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Strenght of the World

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Londres - 9am



La conferencia de la ONU tuvo que ser reunida inmediatamente en el último momento. Agentes de la Interpol, CIA y Servicios Secretos corrían de un lado a otro en el Edificio del Parlamento con documentos impresos en los últimos minutos en mano.



Pocos representantes del mundo se encontraban al fin sentados. Murmullos llenos de duda era lo único que se podía escuchar antes de que el Agente Coulson los llamara a guardar silencio.



“Señores,” los reflectores de luz lo cegaban a medias, “estamos en un estado de emergencia en el cuál no tenemos una solución inmediata.” Con un pequeño control, hizo que varias imágenes aparecieran en un lienzo a un lado de él. La reacción de los presentes fue una mezcla de asombro y terror. “Un virus extraño apareció en Alemania hace unas semanas,” tomó una hoja que otra Agente le había dado, “los síntomas eran parecidos a un caso de varicela; pero para el tercer día, los ojos estarían nublados, la piel llena de yagas y la boca llena de saliva de rabia. El primer caso fue un Chico de 19 años: mordió a su madre quién presentó los síntomas unas horas después.” Las fotos sacaban sustos a los presentes. El Agente Coulson limpió el sudor de su frente y exhaló desanimado. “Estamos pidiendo poner a Alemania en cuarentena.”



Todos los representantes del mundo se pusieron de pie asentando con la cabeza. El representante de Alemania se acercó al Agente Coulson.


“Debe de haber algo que se pueda hacer,” dijo con un acento alemán casi imposible de notar, “mi país no puede quedarse en cuarentena sólo para que todos mueran y el problema se acabe.”


“Lo sabemos, señor, err—”


“Zuckermann, Patrick Zuckermann.”


“Señor Zuckermann, el doctor Hank McCoy está trabajando en conseguir al mejor especialista para enviarlo inmediatamente a Alemania,” su iPhone sonó y al ver la pantalla, sonrió, “de hecho, ya lo consiguió.”



~•~



Charles caminaba a paso rápido hacia la estación del metro. Su viejo amigo de Oxford, Hank, lo había llamado a última hora para ofrecerle un trabajo. El trabajo no era algo que Charles necesitara con urgencia, no; de hecho, Charles podía estar sin trabajo por el resto de su Vida y aún así viviría en su lujosa mansión de Westchester con todos los lujos posibles.


“Raven,” había llamado a su hermana menor, pero el buzón fue lo que le contestó, “Hank me consiguió un trabajo, parece importante. Creo que mi regreso a New York se atrasará un poco, lo siento—” su iPhone se cayó al tropesar con alguien.

“Fíjate por dónde caminas, idiota.” el hombre, calvo y barrigón, le dijo antes de seguir su camino.
“Sí,” giró sus ojos suspirando, “lo siento.” Pero sus palabras eran al aire, pues el hombre ya se había ido. Recogió su iPhone, la pantalla estaba completamente destrozada.


Al fin subió al metro que le correspondía y al llegar al Parlamento, Hank lo recibió con un apretón de manos nervioso.
“Qué bueno que viniste, Charles.” Sus ojos no estaban enfocados en él, miraba hacia todos lados confundido. “Me vas a odiar pero te van a enviar a Alemania y—”

“No te voy a odiar, Hank—”

“¡Señor Xavier!” El Agente Coulson se acercó a Charles esbozando una sonrisa y apretando sus manos. “Qué bueno que llegó. Espero que Hank no le haya arruinado la sorpresa.” Coulson miró a Hank con desprecio y volvió a los ojos de Charles.

“Claro que no. Hank sólo me dijo que mi trabajó va ser en Alemania.” Charles trató de mantener su optimismo aún y cuando vio que la cara de Coulson se tornó sombría.

“Señor Xavier, pasemos a la sala de juntas. Necesito que vea de qué se trata.” El Agente caminó preocupado todo el pasillo, Charles y Hank lo siguieron en silencio. 

Llegaron a una puerta dónde el Agente tuvo que poner su mano sobre una placa de metal; un láser pasó por debajo de ésta y se abrió. Al entrar, Coulson los invitó a tomar asiento y así lo hicieron. 
“Antes que nada, Xavier,” Coulson le dio un montón de papeles, “esto es lo que Los científicos tienen hasta ahora.” Charles asintió con la cabeza.

“¿Qué clase de mutación estamos hablando?” Preguntó cruzándose de brazos.

“Si es amigo de Hank debe ser un fan de las ideas locas sobre un virus zombie,” el Agente se rascó la cabeza y suspiró, “bueno, su sueño se hizo realidad.” Un extraño sentimiento recorrió el cuerpo de Charles produciéndole un sonido  en la garganta, con el cuál, Hank lo miró.

“Lo siento.” Charles dijo cubriéndose la boca.
“Xavier…” Coulson comenzó pero se quedó pensativo unos minutos, “Si usted puede encontrar la cura, le seremos eternamente agradecidos.”

Hank miró Charles mordiéndose el labio antes de que éste dijera: “Lo haré.”



~•~



Hank seguía a Charles con paso apresurado.

“¿Te das cuenta que estarás en cuarentena y rodeado de zombies?” Charles dejó salir una risita pícara.

“Hank, voy a estar bien. Además, no pienso quedarme con los brazos cruzados cuando puedo hacer algo por ayudar a estas personas.”

“Siempre pones a los demás antes que a ti.” Charles sólo sonrió y apretó el hombro de Hank antes de subir al avión. 



~•~



El vuelo estaba lleno de alemanes preocupados por sus familiares. Éstos eran los últimos vuelos hacia Alemania que British Airways haría. Charles repasaba los archivos que el Agente Coulson le había proporcionado anteriormente. Los científicos que habían revisado la sangre de los infectados observaron que, de alguna manera, mejoraba la condición física. Charles apretó sus dedos contra sus sienes y suspiró.

“Disculpa,” el pasajero de a un lado lo interrumpió, “¿sabe por que Alemania estará en cuarentena?” Charles cerró el archivo y negó con la cabeza. El pasajero exhaló con exasperación y maldijo en Alemán. Charles sólo lo miró deseando poder informarle sobre el virus y a lo que estaban a punto de llegar.
Después de casi dos horas, el avión al fin aterrizó sobre el suelo germánico. Las luces se encendieron y todos comenzaron a sacar su equipaje de los compartimentos que estaban sobre de ellos cuando la aeromosa habló por el micrófono: “Antes de poder pasar a migración, pasajeros alemanes y/o británicos deberán de pasar un examen de salud por orden del gobierno Alemán.” Charles giró sus ojos, ya no hay nada que podría empeorar este viaje, pensó antes de que el pasajero que estaba sacando su mochila de la cabina lo golpeara con ésta en la frente.

~•~

Charles sostenía su termo de agua fría sobre su frente. Un pequeño chipote se podía notar sobre su tez pálida. Xavier estaba cansado y la fila era enorme para poder hacer el chequeo de salud. ¿De qué sirve todo esto si sabemos que el virus se contagia por mordida?, pensó viendo como checaban los ojos de un niño como a veinte personas de él. Suspiró desanimado y su iPhone sonó.
“¿Sí?” Charles contestó tratando de quitarse el termo de la frente pero el dolor hacía que retomara su lugar.
“Charles, soy Hank.” Charles sonrió al escuchar la voz familiar. “Necesito que me escuches con atención: no salgas del aeropuerto, las cosas van a empeorar—”
“No creo que esto empeore, Hank,” Charles se distrajo al ver que varios policías intervenían en la sala de Migración; éstos llevaban mascarillas, “hay una fila enorme, tengo un golpe en la cabeza y varios—”
“Charles, no estoy bromeando. Quiero disculparme por haberte metido en esto.”
“Es lo más interesante que me ha sucedido desde que salí de la Universidad, créeme. De alguna manera estoy agrade—” Uno de los policías que salió por detrás de él le tiró el iPhone al suelo. “¡Hey!” Charles gritó deseando que el dolor punzante en su frente desapareciera. El policía giró y vio el iPhone en el suelo, sonrió y lo recogió inmediatamente.
“Tut mir leid, Herr Tourist.” Charles recibió el teléfono olvidándose del dolor y sólo concentrándose en la sonrisa que el policía le había concedido.
“¿Qué le ve de gracioso al tirarle el teléfono a alguien?” murmuró sabiendo que el policía no lo iba a escuchar y trató de restablecer la comunicación con Hank, pero la señal se había perdido. “Mierda.”
“Su atención, porr favorr.” Uno de los agentes de Migración estaba en un micrófono hablando con un acento del Este muy marcado. “Necesitamos que el pasajerro Xavierr, Charrles se prresente inmediatamente.” Los pasajeros en la sala empezaron a murmurar cosas y Charles sólo pudo ponerse rojo antes de empezar a avanzar entre la gente.
Al llegar a dónde el Agente de Migración estaba, el policía que le había tirado el iPhone se acercó a él con una sonrisa.
“Hoy es su día de suerte,” dijo con un buen acento, “se evitará toda esta fila para llegar a Göttingen lo más rápido que se pueda, umm… ¿está bien?” Charles parpadeó rápidamente antes de tocar su chipote.
“No es nada.” Dijo buscando su termo de nuevo. “No es tan grave como un teléfono roto.”
“Oh, es usted.” El policía trató de no carcajearse y sólo negó con la cabeza. “Tenemos prisa, ¿podemos discutir el asunto del iPhone en otro momento?” Charles asintió girando sus ojos con disgusto. El policía le hizo la señal de que lo siguiese y así hizo Charles.

~•~

Pasillos, pasillos y más pasillos. Mostrar identificación a cada minuto, pasar por detectores de metales; todo esto para llegar a un lujoso auto. El policía le abrió la puerta a Charles y éste entró sin pensarlo dos veces, estaba exhausto. El policía se sentó a un lado de él y le dio indicaciones al chofer. El chofer era un hombre enjutado de ojos azules claros. Para Charles, escuchar el alemán lo remontaba a sus clases de Historia Europea, cuando le encargaban ver películas sobre la Segunda Guerra Mundial.
El coche comenzó a avanzar. El policía bajó su gorro al nivel de sus ojos y se dispuso a dormir. Charles lo contempló por unos minutos: cuerpo esbelto, cabello color oro quemado, barbilla perfecta y— el gaffette decía “Erik Lehnsherr”. Charles memorizó como escribir el apellido antes de quedarse dormido.