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Sometimes to stay alive you got to kill your mind

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Capítulo 1.

Eichen House era un lugar amplio y algo lúgubre, en el pasado el comportamiento de los celadores no había sido del todo correcto con los pacientes que allí se encontraban. Eichen House era un lugar bastante caro pero el único psiquiátrico de Beacon Hills por lo que a John Stilinski no le quedó más remedio que ingresar a su hijo Stiles de trece años, y no porque él quisiera o porque la psicóloga que había descubierto el problema del menor se lo hubiera recomendado, sino porque fue su hijo quien le pidió hacerlo. Stiles estaba tan asustado cuando se lo pidió que no le quedó más remedio que acceder y llevarle las bolsas con algo de ropa holgada y zapatillas sin cordones mientras el niño sujetaba su almohada entre los brazos.

No podía dormir sin su almohada.

Allí llevaba Stiles desde hacía cuatro años. Sin mejora. Void seguía acudiendo sin dejarle hacer una vida normal, insultándole, torturándole hasta la saciedad, volviéndole cada vez más loco.

Había sucedido todo un año después de la muerte de Claudia Stilinski, de repente un día Stiles se encontró con una representación de sí mismo al lado de su cama. Aquella representación vestía unos pantalones claros y chaqueta de piloto, el pelo desarreglado, ojos irritados y ojerosos. La sonrisa complacida y cruel que le regaló aquella visión le había helado la sangre. Era tan real como él mismo por lo que entonces emitió un gran chillido pidiendo ayuda a su padre con desesperación, el progenitor acudió a la llamada encontrándose con su hijo señalando asustado un lugar vacío. Las alucinaciones se hicieron recurrentes y si bien los Stilinski intentaron no hacer caso esperando a que pasara, Void nunca se marchó. Void empezó a hablar. Se presentó a sí mismo como la versión oscura y vacía de Stiles, se llamó a sí mismo Void Stiles con una chulería innata. Las palabras de Void nunca fueron buenas pues su único objetivo era romper a Stiles, acabar con él en todos los sentidos, acabar con todo resquicio de cordura.

Quedó solo.

Perdió a sus amigos por loco. Nadie quiso juntarse más con él, los profesores lo temían y los padres acosaban a John para que internara al joven Stilinski. El único que no quiso separarse de su lado fue Scott McCall quien iría con él al fin del mundo incluso si no fuera necesario. Todas sus desgracias eran material de tortura para Void, que la gente lo señalara por la calle, que en el instituto lo encerraran en un aula para él solo... Void lo usaba todo contra él. Creyendo las palabras de Void, Stiles no tuvo más remedio que alejarse de Scott, empujarlo lejos de él y no verlo nunca más para no empujarle a ser un marginado como lo era él; no quería que sintiera pena, no quería que lo viera desmoronarse, romperse y consumirse. Scott no se merecía pasar por eso con lo bueno que siempre había sido con él.

Una vez ingresó en el hospital psiquiátrico, Stiles dejó bien claro que no quería visitas de nadie. Al ser menor sólo se le pudieron imponer las visitas mínimas de su padre, un consumido Sheriff que hacía horas extras para intentar ayudarlo y que a pesar de la preocupación y desesperación por la salud de su hijo, sólo le permitían estar con él una hora al mes.

Cuatro años en los que había visto a su padre sólo cuarenta y ocho horas. Cuatro años en los que no había visto a aquel a quien consideraba su hermano. Cuatro años viendo las mismas paredes, los mismos jardines, las mismas enfermeras amargadas, los mismos celadores de cara ácida. Cuatro años encerrado en aquella casa por propia voluntad junto a otros muchos enfermos mentales -algunos peores que otros- obligado a tener terapias en grupo y otras tantas individuales con una doctora joven llamada Marin Morrell.

Al menos hasta ese día.

Stiles hacía poco que había cumplido los diecisiete y se encontraba en una ronda de grupo con Void hablando a su espalda cuando el director de Eichen House, Peter Hale, apareció con un hombre joven, moreno y muy atractivo a su lado presentándolo como su sobrino, Derek Hale que estaba estudiando psicología y quería hacer un voluntariado en el psiquiátrico. Al adolescente inmediatamente le agradó y al notarlo su alucinación tomó medidas.

 

-No te hagas ilusiones, mocoso de mierda. No vales lo suficiente para que alguien te quiera. ¿Por qué crees que estoy yo aquí? Ni tu padre, ni Scott se han dignado nunca a decirte la verdad sobre el tremendo asco que sienten hacia ti -Void colocó sus manos en los hombros de Stiles que sintió la presión con repulsión-. Tengo que cuidarte para que no salgas mal parado -mintió con descaro y tono sarcástico en el oído del humano.

 

El chico apretó la mandíbula molesto y dolido por los comentarios con los que su alucinación le taladraba constantemente.

Peter se dio cuenta.

Siempre se daba cuenta.

 

-Stiles -ante la mención de su nombre el chico levantó sus ojos castaños, vacíos e inocentes hacia el hombre-, ¿te está molestando de nuevo? -habló con esa voz cariñosa que siempre empleaba con él pero sin llegar a ser incómoda o compasiva.

-Nunca se va, Peter -respondió cansado.

 

Había llegado a un punto en que era uno de los quince pacientes que había permanecido internado por más de cuatro años sin haber tenido periodos de lucidez y libertad como pasaba con Carla Wilson quien llevaba diez años internada pero parecía sanarse cada seis meses para regresar de nuevo.

 

-Tal vez Derek pueda ayudarte a controlarlo. Tal vez pueda ayudarte a vencerlo -ofreció.

 

El adolescente miró a Derek a los ojos sin poder distinguir con la distancia que los separaba de qué color eran, el moreno le sonrió de una forma algo obligada como si no estuviera acostumbrado a hacerlo, como si hubiera olvidado cómo se hacía. Aun así su corazón se aceleró y su tez se sonrojó recuperando en sus ojos un brillo perdido y olvidado.

Pero ningún momento era bueno ya para Stiles.

Ningún momento era agradable.

Cuando quiso darse cuenta Void le golpeó en los costados haciéndole saltar asustado de su silla con dolor, se giró a su espalda donde a los ojos de los demás no había nadie pero que ante los suyos su viva imagen le sonreía con suficiencia mostrando afilados dientes y ojos malvados.

 

-¡Déjame en paz de una puta vez! -gritó con toda la capacidad que sus pulmones le permitían mas Void metió las manos en los bolsillos de su chaqueta de piloto respondiendo tranquilamente.

-Eres un mal hablado. Yo sólo quiero ayudarte, y así me lo pagas. Qué descortés.

 

Volvió a gritar con todas sus fuerzas, esta vez con rabia y frustración intentando así poder deshacerse de él. Al no conseguirlo se marchó de la sala de terapias grupales pasando cabreado por el lado de los Hale. Void le siguió saltando a su lado cual niña pequeña mostrando lo alegre que estaba por mantener a Stiles alejado del mundo y la cordura, se burló, le insultó y le hizo ver que el chico tan guapo estaría en esos momentos pensando en él con repulsión por estar tan sumamente loco.

Void tenía razón.

Para Stiles, Void siempre tenía razón.

Si Stiles estuviera cuerdo no se encontraría en esa situación por lo que sí, Derek Hale pensaría que estaba como una puta cabra pero con motivos, porque lo estaba.

Llegó a los jardines aptos para los pacientes de Eichen House y se sentó en un banco alejado cubierto por un roble bien fuerte. Void parecía tener mejores cosas que hacer pues no estaba a su lado para molestarle, esos momentos eran atesorados por el chico pues se permitía llorar y desahogarse sin pudor ni críticas. Llorar le sentaba bien.

Llorar por los años perdidos ahí encerrado.

Llorar por sus amigos.

Llorar por su padre.

Llorar por su soledad.

Simplemente llorar.

Y llorando, precisamente, fue como lo encontró Derek Hale que, al parecer, le había estado siguiendo.

 

-¿Puedo sentarme contigo? -preguntó el mayor.

-Nadie te lo impide, supongo -repuso el otro limpiando sus lágrimas con las mangas de su sudadera.

-Peter no ha querido contarme lo que te pasa. Parece que te respeta mucho -afirmó.

-Ya has visto lo que me pasa. Estoy loco, fin de la historia.

-Hay muchas clases de locura -concedió.

 

El chico miró con desconfianza al universitario. No parecía un tipo sociable y su voz era bastante seca aunque parecía querer comprenderle. Stiles se sintió intrigado.

 

-¿Por qué quieres hacer voluntariado aquí? -inquirió Stiles.

-Quiero ayudar a las personas -respondió simplemente el moreno.

-No puedes ayudarlas a todas -lamentó.

-¿Quien va a impedírmelo?

-No es algo que pueda permitirse o impedirse. Hay gente tan mal que nadie puede ayudarla.

-¿Cómo quien?

-Yo.

 

Por primera vez sus ojos se encontraron descubriendo entonces que los del voluntario eran de color verde. Había una ligera luz de preocupación en ellos, una luz que distaba mucho de la compasión y tristeza a la que estaba acostumbrado. Se sintió intimidado y demasiado expuesto.

 

-¿Por qué crees que no puedes curarte? -preguntó el mayor intrigado.

-¿Me estás haciendo terapia? -intentó evadir la respuesta y los ojos verdes.

-No puedo hacer terapia. No soy psicólogo o psiquiatra. Sólo soy un voluntario.

-Estudias para hacer terapia -recalcó.

-En eso consiste el voluntariado. Aprender y ayudar.

-¿Qué quieres de mí?

-Peter dice que puedo ayudarte. Dice que lo que tienes no es tan grave pero que no has dado con aquel que comprenda lo que te pasa y pueda ayudarte.

-’No es tan grave’ -citó con burla- ¿Por qué llevo aquí cuatro años si ‘no es tan grave’? ¿Tan incompetentes son los doctores que aquí trabajan. Me he perdido los bailes del instituto. Me he perdido las primeras borracheras. He perdido mi primer beso con Lydia Martin, o con Theo Raeken, a quien también quería besar. He perdido meterme al equipo de lacrosse. He perdido a mi familia...

-Si pones de tu parte, yo puedo ayudarte.

-Ni siquiera sabes lo que me pasa -repitió.

-Estoy esperando a que me lo cuentes.

 

Stiles quedó en silencio concentrándose en sus pies, preguntándose hasta qué punto podía confiar en Derek. No quería hacerse ilusiones, no quería fantasear con estar sano.

No podía permitirse otra desilusión.

Sería demasiado...

 

-Tengo alucinaciones -musitó sin percatarse-. Hace cuatro años apareció frente a mí una versión de mí mismo más cruel, desaliñado y creído que no hace otra cosa que no sea insultarme o herirme...

-¿Te hiere físicamente?

-No... Aquí -se golpeó la frente con el dedo índice.

-¿Y lo de antes? Has pegado un salto. ¿Sientes cuando te toca?

-Sí... Siempre...

-¿Me dejas ver?

-¿El qué?

 

Derek coló sus manos en los costados de Stiles obligándole a dar la espalda, una vez así palpó los lados con precisión presionando en algunos lugares haciendo que el chico se quejara de dolor encorvando su cuerpo.

 

-Tienes bastantes nudos y contracturas en la espalda, en sitios en los que no sabía que podía tenerse una contractura... Hablaré con Peter para que te traiga un quiromasajista. La tensión y el estrés te afecta bastante y puede ser que cuando tu alucinación te toca sea una manifestación de tu mente a un estímulo físico dañino. Seguramente te da un calambre pero tu mente lo entiende como un ataque y dibuja a tu alucinación.

-Yo sólo quiero que Void se marche...

-Háblame de él.

 

Hale siguió palpando la espalda del chico mientras atardecía y de su boca salían todos los momentos y las malas palabras que había compartido con Void durante esos cuatro años. El frío se hizo presente coloreando la nariz de Stiles de bermellón, por lo que tuvieron que desalojar el jardín. Caminaron lentamente, haciéndose compañía silenciosa por los pasillos del manicomio hasta llegar a la última planta donde Peter le había dado a Stiles una habitación para él solo con el fin de que estuviera más cómodo. Ya en la puerta, Derek le dedicó una sonrisa más natural que la que le había dedicado en el momento de presentarse.

 

-¿Void está aquí?

 

En un primer momento Stiles abrió la boca para contestar con una afirmación mas se percató de su ausencia. Void no había dado señales de vida desde que había salido al jardín, no le había molestado, no le había insultado y ni siquiera se había paseado por su lado con su malévola sonrisa. Simplemente no estaba. Miró a Derek con los ojos bien abiertos y el otro se despidió revolviéndole el pelo con ternura. Con terror miró la puerta de su habitación esperando que Void no estuviera al otro lado. El cuidado y la lentitud con la que se introdujo en su habitación habrían sacado de quicio al mismísimo Gandhi.

Oscuridad y vacío.

Dos cosas que solían caracterizar a Void se mostraron, por primera vez, describiendo su habitación. Se sentó en la cama por largas horas hasta que el sueño empezó a pesarle, él esperaba la aparición de Void pero esta no tuvo lugar y decidió, por fin, descansar después de cuatro años.


No sentía los brazos. Un pinchazo le recorrió la espalda. Incapaz de mover las piernas o hablar abrió los ojos con pavor. Los divertidos ojos de Void parecían darle la bienvenida a su dulce venganza a pocos centímetros de su rostro. La alucinación estaba sentada sobre él mirándole con asco y sorna.

 

-¿Creías que deshacerte de mí iba a ser tan fácil? -Stiles no pudo hablar, no intentó pero su boca no hizo ningún movimiento- Eres un puto desperdicio...

 

Emitió un gemido de dolor cuando Void apretó sus brazos colocados sobre su cabeza. Las lágrimas corrieron por sus ojos a causa del dolor y miedo. Balbuceo a balbuceo, mientras Void seguía haciéndole daño, logró emitir un quejido lo suficientemente alto como para que el celador de su planta lo escuchara y acudiera a la llamada. Viéndolo en esa posición y con tanto miedo el celador no supo bien qué debía hacer pues el chico era incapaz de moverse, llamó a Hale de emergencia sin atreverse a acercarse al enfermo quien seguía siendo víctima de las torturas físicas y verbales de su alucinación.

Derek Hale fue quien llegó a la habitación, agitado, jadeante y en pijama se sentó a su lado en la cama colocándole una mano en la mejilla moviendo su cabeza lo suficiente como para que Void quedara lejos de su vista.

 

-Escúchame bien, Stiles -pidió lentamente-. Estás sufriendo una parálisis del sueño muy rara. Tu mente está despierta pero tu cuerpo no, por eso no puedes moverte o hablar -con mucho cuidado colocó los brazos del chico en una posición normal-. Has cogido una mala postura con tus brazos y no les ha llegado sangre suficiente por lo que se te han dormido.

 

Eso tenía siento para Stiles, le resultó lógico. La risa escandalosa de Void, apoyado en la esquina de la habitación, le asustó.

 

-¿Está aquí? -pero el menor no pudo responder- Mírame a mí. No le hagas caso. ¿Puedes sentir mis manos?

 

Hale recorrió los brazos del chico intentando despertarle las extremidades, presionó en diferentes puntos de las piernas y pies haciéndole reaccionar con espasmos queriendo despertarle el cuerpo lo más rápido posible. El doloroso hormigueo que precedía a una extremidad dormida se hizo presente. Volvió a sentir sus piernas. Balbuceó sin sentido.

 

-Está bien, Stiles. Espera a que se despierte todo el cuerpo. Quédate tumbado. Yo me quedo contigo.

-¿Cómo sabías lo que me pasaba? -preguntó con trabajo.

-Me ha pasado a mí también -le acarició con cariño el pelo provocando que la piel del menor se erizara.

 

Peter Hale apareció por la puerta con las marcas de las sábanas en el rostro mirando interrogante al celador que en breves palabras le explicó lo ocurrido. Antes de poder decir nada, Derek habló sin detener sus atenciones en el menor ni apartar su mirada.

 

-Te dije que era buena idea quedarme a dormir en el hospital.

-Quiero hablar contigo fuera, Derek.

-Ahora no.

-¿Tienes idea de los rumores que están corriendo?

-Me dan igual.

-Derek...

-Peter -cortó su bronca-. No voy a dejarle solo. Sabes que cuando pasa esto no es bueno dejar sola a la persona que lo ha padecido. No voy a dejarle solo. Nunca.

 

El director de Eichen House tomó aire intentando calmarse abandonando entonces la habitación. Stiles se quedó dormido sin saber de Void.

Continuará...