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Gunners para siempre

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I.

Los gunners están muy emocionados con el comienzo de la gira asiática durante la pretemporada. Quieren demostrar que puede volver a ganar títulos, que pueden volver a ser de los mejores de Europa y del mundo.

La verdad es que están rebosando de alegría. Los nuevos fichajes comienzan a hacerse hueco entre la flor y nata del equipo y reina el buen ambiente general durante el viaje de ida. Los jugadores intentan que todo sea alegría, que todo sea diversión. No quieren pensar en el angustioso tema de Cesc, de su capitán. Ni tampoco sobre la posible marcha de Nasri. Serían dos golpes muy duros no solo para el futuro del equipo, para su juego y para su plantilla, sino también para todos los jugadores. Después de todo son sus compañeros y les tienen mucho aprecio. Y el Arsenal no será el mismo si no hay un Samir Nasri sobando a diestro y siniestro.

A Jack Wilshere le encanta volver a estar con sus compañeros, conocer a los nuevos, compartir anécdotas con todos. Jack es de esa clase de personas a las que les encanta relacionarse con todo su alrededor inmediato. Le encanta hablar y hablar. Reír, escuchar, abrazar, tocar. Jack es de esa clase de personas que no puede estar quieto, que no puede pararse, que necesitar estar todo el rato en movimiento.

Y Jack se pasa los primeros días de la gira asiática pegado a Theo Walcott como si fuera su hermano siamés. Los dos ingleses siempre se han llevado a las mil maravillas porque además de compartir equipo comparten selección, así que pasan mucho tiempo juntos.

Pero no es ni el carácter altamente social de Wilshere ni su trabajada amistad con Theo lo que le lleva a pasar tanto tiempo con él. Es otra cosa. Es algo que cierta persona ha dicho sobre su capitán. Esa clase de cosas a las que uno no le gusta escuchar en boca de su novio sobre su ex pareja. Robin hablando sobre esa conexión que tiene con Cesc, sobre lo que le dolerá su marcha si finalmente abandona el conjunto gunner no son, precisamente, la clase de cosas que al joven Jack Wilshere le guste escuchar.

Porque el hecho de Robin diga esas cosas sobre una persona a la que el inglés sabe perfectamente que ha querido tanto es algo que no puede pasar por alto. Y sobre todas las cosas le jode que le vaya a echar de menos, que lo reconozca ante los medios, teniendo en cuenta todo el daño que le hizo cuando se lió con Gerard Piqué al mismo tiempo que estaba con él. Todo eso le cabrea tanto que incluso se replantea la posibilidad de que si Cesc se marcha Robin lo hará detrás de él. Piensa que, quizás, sigue enamorado de él. Que nunca ha conseguido borrar del todo el aroma que el catalán dejó sobre su piel. Que Jack no ha sido suficiente para borrar ese aroma de la piel del holandés.

Le cabrea una barbaridad. Pero no piensa decirle nada. No quiere preguntarle nada al respecto. De hecho no quiere ni oír hablar del tema. Así que le rehúye como haría el adolescente que en el fondo sigue siendo y ni le habla, ni le mira e intenta no estar cerca de él ya que la carne es débil y el erotismo que arrastra el holandés con él es algo muy difícil de lo que huir.

Por su parte Theo también quiere escapar de su novio. No se debe al tema de que pueda irse —que es solo un añadido a su enfado— sino a que durante sus vacaciones en Francia Samir no le había llamado ni una sola vez. Y eso que el inglés incluso había estado tomando el sol en la Costa Azul para estar cerca de él, con la esperanza de poder verle un poco fuera de los entrenamientos del Arsenal. Pero Samir no hizo nada de eso, le ignoró durante las vacaciones y en el reencuentro cuando fue a besarle, Theo, enfadado, le mandó a la mierda.

De modo que los dos jugadores ingleses se pasan todo el día juntos. De la noche a la mañana. Incluso comparten habitación. Se comportan como lapas, se siguen como lo harían sus sombras. No van juntos al baño porque eso sería ya pasarse.

Junto con ellos suelen estar Carl Jenkinson —uno de los nuevos fichajes, defensa, de la quinta de Jack y de doble nacionalidad: inglesa y finlandesa— y Aaron Ramsey que son compañeros de habitación también.

A Song le gusta bromear diciendo que los cuatro son el club de los yogurines. Cada vez que lo hace Theo le dice que se calle la boca y luego Jack contraataca metiéndose con el dudoso color del pelo de Alex. Siempre consiguen incomodar al jugador que se marcha de su lado fulminándolos con la mirada.

Y siguiendo en la misma situación que durante los primeros días llega la noche en el hotel. Carl y Aaron se cuelan en la habitación de Theo y Jack con una botella de whisky que el galo le ha robado a Arshavin.

—¿Qué haces con eso? —pregunta Theo nada más que ve a Aaron aparecer con la botella en la mano.

—Se lo he robado a mi novio. Vamos a emborracharnos y a hablar de sexo. Quiero hablar de sexo —responde Aaron y se sienta en el suelo de la habitación, sobre la alfombra beige y marrón que hay en todas las habitaciones del hotel.

—Mañana tenemos el primer amistoso, no creo que sea buena idea —le replica el inglés.

—No seas aburrido, inglesito. No me cortes el rollo.

Jack se ríe ante el comentario de su amigo y se sienta a su lado en el suelo. Theo desiste y cede ante la presión de grupo. Los cuatro acaban sentados en corro en el suelo mientras se pasa la botella de whisky y dan el primer trago.

—¿Por qué quieres hablar de sexo? —pregunta Jack con una curiosidad palpable.

—¿Y tú por qué preguntas eso si es de lo único que hablas? —le contesta con otra pregunta Walcott.

—No es verdad —se defiende el rubio.

—Llevo un par de días pegado a tu culo, y solo hablas de eso. De follar, aquí, allá, donde sea.

—Eres un soso, tío, un soso. Por eso hoy he estado más tiempo con Szczesny. Él sí que me entiende.

—No quiero hablar del polaco, quiero hablar de sexo —insiste Aaron dando el segundo sorbo a la botella de whisky y pasándosela a Carl—. Y tú no te cortes, eh novato, que aquí estamos en confianza.

—Demasiada confianza —farfulla Theo poniendo los ojos en blanco.

—Siempre me he preguntado como es Robin en la cama. Tiene pinta de ser el típico súper romántico y pastelero. De los que parece que sufren más que disfrutan —empieza a decir Aaron, como si estuviera compartiendo un pensativo al que le había dado muchas vueltas con el tiempo.

—¿A ti te pareció eso cuando te lo tiraste? —le pregunta Jack, algo incrédulo al escuchar aquello.

—No, bueno, pero es que tú también estabas delante, y claro, y yo no sé cómo es en la más estricta intimidad —se intenta explicar el galo.

—Pues te aseguro de que romántico y pastelero no tiene nada. Es una fiera, muerde y araña —contesta Jack dándose cuenta de que en el cama son polos opuesto, puesto que, aunque no lo admitirá nunca delante de sus amigos ya que tiene una reputación de capullo que mantener, él sí que es un romántico en la cama.

Theo mira a Jack y luego a Aaron una y otra vez, siguiendo su conversación, intentando entender qué es lo que están diciendo.

—Esperad, ¿os habéis acostado? Quiero decir, ¿os habéis montando un trío con mi mejor amigo? —inquiere Walcott sin salir de su asombro.

—Ah, ¿pero no lo sabías? ¿No te lo ha contado Sam? —pregunta Jack notablemente sorprendido.

—¿Sam? ¿Y por qué iba a saberlo Sam si se puede saber?

—Pues porque como es un guarro le pedimos consejo —explica Aaron.

El inglés tarda unos segundos en asumir toda esa información. Vuelve a llegar la botella y le da un largo trago.

—Odio a mi novio —dice, dándosela a Aaron.

—¿Y tú eres activo o pasivo? —le pregunta el galo a Jack.

—Menos contigo soy pasivo con todos. Y con todos me refiero a Robin.

—Esperad, ¿vosotros también os habéis acostado? —pregunta Theo sobresaltado.

—Dos veces —especifica Aaron.

—¿Le has puesto los cuernos a Robin, a mi mejor amigo? ¿PERO A TI QUÉ TE PASA? ¿ES QUE TIENES COMPLEJO DE LOLITA?

—Oye, tío, relájate. Ni que te hubiera puesto los cuernos a ti, coño. Ay que ver cómo te pones.

—Y no te salgas del tema, inglesito, que el novato tiene que enterarse de nuestras movidas sexuales —añade Ramsey—. Te toca a ti contarnos sobre tu amigo el sobador.

Theo suspira.

—Es un cabrón. ¿Os podéis creer que no me llamó ni una sola vez durante las vacaciones? ¡Me había prometido sexo telefónico y nada! Es un cabrón.

—¿Cuántas veces vas a volver a repetir lo de «es un cabrón» hasta que nos cuentes la parte que nos interesa? —insiste el galo.

—¿Quieres que te cuente cómo me follo a mi novio el cabrón? —pregunta Theo para asegurarse.

—Sí.

—Pues yo se la meto a él. Y como se la meto tan bien cuando estamos follando en un hotel de concentración se entera todo el mundo, porque Sam grita de tal manera que me pregunto cómo sobreviven sus cuerdas vocales.

—Doy fe que es verdad —asiente Jack—. Y es súper molesto. Grita como una puta, es horrible. ¿Por qué no le tiras del pelo cuando te lo estás tirando y le dices que se calle la puta boca? A Robin y a mí nos habéis cortado el rollo más de una vez.

—Y te quiero recordar que gracias a los gritos de Sam tú te acercaste más a Robin. Y poco después de eso te liaste con él. Así que dale las gracias al cabrón de mi novio porque ahora tú también tengas uno.

—Mi novio no es un cabrón —le corrige Jack.

—No será un cabrón pero bien que le está lamiendo el culo a su ex novio delante de tus putos ojos —dice Theo, intentando provocarle.

—Es todo propaganda para que la gente diga que es un tío de puta madre y todo eso. Es todo para quedar bien. Si Cesc se va no va a llorar por llevar por fin el brazalete de capitán.

—Eso te gustaría creer —le sigue picando su compañero de selección.

—Aún no has hablado nada sobre ti, Aaron —dice Jack para cambiar rápidamente de tema puesto que se siente muy incómodo hablando del tema de Robin y Cesc.

—Yo siempre soy pasivo, a mi es que lo de tomar la iniciativa como que no se me da bien. Eso sí, yo llevo puestos los pantalones de mi relación —asegura el galo.

—¿Y por qué no estás ahora con Andréi? ¿Es que tenéis problemas? —pregunta Theo poniéndose más serio.

—Creo que las cosas no van bien. Creo que esto no va a ninguna parte. Además, le he puesto los cuernos con Jack y con Robin, y él no sabe nada. Pero lo peor de todo es que estoy convencido de que yo tengo más cuernos que él. Ya sabéis como es.

—¿Y qué tal besa? Porque siempre está diciendo que es muy buen besador y mierdas de esas y yo no me lo creo —pregunta un Jack Wilshere muy curioso.

—Pues Andréi besa muy, muy bien —admite Aaron y pensando en alguno de los besos que ha compartido con el ruso se le dibuja una sonrisa tonta que le dura muy poco—. Pero no me besa mucho. No es de los que besan. Es de los que van a saco. Lo nuestro es solo sexo, es un constante aquí te pillo, aquí te mato. No hay nada más que eso. Y no es que esté mal, pero no sé… no funciona. Pero no quiero hablar de eso. ¿Qué tal besa Sam?

—Pues la verdad es que no muy bien. O sea, es que es un poco baboso. Hay demasiada saliva de por medio. Al principio era peor, aunque luego, te acostumbras, más o menos.

—La verdad es que tiene pinta de baboso —admite Jack asintiendo con la cabeza.

—¿Y Robin? —pregunta Theo.

—Robin besa bien, sí. No es nada espectacular, y no está mal. Hay la saliva justa de por medio. La cosa es que besar no es lo que mejor hace Robin con la lengua, os lo puedo asegurar.

Aaron se empieza a reír dando otro trago de la botella y dándose cuenta de que está muy cerca de acabarse.

—O sea, que el señor Van Persie hace unas mamadas legendarias.

—Mucho más que eso. Pero no pienso compartir eso contigo ni aunque hagamos otro trío.

—Eso es muy egoísta por tu parte, tío —se ofende el galo y entonces mira al chico nuevo—. ¿Y tú qué tal besas, novato?

Carl se encoje de hombros y contesta:

—Normal, supongo.

—Vamos a comprobarlo entonces.

Y antes de que el chico nuevo entienda lo que el galo quiere decir con esas palabras, Aaron se abalanza contra él, agarrándole por la nuca y besándole con fuerza, con mucha intensidad. Como si hiciese mucho tiempo que no besa a nadie y no pudiese aguantar las ganas de hacerlo. Porque no puede.

Jack y Theo se miran primero sorprendidos y luego comienzan a reírse mientras observan cómo Aaron se pega contra Carl, como le agarra con tanta fuerza el pelo de la nuca que parece que va a arrancárselo de cuajo. Como le besa sin descanso ni tregua y parece que se le van a secar y a fundir los labios. Les miran divertidos hasta que pasan varios minutos y siguen fundidos en ese beso sin final.

—¡Eh, eh, eh! ¡QUIETO TODO EL MUNDO! —exclama Jack levantándose del suelo.

Pero ni Carl ni Aaron les hacen caso. Siguen a lo suyo. Y no se separan hasta que Theo se mete de por medio y los empuja para conseguir que vuelvan a ser dos personas y no solo una.

—Sabía que esto iba a pasar, lo sabía —dice Theo.

—¿Por qué? Y por cierto, el novato besa bien —responde Aaron.

—Porque llevas todo el viaje follándotelo tanto con la mirada que parece que te dan orgasmos espontáneos —contesta Jack.

—Lo que os pasa es que os corroe la envidia. Eso es una bobada.

Theo niega con la cabeza e ignora a Aaron que está un poco borracho.

—Mirad, no podemos seguir así. Ahora no es buen momento pero mañana por la mañana deberíamos hablar todos con nuestros novios y sincerarnos —dice Theo—. Tú —mira a Jack— deberías contarle a Robin que te has follado a otro y que las has cagado.

—No pienso contarle eso. No pienso arreglar las cosas con él ahora —niega Jack con la cabeza.

—¿Sabes lo que te pasa Jack? ¿Sabes por qué últimamente te acercas a todo el mundo menos a Robin? No es por lo de Cesc, no es por lo que haya podido decir Robin sobre él, sobre lo que tuvieron en su día. Lo que te pasa es que estás cagado de miedo porque te estás pillando como nunca por él. Porque nunca has querido tanto a nadie como le quieres a él y te estás asustando. Te estás alejando a propósito. Piensas que es mejor hacer el papel de cabrón y cagarla que arriesgarte y seguir con él por si vuelve a pasar algo con Cesc. ¿Te acuerdas lo mal que lo pasó cuando se enteró de que Cesc estaba con otro también? Si le haces pasar por eso te juro que te patearé a hostias hasta que tu caro de niño bueno que se restriega hasta contra el césped quede completamente irreconocible.

—Pero si eres tú el que le dice que le diga lo de Aaron. Eso le matará, es como lo de Cesc.

—No, no es como lo de Cesc. Porque Cesc no estaba enamorado de él, porque Cesc le engañó durante mucho más tiempo, porque no se enteró por Cesc. Si se lo cuentas tú, entonces, quizás, haya alguna posibilidad de que salves lo que tienes con él. Si se entera por otra persona, y sabes perfectamente que tarde o temprano se sabrá, le perderás para siempre. Y aunque te empeñes en huir de él sabes que si eso pasa serás tú el que acabe destrozado. El que acabe como estuvo Robin antes de que entraras en su vida.

Jack suspira y se queda pensativo. Sabe que Theo tiene razón pero tiene miedo de hacerlo. Tiene miedo de muchas cosas.

—Y tú, Aaron, deberías acabar con Andrèi de una vez y dejar de engañarte porque está claro que no es con él con quien quieres estar ahora —sigue diciendo el inglés que primero mira al galo y luego posa sus ojos sobre Jenkinson.

—¿Y tú no deberías arreglar las cosas con tu novio cabrón? —pregunta Aaron.

—Sí —suspira Theo—. Eso haré.

—Ah, tío, se van a cabrear un montón con nosotros —dice Ramsey.

—No tienen porqué —contesta Carl.

—¿Qué dices, novato? Cuando le cuente a mi novio que me he tirado a otro se va a cabrear mucho, eso está claro —responde Jack.

—Hay una táctica que nunca falla para conseguir solventar una situación así —asegura el defensa.

—Habla, novato. Ya.

—La última taza de té. No sé porqué funciona pero si le echas la culpa y le montas un numerito porque se haya tomado la última taza de té se te acaba echando encima y terminas echando un kiki.

—¿Qué dice éste? ¿Es que acaso se te ha subido el whisky a la cabeza? —inquiere Theo mirando al nuevo como si estuviera completamente loco.

—Siempre funciona. Siempre. En serio, hacedme caso —asegura Carl asintiendo con la cabeza.

—Anda, novato, será mejor que nos vayamos a la cama que está claro que no te vamos a volver a dejar beber nunca —dice Aaron cogiéndole del brazo y sacándolo fuera de la habitación.

II.

A la mañana siguiente, poco después de levantarse, vestirse y desayunar, Jack se dirige a la habitación que Robin comparte con Vermaelen en el hotel de concentración. Principalmente porque Theo le ha dicho que como no arregle las cosas con el holandés de una vez no le volverá a dejar entrar. Y también le ha dicho que si no va a hablar con él quemará el pequeño peluche de la suerte que tiene el rubio escondido entre las viejas camisetas del Arsenal que usa para dormir.

Así que Jack se ha visto de repente empujado hacia la puerta de la habitación delante de la cual está plantado. E intentando no pensar demasiado, pica a la puerta y traga saliva, preparado para lo peor.

La puerta no tarda en abrirse y es Robin quien lo hace. Le mira decepcionado y dice:

—Ah, eres tú.

Robin le deja la puerta abierta y vuelve dentro de la habitación como si no tuviera intención de hablar con él. Jack ve entonces a Thomas que parece desearle suerte con la mirada cuando le dice:

—Os dejo solos.

Y dicho aquello sale de la habitación y cierra la puerta. Jack se acerca hasta el holandés que está sentado sobre una de las camas. El inglés decide sentarse a su lado, y con calma, con mucha dificultad, empieza a hablar:

—Tenemos que hablar —el tono del joven inglés es sereno pero muy serio.

—Así que ahora quieres hablar. Menuda novedad —suelta Robin que no intenta ocultar su enfado.

—He hecho algo que está mal, Robin. No creo que puedas perdonarme pero sé que lo mejor que puedo hacer es decírtelo. No me lo quiero callar más y sé que me vas a odiar por esto. Sé que la he cagado, que decir lo siento no va a ser suficiente, que me he estado comportando como un niño gilipollas e inmaduro estos últimos días y que tú no te mereces nada de eso. Tú nunca te mereces nada malo pero siempre terminas rodeándote de personas que te lo hacen pasar mal cuando tú deberías tener todo lo bueno que haya en este mundo.

Robin alza la mirada para buscar los ojos llenos de culpa de Jack.

—¿Qué cojones has hecho? —pregunta preocupado. Y se nota que lo está porque el holandés no suele decir nunca palabrotas salvo cuando se enfada o cuando se le van los nervios y la cordura.

—Me he acostado con otra persona. Fueron dos veces. Y me gustó aunque te prefiero a ti. Siempre te prefiero a ti.

Robin se queda blanco como la nieve que cubre Londres en invierno. Desde luego aquello no era ni de lejos lo que esperaba escuchar de boca de su novio. No puede evitar acordarse del tema de Cesc, de todas las similitudes que su vida pasada parece tener con la presente.

—¿Quién ha sido? —pregunta Robin y su tono de voz no parece el de una persona enfadada así que Jack no sabe como tomárselo.

—¿De verdad quieres saberlo? No creo que sea buena idea.

—Sí le conozco quiero saber quién ha sido. Y si no sé quién es lo averiguaré.

Jack resopla y finalmente responde:

—Ha sido Aaron.

—¿Qué Aaron?

—Aaron James Ramsey. Nuestro centrocampista que lleva el dorsal 16 y que es galo. Ese Aaron.

—¿Por eso quisiste que el del trío fuera él? ¿Toda la movida del trío era por él?

—No, no. Eso no tiene nada que ver con él.

—¿Te lo follaste antes o después del trío?

—Antes… y después.

—¿Y por qué me lo cuentas? ¿Por qué este brote de sinceridad? ¿Acaso es que quieres romper y has pensado que sería más fácil si yo te mando a la mierda?

—No, Robin. No es nada de eso. Sencillamente es que no quiero volver a cometer los errores que Cesc cometió contigo. Pero yo no estoy enamorado de Aaron como Cesc lo estaba de Piqué. Yo te quiero a ti. Y me he asustado mucho últimamente porque siento que estoy desarrollando una especie de dependencia contigo que no es sana, que no me va a llevar por el buen camino. Simplemente me asusté. Me asusté como cuando me besaste por primera vez en la final de la Carling. Me asusté como lo habría hecho un niño. No quería ser la persona en la que me estoy convirtiendo. No quería ser de los que se enamoran, de los que tienen algo tan serio, algo tan profundo. Y ahora lo he jodido todo —dice Jack.

—No esperaba que tú pudieras hacer algo así, la verdad Jack. Me has impresionado, tengo que decírtelo. No creía que tú fueras a ser el que me hiciera daño.

—Me equivoqué —se defiende inglés.

—Como yo al enamorarme de ti.

Esas palabras son la cosa más cruel que el holandés le ha dicho nunca a Jack. Y escuchar esas palabras duele, verle alejándose aún teniéndole al lado le mata.

—¿Por qué te has tomado al última taza de té? —titubea Jack sin saber muy bien qué narices está haciendo.

—¿Qué?

—Me has escuchado perfectamente —continúa el inglés, alzando cada vez más la voz hasta terminar gritando, y levantándose de la cama para encarar a Robin—. ¿Por qué cojones te has tomado al puta última taza de té? ¿En qué mierdas estabas pensado? ¿Por qué lo has hecho?

Y Jack sigue y sigue gritando cosas sobre la última taza de té sin que Robin sea capaz de entender nada. Jack grita y grita y todo lo que Robin quiere es que deje de gritar. Así que posa sus manos sobre la cara del inglés y le besa.

Le besa una vez y Jack deja de gritar, deja de hablar, solo puede mirar a los ojos al holandés. Entonces es él quien le besa y los dos se olvidan de lo que ha pasado, de la discusión. Se dejan llevar por lo que siempre sienten cuando se besan de esa manera. Cuando se quitan la ropa con toda la rapidez que sus manos les permiten. Cuando se acarician, cuando se tocan, cuando se muerden y cuando se sienten de esa manera que es la que les hace entender que lo que tienen estando juntos es algo que nunca antes en su vida habían experimentado.

Lo hacen y acaban tirados sobre la cama de Vermaelen mirando al techo. Confundidos por el último giro de los acontecimientos. Son víctimas de sus propios sentimientos, de sus propios deseos y de sus ansias.

—¿Lo hemos arreglado? —se atreve a preguntar Jack.

—No. Me has engañado con otro. No puede arreglarse así de fácil. No puede ser tan fácil como echar un polvo y que todo vuelva a ser de color de rosa. Aunque te dijera que está arreglado en realidad no lo estaría.

—Ya. Entiendo.

—Vas a tener que currártelo para que esto se arregle. Vas a tener que demostrarme que no eres un Cesc de la vida.

Jack asiente.

—Eso no puede ser muy difícil.

—Eso ya lo veremos —le contesta Robin dándole una palmada en el hombro y levantándose, desnudo, de la cama.

Jack se reincorpora en la cama y le grita a Robin para que éste le pueda escuchar desde el baño de la habitación:

—¿Y qué vas a hacer ahora?

—Quizás busca a alguien con quién ponerte los cuernos —contesta Robin asomando la cabeza para mirar a Jack con una sonrisa divertida dibujada en la cara.

III.

Después de que Jack salga de su habitación para ir a arreglar las cosas con Robin, Theo hace otro tanto de lo mismo con Sam. Va hasta su habitación y pica varias veces con fuerza hasta que su novio cabrón le abre la puerta y aparece detrás de ésta.

—Hola, mariquita —le saluda.

—¿Ya no estás enfadado?

—Un poco. Deberías haberme llamado. Y no lo hiciste. Y eso está mal, muy mal cuando se trata de tu maldito novio al que deberías llamar y no dejar descolgado de tu voz, y del sexo, de esa manera tan sumamente cruel. Criminalmente cruel.

—Te llamé —se defiende Samir—. Te llamé varias veces, guapito de cara. ¿Pero sabes qué pasa? Que si tienes el puto móvil apagado es imposible que hable contigo, maldito subnormal.

—¿Qué?

—¡¡Sí!! He mantenido unas conversaciones de lo más interesantes con una peculiar voz femenina que dice siempre algo así como: «El móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura». «El móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura». ¡¡Y todo el puto rato igual!!

—Ah, no lo sabía.

—¡JA! Y encima eso no es lo mejor, no, no. Lo mejor de todo es que encima te cabreas conmigo por no haberte llamado cuando si lo hice, y te vuelves loco, y me mandas a la mierda, y te juntas con Jack. Le sobas el pelo a Aaron. Y TODOS TAN CONTENTOS. Pero claro, la culpa para Samir, porque claro, es Samir y como es siempre un gilipollas que está bromeando siempre tiene que tener la puta culpa. Pues esta vez la culpa es tuya, guapito de cara. Tu puta culpa.

Samir comienza a hablar en un estado que ronda la serenidad pero a medida que avanzan sus palabras se altera, empieza a gritar, enfadado, furioso, muy cabreado.

Theo no sabe cómo reaccionar ante la furia contenida de su novio. Lo cierto es que fuera de campo nunca le había visto de esa manera. Ni perdiendo a la PlayStation contra Szczesny se cabrea tanto. Ni siquiera cuando Jack y Aaron le gastan una broma en los vestuarios se pone de esa manera —y eso que los dos chicos suelen ser unos capullos en potencia cuando se trata de hacer novatadas.

Así que sin pensárselo dos veces Theo adopta la estrategia del novato de «la última taza de té» y se pone a gritar como un completo loco. Sus gritos en comparación con los que pega Samir en la cama no son nada pero se deja escuchar.

Samir se cabrea porque le esté gritando cuando es él el que tiene la culpa de la discusión que están teniendo. Y le cabrea aún más que le esté gritando cosas sin sentido cuando sabe perfectamente que él odia el maldito té inglés.

—¡¡CÁLLATE DE UNA VEZ!!

Y Theo le hace caso y se calla, deja de desvariar sobre tazas de té. Mira a Samir que respira tranquilo porque vuelve a reinar la calma en la habitación. Le mira y decide besarle porque hace demasiado tiempo que no prueba esos labios, esos que son suyos y de nadie más.

Ninguno de los dos entiende como han podido pasar de gritarse cosas sobre tazas de té a besarse como locos, como si fueran monos en celo, pero el caso es que nada de eso les preocupa. Nada de eso les parece realmente trascendental cuando se están besando, porque cuando están juntos lo demás dejar de importar.

IV.

Aaron vuelve a la habitación que comparte con Carl Jenkinson después de haber tenido su conversación con Andréi Arshavin, el rubio ruso con cara de niño pequeño. Le ha costado hacerle caso a Theo pero con su arranque de terapia sentimental le pareció mala idea no hacerlo. Temía que le pegase si no le hacía caso tal y como él le había mandado la noche anterior.

Cuando aparece por la puerta de la habitación parece abatido, cansado, dolido. Se sienta en la cama y nada más que Carl le ve de esa manera se acerca a él y se sienta a su lado sobre la cama.

—¿Qué tal ha ido? —le pregunta el chico nuevo con la esperanza de que hayan tenido una ruptura pacífica, de que las cosas hayan salido de la mejor manera posible.

—Bien… Creo, supongo. No, no lo sé, en realidad. No lo sé —contesta Aaron y niega con la cabeza cerrando los ojos.

No creía que le fuera afectar y confundir tanto tener esa charla con el ruso pero no puede negar que así ha sido. Que le ha dejado bastante tocado. Mucho más de lo que le habría gustado.

—¿Qué le has dicho? —sigue Carl con su interrogatorio.

Aaron suelta un profundo suspiro antes de contestar a esa pregunta:

—Le he dicho que no tenía sentido decir que éramos novios, que éramos pareja, que estábamos juntos o lo que fuera cuando en realidad los dos nos estábamos acostando con otras personas. Eso no tenía sentido, era una tontería, como estar un callejón sin salida o algo así, no lo sé. Él estuvo de acuerdo. La verdad es que no pareció importarle si quiera, pareció feliz. Casi aliviado.

—¿Y a ti… a ti te importa? ¿Tú estás bien?

—Sí, sí estoy bien. Bueno, no lo sé, en realidad. De hecho no estoy bien. Claro que no estoy bien —contesta Aaron y empiezan a brotar lágrimas de sus ojos—. ¿Cómo voy a estar bien?

Carl aprieta los labios y le mira con tristeza. No esperaba verle así y no sabe muy bien si puede decir algo que para animarle puesto que no se conocen apenas. Apenas han intercambiado unas pocas palabras. Ni siquiera sabe como terminó compartiendo habitación con él —aunque está seguro de que Jack Wilshere tuvo algo que ver con eso. Se siente algo incómodo e inútil. Y suelta la primera tontería que cruza su cabeza en ese momento.

—¿Por qué te has tomado la última taza de té?

Aaron suelta una carcajada.

—¿En serio eso funciona? Es imposible que eso funcione —declara el galo negando de nuevo con la cabeza.

—Claro que funciona —asiente Carl—. Dos de cada tres veces. Pero funciona. Los números no mienten y las estadísticas son buenas.

El galo vuelve a reírse y el chico nuevo le abraza y le consuela hasta que a Aaron no le quedan más lágrimas que verter. Hasta que parece que todo vuelve a estar bien, que todo ha vuelto por fin a la normalidad.