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This Is Why We Can't Have Nice Things

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—Bueno, esto es…ciertamente diferente…
El eufemismo del eon


 

Nada en esa típica mañana en Autobot City daba pie a sospechar el desastre que se avecinaba:
Las aves cantaban, el sol brillaba y Wheeljack llevaba una semana sin explotar algo en su laboratorio.
Buenos tiempos
Fue precisamente esa etérea paz la que motivó a Hot Rod – previamente conocido como Rodimus Prime – a tomarse el día – previa notificación a Ultra Magnus: el pánico que generaría su desaparición no valía la broma – e ir a pescar con Danny.
El que su antigua 2IC accediera tras solo un recordatorio de no intentar nada peligroso evidenciaba lo lejos que habían llegado desde la resurrección de Optimus y los otros.
Al menos para los Autobots estacionados en la Tierra: Los que en su día fueron el círculo de Rodimus Prime – Ultra Magnus, Arcee, Kup, Springer, Wheeljack, Blurr, Drift, Wheelie y Grimlock – prefirieron quedarse en el pequeño planeta orgánico, dejando que el Comando original asumiera el control de Cybertron.
El único que volvió a su planeta natal fue Starscream, para quien no fue realmente una elección: Sin él allí para mantener a raya a Ironhide y Prowl, los Seekers restantes no tendrían posibilidad alguna de ser oídos por la reconstrucción de Vos.
Para el último sobreviviente del linaje del Winglord, tal idea era aún más blasfema de lo que fuera para Optimus el nacimiento de los Dinobots.
Aun así, el antiguo Comandante Aéreo Decepticon llamaba a menudo, su tiempo como un fantasma habiéndolo afectado profundamente, tanto o más que la confianza que Rodimus y Wheeljack le ofrecieron cuando atravesó su peor caída.
Otros que se movieron permanentemente a Cybertron – aunque no quisieran admitirlo – eran Spike y Carly.
Como los primeros Embajadores entre ambas especies, su trabajo nunca acababa y, con la muerte de Sparkplug, también falleció su apego por la Tierra.
El que Raoul anunciara su decisión de volver definitivamente a Lisboa tras su boda – volviendo brevemente a América para conocer a Daniel –, Jumal asumiendo oficialmente el trono de Irán, Luisa adquiriendo una posición de poder en el gobierno de Perú y la mudanza de Chip a Tokio para supervisar el primer laboratorio humano equipado con tecnología cybertroniana fueron los primeros clavos de ese ataúd.
La única razón por la que permanecieron tanto tiempo en la Tierra era Daniel.
El pequeño Daniel, entonces un bebe indefenso, había crecido rápidamente ante los ojos de los habitantes de Autobot City: En cosa de nada, comenzaría su último año de preparatoria.
Hot Rod nunca se aburría de revisar con su cargo humano su – siempre cambiante – lista de potenciales universidades, ni de asistir en primera fila a cualquier evento extracurricular del joven Witwicky.
Sus viejos amigos no aprobaban del todo – o nada, en el caso de Raoul – las decisiones del matrimonio Witwicky respecto a su único hijo, pero la evidencia era irrefutable: A sus 17 años, Danny había sido prácticamente criado por Hot Rod, y había resultado un muchacho práctico, responsable y empático.
Ansioso de salir al mundo y dejar su huella.
Alguien que – a todos los efectos – ya no los necesitaba…
Sin embargo, ni todo lo complicado de la situación familiar de Danny les impedía a él y a su Guardián Autobot hacer el tonto a sus anchas en cualquier oportunidad que sus horarios se los permitieran.
Compaginar las responsabilidades de un estudiante en el Cuadro de Honor y un reputado guerrero Autobot era más difícil de lo que cualquiera creería, incluso si uno de ellos era un exPrime.
Asi que, en ese hermoso día de las vacaciones de medio año, se pudo observar un auto rojo con un spoiler dorado – de evidente origen cybertroniano – abandonar Autobot City por la casi abandonada entrada este, y perderse con dirección al lago más cercano a una velocidad cegadora.
Desde la torre de vigilancia, Ultra Magnus y Kup observaron al animado dúo desaparecer de los confines de la ciudad, ambos suspirando ante la exuberante energía del joven Wrecker, misma que cada cierto tiempo lo abandonaba en favor de unos periodos reflexivos tan silenciosos que preocupaban visiblemente incluso al mismo Smokescreen en Nuevo Praxus.
Sin embargo, ninguno estaba listo para admitir su preocupación en voz alta: El ego de Hot Rod no necesitaba volver a cultivarse a los niveles previos a su “Primificación” como la llamaba Arcee.
Lo único peor sería preocupar al Youngling.
—No te preocupes, Magnus—Comentó Kup cuando incluso la pequeña nube de arena levantada por los neumáticos de Hot Rod se perdió en el horizonte—Los mocosos llevan toda la semana hablando acerca de esta salida: No harán nada nuevo ni particularmente interesante.
Famosas últimas palabras…


 

Fue todo tan súbito que cuando finalmente los ánimos se calmaron en Autobot City, ni Hot Rod ni Danny pudieron ofrecer una explicación detallada.
Un instante habían estado pescando tranquilamente, bajo el plácido brillo solar.
Al siguiente, un antinatural remolino verde se abrió sobre el lago.
Lo primero que escucharon – más allá del restallido de relámpagos y el siseo del ozono en el aire – fueron los gritos.
Demasiados gritos
Lo segundo fue al primero de sus nuevos huéspedes cayendo del cielo.
Seguido por otros nueve.
Cinco de ellos detuvieron su descenso mucho antes de tocar el agua, aun si la maniobra evidentemente les tomaba un gran esfuerzo.
Los otros cuatro – aun cayendo como sacos de papas – no eran - ¿fueron? - tan afortunados.
Rápidamente, los Flyers – porque ahora, tan cerca, eran reconocidos como cybertronianos – se repartieron objetivos y evitaron que sus compañeros tomen un baño impromptu, guiándolos a la otra orilla del lago.
Impactados, el Autobot y el humano cruzaron miradas, pero antes de que alguno pudiera llamar la atención de los extraños o comenzar a cruzar hacia ellos…
El segundo grupo – este de 13 – cayó
El primero en aparecer fue un borrón blanco que caía en picada a tal velocidad que Danny se encogió, anticipando el helado chapuzón que el pobre estaba a punto de darse…
Solo para ser salvado a último segundo por un borrón rojo aún más veloz, que se las arregló para lanzarlo a tierra firme tras ejecutar una inmersión tan breve y perfecta que apenas salpicó.
Afortunadamente para el resto de su grupo, la maniobra de los primeros se repitió: Aquellos con un Altmode volador salvaron a los otros de una fea caída.
Fascinado, Danny reconoció varios Altmode Bestia, uno incluso que podría pasar como el hermano rojo perdido de Swoop, pero la llegada del tercer y cuarto grupo interrumpió su pregunta antes de comenzar a formularla.
Esos fueron por mucho los grupos más pequeños, y habrían sido los menos llamativos de no haber sido por ciertos pequeños detallitos:
Había un TRex que podría ser la versión en esteroides de Grimlock…
Y el enorme Jet que guardaba una perturbadora semejanza a cierto Phase Sixer…
“Bueno” pensó el – no tan convencido de no estar soñando – adolescente “Al menos esto ya no se puede poner más raro…”
Pide y se te dará
El karma de ese pequeño pensamiento errante se manifestó en la forma del grupo más grande de cybertronianos – y, alabado sea Primus, también el último –:
Ciertamente, la amplia variedad de Altmodes – en especial el enorme dron amarillo – habrían sido interesantes cualquier otro día…
Salvo por la triunfal reaparición de Megatron