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El mejor regalo

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-¿Puedo ayudarle en algo, caballero?

-Hum… sí… estoy buscando un regalo para un amigo.

-Ajá… ¿Tiene pensado algo en especial?

-La verdad es que no estoy muy seguro.

-¿Qué me dice sobre sus gustos? ¿Hay algo que le guste hacer?

-Pues… le gusta hacer explotar cosas.

La dependienta le miró asustada y después de un rato, sonrió.

-Ya veo… me está usted tomando el pelo. ¡Qué gracioso!

Danny sonrió.

-Sí, por supuesto, soy muy gracioso.

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Cuando Danny salió del centro comercial ya había oscurecido, y como siempre le ocurría al salir del parking, se desorientó y tomó el desvío que no era. Daba igual que estuviese en New Jersey, en New York o en Hawaii, las Grandes Superficies alteraban su percepción y conseguían hacer siempre que se perdiera irremediablemente. Soltó un bufido mientras conducía por unas oscuras calles que le resultaban desconocidas y pensó en llamar a Steve. Posiblemente el SEAL se estaría riendo de él durante los próximos meses… dos años allí y no sabía volver a casa después de hacer las compras navideñas… ¡menos mal que aquello era una condenada isla!

Cogió su teléfono tras aparcar el coche junto a un callejón. Su campo visual detectó una actividad sospechosa. Tres personas parecían estar atacando a alguien que estaba en el suelo.

Salió del coche con el arma en la mano.

-¡Eh! ¿Qué creéis que estáis haciendo?

Los agresores se dispersaron, dudó entre darles caza o atender a la persona que estaba en el suelo. Lo mejor sería que viese si las heridas eran graves. Se arrodilló frente a la figura del suelo, era una mujer que gemía en posición fetal.

-Eh, hola, ya se han ido. ¿Puede decirme la gravedad de las heridas? ¿Puede moverse?

La mujer se giró hacia él y el detective sintió un frío repentino en su estómago seguido de una sensación viscosa y cálida. Bajó la vista y vio cómo la mujer retiraba el puñal de su cuerpo. También sintió un fuerte golpe en la cabeza.

Lo último que oyó fue a alguien gritar.

-¡Mierda! Es un jodido poli!

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Steve daba vueltas por el salón de su casa, se suponía que Danny y él iban a cenar juntos, ¿dónde se había metido? Su teléfono sonó.

-Por fin, Danny-dijo al contestar tras ver el nombre que aparecía en la pantalla-. ¿Dónde te has metido?

-No… no lo sé.

-Santo Cielo, ¿te has vuelto a perder?- el marine se echó a reír- ¿qué camino cogiste al salir del centro comercial?, ¿la izquierda?

-Derecha.

-Siempre igual, ¡parece mentira! ¡Era a la izquierda!

-A estas alturas ya lo sé, lumbreras.

Algo no acababa de encajar, el SEAL podía apreciar la tensión en la voz de su amigo.

-No te enfades, Danny. ¿Tienes forma de dar la vuelta? ¿Puedes preguntarle a alguien cómo volver al centro comercial para…?

-Steve…- le interrumpió su compañero-, lo siento, pero esta vez vas a tener que usar tu sentido arácnido para encontrarme.

-¿Cómo dices?

-Y cuando sepas donde estoy, mándame una ambulancia.

El color se borró del rostro del moreno.

-¿Has tenido un accidente? ¿Estás bien?

-No… y no… ven pronto.

El rubio dejó de contestar  y Steve ya estaba subiendo a su coche mientras ponía a Chin al corriente. Gracias a que no había colgado, Kono no tuvo problemas en rastrear la llamada y localizar el lugar donde estaba. Cuando llegaron al callejón, vieron el Camaro. Tenía las dos puertas abiertas. En la del pasajero, se veía a Danny, que estaba sentado en el suelo, apoyado en el asiento. Había perdido la consciencia hablando con Steve. En una mano tenía aún el teléfono mientras que la otra se apretaba contra su estómago, ensangrentada. Estaba oscuro y nadie podía ver con claridad si había dejado de sangrar o no. Steve se dejó caer de rodillas junto a su amigo y lo llamó, sujetando con sus manos el pálido rostro del rubio.

-Danny… Danny…- su voz sonaba con angustia, el policía emitió un gruñido que hizo que el marine respirase aliviado. A lo lejos, se oía la sirena de la ambulancia acercarse.

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La luz le hizo daño en el momento en que abrió los ojos. Unas manos apretaban la suya con fuerza y no era necesario mirar para saber de quién se trataba.

-¿Steve?- su voz sonó ronca.

-¡Danny! ¿Cómo te encuentras?

Nuevo intento, esta vez más cuidadoso, de abrir los ojos, aunque sólo fuese para ver la sonrisa que seguro que se acababa de dibujar en el rostro del marine.

-He conocido días mejores… y también peores, supongo. ¿Has vuelto a hacer que me disparen?

A pesar de la falsa acusación, Steve no pudo evitar soltar una carcajada.

-No, Danno, esta vez has sido tú solito. Y te han apuñalado, no disparado.

-Ah… cierto… esa mujer… creí que era la víctima.

-Parece ser que usaban esa estrategia para robar coches. Tres hombres fingían estar atacando a la mujer y así ella apuñalaba a los buenos samaritanos que acudían en su ayuda. Después robaban los coches.

-¿Y las víctimas?

-Dependiendo de si les eran útiles o no, las dejaban morir allí o los secuestraban para sacar más dinero. Había varias denuncias y casos sin resolver, la policía estaba trabajando en el caso, pero los hemos pillado. Todavía no sé cómo hiciste para llegar hasta el coche… había mucha sangre.

-Y todo daba vueltas… ese maldito golpe en la cabeza casi me estropea el record… hacía tiempo que no notaba el estómago tan revuelto.

-Tenías una fuerte conmoción, Danny.- Steve se había prohibido a sí mismo pensar en lo que podía haber pasado si el detective no hubiese llegado al teléfono, o si él no hubiese oído su teléfono…

-Lo sospechaba. Steve… ¿Qué día es hoy?

El SEAL bajó la vista y pareció encontrar muy interesante el diseño de las blancas  sábanas del hospital.

-Steve…

-Veintiséis de diciembre.

-¿Veintiséis de…? ¡Grace! ¡Mis seis horas con Grace! ¿Cómo es posible que haya estado dos días inconsciente?

-El ángulo de la puñalada hizo bastante daño interno, la cirugía se complicó un poco, además, con la conmoción… todo fue sumando… Hoy vendrá Grace, he traído su regalo.

Danny  frunció el ceño.

-Esperaba que despertases y se lo dieses, pero, si no lo hacías hoy… bueno… supuse que te gustaría que se lo diese antes de…

-¿Antes de…?

-Pues antes de…- ¿Por qué era aquello tan difícil? Se decía el marine. En momentos como aquel, realmente añoraba sus misiones como SEAL- antes de que se fuese a Londres.

Danny abrió los ojos sorprendido.

-¿A Londres?

-A ver a su abuela… creo- titubeó Steve. Un grito lo interrumpió.

-¡Danno!- Grace corrió hacia la cama y miró a su tío Steve para que la izase y pudiese abrazar a su padre.

-Monito… ¿Qué tal estás? Siento mucho no haber estado contigo en Nochebuena…

La niña le miró, muy seria.

-No pasa nada, papi. Unas personas malas te hicieron daño y tenías que recuperarte. Tío Steve me lo ha explicado.

El rubio dirigió una mirada de profundo agradecimiento a su amigo, que los observaba con la sensación de opresión en el pecho que se le ponía siempre que se daba cuenta del daño que podía hacer que esas dos personas se viesen separadas de repente. Estuvieron un rato hablando, hasta que Rachel entró.

-Monito… ¿Qué te parece si le pides a tío Steve que te enseñe lo que Santa Claus ha dejado para ti en mi casa?

Steve asintió y se llevó a la niña fuera.

-¿A Londres, Rachel?

-Sí, a ver a mi familia.

-¿Cuánto tiempo?

-Hasta que se reanuden las clases.

-¿Y yo?

-¿Tú qué, Daniel?

-¿Y mi tiempo con Grace? ¿Y mis seis horas?

-En Nochebuena, Daniel, son seis horas en Nochebuena. Eso fue hace dos días.

-Pero… pero estaba en el hospital- el nudo que se había formado en su garganta se hacía más grande por momentos.

-Una vez más, quieres decir. Escogiste tu trabajo por encima de tu familia, te lanzaste sin pensar las consecuencias, sacrificaste tu tiempo con tu hija, lo has perdido.

-Rachel, eso es cruel. No tenía elección.

-¿Cómo no la tuviste cuando nos abandonaste en el aeropuerto?

-¿Es eso? ¿Venganza? ¿Por eso volviste con Stan?

-Stan es el padre de mi bebé, Danny, no fue eso. Es más, eso fue una revelación, un recordatorio de las noches que pasé rezando por ti, velando en el hospital. No has cambiado, ser policía es más importante para ti que tu hija o yo.

-¡Eso no es cierto! ¡Grace es lo más importante de mi vida!- gritó el detective con lágrimas en los ojos- Sólo son seis horas, te lo suplico…

-Veré lo que puedo hacer a la vuelta- Rachel sabía que no estaba siendo justa, que Danny amaba a su niña pero que no podría evitar intervenir cuando podía ayudar a que el mundo fuese un lugar algo mejor. Sin embargo, detestaba con toda su alma ver la carita de preocupación de su hija cuando le preguntaba si su Danno iba a estar bien, si se iba a recuperar pronto… ¿Qué sería de la niña sin su padre, a quien tanto adoraba?

Desde fuera, Steve ya había oído suficiente, la pequeña, gracias a Dios, había permanecido ajena a todo aquello, ilusionada como estaba con el regalo de su padre. Él no, y tuvo que hacer grandes esfuerzos para no entrar a gritos en aquella habitación.

-Gracie, ¿qué te parece si volvemos con Danno?- le dijo a la niña, que asintió feliz y volvió a correr hacia la habitación de su padre. Él entró detrás, sin poder evitar lanzar una mirada de reproche a la ex mujer de su amigo.

Cuando el resto de la unidad llegó, Rachel y Grace se despedían del detective mientras Steve esperaba fuera. Kono sonrió feliz al ver que su amigo ya estaba despierto, pero su felicidad se borró al observar la expresión de su jefe, quien tenía los nudillos blancos de tanto apretar los puños y en su cara una mueca de rabia contenida.

-¿Ha ocurrido algo?- quiso saber. Su jefe les puso al corriente de lo sucedido.

Kono caminó hacia la cama del rubio, quien parecía devastado, y le dio un fuerte abrazo. Estuvieron un rato así, mientras el resto del equipo los observaba. La morena besó al haole en la mejilla y éste le sonrió agradecido.

-Me alegro de que estés bien- dijo ella.

Su compañero asintió y cambió de tema.

-Bueno, contadme. ¿Cómo ha ido la fiesta en casa Mcgarrett?

-No ha habido fiesta, Danny- le contestó Lori.

El policía se extrañó.

-¿Y por qué no?

El marine le miró sin creerse lo que oía y Chin contestó.

-Nos faltaba una parte importante del grupo… bueno, más bien dos, ya que Steve no salió de tu habitación desde el momento en que le dejaron entrar.

-La hemos pospuesto hasta que puedas estar con nosotros- añadió Lori.

El policía no ocultó su sorpresa.

-¿La habéis cambiado por mí? ¿En serio?

-Claro- Steve maldijo a la gente que había hecho que el rubio se sintiese tan insignificante como para creer que sus amigos iban a celebrar fiestas mientras él estaba en el hospital… Rachel la primera.

-Gracias chicos, no sé qué decir.

Los primos se miraron y sacudieron la cabeza.

-Así que recupérate pronto. Me muero por ver mis regalos- le dijo Kono con una sonrisa.

Al cabo de tres días, el policía pudo salir del hospital con la condición de que no realizase demasiados esfuerzos. El rubio dirigió una mirada a su jefe, como diciéndole que eso dependía de él. Steve se encogió de hombros con una sonrisa.

-No te preocupes, Danny. Hay un montón de informes esperando a ser rellenados.

El rubio le respondió con una bufido de protesta.

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La fiesta fue un éxito ya que había mucho que celebrar, por un lado la Navidad y por otro la vuelta de Danny. Todos estaban encantados con sus regalos y las risas resonaban por todos los rincones de la casa Mcgarrett. Lori miraba fascinada a los cuatro miembros originales del equipo, lo cierto es que eran una familia muy unida, cierto que habían acogido al resto con los brazos abiertos, a Max, a Charlie, a Kamekona… a ella… pero entre ellos había un vínculo especial. Suspiró sabiendo que ella nunca alcanzaría tal grado de cercanía con ellos … pensó en Steve, el atractivo SEAL que parecía no percatarse de lo que la gente haría por una de esas sonrisas suyas… sonrisas que no solía regalar a nadie, que solo unos pocos privilegiados podían ver… si tan sólo ella pudiese… Suspiró sabiendo que eso era imposible.

-Danny… no sé qué decirte… gracias… creí que odiabas ese coche.

-Lo odio cuando no funciona, pero, tal vez, con las herramientas adecuadas y las piezas que le faltaban seas capaz de hacerlo funcionar y recuperaré el control de mi coche…

-Ni lo sueñes, babe.

Danny suspiró.

-Tenía que intentarlo. Esto… Steve… no quiero parecer un desagradecido… en serio, me encanta tu regalo, pero… verás… no tengo casa, ¿qué se supone que he de hacer con este televisor? Creí que me regalarías una corbata, o unos pantalones tipo cargo.

Steve rió.

-¿Por qué iba a regalarte yo eso? Pensé en una tabla de Surf, pero Chin y Kono se me adelantaron. Además, la tele es para que dejes de dormir en el sofá y te instales en tu habitación, arriba.

-¿En mi…? Steve, ya lo intentamos, no funcionó.

-Esta vez funcionará, te lo prometo- le aseguró el marine con una mirada ante la cual el policía no tuvo nada que hacer. Danny sonrió y aceptó volver a aquella casa.

Al cabo de unas horas, los dos amigos se encontraban en el sofá. El rubio volvía a tener esa mirada triste que hacía que al Comandante se le partiese el corazón.

-Hum… ¿qué tal Mary Ann?

El moreno miró a su amigo, sorprendido por la pregunta.

-Bien, con un nuevo novio.

-¿Nuevo? ¿Quieres decir el de la semana pasada?

-No, nuevo del todo, lo conoció en Nochebuena.

-¿Qué problema tenía el otro? ¿No era el hombre perfecto?

Steve se encogió de hombros.

-Está muy perdida, no sabe lo que quiere.

El detective de New Jersey se guardó sus pensamientos para sí, normal que la muchacha estuviese perdida… esa familia tenía problemas a la hora de interactuar con el entorno, había sufrido demasiado, sobretodo Mary Ann, quien de pronto se vio privada de su madre, de su padre y de su hermano mayor. Sonrió.

-En la variedad está el gusto, supongo.

-¿Tú crees?- le dijo Steve mirándolo fijamente.

-No, yo soy como los periquitos, si encuentro a alguien, no hay nadie más para mí.

Steve asintió con una expresión que podría definirse como satisfecha.

-¿Y no va a venir?

-¿Quién?

-El Capitán Spock… ¿quién va a ser? Tu hermana.

-¿Para qué iba a venir?

-Pues para celebrar el cambio de año con su familia, tal vez.

El marine negó con la cabeza y dio un sorbo a su cerveza mientras el rubio miraba su vaso de leche con expresión de angustia, al parecer su amigo nunca seguía las reglas, excepto cuando éstas implicaban mantenerlo a él alejado del alcohol… vida ingrata…

-¿Y no irás tú a verla?

-Danny, mi familia no es muy de reuniones familiares- contestó el marine.

-Pues deberíais, sólo os tenéis a vosotros- dijo el policía con tozudez-. Nosotros nos juntábamos todos el día de fin de año en casa de mis padres. Íbamos a patinar y hacer muñecos de nieve con los niños y, antes de la cena, Matt y yo nos llevábamos a nuestros cuñados y siempre acababan con unas copitas de más. Nuestras hermanas se enfadaban, pero al año siguiente eran ellas las que insistían en que nos llevásemos a sus maridos… sobretodo Sarah, su marido siempre tenía unas borracheras divertidísimas. Mi madre hacía toneladas de comida y luego íbamos a New York, a Times Square, a realizar la cuenta atrás entre la multitud… el año de mi divorcio acabé besando a un montón de desconocidas… creo que Matt se propuso emborracharme a mí también ese año… Después íbamos todos a bailar, a las discotecas… para acabar con el lamentable espectáculo de Matt, mis cuñados y yo bailando en la barra del pub de un amigo al ritmo de alguna terrible canción de los ochenta.

Steve no pudo evitar sonreír ante la imagen mental que se le presentaba. Después, se dio cuenta de la mirada perdida de su amigo. La vida no había sido muy justa para el rubio en esos últimos años… El SEAL tuvo que contener su repentino deseo de abrazar a su compañero. No sabía de dónde había salido ese sentimiento, solo sabía que una parte de él deseaba borrar todos los malos momentos de la vida del policía. Éste se removió algo incómodo en su asiento.

-Será mejor que subas a dormir- dijo el marine, consciente de la expresión cansada del detective-. No me había dado cuenta de que era tan tarde, probablemente estés agotado.

Danny se disculpó con una sonrisa avergonzada.

-Tal vez un poco…

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Al día siguiente, Danny se despertó dolorido. En la mesilla estaba una de las pastillas que le habían recetado para calmar el dolor junto con un vaso de agua. El detective sonrió y se tomó la medicación diligentemente, luego se vistió y bajó las escaleras despacio. En la cocina encontró a un feliz marine que canturreaba mientras preparaba café. El rubio lo observó un buen rato con una sonrisa.

-Buenos días, ¿a qué viene tanta alegría?- preguntó por fin.

El SEAL se giró, le dedicó una sonrisa y cogió una taza para Danny. Le sirvió el desayuno sin cambiar de expresión.

-No sé de qué me hablas.

-¿Ha venido Catherine y yo estaba tan drogado que no me enteré?

-¿Cómo dices?

-Esa cara tuya… es cara de felicidad, cara de “esta noche he triunfado”, y, que yo sepa, anoche solo estábamos tu y yo aquí…

-No es eso.

-¿Entonces qué pasa? ¿Has recibido un cargamento de armamento pesado como regalo de Navidad?

-No- Steve no pudo evitar que su sonrisa se ensanchara todavía más-. Y no te esfuerces, Danny, te lo diré a su debido tiempo.

Hasta aquella tarde, el rubio sólo podía observar extrañado el ir y venir de su amigo, que se comportaba de una forma extraña… incluso para ser él. Entraba y salía de la casa alegando que tenía que hacer recados, aunque nunca traía nada con él al regresar, y no dejaba de silbar y canturrear alegre. El detective lamentó no estar en perfectas condiciones para seguirlo y averiguar qué era lo que se traía entre manos.

Por fin, después de la cena, Steve se sentó frente a él.

-Tengo un regalo más para ti.

El detective le dirigió una mirada atónita y luego se volvió hacia donde el marine le señalaba.

-¿Mi maleta? ¿Ya te has arrepentido de ofrecerme tu casa?

El moreno le miró, dolido.

-No, mañana irás a New Jersey.

-Steve, no bromees con esas cosas.

-Es cierto.

-¿Cómo va a ser cierto? ¿Acaso tienes aquí la TARDIS  y no me he enterado?

-¿La qué?

-Olvídalo.

Steve sacudió la cabeza, y prosiguió.

-Un amigo me debe un favor y me ha prestado su avioneta. Mañana te llevaré a casa.

Los ojos del rubio brillaban de emoción.

-¿Lo dices en serio?

-Completamente.

Danny nunca había tenido reparos a la hora de expresar sus emociones, pero aún así, su abrazo pilló desprevenido al marine, que sintió una agradable y cálida sensación en el interior de su pecho mientras se aferraba a aquel abrazo.