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Eres Mi Destino

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     1.

 

-¡A tus tres menos cuarto!, creo que ahí están las habitaciones de los niños.

Steve asintió a su compañero y siguió buscando el objetivo con las gafas de visión nocturna.

-¡Lo tenemos!- gritó Nick Taylor- creo que trata de huir por una salida al sur.

-¡Vamos! No puede escapar.

La unidad SEAL capitaneada por Steve McGarrett se puso en marcha y, tras una larga noche en la que los sonidos de armas al ser disparadas, bombas y gritos eran lo único que se oía en aquel desierto, llegó el alba. El ruido de la batalla dio paso a los quejidos de los heridos.

-¿Taylor?- Steve comenzó a hacer recuento de sus hombres.

-¡Estoy bien!- dijo éste saliendo de los escombros de lo que antes era una casa.

-¿Hart?

-¡Aquí! Hemos perdido a King, Jackson y Olson.

Steve sacudió la cabeza y cogió el teléfono vía satélite para contactar con la base. Mientras, Nick Taylor y Freddie Hart se dirigieron a la zona en la que habían escondido los vehículos. Hacía falta trasladar a un par de hombres heridos.

Habían perdido a más hombres que aquellos tres, y varios habían resultado heridos. Otra unidad del ejército había interrumpido su misión y aquello había resultado en un terrible desastre que el capitán de fragata Steve McGarrett esperaba poder olvidar en algún momento de su vida.

Caminaba de un lado a otro mientras pedía explicaciones a sus superiores, exigiendo que los responsables pagasen por lo que habían hecho al organizar aquella chapuza, cuando algo en el suelo atrajo su atención. Le dio un par de suaves golpes con el pie intentando desenterrar lo que fuese aquello.

Era una fotografía.

En cuanto cortó la comunicación, se agachó a recogerla. Le apartó la arena con cuidado. Un hombre rubio de ojos azules sonreía a la cámara. En el reverso, una simple frase:

“Mantente a salvo”

Steve buscó a su alrededor intentando averiguar quién podía ser su propietario cuando una bomba explotó a escasos metros de donde se encontraba.

Lo siguiente que recordaría era haberse despertado en un hospital de campaña y encontrarse con la preocupada mirada de Freddie Hart.

-¡Gracias a Dios, Steve!- exclamó con alivio -¡Nick! ¡Ha despertado!

El mencionado apareció en el campo visual del marine y le apretó con cuidado en el hombro.

-Es bueno tenerte de vuelta, McGarrett.

Los dos hombres volvían con los coches cuando vieron la explosión. Se apresuraron a socorrer a los que allí estaban pero solo había habido un único superviviente: el Capitán de Fragata Steve McGarrett.

Nick se marchó dándole unas palmaditas de ánimo cuando alguien gritó su nombre y Freddie miró nervioso a su alrededor antes de poner un papel en la mano de Steve.

-La tenías contigo cuando te encontré.

-Acababa de encontrarla. ¿Tienes alguna idea de a quién puede pertenecer?

-No, pero tal vez deberías quedártela. Te ha traído suerte.

                                        **********************

Era Navidad y se daba una fiesta en honor  a los marines que estaban en guerra o misiones especiales. En ese momento, Steve aprovechó que prácticamente estaban todos juntos para indagar sobre la imagen que había encontrado. Nadie conocía a aquel hombre ni había visto a nadie que tuviese aquella fotografía entre sus pertenencias. Sin embargo, Steve decidió no deshacerse de ella, sino que la llevó consigo, dispuesto a averiguar quién había sido, o era, el dueño de aquella foto.

                                        **********************

Habían pasado dos años y medio durante los cuales el Capitán McGarrett había participado en importantes misiones saliendo prácticamente ileso, o al menos en bastante buen estado.

Habían finalizado la última misión con éxito y se dirigían a la base en un convoy militar con la intención de disfrutar de un par de meses libres bien merecidos.

Steve no tenía muy claro qué hacer con aquellos meses, tal vez sería un buen momento para visitar a su hermana Mary Ann, que ahora vivía en Ohio con su nuevo novio.

-En serio, Steve. Deberías buscar al hombre de la foto- le susurró Freddie en un momento dado mientras jugueteaba con su alianza, ansioso por regresar a casa y ver a su esposa y a su hija pequeña.-. Te ha traído suerte. Es tu ángel de la guarda, deberías casarte con él.

Steve le miró, alarmado y su amigo sonrió.

-Tu secreto está a salvo conmigo. Pero los tiempos han cambiado, he oído que pronto se abolirá esa estúpida norma y…

-Freddie- el capitán iba a decirle a su compañero que no fuese tan optimista cuando el vehículo en el que iban pasó sobre una mina que los hizo volar por los aires.

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El Capitán McGarrett llegó a la casa de su hermana. Nunca había tenido una relación muy estrecha, su padre los había separado cuando su madre falleció. Steve fue a Annapolis y Mary quedó bajo los cuidados de su tía Deb. La menor de la familia siempre le había echado en cara a su hermano que nunca había llamado, nunca había dado señales de vida ni se había comportado como un hermano mayor. El SEAL no lo negaba. La muerte de su madre había sido un duro golpe para todos y el posterior “rechazo” de su padre no había ayudado. En el fondo eran dos niños faltos de afecto que no sabían cómo actuar. Mary había sido criada por su adorada tía, y era un poco mejor para las relaciones humanas que él. En la marina no había sitio para sentimentalismos.

Curiosamente, la muerte de su padre había hecho que retomasen el contacto. Ahora se comportaban de una forma más o menos cordial el uno con el otro, y hasta pasaban tardes tomando cerveza y recordando su niñez.

Mary le dio un abrazo y lo llevó al interior de la casa que compartía con su nuevo novio.

Un gilipollas, a entender de Steve, que pasaba la tarde sentado en el sofá jugando a Call of Duty.

Al marine le ponía un poco de los nervios, porque aún no era capaz de no reaccionar al sonido de los disparos.

-Mark, ¿puedes dejar de jugar a eso?- se enfadó Mary después de que a Steve se le cayesen dos platos por culpa del sonido de una granada- o al menos quítale el sonido, joder.

-No sé por qué le da tanto miedo. ¿No es un marine?

-Eres un imbécil- Mary le sacó el mando y se lo tiró a la cabeza.

Steve le hizo una seña intentando quitar importancia a la situación.

Otro día, Mark se acercó al marine mientras este dormía y le agarró un brazo para despertarlo. Mala idea, ya que Steve, cuyo subconsciente aún estaba en tierra hostil, reaccionó como se podía esperar en aquella situación.

No supo lo que estaba ocurriendo hasta que se encontró en el suelo, sobre el novio de su hermana, las manos alrededor de su cuello y Mary dando gritos junto a su oído. Se separó horrorizado y salió sin decir nada.

Esa misma tarde, con la foto en la mano, intentó localizar algún elemento que determinase donde había sido tomada. Eso se le daba bien, buscar información.

El hombre le sonreía desde un embarcadero que, tras varias horas de búsquedas de imágenes en la red, pertenecía a un pueblecito de Massachusetts. Sin más dilación, dio un beso a Mary recomendándole cambiar de novio cuanto antes- la muchacha no pudo menos que asentir-, y partió de aquel lugar.