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Long Distance Lullaby

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Inspirado en el hermoso fanart de: http://aokissmybutt.tumblr.com/

 

El 23 de diciembre ya casi terminaba en la casa Lestrade – Holmes. Mientras Mycroft intentaba discernir qué trajes llevar a su reunión con los australianos, Gregory pasaba el tiempo con su hijo y sus tres perros en la planta baja. La valija estaba casi repleta (Greg siempre se quejaba de la cantidad innecesaria de ropa que llevaba) y la habitual lucha para cerrarla comenzaba.

- ¿De verdad tienes que irte, padre? Es Navidad, debes quedarte con tu familia

La voz detrás de él lo sobresaltó por completo. Ethan observó a Mycroft con esos enormes ojos chocolate que había heredado de su otro padre. Realmente se veía como si lo hubiesen miniaturizado. El niño de 4 años estaba abrazado a su oso de felpa, con un gesto de tristeza estampado en el rostro. Sí, era la tercera Navidad desde su nacimiento en la cual Mycroft se iba de viaje. Sólo habían compartido la primera, y eso fue porque Greg puso el grito en el cielo.

Recordó el hermoso momento en el cual todo comenzó: Tras estar en pareja durante 3 años, decidieron tener un hijo. Durante los días posteriores a la decisión, Mycroft se mostraba nervioso. ¿Él? ¿Padre? Los conceptos no le parecían compatibles. Greg se encargó de disipar todos los miedos del pelirrojo, conteniéndolo en sus interminables crisis de medianoche, en las cuales se desataba el drama; el mayor de los Holmes no creía ser capaz de cuidar de algo tan frágil como una criatura, ni mucho menos ser alguien que pudiese inculcarle ninguna clase de valor positivo: día tras día, Lestrade reforzaba la destruida autoestima del hombre que amaba con palabras afectivas, caricias y sesiones interminables de besos. Cuando por fin Holmes comprendió que al futuro fruto de su amor nunca le faltaría contención teniendo un padre como Gregory a su lado, aceptó.  Ambos se hicieron pruebas de fertilidad. Tras varias noches de discusión, en las cuales cada uno defendía su postura de “quiero que se parezca a ti”, Mycroft ganó la contienda prometiendo que buscarían un bonito pelirrojo lo antes posible.

Sin embargo, Greg no estaba demasiado seguro de que eso ocurriera; pero la insistencia de su pareja era ya casi empalagosa. Mycroft hablaba de lo perfecto que sería un pequeño muchacho de ojos color chocolate y sonrisa sincera; mientras Gregory sólo podía temer por su herencia genética en cuanto a su desempeño escolar. No, nunca había sido brillante. Sus calificaciones alcanzaban para aprobar, y jamás se destacó en otra cosa que no fueran los deportes. Sabía que Mycroft sería un padre demandante en cuanto a los estudios del pequeño, y no quería cargarlo con el terrible estigma de poseer un ‘cerebro Lestrade’. Con el correr de los días, el Gobierno Británico notó como el interés de su pareja en buscar un vientre disminuía notablemente. Fue su turno de indagar dentro de los miedos del Detective Inspector y ayudarlo en la etapa de superación: el pelirrojo explicó cómo había creado su palacio mental, y como podía estimular al pequeño desde sus primeros días para que fuera todo un destacado en el ámbito educativo. Esto calmó sobremanera al peliblanco, y al fin pudieron llegar a un feliz consenso.

Tras extensas charlas e investigaciones, encontraron a la mujer adecuada para engendrar al pequeño. Mycroft y Greg fueron completamente absorbentes durante el embarazo. El hombre del Gobierno Británico insistió en que la mujer viviera con ellos para poder monitorear absolutamente todo el desarrollo del muchacho, y a su vez poder acompañar y atesorar el crecimiento del vientre. Era una escena dulce y extraña de ver: ambos hombres con las manos entrelazadas sobre el prominente abdomen de la mujer, hablándole a la criatura que se gestaba dentro para que pudiera reconocer las voces tras su nacimiento. Tras algunos sustos en los primeros meses, y un reposo total por parte de la pobre mujer, Ethan Lestrade llegó al mundo un jueves en la madrugada, y nada pudo hacerlos más felices.

- Sabes que papi Myc tiene muchas cosas que hacer para salvar al mundo, Eth… -replicó una voz detrás de ellos

El pequeño niño corrió hacia los brazos de su clon gigante. Ambos observaron al pelirrojo armar la pequeña maleta con toda la pena del mundo reflejada en sus miradas. Para ocultar sus lágrimas, el pequeño escondió su rostro en el cuello de su padre. Greg se acercó a su esposo y besó su mejilla. Mycroft rodeó a ambos con sus brazos, perdiéndose por un momento en la intimidad familiar. Su viaje duraría una semana, por lo que (con suerte) llegaría para recibir el Año Nuevo junto a ellos, pero el pequeño Ethan no podía entenderlo. Con un suspiro, besó el cabello moreno de su hijo y los suaves labios de su pareja a modo de despedida, observándolos rápidamente antes de salir de su hogar con rumbo a Australia.