Work Text:
Domingo. Cuatro de la tarde. Emirates Stadium.
Último partido de la temporada para los gunners en su casa, en su hogar, en ese refugio para los más de sesenta mil aficionados que les apoyan ganen o pierdan, desde el principio hasta el final, pase lo que pase y en las circunstancias que sean.
Theo está preocupado. No por el partido en sí, no por despedirse de su afición hasta agosto, sino porque el verano está a la vuelta de la esquina. Porque durante sus vacaciones toda esa familia que conforman los gunners se disociará casi totalmente.
Es consciente de que Samir se irá a Francia. Sabe que pedirle que se quede en Inglaterra por él sería una crueldad y tampoco sería justo para el francés, porque bien sabe Theo lo mucho que echa de menos estar en su tierra, ver a su familia al completo y desprenderse de la constante lluvia londinense.
Eso hace que el miedo del inglés pase de echarle demasiado de menos en verano al de que se canse definitivamente de estar en el Arsenal sin seguir ganando ninguna competición, teniendo que mantenerse alejado de todo lo que ha dejado atrás en Francia, y teniendo que soportar estar en una ciudad que por mucho que quiera no podrá considerar nunca como su hogar.
El inglés consigue apartar todos esos pensamientos de su cabeza y se centra completamente en el partido desde el mismo momento en el que pisa el césped del Emirates por última vez.
Cómo va a echar de menos las tardes de fútbol.
El resultado del partido no consigue animar a Theo precisamente. Quería despedirse a lo grande de su afición y en cambio les han regalado otra derrota contra un equipo al que debería haber podido ganar si demasiadas dificultades.
Psicológicamente el Arsenal está destruido. Y eso es algo que se nota demasiado en los vestuarios. Nada más que el inglés entra en ellos tras aplaudir a su afición se da cuenta de ello.
Ve a Samir sentado sobre uno de los bancos. Esa sonrisa mordaz suya hace demasiado tiempo que no sale a colación.
Theo decide acercarse hasta él y sentarse a su lado sin decir ni una palabra. En realidad supone que entre ellos las palabras siempre han sobrado. Siempre se han sabido comunicar mejor con una simple mirada o un gesto que de cualquier otra manera. Quizás por eso se entienden tan bien en el campo.
Le abraza con fuerza, reposando su cabeza contra el cuello del francés, respirando de nuevo esa fragancia que siempre acompaña a Sami, que tan bien conoce y que tanto le gusta. Bueno, ya no es cuestión de gustar, es que le cautiva completamente. Como hace el francés cada vez que le da un beso en el cuello acompañando un abrazo, como ahora.
Y como ocurre siempre con el francés, Theo se encuentra intoxicado por su aroma, perdido sin palabras, queriendo más de él.
—No quiero que te vayas —le confiesa el inglés, sin separarse ni un milímetro del cuerpo de Sam que tan bien conoce—. No quiero dormir solo por las noches.
—¿Sigues teniendo miedo a la oscuridad, guapito de cara? —contesta Sam, sonriendo y separándose de Theo para mirarle a los ojos—. No te preocupes, no será tanto tiempo. Ni te dará tiempo a echarme de menos. Y Jackie cuidará de ti entre tanto.
La expresión que inunda la cara de Theo le deja claro al francés que no le parece suficiente consuelo pasarse los días de verano acompañado de su compañero de equipo y selección.
—Vamos, no pongas esa cara, que te llamaré todos los días. Y habrá sexo telefónico ¿eh?
Theo esboza una pequeña sonrisa. Samir le agarra por el cuello y le atrae contra él para darle un beso en los labios. No un beso cualquiera, sino uno que sabe a despedida, a adiós. Pero que al mismo tiempo sabe a la esperanza de que la separación fortalecerá aún más una relación que parece que nunca tendrá final.
Y si a Theo le encanta como huele el francés, también le pierde loco el sabor de su boca. En realidad, el inglés comienza a darse cuenta de que todo lo que le gusta tanto de Sami es únicamente porque son pequeños detalles característicos de él. Y todo lo que sea seña de identidad de Samir Nasri es algo que le encanta.
Samir se despega de la boca de Theo aunque éste último no quiere. Sabe que el final de ese beso significa el adiós y que tardará varios meses en volver a verle.
—Lo sabes ¿no? —preguntó Samir.
—¿El qué?
—Que yo también te quiero muchísimo y que te voy a echar una bestialidad de menos.
Theo asiente y aunque sigue estando triste ya no duele saber que se va a ir.
La búsqueda ha terminado. Sabe que la ha encontrado ya. A esa persona especial que es diferente a todas las demás que conoce y que significa todo para él. De la que dependen su alegría y su tristeza, sus sonrisas y sus lágrimas.
Y tenía que ser él, por supuesto.
