Chapter 1: Paz
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Paz en los ojos de Castiel, cuando salía de debajo de las sábanas, con el cabello enmarañado y las mejillas enrojecidas.
Dean podía ver la paz tal y como la definían esos libros aburridos de filosofía que Sammy solía leer (una tranquilidad absoluta) cuando Castiel sonreía, dejando ver casi todos aquellos dientes blanquísimos, con el incisivo derecho un poco desviado. Castiel sonreía muy poco, pero cuando lo hacía, parecía imposible que dejara de sonreír, incluso cuando Dean se inclinaba hacia adelante y posaba sus labios en los de él, aún podía sentir como éstos se curvaban en una mueca de felicidad.
Chapter 2: Dolor
Summary:
Dean era el dolor de una herida nueva, siempre quemante, latiente y sangrante.
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Castiel era un dolor viejo, melancólico y pesado, contrario a Dean, que era el dolor de una herida nueva, siempre quemante, latiente y sangrante.
Dean era de los que se quejaban, gruñían, hacían muecas. Castiel era de los que callaban y aceptaban el dolor casi como algo complementario a la existencia. Nunca una queja por el dolor salió de los labios del ángel: no cuando era herido, no cuando Dean le enterraba las uñas hasta sangrar. Castiel parecía aceptar el dolor pues quizá para él, sentir, aunque fuera dolor, era mejor que no sentir nada en absoluto.
A pesar de todo, Dean capturaba a veces el dolor no dicho, escapando entre los ojos azules de Castiel como un par de tormentas que no pueden retenerse más.
Chapter 3: Vida
Summary:
Porque Castiel no se sentía vivo cuando Dean no estaba ahí.
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La vida de Castiel era muy diferente a cualquiera que Dean pudiera siquiera imaginar. Era un peso demasiado grande, pero también bueno y agradable. Era eternidad, con todos sus altos y sus bajos. Más bajos que altos.
La vida de Castiel se manifestaba con más vida cuando veía a Dean, solo, sin Sam, en una de ésas habitaciones de motel baratas, y se armaba de valor para aprisionarlo contra la pared, comiéndole los labios y el cuello, haciéndolo explotar en gemidos de placer.
Porque Castiel no se sentía vivo cuando Dean no estaba ahí.
Chapter 4: Muerte
Summary:
Un ser inmortal, que tiene toda la razón de temer a la muerte pues no es parte de su ciclo.
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Como cazador, Dean había podido ver muerte tras muerte. De humanos, de fantasmas, vampiros, hombres lobo, incluso un fénix... pero no fue hasta que vio la muerte reflejada en las pupilas del ángel que la comprendió del todo.
Comprendió por fin, en las diversas tonalidades de azul, en los diversos tonos de melancolía, nostalgia, horror y pesar, que la muerte cerraba un ciclo. Que si le temes, ya has hecho por ella la mitad del trabajo. Irónicamente, no hubo nadie mejor para expresarle esto que un ser inmortal, que tiene toda la razón de temer a la muerte pues no es parte de su ciclo, pero que no obstante, se mantiene firme ante ella.
Chapter 5: Miedo
Summary:
[A Dean] Su padre le decía a menudo que no era valiente quien no tenía miedo, sino quien a pesar de tener miedo, hacía lo correcto.
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Era difícil saber cuando Dean tenía miedo. Lo cierto es que tenía miedo todo el tiempo, parte de su valor residía en su capacidad para ocultarlo. Su padre le decía a menudo que no era valiente quien no tenía miedo, sino quien a pesar de tener miedo, hacía lo correcto. A Cas nadie le dijo esto. No hacía falta, Cas hacía lo correcto de uno u otro modo.
El miedo de Cas, el que Dean siempre podía ver, lo hacía reír. Era un miedo insensato hacia las cosas más comunes, como la vez que quiso hacer de buen samaritano y lo llevo a una casa de mala nota. Cas tenía miedo del mundo entero, pero parecía vencerlo para no alarmar a Dean.
La verdad es que los miedos de Castiel eran siempre más justificados que los de Dean, aunque éste hiciera a un lado como si el ángel fuera en realidad un niño que cree haber visto monstruos en el armario.
Ah, pero Dean, los monstruos en el armario son reales y eso deberías saberlo, tú más que nadie.
Chapter 6: Fe
Summary:
Castiel los llamaba “saltos de fe”. Dean pensaba que eran estúpidos. Dean era un estúpido.
Notes:
Siento haber tardado tanto en subirlo pero no acababa por convencerme y la verdad, creo que cambié el final unas cinco veces :/ En fin, lo importante es que ahora está bien y por fin, está terminado.
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Castiel los llamaba “saltos de fe”. Dean pensaba que eran estúpidos. Dean era un estúpido.
El aire olió a cuero quemado y hubo un siseo de donde el fuego sagrado le chamuscó el cabello a Dean. No sabía si el Castiel que estaba ahí atrapado era su Cas, pero valía la pena intentarlo. Por algo los llamaban saltos de fe.
— ¡Dean! ¡Para! —gritó Bobby.
Era muy tarde. Todo lo que Dean quería era abrazar a Cas de nuevo, sentir su olor colarse por todo dentro de él. Si ése sería su fin, que así fuera.
— Cas. —dijo, en voz muy bajita, ignorando a Bobby y a Sam, que ya corrían hacia donde él estaba, sin saber bien si debían rehacer el círculo de fuego o simplemente darse por vencidos.
— Dean. —respondió el ángel a su vez, apartándose medio paso y apoyando sus largos dedos en la barbilla del cazador.
Sam y Bobby se detuvieron en seco, el primero con la vasija de aceite en la mano. Temían que le hiciera algo, pero Dean estaba seguro que no lo haría, si había algo en lo que era capaz de creer era en él (en ellos dos). Castiel alzó el rostro de Dean hasta tenerlo a su altura. A Dean le pareció que lo miraba una eternidad, quería memorizar sus rasgos completos, quería tatuarlos en su retina, impregnarlos en su alma tan hondo que nadie pudiera robárselos nunca. Castiel le sonrió. Y ahí estaban, una emoción en cada tono de azul.
— Dean. —dijo de nuevo, apoyando apenas sus labios sobre los de él.
Al separarse, Dean ya sabía lo que pasaría, pero era como si alguien hubiera puesto pausa al mundo. Castiel sólo tuvo que dar un paso atrás, salir por la brecha en el anillo de fuego que había formado al rodear a Dean mientras lo besaba. Una última mirada hacia atrás.
Azul eléctrico. Dolor. Azul plata. Tristeza. Azul turquesa. Nostalgia. Azul celeste. Arrepentimiento.
— ¡No! —gritó Dean, extendiendo las manos hacia adelante, intentando asir a Castiel de la gabardina, pero su mano sólo se cerró contra el aire, Castiel se había desaparecido. Dean era un estúpido.
Ni Sam ni Bobby se movieron de donde se habían quedado. Dean se tumbó al piso, el fuego se apagaba ya, pero las brasas se le enterraban en las rodillas y las manos. Al cerrar los ojos, descubrió que memorizar el azul de los ojos de Castiel le había sido negado.
— Estúpido, estúpido... —se repitió una y otra vez, estampando los puños en el piso mientras gruesas lágrimas de decepción le corrían por el rostro.
Castiel le había dado toda la fe, se había convertido en pocos minutos, si no es que desde el primer segundo, en su dios personal, en su mundo. Jamás entendió porqué la insistencia de ser el dios de todo el mundo. Aunque muy hondo dentro de sí, se le clavaba la verdad, como las brasas en sus manos: quizá después de todo, al igual que en todo, Dean amaba con más intensidad que con la que era amado.
