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Trozos de Almas

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Las noches de otoño comenzaban hacer frescas, como cada año ya encontraba por doquier los suministros que le habían traído para el invierno. Cajas llenas de nuevas lanas, mantas, pero en aquella habitación parecía que todo el calor se había esfumado. Su cuerpo sentía que el frio le había penetrado hasta los huesos, la túnica de lana azul obscura no parecía ser suficiente para poder contener su propio calor; mucho menos otorgar un poco de protección a los vientos que se abrían pasó por las troneras.

Tenía horas caminando de un lado a otro de la habitación, era incapaz de permanecer inmóvil en un lugar, tenía motivos para no encontrar calma ¿Quién podría? su participación o falta de ella para ser más precisos. Tenía como consecuencia los problemas que enfrentaba su señora, su mayor temor fue a su encuentro. Todo su ser estaba consagrado a ellos y ahora que había caído o presumía su muerte, era incapaz de pensarlo si quiera, enfrentaría lo necesario para ayudar a su gracia, después de todo el tiempo transcurrido aún no olvidaba a quien debía su lealtad, su vida o muerte eran suyas, nada cambiaria eso.

No tenía motivos para albergar esperanzas de cambiar sus condiciones pero eso no era lo que le impedía dejarse vencer, si se rendía, en definitiva su dignidad era lo único que aún conservaba. Cuando estuvo lista miro a su alrededor, la habitación que ocupara desde hacía ya tanto tiempo, le pareció que era más pequeña, más obscura, un pensamiento lúgubre se apodero de su ser y parecía negarse a abandonarlo, lo que le dijo que en esta ocasión podría ser la última.

El golpe seco en la puerta le sobresaltó, tan inmersa en sus pensamientos le tomo un momento percatarse de lo que ocurrió.

- ¡Su Señoría la llama! – se escuchó la voz ronca que reconoció en el momento.
- ¡Estoy lista!– fue su respuesta, paciente espero que entraran.
La puerta se abrió delante para encontrarse como lo esperaba con los guardias enviados en su búsqueda reuniendo todo su aplomo siguió en silencio al grupo que tenía delante.
Cada vez que ocurría era más difícil que la anterior, ser guiada atreves de los serpenteantes corredores de la gran fortaleza era cada vez más angustiante, pero esta ocasión tenía algo, una creciente sensación de peligro se apodero de su corazón, sintió que el pánico quería poseerle, manteniéndose a penas en calma continuo, sin importar que le esperara no podía retroceder, tendría que seguir y escuchar lo que sin duda no le agradaría en lo más mínimo.
Como podría después de todo era responsable en gran medida de lo que había ocurrido, no pudo prever las implicaciones de todas sus acciones, y si algunas provocaron más de una consecuencia y era su deber afrontarlas.
[Su cometido fue ordenado, he igualmente debió haberse cumplido. Como podía negarle algo, cuando escucho la propuesta; por su mente no hubo atisbo de duda. Después de todo era sin lugar a duda la mejor posibilidad, la mejor opción. No había en este mundo una persona capaz de hacerle cambiar de idea o decisión. Con o sin ella cumpliría su deseo, y no nadie podía impedírselo, conocía su determinación]
Podía ver el final del corredor, la puerta de madera de roble y hierro la esperaba al fondo. Luz de una antorcha bailaba, iluminando su camino. Los guardias se detuvieron flanqueándole a ambos lados, el último de ellos abriría la puerta para que la cruzara y la acompañaría a la sala donde la esperaban.
Por su mente cruzo una sombría idea que se esforzó en ahuyentar, no tenía tiempo para dedicárselo, no en ese momento, necesitaba todos sus sentidos atentos para la tarea delante, el fracaso no era una opción. Con solo una inclinación de cabeza, la puerta se abrió esperando solo que la cruzara, hizo acopio de toda su entereza y avanzo hacia ella.
La gran sala era una nave amplia con tres columnas ornamentadas con escrituras rúnicas muy antiguas de la cual no se conocía la existía de una traducción aún. El registro de su antigüedad se había perdido mucho tiempo atrás, el tipo de construcción era demasiado antiguo para precisar con exactitud su origen. Al fondo los tres blasones símbolo del poder de la familia, la torre blanca en un fondo azul, La bestia negra en fondo rojo sangre y la espada atravesando un ojo dorado.
Al verlos ahí como recordatorio del poder que representan decorando el muro gris. Ante esta visión se encontraba al recordar el motivo que la llevaba a ella, un lúgubre pensamiento apodero de su mente que sin importar la luz que iluminaba la sala se sintió rodeada de sombras en cada rincón desde el corazón de la roca.
Muy lentamente avanzo sintiendo el palpitar de la roca bajo sus pies, el resonar de sus pasos trasformados en eco distorsionados al chocar con la superficie irregular de las baldosas que cubrían el suelo. Se detuvo a escasos de pasos del fin de la sala, cuatro escalones por encima de él se encontraba la silla ornamentada que fungía como el trono de su señorío. Inclinándose espero ser pacientemente ser llamada.
El silencio reinante en la sala podía sentirse como una gran peso, que impedía moverse de su lugar por lo que permaneció donde se encontraba esperando la resolución de su juicio, parte de si deseaba terminara con la orden de su ejecución seria la manera fácil de ponerle punto final, mientras la otra parte deseaba encontrar una salida para poder seguirla a donde fuera que se había marchado.
- Al alba sabrás tu destino Lady Dalysá – la voz de trueno de Lord Edmund Stanford lleno la sala.
Apenas noto la mano que lo levanto del suelo para guiarle de regreso, lentamente avanzo rodeado de los hombres cubiertos de armadura brillante en azul grisáceo, portando sus espadas largas y capas de color rojo intenso tras ellos. Solo restaba esperar el alba.

 

.. _
Los bosques que se extienden al lado del río Minanter están llenos de todo tipo de creaturas. La serie de improvistos a los que se enfrentaba en este viaje al oeste superaba los esperados. Lo que en un inicio se planifico no se había cumplido. Frustrada, molesta y cansada continúo su incursión. Después de su último enfrentamiento no tenia deseos de exponerse a una nueva pelea.
No tenía la seguridad de si aún persistían las amenazas pero no se encontraban en condiciones de arriesgarse a un tropiezo. Conocía el terreno y era mejor un camino lento por entre el bosque que la toma del camino, con poca cobertura.
Descubrió que el ocaso caería sobre ella en poco tiempo cuando llego a una pequeña ensenada en la rivera del rio. Tomó la decisión de montar campamento para descansar y comer. También estaba en necesidad de un descanso, pero la falta de compañía le convertiría en presa fácil de ataque.
Tendría que impulsarse a seguir hasta separarse más de la ciudad de cadenas antes de planear dormir un poco. Después de lo ocurrido carecía de valor para tentar a su suerte y descansar adecuadamente. No tenía el valor para considerarlo tan próximo a la ciudad.
Con la ayuda de un grifo encendió una fogata, comiendo en silencio y con calma. No le tomo mucho tiempo saber que era observada. En la rivera opuesta del río un par de brillos azules le observaban en la penumbra. No era una amenaza de ello estaba seguro, solo percibía curiosidad.
La presencia no le amenazaba, supuso que debía tratarse de algún animal de la zona. Entre las opciones que llegaron a su mente se encontró la opción más lógica, se trataba de un lobo. Tal vez un lobo joven solitario que se dejaba llevar por su curiosidad, con ese pensamiento dejo a un lado más lejano del fuego un poco de comida para su “visitante inesperado”. Se cubrió con una manta y se acurrucó junto al fuego.
Atenta a su alrededor a espera de que su invitación fuera aceptada. Escucho su suave avance, con paso deliberado y decidido. Acepto su oferta en silencio, descubriendo que no busco robar su alimento en la mochila a solo unos pasos de distancia, motivando su curiosidad ante la creatura. Descubrió que se retiraba a unos metros alrededor de su campamento improvisado.
Descansando solo un par de horas tomo la decisión de continuar con su avance. No fue capaz de encontrar a la creatura cerca de ella, restando importancia al hecho levanto su escaso campamento. Árboles le rodean en su camino al sur, alejándose del rio en cada paso. Pronto tendría que regresar al camino tal vez unos cuatro días, si no desfallecía antes.
Su segunda interacción llego poco después en el centro de tres árboles cercanos, sentándose en el suelo descansando. Escucho un paso vacilante mientras se mantenía en guardia en torno al lugar donde planeaba acurrucarse para pasar la noche. Sus penetrantes ojos de amatistas encontraron la silueta familiar junto a un árbol al norte, “¿Estaba siguiéndome?” Se preguntó sin debía sentir un motivo de preocupación real. Compartió su escaso alimento con su “Visitante” sin mezquindad, un poco más cerca en esta ocasión. Su cansancio estaba haciendo estragos, demasiados días de viaje sin descanso serian su muerte.
Pese a sus esfuerzos por negarse a descansar, se mantuvo atenta a su “nuevo visitante”. Comprendió que no era un ladrón que buscaba adquirir sus pocos suministros, irremediablemente término dormida al comprender que no le haría daño. Pasaron horas entes de poder despertar. Sentándose sobre su manta descubrió que el alba rompería en cualquier momento, durmió sin interrupciones durante la noche completa. Barrió con la vista su improvisado campamento en su búsqueda pero no encontró señal alguna de daño o asalto.
Levanto su campamento sin tener la oportunidad de verle de nuevo, su conducta era extraña. No se trataba de una creatura normal, nunca se había conocido alguna creatura que se acercado tanto solo para saciar su curiosidad. El improvisado campamento fue levantado sin problemas.
Al retomar su camino al sur encontró un presente frente a sus pasos, dos nugs le fueron entregados, “Le obsequiaba sus presas de caza” una mirada de confusión se dibujó en su rostro ante su pensamiento. Un momento de duda detuvo su mano, finalmente acepto la oferta y los limpio para almacenarlos en su mochila.
Su mente se concentró en la situación desconcertante durante el día, avanzando con paso tranquilo. Recordó todo lo que conocía, en busca de una posible respuesta. Se encontraba cerca del ocaso nuevamente cuando tomo su decisión.
Inicio con los preparativos para pasar la noche nuevamente, tomando un espacio un poco mayor a los anteriores en esta ocasión. Preparo una cena con los regalos e ingredientes que encontró en el camino desde esta mañana. Espero pacientemente a que concluyera sus labores antes de buscarle.
Cuando finalmente la cena estuvo lista fue capaz de ver la silueta de su seguidor, a un más cerca que antes a la vista. No se había equivocado se trataba de un lobo, un gran lobo negro con ojos de zafiro. Estaba detrás de ella desde la tarde que le dio cuenta de su presencia, solo dedicado a observarle.
Sin duda no era una creatura normal como lo pensó en primer lugar, tenía una idea clara de cómo debería ser su proceder a la situación. Como de costumbre eligió un lugar junto a la fogata, preparo cena para dos, una delante de ella frente a la fogata y la otra aun lado.
- Creo el momento oportuno para una presentación adecuada, agradeceré que comparta la cena conmigo en esta ocasión – llamo a nadie en particular – prometo que no muerdo – se giró y espero pacientemente los pasos vacilantes que se aproximaba.
El sonido susurrante de pasos cambio ligeramente. Sonrió mientras comprobaba que no se había equivocado. Sin apartar la vista del fuego espero pacientemente la llegada de su invitado a cenar, de las últimas noches.
- Aceptaste mi cacería – dijo sentándose junto a ella - ¿Cómo descubriste que no se trataba de un animal normal? – cuestiono mirando a la mujer humana de cabello oscuro atado en una coleta, con brillante ojos de amatista; aceptando el plato de estofado.
- Si soy honesta no estaba segura, solo me pareció que se trataba de un Lobo demasiado inteligente para su apariencia joven – respondió con honestidad, mirando con curiosidad el varón elfo a su lado. Cabello oscuro similar al suyo y ojos de zafiro oscuro – sin deseos de ofender – agrego temiendo haberle ofendido.
- No hay daño – le aseguró – solo estaba curioso sobre el motivo de su apuesta – ella rio ante el comentario – imagino que no es común ver a un mago cambia forma.
- No son comunes – estuvo de acuerdo - si es a lo que te refieres – afirmo dudativa – eres el primero que me cruzo para ser honesta.
- Una presentación es adecuada para continuar, no estás de acuerdo – extendió su mano a ella – mi nombre es Van Harrellan.
- Mi nombre es Eveline Vahell – tomo su mano tímidamente – Puedo preguntar ¿A dónde te diriges? – al tiempo que soltaba su mano.
- Me dirijo al sur al territorio llamado Montaña de la espalda Helada en Ferelden – respondió sin expresión alguna.
- Es una coincidencia maravillosa – expreso con entusiasmo – compartimos el destino. Sera más fácil viajar juntos, que te parece – cuestiono al no ver cambio de expresión en él.
- Estoy de acuerdo es demasiado peligroso viajar solo – estrecharon las manos en acuerdo.

Su viaje era más fácil ahora con su nueva compañía para compartir la carga, fue una grata sorpresa encontrar alguien con quien poder compartir el difícil viaje por delante. Mantuvo su intención inicial de no exponer a alguien a los peligros que podrían surgir en la travesía, por ese motivo decidió viajar sola por un terreno especialmente difícil.
Conversaron durante el tiempo necesario en la cena para descubrir que tenían un fin en común, un extraño giro del destino les unió, por así decirlo. Aún les separaban dos meses de su destino, por lo que tomarían las cosas con calma. Viajaban entre bosques alejados de carreteras y caminos evitando los problemas que enfrentarían, si eran identificados.
Durante el día avanzaban tanto como les era posible, al caer la noche establecían un campamento y guardias para poder descansar. Sin duda eran una pareja de viaje bastante inusual, les llevo a establecer una historia. El hecho de compartir un propósito no les garantizaba no levantar sospechas, sus puntos de acuerdo les llevo a crecer en simpatía.
Cazaron tantas presas como necesitaron y recolectaron en su andar hierbas útiles para ampliar sus suministros. No fue necesario acercarse a alguna de las ciudades en su camino. Detalle que agradeció en gran medida, lo último que necesitaba era arrastrar a su compañero improvisado aun conflicto innecesario.
Después de cinco semanas se aproximaron al primer problema en su travesía. Tendrían que cambiar su guardarropa, las piezas que transportaban no ofrecerían suficiente cobertura para la nieve a la que se enfrentarían al llegar a la montaña.
- Tendremos que buscar abrigos, Evie – dijo casualmente – entre otras cosas.
- Estoy consciente de ello, Van – respondió deteniéndose – nos desviaremos al este, debemos encontrar lo necesario ahí.
- Convenido entonces – coloco su mano derecha en su hombro – priorizaremos sus necesidades.
- No es necesario preocuparse…. – Evie intento replicar con un gesto Van callo su argumento.
- Tengo mi propia piel – señalo con paciencia – concéntrese en sus necesidades.
Un cómodo silencio cayó entre ellos, no pudo evitar la sonrisa que se dibujó. No estaba segura de lo que le llevaba a preocupare por ella, pero lo agradecía. Un ligero cambio de rumbo les llevo en dirección a obtener los suministros y mercancías para cumplir sus propósitos.

 

.. _ ..

Un jardín precioso iluminado por pequeñas antorchas le ofrece un escenario pacifico. Sentada jugando con el agua de una fuente al centro del lugar es reconfortante. Suaves pasos atrajeron su atención. Una sonrisa se dibuja en su rostro al saber quién está detrás de ella, siempre busca sorprenderle. Su entrenamiento como asesino le ayuda a escuchar hasta el mínimo cambio a su alrededor.

Gira rápidamente para sorprenderle cuando cree que no le ha escuchado, su expresión cambia drásticamente al descubrir a un intruso a pocos pasos de ella. Su mano derecha se dirige a su bota mientras se levanta. Su enemigo se impulsó buscando apuñalarle, impide su golpe con su daga escondida. Gira rápidamente buscando evadir su ataque y corre su derecha.

- ¡Ayuda! ¡Me atacan! – grita a todo pulmón al tiempo que llega a la puerta al final del jardín - ¡Salgan hay un intruso! – grita de nuevo golpeando la puerta repetidamente y no hay respuesta.
- Grita todo lo que quieras, nadie vendrá en tu ayuda – un nudo se instaló en su estómago – solo hay cadáveres ahí dentro – sonrió oscuramente el intruso ante su reacción, orgulloso de sí mismo. Un repentino sentimiento de debilidad le llevo a escurrirse por el muro detrás de ella – vamos no te sientas mal ahora…. – un sonido estrangulado corto su frase. Levanto la vista para descubrir una punta de flecha sobre salir de su garganta y caer a ahogado en su propia sangre. Un grito histérico salió de su garganta sin desearlo cuando una sombra se acercó deteniéndose detrás del cuerpo inerte.
- Tranquila no deseo hacerte daño – retiro la capucha de su capa y mostro el rostro de una mujer, con brillantes ojos plateados y cabello negro con mechones blancos plateados - ¿Estas herida? – negó con la cabeza sin poder hablar – vamos no es seguro que permanezcas aquí ¿Cuál es tu nombre? – dijo al tiempo que le extendía su mano derecha para ayudarle a levantarse.
- Kallian… Tabris – dijo con un nudo aun en la garganta - ¿Quieres eres tú? – cuestiono al estar a su lado.
- Llámame Cazadora Lean, escuche tu grito – señalo la pared este del jardín – cruce el muro y observe la escena, discúlpame no ataque de inmediato no sabía que estaba pasando – dijo en tono de disculpa.
- Ni yo estoy segura de que acaba de pasar – volvió la vista a la casa nuevamente – afirmo que no hay sobreviviente dentro, mi gente…. – se detuvo inmóvil.
- Detrás de mí, revisaremos la casa y recogerás lo necesario. No puedes permanecer aquí – afirmo sin duda alguna – alguien está tratando de matarte y no pienso permitirlo – le miro y solo asintió – indícame el camino, yo me encargo.

 

Con los ojos cerrados escuchaba los susurros de quienes viajaban por el camino apenas era perceptibles desde el campamento. Era el segundo día de viaje en su compañía, tan pronto oscurecía montaban campamento para pasar la noche, su compañera de viaje se empeñaba en hacerse cargo de las guardias.

Le tomo muchas horas asimilar lo que había ocurrido, tantas emociones en poco tiempo. En un momento estaba en casa de su prometido a espera de su llegada, en compañía de seis personas de servicio. Al siguiente todos ellos estaban muertos por un asesino que iba al parecer tras ella. Finalizando con un rescate por parte de una extraña que pasaba por la calle y escucho sus gritos, demasiado conveniente para una simple casualidad.

Sentada en el suelo junto al fuego llevo sus manos a su cabeza con frustración, no podía creer todo esto, no tenía el más mínimo sentido. ¿Había algo que se estaba perdiendo? ¿Si esta mujer era cómplice? ¿Si deseaban secuestrarla por ello la escena? Le dolía la cabeza con las múltiples ideas que le golpeaban cada día. Respiro hondo en busca de aclarar su mente.

- ¿Estás bien? ¿Te duele la cabeza? – a pocos pasos le miraba, rebuscando en el bolsillo de su cinturón - ¿Ocurre algo? – dijo sin dejar de mirarla, tendiéndole un frasco con liquido rojizo.
- Estoy pensando – respondió con honestidad, negando al frasco que le tendía – no puedo creer lo que ha pasado – cerro los ojos frustrada – no sé qué creer – dijo derrotada.
- Déjame contarte algo entonces – camino hasta sentarse a su lado – alguien importante para mí fue llevado de mi lado por un grupo de templarios, hace unas pocas semanas. Fue lo que me llevo a tu ciudad – observo su rostro hizo una mueca de dolor – escuche que alguien podría ayudarme a encontrarlos. Pero me fue imposible encontrarle. Di un mal giro en una calle y cuando regresaba vi al hombre comportándose sospechoso y yo….
- ¿Qué hombre? – Kallian se puse de pie de un salto - De que estas hablando.
- El de tu jardín – bajo la mirada avergonzada – lo perdí de vista un momento…. Lo busque pero no lo encontré, estaba a punto de rendirme cuando escuche tu grito. Lo siento mucho debí imaginar que no tenía buenas intenciones – tomo sus manos y llamo su atención – si aún no has cambiado de parecer me asegurare de que llegues a tu destino bien – le dedico una sonrisa.
- ¿Por qué? – cuestiono más amargo de lo que deseaba – Porque hacer eso para mí, no me conoces no sabes quién soy – la voz chillona sonó estridente a sus oídos - ¿Por qué? – repitió irritada.
- No lo sé – sonaba honesta en su respuesta – tal vez no sobrevivirás sin mi ayuda, tal vez eres un poco inocente en tu trato con los demás, tal vez no podrás defenderte bien por tu cuenta… - continuo con un par de frases similares, que le llevo a rodar los ojos – y está el hecho de que me encuentro de camino a Ferelden también – concluyo su explicación – ahora a descansar tomare la guardia y te llamare cuando te corresponda tu guardia una horas antes del alba.
- ¿No sé si debería confiar en ti? – Kallian dijo antes de poder evitarlo. Cuando le miro espero ver un rostro diferente. Ella sonreía ampliamente, fue desconcertante para ella.
- Es un buen inicio créeme – dijo dejándole junto al fuego.

 

.. _ ..
Era la primera hora del este día frio de otoño fue llamado a acudir a la Oficina del Caballero Comandante de la capilla de Ostwick. La noche anterior después de la cena le fue enviada a su habitación la nota con la hora de la cita. Se detuvo delante de la puerta de roble y hierro, llamo suavemente y espero la invitación para entrar.
- Adelante te estoy esperando Maxwell - la voz llego del otro lado de la puerta. Cruzo el umbral sin prisa – siéntate te atenderé en un momento – obedeció y espero que concluyera con la carta en sus manos. Finalmente levanto la vista a el – te hice venir porque tengo una misión para ti.
- Estoy a sus órdenes Comandante Gregory – la amplia sonrisa de su superior le incomodo más de lo que le gustaba.
- Me alegro de escucharte decir eso – abrió un cajón a la derecha de su escritorio y extrajo un pergamino sellado por laca de tono rojo – al medio día partirás a Ferelden como representante de Ostwick. Todo está listo, el viaje debe de tomarte tres semanas. Se te otorgara todos los requerimientos. ¿Alguna duda? – dijo entregando el pergamino
- ¿Por qué yo señor? – era lo único que se le ocurrió pensar.
- Fue seleccionado debido a que su familia es muy devota de la capilla, nadie mejor para esta misión diplomática – como lo sospechaba nuevamente era una pieza de una jugada política.
- Gracias Comandante me pondré en ello de inmediato – se levantó y se dirigió a la puerta – lo veré en las caballerizas.

Con sus alforjas preparadas y un caballo ensillado se despidió de sus compañeros iniciados en las caballerizas de la ciudad. Su caballo de guerra de color azabache le llevaba a donde requería desde que ingreso a la capilla.
El camino que le separaba de la ciudad de cadenas le tomaría solo dos días, planea solo detenerse para descansar unas pocas horas. Al viajar solo no podría darse el lujo de permanecer toda la noche por miedo a ser presa de bandidos y ladrones.
Su entrenamiento y resistencia le facilitaría el soportar un viaje de tal magnitud sin problemas. Avanzo más rápido de lo esperado al ver las puertas de la ciudad de cadena se abrían al alba para recibir a los visitantes. Se dirigió a la puerta este y dejo su montura en la posada. El ambiente después de la rebelión de magos era pesado. Su camino le llevaba a cruzar la ciudad para llegar al puerto de Wycome, tenía mucho tráfico en la primavera debido a su puerto. Este año sus cosechas eran enviadas por barco a las diversas ciudades de Thedas. Necesitaba asegurar su viaje a Gwaren antes de terminar dos semanas o su itinerario se trastornaría.
Decidió probar suerte en el mercado primero, recobrar suministros para el viaje antes de seguir su camino. Por las próximas dos semanas necesitaría dormir a la intemperie y debía estar preparado con todo lo necesario.
Las instrucciones otorgadas por el guardia fueron precisas, al girar el último recoveco llego a su destino. Fue una sorpresa agradable descubrir que la mayoría de los puestos estaban abiertos y en funciones.
Avanzo entre puestos de carne seca, pociones y todo tipo de suministros para llenar sus alforjas. Las compras habían concluido poco más de una hora antes del mediodía, pero aún se encontraba en el mercado cuando los gritos de la muchedumbre le llevaron al lugar de la pelea. Su curiosidad se disparó al encontrar una escena para la que no estaba preparado.
- ¡Te exijo que me sueltes ahora! – el grito de una mujer joven elfa con una mata de pelo marrón oscuro se eleva sobre las demás voces – no soy ninguna ladrona, he pagado por ello como el resto de ustedes – afirmo mientras se retorcía de los agarres de los dos hombres que le sujetaban arrodillándole en el suelo. Con el rostro marcado por la impotencia de ser humillada sin poder defenderse - ¡No soy ningún ladrón!
- ¡Conocemos a los de tu clase! – el hombre de piel morena tostada y obeso al frente de ella le grito – no más que animales que roban lo que pueden y se esconden unos a otros – se acercó dos pasos y con un movimiento de su mano, golpeo con todas sus fuerzas una bofetada en su rostro - ¡cállate sucio cuchillo oreja! – una sonora carcajada resuena en el lugar. Segundada por muchos de aquellos que observan la escena.
Sin dedicar un momento más a ver semejante situación avanza a zancadas al frente de la plaza. Una ira le consume al ver semejante injusticia vil, dentro de un mercado; en medio de una ciudad libre es permitido semejante acto deshonroso.
- ¡Liberadle ahora! – grita al hombre obeso, al frente del gentío - ¿Qué prueba tienes de tu acusación? – espeta al hombre mientras le mira con indiferencia.
- ¡No la necesito! ¡Ella es un ladrón! Nunca los de su tipo tienen dinero para semejantes compras – afirma señalando a la elfa de rodillas sujeta por los brazos por dos hombre confundidos. Ahora por su intromisión – solo saben robar y mendigan en las calles – afirma una voz a su espalda. Sumándose otras más. De un empujón aparto a ambos hombre de ella, decidido a liberarle.
- ¿Te encuentras herida? – cuestiona al tiempo que se acuclilla delante de ella. Le observa negar con la cabeza, se concentra en su rostro y su cuerpo. Tiene una herida en el labio inferior. Fue arrastrada hasta el lugar, la evidencia es su ropa sucia y rasgada – yo me encargare, no tienes de que preocuparte – asiente en reconocimiento – ahora y te disculparas por tu trato inhumano – clava una mirada de odio puro al obeso detrás de el – rogaran su perdón por sus abusos – mira a ambos hombres detrás de ella – ahora.
- ¡Cómo te atreves a dar órdenes a mí! Y defender a esa perra – el obeso libera una daga de acero rojo de su vaina con la amenaza con ella – rebanare tu garganta con la de ella – se abalanza con la intención de golpear su cuello. Con la agilidad de un gato silvestre su espada se dibuja en medio de ambos y su daga sale volando a la muchedumbre.
- De rodillas – ordena con voz llena de ira con una daga en su cuello – suplicaras su perdón y le liberaras, ven aquí mi chica – extiende su mano a la joven aun de rodillas, pero libre de los dos hombres que la sostenían antes – no te escucho.
- Yo… - tartamudea un poco – yo suplico su perdón… - susurra humillado por la acción – señora – el acero acaricio su cuello y descendió.
- Puedes hacerlo mejor – espeto divertido – pero no tenemos tiempo. Es hora de partir mi chica – se gira en dirección de la joven y esta asiente en respuesta – toma tus cosas nos vamos – le ayuda a obtener sus suministros, tomando su mochila y le guio hasta la posada para recuperar su caballo. Salieron de la ciudad poco después del mediodía.
Compartieron la montura hasta abandonan la ciudad. Guardaron un silencio incomodo durante una hora, hasta estar lejos. Llegan a un puente de piedra cerca de un rio pequeño y ella le pidió que se detuviera, con paciencia le ayuda a cargar sus pertenencias y compras.
- Yo… yo quiero agradecerte lo que has hecho, señor – dice al tiempo que se inclina ante el – no creo ser capaz de pagarle su intromisión.
- No es necesario que te inclines ante mí. Lo que ha ocurrido allá atrás es una injusticia, no pude permitir que continuara – con cuidado desmonto dejando la mochila en el suelo – ahora si no te importa ¿Deseo saber a dónde vas? Tus suministros como los míos son para un viaje largo – observa el brillo de desconfianza en sus ojos a sus palabras – yo me dirijo a Gwaren a tomar el barco. Si te diriges a un lugar cercano o en el camino me sentiría mejor si puedes llegar a salvo a tu destino – le observa abandonar su mochilá en el suelo y debatirse por la respuesta.
- No estoy sola – dijo tentativa. Como si tuviera miedo de su reacción – nos dirigimos a Ferelden, seguimos tu camino al parecer – le dedica una sonrisa.
- Podríamos conversarlo con tus compañeros y compartir el viaje. Es más seguro viajar en un grupo – ofrece en busca de un acuerdo.
- Sígueme – toma su mochila y avanza rápidamente por la rivera del rio.
- Espera vas muy rápido – afirma juguetonamente a la chica que sigue. Desaparece de su vista un momento y se detiene al descubrirlo – estas de juego – llama pero no obtiene respuesta – piensas que deseo hacerte daño – cuestiona confundido – un movimiento llama su atención por el rabillo de su ojo. Se gira y descubre a la chica con una daga en alto dispuesta a apuñalarle, no tiene tiempo de liberar su espada cuando escucha un golpe seco, el cuerpo caí inerte al suelo - ¡Por el fabricante! – grita con la espada en su mano.
- Fuiste ingenuo iniciado – una voz musical llama detrás del cuerpo inerte – no es mi deseo atacarte, baja tu arma – es cuando la ve. Otra elfa con armadura de cazador y un arco en las manos le observa a unos pasos detrás de la mujer muerta a sus pies.
- ¿Quién eres tú? ¿Su socio? – sisea molesto por haber caído en una trampa - ¿Por qué le has matado? ¿Qué está pasando? – espeta con acidez. La observa rodar los ojos y bajar su arma.
- Puedes llamarme Cazadora, no soy su socio, era matarle o dejarle matarte… y acabo de salvar tu vida – guarda su arma y retrocede. Llega al lado del rio y lava sus manos. Regresa y se inclina ante el cuerpo – recuperare mi flecha y me marchare. Ten cuidado con la gente en que confías. Te he seguido desde el mercado temiendo este resultado y afortunadamente he llegado a tiempo – le dedica una sonrisa – toma sus suministros yo… nosotras no lo necesitamos. Cuídate Iniciado – se pone de pie y se aleja por donde había venido, detrás de él. Tomo la mochila y corrió detrás de ella.