpe de una almohada en esa cabeza picuda suya.

—¡Retráctate! —grita Kaminari de repente parado sobre la cama, usando sus cojines como armas.

—¡¿Qué estás haciendo?!

—¡Haciendo que entres en razón, estúpido!

Le da unos golpes más mientras le sigue gritando que reaccione.

—¡Tú, idiota! ¡Nunca! ¡Te vuelvas! ¡A subestimar! ¡Así, estúpido!

—¡Ahh! ¡Esto no duele! ¡Pero ya para!

—¡Pero que tonto eres! —grita Denki una última vez—. Ya hemos tenido esta conversación. Si no valieras su tiempo no haría todas esas cosas sucias que hace contigo.

—¡¿C-Cosas sucias?!

—¡Ten más seguridad hombre! Bakugou solo está molesto porque, bueno, ya sabes que a él le gusta resaltar más que nada. Fue cosa del momento, ya se le pasará.

Kirishima asiente, aunque sigue sin estar seguro, pero tiene que mentalizarse cuando ve a Kaminari levantar la almohada de nuevo.

—¡Ya entendí! Es solo… que, a pesar de todo, quisiera poder decirle algo.

—Eso es porque estas locamente enamorado, y aunque sea un hijo de puta, a ti no te va a importar. O lo hará, si es que dice cosas como esas —reflexiona Denki, sentándose en la cama de nuevo y pateando a Kirishima de forma amistosa—. Deja que se le pase, a lo mejor en la siguiente parte del examen obtiene lo que quiere, y va a tener que celebrarlo contigo.

—No creo que él quiera celebrar nada conmigo.

—No, pero algo menos tendrá una razón para intentar arreglar algo.

—Tampoco creo que él quiera arrepentirse de algo que dijera.

—Hombre, ya deja de refutar todo lo que digo.

Kirishima inevitablemente, tiene que reír. Porque sabe que la relación con Bakugou, en general, nunca va a ser color de rosas. Y aunque no le guste la idea, de vez en cuando le tiene que dar espacio. También debe darse espacio para sí mismo, y pensar en cómo llevar la situación después. En primer lugar, ver que la pequeña discusión no fue su culpa, y que en realidad no pasó nada serio, solo que Katsuki no quiere hablar con nadie. Y es mejor dejarlo así, esperar a que quiera hablar.

—Hablaré con él si quiere hablar conmigo —es su conclusión—. No puedo forzarlo a que se comporte de una forma que no quiere. Porque si bien estas semanas han sido… geniales, las metas de Bakugou son más importantes.

—Que aceptes eso te vuelve un verdadero hombre, amigo —dice Kaminari sonriendo.

Kirishima suspira y sonríe, relajándose por primera vez en todo ese tiempo. Entonces, algo surge en su cabeza y tiene que golpear a Kaminari en la pantorrilla, aunque se gane una queja de parte de su amigo.

—Ni se te ocurra hablar de esto con él, chismoso.

—Si no quiere hablar ni contigo, por qué me molestaría —le espeta—. Ya me cansé de resolver sus problemas amorosos, que después de terminó con traumas.

Y Kirishima vuelve a reír, y espera que los días siguientes sean mejores. Pero él no ve el futuro.

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