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—Vaya cara de imbécil se le ha quedado a este —dice Álvaro intentando contener las risas el tiempo suficiente para poder soltar la frase, señalando a Albiol y a su gesto de puro shock.
Raúl todavía escucha las risas de su amigo y compañero de equipo. Esa risa inconfundible que lleva escuchando al menos cinco minutos. Y le gusta su risa, le gusta verle feliz, pero no le gusta cuando se está riendo de él.
—Ya vale ¿no? —Le dice a Arbeloa intentando que pare de reírse, empezando a enfadarse, pero Álvaro está riéndose tanto que apenas puede respirar.
—¡Creías —para por culpa de la risa— que era —suelta otra risa, señalando a Raúl con el dedo como lo habría hecho Nelson de Los Simpson —de verdad!—Y Álvaro sigue riéndose sin parar.
Raúl resopla, frustrado y empezando a enfadarse. Acaba de ser víctima de una de las broma de Inocente, Inocente y por un momento se ha creído que le habían mandando un balón de fútbol desde el espacio para que él lo firmase. Álvaro que ha debido ver las cámaras, o que simplemente, tienen más luces que él, no se lo ha creído ni por un momento. Ahora está sufriendo las consecuencias de ser tan —y nunca mejor dicho—, inocente.
Y como Álvaro no parece dispuesto ni capaz de parar de reírse, Raúl hace una de esas cosas que no haría en frío, pero que en caliente no puede evitar: le tira la copa de agua por encima, consiguiendo que Arbeloa deje de reírse en el acto y le mire con una cara de odio notable.
—¿Pero qué coño te pasa? —Pregunta Álvaro muy enfadado, intentando quitarse instintivamente el agua de su pelo, su cara, y su jersey, aunque por mucho que se frote con las manos, no lo vaya a conseguir.
Raúl le mira molesto, y le dice mientras se levanta de golpe de la mesa:
—Eres gilipollas.
Acto seguido Raúl se encamina con rapidez pero sin llegar a correr hasta el baño, donde se encierra, dejando a Arbeloa más perdido de lo que Dora la exploradora estaría si la meten en Pachá Ibiza.
Aunque debería ser el que estuviese enfadado porque ha sufrido el impacto del agua fría sobre su cuerpo, Álvaro no puede evitar preocuparse e ir detrás de él.
Camina hasta el baño, recibiendo la mirada curiosa de muchos al reconocer su cara y vislumbrar su aspecto, y cuando llega pica con fuerza en la puerta varias veces, sin obtener ninguna respuesta.
—Sé que estás ahí —dice Arbeloa, apoyándose contra la puerta, y teniendo plena consciencia de que su amigo le contestará.
—¡Que te jodan! —Es lo único que Álvaro oye desde el otro lado de la puerta y escuchar esa respuesta le deja un gesto de sorpresa en la cara, aún empapada por culpa de Albiol.
—¿Se puede saber qué te pasa? —Pregunta volviendo a dar un toque en la puerta.
—¡Que te vas a reír de tu puta madre!
Esas respuestas cada vez sorprenden más a Arbeloa que empieza a planear su estrategia de ataque.
—Anda, ábreme la puerta y ayuda a quitarme la ropa mojada —dice en un tono sugerente.
—¡Te vas a la mierda!
—Como no abras la puerta ahora mismo la tiro abajo, mamonazo —amenaza el diecisiete blanco.
Escucha como Raúl resopla molesto y como casi al mismo tiempo, el ruido del pestillo al abrirse, le avisa de que ya puede pasar.
Álvaro entra, cierra la puerta y vuelve a poner el pestillo para que nadie les moleste.
—A ver, ¿qué te pasa?
—No lo sé —refunfuña Albiol.
Éste está sentando en el suelo del baño, y Álvaro decide sentarse a su lado.
—A mi me lo puedes contar.
—Solo quieres saberlo porque eres un cotilla.
—¿Y no piensas darme esa satisfacción?
Raúl suspira en señal de aceptación.
—Es que a veces siento que soy tonto ¿sabes? Yo me he creído la tontería esa del todo y tú no lo has hecho en ningún momento. Ya estás en el once ideal del míster, y le tienes enamorado, y yo no estoy a la altura. Y todo es una mierda.
—Pero tú siempre me ganas al Tekken.
—Menudo consuelo es ganar a la PlayStation… —murmulla de mala gana Raúl.
—Lo que necesitas para animarte es un buen meneo.
Albiol vuelve a resoplar.
—Ahora siendo serios, deja de decir tonterías. Tú dale tiempo al míster y esfuérzate a tope para que vea todo tu potencial. Y mientras deja que yo me ocupe de que no pienses en esas cosas.
—¿Y cómo lo vas a hacer?
—¿En serio necesitas que te lo explique? No me extraña que tengas complejo de tonto —bromea Álvaro, acariciándole el pelo a su amigo y consiguiendo que este se ría—. Será mejor que vayamos a comer antes de que se den cuenta de donde estamos, que hay muchas cámaras por los alrededores y no me apetece ser la portada del Hola de esta semana.
Albiol asiente, levantándose con ayuda de su compañero.
—Pero te prometo que después de esto, vamos a casa, te dejo que me ganes al Fifa, urdiremos una malévola venganza contra nuestro capitán y echamos un polvete ¿vale? —Dice Álvaro y le da un rápido beso en los labios.
Raúl asiente y ambos salen del baño, Álvaro aún con la ropa empapada y Raúl con una sonrisa dibujada en los labios y un sentimiento de que por Navidad, no puede pedir nada más.
