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CHILDHOOD BLUE

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Morir no es difícil.

No significa que no sea doloroso, porque en medio de una batalla sólo hay gritos, cuerpos que caen, y un olor a tierra y cadáver que resulta sofocante. Pero apenas todo se desvanece y no queda nada más que un fuerte desasosiego, morir es sencillo. Tan fácil como cerrar los ojos y dormir luego de un día particularmente agotador. El problema quizás, es revivir.

Francamente, es más fácil quedarse muerto. En especial si tienes tantas heridas que el mundo termina reducido a murmullos, sombras y un fuerte olor a medicina. Entre el delirio y la fiebre, casi se podía ver a la vida y a la muerte jugando cartas para determinar quién ganaba y se lo llevaba.

Fili no podía creer que estuviera vivo, aunque quizás parte de su aturdimiento era por toda la medicina que Oin le ha estado suministrando. Admitía que se encontraba mucho mejor, apenas tenía vendas alrededor del torso, la mano izquierda y la pierna derecha; pero si hacia el movimiento equivocado, no iba a resultar la experiencia más agradable del mundo.

Por fortuna, la ropa cubre esa gama de verdes y violetas que marcan su piel. Aunque era un pensamiento que cada día perdía importancia. Quizás, porque no había nada que pudiera hacer para acelerar el proceso de sanación. Sólo era cuestión de esperar.

—Nh —suspiró.

Como si intentara convencerse que estaba bien distraerse, vio con disimulo a la persona que estaba a su lado y que últimamente parecía evitarlo. Debió verlo durante dos míseros segundos, porque haciendo acopio de toda su entereza, se obligó a mirar al frente y no a Kili. Debía concentrarse en no parecer tan mortalmente aburrido por estar en una reunión con los elfos a esa hora de la mañana, por el bien de su alianza y de los suministros que todavía necesitaban.

Sin embargo Kili no era su único problema, en realidad también le picaban las heridas.

Tenía hambre.

Ni siquiera había salido el sol.

¿Cuánto tiempo había pasado?

—Hn.

Sus pensamientos cesaron cuando el arquero bostezó disimuladamente, por ello tuvo que darle un suave empujoncito para que prestara atención. El menor asintió e intentó enfocarse, aunque era obvio que estaba cansado.

En cuestiones de heridas, Kili se encontraba mejor. Y aun cuando nunca lo había rechazado abiertamente desde la Batalla de los Cinco Ejércitos, había algo que no cuadraba. Era un detalle que no veía ni entendía, pero que sabía que estaba ahí y que de alguna manera lo estaba enloqueciendo.

Con un suspiro, Fili vio a su tío.

Thorin era el peor de los tres. Pero no le tembló ni una pestaña mientras habló con el Rey Elfo.

—Antes de terminar, me gustaría discutir una última cosa, si me lo permite —dijo Thranduil— .En privado.

—Por supuesto —respondió Thorin con fría desenvoltura. Una mirada a su consejo dio por terminada la reunión.

Amabilidad marca Durin, seis de diez Enanos no la recomiendan.

Incluso Kili apretó los labios, cuando una sonrisa amenazó con curvar sus labios. Habían pasado las últimas dos horas discutiendo posibles acuerdos y tratados aburridos; una rutina que se repetía desde que el Rey Bajo la Montaña pudo pararse de la cama.

Con el consejo afuera, los herederos al trono y Balin hicieron el intento de irse hasta que una mirada inmortal les indicó que podían quedarse. Al igual que Legolas y Tauriel, que permanecieron junto a su rey.

—Nuestra alianza se formó cuando reconociste que la piedra del Arca es un derecho de mi pueblo.

…la rutina se fue por la borda, una vez todos en la habitación se tensaron. Tacto marca Elfo, 1 de cada 10 Enanos no la recomienda (y eso dice mucho, considerando que son una raza tosca por naturaleza). Obviamente, la estoica apariencia de Thorin no se rompió, únicamente logró que un brillo fiero destellara en sus ojos.

Si hubiera intentado recuperar la piedra del Arca, la historia hubiera cambiado. Entre los Enanos hay opiniones encontradas respecto a su decisión, no sólo su reinado estaba siendo cuestionado (ya que la familia real parecía maldita con la fiebre del oro), sino que además formaron alianzas con alguien que los había traicionado en el pasado. La única razón por la que no había un motín, es porque los Elfos y los Hombres están ayudando a reconstruir Erebor.

—Si —dijo Thorin con cuidado de no sonar demasiado agresivo, porque no sabía a donde quería llegar.

—He pensado mucho en eso (desde el inicio de nuestra alianza), y he decidido que no es adecuado que no responda de la misma manera —comentó Thranduil con una penetrante mirada que de repente se trasformó en algo intenso, como si de repente pudiera ver dentro de su alma— .Entonces… ¿Qué quieres?

—¿Qué?

—¿Qué quieres? —repitió el Elfo al hacer un gesto desdeñoso con la mano— .Te daré lo que quieras para que nuestra alianza sea un trato justo. Tú me diste algo, es lógico que haga lo mismo.

Más bien sonaba como una prueba, incluso algunos lo miraron de reojo, conscientes de lo que esto significaba. Porque Thorin Escudo de Roble, hijo de Thrain, hijo de Thor y Rey bajo la montaña, podía recuperar su piedra del Arca. Lo que era derecho de los Enanos y mostraba que la línea de Durin estaba destinada a gobernar por derecho divino.

La idea rondo por su cabeza, casi se podían ver los engranajes haciendo "click" para formar algo grande, ambicioso, oscuro: La enfermedad del oro.

Thranduil no iba a someter a su pueblo a una alianza con seres arrogantes y egoístas, aunque era cruel que pusiera a prueba su resistencia cuando hace no más de tres días se recuperó. Pero era un pensamiento irrelevante, porque el Elfo enarcó una ceja ante la mirada oscurecida.

—Nh…es muy gentil de su parte —empezó el Enano con la mandíbula apretada.

El tono condescendiente albergaba un insulto entre líneas. El bastardo lo estaba examinando, por fortuna el deseo de llevarle la contraria era mucho más fuerte. Thorin era lo suficientemente terco, como para poner su orgullo por encima de la enfermedad del oro.

—Pero me gustaría usar esta oportunidad para que mi sobrino Fili, mi heredero, aprenda sobre la relación con nuestros aliados. Después de todo, será él con quien hable cuando yo ya no este.

¿Perdón?

Fili luchó por no parecer muy sorprendido, pues aun cuando se esperaba que empezara a participar activamente en cuestiones de política, esto de alguna manera sonó como un truco sucio para salir del problema.

Claro que había que darle crédito a su tío; la respuesta funcionó. Era un movimiento sabio alejarse de la tentación. Incluso Thranduil se mostró extrañamente sorprendido. Estaba casi seguro que iba a ceder, pero estos Enanos a veces no responden como se supone que deben. Tauriel a su lado sonrió divertida, incluso se mordió los labios y carraspea, aunque su rey la ignora una vez examina a Fili con mortal indiferencia.

El joven príncipe dio un paso hacia adelante, lejos de ese peculiar arquero. Ambos se miraron durante un segundo demasiado largo y eso fue curioso. Por ello, cuando el rubio se plantó al frente, esperó paciente por lo que fuera a decir. Fili estaba acostumbrado a la mirada inmortal de los Elfos, pero nada lo preparó para este nuevo tipo de intensidad; uno que lo atrapó como si de repente no pudiera moverse.

—De acuerdo, entonces el joven príncipe tomara tú lugar —dijo Thranduil con palabras finas y estudiadas— .Dime… ¿Qué quieres?

—…

Había pensado en pedir algo simple, no tan ostentoso pero tampoco tan pequeño para no insultarlo. Suministros y comida para el campamento, sonaba como la mejor opción. Pero sus pensamientos se deshicieron cuando quedó atrapado en sus ojos.

Que no pudiera escuchar nada, no podía ser bueno y seguramente debió haber sido su primera pista. Porque esto gritaba magia elfica por todas partes. Claro que su mente atontada, no registro la idea. Únicamente se dejó arrastras por lo que parecía un vasto océano.

"¿Qué quieres?"

La voz de Thranduil sonó como un eco. Se repetía y extendía por los confines de su mente, aun cuando el Elfo no hubiera movido los labios.

"Te daré lo que sea"

Había un tono suave que lo hizo sentir adormecido.

"¿Qué quieres?"

¿Qué quería?

Aturdido, Fili sintió que la respuesta llegó cuando su corazón se oprimió. Había algo que quería, algo que lo hizo pensar en una cabellera negra, una sonrisa descarada y un par de ojos de cachorro. No era algo que no hubiera pensado antes, pero era un sentimiento guardado en lo más profundo de su ser. Algo que no debía ser dicho en voz alta, ni repetido una segunda vez por sí mismo. Sin embargo, ahora una extraña sensación desencadeno un hormigueo por todo su cuerpo. Se sintió tan cómodo, que antes de ser realmente consiente, habló.

—Kili —llamó en un hilo de voz.

En cuanto dijo ese nombre, en el preciso instante en que acarició las letras en sus labios, el trance se rompió y su mundo se detuvo. Fili sintió que apareció mágicamente en la tienda y ahora todos lo miraban. No porque importara, porque estaba seguro que lucía sorprendido y al borde del pánico. Incluso su corazón comenzó a palpitar como loco, mientras se quedó tan tieso como una tabla.

Thranduil observó atento cuando Kili se movió obediente ante el llamado, y ajeno al verdadero significado.

—Bien —concedió el Elfo con una expresión de apático desinterés, mientras se puso de pie y detuvo todo movimiento— .Yo auspiciare la boda. Sera un honor.

—¿Boda —repitió Thorin— ¿Cual boda?

Como si fuera lo más obvio del mundo, el Rey del bosque verde hizo un gesto desdeñoso con la mano para señalar a los príncipes. Esta vez Fili se puso pálido, pero Kili abrió grandes los ojos. El denso silencio que le sucedió dejo a todos en una pieza, porque todo parecía un enorme malentendido (aunque en realidad no lo era).

Un matrimonio entre parientes no era raro, pero esto salió de la nada. Así que cuando todos miraron a Fili, el rubio recordó que respirar era importante y debía hablar.

—Pero…yo no…

—¡No podemos casarnos! —interrumpió Kili, antes que el mayor sujetara su brazo y lo obligara a retroceder.

—Creo que ha habido un malentendido —dijo Fili con toda la diplomacia que tenía, mientras luchaba contra esa ola de pánico que desequilibro su respiración— .Yo no…

—¿Estas rechazando el regalo? —indago Thranduil tras enarcar una ceja. Legolas a su lado se mostró casi ofendido.

Fue un golpe, uno que les reveló la gravedad del asunto. Una ofensa con los Elfos podía poner fin a su alianza y los Enanos no estaban en posición de prescindir de ellos. Por eso Fili se quedó tan estupefacto, que trató de encontrar las palabras adecuadas.

—¿Qué? No, pero…

—Que no es hablé más. Organizaremos los planes antes de nuestra partida.

Para dar por finalizada la reunión, el rey Elfo hizo un leve gesto con la cabeza, seguido de un "buenos días" y salió de la tienda sin nada más. Tauriel parecía curiosa, pero sólo dio un breve vistazo antes de seguir a Legolas. Su amigo por otro lado, no se mostró realmente afectado por el extraño asunto, en realidad pudo jurar que lo vio sonreír divertido.

—¿Qué demonios acaba de suceder? —preguntó Balin.

Nadie supo que responder y en medio del aturdimiento, nadie se movió. No fue sino hasta que Kili apretó los puños y frunció el ceño, que encaró a su hermano.

—¡No voy a casarme!

—¡Yo tampoco! —aseguró Fili a la defensiva.

El arquero hizo un gesto exasperado, donde gruñó entre dientes y dio media vuelta para salir. Fili lo siguió casi de inmediato. Cuando lo alcanzó sujetó su brazo, para que girara. Ahí vio ese "algo" que todavía desconocía, pero que lo empujaba lejos. Se sentía igual que un piquete, pero no lo hizo retroceder.

Era bueno que todavía estuviera temprano, porque además de las rondas regulares, no había nadie entre las tiendas.

—¿Por qué estás enojado? —preguntó el rubio— .Yo no quise… ¡Ah, vamos, fue un maldito malentendido!

—¡Ya se! —exclamó Kili.

Con una mirada afilada y el ceño fruncido, el hijo menor de Dis no explicó nada más. Únicamente se soltó de mala gana y lo enfrento. El "algo" se sintió tan fuerte, que Fili no pudo moverse.

Muy pocas veces su hermano se había enojado con él. Es cierto que ambos podían ser algo idiotas cuando querían, pero este inexplicable enojo era nuevo y tan extraño que no sabía cómo interpretarlo. Era la primera vez que no podía leerlo y la sensación no le gustaba.

—¡Arregla esto! —ladró.

—¡Fili! —llamó Dwalin.

Lo que el rubio fuera a decir murió en sus labios, junto con la aparición del Enano más viejo. Dwalin lo jaló por el hombro, para que su espalda quedara contra su pecho. Fue un gesto amigable, pero creo la distracción perfecta. Kili arrugó la nariz en un gracioso mohín de disgusto, antes de alejarse.

—¿Problemas? —preguntó el guerrero con curiosidad.

—¿Qué sucede?

No había nada que hacer, no podía perseguir a su hermano, por lo que Fili lo miró hasta que lo perdió de vista. Hubo un tono ausente en sus palabras, pero también un deje de fastidio que enarcó la ceja de Dwalin.

—Thorin quiere verte.

Un segundo golpe.

Como si no tuviera suficiente, ahora debía explicarle al Rey Bajo la Montaña, porque iba a casarse con su hermano menor. Francamente si Azog volviera de la vida sería más sencillo, al menos sabría qué hacer.

—Primero tengo que ir con Oin para que revise los vendajes— mintió tan rápido como pudo pensar en algo— .Ya sabes cómo se pone.

—Sí, puede ser un pesado —admitió Dwalin— .Le diré a Thorin.

Fili asintió antes de comenzar a caminar. Cuando estuvo lo suficientemente lejos, soltó todo el aire que contuvo desde que Thranduil dijo las palabras que desequilibraron su mundo. No le mintió Dwalin. Ir con Ori sonaba realmente atractivo sin con eso conseguía un par de minutos.

—Tks.

Esa mañana, todo era tan normal y tranquilo que podía ser aburrido; pero el giro que tomó fue absurdo. Admitía sin error a equivocarse, que el desasosiego que estaba experimentando fue similar al que sintió cuando cayó en esa trampa de Goblins, luego de la batalla de los gigantes de roca.

Estúpido Thranduil y sus juegos mentales. Estaba comprometido. Es decir…él sólo….y ellos… ¡Argh!

Con un suspiro lastimero. Fili dejó de caminar. El sol apenas estaba saliendo, pero con un gesto perezoso y cansado, se llevó una mano a la nuca para aflojar un poco la presión.

Comprometidos.

Estaba comprometido con Kili.

Cuando se dio cuenta de esa boba y estúpida sonrisa que curvó sus labios, debió sacudir la cabeza, fruncir el ceño como su tío y concentrarse.

—Nh.

Con un nuevo suspiro, comenzó a caminar. Él quería a Kili. Por supuesto que lo hacía. Era su hermano menor. Sin embargo, el sentimiento cambio de alguna manera mientras crecían; las sensaciones se volvieron más fuertes, más profundas y el "te quiero" se transformó en otra cosa.

Antes de siquiera advertirlo, sus ojos lo seguían sin pensar y en la distancia lo cuidaba sin intenciones de dudar de su fuerza, sólo como una precaución extra. A Kili nunca pareció importarle, así que Fili no pensó demasiado en ello. Aunque no iba a entrar en detalles. Era demasiado temprano y debió carraspear cuando sintió que se estaba sonrojando.

—Hn.

¿Saben lo difícil que es estar enamorado de tú hermano?

Kili no se lo ponía precisamente fácil. Después de todo, no es la persona más tranquila del mundo, de hecho parece un cachorro hiperactivo, uno que no duda en saltar ni pegarse a su lado para invadir su espacio personal.

En la noche…Fili admitía que había un placer culpable en tenerlo tan cerca. Cuando eran pequeños dormían en la misma cama, pero eso cambio con el tiempo. Claro que no aplicaba cuando iban de cacería o a reclamar reinos perdidos. Al principio de esa locura fue frustrante, Fili dormía tan poco que apenas llegaba a casa, caía muerto en su cama.

Kili generalmente se acurrucaba a su lado; se movía dormido y terminaba tan cerca que podían respirar el mismo aire. En esos instantes le bastaba con sentir el calor de su cuerpo, pero cuando el arquero lo abrazaba, bien podía darle un infarto.

El detalle francamente empeoraba si subía una pierna por su cadera, porque su corazón palpitaba salvaje. Lo hacía con tanta fuerza, que incluso podía oírlo haciéndole eco en los oídos. Las ganas de abrazarlo y traerlo cerca, eran pensamientos peligrosos que intentaba empujar lejos sin mucho éxito. Muchas veces lo tocó con gestos castos, pero sólo con eso sabía que si no tenía cuidado todo podía irse al diablo.

Con el tiempo aprendió a sobrellevar mejor la situación, pero debió pasar mucho más antes que dejara de estar tan tenso. Eso sin mencionar que es un poco vergonzoso, ya que el nulo espacio deja "consecuencias"

Aunque no es sólo eso, es decir, como alguien no podía gustarle Kili. Era leal, amable y tan divertido, que en realidad tenía sentido que se hubiera enamorado de él. Además era culpa del menor por ser así de amable, por siempre estar a su lado y apoyarlo con esa devoción ciega que siempre ha tenido.

Ambos podían morir intentando protegerse entre sí, pero la idea de perderse estaba fuera de cuestión.

—Hn.

Esta vez hizo que Kili se enojara. No fue intencional. Las palabras sólo salieron por algún tipo de magia extraña, que ahora Fili comenzó a maldecir.

Al final suspiró cansado. Ya había llegado a la tienda de los sanadores. Pasó una media hora en el lugar y cuando salió se sintió extrañamente cansado. Hubiera preferido que se demoraran un poco más, así no tendría que encontrarse con alguien.

Sin ganas, intentó aflojar los hombros, hasta que resopló de manera dramática cuando Bufor le hizo una señal para que se acercara. El resto del día, estuvo ocupado con cosas del consejo, la reconstrucción y los Enanos que llegaban de la Montaña Azul.

Apenas y vio a Kili. Su hermano tuvo diferentes obligaciones, aunque eso parecía demasiada coincidencia. El arquero definitivamente lo estaba evitando. Claro que había tanto que hacer, que Fili no pudo acercarse. Ni siquiera Thorin pudo tocar el tema del "matrimonio". Balin por otro lado, no dejó de intentarlo todo el día. El detalle resulto gracioso cuando los interrumpían, ya que debían improvisar algo mal elaborado.

Si hubiera sido Kili, ambos hubieran coordinado como si tuvieran telepatía. Pero eso no iba a suceder en un futuro próximo, en especial cuando lo perdió de vista.

—Creo que lo vi entrenando —dijo Dori y no necesito de otra cosa para caminar hacia el lugar.

No estaba muy seguro de lo que iba a decirle. Quizás le pediría disculpas y alegaría demencia. Aunque seguía sin entender porque estaba enojado. El arquero estaba exagerado, esto podía ser fácilmente explicado como un malentendido (aunque no lo fuera)

En cuanto escuchó el choque de espadas, sus pensamientos cesaron. Un par de minutos después llegó a un pequeño claro. Era una planicie con una serie de armas y escudos que servían para poder entrenar a gusto. Entre el atardecer relució la figura del arquero, que con un golpe derribó a su oponente. Había que admirar su técnica, pues aun cuando estaba algo torpe por las heridas, comenzaba a mejorar.

—Hermano, deja al pobre tipo —dijo Fili con una leve sonrisa.

Kili giró de inmediato, mientras la espada cayó lánguida en su mano. Estaba respirando con dificultad, sus mejillas estaban sonrojadas y cuando se lamió los labios por sentirlos secos, el rubio sintió algo oprimirse en su pecho. La sensación no duro mucho, ya que el pelinegro hizo un gesto desdeñoso al mirarlo.

No lucia muy feliz de verlo.

—Tú. Largo —le dijo Fili al Enano que se paraba del suelo.

—Todavía estamos entrenando —dijo Kili para que el otro no se moviera.

—Yo entreno contigo —aseguró— .Largo.

Confundido, el pobre tipo miró indeciso lo que parecía una discusión entre los príncipes. Fue extraño e incómodo, pero considerando que era mejor irse, asintió y se marchó.

Kili frunció el ceño, consiente que en realidad no tenía ningún buen motivo para retenerlo.

—Cobarde —murmuró entre dientes, hasta que sintió una mirada en la nuca. Cuando giró, encontró a Fili de brazos cruzados— ¿Qué?

—¿Eso debería decir yo? —señaló el mayor de mala gana— ¿Qué pasa contigo? ¿Por qué estas evitándome?

Sólo ahora se atrevió a ponerle nombre a ese "algo" que ha sentido durante días, quizás Kili estaba enojado desde que despertó de la batalla. La suposición era algo disparatada, pero era tan buena como cualquier otra.

—No lo hago —Kili gruñó al enfundar su arma y caminar hacia el campamento.

—Si lo haces, ¿Por qué estás enojado?

—No lo estoy. Olvídalo.

—No voy a olvidarlo, habla conmigo —insistió Fili.

—No quiero hablar —dijo Kili y ahora si sonó enojado.

—¿Por qué no? —preguntó una vez tomó su mano.

El menor se soltó sin dudar, pero Fili estaba muy ocupado intentando que hablara como para importarle. La terquedad era un mal de familia, por lo que frunció el ceño cuando Kili lo encaró. Ahora fue evidente que había estado enojado durante todo este tiempo, y el incidente de su compromiso sólo lo empeoró.

—¿Quieres saber que sucede? —dijo quizás un poco más alto de lo normal— ¡Te moriste, eso sucedió!

—¿Qué? —preguntó Fili fuera de lugar.

—Te moriste, tú…tú…¡idiota!

Fili tuvo una sensación de desconcierto, que mostró que si Kili no podía encontrar un insulto más fuerte que esto, algo iba mal.

—Me ordenaste ir por otro lado, ¡Yo no quería ir! —exclamó al acercarse y empujarlo con cada palabra— ¡Tú-me-obligaste!

Estaba siendo incongruente y lo sabía. Kili estuvo evitándolo desde que pudo caminar, porque no podía con este remolino de sensaciones. Todo lo que su hermano hacia se sentía mal de alguna manera. Verlo dolía. Cada vez que lo hacía, la misma escena se repetía una y otra vez ante sus ojos.

No debió oír a Fili. Había sentido que algo no iba bien cuando le ordenó tomar caminos separados. Lo mejor era permanecer juntos, así al menos hubiera tenido una oportunidad. Al menos no hubiera estado solo.

—¡¿Tú crees que yo quería eso?! —dijo Fili incrédulo. Lo único que consiguió fue que el otro se enojara más.

—¡Yo te vi morir!

—…

Sólo con eso lo desarmo. Fili lo miró sorprendido. Ambos habían estado en la guerra, habían visto cosas horribles y a cambio murieron. El dolor no había sanado del todo, pero sólo Kili vivió lo suficiente como para verlo morir.

—Olvídalo —gruñó al alejarse.

—No, no, espera —pidió Fili tan rápido como pudo interceptarlo. No lo tocó, porque el pelinegro frunció el ceño listo para golpearlo si acaso lo hacía— .Lo siento.

—Tks —chasqueó la lengua tras intentar esquivarlo.

—Te digo que esperes —insistió. Cuando no consiguió que le hiciera caso, lo abrazó de improvisto. Fue un riesgo, ya que podía terminar inconsciente si acaso el arquero decidía ponerse violento.

—Fili —se quejó al removerse. El hermético agarre lo dejó en su puesto, y aun cuando podía empujarlo, tendría que golpearlo— .Que imbécil.

Resopló mosqueado, pero se quedó quieto. Fue una señal de rendición, así que Fili lo soltó un poco; lo suficiente como para deslizar las manos por su cintura. Después lo sostuvo ligeramente para asegurarse que no iría a ninguna parte.

Esa era su manera de calmarlo, o eso se decía a sí mismo. Sabía que Kili también lo creía, pero muy dentro, una parte traicionera se maravilló con la cercanía. Incluso sus dedos hormiguearon por abrazarlo de nuevo; fue un pensamiento que desechó apenas vio al pelinegro.

Kili estaba quieto, enfrascado en un serio conflicto mental. Pues acababa de cuestionar las órdenes del príncipe y próximo heredero al trono. Todavía se trataba de su hermano, pero debía entender que en la guerra son soldados. Y ese era un pensamiento que lo había estado carcomiendo desde que despertó.

Quería estar enojado con Fili porque el idiota se murió frente a sus ojos. Pero muy dentro sabía que eso no era cierto; la verdad es que debió seguirlo, debió confiar en lo que creía correcto como siempre ha hecho. Sin embargo, ni siquiera él podía saltarse el protocolo. Él era el menor y su hermano iba a ser rey.

—Lo siento —dijo Kili al final— .No sé lo que digo. No es culpa tuya.

Seguía sin tener sentido. Pero eso sucede cuando vez morir a alguien que te importa tanto. Fili era el único que podía ponerlo en este estado tan confuso. Lo hacía enojar y lo calmaba al mismo tiempo. Por eso, cuando el mayor deslizó la mano por su nunca, debió cerrar los ojos un momento. No se estaban abrazando, pero el ligero roce comenzó a producir una curiosa presión en su pecho. Fue la calidez, su respiración y sentirlo tan cerca y vivo, lo que lo hizo experimentar una mezcla de alegría y angustia entremezclada.

—Lo siento —dijo Fili.

Los bonitos ojos de Kili finalmente se abrieron, mientras las palabras se deslizaron entre el pequeño espacio que los separaba. Estaban tan cerca que no debían hablar demasiado alto, así que cuando apoyó sus frentes juntas, sólo pudo sonreír un poco.

Fili entendía lo que el otro decía. Si Kili hubiera muerto frente a sus ojos, seguramente sería él quien estuviera enojado.

Sin embargo, no pudo evitar notar que en ningún momento había tocado el tema de su "compromiso". Ese no parecía ser el origen de su enojo. Claro que luchó muy fuerte por no centrarse en ello, ni en la pequeña emoción que sintió ante el descubrimiento.

—No va a volver a suceder —susurró el hijo mayor de Dis.

No era algo que pudiera prometer, pero Kili dio un largo parpadeo mientras una leve sonrisa curvó sus labios.

—Lo siento —repitió Fili una vez se arriesgó a acercarse un poco más.

—No es tú culpa —dijo más tranquilo, ya que la mano en su nuca comenzó a acariciarlo con gestos distraídos.

El rubio cerró los ojos, porque en realidad si había sido su culpa. Fue egoísta, porque sabía que existía una posibilidad de estar frente a una trampa. Por eso envió a Kili a la planta baja. Si algo salía mal, al menos podría escapar.

—Yo no quería que murieras —murmuró tan bajito que por un instante todo dejó de existir— .No dudo de tus habilidades, yo sólo quería que siguieras vivo.

La confesión lo tenso de inmediato, porque al parecer había puesto las habilidades del menor en duda. Un guerrero no debe ser tratado como un niño en el campo de batalla, pero permitió que su lado protector saliera a flote antes de siquiera pensar en ello.

Cuando Kili frunció el ceño, se preparó para lo peor.

—Por eso eres un idiota —acusó— .Estamos en esto junto ¿recuerdas?

Sonaba romántico en una mordida y oscura manera. Pero por alguna razón, la idea de morir juntos hizo que una boba sonrisa curvara sus labios.

—Si —accedió Fili— .Estamos juntos en esto.

—Bien —dijo Kili al puntear el pecho de su hermano— .No lo olvides.

Fili sonrió mientras dio un paso hacia atrás y desenfundo su espada. Era una invitación, una que el otro aceptó con entusiasmo. Porque Kili era mucho más espontaneo y un poco entrometido, pero divertido, leal y tan valiente como cualquiera de esos viejos trastos que no lo tomaban enserio por su edad.

Mientras entrenaban, se dio cuenta que poco a poco la mente de Kili se alejó de esos tristes pensamientos, que cubrían sus ojos de una angustia que pocas veces había visto.

—Nhh.

…pero por estar distraído, el aquero arremetió contra él con tanta fuerza que apenas pudo contenerlo. El precio de su distracción le valió un golpe, mientras su arma salió volando una vez terminó en el suelo.

—Estás distraído —acuso Kili.

También un poco herido.

Pero lo único bueno de ser golpeado por tú hermano menor, es que en un intento por mantenerlo quieto, el pelinegro se subió encima. Cuando Fili se sobrepuso al golpe y espabilo, no le presto tanta atención a la espada en su garganta. Tal vez porque se trataba del otro y sabía que no estaba en real peligro, o porque reparo en las piernas a cada lado de su cadera y el peso que lo mantuvo contra el suelo.

Debía pensar en una llave, no en el cabello negro que se fue hacia adelante, el rostro sonrojado por el esfuerzo y los labios que se fruncieron en fastidio. En ese instante supo que su mente debía estar en algo importante, pero ya no recordaba lo que era. No era la primera vez que algo así sucedía, sin embargo la cercanía entre ambos parecía ser cada vez más pequeña. Probablemente porque había logrado acercarse a él de nuevo, o porque estaban comprometidos.

Lo que fuera, le impidió moverse como si hubiera caído víctima de algún hechizo, donde todo lo que existía, lo único que existía, era su hermano.

—¿Te golpeaste la cabeza? —preguntó Kili debido a la inactividad. Apenas y registro el momento, en que el mayor movió las manos un poco más cerca de tocar sus rodillas.

Cuando no hubo respuesta, se inclinó. No quitó la espada, pero el repentino movimiento enganchó la respiración de Fili. Eso sin mencionar que el gesto presionó sus caderas juntas. No era algo que Kili hubiera notado, ya que sólo pudo parpadear en incomprensión.

—Estoy bien —dijo el rubio casi hipnotizado.

—¿Qué sucede contigo? Estas actuando extraño —dijo al irse hacia atrás. Fue por mucho, una de las cosas más calientes que Fili había visto. Tal vez por eso sus manos lo habían traicionado al subir un poco por las piernas del menor.

Esta era la persona de la que estaba estúpidamente enamorado y luego de perderlo en la Batalla de los Cinco ejércitos, su toque se hacía necesario. Además, no podían esperar que lo tuviera encima y no hiciera nada.

—Estoy bien —repitió Fili al sentarse luego de hacer un lado la espada contraria. Fue un gesto suave que el otro permitió. Pero el arquero debía dejar de moverse en su regazo o iba a besarlo.

—Ya —dijo poco seguro en cuanto afiló la mirada— .Dijiste que íbamos a entrenar, pero te caíste con el primer golpe.

—Lo siento —aseguró con una sonrisa, por el mohín de fastidio.

Su actitud seguía siendo la de un cachorro hiperactivo. Aunque ahora, mientras volvió a apoyar la frente contra la suya, le sonrió un poco.

Fili también había perdido a Kili. No de la misma manera, pero él despertó primero y durante mucho tiempo no supo si el otro iba a lograrlo. Pero no era un tema agradable de tratar. Además tampoco tenía solución.

—Ejem.

Una tos falsa interrumpió el momento, o lo que sea que fuera eso. Sin dudar, los hijos de Dis miraron a un lado, donde Dwalin sonreía con una expresión cómplice, que hizo que Fili rodara los ojos.

Kili lo empujó cuando se dio cuenta de la posición. Había estado tan acostumbrado a estar cerca, que a veces olvidaba que debía poner distancia. Después de todo, ya no eran niños, no podían estar jugando. Pero sobre todo, el extraño cosquilleo en el pecho no iba a desaparecer si seguía así.

—Thorin los está buscando muchachos —dijo el Enano más viejo con una suave risita.

—¿Dijo para qué? —preguntó Fili al recoger su arma.

—Algo relacionado con los Elfos, pero no fue muy específico —respondió Dwalin.

Ambos príncipes fruncieron el ceño sin agregar nada más. Cuando lo siguieron, el ambiente fue tenso e incómodo. Apenas y hablaron, quizás porque el tema de su "matrimonio" les mostró que lo habían olvidado por completo.

Francamente fue un poco estúpido.

Cuando entraron en la montaña, caminaron por intrincados pasillos que habían sido limpiados, hasta que llegaron a uno en particular que jamás habían visto. Fue extraño cuando Dwalin comento que era el ala real.

—¿Cuándo arreglaron este lugar? —preguntó Kili.

—No sabría decirte muchacho, no fuimos nosotros.

—¿Quién entonces? —intervino Fili.

Dwalin hizo un gesto con la cabeza para mostrar el final del pasillo, donde Thorin, Balin y Bilbo los esperaban junto con Legolas y otros dos Elfos, que creían haber visto en su guardia.

—¿Qué sucede? —dijo Kili junto al Hobbit.

—No sé —murmuró Bilbo tras encogerse de hombros. Antes de agregar otra cosa, el príncipe Elfo giró hacia ellos.

—Es costumbre de nuestro pueblo dar una serie de regalos antes de una boda —sonrió Legolas y en verdad había algo molesto en verlo tan entretenido con el asunto— .Esperamos que sea de su agrado.

Sólo con eso hicieron una leve reverencia y se marcharon. Los dejaron parados frente a la puerta en absoluto silencio. Fue como si del otro lado estuviera el mismísimo Azog, por lo que al cabo de un par de segundos, Kili habló.

—¿Qué hay en la habitación?

—No sabemos, no nos dejaron entrar —gruñó Thorin. Cualquiera se daría cuenta que no lucia muy feliz por habérsele prohibido el paso en su propia montaña.

—Entremos entonces —dijo Bilbo curioso.

Cuando los demás asintieron, Dwalin abrió la puerta. Una enorme habitación y una gigantesca cama los recibió en silencio. La decoración era un intento por imitar lo que según los Elfos consideraban, era un "estilo Enano". La verdad, era una mezcla extraña que tenía un deje Elfico algo desabrido. Lo único decente eran las pieles.

Pero si todos estaban sorprendidos por la "esponjosa" habitación (en especial Dwalin y Bilbo que no sabían del compromiso). Los hijos de Dis se sonrojaron con la cama, cuya piel de lobo en el centro los estremeció. Apenas Kili se movió como si fuera a escapar, Fili lo sostuvo del brazo para que se quedara quieto. Porque de ninguna manera se iba a quedar solo, para ser víctima de los comentarios de los demás.

—Habrá que redecorar —sugirió Dwalin y a cambio, Bilbo y Balin lo miraron mal— .¿Qué? Es cierto.

—¡No voy a casarme! —exclamó Kili con un notorio rubor. Esta vez parecía más enojado, ya que casi le gritó a su hermano luego de soltarse de mala gana.

El rubio alzó las manos para intentar calmarlo, pero el otro soló resopló antes de dar media vuelta e irse. Los demás lo vieron sin decir nada, hasta que Dwalin puso una mano en el hombro de Fili, en señal de apoyo.

—Tks —gruñó Fili para tomar su propio camino.

No se quedó a ver las reacciones, porque él también estaba cansado. Sinceramente no sabía qué hacer para solucionar esto. Sabía que debía pensar rápido, porque la situación no cambio ni siquiera al día siguiente. Para este punto incluso él estaba irritable; la reacción de Kili seguía pareciéndole exagerada y tenía mucho menos sentido que antes. Hubiera pensado que las cosas estarían un poco mejor luego de hablar. Además, ¿por qué tenía que reaccionar de esa manera ante la idea de casarse con él?

Es cierto que eran hermanos, pero sinceramente era insultante que lo rechazara con tantas ganas. Él era atractivo, amable, inteligente, un excelente guerrero ¡Y heredero al trono! ¡Cualquiera mataría por estar en su situación! (modestia aparte)

Maldita situación.

—Hn.

Cansado se llevó una mano al rosto. Estaba divagando sin sentido, así que respiró hondo para intentar calmarse. Su falta de sueño hizo de las tareas diarias fueran algo tediosas y monótonas (más de lo normal) No vio a su hermano en todo el día, aunque era de esperarse. Cuando finalmente se estaba haciendo a la idea de no verlo durante un par de días, en la tarde se sorprendió de encontrarlo junto a Bilbo.

—Fili —saludo el Hobbit— .Acompáñanos a tomar el té.

—Uh…—divagó inseguro, una vez miró al menor.

Kili no lucia feliz y aunque no iba a esconderse de él, las cosas no eran fáciles entre los dos. Al menos había solucionado el detalle de sus "muertes", pero eso sólo consiguió que el tema del "matrimonio" saliera a flote.

Bilbo fingió demencia de la tensión entre ambos, ya que lo empujó con una sonrisa, para que comenzara a caminar.

—Pero yo tengo que….

—Ya hable con Balin, está bien —dijo la pequeña criatura, con una sonrisa fácil. Una que demostraba que había tomado precauciones, para que no se metiera en problemas por saltarse sus deberes.

—¿Enserio? ¿Y él acepto? —dijo Fili al mirar a Kili. Él sólo se encogió de hombros y negó con la cabeza sin saber.

Que Balin esté de acuerdo con saltarse las tareas era la cosa más rara del mundo, casi tanto como que Bumbor olvide la cena. Algo semejante a un eclipse solar. Así que pensando que tal vez esto era una trampa, afiló la mirada. A su lado, Kili se rio entre dientes.

—¿Qué? —preguntó mientas Bilbo hablaba sobre lo que había preparado para comer.

—No hay salidas hermano —señaló como si pudiera leer su mente.

Era inevitable buscar una, pero el comentario lo hizo sonreír ligeramente, mientras que la tensión que había estado acumulando desde la noche anterior comenzó a disiparse lentamente. Fili sabía que nunca habían pasado mucho tiempo enojados; ellos no eran ese tipo de personas. Pero esta vez no era igual. No se sentía como siempre y él lo sabía, así que cuando llegaron a la habitación de Bilbo, entraron tras mascullar un "Con permiso"

Después se sentó con Kili en un pequeño sofá y esperó por el Hobbit, que estaba sirviendo unos pastelitos. El ambiente tal vez era un poco más ligero, pero un nuevo "algo" apareció entre ellos. Quizás no era un nuevo "algo", tal vez era el mismo "algo" pero transformado en otra cosa. Si es que algo así tenía sentido.

De reojo miró a Kili, como si pudiera encontrar una solución. Cada vez que pensaba que estaban comprometidos sentía una emoción difícil de explicar, sin mencionar que esa boba sonrisa amenazaba con tirar de sus labios. Por eso, para mantener a raya el sentimiento, últimamente fruncía el ceño como Thorin.

Después de todo, no hay nada divertido en esto. Excepto quizás que iban a casarse, además los Elfos les regalaron una cama…

…una…

Mahala.

—¿Te excito?

Si.

Es decir, ¡¿Qué?!

Ni siquiera un mini-ejercito de Orcos, lo hubiera sorprendido tanto como se sobresaltó en ese instante. Fili giró hacia su hermano, con una cara de puro y físico asombro. Kili lo miró sin entender. Incluso Bilbo parpadeó curioso, antes de repetir la pregunta que el arquero había hecho.

—¿Té o cafesito? —dijo tras alzar dos teteras para darle énfasis a las palabras.

Cuando el heredero de Thorin comenzó a enrojecer, se llevó dos dedos al puente de la nariz. Kili a su lado se removió para ver si sucedía algo malo, pero eso sólo consiguió que lo evitara con más ganas.

—Café está bien.

—¿Y tú Kili?

—Lo mismo, gracias —respondió tras sentarse mejor y dejar de ver al mayor.

Toda esta endemoniada situación tenía a sus pobres nervios al borde. Aun así, el pelinegro no pudo evitar notar el momento en que sus hombros se rozaron, debido al reducido espacio. Fue estúpido como algo tan simple hizo hormiguear su pecho.

—Uh, no es que nos moleste estar con usted maestro Bolson, pero ¿Qué hacemos aquí? —preguntó Kili luego de un breve silencio.

Siempre había sido algo impaciente, por lo que Fili le dio un suave golpecito porque Bilbo apenas y había probado su té. Si iba a empezar un interrogatorio, al menos debía esperar a que la pequeña criatura se acomodara.

El arquero entendió su error, por lo que se mordió los labios.

Tan lindo.

—Últimamente, se ven estresados, no me pareció mala idea —dijo Bilbo sin tomarse enserio la impulsividad del joven príncipe. Estaba acostumbrado, así que sonrió.

—Siempre hemos tenido mucho trabajo —dijo Kili— ¿Qué cambio?

La explicación no era lo suficientemente convincente, incluso Fili lo sabía, así que dejó que el menor se hiciera cargo. Sólo intervendría si acaso lo presionaba demasiado, o si se desviaba del tema.

La pregunta dio en el clavo, porque mientras el rubio bebió de su café, Bilbo medito un poco lo siguiente que debería decir.

Mientras esperaba, Kili se sentó en el borde del sofá. Fili debió recordarle comer cuando lo tocó de manera muy superficial. Después, bastó con una mirada para indicarle lo que debía hacer. Era descortés no comer, después de todo habían sido invitados a tomar el té y los Hobbit aman la comida.

Fue ese intercambio y la conversación sin palabras, lo que hizo resoplar a Bilbo antes de morderse los labios.

—Bueno, verán…—divagó al mirarlos algo inquieto— .Anoche, cuando los Elfos ofrecieron un regalo tan…particular.

A manera de ser gentil, ya que ambos rodaron los ojos en un gesto tan coordinado, que el hobbit sonrió.

—Me disculpo si es incómodo, pero me entere de su compromiso. Aunque no estamos aquí para hablar de eso, yo sólo pensé que sería un cambio agradable y….

Mientras el ladrón hablaba, Kili dejó de comer. Lo miró tan sorprendido, que incluso Fili a su lado entrecerró los ojos un poco. Sólo el arquero había mencionado que no se iba a casar, eso no necesariamente incluía al rubio ni lo relacionaba de ninguna manera.

—¿Quién te habló de nuestro compromiso? —preguntó Fili.

Bilbo era lo suficientemente inteligente como para saber que había tocado un tema delicado; el tono ligeramente precavido en su voz así lo indicó. En especial porque esto parecía ser tan importante, como para que los Enanos lo miraran con duda.

La respuesta era un poco incomoda, por lo que alzó la taza e intentó esconderse tras ella. Fili afiló la mirada en expectación, mientras que Kili adoptó una graciosa expresión de incomprensión, incluso tenía unas migajas en la mejilla.

—Hrn —masculló Bilbo entre dientes. La falta de vocales era un detalle curiosamente interesante.

—¿Qué? —dijo Fili.

—Thorin —repitió el Hobbit al bajar la tasa.

Los hijos de Dis que se habían sentado al borde del sofá, de repente se enderezaron mientras el nombre de su tío desfiló en el aire. En cierta forma era un alivio que la información no se hubiera filtrado; eso podría ser un problema. Aunque luego de la sorpresa inicial, una sonrisa socarrona curvó sus labios luego de mirarse.

—¿Qué? —dijo Bilbo consiente de ese gesto juguetón.

—Oh, no es nada —dijo Kili al limpiarse la comida— .No sabíamos que la relación con Thorin fuera tan cercana.

En realidad si lo sabían, es sólo que les encantaba molestarlo. En especial porque se sonrojó un poco, una vez frunció el ceño.

—Él sólo habló conmigo porque se lo pedí.

—Y te contó la verdad —señaló Kili lo evidente. Bilbo asintió sin entender a donde quería llegar.

—¿No es esto como un secreto de estado? —dijo Fili al mirar a su hermano, que asintió enérgicamente.

—Definitivamente —apoyó— .Y uno grande.

Sabían que el Hobbit había perdonado al Rey Enano, pero Thorin todavía no podía perdonarse a sí mismo. Eso hacía que a veces fuera un poco (demasiado), indulgente con su ladrón. Lo que resulto divertido desde que Bilbo comenzó a ponerse nervioso.

—No quise meterlo en ningún problema —aseguró preocupado.

—Es lindo que te preocupes por él —se rio Kili.

Ambos comenzaron a reírse de la expresión de profundo desconcierto de su amigo. Fue casi increíble que con tan poco, volvieran a ser los mismo Enanos despreocupados de siempre. Así que, aun cuando Bilbo sabía que se estaban burlando de él, sonrió por verlos tranquilos.

De esa manera paso la tarde. Hablaron de trivialidades, hasta que el Hobbit los regañó por insinuar cosas que no eran, entre él y Thorin. A cambio, ambos estallaron en risas, pero prometieron no hablar más del asunto (hasta que se les olvide y lo vuelvan a hacer).

Fue casi al anochecer, antes de la cena, que Fili y Kili salieron de su dormitorio sintiéndose mucho más relajados. Mientras caminaban por los pasillos de la montaña, el menor miró el piso como si de repente fuera la cosa más interesante del mundo. Se sentía mejor, su mente estaba despejada, así que antes de siquiera preverlo, entrecerró los ojos.

Él no estaba realmente enojado con Fili sobre el compromiso, así como nunca estuvo enojado por su muerte. En realidad era algo más complicado y complejo, que lo obligó a apretar la mandíbula.

—Kili.

Eso fue lo único que necesito para alzar la mirada, completamente obediente y curioso de lo que el mayor pudiera querer.

—Lamento todo esto. Prometo solucionarlo pronto.

—No tienes por qué disculparte hermano —dijo— .No es tú culpa, yo…

Habían dejado de caminar en algún momento. Fili no estaba seguro porque, pero ahora mientras lo vio morderse los labios, sólo pudo esperar paciente hasta que esos bonitos ojos negros se alzaron con toda la seriedad y fiereza que pudieran tener.

—Lamento que estés atascado conmigo —dijo Kili un poco más alto de lo que debería. De hecho casi le gritó.

—¿Ah?

…claro que lo que dijo fue la cosa más extraña que el rubio había escuchado últimamente. Fue tanto su desconcierto, que abrió grandes los ojos por la sorpresa.

—Uh…—divagó Kili sabiendo que Fili esperaba que se explicara mejor— .No deberías ser obligado a casarte. Deberías ser feliz, mereces serlo. No tendrías que estar…bueno, conmigo.

—Yo soy feliz contigo —dijo confundido.

—Sabes lo que quiero decir.

—No, no lo sé. Explícame.

Fue casi una demanda. Kili estuvo a punto de retroceder cuando el mayor dio un paso más cerca, portando todo ese aire imponente que un próximo rey debería tener. Sin embargo, el arquero no sabía que quería que le digiera, no es porque fueran hermanos, sino que no podrían tener herederos y Kili…bueno, Kili era Kili. Joven, impulsivo y aun sin barba. Además había una larga lista de defectos que el consejo usaría en su contra para oponerse a la relación.

—Fili, Kili —llamó Balin y el hijo menor de Dis casi lo besa en agradecimiento.

Para el rubio no pasó desapercibido su alivio, así que afiló la mirada y sujetó su brazo para arrástralo consigo. No iba a dejarlo ir tan fácil luego de decir algo tan extraño.

—Ahora no —le gruñó a Balin que se quedó en su lugar.

—Pero…

—Dije que no.

Fue una orden. Una que rugió con autoridad y deslumbró entre sus ojos. Era la primera vez que hacía algo así, por lo que el Enano más viejo observó sin entender. Su príncipe acababa de darle una orden, así que iba a esperar. De todas maneras no era tan importante.

Pero mientras Balin volvió por su camino hacia el comedor, los herederos de Thorin se perdieron por el pasillo.

CONTINUARA: