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First Class: De Alfas y Omegas

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EL DIA EN EL QUE INICIA LA HISTORIA



Charles esforzó su mente tanto como podía, quería que su alcance llegara al submarino de Shaw para así poder ayudar a la CIA, pero al poco tiempo se vio frustrado ya que un telepata le estaba bloqueando completamente. Un par de intentos más, y se dio por vencido, sabía que era en vano seguir intentando. 

-Lo siento caballeros, pero no puedo hacer más. Es un telepata realmente poderoso-se disculpo con sus acompañantes, y sintió la mano de Raven apretarle el hombro. Se apartaron un poco, el frescor de la noche les estaba llegando y era consciente, por como la mano de Raven temblaba, de que comenzaba a hacerle demasiado frío. Lo mejor sería ingresar e intentar...

Cualquier linea de pensamiento fue aniquilada de su cabeza cuando sintió una actividad mental realmente fuerte proveniente de en medio del agua. Sintió un cosquilleo en la parte baja del estomago, no era nada extraño, ya antes había conocido mentes asombrosas y siempre le daban una ligera atracción, normalmente eran Alfas, poderosos e inteligentes, profesores suyos de Oxford. Pero nunca llegaba a más de una charla sumamente apasionante, a él le gustaban las mentes, y las personas inteligentes.. mentes asombrosas, pero él también era un Alfa, así que no era posible que algo productivo saliera de esa atracción. 

-¡Alto, alto, alto!-Soltó un quejido por los pensamientos desequilibrados, ansiosos, estaban gritando en su cabeza. Gritaban venganza, gritaban ira, gritaban tristeza. Apenas y escucho la voz de Raven preguntándole si estaba bien-Hay alguien más en el agua-dijo, ante la mirada atenta de todos. Se acerco a la barandilla, y su mirada barrio el lugar, buscando la fuente de esos pensamientos que escuchaba con demasiada claridad-¡Allí!-exclamo entre victorioso por descubrirlo y asombrado por como esas cadenas arremetían contra el barco, el mutante en el agua debía ser sumamente poderoso.

Sus manos apretaron la barandilla cuando los pensamientos ajenos parecían querer desgarrar su mente. Le sorprendía la ira que el otro sentía, y como era capaz de dejarse embargar por ella sin estallar. 

-¡Dajalo ir!-las palabras salieron de su boca sin que las procesara, estaba muy metido en la escena, sentía la adrenalina correr por sus venas. Empezaba a sentirse desesperado por los pensamientos ajenos y el sentimiento de ahogo que el mutante había comenzado a proyectar-¡¡Es mejor que lo dejes ir!!-grito intentando ser escuchado, pero obviamente no lo fue. Se sintió más desesperado aun cuando noto que al otro no le importaba morir, de hecho se sentía bien mientras pudiera arrastrar al submarino con él-¡Deben ayudarlo! Hay alguien en el agua ¡Ayudenlo!-repitió, como si la primera vez no hubiera sido oído, pero la gente pasaba de él, a pesar de que estaba usando su tono de alfa, todos parecían idos en la escena, como si contemplaran una película de acción. Eso le desesperaba más, se sentía impotente, casi podía sentir los pulmones ajenos exigiendo aire-¡Déjalo ir! ¡Tienes que dejarlo ir!-su voz estaba desgarrada, el “tienes” era sumamente imperativo, pero era más que obvio que nadie escuchaba sus palabras, y los que si, no le prestaban atención.

Sabía que cada vez se estaba hundiendo más, y nadie hacía nada. Se desespero y comenzó a correr por el barco, ni lo pensó cuando salto hacía el agua.. se había sacado el abrigo sin notarlo siquiera. No le importaba nada, necesitaba salvarlo... todo eso era una locura. Nado con todas sus fuerzas, la energía que había alrededor de ese hombre, la fuerza del agua, una especie de campo magnético, todo quería alejarlo.

Finalmente, con muchisimo esfuerzo, llego, intento entrar a su mente desde la distancia, pero entre el nado y la intensidad ajena se le hizo imposible. El sujeto en cuestión era un hombre delgado, tuvo que llegar a él y sujetarlo con fuerza entre sus brazos. Sus manos no tardaron de apoderarse de su cintura y atraerlo hacía él. El forcejeo ajeno le hizo perder oxigeno, quería calmarlo, necesitaban subir, tomar aire... el hombre estaba al borde del desmayo, pero le sorprendía que permaneciera tan arraigado a su idea, sin importarle más nada. No estaba dispuesto a dejarlo ir, pero Charles no estaba dispuesto a dejar que se ahogara.

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Ahora con el contacto físico fue más fácil ingresar a esa desordenada y descontrolada mente-No puedes, te ahogaras, tienes que soltarlo-le dijo, y la sorpresa ajena fue automática ya que el cuerpo pareció desconcertado, quedándose quieto. Charles en un segundo pudo ver toda la vida atravesar desde los ojos ajenos, y sintió su estomago arder... entendía por que esa necesidad de matarlo. Incluso se sintió tentado a ayudarlo pero...-Te ahogaras. Tienes que dejarla ir... Se lo que significa para ti, pero vas a morir-a pesar de todo el otro había recuperado sus fuerzas e insistía en querer hundir el submarino, a pesar de que la conciencia ya la tenía nublada. La mayor parte de su mente exigía oxigeno, pero era tan fuerte mentalmente que era capaz de ignorar esas necesidades primarias para cumplir su objetivo-Por favor, Erik, calma tu mente.al parecer el uso de su nombre dio resultados, finalmente tuvo éxito, el alemán dejo de forcejear y se dejo arrastrar hacía arriba. Ya casi ni tenía fuerzas para nadar.

Cuando finalmente emergieron los dos tomaron una gran bocanada de aire, estaban agitados, y de nuevo Erik comenzó a forcejar, su rostro estaba rojo por el esfuerzo. Sus ojos celestes le miraban con incredulidad, con algo de miedo, intentando apartarse de él y buscando respuestas al mismo tiempo-¡Suéltame! ¡suéltame!-protesto con su voz ronca, demasiado ansioso.

Charles finalmente se aparto, y cuando por fin pudo verlo de frente, contuvo la respiración. Sus ojos intensos se clavaron en los traslucidos ajenos, y sintió su corazón acelerarse. Nunca había esperado que su encuentro fuera así, no se lo había imaginado de esta forma. Pero aquí estaba, enfrente de la criatura más exquisita que hubiera visto, mirando fijo esos ojos que causaban un revoloteo en su estomago. No podía creerlo, realmente le costaba asimilarlo... Ese hombre era su omega, lo sabía, sentía su vinculo llamarle.

-Cálmate por favor-le respondió, aunque también se lo dijo así mismo... queriendo aliviar la necesidad de sujetarle de nuevo contra su cuerpo. Quería volver a abrazarle para corroborar que estaba allí, que la había encontrado, a pesar de que había pensado que no lo haría. Pero primero tenía que ponerle a salvo-¡Estamos aquí!-le grito a la tripulación, esperando que los buscaran. Debía ir al barco. Sus ojos volvieron a clavarse en Erik... su omega era majestuoso, ciertamente no parecía un omega, se veía tan poderoso y fuerte. Parecía un alfa... sintió su boca salivar en demasía, esos rasgos fuertes y marcados, tan masculinos generaban en él un fuerte deseo por reclamarle.

-¡¿Quien eres?!-la voz de Erik era demandante y ansiosa, realmente no parecía el tono de un omega. ¿Acaso él estaba delirando? Ese hombre parecía todo un alfa. ¿Podía ser que se estaba equivocando? Por esas apariencias, por su actitud... ¿acaso estaba enfrente de un alfa? Frunció el ceño, empezando a sentirse confundido. 

-Me llamo Charles Xavier-respondió, sintiendo su cuerpo comenzar a temblar, sentía la cara helada. Su rostro estaba rojizo por el frío... necesitaba calor con urgencia.

-¡Estabas en mi cabeza ¿como hiciste eso?!-Erik no le quitaba los ojos de encima, pero a Charles le sorprendía que no hubiera una sola proyección de que el polaco le hubiera reconocido como él acababa de hacerlo ¿se estaba equivocando?. El pelirrojo estaba nervioso, no solo por la adrenalina de su casi muerte, sino por que acaba de tener a un sujeto en su cabeza ¡alguien le había hablado en su cabeza! ¡¿que carajos era eso?! Su mente estaba confusa, pero nada más... ni un solo pensamiento de reconocimiento, ni un solo pensamiento interesado en la apariencia de Charles. ¿Qué pasaba? ¿Por que no sentía el vinculo?

-Tu tienes tus trucos y yo los míos-de nuevo se vio embriagado por los descontrolados pensamientos ajenos. Al parecer Erik tenía la habilidad de pensar mucho y muy rápido. Pero lo que más le molestaba a Charles era que todas los pensamientos eran dudas e inquietudes, también respuestas pero ni una (¡ni una!) de que le hubiera reconocido como su pareja-Soy como tu ¡Calma tu mente!-pidió en un ronco grito, algo autoritario, al ver imágenes que se liaban entre los pensamientos de Erik, imágenes de Shaw... de Shaw con Erik. Shaw como el alfa de Erik.

Su mente se puso roja de pronto.

Erik le miro asombrado, sus facciones relajándose un poco, su cuerpo se balanceaba por la marea. Al parecer procesandolo todo-Pensé que estaba solo-dijo con una mezcla de alivio y de tristeza. Charles le sonrió como pudo, buscando reconfortarle, su sonrisa temblaba por el frió.

-No estas solo-se miraron con intensidad, y Charles se permitió estudiarle, para distraerse del frió. Erik era tan atractivo, el ingles sintió su corazón latir con fuerza, alegre de que su pareja le resultara tan hermoso-Erik, no estas solo-dijo, en más de un sentido, aunque su acompañante no lo entendió.

Su pecho se contrajo al ver la mascara de Erik caer, como sus facciones se había quebrado para revelar la angustia de la que estaba preso. Xavier tuvo que contenerse de abrazarlo, y se obligo a girar para ver si ya los estaban buscando.

** 

Fuera del agua, temblando de frío, se abrazo a las colchas. Pero a pesar de todo sus ojos seguían a Erik, viéndolo enfundado en su traje térmico. Su cuerpo era alto, musculado pero delgado. Se paraba como un alfa, se movía como un alfa. Pero los recuerdos que había presenciado le rectificaban que era un omega, no había podido olerle aun... el agua disolvía los aromas, pero por lo que vio en su mente era innegable que era un omega. Ahora la duda era ¿ese omega era su omega, o era el de Sebastian Shaw? Erik no le había reconocido, y sus recuerdos también afirmaban que Shaw lo había reclamado. ¿Acaso sus instintos le estaban fallando? Sentía en sus venas que Erik era suyo ¿por que el polaco no le reconocía?

Raven le frotaba las colchas con fuerza, intentando calentarlo. Charles le agradeció a Moira la infusión caliente que le acaba de preparar. La miró fugazmente, la beta le miraba con anhelo palpable en sus castaños ojos, y en otra ocasión Charles se hubiera aprovechado, hubiera coqueteado... de hecho, había estado coqueteando con ella, pero una vez que Erik Lehnsherr había entrado en su vida, todo lo de más se borro.


Horas después, pudo oler a Erik, aun estaban en el barco. Se habían cambiado, a Erik le habían prestado algo de ropa que al parecer no era su estilo, por su expresión de fastidio. Estaba tomando un café, a ambos les había quedado la sensación de frío en el cuerpo, por lo cual Charles estaba por beber uno también. Charles aspiró tímidamente al principio, varias fragancias llegaron a su nariz, de todas las personas que estaban en la cabina. Se relamió los labios, sin apartar sus ojos de Erik, siguiendo sus movimientos, y volvió aspirar al verlo revolver el cabello de su nuca... y esta vez el aroma le llego con más fuerza, su boca salivo de golpe. Si, olía como un exquisito omega, pero muy masculino... tabaco, caoba y colonia, mezclado con ese deje dulzón que indicaba su categoría. Con solo sentir su aroma, supo que si, Erik era su omega. Con mirarlo, y sentir ese aroma podía comprobarlo... sentía la sangre hervirle, la necesidad de ir, tocarle, dejarle algo de su aroma para que todos supieran que era suyo. 

Se acerco con la taza en la mano, viendo a Erik beber el café con calma. Se comportaba tan seguro y altanero, tenía a varios a bordo confundidos, ya que olía como omega pero se veía y se comportaba como alfa. Al parecer a Erik Lehnsherr le gustaba jugar con las mentes ajenas-¿Quieres que te preste algo de ropa? No te vez cómodo con eso-comento, señalando la sudadera ajena que tenía unas manchas dudosas. La expresión asqueada de Erik fue muy graciosa, pero luego le sonrió un poco, casi haciendo desaparecer sus delgados labios-No creo que tu ropa me quede, sino la aceptaría gustoso-comento divertido y agradecido. Chales le dio la razón, aunque hubiera preferido que la usara, regarlo con su aroma hubiera sido una buena forma para que esos montones de ojos dejaran de mirar a Erik con curiosidad, intriga y gusto. 

-Bueno, pero para lo que necesites, solo debes informarme, mi amigo-le dijo con una sonrisa, su mano voló al hombro ajeno y lo palmeo, esperando que el resto de los alfas en el barco (que eran unos seis) entendieran el mensaje y se apartaran.

Erik le regalo una mirada curiosa, algo inquisidora pero luego sonrió-Gracias, amigo-le respondió, saboreando las palabras en su boca. Nunca tuvo un amigo, y ahora llegaba este hombre con quien sentía que podía mantener una gran relación. El futuro pintaba interesante.