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Feel it still

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Con el paso de los años había desarrollado un sentido de premonición al peligro. Quizás inconscientemente, quizás por supervivencia, pero le había servido para atenerse a muchas de las situaciones que la vida había puesto en su camino, aunque no siempre salió de ellas con la mejor de las suertes.
—Rose —llamó su atención Wanda. La aludida la miró, y le sonrió, sacándose las gafas que cubrían sus ojos de las chispas ocasionadas por el trabajo que estaba realizando.
—Dime.
—Tony te llama.
Ahí estaba otra vez, esa premonición al peligro. Rose suspiró y asintió.
—Ahora voy —dijo, suspirando. Wanda se sonrió y esperó por ella para acompañarla hasta la oficina donde Anthony la esperaba.
—¿Estabas trabajando en algo nuevo?
—Siempre hay algo en qué trabajar —le respondió la muchacha.
—Suerte —le dijo Wanda, dejando que sólo ella subiera las escaleras que la separaban del dueño del lugar.
—¿Ahora qué quieres? —dijo Rose mientras entraba la oficina. Recién al ingresar se percató de la presencia de un niño al otro lado de la habitación que parecía haber sido apaleado por un grupo de pandilleros.
—¿Quién te enseñó a hablar de esa forma? —se preguntó Anthony un poco para sí mismo. La aludida no le respondió—. En fin, los presento: Peter, ella es Rose; Rose, Peter Parker.
—Oh… ¿Él es PP?
—¿P-- P…? —preguntó Peter en voz baja.
—Mientras menos sepa, mejor —trató de responder Rose.
—Así es —dijo Anthony, palmeando la espalda del muchacho quien lo miró con una expresión de dolor en el rostro. Trató de quejarse, pero aunque separó sus labios, no emitió sonido.
—¿Me estás hablando en serio o es el Día de los inocentes? —se burló la muchacha, señalando a Peter con el dedo mientras se acercaba un poco a él.
—Créase o no, es él —dijo Anthony.
—Ustedes dos saben que estoy aquí, ¿cierto? —preguntó Peter, sintiendo los efectos de las palabras de ambos.
—Esas modificaciones que me pediste para el traje —dijo Rose, mirando al muchacho de arriba abajo—… no creo que sean estrictamente necesarias.
—Eh… Lo son. Sé que lo son. Créeme que lo son —se apresuró en responder el mayor.
—Pero, en serio… ¿Debería tomarle las medidas…? —preguntó Rose sin poder evitar sonreír de lado.
—No. No, por supuesto que no. Hazme caso y realiza esas modificaciones, por favor —dijo Anthony.
—Como tú digas —dijo Rose, levantando ambas manos en señal de retirada—. En fin, estaba ocupada. ¿Para qué me quieres?
—Irás a vivir con el niño —dijo Anthony.
—¿Qué? —exclamaron los menores al unísono.
—Sí, así es. Tú estás demasiado tiempo en el laboratorio y sólo necesitamos un adicto a la tecnología en este lugar.
—¿Es decir que me estás echando? —preguntó Rose.
—Por supuesto que no, pero —sin ser capaz de encontrar las palabras exactas a lo que estaba tratando de decir, Anthony suspiró—… Creo que necesitas hacer amigos. Es por esa razón que te inscribí en Midtown.
—¿Qué? ¿Me estás jodiendo?
—En serio no entiendo de quién carajo sacaste ese lenguaje —suspiró Anthony.
—P-- Pero-- Señor Stark… ¿Y May? —preguntó Peter.
—Ya hablé con ella, y está encantada de recibirla.
—Ya tengo amigos —dijo Rose.
—No. Ellos son mis amigos —aclaró Anthony en referencia a los Vengadores, poniendo especial énfasis en el pronombre posesivo—. De por sí, Steve… es más grande que todos nosotros… cronológicamente hablando… Mira, Rose… Esto es por tu bien.
—Si no querías hacerte cargo de mí, no lo hubieras hecho —le dijo la muchacha, mirándolo directamente a los ojos—. Yo estaba perfectamente bien en el orfanato.
—Puedes hacer las modificaciones pertinentes del traje allá mismo. Vamos —le pidió. Era extraño por demás oír a Anthony Stark pidiéndole un favor a alguien, sobre todo a una muchacha que parecía tener su edad, pero el suspiro que oyó Peter de parte de Rose fue como una aseveración al pedido de Anthony, quien esbozó una sonrisa—. Además, quiere ser parte de los Vengadores. Puedes ayudarlo con eso en el gimnasio.
—A-- Yo-- Q-- Pensé que ya lo era —le preguntó Peter.
—Ah, no, muchacho. Primero debes vencerla a ella —aquel desafío hizo sonreír a Rose. De brazos cruzados, se quedó mirando a su pronta víctima—. Los espero abajo.
—¿Así que quieres ser parte de los Vengadores? —preguntó Rose.
—Así es —respondió Peter.
Rose pudo divisar una seguridad que hasta el momento parecía no existir entre las pocas cualidades que podía llegar a rescatar de Peter. Aún así, se sonrió. Sabía que eso iba a ser un platillo fácil.

Ambos muchachos llegaron al gimnasio y subieron al enorme cuadrilátero especialmente preparado para entrenar. Steve había estado entrenando en una de las máquinas que había en el lugar, y Natasha en otra. Junto con Anthony, Vision y Wanda, se dispusieron a uno de los lados del cuadrilátero.
—¿Estás listo? —le dijo Rose al muchacho frente suyo. Volviendo a carecer de seguridad y confianza, el aludido asintió.
—No se lo dijiste, ¿cierto? —le preguntó Natasha a Anthony, en voz baja.
—Deja que me divierta un poco, por favor —le pidió el aludido al borde de la risa.
—Eres increíble —suspiró Steve.
Rose tomó carrera y trató de asestarle a Peter una patada al estómago. Después de todo, un golpe bien dado lo dejaría llorando en el piso. Sin embargo, el muchacho desvió su pie hábilmente y se hizo a un lado. Rose frunció el ceño y adjudicó la breve victoria de parte de Peter a una suerte de principiante que no volvería a ocurrir. Trató de golpear uno de sus flancos con el talón. Nuevamente, Peter se movió segundos antes de hacerlo, y hasta llegó a sostener su pie con ambas manos.
—“¿Qué mierda está pasando acá…?”, se preguntó Rose, mirando escasos segundos a Anthony, quien le hizo una seña con las manos para que siguiera con la contienda.
Empezando a molestarse un poco al ver el rostro de extrañamiento de Peter, trató de golpearlo, tres, cuatro, diez veces más, de diferentes ángulos, pero por algún extraño motivo, era imposible siquiera rozar un solo cabello de ese muchacho. Desesperada y con todas sus fuerzas, hasta hizo que Sam y Clint, que estaban en otras habitaciones, alertados por sus gritos de frustración, llegaran al gimnasio.
—¿Qué está sucediendo aquí? —preguntó Sam.
—Rose está tratando de pelear con Peter —respondió Natasha, al borde de la carcajada al darse cuenta que Anthony ya no podía contenerse y estaba llorando de la risa.
—Pero, es imposible que le aseste un solo golpe —dijo Clint.
—Ella no lo sabe —dijo Steve—. Y aún si lo supiera, no se rendiría tan fácilmente.
—Eso es porque tú la entrenaste —dijo Clint.
—Eso es porque tiene la sangre de su padre corriendo por sus venas —reconoció Steve.
—¡Ya… deja… que te golpee… de una maldita vez! —exclamó Rose, visiblemente cansada—. ¿Es que no te cansas, carajo?
—Rose —llamó su atención Steve.
—Lo siento —se disculpó la muchacha, revoleando los ojos.
—Realmente lo siento. No es mi culpa, es que yo--
Sus palabras hicieron que Rose se enfadara aún más. Ese niño no lograría llegar muy lejos en su primera misión si se disculpaba con el enemigo. Con sus últimos alientos, la muchacha volvió a increpar al sujeto que, frente a ella, no había derramado ni una sola gota de sudor. Sin embargo, fue por un descuido suyo que terminó en el suelo, llevándose a Peter encima. Enfadada consigo misma, hizo a un lado el cuerpo del muchacho, quien se quejó. Cuando se incorporó, Anthony ya no pudo con su alma y estalló en risas. El resto de sus amigos atinaron a sonreír.
—¿Qué es tan gracioso?
—No puedes golpearlo —le dijo Sam.
—Lo sé.
—No, no lo entiendes: es imposible que puedas golpearlo —agregó. Rose frunció el ceño.
—Ese chico puede prever lo que va a suceder, segundos antes de que suceda —aclaró Steve—. Es imposible que lo golpees, simplemente porque él va a intuir que lo harás.
Rose miró a Peter, quien asintió, sentado en el suelo.
—Y tú lo sabías —le dijo a Anthony que no podía responder debido al ataque de risa que estaba experimentando en ese instante.
—Tony —Virginia llegó junto con la tía de Peter. La mujer en cuestión se sorprendió por las imponentes personas presentes en el lugar.
—¡Eres una mierda de padre! —exclamó Rose, agarrando de mala gana la toalla que Natasha le estaba extendiendo y bajando de un salto del cuadrilátero.
—¿Qué le hiciste? —le preguntó Virginia a Anthony.
—Hizo que peleara con el muchacho —respondió Vision.
—¿Qué? —preguntó May—. ¿Peter la golpeó?
—De hecho, señora Parker —respondió Clint—, Rose está así de enfadada porque el muchacho esquivó todos y cada uno de sus golpes.
—Qué suerte —suspiró May.
—Señora Parker, bienvenida —le dijo Anthony, recuperando de a poco la compostura—. ¿Cómo estuvo el viaje desde Queens? —agregó, conduciéndola hasta donde estaba Rose, a pocos pasos del cuadrilátero bebiendo una botella de agua mientras sus maldiciones eran contenidas por Natasha.
—Abrumador. Cansador —respondió May.
—Suele suceder. Rose…
—¿Qué? —le preguntó la aludida, de mala gana.
—Te presento a May Parker. Ella es la tía de Peter.
—Encantada de conocerte, Rose —le dijo la morocha—. Es un placer recibirte en casa.
De alguna forma, la mujer frente suyo le despertó tranquilidad. Pero, al mismo tiempo, sintió algo frágil en ella, algo tan frágil que se iría a destruir ante el leve contacto. La hizo recordar a ella misma. Rose extendió su mano, y May la estrechó con ternura y una amplia sonrisa. Anthony y Virginia se miraron. Toda esa rabia que había despertado la inesperada mudanza de Rose a Queens, parecía haber desaparecido apenas conoció a May.