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Bring Me To Life

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Picture by: alexjr89 and edit by me

 


 

11.30 AM. En un pequeño piso de Londres se desataba la discordia. Greg, Lestrade, un hombre de 52 años y demasiadas preocupaciones en la cabeza, intentaba obtener una respuesta coherente en su pelea mental, con los brazos cruzados y la mirada fija en su closet; el ceño fruncido y los labios haciendo juego. ¿Qué debía llevar? ¿Cuántas camisas hacían falta? ¿Debía llevar ropa formal? Odiaba armar las valijas. Y más cuando no sabía qué era necesario meter en ellas.

Llegaría tarde si no terminaba de decidirse respecto al contenido de la valija. Tendría que haber aceptado la ayuda de Donovan, pero le daba vergüenza afrontar las burlas de todo el mundo: su ex esposa era la que armaba las valijas cuando tenían que viajar, y él no tenía la más mínima idea de cómo hacerlo.

Meditó por un momento, intentando relajarse. Después de guardar los elementos de higiene en un bolsillo, decidió que las prendas no podían ganarle. ¿Ropa interior? Una muda por día. ¿Medias? Idem, aunque seguramente disfrutaría del calor y usaría sandalias. Bastante dolor tenían que soportar sus pies durante todo el año, corriendo de aquí para allá en esos molestos zapatos. Así que las benditas sandalias fueron las primeras en ocupar la valija, junto a las zapatillas de correr y pantalones deportivos. Tenía que seguir con su rutina de ejercicio, y el gimnasio era un buen lugar para conocer gente y distraerse. ¿Bermudas? Listas. ¿Pantalón elegante? El único que tenía. ¿Camisas? Sólo tres, que eran las que estaban en condiciones. Definitivamente tenía que comprar algunas más. Metió su colección de camisetas de fútbol, esperando que fueran suficientes. Dejó su preferida, la del Arsenal, para usar durante el primer día: era la que mejor le quedaba y además mostraba su orgullo de fanático. También decidió llevar algunas camisetas sin mangas para lucir sus brazos. Y como pieza fundamental, llevaría su traje de baño, negro y demasiado diminuto para su gusto. Sally había dicho al pasar que a las mujeres le gustaban así, y lo aceptó como un consejo sabio. Porque tenía que conseguir una cita, eso era evidente. Aunque fuera algo de una noche.

Hacía ya un año que no tenía sexo. Un maldito año, completo, con sus 365 días. Y sabía que era por falta de autoestima, y por miedo a volver a fracasar. Porque su ex esposa se había encargado de que toda su confianza se perdiera, desvaneciéndose poco a poco entre cada beso de mentira que le daba para cubrir sus infidelidades. Cuando se enteró que el engaño era cosa de todos los días, se entregó a la bebida. Quería encontrar la forma de recuperarla, porque a pesar de todo la amaba. Y sin embargo, progresar en el trabajo lo obligaba a cumplir más y más horas de papeleo, deber y abandono. Pero todo se desmoronó cuando llegó a su casa antes de lo previsto y la encontró con su vecino. Allí decidieron que lo mejor sería dejar que esa metira terminara. Ella se quedó con la casa y una enorme suma de dinero. Él, apenas si podía pagar el alquiler en un horrible piso cerca de Scotland Yard.

Tras tres meses en la absoluta miseria, cuando estaban a punto de echarlo del trabajo por su ineficacia, Sherlock Holmes apareció y lo ayudó a encaminarse. Aunque el comienzo fue decididamente complicado: el detective inmediatamente lo dedujo y expuso frente a todo el mundo su problema con el alcohol, avergonzándolo. Ése fue el detonante, lo que lo obligó a enmendar su vida. Comenzó a entrenar, abandonando así el alcohol y el tabaco. Su físico cambió poco a poco, dejando a la vista músculos que desconocía o no creía tener. Al final de todo el proceso de separación, depresión y papeleo; él era un hombre nuevo. Y ahora debía festejarlo a lo grande. Sus compañeros de la Yard le habían regalado un boleto para pasar 11 días y 10 noches en un crucero de lujo; alegando que ‘debía recuperar energías’. Y realmente no se sentía para nada contrariado con la idea de disfrutar el lujo de un servicio 24 horas y un minibar repleto en la habitación con vista al mar, una enorme cama para él solo y una pantalla de televisión gigante.

Partiría desde el puerto de Southampton a las 16:30, por lo que tenía que hacer un viaje de alrededor de dos horas en tren antes de embarcar. Sonrió orgulloso cuando terminó de meter todo en la maleta y vio que tenía tiempo de sobra para llegar a horario a la estación. Pasearía un rato por la ciudad portuaria, ya que no la conocía. Cargó todo en un taxi y liberó su mente de todo pensamiento durante el viaje hasta la estación Waterloo, colocándose los auriculares y dejando que los Sex Pistols levanten su ánimo.

Ya dentro del tren, buscó algo diferente para distraerse. Anderson le había regalado un libro que parecía interesante, y se dispuso a leerlo mientras el traqueteo del tren masajeaba su espalda. Estaba realmente ansioso por llegar. Y principalmente agradecido por la oportunidad que le habían brindado sus compañeros. Su ex esposa estaba muy equivocada; sí era un hombre querido. Las personas lo apreciaban por lo que era, por lo que realmente mostraba de sí, y no por su posición dentro del trabajo. Ensimismado en la lectura, no se percató del paso del tiempo. Bajó rápidamente con su equipaje, chequeando su reloj: faltaba media hora para embarcar, por lo que hizo una pasada rápida por la cafetería para beber algo antes de emprender el viaje. Cuando el reloj marcó las 16.15, se acercó a paso veloz hacia las puertas del barco. Allí, varios empleados de la empresa esperaban a quienes serían sus pasajero con enormes sonrisas pintadas en sus bocas.

El imponente navío se llamaba ‘Independence Of The Seas’ de 158000 toneladas de peso. Podía albergar 3634 pasajeros y contaba con 339 metros de eslora y 56 de manga. Greg sonrió mientras presentaba su boleto y le permitían embarcar; la aventura más grande de su vida había comenzado, y no pensaba desperdiciar ningún segundo.


 

Estación Waterloo.

Waterloo

Puerto de Southampton

Puerto de Southampton 

Crucero Independence Of The Seas.

Crucero