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Until My Feet Bleed and My Heart Aches

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Yuuri cayó enamorado del patinaje de Viktor desde el primer momento en que lo vio.

Sucedió en un día que empezó como cualquier otro, Yuko y él se refugiaron en el "Ice Castle" después de un duro día de práctica, amontonándose alrededor de la vieja televisión donde se veía el Junior Grand Prix entre colores borrosos y difusos. Era un ritual de ellos, sentarse y mirar a los patinadores artísticos deslizarse a través de la pantalla y fantasear acerca de cómo sería cuando fuera uno de ellos dos finalmente allí en la pista de hielo frente a la multitud, o parados en el podio saludando a sus adorados fans con medallas alrededor de sus cuellos.

Yuuri había estado distraído ese día, la mitad de su mente aún en la práctica y la otra medio soñando acerca del futuro, cuando escuchó a Yuko soltar un jadeo de sorpresa. Rápidamente retornó su atención hacia la pantalla, justo a tiempo para observar como un patinador que nunca antes había visto clavaba agraciadamente lo que debió ser un salto muy impresionante, a juzgar por la reacción de Yuko.

Desde ese momento en adelante, no pudo apartar la mirada.

Los otros patinadores eran agraciados, pero este era diferente. Bailaba a través del hielo como si hubiera nacido para ello, sus movimientos tan fluidos y arrebatadores que Yuuri quedó congelado en su puesto. El patinador era joven, Yuuri nunca lo había visto antes así que asumió – correctamente según se enteró luego – que esta era la primera vez del muchacho en el Prix. Aún tenía la fresca e inocente apariencia de un jovencito y su cabello plateado se sacudía detrás de él al girar, suavizando sus rasgos hasta hacerlos lucir casi angelicales.

Yuuri observó como el chico giraba y saltaba a través del hielo, nunca perdiendo el ritmo de la música que parecía flotar alrededor de él. Terminó la rutina con sus brazos extendidos agraciadamente y su cabeza recatadamente inclinada, aunque Yuuri podría haber jurado que vio la sombra de una sonrisa escondida detrás de los mechones de su cabello.

—¡Eso fue asombroso! —chilló Yuko, saltando de arriba a abajo en su asiento, incapaz de contener su emoción— ¡No puedo creer que ese apenas haya sido su debut como Junior! ¡Solamente es cuatro años mayor a ti Yuuri!

Una tabla se había desplegado en la parte inferior de la pantalla, detallando el nombre y la nacionalidad del patinador mientras su puntaje era calculado.

Viktor Nikiforov, Yuuri había leído, aún impresionado con lo que acababa de ver. Leyó la información otra vez, dándole al nombre un lugar en su memoria. Viktor Nikiforov de Rusia.

Algún día, quiero patinar como tú.

 


 

Desde ese momento, Yuuri se había enganchado. Yuko y él seguían la carrera de Viktor religiosamente, observando como el joven patinador rápidamente ascendía en las categorías de la división Junior, ganando medalla tras medalla con facilidad. Yuko estudió con escrutinio varias revistas, escaneándolas en busca de cualquier información acerca de Viktor mientras que Yuuri observaba obsesivamente los videos que habían grabado de las presentaciones del patinador, copiando los movimientos una y otra vez en el hielo hasta lograr aunque sea una pasable, incluso un poco temblorosa, imitación.

Las paredes de Yuuri lentamente se fueron llenando con posters del patinador. Ya fueran posters oficiales, fotografías de competencias o imágenes cortadas directamente de las revistas que Yuko amaba tanto. Yuuri estaba enamorado de la forma en la que el otro muchacho patinaba, la gracia y la facilidad con la que se movía. Siempre que necesitaba estar solo, él iba a la pista de patinaje y se perdía en las rutinas de Viktor hasta que podía pensar claramente de nuevo.

Gradualmente, Yuuri empezó a hacerse camino arriba a través de las categorías, primero compitiendo localmente y luego lentamente expandiéndose, yendo cada vez más lejos. Desde competir en su pequeño pueblo, hasta competir en eventos más y más grandes a la vez que mejoraba de forma lenta pero segura.

Él sabía en su corazón que si practicaba lo suficientemente duro, algún día podría patinar en el mismo hielo que Viktor.

 


 

Cuando Yuuri tenía 11, pidió un poodle para su cumpleaños. Solo un día antes, Yuko había encontrado un artículo donde decía que Viktor tenía un poodle mascota, acompañado de una adorable imagen de ellos dos juntos, y al día siguiente Yuuri había ido a donde sus padres a suplicar por uno. Naturalmente ellos se lo permitieron y Yuuri se enamoró del cachorro inmediatamente. Cuando su mamá le preguntó cómo planeaba llamarlo, Yuuri ya sabía perfectamente como lo llamaría sin necesidad de pensarlo.

Fue solamente hasta más tarde esa noche, cuando Vicchan ya estaba acurrucado y dormido en su regazo, que sus padres se presentaron ante el con la segunda parte de su regalo de cumpleaños.

—Los conseguimos para ti como una sorpresa, —Le dijo su madre mientras él sostenía los boletos entre sus sorprendidos dedos—. Sabemos lo mucho que amas patinar y pensamos que, ya que has trabajado tan duro, esta sería una linda recompensa para ti.

Yuuri se lanzó a sus brazos en ese momento, los boletos para la final del Junior Grand Prix aun firmemente apretados en su puño.

Iba a ver a Viktor patinar en persona y nunca había estado más emocionado en su vida.

 


 

Esperar casi todo un año para que el Junior Grand Prix llegara había sido una tortura, pero Yuuri lo soportó lo mejor que pudo, aun sin ser capaz de creer su propia suerte. Yuko había pegado un grito cuando se enteró, parcialmente emocionada por él y parcialmente verde de la envidia porque Yuuri podría ver a los patinadores en persona mientras ella tendría que conformarse con ver el Prix en la difusa pantalla de la vieja televisión en el "Ice Castle" como cada año.

Cuando la fecha finalmente llegó, Yuuri difícilmente pudo dormir por la emoción. Pasó todo el día como si estuviera en un sueño, aún sin ser capaz de creer que eso realmente estaba pasando. Sus padres tuvieron que guiarlo a través de la multitud para prevenir que vagara lejos y para asegurarse de que encontraran sus asientos entre la montonera de gente que los rodeaba.

Yuuri apenas podía quedarse quieto mientras esperaba a que la competencia comenzara. Cuando los patinadores finalmente aparecieron en la pista para realizar su calentamiento Yuuri sintió que el aire se atoró en su pecho.

Ahí estaba Viktor, Viktor Nikiforov en persona, quinceañero, hermoso y todo lo que Yuuri había soñado que sería. Su traje era cubierto por una chaqueta blanca que tenía "RUSIA" estampado en el frente. La chaqueta tenía la cremallera arriba para proteger el traje de ojos curiosos, pero aún sin el glamoroso atuendo a la vista Viktor lucía como un Dios para Yuuri, deslizándose a través del hielo como si este le perteneciera, con su cabello plateado ondeando tras él.

La campana sonó, señalando el final del calentamiento y el resto de los patinadores abandonó el hielo, dejando a Viktor solo en la pista. Patinando hacia la barrera, Viktor cuidadosamente bajó la cremallera de su chaqueta y se la entregó a su entrenador, exponiendo el traje de su programa corto a la multitud. Era un conjunto azul y blanco pegado a la piel, cubierto por pequeños diamantes colocados en espirales que se extendían sobre su hombro y por debajo de sus brazos, como una tormenta de nieve en la piel. Viktor patinó al centro de la pista para comenzar su rutina y la multitud rugió en aprobación.

Yuuri gritó, alentándolo más fuertemente que nadie.

 


 

Las primeras notas de la música empezaron a sonar al tiempo que Viktor tomaba su posición inicial, con la cabeza baja y sus brazos envueltos alrededor de su cuerpo. Mientras la música llenaba el estadio él empezó a moverse, la canción era fría y dura, notas agudas como picos congelados danzaban a través del aire y Viktor danzaba con ellas. Cada uno de sus giros era perfecto, cada deslizar de sus patines era preciso. Sus movimientos eran fuertes, casi peligrosos, y su mirada era un duro borde de hielo. Preparándose, se lanzó para realizar el primer saltó de su programa, un triple axel que sacó clamores de aprobación de la multitud.

Las luces bailaban en su traje, convirtiéndolas en carámbanos en su piel. Yuuri casi podía sentir la historia que Viktor estaba tejiendo con sus movimientos, un príncipe del hielo, tan frío como la nieve a la que daba órdenes, sometiendo al mundo a su voluntad. Había una belleza casi femenina en sus movimientos a medida que danzaba como si fuera parte del hielo, una tormenta de nieve atrapada en un cuerpo.

Cabello plateado golpeaba detrás de él mientras Viktor se lanzaba para realizar una pirueta baja saltada y Yuuri se dio cuenta de que estaba agarrando el borde su asiento tan fuerte que sus nudillos estaban blancos. El público rugió su aprobación de nuevo mientras Viktor ejecutaba otro salto, esta vez un triple salchow, clavándolo perfectamente. Brazos extendidos y su pierna extendida detrás de él. Este fue rápidamente seguido por una secuencia de pasos y Yuuri no pudo contener el jadeo que salió de él ante la complejidad de lo que veía, la manera en que Viktor patinaba cómo si esos movimientos no fueran nada, como si hubiera nacido para esto y solamente para esto.

Yuuri no quería que el programa terminara jamás. Veía a Viktor deslizarse a través del hielo, rotando y girando, encantando a todos en el lugar con sus movimientos. Nadie podía apartar la vista. A la distancia, Yuuri podía escuchar la alegría del comentarista a medida que Viktor completaba los últimos saltos del programa, un combo cuádruple/doble que tenía a la multitud gritando.

Yuuri estaba al borde de su asiento mientras Viktor finalmente terminaba con una combinación de giros que acentuaba cada línea de su delgado cuerpo bajo las deslumbrantes luces. Difícilmente podía creer que menos de tres minutos habían pasado desde que Viktor había comenzado a patinar. Se sentía como si todo su mundo se hubiera movido. Antes no hubiera creído que Viktor pudiera ser más asombroso, pero verlo patinar en persona era mucho más increíble que verlo por la televisión. Podía ver cada movimiento del perfecto cuerpo de Viktor, cada expresión cruzando su rostro y Yuuri amaba eso.

La multitud le estaba dando a Viktor una ovación de pie y Yuuri se levantó de un salto también, sintiendo como si su corazón estuviera a punto de explotar. Distantemente pudo registrar a sus padres detrás de sí, aplaudiendo cortésmente, felizmente inconscientes de la belleza en lo que acaban de presenciar. Pero a Yuuri no le importaba, todo lo que le importaba era Viktor.

Al salir las puntuaciones se reflejó que Viktor había puntuado muy bien entre los noventa y nadie estaba sorprendido. Viktor respondió a los elogios del público desde el "Kiss and Cry" con una cálida sonrisa a la cámara, el hielo fuera de su mirada, como si nunca hubiera estado ahí.

Era hermoso.


Esa noche, Yuuri no podía hablar de nada más. Sabía que estaba aburriendo a sus padres, a pesar de la sonrisa alentadora que le daban cada vez que analizaba la rutina de Viktor otra vez, maravillándose con la forma en que saltaba, giraba, bailaba y realizaba cada paso. No había nada que Yuuri no hubiera amado y no pensaba que pudiera detenerse de continuar hablando de ello aún si tratara.

Esa noche apenas pudo dormir, aún caminando en las nubes por lo sucedido en el día y por el pensamiento de ver a Viktor patinar su programa libre en la mañana. Dando vueltas en la cama, Yuuri repasó la rutina de Viktor una y otra vez en su cabeza, visualizando todo con perfectos detalles. No podía esperar a volver a Hasetsu y tratar de replicarlo, a pesar de que sabía que no lo haría igual que Viktor.

Pero tal vez un día…

Algún día, se juró a si mismo de nuevo, el patinaría en el mismo hielo que Viktor. Practicaría y practicaría hasta que fuera lo suficientemente bueno para calificar y entonces Yuuri patinaría tan bien, pero TAN bien, que Viktor sería quien no podría apartar la vista de él.

Algún día…

Cuando Yuuri finalmente se quedó dormido, tenía una sonrisa en su rostro.

 


 

Al día siguiente el amanecer llegó temprano y brillante y Yuuri se despertó con el sol, prácticamente explotando de emoción. Viktor lideraba la tabla de posiciones, su excelente puntuación en el programa corto el día anterior lo llevó directo al tope. Ninguno de los otros competidores había estado ni siquiera cerca. Si realizaba su programa libre perfectamente el día de hoy se llevaría el oro, y Yuuri estaría ahí para ser testigo. En su corazón, él sabía que Viktor podía hacerlo. Él estaba muy por encima de la liga del resto de la competencia y había declarado hacer un espectacular senior debut la próxima temporada mientras pudiera triunfar en los Juniors una última vez.

Yuuri creía en Viktor más que nada y no podía esperar a que le demostrara que estaba en lo correcto.

A medida que la competencia avanzaba Yuuri apenas notó a los otros patinadores haciendo sus rutinas ese día, demasiado al borde a la espera de que el evento principal fuera capaz de darles más que la plata de su atención. Estaba vagamente consiente de los gritos de apoyo provenientes de la multitud y de los puntajes saliendo por el alto parlante, todo se transformó en un ruido de fondo con el sonido de su corazón golpeando en sus oídos.

Cuando Viktor finalmente patinó hacía la pista de hielo, Yuuri apenas y podía respirar.

En contraste al día anterior, esta vez para su programa libre el patinador mayor estaba vestido con un traje negro pegado al cuerpo y por el cual se podía ver a través parcialmente, con cristales plateados esparcidos hacía arriba y para un lado. Había una media solapa de la tela discretamente cosida a un lado del conjunto que flameaba cuando Viktor giraba, casi como una falda. Su cabello gris platinado estaba sujeto en una larga cola de caballo que flotaba detrás de él, y Yuuri simplemente no podía apartar la mirada.

Viktor tomó su posición inicial en la pista, la palma de una de sus manos gentilmente descansando contra su mejilla y la otra levantada hacía el cielo, dedos curvados. La música comenzó, llenando la habitación con una hermosa melodía y Viktor empezó a moverse. Aún se deslizaba con esa misma y casi femenina gracia que el día anterior pero sus movimientos eran más suaves y no había nada del duro hielo que había estado en su mirada. En su lugar había una calidez llena de una emoción que Yuuri no podía nombrar.

Cada paso, cada giro, cada salto tenía al público al borde de su asiento, jadeando y gritando a medida que la historia se desplegaba delante de ellos. Si Yuuri pensó que el programa corto de fue increíble, no era nada comparado al programa libre. Había elevado la dificultad considerablemente, pero fue el lado artístico lo que le quitó el aliento.

Un cuádruple flip, un movimiento que Viktor nunca había intentado en competencia, puso a la multitud de pie y por un minuto Yuuri entró en pánico al tener su visión de la pista bloqueada. La multitud clamó de nuevo y él saltaba en su asiento desesperadamente, estirándose para ver entre las cabezas frente a él. A medida que el rugido moría y la gente empezaba a tomar asiento de nuevo Yuuri solo pudo ver a Viktor, deslizándose en una pirueta llena de gracia a través de la pista con sus ojos cerrados, su cabello flotando detrás de él.

El tiempo pareció volverse más lento y Yuuri se quedó plantado en su puesto, aún parado en su silla mientras miraba sobre la multitud ahora sentada. Viktor terminó su giro, sus ojos aleteándose al abrirse y Yuuri por un segundo estuvo seguro que sus ojos lo estaban viendo directamente a él. Pudo imaginar sus ojos encontrándose, azul y café, el patinador en el hielo y el chico arriba en las gradas. Pero entonces Viktor se volteó cuando la música estalló de nuevo y el momento fue roto

Aún encantado, Yuuri se bajó para volver a su asiento, nunca quitando sus ojos de la pista de hielo. Nunca quitando sus ojos del patinador en ella.

Finalmente, la música llegó a su último crescendo y Viktor terminó su rutina con una combinación de giros. Su media falda flameando a su alrededor mientras alzaba sus brazos para la rotación final, su cara apuntando arriba al cielo. La audiencia rompió en un estruendoso aplauso y Yuuri estaba de pie otra vez, gritando su aprobación con él resto de la multitud.

Con el pecho alzándose con dificultad Viktor finalmente se dejó ver. Bajó sus brazos y se inclinó reverentemente ante la multitud, aceptando los aplausos con una sonrisa serena en su rostro mientras los elogios y alabanzas llovían alrededor de él. Se paró ahí un minuto más antes de salir patinado hacía el lado de la pista que llevaba al "Kiss and cry" para esperar su puntaje.

Después de la presentación que acababan de atestiguar, no cabía duda para nadie en la audiencia de que Viktor había ganado, pero aun así se escuchó un audible jadeo por parte del público cuando el puntaje fue anunciado por el alto parlante. La emoción era clara en la voz del presentador mientras declaraba que el ganador del Junior Grand Prix, Viktor Nikiforov, había terminado en primer lugar con la más alta puntuación en la historia del Junior Grand Prix.

La multitud enloqueció cuando las cámaras apuntaron la cara de Viktor que estaba sentado y sonriendo con su entrenador. Alzó su mano como saludo y los gritos de la multitud incrementaron.

Lo único que Yuuri podía pensar en ese momento era que Viktor Nikiforov era la persona más asombrosa del mundo.

 


 

Había multitudes de personas esperando fuera de la pista después de que la última competición terminara al final del día, todos esperando poder echar un vistazo a los patinadores mientras dejaban el edificio y Yuuri estaba justo enfrente de esa multitud. Sus padres estaban a una distancia considerable de él, manteniéndose lejos y no queriendo forzar su camino a través de la multitud. A Yuuri no le había importado ser amable o cortés, no esta vez. Esta era su oportunidad, una oportunidad real de conocer a Viktor Nikiforov. Un poster estaba apretado con fuerza entre sus manos, un poster promocional del inicio de la temporada donde Viktor estaba usando el mismo traje que llevó durante su programa libre, brazos extendidos y congelados agraciadamente mientras se deslizaba en el hielo. Se había convertido rápidamente en la foto favorita de Yuuri y rezaba para que Viktor tuviera el tiempo de firmar autógrafos para sus fans cuando finalmente apareciera.

El pensamiento de verlo de cerca, o incluso de hablarle, hizo que Yuuri temblara parte de miedo y parte de emoción. Tenía que calmarse a sí mismo, recordándose que si todo iba de acuerdo al plan entonces un día él iba a estar patinando en el mismo hielo que Viktor, como un igual y no solo como un fan. No sería bueno que se avergonzara a sí mismo en este momento.

Los gritos de los fans que estaban más cercanos a la entrada lo sacaron de sus reflexiones y estiró su cabeza, parándose en la punta de sus pies en la barrera para tratar de echar un vistazo a quien estaba dejando el edificio. Su ojo capto un destello plateado y cuando estiró su cuello pudo distinguir a Viktor entre la multitud, firmando autógrafos y sonriendo a sus fans.

Mientras Viktor hacía su caminó a través de la línea de fans, el corazón de Yuuri empezó a latir cada vez más rápido hasta que incluso pensó que saltaría de su pecho. Pronto, Viktor estaba solo a unos cuantos metros de distancia y Yuuri podía sentir como su pecho se comenzaba a apretar y sus manos comenzaban a temblar. Frenéticamente miró abajo, tratando de detener el temblor en sus manos y calmar la rapidez de su respiración.

Hubo una repentina calma en el ruido directamente a su al rededor y Yuuri miró hacia arriba de nuevo, su mandíbula cayó abierta al ver a Viktor en persona parado justo en frente de él, una ceja levantada denotando expectativa, una pequeña sonrisa en su rostro.

Yuuri trató de hablar pero las palabras estaban atascadas en su garganta. Aún en estado de pánico, silenciosamente empujó el poster y la pluma delante de él, sonrojándose furiosamente, sonrojo que solo se profundizó cuando Viktor rio gentilmente y tomó el poster de sus manos sin decir nada, firmándolo.

Se lo regresó a Yuuri y este, entrando en pánico internamente y desesperado por decir algo, cualquier cosa, soltó lo primero que se le vino a la cabeza.

—¡Voyapatinarcomotualgúndía! —Las palabras salieron de su boca a toda prisa, su lengua tropezando en si misma debido a su estado de pánico—. ¡Y un día quiero patinar contra ti también!

Mortificado con lo que acaba de pasar cerró con fuerza su boca y deseó que el color rojo en sus mejillas desapareciera. No era exactamente así como se imaginaba el primer encuentro con su ídolo, exclamando de la nada su más grande sueño como un idiota, pero Viktor simplemente se rio de nuevo, sus ojos brillantes.

—Puedes necesitar bajar un poco de peso antes de pensar en ser un patinador свинка —se rio, desordenando el cabello de Yuuri mientras devolvía el poster a las manos congeladas del muchacho—. Pero espero verte en la pista de hielo algún día ¿да?

Yuuri abrió su boca para hablar pero las palabras estaban atoradas en su garganta, esta vez por una razón muy diferente. Viktor ya se había alejado para saludar al siguiente fan con la misma sencilla sonrisa así que no vio la humedad que empezó a brotar de los ojos de Yuuri sin importar cuando este trataba de impedirlo, o como sus manos se cerraban en puños alrededor del recién firmado poster, arrugándolo en su pequeño puño.

 


 

Sus padres se habían preocupado al verlo pelear por salir de la multitud, sus ojos aún brillantes con lágrimas sin derramar, pero Yuuri estoicamente se rehusaba a explicar lo que había pasado, sentándose en silencio durante todo el camino a casa. Sabía que estaba preocupando a sus padres pero no podía explicarles. Ellos no lo entenderían y realmente no quería que se rieran de él otra vez ese día. Solo había una persona con la que quería hablar ahora mismo y ella se encontraba muy lejos en Hasetsu.

Cuando finalmente llegaron a casa lo primero que Yuuri hizo fue correr hacia el "Ice Castle" donde sabía que Yuuko estaría esperando. Estaba seguro que estaría ahí cuando llegara, prácticamente saltando de arriba a abajo de la emoción mientras esperaba que Yuuri le contara su experiencia en la final. Sin embargo Yuuko se congeló cuando vio su cara, después de un momento se recuperó, lo tomó de la muñeca para arrastrarlo a un área desierta de la pista y lo sentó en una de las bancas, su expresión completamente seria.

—¿Que sucedió Yuuri? —Ella preguntó, su voz llena de preocupación—. Viktor ganó ¡Rompió el record mundial! Pensé que estarías feliz.

Yuuri miró el rostro expectante de Yuuko y pudo sentir como su labio empezaba a temblar de nuevo, sus ojos escocían al tratar de retener las lágrimas que peleaban por salir.

—Él ni siquiera creyó que yo fuera un patinador Yuko —soltó ahogadamente, sintiendo la primera gota de humedad deslizándose por su mejilla—. Le dije que iba a patinar en competencias con él algún día y me llamó gordo y me dijo que si quería convertirme en patinador tenía que bajar de peso primero.

Otra lágrima salió de su ojo uniéndose a la primera, trazando un camino húmedo por su mejilla. El insulto quemaba y todo lo que Yuuri pudo escuchar eran las voces de otros patinadores en el "Ice castle", Takeshi empujándolo una y otra vez, llamándolo gordo, todos ellos riéndose y picando su estómago mientras el trataba de esconderse detrás de su ropa. Yuuri sabía que era un niño regordete, subía de peso fácilmente y aún no había pasado por su primer estirón. Pero que Viktor, su ídolo Viktor a quien había admirado por tantos años, que él lo hubiera despreciado de esa manera le dolía más profundamente que ninguno de los desprecios e insultos que los patinadores del "Ice castle" le habían hecho en la vida.

Viktor podría no haber creído que en realidad era un patinador pero Yuuri lo era, hasta la médula de sus huesos. Su amor por el deporte se había reforzado con las horas y horas de práctica, había ido a todas las competencias locales que podía para tratar de volverse lo suficientemente bueno y así competir en los juniors cuando finalmente pasara la edad de restricción. El patinaje sobre hielo era su vida, él prácticamente vivía en el "Ice Castle". Había trabajado tan duro, determinado a patinar con el mismo Viktor, solo para que el otro patinador lo despreciara, viendo solo otro estúpido fan, un pequeño niño regordete que nunca podría competir junto a los que son como él.

—Oh no Yuuri, ¡Eso es horrible! —exclamó Yuko mientras jalaba a Yuuri para abrazarlo. Yuuri la agarró fuertemente, enlazando sus dedos en la parte trasera de su camiseta, permitiendo que las lágrimas empezaran a caer y sonando su nariz con gratitud en la tela frente a él. Al menos Yuko entendía, en una manera que sus padres nunca podrían. Ella sabía lo mucho que Viktor significaba para él, lo mucho que Yuuri trabajó para poder llegar a ser como él.

Yuuri se permitió a si mismo llorar en el hombro de Yuko y se juró nunca más darle importancia a Viktor Nikiforov.

 


 

Esa noche, Yuuri sacó todos los posters de su habitación. Lo hizo violentamente, arrancándolos de sus paredes sin preocuparse de si el papel se rompía o no mientras los destrozaba con sus manos. Había una sensación de viciosa satisfacción mientras arrugaba cada pieza de papel arruinado, lanzándolos lejos y observando cada fragmento de Viktor destruido para siempre. Cuando finalmente terminó, sus paredes estaban vacías por primera vez en años, decoradas únicamente por los últimos fragmentos de papel que quedaron colgando a lo largo de la carnicería efectuada.

Yuuri se dejó caer sobre su cama, decidiendo que lidiaría con el resto del desastre en la mañana. Por ahora solo quería pensar, lo cual era más fácil ya que la cara de Viktor ya no se encontraba mirándolo desde cada esquina de la habitación, burlándose.

Cerrando sus ojos, Yuuri empujó su cabeza dentro de la almohada con enojo, tratando de alejar su mente del recuerdo de Viktor burlandose, de la manera en que Viktor se había reído incrédulo ante el pensamiento de que alguien como Yuuri pudiera alguna vez ser un patinador como él.

«Se lo demostraré» Juró Yuuri, con sus manos aun fuertemente cerradas alrededor de la almohada.

« Ya no quiero ser como él. Quiero ser mejor. Lo venceré en su propio juego y ya no podrá reírse de mí nunca más ».

 

Con ese pensamiento en mente, finalmente cayó dormido