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Cuando la selección española sub-21 gana un partido de clasificación para la Eurocopa, siempre se monta la misma fiesta en los vestuarios, que solo unos chavales que aún siguen muy próximos en la adolescencia podrían hacer. Da igual que Milla aparezca a veces y les diga que no deberían ponerse a beber cubatas en medio del vestuario, porque a ellos, eso les da igual. En el fondo están mucho más cerca de dejar el fútbol que de dejar de actuar como niños.
El alcohol tiene esos efectos secundarios que consiguen que hasta dos personas que se supone que se odian a muerte, puedan sentarse juntos y hablar. Aunque a veces, esas conversaciones no sean de la manera más pacífica posible.
Sergio solo ha bebido dos vasos de Beefeater limón, pero como hace tanto tiempo que no prueba una gota de alcohol, se le ha subido como si se hubiese tomado una botella entera de ginebra. Ese es el principal motivo por el que, cuando está sentado en el banco del vestuario y Bojan pasa a su lado, empieza a gritarle:
—Eh ¡¡Bojan!! ¡¡Bojan, si tú!! ¡¡¡Sin rencores!!! —Lo dice con esa inconfundible voz que delata a cualquiera que está borracho, y alzando el brazo como si estuviese saludando a Hitler.
El catalán se para al momento, atónito y le mira sorprendido. Sergio se ríe y da otro sorbo al cubata, que hace poco le ha robado a un descuidado David De Gea.
Bojan se acerca hasta él y se sienta a su lado.
—¿Sin rencores? ¿De qué hablas? —Le pregunta el moreno sin entender, y aprovecha que Sergio tenga que concentrarse para asimilar la pregunta y buscar una respuesta, para robarle el cacharro y darle un par de tragos.
—Por dejar que me follaras y no te molestases en llamarme luego —responde Canales, no como si estuviese resentido, solamente como si quisiese aclararle el tema a Bojan con toda la inocencia del mundo.
El moreno alza las cejas, sorprendido.
—No vine aquí para hacer amigos —se limita a contestarle Krkić, restándose culpabilidad en ese asunto.
—¿Fue eso lo que te dijo Piqué cuando te usaba para darle celos a Cesc?
Ese comentario deja a Bojan completamente estático, de piedra. Primero se pregunta cómo sabe o cómo habrá adivinado eso Sergio, y luego le entran ganas de pegarle una hostia.
—Eres un gilipollas de mierda —responde el catalán.
—Bueno, bueno. ¡¡Que se pone gallito ahora el tío!! Pero si no llegas ni a pollo, chaval.
—Te va a caer una somanta de hostias como no te calles ahora mismo, que vas a ver las estrellas, pero desde la Luna.
—Pero que dices, tío, si cuando cagas te clonas.
A veces no hacen falta demasiados insultos para conseguir que se encienda algo dentro de ti y acabes pegándole un puñetazo en la nariz a la persona con la que estás discutiendo. Eso mismo le pasa a Bojan cuando le pega a Canales, que entre el golpe y la borrachera se cae contra el banco, dándose un fuerte golpe en la cabeza.
Sergio tiene que dividir sus manos entre la nariz y la cabeza. Solo es capaz de sentir el dolor de las heridas, que parece que le han quitado la borrachera de golpe.
Se levanta como puede, volviéndose a sentar en el banco, mientras Bojan se marcha de allí en dirección a las duchas.
—Puto maricón sentimental —suelta Sergio limpiándose con la mano la sangre de la nariz y poniendo cara de asco al ver las manchas rojas por su brazo.
—Pues vaya hostia que te acaba de dar —le suelta Esteban Granero entre risas.
Sergio le dedica una mirada hostil y le responde:
—Tu puta madre.
Canales se levanta del todo del banco y avanza con cuidado —ya que a causa del golpe está algo mareado—, hasta las duchas, en busca de Bojan, al que encuentra sentado en una esquina. El rubio decide sentarse a su lado y tarda un rato, de incomodo silencio, en encontrar las palabras adecuadas para disculparse.
—Siento lo que he dicho antes —le suelta, intentando que se note en su voz que está arrepentido, cuando no se le ocurre nada mejor que decir.
Como Bojan no responde, prosigue:
—Siento haberme metido con lo de Piqué. Es un gilipollas, pero eso lo sabemos todos.
Al momento el catalán le responde:
—Yo siento haberte pegado…
—No pasa nada. Reconozco que me lo merecía, no tenía que meterme en tu vida. Y bueno, sé que no somos amigos ni nada, pero que si quieres hablar de eso, puedes contar conmigo.
—Gracias, pero la verdad es que no quiero hablar de ese tema nunca más. A Piqué que le den a tomar por culo.
—Una decisión muy madura. Ya podías haber empezado a tenerlas antes de pegarme. Pero bueno... no digo nada.
—¿Y ahora es cuando te me insinúas y nos liamos?
—Perdona, pero yo no necesito insinuarme. Y el que se está insinuado eres tú —responde Sergio, con la completa creencia de que es él el que lleva razón.
—Si te pones a la defensiva, le quitas todo el morbo al asunto —declara Bojan, que decide cambiar el tema lo suficiente como para no tener que darle o no la razón.
—Pues tú hablando ni te cuento. ¿No te callas nunca?
Bojan se ríe mientras los dos se miran y Sergio se muerde el labio. Como Canales acaba de hacerle esa señal, que por mucho que se suponga que se odian, es incapaz pasar por alto, le clava los labios contra los suyos.
Sergio le devuelve el beso, y al rato le para:
—Pero como no me empieces a llamar, estos polvos exprés en las duchas se van a empezar a acabar.
—Esa es una excusa para que mañana volvamos a follar ¿verdad?
—Queda mejor si no lo explicas.
El catalán vuelve a besarle para subsanar su error. Un beso lleva a otro, hasta que sus lenguas se acostumbran al contacto con la del otro. Sus manos se buscan, mientras sienten que la ropa es un auténtico estorbo. Se olvidan de todo lo demás y se concentran en ese momento, y sobre todo, en el otro. Los dos sienten el incontrolable deseo de que ese momento no encuentre el final, aunque es de esa clase de cosas que jamás se reconocerían. Como nunca se reconocen que le gusta hacerlo con el otro, que si faltan a los entrenamientos se echan de menos, que cuentan los días que faltan hasta la próxima concentración de la selección…
Hagan lo que hagan en los vestuarios, echen los polvos que echen, ellos se odian, y a muerte. Pero quizás sea verdad eso de que el odio es el amor más profundo que existe.
