Chapter Text
Scorpius se acomoda en las almohadas y cierra los ojos un momento, pasados unos segundos los abre y vuelve a fijar su mirada en el libro que tiene entre sus manos. Lee un poco más, acaba la página, y aunque sabe que debería intentar dormir, no lo hace. Sigue leyendo hasta terminar el capítulo y ya sólo le faltan dos para acabar el libro, algo que quizá lo hará esa noche.
Mira a su izquierda, ahí en la mesa de noche sobre la cual está un reloj digital. Son las cuatro de la mañana. Al parecer esa será otra noche sin dormir, aunque le gustaría hacerlo. Está cansado y tiene unas ojeras que empiezan a preocupar a sus padres, quienes saben que algo hay de malo con él aunque Scorpius no ha hecho comentario alguno.
Desde hace varios días tiene insomnio, no todas las noches pero sí con bastante frecuencia. Piensa mucho en lo sucedido en los últimos días de clases, en especial todo lo que le dijo a Albus. No se arrepiente y está convencido de que decirle fue lo mejor, aunque no por saberlo deja de ser doloroso. O no precisamente doloroso pero sí incómodo y preocupante: la relación con Albus no será igual, es un hecho.
Cierra el libro, lo deja sobre su regazo. Cruza los brazos detrás de la cabeza mirando al techo y se pregunta cómo se encontrará su amigo. No le ha enviado ni una carta o le ha llamado (en su casa no tienen teléfono, pero hay una cabina muy cerca y a veces la usa), y aunque sabe que fue él mismo quien le pidió que no mantuvieran contacto durante las vacaciones, piensa que tal vez no fue una excelente idea. Porque extraña a Albus, no hay otra forma de decirlo. Lo extraña y tiene urgencia por saber de él.
Se pregunta si hay algo malo con él por querer saber de la persona que quiere aun sabiendo que ésta no le corresponda. Tal vez sí, ¿pero a quién le importa? Vuelve a mirar el reloj: han pasado dos minutos desde que lo miró por última vez. Deja el libro en la mesa de noche y se levanta. Camina hasta su escritorio.
Toma asiento, apoya las manos sobre la superficie, se queda quieto unos segundos. Sonríe ligeramente y abre uno de los cajones, sacando un pergamino y busca también una pluma fuente que tiene guardada por ahí. Mira a derecha, ahí en donde está su ventana con las cortinas semiabiertas. Regresa la vista al pergamino y comienza a escribir.
Minutos después, cuando ha terminado, dobla el pergamino y lo guarda en un sobre, en cuyo reverso escribe el nombre del destinatario y la dirección que conoce de memoria, y tal vez sea anticuado, pero lo sella con cera, con el escudo de los Malfoy. Sonríe más, poniéndose de pie. Debe llegar con Evolas antes de que ésa empiece a dormir; su lechuza se pone de mal humor cuando la despierta.
