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Sangre Antigua

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El bosque que tenía delante le ofrecía un escondite pero no lo suficiente, cada día que pasaba le resultaba más difícil enfrentarse a la soledad de estar dentro y sentirse presa de una obscuridad que le sofocaba. Ahí de pie a la luz del sol todo cambiaba, podía olvidar por algunas horas como había cambiado su vida y podía fingir ser otra persona.
Rápidamente dejo atrás las construcciones internándose aún más en el bosque, viajaba al norte con una túnica sencilla de algodón gris, unos pantalones de cuero negro y una bolsa con la comida inicio su viaje. Las prendas eran un poco grandes su cuerpo menudo y aun sin desarrollar plenamente pero no le importaba. La cuidad podía verse a lo lejos, antes de las primeras luces del día inicio su viaje, al alba estaba cruzaba las puertas de la cuidad como cualquier otro visitante se dirigió al mercado.
Al dar la vuelta en la siguiente esquina se encontró con la primer dificultad los guardias corrían de un lado a otro.
- Buen día señores, ¿qué ocurre? – pregunto en cuando uno estuvo lo suficientemente cerca.
- Márchate, hemos cerrado la plaza por orden del comandante – con un gruñido respondió el guardia mientras le ordenaba que se fuera.
Maldijo su mala suerte como podía pasar esto precisamente ahora, si el capitán de los guardias estaba cerrando la zona de la cuidad solo podía significar una cosa. Alguno de los miembros de una familia noble estaba en la cuidad.
Dejo de lado sus pensamientos, decidió probar suerte en otra de las zonas, regreso por el camino tomado para ir a los campos del sur. Al dar vuelta a la izquierda para entrar en el camino del sur, fue derribado por alguien que corría a su dirección.
- ¡Pero qué ocurre! – grito al levantarse - No puede uno caminar tranquilamente.
- Lo siento me persiguen… – al momento se levantaba, se acercó a la esquina y miro.
- Lo siento me sorprendiste – por un momento se detuvo a observar, era una joven delgada y esbelta que se encontró adelante, con la piel clara y cabello azabache le parecía más joven que él - ¿Quién te persigue?
- Yo…no importa…– sus ojos brillantes como la plata le observaban con un extraño escrutinio - se han ido al otro lado, al mercado. Lamento mucho el haberte derribado.
- No me derribaste…. solo me tomaste desprevenido – Le molesto sin conocer la razón, por su comentario. – no importa seguiré.
- Debes estar aquí para ingresar a las filas de los caballeros, no…– la expresión se suavizó como si su objetivo hubiera sido simplemente molestarle - te dejare entonces
- De hecho no estoy interesado en…- su frase quedo inconclusa ya que su interlocutora se marchó dejándolo solo.

Lo dejo atrás sin prestar atención se alejó. Sin estar seguro del porqué, tenía algunas calles siguiendo a la extraña joven que lo dejo con la palabra en la boca. Caminaba con cautela y sigilo por la cuidad, parecía moverse como si perteneciera a las calles, pero había algo en ella que le hacía destacar. Empezó a irritarle la situación mientras daba vueltas y vueltas por los callejones, de repente la perdió de vista al dar la vuelta en un recodo, como podía perderla de vista tan rápido.

- ¡Pretendes ser mi sombra acaso! – con un cuchillo en su garganta, escucho la voz a su espalda.
- No pretendo nada, solo… – con un rápido giro se liberó de su atacante, para encontrarse con los ojos grises nuevamente.
- Eres bueno lo reconozco, - con una sonrisa y un tono cantarín le respondió.
- Al igual que tu…– el tono burlón de la muchacha le resulto muy molesto - al parecer.
- Claro que puedo cuidarme sola, así que ahora déjame en paz – sus ojos chispaban. No comprendía que la había irritado tanto. Debía ser que pretendía ser su “sombra”.

Enfrascados es su discusión, no se percataron que llamaron la atención de un indeseable grupo al final de la calle. El jefe con un movimiento de cabeza dio la orden de atraparlos. Al darse cuenta ya estaban rodeados por tres hombres vestidos con pantalones de piel sucia y dagas en las manos.
La agilidad de la joven le ayudo a esquivar el golpe de jefe de los ladrones, haciéndolo chocar con el hombre detrás de ella, dejándolos fuera de combate. El muchacho golpeo al primer atacante en el rostro y giro para evitar la daga del segundo, una capa de humo empezó a extenderse rápidamente. Mientras el humo crecía una mano lo sujeto del antebrazo, corrieron para alejarse de los ladrones. Serpentearon por varias calles, finalmente llegaron a una calle que conducía al mercado de la cuidad.

- Como has podido ver se cuidarme sola. – empezaba a recobrar la tranquilidad en la voz. - Agradezco tu ayuda, pero será mejor que continúes tu camino – se esforzó por usar un tono cortés.
- No me agradezcas, no ha sido mi intención – de pronto recordó lo molesta que le parecía - Si te metes en problemas sola, supongo que saldrás sola – simplemente se encogió de hombros.
Se miraron durante un momento, cada uno dio la espalda al otro para marcharse, esperando no volver a cruzarse con el otro.
.. _ ..

Escucho las melodías del trovador mientras probaba la cerveza de malta de la zona, sentado en la barra se dedicó a observar todo el lugar con atención. Podía reconocer el oficio de casi todos los asistentes con solo observarlos un rato. Pudo ver que el lugar estaba lleno de granjeros del este y el sur, fácilmente reconocidos por su acento y sus modales. Encontró algunos mercaderes de metales y de pieles, tan apreciados en la temporada que iniciaba.
Regreso a la taberna del cuerno negro al ocaso, tenía ya 5 días en la cuidad. Encontró lugar en una posada al lado oeste del pueblo hacía ya 3 noches, a la mañana siguiente seria el iniciarían las competencia de los caballeros solo aceptaban guerreros capaces de cumplir las pruebas que se realizaban cada otoños, en esta ocasión esta cuidad seria la sede. Desde el decreto blanco eran recibidos a cualquier ciudadano que aprobara las pruebas, ya no se conformaba de miembros de las familias reconocidas. El deseo de la dama era claro ofrecer a todo aquel que deseara esforzarse obtener el honor y la gloria de tener un lugar entre los guerreros más importantes, como regalo a su hija, según se rumoraba.
Su estadía no destaco, aprendió hace algún tiempo que la mejor manera de conocer un lugar era pasar por el sin ser notado por el resto de la población. Apuro su trago y decidió retirarse, le esperaba un gran día.
Como en cada ocasión la selección de nuevos reclutas para los caballeros llenarían la cuidad por dos semanas, como cada otoño. Representaba una oportunidad perfecta para todo el dominio y sus alrededores. Este año fue lleno de sorpresas, la más significativa de ellas fue el descubrimiento de un guerrero sin precedentes. En las últimas 3 oportunidades ninguno ellos consiguieron una presentación más contundente. Cada una de sus participaciones fue superada con gran estrategia y habilidad.
.. _ ..

Al finalizar las dos semanas con una participación sobresaliente, sus rivales lo menospreciaron por su apariencia débil. Derrotando con astucia y habilidad a sus enemigos. Fue presentado ante el señor del dominio. Le otorgarían la posibilidad de servir en su guardia personal, impresionados por el desempeño en las pruebas. Llevándose una sorpresa aun mayor para sí mismo.
- Deseo felicitarle por su desempeño en las pruebas – inicio Lord Alphonse – esperamos acepte formar parte de la guardia en Ostwick – concluyo.
- Será un honor servir a su casa – presento un arco al noble – agradezco sus palabras, Lord TreveLyan.
- Todo arreglado entonces – se giró para llamar a quien estaba a su espalda – te presento a Ser Edmund Stanford – mientras se unía a él una mujer joven – su gracia Lady Eveline señora de Ostwick.
- Un honor estar a sus pies su gracia – se inclinó confundido, tenía la impresión de haberle visto antes. Pero no podía colocar donde – soy su espada y escudo, mi señora.
- Bienvenido al servicio de nuestra casa – la voz de la mujer le golpeo como un balde de agua fría. Al saber por qué le resultaban familiares – nos aseguraremos de que no desee abandonar nuestro dominio.

Se instaló en las barracas de la fortaleza, le fue entregada su armadura y equipamiento. El comandante Will llamo a los nuevos seis reclutas a la primera luz del alba a su despacho. Su ordenanza como cavaliarys se llevaría a cabo esta mañana la preparación estaba concluida. Se dirigieron a la biblioteca, una gran sala con tres enormes ventanas de un lado y estantes llenos de libros en el otro. Escucho el llamado a la puerta del comandante y esperaron la respuesta.

- ¡Adelante señores, les espero! – una voz llamo detrás de las puertas, se abrieron para dejarles pasar.
- ¡Es un honor estar a sus pies, mi señora! – respondieron al unísono con una rodilla al suelo, en señal de respeto.
- ¡Agradezco enormemente su servicio y sus esfuerzos! – con un movimiento de su mano solicito se levantaran.
- ¡Como nuestros antepasados y descendientes fieles. En la vida nuestras espadas solo sirven a su Gracia! – la respuesta hizo vibrar el lugar.

Con la vista fija al frente continuo con la ceremonia. Un asentimiento de cabeza acepto sus palabras de servicio. Una caja de madera de pino con la bestia negra grabada resguardaba las espadas de acero azulado, entregadas a cada uno de los nuevos guardias al servicio de su casa. Fueron envestidos Cavaliarys como era su propósito al enfrentar las pruebas el otoño pasado. Cada uno de los miembros del grupo había cumplido su entrenamiento de seis semanas, delate tenía a los 6 nuevos miembros de su guardia personal.

- ¡Con la entrega de la presente espada, se solicita de su servicio a la casa TreveLyan! ¿es su deseo servir a mi familia? – el compromiso y fuerza que trasmitía su voz le sorprendió.
- ¡Sin duda en nuestro corazón, nuestra vida le pertenece! – rugió en respuesta el grupo con voz atronadora.
- ¡Bienvenidos Cavaliarys a la casa TreveLyan! – concluyo el ordenamiento he indico que podían levantarse – pueden retirarse Cavaliarys.
Se retiraron liderando el grupo, seguidos por el comandante Will. En la puerta su guardia dio media vuelta hacia ella, con una reverencia salieron dejándole sola nuevamente en la sala de la biblioteca. Regresaron al despacho del comandante para que se les entregaran sus órdenes.