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Noche en vela

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Sergio está tumbado encima de su cama en la habitación del hotel de concentración en la capital. Está solo, ya que Mesut se ha ido a la habitación de Cristiano y Marcelo —para jugar a la timba de póker que los dos han organizado—, a pasar la noche antes del partido. Aunque le han invitado, no se siente de humor para estar rodeado de gente. Está en uno de esos momentos en los que simplemente, necesita estar solo.

Ahora que está tan lejos de Cantabria, echa mucho de menos como era su vida el año anterior. En este momento, duda sobre si fichar por el Real Madrid ha sido la decisión más acertada para mejorar su futuro futbolístico. Esa lesión a principio de temporada le ha quitado la vida, porque ahora que ha vuelto, está fuera del once del míster. Le va a costar mucho trabajo y esfuerzo volver a estarlo, si es que lo consigue. Y sin minutos es imposible que lo logre. Muchas veces cuando sigue en el banquillo viendo el partido y Mou ha agotado los cambios, piensa que debería haberse quedado en el Racing. Aún es muy joven, y allí podría haber mejorado mucho, porque los minutos los tendría asegurados.

Conoce de primera mano la presión a la que están sometidos los jugadores del equipo blanco, y sabe lo que pasa con aquellos que no cumplen con las expectativas de la directiva. Al menos él desde que se recuperó de la lesión, siempre está convocado, pese a que muchas veces no llegue a salir al campo. No sabe qué será de él en verano. Si seguirá allí o si tendrá que volver al Racing porque ya no sea bien recibido en el Bernabéu.

Encima, como apenas ha jugado lo que llevan de temporada, Milla no le ha convocado para la sub-21 y eso le ha dolido más que todas las veces que se queda con las ganas de jugar y no puede. Quizás no sólo sea porque cada vez se siente más inútil, impotente y con la estúpida sensación de no servir para nada, de no ser suficiente bueno ni para estar en la Rojita o para merecerse más minutos en el Madrid. Puede que también, tenga algo que ver que sus pocos y contados momentos en la selección, son algunas de las poquísimas ocasiones en que puede ver a Bojan, porque si lo hacen en los clásicos son dos personas distintas. Son dos chicos que se odian, que sienten rabia en cada milímetro de la piel, que van a matarse, aunque sea solo con las miradas, pues aún no han coincidido en el campo desde que Canales cambió de equipo.

Y aunque no debería, Sergio le echa de menos. Han echado dos polvos contados y siente que sin él todo es una versión mala de la vida, como un remake americano. Con él todo tiene su esencia definida, todo es perfectamente imperfecto, pero sin él todo es lo mismo solo que sin gracia, sin esa chispa que le añade la sonrisa del moreno.

Piensa en llamarle y desearle suerte para el partido de esa tarde, ya que Bojan también está convocado, y teniendo en cuenta la fe ciega que en él tiene Pep, seguro que tendrá más minutos que Sergio en un mes. Entonces Canales cae en la cuenta de que ya es casi de noche, así que el partido ya habrá empezado y no debe molestarle, aunque lo que más le apetece para subir su humor a un estado más sociable y ameno, sea escuchar su voz.

Sergio tiene claro que no está enamorado, en realidad, Bojan ni siquiera le gusta. Odia que sea del equipo rival al suyo, y que muchas veces le insulte en las concentraciones de la selección para hacerse el guay con Jeffren y Thiago. Odia que a pesar de todos los fallos y errores garrafales que comete en los partidos, lleve más goles de los que él conseguirá marcar hasta el final de la campaña. Pero a pesar de todo, a veces parece que es la única persona que le entiende completamente. Es la única persona que está sometido a tanta presión como él, en un equipo muy grande, y ambos son incapaces de demostrar todo lo buenos que pueden llegar a ser al tocar un balón. No es que se pasen mucho tiempo hablando, ya que el poco tiempo que han estado juntos ha sido para insultarse, pegarse, acabar a malas, y echar algún polvo cuando coincidía con el grado de odio y deseo necesario , pero cuando mantienen esas charlas, son conversaciones de verdad. Entonces se ve y se nota que por muy adolescentes que sean, por mucha madurez que les quede por alcanzar, y por mucho odio que quieran sentir el uno por el otro, son mucho más profundos que todo eso.

Sigue tumbado en la cama del hotel mirando al techo, pensando y meditando sobre todas esas cosas que no van tan bien en su vida como al rubio le gustaría. Hace un año parecía que iba a tenerlo todo, que se iba a comer el mundo, y ahora, parece que todo eso se ha apagado, que se está complicando. O quizás es lo que debía pasar, sólo que él, como un chico joven, inocente e inexperto, pensó que todo sería mucho más fácil, rápido y sencillo de lo que todo está siendo.

Se fuerza a recordar los momentos en los que Bojan ha estado en su vida, para acordarse de cómo se siente uno al ser feliz.

Aunque está cansado, se siente demasiado deprimido, desolado y asqueado de la vida en general, que es incapaz de dormir.

Son cerca de las doce de la noche cuando Mesut abre la puerta de habitación e irrumpe en ella, intentando no hacer demasiado ruido, pues espera encontrarse a Canales durmiendo. Pero cuando se acerca hasta las camas, se encuentra con el chico rubio sentado sobre la cama, con aspecto cansado y triste.

—Que susto me haber dado, niño Canales —dice Mesut con ese pronunciado acento alemán característico suyo, llevándose una mano al pecho por el susto de ver a Sergio como si fuese un fantasma.

—Esas clases de español no te están funcionando ¿eh? —pregunta Sergio, revolviéndose el pelo rubio con las manos.

Mesut le dedica una mirada hostil. Se comienza a quitar la ropa para ponerse el pijama y meterse en la cama. Necesita descansar antes del partido contra la Real.

Canales le observa y se da cuenta de que para lo poca cosa que parece con la camiseta del equipo blanco, tiene los músculos increíblemente definidos. Ahora entiende porque Cristiano le abraza tanto en los partidos.

Sergio no creía que fuese capaz de reírse esa noche, pero cuando ve el pijama del alemán es incapaz de dejar de hacerlo.

—¿Llevas un pijama de Superman? —inquiere el rubio y vuelve a reírse con ganas, olvidando por una vez todos sus problemas.

—Niños llevar pijama de Superman. Superman llevar pijama de Mesut Özil.

Entonces es Sergio el que le dedica una mirada furibunda y deja de reírse al momento.

—Tanto achuchón con Ronaldo te ha contagiado ese incesante amor propio.

Mesut deshace la cama y se mete en ella.

—¿No dormir, niño Canales? —pregunta Özil, tapado hasta el cuello con las sábanas.

—Te he dicho que no me llames niño Canales.

—Tú ser niño aún.

—Sí, pero tú llevas un pijama de Superman.

En ese mismo momento, antes de que el alemán tenga opción a contestar, suena el teléfono móvil de Canales. Este lo agarra y sale de la habitación para no molestar a Mesut. Se sorprende a si mismo pulsando el botón verde para recibir una llamada del moreno.

—¿Bojan? —dice Sergio al contestar, incrédulo.

—Hola, Sergio. Què tal?

—No me hables en catalán, te he dicho.

—Perdona, es que tengo el chip puesto.

—¿Querías algo? —pregunta Canales al no obtener más respuesta del moreno.

—No sé… Estaba tan contento porque nos pudiésemos ver la semana que viene y ahora nada de nada.

—Ya, no me lo recuerdes. Que el que no está convocado soy yo.

—Lo siento Sergi, lo he dicho sin pensar.

—No me llames Sergi —responde Canales enfadado, imitando un gruñido.

—No hace falta que te pongas así.

—Es que eres un gilipollas. Ni siquiera sé para qué cojones me llamas.

—Tranquilo, que no volveré a cometer esa equivocación.

Con esas palabras el catalán cuela, dejando a Sergio aún más cabreado.

Este entra en la habitación con el mismo sigilo que un rato antes lo ha hecho Mesut. El alemán ya está profundamente dormido. Sergio decide meterse también en la cama.

Repasa la conversación que acaba de tener con Bojan y se siente peor de lo que se sentía antes. Ha pagado su enfado con él y eso que encima ha tenido el detalle de llamarle. Eso que nunca había hecho y por lo que Canales se había enfadado y le había reprochado en tantas ocasiones.

Se siente tan culpable que decide mandarle un mensaje de texto: «Lo siento, Bo».

Canales no aparta la mirada de la pantalla de su móvil hasta que el catalán le responde: «Da igual, Sergio. Nos vemos en abril»

Sergio se guarda el móvil debajo de la cama, abraza su almohada y por fin consigue dormir.