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Harrython 2012

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Los reconfortantes rayos de Sol tocaban su escamosa piel calentándola reconfortantemente, adoraba su cama y si lo único que cayese sobre ella fuese esa luz hubiese seguido durmiendo, pero sentía que alguien la estaba observando. Abrió los ojos lentamente y giró la cabeza hacia el foco de su molestia, era de nuevo esa cría de humano con el pelo azul, la mayor parte del tiempo. Volvió a apoyar la cabeza esperando que su amo viniese a apartar al pequeño, sino tendría que espantarlo por sí misma, aunque eso solía ocasionar que el joven que la cuidaba la dejase sin salir de su jaula el resto del día.

Afortunadamente el mago de cabello negro indomable y gafas redondas llegó a su rescate y con palabras y alimentos dulces persuadió al niño de apartarse. La serpiente, con una profunda respiración, volvió a aletargarse en el calor recibido a través de la ventana pensando en lo afortunada que había sido con su humano.

El primer día que había llegado allí, se había sentido honrada porque su amo fuese un hablante de pársel, después su opinión había ido cambiando al parecerle demasiado jovial, demasiado ingenuo y había pensado acabar con su servidumbre. Esa noche salió de su jaula que el tonto humano había dejado abierta y se estiró junto a él en la cama comprobando que debía crecer un poco más para poder deshacerse del chico y en el proceso darse un festín. Pensó que podría marcharse de allí como si nada hubiese pasado, pero una fuerte mano la cogió por la cabeza imposibilitando su mordida.

–Si vuelves a intentar atacarme me desharé de ti, te mandaré a un zoo para que disfrutes de los niños dando golpes en tu cristal tooodo el día o a un circo, seguro que allí estarás mejor, bicho desagradecido –siseó el mago al tiempo que se levantaba de la cama y llevaba al reptil a su terrario, esta vez cerrándolo–. ¿Ha quedado claro?

La serpiente asintió con la cabeza, temblando ligeramente ante las ondas de magia enfurecida. Había subestimado al hombre, era poderoso y conocía peores castigos que la muerte, desde entonces comenzó a respetarlo y su vida fue la mejor.

Cada día cuando el mago se levantaba abría su jaula, no había vuelto a dejarla libre mientras dormía. Ella estaba de acuerdo con eso, si la hubiese dejado suelta de nuevo se hubiese decepcionada mucho.

Salía de su jaula e inspeccionaba la casa, en busca de cambios mientras esperaba a que Harry, como le había dicho que le llamara, desayunase y, la mayoría de las veces, se marchase, no sin antes soltar un par de ratones. Ella agradecía enormemente ese privilegio de poder cazar en tan amplio terreno, disfrutaba de buscar, atemorizar y atrapar a sus presas.

Nunca había oído a ninguna serpiente de las que había conocido en su vida de reclusa que sus amos compartiesen con ellas tan ampliamente sus hogares y ella sólo era encerrada en las noches y cuando había visitas.

A menudo charlaban, aunque hacía tiempo que se les habían acabado los temas de los que hablar, aún así Harry solía contarle su día en el exterior y sus problemas sin esperar una respuesta, y ella se quejaba de todo lo que se le ocurriese de su entorno y él, a veces, le hacía caso y buscaba una solución.

Pero lo que más disfrutaba, aunque jamás lo admitiría, era cuando el joven se sentaba en el sofá y ella se acurrucaba sobre él, bajo esa falsa piel que solía llevar, y se dormía encandilada por el calor que desprendía.

Y eso le llevaba a su molestia con el nuevo compañero de su amo. Nunca antes le habían molestado las múltiples parejas de su dueño, estos humanos solían llegar una noche, comían y retozaban en el sofá para terminar con su ritual de apareamiento en la otra habitación, lejos de ella. No acostumbraba a verlos durante muchos días después. Pero por alguna razón que no alcanzaba a comprender, este humano era distinto. En su opinión llevaba demasiado tiempo frecuentando a Harry y usurpando su lugar recostado sobre la cálida piel de su amo. Además habían roto con la costumbre de copular lejos de su jaula, y lo peor era que su humano hablaba al otro en la lengua de las serpientes y el de pelo rubio intentaba imitar esas palabras susurradas, mancillando su idioma mientras con cada siseo se excitaba más, ella era capaz de captar los cambios con su lengua y la incomodaba sobremanera.

A todo ello se le añadía su desconfianza, había algo en sus entrañas que le decía que no podía fiarse de él. Era como ella, arrogante, presumido y letal. Su amo siempre le había parecido como uno de esos lindos gatitos de la tienda donde se hospedó durante unos meses antes de que Harry la sacara de allí, y pese a que sabía que el joven era más peligroso que esos tiernos y apetecibles gatitos no estaba seguro de que pudiese defenderse del otro mago como lo hizo con ella.

Se enroscó aún más en sus anillos, añorando salir, pero sabía que no se lo permitiría, no desde que expresase su opinión ante el rubio tan activamente al atacarle. El compañero de Harry había llegado unos minutos antes y ya estaban comenzando con el cortejo y no tardarían en ser susurrabas lascivas palabras en pársel. Comenzaba a plantearse atacar a su amo con la esperanza de que cumpliese su amenaza y la echara de su casa, en esta situación unos críos golpeando los cristales de su residencia no parecía tan malo.

Cubrió su cabeza con su cuerpo queriendo amortiguar los sonidos y olores que le llegaban, y se dispuso a intentar dormir.

–Voy a follarte tan fuerte que cuando termine contigo sólo serás capaz de hablar mediante siseos –le llegaron las palabras de Harry cargadas de deseo.

“Mañana, mañana atacaré.” pensó ante la amenaza de escuchar al rubio quién sabe por cuánto tiempo destrozando su lengua“Mañana me mudaré de aquí como sea.”

Fin