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Of Bright Stars and Burning Hearts

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Viktor no recuerda la vez que conoció a Yuuri Katsuki.

Ha tratado de hacerlo, se ha devanado los sesos una y otra vez, repasado cada una de aquellas ausentes memorias noche tras noche hasta que su cabeza estuviera latiendo por el dolor y el primer rayo de la mañana empezara a filtrarse por la ventana. Pero no había nada. Solo un ausente espacio vacío en donde sus recuerdos deberían estar, el incidente completamente olvidado y borrado de su cabeza tan pronto como había sucedido.

Por supuesto, Yuuri se lo había contado. Cada sórdido detalle, cada palabra, cada expresión, cada gesto. Conocía la historia mejor que nadie más excepto el propio Yuuri, la conocía y se arrepentía de ello. Pero sus propios recuerdos del incidente permanecían esquivos, como si nunca hubieran existido en lo absoluto. 

Viktor no recuerda la vez que conoció a Yuuri Katsuki.

Esto sin embargo, es lo que Viktor sí recuerda…

 

 


 

 

Viktor tenía quince años y acababa de hacer historia.

Era su último Junior Grand Prix Final, su última temporada como Junior, y la presión se encontraba más alta que nunca. A pesar de su corta edad, Viktor ya se encontraba ganando fama y popularidad, sus habilidades de patinaje haciéndolo resaltar y estar completamente fuera de la liga de todos los competidores. Antes de que la Serie del Grand Prix comenzara, la expectativa era que terminara la final con una medalla de oro.

Viktor adoraba sorprender a la audiencia y nunca le había gustado conformarse con solo llenar las expectativas, así que lo hizo mejor. Rompió el record mundial. 

Fue la manera perfecta de empezar su última temporada como Junior,  y Viktor sintió una gran oleada de orgullo mientras sus puntajes eran anunciados, proclamándolo como el patinador con el puntaje combinado más alto en la historia del Junior Grand Prix. En el hielo podría parecer que le salía sin esfuerzo, pero fueron las horas de práctica, el dolor, presionarse a sí mismo más allá de los límites de cualquier otra presentación, lo que le habían ganado el honor de tan alta puntuación.

Las dos rutinas con las que había ganado su medalla habían sido hechas a su medida. Dos temas opuestos para dos programas opuestos: uno duro y frío como el hielo, y el otro lleno de amor y calidez. Totalmente diferentes, pero complementarios. Viktor sabía mucho acerca del hielo ya que era a lo que le había entregado su vida, pero su segundo programa era su favorito, la rutina del programa libre. Una rutina acerca de amor, un amor lleno de luz, calidez, y el poder de destruir incluso el más duro de los inviernos y derretir el más frío de los corazones. Viktor no sabía mucho acerca del amor, pero creía que un día le gustaría conocerlo.

Yakov le había dado un dominio casi completo sobre su rutina, la cual era una de las razones por las que Viktor la amaba tanto. Aún no se le permitía coreografiar por si solo - aunque Yakov le había prometido que podría hacerlo el año siguiente y Viktor lo iba a hacer de todos modos así su entrenador no quisiera – pero se le había dado la oportunidad de apropiarse de esta rutina. Había derramado su alma y corazón sobre el hielo con esa presentación, había tratado de lograr que la audiencia sintiera lo que él quería que ellos sintieran. El patinaje era un idioma en sí mismo, cada rutina contaba una historia, y Viktor era el mejor narrador de todos.

Su traje también había sido escogido por él mismo, un atuendo negro y ceñido al cuerpo con un volado a un lado, como una falda. La casi femenina gracia complementándose perfectamente con su figura, aún delgada y esbelta, y sin haberse estirado y llenado en la manera que Yakov le había advertido sucedería algún día. Algunas personas le habían comentado que era una elección bastante extravagante, especialmente con aquel largo cabello que había sido su marca personal desde la primera vez que había pisado el hielo, pero a Viktor no le importaba. La belleza solo venía con la creatividad, y la única manera de mantener eso era sorprendiendo a la audiencia al desafiar sus expectativas.

Así que Viktor patinó la rutina de la forma en que él deseaba y con el traje que había escogido. Puso su alma en cada paso. Esto era lo que él hacía, esto era lo que amaba y lo único que siempre necesitaría. Y como recompensa a su esfuerzo, le había sido entregada la medalla de oro y un record mundial que hizo que todo su trabajo, dolor y devoción al patinaje valieran la pena.

La ex esposa de Yakov le había dicho una vez que tendría que vender su alma al hielo para ganar, y Viktor lo había hecho sin dudar ni mirar atrás. Tenía quince años y estaba en la cima del mundo, viviendo cada día al máximo y sintiéndose drogado ante el deslizar de sus patines contra el hielo debajo de él y la sensación de la medalla de oro colgando de su cuello.

Luego de que la competencia terminara, Viktor se dirigió directamente hacia afuera, saliendo por la puerta principal para hacerse camino hacia el hotel y saludar a sus fans antes de irse. Una enorme multitud se encontraba amontonada en las puertas y todos empezaron a gritar y a clamar su nombre tan pronto lo vieron, cada uno de ellos suplicando por una pisca de su atención.

Viktor amaba conocer a sus fans, amaba el apoyo y el entusiasmo que estos le daban. A pesar de las protestas de Yakov, Viktor traba de interactuar con ellos tanto como le fuera posible para así demostrarles su gratitud. Firmar autógrafos y tomarse fotos luego de cada competencia era agotador, pero también era algo que amaba hacer. Algo que había hecho mil de veces antes y que continuaría haciendo mil veces más.

Momentos como este parecían mezclarse unos con otros en su mente, cientos de rostros vistos y olvidados en unos cuantos minutos mientras hacía su camino hasta el final de la línea; firmando posters, tomándose fotografías, intercambiando unas cuantas palabras con los fans y bridándoles una sonrisa a medida que avanzaba. Tal como siempre lo había hecho.

Excepto que esta vez había sido diferente. Había sido muy diferente porque algo había sucedido ese día, algo que le tomaría años entender y pasaría el resto de su vida intentando recordar inútilmente. Un momento tan pequeño como una piedra lanzada a un estanque, algo diminuto creando ondulaciones en el agua más profundas de lo que su ojo podría captar, ondulaciones convirtiéndose en olas y luego en tsunamis.

Pero en ese momento, Viktor simplemente continuó como lo haría normalmente, ya que es este instante él no podía ver ni entender, y pasarían muchos años antes de que lo hiciera. En ese momento, Viktor tenía quince y era felizmente inconsciente del drástico y permanente giro que el camino de su vida acaba de dar.

 


 

 

Viktor tenía diecisiete y se estaba escondiendo.

Era su segunda temporada en la división senior y Yakov había estado gritándole de nuevo, algo acerca de los cambios de último minuto en su programa, aunque Viktor en realidad no lo había estado escuchando. Yakov era el mejor entrenador que jamás había tenido, pero a veces simplemente no entendía la impulsiva necesidad de Viktor de hacer lo que sus instintos le decían, tanto dentro como fuera del hielo.

Así que, en lugar de escuchar al furioso pero bien intencionado regaño, Viktor se había aventurado por los pasillos del estadio con una vaga excusa y una sonrisa ligera, desapareciendo de la vista tan pronto como pudo y dejando que el complejo laberinto de corredores lo alejara cada vez más y más de la muchedumbre. A pasar de amar patinar y amar la atención que esto le traía, a veces era lindo estar en soledad por un tiempo.

Luego de unos cuantos minutos, el camino que seguía lo llevó hasta las profundidades del estadio, tan lejos como para estar seguro de que nadie lo encontraria. Los pasillos internos del estadio eran largos y retorcidos, extendiéndose con cada giro y volviéndose cada vez más y más desiertos mientras más se adentraba en ellos.

Luego de varios minutos de vagar sin sentido, Viktor decidió regresar. Al estar perdido en sus pensamientos no se había percatado del camino que había tomado, y Yakov lo mataría si se extraviaba y se perdía el inicio de los programas cortos. No había nadie a quien le pudiera preguntar por direcciones, no había visto ni un alma durante casi un minuto entero y los pasillos se encontraban extrañamente silenciosos, la parte del estadio en la que se encontraba había sido claramente descontinuada.

Y fue en ese momento cuando lo escuchó.

Un sollozo ahogado, sonando ruidosamente fuerte en medio del desierto y silencioso corredor. Un sonido lleno de completa y absoluta miseria que caló profundamente en el corazón de Viktor y que despertó su curiosidad en ese mismo instante. Preocupado, el muchacho buscó el origen del sonido, otro sollozo siguiendo rápidamente el anterior hasta que el sonido de un continuo llanto llenó el aire, los sollozos solo siendo rotos por la ocasional respiración entrecortada y el silencioso sorbido de una nariz. Los sonidos parecían venir de una de las habitaciones del corredor en el que se encontraba, la puerta ligeramente abierta y ofreciendo una pequeña vista de lo que había en su interior.

Acercándose silenciosamente hasta la habitación, Viktor miró dentro para tratar de encontrar la fuente del llanto. Por lo que veía, parecía ser que la habitación era una vieja bodega, polvorientas cajas apiladas a un lado y una gran variedad de basura dispersa por el piso de la habitación y apilada contra las paredes. Pero la fuente del sonido estaba oculta de la vista y venía de un punto que Viktor no podía alcanzar.

La puerta rechinó suavemente mientras Viktor la empujaba, y este se encogió un poco ante el sonido, esperando no haber sido notado. Afortunadamente, el sonido parecía no haber sido escuchado por la figura acurrucada en una esquina, cuya cabeza se encontraba sobre sus rodillas y el rostro hundido en su traje para patinar, lo sollozos estremeciendo su cuerpo entero mientras lloraba.

La figura sonaba infantil, voz aguda y sin ningún cambio. También tenía una apariencia infantil, su ligera figura siendo empequeñecida por el tamaño de la habitación. Un suave y negro cabello peinado hacia atrás cubría su cabeza, pero los mechones de enfrente empezaban a deslizarse fuera de aquel rígido peinado y a caer sobre el rostro debajo.

La figura se movió repentinamente, pasando una mano por debajo de sus ojos para así eliminar las lágrimas que aún caían por su rostro, el cual se revelaba ante Viktor por primera vez. Ojos grandes y de apariencia inocente, rastros de una ligera papada dándole  a su rostro una inocencia aún infantil. El muchacho no podía tener más de trece o catorce años, Viktor hubiera creído que era incluso más joven de no ser por el obvio traje para patinar que llevaba puesto. Presumiblemente era uno de los juniors. Sus programas cortos acaban de terminar y no era inusual que la presión y la expectativa se apoderaran de los patinadores más jóvenes. Viktor recordaba vívidamente lo tremendamente aterrador que había sido su propio debut como junior, incluso si nunca había permitido que esto se notara en su cara.

Sin embargo, lo que hacía que todo este asunto le resultara inusual era el hecho de que el patinador se encontraba llorando solo, lejos del resto del estadio y sin ningún entrenador o padre que lo consolara. Eso hizo que Viktor quisiera acercarse, poner un brazo sobre el muchacho y dejar que llorara sobre su hombro hasta que se sintiera mejor, tal como Makkachin dejaba que Viktor llorase sobre su pelaje cuando se encontraba en sus peores momentos.

Viktor casi se movió para alcanzarlo, pero se detuvo, alejándose antes de poder hacer algún movimiento para acercarse al joven. No era bueno con las personas que lloraban frente a él, nunca lo había sido y no tenía ni idea de que hacer para brindarle consuelo. La situación estaba completamente fuera de su capacidad como ser humano. Así que en lugar de acercarse, decidió dar un paso atrás, cerrando la puerta detrás de sí lo más silenciosamente posible paro no alertar al único ocupante dentro y que este no se diera cuenta de que había sido visto.

Probablemente era mejor de esa manera, razonó para sí mismo. Yakov le había dicho ya varias veces que tenía el mal hábito de meter la pata, y Viktor sabía que probablemente tenía toda la razón. Entrar en la habitación hubiera hecho la situación indudablemente peor, y con lo triste y asustado que lucía el muchacho en su interior, Viktor podía imaginar que no estaría para nada agradecido con la intromisión.

Así que decidió macharse y dirigirse a la parte principal del estadio para encontrar a  Yakov antes de que la competencia de los senior empezara, tratando de alejar de su mente al misterioso muchacho llorando en aquella bodega.

Pero esa resolución solo le duró hasta el final de los programas cortos.

Viktor estaba designado para patinar de último, su posición en la cima de la tabla de posiciones declarándolo como el ultimo patinador en salir. Durante las competencias clasificatorias, Viktor había puntuado más alto que todos los demás finalistas y ganado en ambas competiciones. Algo que él sabía muy bien que los patinadores mayores resentían.

Viktor obtuvo la mayor cantidad de gritos y apoyo cuando finalmente se paró en el hielo, la multitud dejando muy en claro a quien le emocionaba ver al fin. Saludándolos con la mano como reconocimiento, Viktor patinó hacia el centro de la pista para comenzar su rutina, tomando su posición inicial y dejando que la familiar sensación de ligereza lo llenara por completo al tiempo que bloqueaba todo a su alrededor, excepto el recuerdo de la música y sus movimientos, mientras se preparaba para patinar.

Su rutina había sido coreografiada por él mismo. Un oscuro vals con una canción a juego, tan poderosa como una orden, como un desafío. Una pieza diseñada para dos pero patinada solo por uno, mientras Viktor creaba su historia con cada deslizar de sus cuchillas. La rutina era una danza con una pareja invisible, un rival invisible que iba a la par con cada uno de sus movimientos, todo mientras contaba la historia de una batalla que era tan llena de amor como feroz. Cada uno de sus movimientos estando solo medias, completándose únicamente por el fantasmagórico compañero que existía solo en su imaginación.

El diseño y concepto de la coreografía eran únicos y la multitud cayó por completo en ella, rugiendo su aprobación mientras patinaba y rompiendo en entusiastas gritos, elogios y silbidos al tiempo que Viktor finalmente llegaba al final de la rutina, sintiendo la quemazón en sus músculos nacida de una rutina satisfactoriamente realizada una vez más. Luego de mantener su posición final por unos segundos, Viktor se permitió relajarse, bebiendo de los elogios de la audiencia que se encontraba de pie todavía gritando y rugiendo su aprobación.

Levantó su mano para saludar a la multitud en frente de él y luego se giró para hacer lo mismo con los que estaban detrás, una brillante sonrisa siempre adornando su rostro.

Y fue allí cuando lo vio.

Un muchacho. El mismo muchacho que había visto llorando en aquella habitación desierta no hace mucho. Estaba al otro lado de la pista, medio escondido entre las sombras de las gradas y rodeado por otros espectadores. Pero por alguna razón parecía destacar incluso en medio del caos de la multitud. Parado perfectamente quieto y observando a Viktor con una indescifrable expresión en su rostro, sus ojos serios y tan diferentes a lo miserables que lucían hace menos de una hora atrás.

Viktor pudo sentir su mano vacilar ligeramente y sus ojos ampliarse ante la vista. Verlo allí era inesperado y la sorpresa lo llenó por completo, cubriéndolo además con una profunda curiosidad.

Antes de que tuviera tiempo para procesar lo que veía, el muchacho se dio vuelta y desapareció entre la multitud, pero Viktor sabía que había sido más que un producto de su imaginación. Era aquel mismo muchacho, estaba seguro de ello.

Si no hubiera visto al muchacho otra vez, Viktor sabía que con el tiempo probablemente se hubiera olvidado del incidente en aquella bodega. Tenía la reputación de ser un poco olvidadizo y atolondrado después de todo. Pero había visto al muchacho ya dos veces, ambas en lugares en los cuales no tenía razón para estar y sin ningún contexto de su presencia allí, así que estaba intrigado.

Esa noche en el hotel, Viktor buscó información del muchacho en internet, determinado a descubrir más. Por el traje que llevaba, Viktor estaba casi seguro de que el muchacho estaría en el grupo de patinadores junior. Encontró la lista de los patinadores del Junior Prix con relativa facilidad, eliminando posibilidades una a una hasta que finalmente estuvo frente a frente con la foto del muchacho que había captado su atención ese día.

Yuuri Katsuki. Un patinador japonés que competía en el Junior Grand Prix por primera vez. Siendo razonablemente conocido en su país de origen, pero un do nadie en el escenario internacional. El Prix era su primera gran competencia y, de acuerdo con la información que acompañaba a la imagen, había arruinado su programa corto ese día, lo cual no era inusual para un patinador nuevo que competía internacionalmente por primera vez. Eso explicaría el por qué Viktor lo había visto llorando esa mañana. Si el puntaje que se veía en la información del joven patinador japonés era cierta, entonces había fallado su rutina enormemente.

No obstante, eso no explicaba su presencia en la pista no mucho después, medio escondido y casi completamente fuera de la vista, mientras observaba patinar a Viktor. ¿Tal vez era un fan? Viktor sabía que muchos patinadores jóvenes lo admiraban y observaban sus rutinas para encontrar inspiración para las de ellos ¿Tal vez eso era lo que Yuuri Katsuki había estado haciendo?

Sin importar cuales fueran sus razones para haber estado allí, Viktor estaba bastante interesado. Se sentía llamado hacia el muchacho, como si una fuerza invisible lo impulsara hacia él. Había algo en la forma que se veía, en como había observado a Viktor tan intensamente, en como había llorado en soledad cuando no había nadie que lo escuchara. A pesar de ahora tener un poco más de información, Viktor aún se encontraba muy interesado y curioso por el muchacho. Y una vez que algo ganaba su interés, era muy difícil disiparlo.

El interés aún se encontraba presente al día siguiente, y su impulsiva curiosidad le demandaba conocer más. Saltándose la práctica de último minuto antes del programa libre, Viktor se alejó de donde los demás seniors estaban calentando y se escabulló a la pista en donde el programa libre de los patinadores Junior estaba por comenzar. Inevitablemente recibiría unos cuantos gritos de Yakov mas tarde, pero no podía importarle menos.

Cuando entró a la pista, con sus hombros encorvados mientras intentaba pasar lo más desapercibido posible y mezclarse con la audiencia, Viktor encontró al muchacho inmediatamente. Todos los junior estaban en la pista para su calentamiento final antes de que la competencia comenzara y el chico se encontraba en medio de todos, deslizándose por la pista en un spread eagle con una mirada de pura concentración en su rostro.

No lucía nervioso como Viktor esperaba que lo estuviera luego de descubrir la forma en la que el chico había fallado el día anterior. En lugar de eso se veía determinado, más enfocado que ninguno de los otros patinadores en la pista.

Mientras Viktor meditaba acerca de la nueva información, el presentador habló por el alto parlante y llamó a todos los patinadores para que salieran de la pista, dejando al muchacho– Yuuri, según sabia ahora– solo sobre el hielo. Yuuri patinó rápidamente hasta la barrera y le entregó su chaqueta a un viejo señor japonés, quien Viktor asumió era su coach, para luego apresurarse y volver al centro de la pista y prepararse para patinar.

Después de unos segundos de silencio, la melodía sonó claramente en medio de la quietud del estadio y las suaves notas del piano empezando a llenar el aire mientras Yuuri se  movía, sus ojos cerrados mientras se deslizaba hacia atrás, cada línea de su cuerpo fundiéndose con la música.

Pude que Yuuri Katsuki hubiera arruinado su rutina el día anterior. Pero al verlo patinar por primera vez, Viktor nunca se lo hubiera imaginado. Los ojos de Yuuri se encontraban cerrados mientras giraba por hielo, su rostro lleno de una agraciada serenidad, cada musculo de su cuerpo pareciendo perdido en la música. Además, parecía que la música en sí misma salía de él, como si estuviera creando las notas con los movimientos de su cuerpo, capturando la música perfectamente en su baile.

Observar a Yuuri patinar era fascinante. Viktor no había estado seguro de que esperar después de verlo llorar al día anterior, pero ciertamente no era aquello que estaba presenciando ahora. Yuuri sorprendiéndolo de nuevo con la gracia y elegancia con las que se movía, las emociones pareciendo destilar de él y cayendo el hielo, desnudando su alma. Era como si fuera una persona completamente distinta a la que Viktor había visto anteriormente, y ahora se encontraba siendo incapaz de apartar la mirada.

Con la parte crítica de su mente, Viktor pudo ver las pequeñas imperfecciones en la rutina, las partes donde faltaba perfeccionar la técnica. Pero era la parte artística de su presentación lo que era tan cautivador y dejaba a todos completamente asombrados, y Viktor no era la excepción.

Si Yuuri antes le había parecido interesante a Viktor, ahora lo tenía completamente fascinado. Había algo acerca de su patinaje, algo que atraía a Viktor. Al tiempo que la rutina llegaba a su final, Yuuri mantuvo su precisión final durante unos pocos segundos antes de que las últimas notas de la canción cesaran y finalmente se permitiera relajarse. Inclinándose y jadeando por aire debido al cansancio que finalmente se permitía demostrar, para luego levantar su rostro y sonreírle al público que se encontraban gritando su aprobación.

Su sonrisa era hermosa, iluminando su rostro a un nivel de felicidad que Viktor había olvidado ser capaz de sentir fuera del hielo.

A pesar de disfrutar de la presentación, Viktor no se quedó para ver los puntajes. Tenía que prepararse para su propio programa libre y no podía permitirse permanecer ausente por más tiempo. Pero incluso sin verlos, Viktor ya sabía cuáles serían los resultados. Después de patinar por tantos años, Viktor se consideraba un buen juez en cuanto a calidad, y no tenía duda alguna de que Yuuri Katsuki debía haber obtenido una puntación alta. La habilidad de su secuencia de pasos y el lado artístico de su presentación compensaban por mucho la debilidad técnica de sus saltos, y Viktor sabía que aquello se reflejaría en su puntaje.

Había una belleza innata en la forma que patinaba, abierta y honesta. Viktor podía haber visto solo una pequeña fracción de su trabajo, pero aún con eso ya sabía que Yuuri Katsuki era un patinador especial,  fascinante en un modo que pocas cosas podían ser.

Cuando regresó a Rusia luego de que la final terminara, Viktor buscó más información con respecto Yuuri Katsuki, leyendo todo lo que encontraba con cuidado y aprendiendo más acerca del otro muchacho. Descubrió que tenía catorce años y venía de un pequeño pueblo llamado Hasetsu. La información era escasa y los videos de Yuuri patinando eran pocos, lo cual frustró a Viktor tremendamente. Quería ver más, quería tratar de entender que era lo que hacía que el patinaje de Yuuri fuera tan único.

El otro patinador había entregado su corazón en el hielo. Y cada persona en la audiencia, incluyendo a Viktor, había sido tocada por la profundidad de las emociones que demostraba.

Viktor no podía sacárselo de la cabeza, ni siquiera mientras la temporada continuaba su curso. Otro oro fue añadido a su colección durante el Campeonato Europeo unos meses después, y luego otro en el Campeonato Mundial no mucho después de eso, Yakov le sonrió orgullosamente mientras la medalla era colgada en su cuello.

Luego de la ceremonia, Viktor recogió sus cosas y se preparó para marcharse y encontrarse con Yakov en el corredor. A pesar de que la temporada había terminado oficialmente, no tenían descanso alguno y ambos lo sabían. Viktor estaba en la cima del mundo del patinaje con tan solo dieciocho años, y necesitaba trabajar si quería continuar manteniéndolo de ese modo.

Mientras hablaba con su entrenador, los ojos de Viktor captaron el destello de un movimiento en el corredor, ojos azules encontrándose con otros de color café al tiempo que notaba la figura que se había detenido en el pasillo a unos cuantos metros de él, girándose para observar el lugar donde Viktor y Yakov se encontraban.

Era Yuuri Katsuki.

Viktor no lo había visto desde el Grand Prix Final, aunque había observado la presentación del muchacho en el Campeonato Mundial Junior por uno de los televisores que se habían colocado tras bastidores mientras se preparaba para su propia presentación. Tal como en el Junior Grand Prix Final hace unos meses, el patinaje de Yuuri había sido cautivador, emotivo y único. Los temblorosos elementos técnicos en sus rutinas habían hecho que ganara solo el bronce, pero los elementos técnicos eran algo que se podía mejorar con el tiempo.

Viktor abrió su boca, queriendo llamar al otro patinador. Pero Yuuri se alejó antes de que cualquier palabra pudiera salir de sus labios, arrastrando su equipaje con él y desvaneciéndose entre la multitud que aún se encontraba llenando el corredor,  desapareciendo de su vista

Yakov le lanzó una mirada interrogante cuando volteó a mirarlo, pero Viktor solo se encogió de hombros con unas palabras ligeras. El lugar estaba repleto de gente después de todo, así que era probable que Yuuri ni siquiera lo hubiera visto y que Viktor hubiera imaginado el breve contacto visual. No importaba demasiado. Por la forma en la que Yuuri había patinado hoy, Viktor estaba seguro que vería al muchacho en gran variedad de competencias en el futuro, y que otra oportunidad se le haría presente.

Viktor tenía dieciocho años y Yuuri Katsuki había captado su atención por primera vez. Y, aunque no lo sabía aún, jamás sería capaz de apartar su mirada de él.

 


 

 

Viktor tenía diecinueve y se encontraba corriendo.

Había partes de la fama que sí disfrutaba, pero la constante presencia de los paparazzi no  era una de ellas. A medida que los años pasaron, su fama había comenzado a crecer, y después de varias rachas de victoria bajo su nombre, palabras como “leyenda” estaban empezando a ser mencionadas tanto por sus fans como por la prensa. Viktor estaba orgulloso de lo que había logrado, y usualmente amaba la atención, interactuar con sus fans, las entrevistas y sonreírle a la cámara. Pero a veces todo se volvía demasiado abrumador, y la constante sensación de ser perseguido en cada competencia a la que iba definitivamente no era agradable.

Le había tomado bastante tiempo poder alejarse de la horda de prensa y reporteros que lo acechaban luego de la ceremonia de premiación; así que cuando captó un grupo de paparazis en el pasillo, merodeando y en espera de una oportunidad, había corrido lo más rápido que pudo. Esquivando y pasando a través de la multitud mientras intentaba pasar desapercibido. Una tarea difícil con su chaqueta en blanco y rojo y su cabello plateado siendo reconocibles para cualquiera que tuviera el más mínimo conocimiento en cuanto a patinaje artístico.

Después de unos cuantos segundos, Viktor dio con un pequeño corredor lateral que lucía razonablemente vacío, así que se deslizó dentro rápidamente, encontrando una puerta con el familiar e internacional símbolo de acceso al sanitario y se dirigió hacia esta con gratitud. Al encontrarse aún distraído por su deseo de no ser encontrado por la prensa, Viktor no notó a la persona en frente de él sino hasta que fue demasiado tarde, ambos colisionando contra el otro y el más pequeño siendo empujado hacia atrás por la fuerza del impacto.

Era Yuuri Katsuki. Viktor había crecido desde la última vez que había visto al muchacho, habiendo ganado unos cuantos centímetros más en altura y sus hombros y pecho habiéndose ensanchado en un modo que había desequilibrado su balance al patinar durante unos cuantos meses hasta que se hubo forzado a sí mismo a acostumbrarse. Yuuri, por otro lado, parecía aún no tener su primer estirón. Aún lucía pequeño y delicado, con la suave redondez infantil en su rostro. Sus amplios ojos café se encontraban al nivel del pecho de Viktor, y la forma en la que tenía levantar la mirada para encontrarse con la del ruso era casi adorable, ajustando frenéticamente sus gafas que se me habían movido por la fuerza del impacto.

—Lo siento, no vi…— Empezó a decir Yuuri, pero sus palabras se cortaron cuando su mirada cayó sobre el rostro de Viktor, sus ojos ampliándose mientras asimilaba quien era la persona en frente de él.

Había pasado mucho tiempo desde la última vez que Viktor había visto a Yuuri en persona, durante aquel breve contacto visual en uno de los pasillos del Campeonato Mundial. Desde entonces, Viktor había seguido la carrera de Yuuri con interés, observando sus presentaciones en el  Junior Grand Prix Final que siguió,  y luego en el Campeonato Mundial Junior que acaba de terminar.

Durante el Junior Grand Prix Final, Yuuri había fallado en tratar de completar un quad toe loop, lo cual había causado que Viktor se sintiera triste. Los errores técnicos aún bajando el puntaje de un patinador que se movía con tal habilidad artística. Luego, durante el Campeonato Mundial  Junior, Yuuri se había abstenido de realizar quads y finalmente había ganado el oro que tanto merecía.

Y ahora se encontraba aquí, en un desierto cuarto de baño mientras observaba a Viktor congelado y en silencio. Viktor también se había congelado por un minuto, ya que estaba sorprendido por el inesperado encuentro que se mostraba frente a sus ojos. Yuuri Katsuki se había mantenido esquivo en todas las competencias a las que había asistido, por lo que Viktor no había esperado encontrarse con él, mucho menos allí. Pero él no era el tipo de persona que perdía una gran oportunidad cuando se le presentaba tan libremente.

— ¿Eres el medallista de oro junior, verdad? ¿Yuuri Katsuki? —. Le preguntó, esperando romper el silencio que se tornaba rápidamente incómodo. Por supuesto, él ya sabía quién era Yuuri. Pero ya que nunca se habían hablado en forma oficial, decir aquello sonaría muy extraño.

Un ligero destello de color apareció en las mejillas del muchacho y parpadeó rápidamente detrás del grueso marco de sus gafas, luciendo un poco perplejo pero aún sin indicios de responder con algo más que no fuera un asentimiento. El silencio llenó el lugar otra vez y Viktor pudo sentir la incomodidad creciendo también.

Luego de ver patinar a Yuuri, Viktor se había sentido intrigado y había querido hablar con el otro muchacho. Pero nunca era un buen momento, nunca encontraba la oportunidad perfecta para hablar con él. Ahora que Yuuri había ganado el oro en lo juniors, Viktor estaba seguro de que pronto daría el salto a la división sénior, y aquella idea lo emocionaba. Si ver a Yuuri era fascinante, competir contra él debía serlo aún más. Ahora que se encontraban aquí reunidos, Viktor quería hablar con el muchacho apropiadamente por primera vez en lugar de observarlo por una pantalla. Pero Yuuri no hacía intento alguno de hablar, y Viktor no estaba seguro de que decir.

Brevemente pasó su mano por su cabello en un habitual gesto nervioso mientras trataba de pensar en algo que decir. La sensación de su cabello aún le sorprendía, lo corto de sus mechones sintiéndose extraño aun después de haberlo cortado hace tiempo. Una parte de él aún extrañaba su cabello largo, pero la otra parte sabía que ya había sido tiempo para un cambio. Cada año se le hacía más y más difícil sorprender a la audiencia, y su largo cabello había sido su marca personal por tanto tiempo que cuando al inicio de la temporada apareció con este completamente corto, se había armado un revuelo. Reinventar su imagen era un buen método para mantener al público a la expectativa, para impedir que se aburrieran y para que él mismo no cayera en aquel dilema.

Se giró hacia el muchacho frente a él y le brindó una sonrisa, tratando de lucir lo más amigable posible.

—Vi tu programa libre hoy. Fue una buena presentación y el tema que elegiste fue bastante audaz —. Trató de decir Viktor una vez más. El patinaje era un buen tema para comenzar. Hablar de patinaje era seguro, algo familiar que los unía a ambos. —También ganaste sin ningún quad, lo cual es muy impresionante, y más porque todos los demás patinadores de tu edad ya pueden realizarlos en competencia.

Eso había sido algo que llamó la atención de Viktor cuando Yuuri había ganado el oro ese día. Una rutina que se basaba completamente en la aparte artística de la presentación en lugar de presionar para intentar obtener puntos técnicos como era común hacer en estos días. Era una jugada muy inusual y riesgosa, pero una que claramente había funcionado.

Yakov siempre había tratado de inculcarle la importancia de la presentación sobre todas las cosas, pero Viktor nunca lo había escuchado en realidad. Nunca antes habían existido quejas por su presentación, y sus saltos siempre eran nuevos y excitantes de modo que aún podía sorprender a la audiencia cuando lo hacía. Pero Yakov siempre se había mofado de su deseo de ir a por quads tan pronto como le fuera posible, especialmente mientras aún era un junior.

Durante su última temporada como junior, Viktor había añadido espontáneamente un quad flip a su rutina, un movimiento que había encendido la ira de Yakov ya que le había prohibido hacer quads hasta que fuera un senior. “Un buen patinador debería ser capaz de ganar sin la necesidad de usar saltos pretenciosos para distraer a la audiencia de lo que realmente importa”. Le había dicho una vez, pero como siempre, Viktor no se había molestado en seguir el consejo. Había sido su última temporada como junior y quería ser capaz de dejar una gran impresión, una hazaña que ciertamente había conseguido.

Pero era interesante ver que Yuuri Katsuki utilizaba algo que Viktor nunca había intentado. Algo que Yakov le había presionado a hacer, pero a lo cual se había rehusado. Ausentemente, Viktor pensó que probablemente a Yakov le gustaría tener a Yuuri como su estudiante.

Su último programa había impresionado a Viktor, y su decisión de competir sin quads lo había hecho aún más. Pero Viktor también recordaba la forma en la que Yuuri había fallado al tratar de realizar un quad toe loop hace solo unos cuantos meses. El lado artístico de su presentacion pudo haber sido perfecta, pero aún estaba fallando en los aspectos técnicos de sus rutinas; y aquello no era algo que pudiera evitar para siempre. Realizar su presentación y ganar sin quads podía ser impresionante en la división junior, pero tan pronto como Yuuri entrara a la división senior aquella falta de quads sería su debilidad.

Viktor había estado fascinado con Yuuri Katsuki por un año, fascinado por la forma en la que patinaba. Quería ver a Yuuri haciendo más, quería ver cómo era el muchacho cuando su máximo potencial fuera liberado y no hubiera nada reteniéndolo. Estarían compitiendo en la misma división pronto, y eso era algo que Viktor definitivamente quería presenciar. Él era un patinador senior reconocido por su avanzada técnica de salto, así que sería capaz de ayudar al muchacho con ello.

—Vi tu presentación el año pasado en el Grand Prix—. Le dijo a Yuuri, quien aún se encontraba observándolo en silencio, su rostro ilegible y sus ojos ligeramente entrecerrados detrás del grueso marco de sus gafas.

—Tu aterrizaje en el toe loop estuvo fuera de balance, es por eso que te caíste. Necesitas trabajar en encontrar tu centro durante las piruetas si vas a competir en la división sénior.

Un Yuuri Katsuki que pudiera saltar con la misma habilidad con la que realizaba su secuencia de pasos seguramente sería una fuerza de la que se debía tener cuidado, y seguramente traería de vuelta aquella emoción que el mundo del patinaje había estado perdiendo poco a poco durante tanto tiempo.

Pero en lugar de responder o reconocer sus palabras, Yuuri simplemente se quedó mirando a Viktor con molestia, lo cual lo tomó por sorpresa. El muchacho pasó a lado del ruso, saliendo rápidamente del cuarto de baño y cerrando la puerta con fuerza detrás de sí. Por unos cuantos segundos, Viktor simplemente observó la puerta cerrada en shock, cualquier otra cosa siendo ahogada por la confusión. 

Repasó rápidamente las palabras que acaba de decir, tratando de encontrar aquello que pudo causar tal reacción. Brevemente consideró que Yuuri tal vez lo había mal entendido. Después de todo, el inglés no era la lengua materna de ninguno de ellos y era fácil cometer errores. Pero por las entrevistas que había visto, el patinador japonés parecía ser muy competente en el idioma aun cuando su acento lo delataba como un hablante no nativo. Y después de años de que varios entrenadores y maestros estuvieran metiendo el idioma en su cabeza de forma insistente para que fuera capaz de competir internacionalmente, Viktor sabía que él también lo era.

Descartando la barrera del idioma, Viktor repasó la conversación en su mente una vez más, tratando de encontrar qué pudo causar tan fuerte reacción. Nada de lo que dijo le parecía relevante, ninguna de sus palabras o intenciones buscaba provocar su enojo, para nada.

Viktor simplemente había querido hablar con Yuuri, hablar con él acerca del pasión que ambos compartían por el deporte y tratar de ayudarlo a prepararse para el tremendo salto de nivel que estaba a punto de realizar al pasar de junior a senior.

¿Tal vez lo que pasó había tenido que ver con el estatus de Viktor como “leyenda naciente” en el mundo del patinaje? Muchos jóvenes patinadores se ponían nerviosos cuando hablaban con él, aunque ninguno de ellos había actuado jamás como lo hizo Yuuri. Era capaz de llevarse bien con los patinadores de menores, él lo sabía. Un muchacho Suizo que había conocido después del  Campeonato Europeo destacaba particularmente. Christophe Giacometti, el cual había hecho su senior debut en el Campeonato Mundial que acababa de finalizar. Luego de un breve encuentro durante el campeonato Europeo, Christophe se había pegado a Viktor durante el Mundial y se habían dado cuenta de que se llevaban sorprendentemente bien.

Cuando se había planteado la idea  de hablar con Yuuri Katsuki, Viktor siempre asumió que sería igual de sencillo. No había contado con que Yuuri no quisiera hablar con él, que dijera solo unas cuantas palabras antes de darse cuenta quien era Viktor, y que luego saliera corriendo del lugar sin ninguna provocación aparente.

Yuuri Katsuki se volvía más misterioso con cada encuentro. Viktor aún quería hablar con él, aún quería llegar a conocerlo, pero la reciente conversación lo había descolocado. Incluso después de analizarlo, simplemente no podía dar con lo que había salido mal, pero Yuuri había parecido reaccionar a algo que él dijo. Cada vez que se encontraban, el muchacho se convertía en un misterio más profundo.

Viktor tenía diecinueve años, y por alguna razón, Yuuri Katsuki parecía odiarlo. Y no tenía idea del por qué.

 


 

 

Viktor tenía veinte, y estaba perdiendo la habilidad para sorprender al público.

Aún venían en masa para verlo patinar, aún lo apoyaban, jadeaban impresionados, y aplaudían fuertemente con cada una de sus rutinas, mientras él se presionaba cada vez más y más, cada nuevo programa siendo completamente diferente al anterior y único en todo sentido. Pero el desafío deportivo que lo había impulsado durante sus primeros años se empezaba a perder a medida que superaba a cada uno de sus competidores, y la audiencia también empezaba a notarlo.

Había representado a su país orgullosamente sobre el hielo de los juegos olímpicos, pero antes de que entrara al hielo ya habían murmullos de que sería una victoria garantizada. Viktor amaba ganar, amaba la emoción de la victoria, pero solo cuando era justamente ganada. Había ganado la medalla de oro más prestigiosa que cualquier patinador podría obtener en su carrera y estaba más que orgulloso de ello, pero ganar se sintió casi como algo mecánico.

Viktor era un artista, y necesitaba ser capaz de sorprender a la audiencia si quería mantenerse inspirado para continuar. La inspiración aún no lo había abandonado, pero podía sentir como empezaba a decrecer poco a poco, año tras año, y estaba aterrado del momento en que desapareciera por completo. Tal vez no ahora, y tal vez no por muchos años. Pero si todo continuaba igual, eventualmente iba a suceder. Viktor había vendido su alma al hielo, y ni siquiera podía soportar la idea de una vida si ello. Perder inspiración era la forma más segura para caer en una depresión de la que muchos patinadores no se recuperaban, y Viktor sabía que no podía dejar que eso le sucediera a él.

Sin embargo, parecía que su amigo no compartía su mismo problema. Chris había subido rápidamente por las categorías hasta llegar al nivel sénior, y Viktor empezaba a acostumbrarse a tenerlo cerca. Se sentía bien, tener a alguien con quien hablar durante las competencias sin la presión de que resintiera su presencia como lo hacían los patinadores mayores, o que lo idolatraran como lo hacían los más jóvenes. Bueno, como la mayoría de los patinadores jóvenes. Chris era una notable excepción. Yuuri Katsuki era otra.

Desde aquel encuentro en el baño ya hace un año, Viktor había mantenido la distancia a propósito al tiempo que traba de descifrar al otro patinador. Algo que había dicho o hecho había alejado al otro muchacho, y no podía acercarse a él hasta que averiguara lo que era para así no cometer el mismo error otra vez. El no saber que pudo haber causado que Yuuri saliera corriendo sin decir una palabra, frustraba a Viktor completamente.

A pesar de lo que había pasado entre ellos, Viktor aún observaba la carrera de Yuuri de cerca, lo cual era ahora mucho más fácil debido al hecho de que finalmente competían en la misma división. Tal como Chris, Yuuri había subido por las categorías fácilmente. Obtener el quinto lugar durante su primer Grand Prix Final no era algo que menospreciar, además de la medalla de bronce ganada en el subsecuente Campeonato Mundial. La cual finalmente los había colocado juntos en el podio.

Estar parado en el podio junto a Yuuri y Chris provocaba que una pequeña emoción pasara a través de Viktor, algo que no había sentido en todo el día ni siquiera mientras patinaba. Nadie estaba sorprendido cuando había ganado el oro. Para el disgusto de Viktor, ya nadie jamás parecía estar sorprendido. Pero sí estaban gratamente sorprendidos por el repentino crecimiento y subida por las categorías del anterior Campeón Mundial Junior, un patinador japonés que había realizado un muy distinguido senior debut y quien había empezado a hacerse un nombre por sí mismo en el mundo del patinaje. No tan distinguido como el senior debut de Viktor, pero aun así muy impresionante.

Era un sentimiento que Viktor había extrañado. El impulso, la desesperación de probarse a sí mismo, de forzarse a ser mejor. Aunque nunca había logrado nada sin esfuerzo, ganar se había vuelto fácil en un modo que nunca debería ser, y admiraba a Yuuri por lo duro que había luchado para obtener las medallas que había ganado. El desafío, la desesperación, escalando su camino por las categorías competencia tras competencia, rutina tras rutina. Nunca aburriendo a nadie porque aún tenía mucho que probar y mucho que dar. Las personas lo observaban porque querían ver que lo sucedería con él, y Viktor quería estar allí para presenciar aquello.

Bajando la mirada para observar a Yuuri mientras se encontraban parados en el podio del Campeonato Mundial, Viktor se preguntó lo que el otro muchacho se encontraría pensando. A pesar de mantener su distancia, Viktor había pasado mucho tiempo observando a Yuuri,  pero aún era incapaz de descifrar al otro patinador, no podía entender lo que sucedía detrás de aquellos ojos cafés que siempre parecían estar observándolo con un intenso disgusto.

Después de haber observado a Yuuri con detenimiento, Viktor se dio cuenta que aquella expresión solo era dirigida hacia él. Alrededor de la prensa Yuuri parecía ser un poco tímido y retraído, pero siempre formal y honesto en todas sus respuestas. Alrededor de sus fans también parecía tomar esa misma actitud. Después de que Yuuri ganara su título como Campeón Mundial Junior, un establecido grupo de fans había empezado a crecer, y Viktor había observado como Yuuri interactuaba con algunos de ellos el día anterior, tropezándose un poco sobre sus palabras y sonrojándose ligeramente ante los elogios que le eran lanzados, pero aun así se había tomado su tiempo para hablar con cada uno de ellos. Era adorable, y Viktor lo respetaba aún más por ello.

Fuera de la prensa y de los fans, Viktor había captado un vistazo del Yuuri que debía existir en privado y fuera de la vista de las cámaras. El entrenador de Yuuri había estado presente en la competencia que acaba de terminar, tal como siempre, y junto a él se encontraba u muchacho de piel oscura, quien lucía unos cuantos años más joven que Yuuri y quien se había mantenido permanentemente a su lado. Viktor ya había visto a aquel muchacho en otras competencias, mas no como competidor. Aunque recordaba vagamente que alguien había mencionado que también era patinador, solo que aún estaba en la división junior.

El Yuuri que existía alrededor de ese muchacho era muy distinto al Yuuri que Viktor había visto en cualquier otro lado. Había una tensión que Viktor no se había percatado que Yuuri estaba conteniendo sino hasta que vio como esta se drenaba por completo ante la presencia de su amigo, y fue por dicho muchacho que Viktor había escuchado reír a Yuuri por primera vez, un sonido lleno de gozo que parecía iluminar toda la habitación. Aquellos momentos robados que Viktor había captado eran más que suficientes para demostrarle que había otro Yuuri Katsuki escondido detrás de aquellas feas miradas que siempre parecían estar direccionadas hacia él, y eso no hacía sino fascinarlo más.

Yuuri Katsuki era un talentoso patinador con el potencial de hacer grandes cosas y el feroz impulso para convertirlas en una realidad. Había peleado duramente para ganar, y por ello sus victorias eran aún más dulces. Era tímido en público, pero también adorablemente educado y formal. Alrededor de aquel muchacho que Viktor sabía debía ser amigo suyo, Yuuri era silenciosa y privadamente feliz, y su risa traía calidez al más frío de los inviernos.

Pero a pesar de eso, cuando Viktor lo miró desde su posición en el podio, Yuuri se encontraba mirándolo con disgusto y con los ojos entrecerrados, la expresión en su rostro y su mensaje inequívoco. Una expresión que parecía estar reservada únicamente para Viktor y una que definitivamente le ruso no merecía. Viktor nunca había hecho nada para ganarse ese trato, para ser señalado de tal manera por el patinador que lo fascinaba cada vez más con cada temporada que pasaba.

Tenía que existir alguna razón, alguna causa, alguna lógica detrás de todo, pero la verdad permanecía tan esquiva como siempre. Encerrada en la cabeza de Yuuri y causando que, no por primera vez, Viktor deseara poder ver los pensamientos del otro patinador.

Viktor tenía veinte años y Yuuri Katsuki era un frustrante, fascinante e intrigante misterio. Un misterio que Viktor estaba determinado a resolver algún día.

 

 


 

 

Viktor tenía veintiuno y definitivamente estaba inspirado una vez más.

Con el pasar de los años, el ruso había empezado a sentir como la inspiración se le escurría de las manos, poco a poco y gota por gota, con cada fácil victoria. De más joven había sido un torbellino de movimientos, música e ideas, cada una más fuera de este mundo y original que la anterior, ganándole mas medallas de oro y records mundiales que ninguno de los otros patinadores de su nivel. Pero eso eventualmente había empezado a desaparecer, como olas incesantes golpeando contra una costa de arenisca, y no había habido nada que pudiera hacer para impedirlo.

Aún estaba ganando medallas, aun creaba rutinas para asombrar al mundo, pero sabía que cada año se acercaba cada vez más y más al día en que ya no habría nada que pudiera utilizar para sorprender a nadie. Y una vez que hubiera perdido eso, lo habría perdido todo.

Pero entonces algo había cambiado. Yuuri Katsuki había entrado a su vida, no de golpe sino lentamente con cada medalla que ganaba, acercándose cada vez más y más hasta que estuvo parado junto a Viktor por primera vez con una medalla de plata, y un orgullo que Viktor no había sentido por su propio patinaje durante años se encontraba ahora escrito en su cara.

Yuuri Katsuki patinaba con todo aquello que Viktor amaba pero que había empezado a perder lentamente. Pasión, determinación, y un feroz deseo de ganar que opacaba todo lo demás. De lo que Viktor había visto acerca del entrenamiento de Yuuri en la red social de su amigo -Phichit Chulanont según Viktor se había enterado, un patinador Junior que entrenaba con Yuuri en Detroit – Yuuri había trabajado obsesiva y brutalmente duro para dominar sus movimiento y saltos, y perfeccionar aquellos programas tan llenos de alma y vida que inspiraban a todo aquel que los veía.

En público se veía reservado, callado y misterioso; pero en el hielo desnudaba su alma para que todo el mundo la viera, y era realmente hermosa de observar. Patinaba desde el corazón, sintiendo tan profundamente y con una intensidad que atraía a Viktor y que lo hacía desear conocer más. Se sentía conectado al otro patinador, quería conocerlo, quería ver la belleza de su alma tanto dentro como fuera del hielo.

El ver al otro muchacho patinar había despertado en Viktor un recuerdo de aquello que una vez había amado acerca de la vida en el hielo, y que había empezado a notarse nuevamente en sus rutinas. Ya no actuando por simple mecánica, sino sintiendo la música, los movimientos y el patinaje, con el amor y pasión que casi había perdido.

Las personas habían empezado a notar aquellos cambios, pero se lo estaban atribuyendo a la razón equivocada. Las personas habían empezado a hablar de una rivalidad, un patinador más joven tratando de destronar a la leyenda, y el campeón actual intensificando su juego aún más para mantenerlo lejos. Era una historia nacida de una salvaje especulación por parte de los medios y de los fans, los cuales siempre creían conocer a Viktor en un modo que nadie más lo hacía ni jamás había hecho.

No había rivalidad por parte de Viktor, al menos no en la forma que ellos declaraban. Él amaba ganar, y más ahora que nunca. Pero eso era porque finalmente sentía que merecía ganar. Finalmente estaba siendo presionado para ser mejor y mantener sus títulos. No estaba para nada molesto con Yuuri Katsuki por eso, en realidad lo adoraba por ello.

Sin embargo, en lo que respectaba al sentir del otro patinador, Viktor pensaba que los medios habían estado más cerca de la verdad. Las constantes miradas de disgusto que Yuuri le enviaba no eran fácilmente desapercibidas. Aun si Viktor aún no estaba seguro del porque parecía desagradarle tanto al otro patinador, la verdad del asunto estaba tan clara como el agua.

En cada entrevista o conversación en la que se le había preguntado, Yuuri Katsuki había dejado su meta completamente clara. “¿Cuáles son tus metas para la siguiente competencia y para la siguiente temporada?” le habían preguntado los reporteros, y cada vez daba la misma respuesta. “Mi meta es ganar el oro.”

«Y planeo vencer a Nikiforov para lograrlo» Era el mensaje que sus ojos brindaban junto a su apariencia de desdeño. No había duda en la mente de nadie que viera al muchacho de que sus ojos estaban firmemente puestos en la posición que Viktor había mantenido por tanto tiempo, y que estaba dispuesto a hacer lo que sea para conseguirlo.

Una vez hubo un reportero que continuó presionando y presionando, esperando obtener una historia a pesar de lo fuertemente cerrado que Yuuri siempre parecía ser cada vez que el tema de Viktor era traído a la luz. Claramente había querido obtener información privilegiada, noticias sorprendentes para alimentar los rumores de la rivalidad, en lugar de una respuesta simple por parte de Yuuri.

“¿Planeas ganar el oro?” Le había preguntado el reportero cuando la conversación empezaba a llegar al final. “¿Planeas destronar a Viktor Nikiforov como el actual Campeón del Mundo?”

“Sí.” Había respondido Yuuri, y había un fuego en sus ojos y en su mirada que siempre estaba presente cuando el tema de la victoria era tratado.

“Si lo logras…” había continuado el reportero, pero Yuuri lo cortó antes de que si quiera terminara su enunciado.

“No “si”.” Había dicho. “Cuando”

Viktor estaba acostumbrado a ser a quien se debía derrotar, el obstáculo final que impedía que muchas personas obtuvieran lo que habían soñado y por lo que habían trabajado toda su vida. Incluso Chris, quien ahora era un amigo cercano, hablaba de su deseo de derrotar a Viktor y finalmente ganar el oro. Pero cuando Chris lo decía, las palabras eran de naturaleza amable, amigables. Quería ganar, poder derrotar a Viktor finalmente algún día y llegar a la cima del podio, pero no había ningún tipo de malicia o resentimiento en su tono cuando lo decía, además ellos ya habían discutido el tema en buenos términos anteriormente.

Con Yuuri Katsuki sin embargo, las palabras jamás sonaban amigables. Nunca en lo absoluto.

Viktor no podía comprenderlo. Los celos debían ser la razón para el enojo que el otro patinador siempre lanzaba en su dirección. Pero por su experiencia con Chris, Viktor sabía que se podía ser amigo de tus competidores, ser cercanos a pesar de la rivalidad que existía entre ellos, así que no entendía porque no podía tener eso con Yuuri también. Por qué Yuuri parecía odiarlo tanto y por tanto tiempo cuando Viktor solo quería hablar con él. Hablar, se amable, y algún día llegar a ser amigos porque Yuuri era fascinante y Viktor quería llegar a conocer todo de él. Desenterrar los secretos de aquella alma que solamente desnudaba en el hielo y que mantenía tan firmemente sellada y alejada de todos los demás.

Pero por el momento, Viktor mantenía la distancia y evitaba las preguntas que los reporteros amaban lanzarle, porque la última vez que había tratado de hablar con Yuuri Katsuki algo había salido mal. Algo había salido mal sin que él se diera cuenta de lo que había sucedido o de cómo podía arreglarlo, así que no quería arriesgarse a que sucediera de nuevo sin antes conocer más. Yakov le había dicho una vez que pasaba más tiempo metiendo la pata que patinando, y aunque Viktor usualmente ignoraba sus consejos, con la situacion como estaba había decido ignorar su instinto primario de apresurarse y ser impulsivo, y por una vez esperar antes de realizar cualquier movimiento.

Viktor tenía veintiún años y quería conocer a Yuuri Katsuki, sin importar el tiempo o lo mucho que eso le costara.

 


 

 

Viktor tenía veintidós y estaba celoso.

Había pasado casi un año desde que Yuuri había ganado su primera medalla de plata contra Viktor durante el último Campeonato Mundial, y había continuado con otra medalla de plata en el siguiente Grand Prix Final, la brecha entre ellos empezando a cerrarse gradualmente. Era algo emocionante, y Viktor se había vuelto a lanzar de lleno al patinaje, practicando hasta tarde en la noche y constantemente garabateando ideas para nuevas rutinas, música y saltos que preparar para las próximas competencias en donde se enfrentaría a Yuuri una vez más.

Yakov había estado complacido con el crecimiento de la inspiración e impulso de Viktor, pero no estaba tan feliz con la razón de ello.

“El muchacho es peligroso.” Le había dicho a Viktor una noche cuando la pista ya estaba cerrada y Viktor había pasado horas practicando. “Jamás debes subestimar a alguien que realiza figuras obligatorias perfectamente al inicio de cada calentamiento como lo hace él. En mis tiempos él hubiera sido el indiscutible campeón y tú hubieras quedado mordiendo el polvo. Estás acostumbrado a estar en la cima del mundo Viktor, pero si no tienes cuidado, el muchacho te va a quitar eso.”

A Viktor difícilmente le importaba la amenaza que Yuuri era pasa sus títulos. Esa misma amenaza era lo que ocasionaba que su corazón se acelerara y que cada competencia fuera emocionante, además no le importaba si perdía contra Yuuri Katsuki cada cierto tiempo. Sorprender a la audiencia siempre había sido su meta principal, y repentinamente el interés de esta se encontraba increíblemente en alto porque en cada competencia la misma pregunta se mantenía en la mente de todos. ¿Viktor Nikiforov sería capaz de mantener sus títulos o finalmente era la oportunidad de que Katsuki se llevara el oro a casa? Cada nueva competencia y cada nueva victoria se habían vuelto una sorpresa que Viktor había fallado tanto tiempo en poder conseguir.

Viktor sabía que Yakov simplemente estaba preocupado por él, pero no tenía por qué estarlo. Sí, era cierto que Yuuri era una amenaza para todo lo que Viktor había pasado construyendo su vida entera, ¿pero que era la vida sin un poco de desafío? También era cierto que la presencia de Yuuri Katsuki en el mundo del patinaje había empezado a causar una división que no siempre trabajaba a favor de Viktor, pero no era algo por lo que estuviera particularmente preocupado.

Había sido el favorito del mundo del patinaje durante mucho tiempo, y aunque eso continuaba siendo mayormente cierto, ahora había un significante subgrupo de fans que habían empezado a odiarlo en imitación al patinador que idolatraban. A Yakov le molestaba la situación, y Viktor admitía que no siempre era agradable durante las competencias cuando ahora había una porción de la multitud con deseos de verlo fallar. Algo que nunca le había sucedido antes. Pero aún tenía muchos fans propios, y las palabras que escuchaba no le molestaban demasiado. Yakov le había dicho varias veces que era demasiado relajado ante todo el asunto. Pero Viktor podía lidiar con el disgusto de un pequeño grupo de fans, si como recompensa tenía a Yuuri Katsuki patinando contra él.

Sin embargo, lo único que si le importaba, era que tan lejos de alcanzarlo se encontraba el otro patinador y que tanto progreso había hecho en los años que Viktor lo había conocido.

Durante el tiempo entre competencias, Viktor había visto muy poco del otro patinador, lo cual era normal. Yuuri Katsuki era notoriamente esquivo con los reporteros, fans y también otros patinadores. Siendo Phichit Chulanont, su amigo, una notable excepción. Además de ser la principal fuente de información de Viktor con respecto a Yuuri en las redes sociales.

El patinador tailandés también se encontraba siendo la fuente de los celos de Viktor ese día, observándolos reír juntos mientras Yuuri realizaba sus estiramientos para prepararse para su programa. Estaba celoso de su amistad.

Viktor había pasado años observando a Yuuri, queriendo llegar a conocerlo pero siendo incapaz de hacerlo por todo el odio y resentimiento que siempre parecían irradiar del otro patinador cada vez que estaba cerca. Yuuri era incluso más esquivo con él de lo que era con cualquier otro patinador, y siempre parecía desaparecer cada vez que Viktor se encontraba cerca. Solamente se le acercaba cuando era necesario, principalmente cuando se paraban juntos en el podio, prácticamente irradiando hostilidad.

Pero alrededor de su amigo parecía ser una persona completamente distinta. Jovial, alegre y franco, riendo y bromeando en una forma que Viktor solo había presenciado cuando esos dos estaban juntos. La risa de Yuuri era hermosa, y su sonrisa iluminaba su rostro entero, Viktor quería ser quien lo hiciera reír de esa manera algún día. Pero con la forma que Yuuri actuaba a su alrededor, aquello parecía ser solo un sueño imposible.

Con el pasar del tiempo, Viktor solo había llegado a sentirse más confundido con respecto a la razón de la hostilidad del otro patinador. Al inicio había pensado que los celos y el resentimiento por perder eran la causa de la cascada de negatividad que Yuuri irradiaba cada vez que estaba cerca, pero con los años aquello le parecía más improbable.

Yuuri era educado y agradable con todos los patinadores excepto Viktor, incluso con aquellos que lo vencían ocasionalmente durante las competencias clasificatorias o una que otra vez durante los Cuatro Continentes, en donde Viktor nunca patinaba. Como todos los patinadores, Yuuri no parecía disfrutar perder, pero nunca encaraba la derrota con la misma amargura que cuando era Viktor quien lo superaba en el podio. Yuuri Katsuki no era una persona rencorosa y maliciosa por naturaleza, Viktor se daba cuenda de ello por la forma en como trataba a todos menos a él. La naturaleza de su disgusto parecía ser personal, dirigida a Viktor y únicamente a él.

Durante varias noches de desvelo, Viktor había recordado y repasado su breve encuentro, tratando de entender qué pudo haber sucedido para que se generara tal nivel de desagrado en tan poco tiempo. Pero nunca lo conseguía. Debía haber más, algo que le faltaba por comprender, pero la verdad del hecho lo eludía. Y estaba seguro de que Yuuri nunca se lo diría si le preguntaba, considerando la frialdad con la que el otro patinador la trataba cada vez que estaban juntos.  

Yuuri patinaba hermosamente, desafiaba a Viktor y lo empujaba a ser mejor, además era cálido, formal y amable con todo el mundo menos él. Viktor aún estaba tan fascinado con Yuuri como siempre, y su deseo por conocer al muchacho solamente había aumentado. Quería lograr que Yuuri sonriera, riera y hablara con él de la misma manera que hacía con su amigo. Quería conocer a Yuuri porque el muchacho había traído a su vida algo que hacía que todo fuera más brillante, y Viktor quería agradecerle por ello.

Viktor había pasado mucho de su tiempo observando a Yuuri atentamente, tanto dentro como fuera del hielo, y había llegado a la feliz conclusión de que Yuuri tenía un alma hermosa. Algo que brillaba a través de la forma en que patinaba, la forma en que reía, y en cómo era atento con todos sus fans y con todos los que hablaba, excepto con Viktor.

Del otro lado de la habitación, Viktor continuó observando a Yuuri y a su amigo mientras hablaban y reían juntos. Phichit había hecho un comentario que había sido ahogado por el ruido de la habitación en donde estaban, y Yuuri se había reído tan fuerte que Viktor creyó que de seguro habrían lágrimas formándose en sus ojos, su nariz arrugándose adorablemente mientras lo hacía, y su voz brillante y llena de alegría. Mientras reía, Yuuri se giró ligeramente y de repente toda la alegría desapareció de su rostro en el momento que sus ojos se encontraron con los de Viktor.

Viktor sintió como su corazón se encogía ligeramente ante la vista, lo único que había estado haciendo era mirar y aun así su mera presencia parecía eliminar toda la felicidad del cuerpo de Yuuri. Esa era una de las razones por las que Viktor se había mantenido alejado, porque odiaba el hecho de ser la causa de su desdicha aun si no sabía el por qué. Enfocándose en el otro patinador, Viktor buscó en su rostro cualquier signo o razón para tal cambio en sus emociones, pero no encontró nada.

Antes de que pudiera tener la oportunidad de hacer algo mas, Yakov lo llamó desde el otro lado de la habitación y Viktor se vio forzado a apartar la mirada. Sería él quien patinaría primero en la competencia, por lo que ya era tiempo de que se dirigiera a la pista.

Mientras hacía su camino hacia la arena en donde miles de fans ya se encontraban coreando su nombre, Viktor esperaba que Yuuri lo estuviera observando. Había pantallas de televisión esparcidas por toda el área de patinadores en la que ambos habían estado hace solo unos minutos, pantallas que mostraban la pista donde todos los patinadores competirían, y  Viktor esperaba que Yuuri lo estuviera observando tan atentamente como Viktor siempre lo observaba a él. La rutina que patinaría estaba inspirada en Yuuri después de todo.

Viktor había coreografiado todas las rutinas que patinaría, había escogido la música y diseñado la rutina para llenar de emoción y contar una historia a todo aquel que lo viera. 

Su programa corto para esta temporada era especial para él ya que había sido diseñado con Yuuri en mente. Alguien que se rehusaba a dejar entrar a Viktor, pero a quien Viktor quería conocer de todas formas. La imagen de la rivalidad que los medios habían creado se encontraba más presente que nunca, pero Viktor sabía que sus sentimientos por Yuuri estaban muy alejados del odio y el resentimiento que todo el mundo pensaba que sentía. Aquellos sentimientos se hacían más fuertes cada año, y su deseo de conocer a Yuuri como algo más que un competidor solo aumentaba.

La canción que patinaba era un dueto cuya letra había llamado su atención desde el primero momento que la escuchó, y ahora la patinaba con todo su corazón, vertiendo todo lo que sentía en esa rutina. No podía hablarle a Yuuri apropiadamente, no cuando cada vez que se encontraban Yuuri se cerraba y se volvía tan duro y frío como el hielo sobre el que patinaba, pero eso no significaba que no pudiera hablar con él en lo absoluto. El patinaje era un idioma en sí mismo, uno que ambos habían pasado aprendiendo toda su vida. No estaba seguro de si Yuuri lo estaba observando, pero esperaba que así fuera.

Las palabras habían fallado con Yuuri, y podría parecer que nunca tendría la oportunidad de conocerlo como algo más que un competidor, pero Viktor esperaba que aun tuvieran tiempo. Además, él nunca había sido de los que se rendían rápido.

Luego de terminar su rutina, Viktor se dirigió al “kiss and cary” para recibir su puntaje, antes de hacerse camino hacia las gradas y observar al resto de los patinadores hacer su rutina. Había un patinador en específico que se encontraba ansioso por ver.

Cuando Yuuri entró al hielo para realizar su propia presentación, se veía enfocado, bloqueando todo lo demás mientras se preparaba para patinar. La música que había escogido empezó a llenar el estadio, la melodía sonaba deprimente, casi insoportablemente triste, e hizo que el corazón de Viktor doliera. Y dolía mucho más porque Yuuri patinaba con esa misma desgarradora tristeza, las emociones recorriéndolo profundamente y derramándose en cada movimiento que hacía.

Yuuri tenía un don para patinar, la habilidad de tocar el corazón de todos los que lo observaban, de hacerlos sentir lo que él sentía mientras patinaba. Aquello había sido lo primero que había atrapado la atención de Viktor, y aquel don solo se había vuelto cada vez más poderoso a medida que Yuuri crecía, aprendía y mejoraba; hasta que finalmente se había convertido en un espectáculo para la vista. Viéndose impresionante sobre el hielo y sin que nadie fuera capaz de apartar la mirada.

Sin embargo, el patinaje de Yuuri no era la única cosa que había crecido con los años. El patinador en el hielo distaba mucho del niño de apariencia inocente que Viktor había visto por primera vez, llorando en soledad y luciendo terriblemente atemorizado. Ahora su figura estaba llena de elegancia y confianza, y su rostro había madurado considerablemente en los años que habían pasado.

Los huesos de sus mejillas se habían afilado y lo último de aquella redondez infantil había desaparecido de sus facciones, dejándolo con una apariencia que había empezado a llamar la atención de varios. Su figura había cambiado también, volviéndose más alto y llenándose con el paso de los años hasta que llegó a ser completamente esbelto y agraciado. Delgado, pero con un poder escondido en su cuerpo que había sorprendido al mundo del patinaje varias veces, un aguante físico que no tenía comparación.

La resistencia era algo que Yuuri presionaba hasta el final cuando patinaba, salto tras salto siendo añadidos en la segunda mitad de su rutina hasta que Viktor podía notar las gotas de sudor bajando por su frente. Pero aun así continuaba patinando. Había una feroz determinación en todo lo que Yuuri hacía, y aquella era una de las cosas que lo hacían tan intrínsecamente hermoso.

Finalmente, Yuuri llegó al final de la rutina y la audiencia enloqueció a su alrededor. Viktor también le aplaudió porque el patinaje de Yuuri nunca fallaba en sorprenderlo y llenarlo de asombro. Cuando Yuuri salió del hielo fue recibido por su amigo, el cual saltó a abrazarlo y casi tira a Yuuri al suelo con su entusiasmo. Viktor los observó a ambos y volvió a sentir aquellos pequeños tirones de celos al ver lo fácil que Yuuri le sonreía a su amigo cuando a Viktor no lo había visto más que con desdén.

Luego de ser felicitado por su amigo, Yuuri se dirigió al “kiss and cry” para recibir su puntaje, y cuando se anunció, hubo una  enorme oleada de ruido viniendo desde la audiencia al tiempo que asimilaban la nueva información. La forma en la que el nombre de Yuuri había aparecido en la cima de la tabla de posiciones, estando incluso sobre el nombre del mismo Viktor.

—Parece que finalmente encontraste tu igual —. Había bromeado Chris más tarde esa noche.

Habían salido a beber luego de que los programas cortos terminaran, no era el tipo de salida alocada y salvaje por las que eran tan conocidos, sino una forma más tranquila de relajación. Ambos tenían que patinar el día de mañana, y a pesar de lo divertido que era beber y pasar tiempo con Chris, Viktor no era tan irresponsable como para beber la noche anterior a los programas libres, y su amigo tampoco lo era. Chris lo había convencido de salir para relajarse de los acontecimientos del día, y en realidad no se necesitaba mucho para convencer a Viktor.

Hizo un murmullo estando de acuerdo con las palabras de su amigo, una pequeña sonrisa formándose en su rostro mientras tomaba un sorbo del vaso frente a él. Habían pasado años desde la última vez que alguien había logrado acercase tanto a su puntaje, así que era emocionante saber que mañana tendría que esforzarse más y sorprender a la audiencia en una nueva y excitante manera para ser poder capaz de ganar.

—Siempre tuve la esperanza de ser yo quien te sacara de aquel pedestal sobre el que has estado parado por tanto tiempo —. Bromeó Chris mientras empujaba su hombro contra el de Viktor en forma juguetona. —Pero parece que Katsuki me venció. Pero los derrotaré a ambos algún día, marca mis palabras.

La conversación era meramente juguetona, así que Viktor se rio con él. Puede que existiera una rivalidad entre ellos dos, pero eran amigos antes que todo. El sabía lo mucho que el estar siempre en segundo lugar frustraba a Chris, pero era algo de lo que ya habían hablado antes y sabía que aquel sentimiento no creaba ningún tipo de rencor hacia Viktor.

—Estuvo asombroso el día de hoy —. Concordó Viktor. Chris le brindó una pensativa mirada ante sus palabras.

—Sí, lo estuvo —. Confirmó Chris, su voz sonando algo vacilante. —Pero pareces horriblemente complacido para ser alguien a quien Katsuki odia tan públicamente.

Viktor solo se encogió de hombros y tomó otro sorbo de su vaso, sintiendo el ardor del alcohol quemar por su garganta. Yuuri podría no gustar de él en este momento, pero un día Viktor sería capaz de descubrir el por qué, y finalmente podría romper aquel resentimiento que los mantenía apartados.

—Es solo que, hay algo en él —. Le dijo a Chris en lugar de mencionar sus más profundos pensamientos. —Me siento conectado a él de algún modo —. Atraído hacia él, quiso decir. Fascinado por él.

—Bueno, parece ser que la atracción es solo unilateral —. Bromeó Chris una vez más, pero había una pisca de seriedad su mirada. —He hablado con él antes y parece que genuinamente es una buena persona, pero hay algo acerca de ti que realmente parece odiar.

Viktor suspiró porque sabía que aquello era cierto, a pesar de lo mucho que le desagradara el hecho y lo poco que entendía las razones para ello.

—Lo sé —. Respondió, y Chris simplemente levantó una ceja mientras tomaba un sorbo de su vaso.

Viktor sabía que Chris no entendía su fascinación con Yuuri Katsuki, pero al menos no presionaba en cuanto al asunto ni tampoco hizo comentarios de ello durante el programa libre al día siguiente. Viktor patinaría antes que Yuuri, lo cual significaba que cuando hubiera terminado con su programa tendría tiempo para recibir sus puntajes y ver al otro patinador.

Su programa libre era diferente a cualquier cosa que hubiera intentado antes, algo nuevo para sorprender a la audiencia porque ahora tenía la pasión y el empuje para hacerlo otra vez, y aquella era una emocionante sensación. Una vez que terminó, Viktor se retiró a las gradas junto con Chris para observar la presentación de Yuuri.

La canción con la que Yuuri patinaba era un vals, una canción oscura y peligrosa que pareció enviar un destello de algo a través de Viktor en el instante mismo que reconoció el estilo de música.

La rutina no era una copia, estaba en realidad muy lejos de serlo. Era muy personal, única y maravillosa de observar, pero el núcleo de ello, la esencia, era indiscutiblemente familiar a algo que él mismo había hecho años atrás.

La primera vez que había visto a Yuuri, poco después de haber encontrado al muchacho llorando en soledad, Viktor había patinado una rutina con un vals muy similar al que Yuuri se encontraba realizando ahora mismo. Una danza con un compañero invisible, un hermoso desafío. Cada movimiento solo completo a medias, armonizado únicamente por aquella figura en el hielo que existía solo como un fantasma en la imaginación.

Y ahora Yuuri estaba haciendo lo mismo, la rutina siendo perfectamente única y perfectamente suya, pero las similitudes no podían ser negadas. Viktor sabía que Yuuri había visto su rutina aquel día, habían encontrado al otro muchacho observándolo desde las sombras a un lado de la pista justo antes de desaparecer. Podía ser una mera coincidencia, una inspiración inconsciente de una de las rutinas de Viktor, o incluso podía ser algún tipo de movimiento estratégico, pero el punto seguía siendo el mismo.

Yuuri observaba las rutinas de Viktor, tal como Viktor observaba las de Yuuri. Las había observado y había disfrutado aunque sea una de ellas lo suficiente como para que los elementos de esta se derramaran sobre su propio patinaje, y aquello hizo que el corazón de Viktor saltara en su pecho. Porque si Yuuri se encontraba patinando algo aunque sea mínimamente inspirado en el propio trabajo de Viktor, entonces Yuuri tal vez no lo odiaba tanto como todo el mundo creía.

Los pensamientos aún se encontraban consumiendo a Viktor una vez que Yuuri finalizó su propia rutina y abandonó el hielo para recibir su puntaje, por lo que casi se pierde el anuncio hecho por el alto parlante. Fue sólo cuando el ruido de la multitud a su alrededor se elevó hasta convertirse en un rugido ensordecedor que Viktor finalmente salió de sus pensamientos, observando como el nombre de Yuuri se colocaba justo debajo del suyo en la tabla de posiciones una vez más. Sus puntajes brillaban desde la pantalla y pudo notar cuan impresionantemente cerca quedaron del otro, Yuuri colocándose debajo únicamente por un punto.

Era lo más cerca que nadie había estado de derrotar Viktor en mucho tiempo, que incluso él se sentía decepcionado de que Yuuri no lo hubiera logrado. Viktor amaba ganar, pero la rutina de Yuuri había sido exquisita, y se hubiera sentido orgulloso de ser superado por algo tan especial. No era como si quisiera perder, pero si sucedía, entonces perdería ante Yuuri Katsuki con una sonrisa.

En el “Kiss and cry”, Yuuri lucía devastado por los resultados. Viktor quería ir allí para consolarlo, ofrecerle sus felicitaciones por dos rutinas tan bellamente realizadas, pero sabía que no podía. La última vez que había tratado de elogiar a Yuuri, todo le había salido en contra. Y con el otro patinador luciendo tan desgarradoramente infeliz, Viktor simplemente no quería arriesgarse a hacerlo peor.

Más tarde esa noche y bien entrada la mañana del día siguiente, Viktor rememoró los eventos de la competencia, reflexionando en ellos una y otra vez en su mente. Yuuri había reaccionado muy mal ante su mera presencia, pero al igual que antes había sido amable y amigable con todos los demás, siendo la persona que Viktor estaba seguro era en realidad. Había estado despampanante mientras patinaba en el hielo, lleno de emociones, y permitiéndole a Viktor observar un breve destello de aquella alma que tanto anhelaba conocer. Además, una de las rutinas que había patinado con tanta pasión había sido tan familiar en esencia a algo que él sabía que Yuuri había visto patinar a Viktor la primera vez que se encontraron.

Viktor tenía veintidós años y Yuuri Katsuki era un hermoso enigma. Uno del que Viktor no quería apartar la mirada jamás.

 

 


 

 

Viktor tenía veintidós y se encontraba lleno de dolor.

Había sido un error. Un estúpido, estúpido error que le había costado caro. Muchas personas le habían advertido en el pasado acerca de los peligros del deporte al que le había entregado su vida. “Todos los buenos patinadores terminan lesionados en algún momento”  le habían dicho.  “Solo tienes que rezar para que tu carrera no se arruine cuando suceda” 

Pero tal como siempre, él no había escuchado, y nada ni nadie podía impedirle presionar sus límites para llegar cada vez más lejos en el hielo. El leve dolor que empezaba a colarse lentamente por sus coyunturas debido a la presión a la cual sometía a su cuerpo una y otra vez, y todos los días después de la práctica sus pies se encontraban lastimados o sangrando debido al entrenamiento espartano que imponía sobre sí mismo. Pero al final de cuentas, el dolor siempre lo valía, y nunca había pensado que en verdad podría llegar a lesionarse algún día.

El era Viktor Nikiforov, estaba en la cima del mundo del patinaje y finalmente había vuelto a amarlo como antes, además tenía tantas cosas por hacer aún. Una parte de él siempre había creído que era invencible, y aquello solo hacía que la situacion doliera más porque de repente todo se había derrumbado a su alrededor.

Todo había sucedido durante una de las competencias clasificatorias. El “Skate Canada”, una competencia en la que Viktor había estado muchas veces antes. No había pasado nada de especial esa mañana, nada fuera de lo ordinario. La primera señal indicándole que algo cambiaría ese día había sucedió durante el calentamiento, justo antes del inicio de los programas cortos.

Viktor se encontraba deslizándose sobre el hielo, repasando sus rutinas y perdido en sus pensamientos, cuando repentinamente lo notó, sentado en las gradas e inconfundible ante los ojos de Viktor. Yuuri Katsuki, quien no llevaba la ropa de patinaje con la cual Viktor estaba tan acostumbrado a verlo, sino que iba vestido casualmente y se encontraba sentado junto a un hombre que Viktor reconoció como su entrenador, ambos observando a los patinadores en la pista. Verlo allí descolocó tanto a Viktor que casi tropieza, pero se recuperó antes de caer.

Dio una rápida mirada a su alrededor, tratando de descifrar que demonios Yuuri Katsuki se encontraba haciendo en el “Skate Canada”. Unos cuantos días antes, Viktor lo había observado ganar el oro en el “Skate America”, pero no había esperado ver al muchacho en persona sino hasta el Grand Prix Final. Luego de un par de segundos de frenética confusión, otro patinador pasó a velocidad junto a Viktor. Su sonrisa era brillante mientras saludaba con la mano hacia las gradas, y Viktor repentinamente comprendió.

Phichit Chulanont se encontraba participando en la misma competencia que él, un hecho que Viktor había ignorado hasta entonces. Por supuesto que Yuuri había venido para apoyar a su amigo. Era muy bien sabido que ambos eran cercanos, además Viktor había visto a Phichit estar presente en muchas de las competencias de Yuuri con anterioridad. Tenía sentido que aquello sucediera también en viceversa.

Durante el tiempo que faltaba antes de que comenzara la competencia, Viktor no pudo evitar que sus ojos se mantuvieran dirigidos hacia el lugar arriba en las gradas en donde Yuuri se encontraba sentado. Cuando Phichit realizó su presentacion, Viktor presenció la rutina a través del orgullo y el gozo reflejados en el rostro de Yuuri. Y cuando el muchacho tailandés finalmente terminó, Viktor observó como Yuuri lo jalaba hasta atraparlo en un aplastante abrazo, elogiando su rutina con una felicidad que destilaba de cada poro de su cuerpo.

Yuuri sentía las emociones intensamente, y se mostraban tan libremente cuando él se lo permitía, tanto que era imposible no sentir lo mismo, por lo que Viktor se encontró sonriendo a pesar de que el familiar tirón de los celos empezaba a hacerse presente. Todo porque Yuuri nunca lo había observado de esa manera, sin importar lo mucho que lo deseara.

Cuando finalmente fue su turno para patinar, Viktor no lograba sacar de su cabeza la imagen y los sentimientos que esta le provocaban. Ya había pasado mucho tiempo desde su primer encuentro con Yuuri Katsuki, desde que lo había visto patinar por primera vez y algo se había retorcido dentro de él,  lo cual solo había crecido con los años a tal punto que lo había consumido casi por completo. Ya había pasado casi la misma cantidad de tiempo desde que hubo intentado hablar con el muchacho por primera vez, desde que habían formado una conexión; porque de algún modo Viktor creía que su espíritu  y el de Yuuri podían congeniar, así que quería conocerlo mejor. 

Pero la conversación había terminado muy mal, y Viktor no había sido capaz de arreglarlo ni de encontrar una buena oportunidad para intentarlo de nuevo. La paciencia no era una virtud por la cual fuera conocido, había sido difícil mantenerse alejado, y finalmente aquella paciencia había empezado a agotársele. ¿Podría ser tiempo para que tratara de hablarle a Yuuri de nuevo? El otro patinador podía aún ser tan hostil como siempre, algo que Viktor había esperado que desapareciera con los años y que no había sucedido, pero Viktor estaba seguro de que podría sobreponerse a ello si encontraba la causa de su actitud y finalmente resolvía el misterio que era Yuuri Katsuki.

Los pensamientos acerca de Yuuri continuaban atormentándolo aun mientras trataba de completar su rutina. Yuuri había sido como una luz en la oscuridad, una brisa de aire fresco que le había devuelto una vida al mundo de Viktor que este no se había percatado que había perdido sino hasta que la había recuperado.

Al inicio, Viktor había estado fascinado por Yuuri. Por la forma en que patinaba, por la persona detrás de ese patinaje, y por los pequeños retazos de su verdadero “yo” que Viktor podía ver en el hielo cuando se encontraba más abierto y vulnerable. A través de los años, su fascinación no había hecho más que crecer, al igual que la complejidad y el misterio que rodeaban Yuuri y todo lo que este hacía y sentía.

Pero a medida que observaba a Yuuri Katsuki, algo más que simple fascinación había crecido dentro de Viktor  a través de los años. Yuuri tenía un corazón noble y una hermosa  sonrisa, y aunque en público se mantenía reservado, cuando permitía que sus sentimientos flotaran libremente en el hielo era muy claro que el muchacho sentía las emociones con mucha profundidad y en una forma que Viktor reconocía a la perfección, porque aquella era la misma forma en que él se había sentido toda su vida. Yuuri trabajaba duro y con una devoción que pocos lograban alcanzar, además se encontraba completamente dedicado al hielo al igual que Viktor. Era apasionado e intrigante, y Viktor quería saber todo acerca de él, todo lo que mantenía oculto del resto del mundo.

Quería hacer que Yuuri riera y sonriera en que aquella forma que él sabía que era posible, aun si nunca lo había hecho por él mismo. Quería pasar horas hablando con Yuuri acerca de cualquier tema que encontrara. Quería conocerlo y que este llegara a conocer a Viktor también.

Y fue en ese momento, mientras se encontraba distraído pensando en Yuuri y estúpidamente sin prestar atención a lo que debería estar enfocado, que aquello sucedió.

Viktor saltó, algo que había hecho incontables veces antes y que por ello debía haber salido bien, pero repentinamente las cosas no se dieron como debían. El salto fue difícil. Un cuádruple lutz que le había tomado cientos de horas de práctica y dolor lograr aprender, pero que había dominado ya hace tanto tiempo como para asumir que nunca cometería un error de nuevo.

Pero había cometido un error. Había estado demasiado distraído como para prestar atención apropiadamente, demasiado confiando de sus propias habilidades. Y tan pronto como su patín volvió a tocar el hielo, Viktor supo que era una causa perdida. Estaba completamente fuera de balance y el aterrizaje salió mal. El dolor recorrió su pierna cuando esta volvió a hacer contacto con la dura superficie, el impulso del salto empujándolo hacia el frente y provocando que golpeara el hielo y chocara dolorosamente contra la barrera que separaba la pista de las gradas donde se encontraban los espectadores.

A la distancia, Viktor escuchó el sonido de la música siendo cortada, pero apenas fue capaz de reconocerlo porque la agonía recorría su pierna como si de fuego se tratara, y ni siquiera la fría superficie de hielo sobre la que se encontraba acostado podía calmar su dolor.

Sintiendo la humillación de haber fallado tan públicamente en algo tan estúpido, Viktor se empujó hasta quedar sobre sus rodillas y trató de levantarse, determinado a continuar. Pero una aguda punzada de dolor sacudiéndose a través de su ya dolorido cuerpo lo detuvo. Tan intensa que fue incapaz de suprimir el grito que subió por su garganta en respuesta.

El ruido hizo eco a través de lugar y Viktor se giró de modo que su rostro estaba ahora en dirección al techo en lugar del hielo que lo había traicionado, cerró sus ojos deseando desaparecer el agudo picor de aquellas lágrimas que peleaban por salir.

De repente, sintió la cálida presión de una mano sobre su hombro y abrió los ojos para encontrar a un médico inclinándose sobre él en el hielo y tratando de colocarlo sobre una camilla. Temblorosamente, Viktor lo empujó, incapaz de preocuparse de si el gesto había sido grosero. Sentía mucho dolor, pero no podía permitirse demostrarlo. Había demasiadas miradas puestas en él, la presión y las expectativas que venían junto con el título de “leyenda viviente” no daban lugar para debilidades.

En lugar de subir la camilla, Viktor tomó el brazo que le ofrecía el segundo medico que se había apresurado a ayudarle, poniendo la mayor cantidad de peso que podía sobre él, y haciendo una mueca otra vez al poner presión sobre su pierna lastimada, conteniendo otro grito de dolor.

Tan pronto como se atrevió a moverse, Viktor se hizo camino con dificultad por el hielo hasta donde Yakov se encontraba esperando por él, luciendo más preocupado de lo que Viktor lo había visto jamás. En el fondo de su mente, Viktor registró que la audiencia había empezado a lanzar gritos de ánimo una vez más, demostrándole su apoyo aun si había fallado. Razón por la cual se giró para ondear su mano en reconocimiento hacia ellos, antes de permitir que Yakov y los médicos lo guiaran fuera del lugar.

No podía permitirse dirigir su mirada hacia las gradas en donde sabía que Yuuri Katsuki se encontraba sentado y observando, pero los pensamientos acerca del otro muchacho no lo abandonaron ni siquiera mientras era llevado al hospital para que trataran su pierna lesionada, permaneciendo incluso mucho tiempo después cuando ya se encontraba en Rusia otra vez. Con Makkachin sintiéndose cálido a su lado y brindándole confortantes lamidas a las manos de Viktor, intentando que se sintiera mejor en la única forma que el conocía.

Viktor había esperado que todo mejorara  una vez que estuviera de regreso en Rusia, pero las cosas en realidad se pusieron peor. El daño que el mal salto había ocasionado en su pierna era lo suficientemente malo como para que Yakov le prohibiera siquiera intentar patinar por lo que quedaba de la temporada. Cuando Viktor había preguntado acerca de cuándo sería capaz de volver al hielo, los doctores habían fruncido el ceño y murmurado cosas acerca de la terapia y las probabilidades, y Viktor supo exactamente lo que intentaban esconder tras aquellas errantes palabras.

La lesión era grave. No catastrófica, pero si lo suficientemente grave como para dejarlo fuera mínimo por una temporada entera, si es que no más. Tan grave que, si tenía la suficiente mala suerte, su pierna podría no volver a ser la misma. Y si eso sucedía, Viktor sabía que su vida habría terminado. 

Hace mucho tiempo atrás, Viktor le había vendido su alma al hielo y nunca se había arrepentido de ello. Pero ahora que el hielo le había sido arrebatado, Viktor se había dado cuenta de lo poco que le quedaba sin ello. Tenía su apartamento y a su amado Makkachin, además de sus  compañeros de pista y unos cuantos amigos del mundo del patinaje como Chris. Pero desde que podía recordar, su vida había girado alrededor del deporte que amaba. Y ahora que no lo tenía, el mundo le parecía repentinamente mucho más vacío y aterrador.

A medida que los días pasaban, Viktor trató de llenar su tiempo libre con cosas que lo distrajeran del dolor en su pierna y en su corazón, pero nada parecía funcionar. A veces llevaba a Makkachin a caminar, pero incluso hacer aquello era doloroso y solo duraba por breves periodos de tiempo hasta que se veía forzado a detenerse. Pasaba mucho de su tiempo en la pista, necesitando estar cerca aun si no se le permitía entrar al hielo. Eventualmente, Yakov se cansó de su depresión y le prohibió incluso hacer eso, diciéndole que fuera y viviera su vida, que mejorara sin sentir aquella maldita lastima hacia sí mismo.

Viktor sabía que Yakov simplemente estaba preocupado por él, y podía entender el por qué. Sabía que era patético que tuviera veintidós y no tuviera ni idea de que más hacer aparte del patinaje, pero tristemente era así. La idea de que tal vez nunca sería capaz de volver pesaba sobre él cada minuto del día.

Cuando Yakov y Georgi viajaron a Moscú para la “Rostelecom Cup”, Viktor fue con ellos. Yakov tuvo lastima de él y escogió no cuestionar su decisión, por lo cual Viktor estaba agradecido. Ver la “Rostelecom Cup” al menos le daría una excusa para sentirse conectado al mundo del patinaje otra vez, aun si no podía competir. Y también había una parte de él, la cual era más grande de lo qué jamás admitiría en voz alta, que quería estar en la competición porque Yuuri Katsuki patinaría en ella. Yuuri ya lo había inspirado una vez antes cuando había empezado a sentir que perdía su propósito en la vida, y una infantil parte en Viktor esperaba que el muchacho fuera capaz hacerlo una vez más, aun si este no tenía idea del impacto que había causado en la vida de Viktor.

Se había mantenido oculto durante la competencia, no queriendo ser visto por los fans y los reporteros que siempre se encontraban asechando cada uno de sus movimientos, pero de todos modos había podido verla. La competencia fue justamente intensa, aunque ni de cerca al nivel que él sabía sería el Grand Prix Final. Sin embargo, aquello que destacó para él de sobre todas las cosas, fue la presentación de Yuuri Katsuki.

Fue bueno, Yuuri siempre lo era, pero la emoción y pasión que usualmente llenaban su patinaje se encontraban ahora extrañamente ausentes. Viktor lo había observado lo suficiente como para conocer bien su estilo normal de patinaje, y esta vez había algo mecánico en la forma que Yuuri se movía, como si simplemente se estuviera moviendo por inercia en lugar de derramar su alma y corazón en su patinaje de aquella forma a la Viktor había llegado a acostumbrarse.

Era doloroso de ver, e hizo que Viktor se preguntara el qué había sucedido para que su presentacion estuviera tan fuera de lugar.

Luego de que la competencia terminara y las medallas fueran entregadas, Viktor se marchó, deslizándose fuera del lugar sin ser notado y regresando a su hotel. Trató de distraerse por unas cuantas horas pero sus esfuerzos fueron inútiles, así que eventualmente se rindió. Decidiendo al final salir y aventurarse en la fría noche de Moscú, sabiendo lo que necesitaba incluso si su raciocinio le indicaba lo extraño que era aquello en realidad.

El hielo era la única constante en su vida y estar a su alrededor lo calmaba, lo ayudaba a pensar, y era confortable en un modo que nada más lo era. Aun si no podía patinar para dejar sus sentimientos en el hielo tal como estaba acostumbrado, el simple hecho de estar cerca de la pista de hielo sería mejor que nada.

Habían unas cuantas pistas locales cerca de donde se estaba quedando, pero conocía una de ellas en particular. Era una pista que Yakov había usado anteriormente cuando sus patinadores se encontraban compitiendo en la Rostelecom, y Viktor la recordaba lo suficientemente bien como para llegar hasta allí y convencer a la dueña para que lo dejara patinar aun después del horario de cierre.

—Ya hay alguien más allí dentro —. Le había dicho la mujer, y Viktor parpadeó un poco sorprendido. Era inusual encontrar una pista de hielo comercial como esa siendo ocupada fuera de horario. 

—Un muchacho extranjero. Amable, pero no hablaba ni una palabra en ruso —. Añadió ella, y Viktor se preguntó ausentemente si tal vez era alguno de los patinadores de la copa. Ellos eran probamente los únicos extranjeros que escogerían patinar fuera de horario en una pequeña pista en Moscú tan cerca del estadio, pero seguía siendo bastante inusual. Después de un largo día de competencia, la mayoría únicamente quería comer o dormir, y eran muy pocos los que como Viktor llevaban el patinaje tan profundamente arraigado a su sangre que les resultaba mejor que cualquier técnica de relajación para calmar sus mentes.

Esperando que al otro patinador no le importara compartir su espacio en la pista por un tiempo, en especial porque Viktor ni siquiera era capaz de patinar, el ruso se hizo camino hacia las puertas dobles que daban a la entrada de la pista, empujándolas suavemente para no sobresaltar a la persona dentro.

Al entrar en la habitación, lo primero que Viktor registró fue lo oscuro que estaba. Las luces principales habían sido apagadas por la noche y solo el débil brillo de las lámparas esparcidas alrededor de las paredes daba algo de brillo a la habitación, bañándola en un resplandor amarillo que le daba la apariencia de fotografía antigua. Lo siguiente que notó fue el silencio casi total en el lugar, la quietud solo siendo rota por el rítmico sonido de  cuchillas cortando el hielo. Y finalmente, Viktor notó al patinador que se encontraba en la pista.

El rostro del hombre se encontraba oculto por las grandes sombras que se proyectaban en la habitación, pero Viktor reconocería ese estilo de patinaje en cualquier lado. Yuuri Katsuki estaba solo en la pista, deslizándose con la gracia y habilidad que lo distinguía  de todos los demás. Las emociones llenando sus movimientos en aquella forma que había estado prominentemente ausente durante el día de competencia. Mientras patinaba, su rostro pasó por un destello de luz y Viktor pudo notar que tenía los ojos cerrados, demasiado atrapado en su propia rutina como para notar lo que sucedía a su alrededor.

Aun con sus ojos cerrados, Yuuri se lanzó dentro de otra pirueta que casi dejó sin aliento a Viktor. Era tan hermoso cuando patinaba, y verlo de esa forma estaba más allá de cualquier expectativa. La primera vez que había visto patinar a Yuuri, Viktor supo que el muchacho encarnaba perfectamente lo que había hecho que Viktor se enamorara del patinaje y del hielo en primer lugar, y Yuuri había revivido aquel amor sin que se darse cuenta. Y ahora estaba viéndolo patinar una vez más, causando que Viktor apenas pudiera respirar porque Yuuri Katsuki nunca fallaba en sorprenderlo e inspirarlo, y esta vez no había sido la excepción.

Fue solamente después de unos momentos que algo más llamó la atención de los sentidos de Viktor, algo familiar que demandaba ser reconocido. Yuuri hacía música con su cuerpo mientras patinaba, una melodía silente pero que se podía escuchar claramente a la vez,  una melodía que se le hacía extrañamente familiar. Lo observó por unos cuantos segundos más, extasiado, y luego Yuuri se lanzó hacia un salto, un bajo triple flip, y Viktor repentinamente se dio cuenta de que era aquello tan familiar acerca de lo que veía.

Yuuri estaba patinando una rutina suya. Una rutina de hace mucho tiempo atrás, una de cuando había sido solo un niño sintiéndose en la cima del mundo y actuando como si nada nunca pudiese ser capaz de bajarlo de allí. Una rutina que había realizado acerca del amor, y una que había hecho muy bien, porque el amor era un ideal hermoso. Uno que esperaba poder conocer un día.

Pero Yuuri no lo estaba interpretando de la misma forma que Viktor había hecho aquella vez. Había amor entrelazado en que cada parte que patinaba, en cada movimiento, cada giro. Un amor, preocupación y dedicación que eran muy reales y verdaderos, y mucho más de lo que Viktor jamás pudo haber imaginado o esperado.

La rutina era perfecta, una copia que era mucho más impresionante que la original, y Viktor no pudo apartar la mirada. Yuuri había tomado la rutina y la había replicado con una precisión que solo podía nacer de incontables horas de práctica y observación, y luego la había llenado de un amor tan puro, verdadero, y más valioso que cualquier trofeo o medalla.

Viktor no tenía idea de por qué Yuuri Katsuki se encontraba patinando una de sus viejas rutinas, pero quería llegar a saberlo más que nada. El otro patinador había sido únicamente hostil con él, pero para que hubiera aprendido y replicado su programa libre del Junior Grand Prix Final con tanta perfección, debía existir algo mas escondido tras aquella fachada de odio, algo que Viktor nunca había visto antes. El tipo de amor que se encarnaba en cada movimiento que Yuuri había patinado simplemente no podía haber nacido de aquellas emociones negativas que demostraba con tanta claridad cuando Viktor estaba cerca. Había algo más. Viktor no sabía lo que era, pero estaba determinado a descubrirlo.

Yuuri claramente no lo amaba, su obvio disgusto dejaba al menos eso en claro. Pero debía sentir algo por Viktor, algo que había mantenido en secreto por quien sabe cuántos años. Algo que lo había llevado a aprender y a realizar una de las mejores y más emotivas rutinas que Viktor había patinado jamás, solo y sin que nadie que pudiera verlo. Algo que lo había llevado a incorporar otra de las rutinas de Viktor en una de sus propias y mejores rutinas competitivas, ya fuera conscientemente o no.

Algo que lo había llevado a sentirse inspirado por el patinaje de Viktor, tal como Viktor había sido inspirado por el de Yuuri. Porque Viktor tal vez nunca lo había notado de forma consiente anteriormente, ya que se encontraba muy bien escondido. Pero una vez que supo dónde mirar, Viktor notó varios elementos suyos en las rutinas que Yuuri realizaba. Eran detalles diminutos, la forma en que se preparaba para los saltos y en como realizaba algunas de sus piruetas. Viktor ya lo había visto antes en fans que copiaban su estilo, pero era diferente con Yuuri porque él había tomado aquellos elementos y los había convertido en suyos, mezclándolos sin problemas con las partes de sí mismo que hacían que su patinaje fuera tan especial y único.

Yuuri Katsuki era ahora más misterioso que nunca, pero Viktor sabía una cosa con seguridad. Había algo en él, una parte que permanecía siempre escondida del mundo y que solo se mostraba en momentos como este cuando Yuuri creía que estaba solo, una parte que no odiaba a Viktor en lo absoluto.

Mientras la rutina empezaba a llegar a su final, Yuuri se deslizó en una hermosamente ejecutada pirueta camel, sus ojos cerrados. Viktor se retiró, no queriendo ser notado. Quera hablar con Yuuri, desenterrar los secretos de su alma, pero se había entrometido sin intención en un momento privado, e incluso él sabía que aquel no era un buen momento. Al menos no aún.

Tiempo después, una vez que hubo regresado a San Petersburgo, Viktor se metió de lleno a entrenar en un modo que sorprendió incluso a Yakov. Luego de varias semanas de andar deprimido y sentir lástima por sí mismo, Viktor sabía que el cambio en él debió parecer dramático, pero no podía explicarle a nadie más el  porqué de este. Lo que había presenciado era demasiado privado como para contarlo, así que simplemente se encogió de hombros cuando Yakov le preguntó y dijo que simplemente estaba aburrido y que necesitaba empezar a entrenar antes de enloquecer por completo.

Debido a su pierna, Viktor aún tenía prohibido entrar al hielo. Pero la terapia física era un buen primer paso. Fue más doloroso y frustrante de lo que Viktor hubiera esperado, pero sabía que tenía que superar aquel obstáculo si quería volver a pisar el hielo.

Una vez más, Yuuri Katsuki le había regresado algo especial a su vida, y aquello había inspirado a Viktor a continuar, a ser mejor. Porque si no lo hacía, entonces no volvería a patinar en el mismo hielo que Yuuri Katsuki y aquello no era una opción.

Observar como Yuuri patinaba su rutina con aquella belleza y profundidad de sentimientos, le habían recordado a Viktor la razón por la que amaba el patinaje y lo mucho que deseaba competir de nuevo. Lo había inspirado, causando que pasara noches en vela con una libreta en frente de él, creando nuevas rutinas para la próxima temporada. Porque aunque había existido cierta preocupación de que su lesión fuera capaz de dejarlo fuera para siempre, ahora mismo Viktor se rehusaba a dejar que eso pasara.

Pero sobre todo, aquella experiencia le había mostrado un lado de Yuuri que nunca había visto antes y que era hermoso. Quería ver más, conocer más, y ahora más que nunca sabía que había mucho más acerca de Yuuri Katsuki de lo que nadie más sabía o esperaba. Y quería ser él quien descubriera todo aquello. Llegar a tener la confianza de la persona que había tenido tan profundo efecto en su vida, y llegar a estar cerca de Yuuri simplemente porque no podía pensar en nada que deseara con más intensidad en esta vida.

Durante los primeros días de su rehabilitación, Yakov se había rehusado a decirle a la prensa que Viktor estaría de regreso para la siguiente temporada. Aún había tantas dudas como posibilidades acerca de la velocidad de su recuperación, por lo que Yakov quería ir a por lo seguro, lo cual era algo sobre lo cual él y Viktor estaban en desacuerdo. Los rumores acerca de que Viktor estaría ausente por años volaban por todo el mundo del patinaje, rumores de que sería forzado a retirarse para siempre. Pero había una persona que parecía no estar dispuesta a aceptar aquella posibilidad.

Viktor observó a Yuuri Katsuki ganar el Grand Prix Final por primera vez, y se maravilló de lo fascinante que era verlo con su victoria y de lo mucho que se lo merecía. Lo había observado ir y ganar el Cuatro Continentes y el Campeonato Mundial en una maravillosa demostración de talento que había tenido a todos, incluyendo a Viktor, al borde de sus asientos. Luego de que terminara la competencia, un reportero lo había acorralado y le había empezado a hacer preguntas, las cuales inevitablemente se habían direccionado hacia Viktor tal como siempre.

— ¿Cómo te sientes acerca de los rumores de que tu rival, Viktor Nikiforov, podría llegar a retirarse? —. Le había preguntado el reportero, ignorando lo incomodo que Yuuri lucía a medida que se le acercaba más. ¿Cuáles son tus pensamientos acerca de la próxima temporada?

Espero poder enfrentar a Nikiforov en la próxima temporada —. Había respondido Yuuri, ignorando por completo la insinuación de que Viktor podría no regresar.

Viktor había forzado a Yakov a anunciar su regreso al día siguiente y se presionó a sí mismo más fuerte que nunca. Parecería un desprecio hacia Yuuri si no regresaba lo más pronto posible, y después de todo lo que Yuuri había hecho por él, simplemente no podía permitir que eso pasara.

Desde el primer momento en que Viktor Nikiforov había posado su mirada sobre Yuuri Katsuki, este había sabido que era especial. Pero finalmente Viktor había empezado a notar que tanto lo era en realidad.

Había estado fascinado con Yuuri por años y había admirado casi todo acerca de él. Gradualmente empezó a notar como sus sentimientos crecían y cambiaban, sucediendo lentamente con cada nueva pieza que descubría de Yuuri. Su determinación y dedicación. El cómo patinaba tan hermosamente que parecía hacer música con su cuerpo. La forma en que sonreía y reía. La feroz pasión que ardía dentro de él y que lo llevaba a intentar una y otra vez aun si era derrotado, hasta que finalmente llegó a estar más cerca de Viktor de lo que nadie había logrado jamás. La forma en que presionaba a Viktor a ser mejor con simplemente ser él mismo, la forma en que le había devuelto el significado a la vida de Viktor más de una vez.

Viktor llevaba mucho tiempo sabiendo hacia donde lo llevaría el camino por el que se encontraba caminando, pero antes había estado cayendo lentamente. Luego había visto a Yuuri patinar su rutina y de repente todo había empezado a darse rápidamente y al mismo tiempo, y no había nada que pudiera hacer para evitarlo. Tampoco era como si quisiera hacerlo.

Viktor Nikiforov tenía veintitrés años y estaba completamente enamorado de Yuuri Katsuki.