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Contracultura

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Sus padres habían salido al teatro, pero podrían regresar en cualquier momento. Lamentablemente no cenarían a fuera ya que el señor Laufeyson se exasperaba cada vez más cuando se cruzaba al “grupo de mocosos mugrosos” en la calle y luego terminaba toda la noche dando su tediosos discurso sobre la generación arruinada. Por ende Loki tenía que estar atento al sonido de las llaves mientras leía en su cuarto las publicaciones “prohibidas”.

Él no se encontraba comprometido con ninguna causa o grupo activista, aún vestía, como decía su amiga Sigyn, “al estilo conservador”. No le interesaban mucho los jeans campana ni el cabello demasiado largo o ir al parque a fumar; lo cual no quería decir que estuviese en contra de toda esa locura que, desde hacía meses, estaba invadiendo la universidad.

Pero sí había algo que le llamó mucho la atención: una revista impresa sin permiso del rector. Se trataba de Sólo hazlo, una compilación de relatos sobre personas que experimentaban con drogas, sexo, desafíos feministas como usar faldas cortas y etcétera.

En el número que Sigyn le prestó era especial, era el número homosexual.

No se trataba de mera curiosidad, sino más bien de comenzar a pensar que no era el único en eso. Y que tal vez, no era un afeminado descarrilado como estaba seguro que su padre diría.

* * *

Aunque por fuera intentaba mostrarse relajado, por dentro se preguntaba qué haría su padre si lo encontraba allí en el parque, si de casualidad a alguno de los noticieros se le ocurría ir a ver lo que hacían los jóvenes los fines de semana y les preguntaban al azar y él salía en televisión…

Sigyn le dijo que al demonio el autoritarismo familiar y que era hora de que la piel blanca de Loki hiciera contacto con el buen sol de una vez. Ella siempre le daba una sensación de seguridad y si bien no era característico en él dar marcha atrás, tenía consciencia de que estaba tanteando un tema complicado, por no decir intolerable para su familia.

El parque estaba ocupado por jóvenes con cabello largo o peinados afro, ropa de colores, floreada, desteñida, buscando el estilo de los nativos americanos. Armaban collares, tocaban la guitarra agrupados en rondas, se besaban salvajemente y algunos simplemente se recostaban en mantas para fumar tranquilos y hacer un largo viaje sin moverse de allí.

Sigyn se dejó caer sobre el césped e invitó a Loki a que apoyara la cabeza sobre su vientre. Quedaron en silencio, observando las nubes en el cielo. Hacía mucho que no se sentía tan relajado, verdaderamente despreocupado los exámenes, sus padres y todas las presiones que en ese instante le parecieron tan tontas. La calidez del sol de la tarde era deliciosa y cada tanto una suave brisa los refrescaba.

—Loki, todavía no me has devuelto mi revista —comentó ella después de un momento—. ¿Quieres… quedártela?

El muchacho tragó despacio.

—¿Estás queriendo insinuar algo, Sigyn?

—No —respondió ella en un murmullo—. No insinúo, estoy casi segura.

—¿Y ahora vas a darme un discurso sobre la rebelión y la libertad sexual o algo de eso?

—No. Una cosa es sentarte a fumar una tarde y ya, otra es que tu padre sepa que tu homosexualidad no es algo que empieza y termina cuando él te lo ordene. —Extendió una de sus manos hasta acariciar el cabello de Loki—. No voy a decírselo a nadie, Loki, pero…

—¿Pero qué?

—Creo que te has estado reprimiendo demasiado. Nunca has aceptado citas con chicas y entiendo eso, pero tampoco he visto que intentaras conocer chicos. Leíste la revista, sabes que hay algunos bares para conocer gente, sabes que no es nada terrible.

Un escalofrío recorrió su espalda. No era terrible, no era el fin del mundo y no había forma de cambiarlo. Tampoco quería.

—Tal vez…

* * *

Las autoridades de la universidad habían descubierto a un grupo de estudiantes imprimiendo mensajes de protesta en el periódico de la universidad, pero el único expulsado fue un tal chico de apellido Heimdall. Nadie tenía que pensar demasiado para darse cuenta que era una movida racista y ningún alumno se quedaría con los brazos cruzados. Comenzaron reuniéndose pacíficamente el sábado el mediodía, algunos llevando pancartas y un muchacho con una guitarra entonaba algunas melodías de protesta.

—Dicen que el rector acaba de llamar a la policía —murmuró Sigyn después de un par de horas—. Loki, tal vez deberías volver a casa.

—No voy a dejarte sola si las cosas se ponen peor —respondió algo ofendido—. Cuando esto termine te llevaré a tu casa y punto.

La muchacha sonrió y comenzó a acompañar el canto contra el rector. Loki se quedó a su lado, en silencio. Sus ropas todavía desentonaban con las de los demás, pero tenía el cabello un poco más largo. Se dio cuenta de eso en la mañana, luego de haberse duchado y no supo si fue un descuido o intencional. Su padre no tardó en decirle que se lo cortara.

A eso de las seis de la tarde la policía comenzó a llegar. Los oficiales estaban de muy mal humor y Loki supo que las cosas no iban a terminar ni en amor ni paz.

Giró la cabeza hacia Sigyn y el corazón se le encogió cuando no la encontró. Eligió el peor momento para apartarse y él no iba a marcharse sin ella aunque quisiera. Trató de hacerse paso entre los estudiantes, llamándola y de repente se escuchó un silbido seguido de una pequeña explosión. Alguien acababa de pasarse de listo y tuvo la brillante idea de encender un fuego pirotécnico, suficiente para que la policía lo tomara como agresión y comenzara la represión.

Algunos empezaron a correr, ellos a preparar la manguera a presión, a arrestar y devolver golpes. Loki alcanzó a ver a Sigyn, también buscándolo con la mirada y cuando estuvo por levantar el brazo para llamarla, un oficial lo tomó con fuerza por el cuello de la camisa, casi estampándolo contra el suelo.

—¡Vete de aquí sin mí! —gritó antes.

No intentó resistirse demasiado, los ojos del hombre echaban chispas de furia, cosa que Loki entendió de cierta forma porque seguro él y su padre compartían el mismo desprecio a hacia la juventud descarrilada. Respiró profundo, con la esperanza de que su forma de vestir lo exonerara del incidente, si había algo que Loki no tenía, era cara de hippy.

—¿Eres uno de esos jodidos chicos que viene a hacer política sin siquiera poder deletrear la palabra? —aulló el oficial—. ¿Has venido a probar cómo es todo esto en vez de estar estudiando?

—Oficial, usted- —balbuceó-

—¡Están hundiendo a la generación que hemos protegido durante la Guerra Mundial en un gran charco de mierda lleno de flores, rameras indecentes y enfermos maricas! ¡Debería enseñarte! ¡Debería…!

Levantó el bastón bien en alto, fuera de control, dispuesto a desquitarse con él…

Como si fuera en cámara lenta, vio una espalda ancha y fornida situándose delante de él, otro brazo en alto y una mano sujetando la muñeca del oficial. El cabello del desconocido era rubio, lo llevaba suelto y le llegaba hasta los hombros, vestía una playera azul oscura y jeans gastados.

Las cosas volvieron a su velocidad normal y cuando Loki quiso darse cuenta, frente a él estaban luchando el hippie que acababa de salvarlo y el policía. El hombre daba bastonazos a ciegas y atinando a la espalda del muchacho, que intentaba detenerlo y darle puñetazos, parecían animales y Loki estuvo a punto de largarse de toda esa locura. Sin embargo, cuando se escuchó el sonido del silbato pidiendo ayuda, Loki fue hasta ellos y tomó el muchacho del brazo, tirando con fuerza. Su corazón latía desaforadamente y no entendía cómo sus piernas todavía le respondían, el sonido de las sirenas y gritos de los demás le perforaba los oídos, pero su cabeza estaba concentrada sólo en una cosa.

—Vámonos, vámonos de aquí —ordenó.

Se abrieron paso, esquivando a los demás, Loki evitando que el otro se desviara para ayudar a los demás. No pensaba ir a prisión, no tendría a quién llamar para que pagaran la fianza.

Y la mano del extraño, más grande que la suya, apretándole, se sentía delicioso.

 

El mundo era extraño. Y él sintió que hubo un punto de partida en el que las cosas se dieron de casualidad en casualidad, luego un parpadeo y cuando quiso darse cuenta, todo parecía ser piezas de rompecabezas, una a milímetros de otra, listas para juntarse y armar algo.

Corrió junto al muchacho hasta sentir que el corazón se le estaba por salir del pecho, las sirenas de la policía quedaron atrás junto a los gritos de los estudiantes y probablemente de algunos reporteros. Loki ya podía imaginar los comentarios de su padre cuando viera los informes en el periódico.

Se detuvieron en un callejón para recuperar el aire, la noche se había tornado fría y él no traía nada de abrigo. Se dejó caer lentamente hacia el suelo, mirándose los pies y tratando de aclarar todo en su cabeza. Para empezar, quería saber precisamente por qué la necesidad de aclarar algo.

—Gracias —murmuró el desconocido—. Ahm… ¿cuál es tu nombre?

—Loki —respondió sin levantar la mirada—, ¿el tuyo?

—Thor —dijo y se sentó a su lado—. Dime, Loki, ¿esta es la primera vez que vas a una manifestación?

Loki soltó una carcajada, aún alterado por la huida.

—¿Fue muy obvio?

—El miedo en tu expresión es el que tienen los que vienen por primera vez para “ver cómo es”. Siempre es interesante hasta que tienen la mala suerte de ver a la policía.

Loki levantó la cabeza despacio, encogiéndose de hombros.

La sonrisa de Thor tenía un tinte picaresco, sus ojos eran de un azul brillante y su rostro estaba sin rasurar. Debía tener aproximadamente su edad, veintitantos o algo. Era bastante alto y su cuerpo se veía tan fuerte como el de algunos policías. Pero estaba en la tranquilidad juvenil de su rostro y su cabello rubio desarreglado y largo, lo que le daba esa pertenencia con los demás hippies.

—¿Por qué has venido a la protesta? —le preguntó Thor.

—Fue idea de mi amiga Sigyn. Ella está comprometida en estas cosas e intentó que yo también.

—¿Y funcionó?

—Sí y no. Las causas políticas no son de mi interés, pero hay otros aspectos… en los que esto ayuda.

—¿Como cuáles? —inquirió más curioso.

Estuvo a punto de decirle que ese no era su asunto y lo dejara en paz, mas luego recordó a Sigyn, la revista y le hecho de que no estaba con su padre. Si Thor realmente era fiel a todo ese movimiento extraño, no lo juzgaría, no le daría una bofetada que lo tirara al suelo ni lo miraría con asco.

—Con estas personas…

Sus mejillas fuero enrojeciéndose mientras una desagradable sensación de calor se concentraba en todo su rostro. Un nudo en la lengua, sus manos temblorosas, los ojos vidriosos.

—Creo que te has estado reprimiendo demasiado.

Y mientras unas lágrimas resbalaban por sus mejillas sin que él tuviera consciencia de ellas, se lo dijo.

—Con estas personas, ser homosexual no va a condenarme de por vida.

Thor sonrió y posó una de sus manos sobre la mejilla de Loki.

—No. Nadie va a hacerlo.

Por primera vez, se dio la libertad de pensar: es guapo.