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I'm not over you just yet

Chapter Text

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, créditos respectivamente a sus creadores.

 


I. You're not that easy to forget. 

 

Fury lo observaba de forma insistente, tan fijamente que Tony le devolvía aquel gesto con soberbia y hastío. ¿Qué había hecho mal para llegar hasta ese punto?

—Así que, Anthony Stark — el director alargó su apellido con lo que podría jurar era diversión; burla. Tony frunció el ceño inmediatamente en respuesta a aquello, mientras sus brazos se cruzaban por sobre su pecho rápidamente. Estaba solo, en la oficina del director, como cada semana. —¿Qué fue esta vez? ¿Incendiaste algo en el laboratorio? ¿Explotó? ¿Faltaste al respeto a alguna profesora? Porque si es eso de nuevo…

—¡Fue culpa de Rogers! — Exclama, harto del palabrerío del hombre. Las manos de Tony se elevan bruscamente por la efusividad de su grito. El hombre lo sigue mirando de aquella forma, esa mirada que le dedican los adultos como si fuese un niño mintiendo para ocultar un vergonzoso desastre que haya -y es que no- hecho. Esa mirada de la que estaba cansado cada vez que mencionaba que todo era culpa del noble capitán de su curso. ¿Tan imposible era de creer lo que decía? Tony entorna los ojos, incapaz de continuar mirando al maldito calvo. —¿Culpa de Rogers, eh? Y después que será, ¿Culpa de Banner? ¿Romanoff?

—¡Si me dejara explicarme! — Tony le interrumpe, inclinándose hacia el hombre, completamente altanero. —Su querido alumno fue el inicio de todo el desastre. Dígame, ¿Quién puede cuestionar a un genio en su especialidad? Sé que puede sonar infantil, incluso para mí, ya sabe… — El adolescente hace ademanes con sus manos. Fury sólo rueda los ojos mientras apoya dos de sus dedos en su frente, oyéndolo. —El caso es que Rogers quería una demostración, yo se la hice. Es todo, la profesora sólo exageró un par de cosas. — él se deja caer completamente en el asiento que se encuentra justo al frente del hombre, sabiendo que el moreno no le creería. Cada una de sus entradas a esa oficina comenzaba por una discusión que tenía con el rubio en alguna clase. Y, ciertamente, todo terminaba siendo su culpa, ¿No? El gran Stark viéndose reducido por el alumno estrella del instituto. Joder, era una injusticia.

Comienza a tamborilear los dedos en el apoyabrazos del asiento. Estaba ansioso, sí, lo admitía. ¿Estaba teniendo un episodio maníaco? Claro que no, sólo no ha dormido desde hace tres días. —Como ve, es su culpa. No mía. — aclara, con mucha más prisa; acelerado. Con suficiente cafeína en su organismo.

—Stark.

Tony relame sus labios, sin prestarle real atención. —Lo que pasa es que Rogers incita al caos. — dice, convencido totalmente de sus palabras, apoyándose en la mesa del director. Puede sonar bastante estúpido, pero Tony realmente lo cree así; Rogers no era más que un maldito. Un agente del caos. Pavoneándose por el instituto como el “buen” Steve. Él no se tragaba ni la mitad de esa “auténtica” amabilidad con la que iba ese por la vida. —Eso es lo que pasa, y yo, como una víc…

—¡Suficiente, Stark!

El grito del mayor lo interrumpe, y él se queda completamente en silencio frente a la llamada de atención. No es que se viera intimidado, Tony nunca se deja intimidar por nadie, pero sí sabe cuándo le conviene hacerlo. Esta, era una de esas instancias en las que tenía que hacerlo. Joder, la mirada de Fury lo estaba obligando a mantener su linda boquita cerrada. Si no lo hacía estaba cagado. —No me importa quién comenzó o quién rayos terminó este escándalo. — Tony traga saliva. El calvo parecía realmente enojado. —Lo que me interesa aquí, es que hoy es recién miércoles y ya te han enviado más de cinco veces esta semana.

—¡Pero nn-o!

—No me interrumpas. — le responde, Tony sólo hace un par de muecas. —¿Sabes la cantidad de problemas en los que te has metido este semestre? Han ido en aumento este año, tu último. Desde que se dieron el inicio de clases hace meses, debí haber llamado a tus padres. Pero no lo he hecho, Tony. — esta vez el hombre deja de observarle molesto e irritado. Tony desvía su mirada de él cuando escucha la mención de sus padres. —Tu hoja de vida está completamente llena de anotaciones de los profesores. Ya has estado en retención un centenar de veces, no sé qué más hacer contigo. Como un procedimiento normal, me obligas a llamar a Howard.

El sólo escuchar aquel nombre hace que apriete sus manos en puños y tense su cuerpo. Si Fury lo hiciera, de igual forma ellos no vendrían. Toda su vida ha sido de esa forma, y, aun así; no quiere. Le iría peor, y el director lo sabe, ¿Por qué lo estaba presionando de esta manera? —No se los diga.

—Te estoy haciendo un favor al no decírselos.

Tony reprime un quejido. No quiere verse afectado por el tema e intenta reprimir las palabras que amenazan por salir de su boca, pero no puede: —Por favor.

Fury suelta un suspiro prolongado, apoyando sus manos en el escritorio. —Tienes que hacer un esfuerzo. — pronuncia, verdaderamente preocupado por el castaño. Su voz ni su expresión lo demuestran. —Todo esto sucede especialmente en las clases de Química y la profesora ya está cansada. Como te han vuelto a enviar a mi oficina; te tienes que ir expulsado unos cuántos días y tendremos que charlar con tus padres.

El castaño eleva su rostro hacia el mayor alarmado, mientras Fury intenta proseguir, dudando en sus siguientes palabras: —En cambio, puedo darte una sola oportunidad más. — el hombre aclara su garganta. —A lo largo de este tiempo, con los profesores hemos llegado al acuerdo de que uno de tus castigos debería ser que… hagas una tutoría.

—¿Qué?

—Debes ayudar a un alumno, ser su tutor en Química.

Tony parpadea, varias veces, exageradamente; bateando aquellas largas y tupidas pestañas que posee. Bien, eso sonaba fácil. Más fácil de lo que habría pensado. Entregar una tutoría, ser un tutor, no sonaba nada de mal. Incluso era bastante bueno. Tan bueno que no podía ser verdad. —¿Eso y ya? — inquiere, con la duda y la sorpresa tintando la voz de Tony. Una sonrisa se cincela en su rostro canela, recobrando todo el ánimo que se había disipado hace unos momentos atrás.

Sin embargo, no todo podía ser tan bueno. ¿Tan mala suerte tenía? —Pues… bien.

—Bien, me gusta verte tan entusiasmado. — Tony entrecierra sus ojos por el sarcasmo ajeno. Fury parece no darse cuenta, o quizás sí, pero decide ignorarlo. —Ahora, si él reprueba, te vas expulsado como ya te he expliqué. Si no, te absuelves. No quiero que hagas otro desastre, Stark. Esta es tu oportunidad.

El adolescente aún sonríe, despreocupado. Jamás había pensado que el calvo podía ser tan permisivo. Pues no lo era. —Claro, ¿Quién es? — pregunta, observando como el hombre extrae una carpeta de uno de los cajones de su escritorio. Tony lo observa atentamente, viendo como una sonrisa cruzaba el rostro del director.

Enarca una ceja. Fury parece tomarse su tiempo hasta que, después de un largo silencio en el que el hombre buscaba un expediente, sacó la desdichada carpeta. La jodida carpeta. —Sé que no te llevas bien con él.

Al instante se le viene a la cabeza un solo nombre. Rogers. A ese idiota le iba mal en Química y él, no, no… —No.

Fury sólo continúa, ignorando al Stark que estaba entrando en pánico. —Estuvo inactivo todo el año pasado. Se ha reintegrado a tu curso este año, y precisamente; tiene dificultades en tu “especialidad” Incluso, él mismo ha acudido a nosotros para asignarle un tutor — pronuncia con un tono jocoso y él sólo quiere morirse, a pesar de que había sentido el mínimo alivio de saber que no tenía que encargarse de Rogers, el otro… el otro, era mucho peor. No precisamente por su estúpida imagen de “chico malo” o algo. Simplemente Stark no se llevaba bien con el grupito de Steve y viceversa. Y así estaba bien, más que bien. Sería una blasfemia alterar el orden natural de las cosas. Ni siquiera le hablaba, apenas lo conocía. No se llevaban bien.

—Así que, le entregarás tutoría a James Buchanan Barnes.

Tony palideció.


 

Si hubiese sabido que terminaría con esa maldita hoja en una de sus manos, en medio de esa gente, ni siquiera se hubiera levantado aquel día. Si Jarvis hubiera insistido más esa misma mañana para que se saltase sólo un día para descansar, no se encontraría obligado a cruzar el maldito pasillo con destino al patio. Si sólo Rogers hubiese mantenido la maldita boca cerrada, nada de esto habría pasado. Y claro, al final había sido toda su culpa y mientras él se vería obligado a socializar con ellos, el capitán había salido impune, ¿No? Así era como funcionaban las cosas en ese instituto.

Y no era que él los odiara, para nada. Sólo era así el mundo; no se llevaba para nada bien con ese grupo, no se mezclaban, apenas se hablaban. Y no era algo de lo que Tony realmente se quejara, más bien, parecía ser sólo una cuestión natural. Como si siempre fuese de ese modo y no tuviese que cambiar por ninguna razón. Pero, ¿Por qué siempre era él, el fabuloso y playboy Tony Stark, el que se llevara todas esas consecuencias? ¡Era absurdo! ¿No podía existir una sola ocasión en que el otro se viese afectado? Una mínima advertencia, una pequeña llamada de atención, algo.

—¡Tony! — escuchó por detrás de su espalda. Pepper le seguía los pasos en cuánto había sonado el timbre para el receso. “Quiero que se lo digas” había dicho Fury, burlándose de su situación, porque Tony sabía que el director lo hacía a propósito. Todos los del instituto sabían sobre esa guerra implícita, hasta los profesores y hasta Stan, el conserje. ¡Todo el puto mundo! “Mira, sonó el timbre para el receso. Anda, puedes decírselo ahora” fue lo último que dijo, prácticamente forzándolo con esa mirada retadora que sometía a su orgullo y a su ego a emerger para hacerle caso, demostrando que el gran Tony Stark no le tenía miedo a nada y apenas le importaba.

Sin embargo, a Tony sí le importaba, y demasiado. Aunque nunca lo admitiera.

Ignoró los llamados de su amiga, caminando de forma firme, segura y apresurada hasta la salida al patio exterior. Aquel donde se encontraba la cancha de fútbol y las gradas. A lo lejos pudo distinguir al grupito del capitán, mientras él se detenía en medio de la puerta. —Tony, ¿Qué rayos te sucede? — inquirió Pepper Potts, mientras su coleta de tono mandarina se mecía por sus diversos movimientos. Él, por su parte, se giró a mirarla fijamente, con esa aura dramática y ególatra que poseía el Stark. —¿Cómo te fue? — pregunta Pepper, acomodando un mechón rebelde que se había escapado, detrás de su oreja.

—Estoy a punto de hacer algo de lo que me arrepentiré.

Virginia ladea su cabeza dubitativamente, sin entender lo que el adolescente estaba diciendo. —¿Qué? — pregunta con la duda tiñendo su dulce voz, aguardando la respuesta de su excéntrico castaño. Tony parece cuestionar algo, pues se adelanta unos pasos hacia atrás y hacia adelante, temiendo, moviéndose de manera rápida por su propio metro cuadrado. La muchacha sólo puede fruncir el ceño, sintiendo un malestar en ella misma por la demostrada ansiedad. —¡Quédate quieto, me estás poniendo nerviosa!

Tony se inmoviliza al instante, suspirando. —Me dieron un castigo. Tengo que hacer de tutor. — dice, sus dedos posados en su frente, cansado. A Virginia no le parece tan mal. —Especialmente a un idiota del “Team Cap”

—¿A Steve?

Tony niega con su cabeza reiteradas veces, sin responder realmente con su boca. —Ahí voy. — musita, elevando su mentón con prepotencia. Pepper no alcanza a responder cuando lo ve marcharse con ese paso tan característico. Un pequeño contoneo, unos pasos seguros y una fresca y soberbia soltura. Mientras más se acerca Tony, más se arrepiente de lo que estaba por hacer. Pudo haberle rogado al director porque le cambiase el castigo, por algo menos… humillante. Pero él nunca haría eso, y nunca rechazaba desafíos.

Si bien, exageraba; el sentimiento era algo verdadero. La situación también lo era o lo sería. Ver a Tony Stark caminando hacia las personas con las que apenas hablaba –y si lo hacía, discutían- era algo que nunca se iba a ver en el instituto. Por ello Tony siente como las miradas le taladran la espalda, y como Steve Rogers se gira a verlo cuando se ve al castaño más cerca. Sin embargo, Tony no le devuelve la mirada. Sus ojos miel están concretamente posados en la figura alta que se encuentra apoyada en solitario, en una de las gradas. Su figura es realmente intimidante, con aquel cabello largo y esa barba incipiente que adorna su serio rostro. El cuero negro que usa de chaqueta y la camiseta del mismo tono petróleo. La viva imagen de un estúpido estereotipo.

Barnes ni siquiera le corresponde la mirada aun cuando es bastante notorio que Anthony va en su búsqueda.

Y a Tony no debe importarle en lo absoluto, ni siquiera una pizca.

Sin embargo, una pequeña molestia se instala en su cuerpo cuando se encuentra frente al de diecinueve años, quien ni siquiera se inmuta ante su llegada. De pronto, no sabe a ciencia cierta por qué, el silencio se instala en el patio. Una cínica sonrisa surca los rojizos labios de Tony, mientras eleva la hoja de notas de Barnes con su diestra. Siente la mirada de todos aún en su espalda, como si fuera un tenso recordatorio de lo raro que era verlos a ambos interactuar. Mucho más por parte de él. —Barnes. — pronuncia Tony, alargando la « sss » en un delicioso sonido.

El aludido ni siquiera lo mira o responde, mientras siente al capitán caminar hasta ellos, en un acto que Tony ignoró. —Tony, ¿Qué quieres? — inquiere alguien, precisamente Steve, quien se había posado al lado del de cabello largo, como si estuviese protegiéndolo de él. A Tony le divierte esa reacción tan ridícula y también le causa curiosidad. Desde que James se había reintegrado al instituto, repitiendo un año, Rogers se había mostrado más sobreprotector de lo acostumbrado. Para todos, el cambio de Barnes había sido más que notorio. Pasar de ser un extrovertido galán a un serio “chico malo”, no era algo muy discreto.

Aunque Tony lo sabía por los cuchicheos, no era como si le importara, claro está.

—Capipaleta. — suelta Tony, mofándose de algo que había ocurrido en segundo año. Steve frunció el ceño de inmediato. —Si no te es mucha molestia, no vine a hablar contigo. Si es lo que creías, lo siento, no siempre puedes tener mi atención.

Steve se acercó al más pequeño, sin amedrentar en lo más mínimo a Tony por la diferencia de estatura y masa muscular. —Stark, basta de bromas.

Tony prefiere entornar los ojos, ignorándolo. Siempre era mejor no hacerle caso al capipaleta cuando este se ponía bastante cargante. Devuelve su mirada al mayor de ambos. El delincuente de Barnes ni siquiera le está mirando, y eso, es lo que más le molesta. Su mano se estampa contra el pecho de James, con aquella hoja que había estado cargando Tony desde hacía unos minutos. Es en ese mismo momento que puede ver el color de sus ojos fríos. Son como el hielo, como el invierno. Barnes podía presumir de la mirada que le quitaba el aliento a cualquiera, menos a él. Tony suelta un bufido. —Te espero en la sala 118, después de clases. Tenemos asuntos pendientes. — suelta, mirándolo fijamente, alejando la mano que reposaba inconscientemente en el pecho del otro. Tony reacciona cuando suena el timbre que anuncia el fin de los quince minutos del receso, antes de marcharse sin decir nada más.

A James sólo le queda impregnado aquel aroma en las fosas nasales que le hace cosquillas en la nariz. Baja su mirada al maltratado papel, manteniendo su impasible expresión. —¿Qué es lo que quiere, Bucky? — inquiere Steve cuando ambos lo ven alejarse, y él simplemente se resigna a encogerse de hombros y musitar un agrio: « No sé ».


 

No sabe si fue demasiado idiota al decírselo de aquella manera tan demandante y, de alguna manera, sugestiva. Quería creerse que era para darle un poco de misterio al asunto que asumir que todo aquello había sido producto de que se había quedado sin palabras. Así sin más, en blanco. ¿Quién lo diría? Tony Stark sin algo qué decir. Hubiera sido bastante patético quedarse congelado allí, sin saber que decir. Todo el mundo comenzaría a hablar de aquello, estaba bastante seguro. Resopla, mientras ignora la clase de Historia en la que se encuentra. La voz del Profesor es como un murmullo dentro de su cabeza.

¿Qué haría a partir de aquel momento?

Pronto los rumores comenzarían a esparcirse, como si se trataran ambos de un espectáculo que ocurriera en ese aburrido instituto. Una entretención, una función más. Sin embargo, a él no le molestaba. En lo absoluto. Estar allí era incluso mejor que llegar a un lugar dónde nadie estaría esperando por él. Parpadea varias veces, cuando vuelca su atención nuevamente al profesor de la clase. Banner, quien se encuentra a su lado, le codea para llamar su atención. 

Inmediatamente Tony le observa fijamente, mientras le guiña el ojo. Su buen amigo –uno de los pocos que en verdad tiene- Banner, suelta una suave risita por su acción. —Hey. — Murmura Tony en son de saludo, sin despegar su vista de Bruce aunque haya escuchado un carraspeo por parte del profesor.

—¿Qué ocurre? — pregunta el de lentes, mientras Tony hunde su rostro en sus brazos que se encuentran sobre la mesa, ahogando un quejido dramático. 

—¿Tan rápido ha corrido la voz?

Banner le mira confuso, negando varias veces con su cabeza: —¿A qué te refieres? — pregunta, honestamente. Tony sólo puede sonreír con gracia ante la inocencia innata del buen Banner. A veces Tony olvidaba de que Bruce tenía por costumbre ignorar olímpicamente cada rumor o cuchicheo de la demás gente, por la gran molestia que le ocasionaba aquello. Y era mejor así, nadie quería ver a un Bruce Banner enojado, por la seguridad de todos. Tony suelta un suspiro, acomodándose para ver mejor a su amigo desde su posición. —Hoy fui a ver a Fury, ya sabes, después de todo aquel problema que tuve nuevamente con Rogers en el laboratorio.

Banner asiente, mientras él se relame los labios. —Me dijo que esta vez era la definitiva y que me iba a expulsar y hablar con mis padres. Esa mierda de siempre. — Tony logra avistar un deje de preocupación en el rostro de su amigo y él prefiere ignorarlo, girando su rostro al lado contrario, hacia el de la ventana. Jamás había sido bueno sobrellevando los sentimientos ajenos, ni mucho menos los propios. —Está todo bien, me dio una nueva oportunidad, con una condición.

—¿Y cuál es?

—Ser tutor de Barnes. — murmura adusto, esperando alguna clase de exaltación por parte de Banner, algún comentario de los que ya había escuchado desde tiempo atrás. Uno en donde expresase sorpresa y gracia, como si fuese una clase de chiste. Sin embargo, aquello no ocurrió. Tony gira su cabeza nuevamente, buscando insistentemente la respuesta del otro. En el rostro de Bruce no había más que una genuina sorpresa y normalidad que logra inquietar a Tony. De sobremanera. Mucho.

—James, Bruce. James Barnes, el delincuente, el darks… ¿En serio? — pregunta el castaño. Banner asiente varias veces. —Lo sé, Tony. Lo conozco.

—¿Y…?

—¿Y qué? — el de lentes enarca una ceja, confundido. Sin embargo es Tony quién parece más confundido que el nerd de lentes. —Bruce, bonito… ¿No te sorprende? ¡Por dios, soy yo! Relacionándome con…—lo busca con la mirada y gira hacia atrás, para apuntarlo disimuladamente por precaución con el profesor. —Ese.

Banner se le queda mirando y ahoga una risa. —Tony, ¿Es en serio? ¿Te llevas mal con Barnes?

—¡Claro que sí! Es del grupito de Steve, acercarme a ellos es antinatural — exclama, totalmente ofendido, ¿Cómo era posible tal ignorancia por parte de su Brucie? — ¡En qué mundo vives!

—Entonces… el castigo es ser tutor de James. ¿Por qué te molesta tanto? ¿Se han hablado?

—Es que… dios, es mucho más complicado. Y sí. — Tony hace una pausa, para guardar silencio cuando siente la mirada del profesor sobre ellos. Luego, sigue murmurando: —He hablado con él, pero nos llevamos mal.

—¿Lo conoces? Digo, personalmente — pregunta Banner, retomando su atención a la clase mientras comienza a escribir nuevamente en sus apuntes. Tony duda antes de responder. Porque sabe que Banner está por reprocharle algo, quizás una verdad, quizás una broma. Él se incorpora de la mesa, irguiéndose con arrogancia. —… No.

—¿Y él a ti?

—Soy Tony Stark, Brucie, es obv- Tony se interrumpe cuando ve la mirada de advertencia del nerd de su amigo. —No creo. — termina por ceder. ¿Por qué Bruce era tan suspicaz? ¡Siempre lo orillaba a esa clase de… de… tonterías! —Entonces, no lo veo el problema. Quizás si ambos se dan la oportunidad, logren llevarse bien. 

El castaño de diecisiete años se cruza de brazos, molesto, ignorando totalmente lo último dicho por Bruce. Quizás tuviese razón, pero él no quería averiguarlo. No estaba dispuesto a hacerlo. Las cosas estaban bien como estaban, no quería tener algo que ver con Steve, Sam o el estúpido de Barnes. Con ninguno.

En un impulso, Tony gira su cabeza levemente por sobre su hombro, buscándole con la mirada. No es difícil encontrarlo, ya que James lo estaba mirando; de forma insistente. Huye de aquella mirada de hielo y entreabre sus labios, observando hacia adelante. Frunce su ceño ante eso, que es un escalofrío. Tony decide asociarlo a la sorpresa y el disgusto de haberlo encontrado observándole. Joder, lo odiaba.

—No, no lo haremos.


 

Sus manos se mueven ansiosas por la mesa de su pupitre, sin saber qué más hacer. Todo era culpa de Banner y de Strange, especialmente de su buen Brucie. “Quédate esperándolo, va a aparecer” le dijo, cuando se anunciaba el término de los electivos que se impartían en diferentes salas. Él estaba en el de física, Barnes estaba… no tenía ni puta idea. “No va a venir, Banner” le había respondido él, porque era lo bastante obvio. Algunas veces Banner era demasiado inocente y tonto como para darse cuenta de algunas cosas. Por ejemplo, el que James parecía ser de esos que les valía una mierda todo. Y bueno, él no sería muy diferente. Sin embargo, esta vez tenía que importarle más que una ‘mierda’. Era su maldita obligación. “Si, Stark, debes esperarlo aquí, ¿Qué pasaría si él llega y no estás? Fury te mataría ¿O no?” le había dicho con malicia Strange, mientras lo manoseaba disimuladamente, -si el que le acariciara la cintura y su espalda repetidas veces, cada vez que tenía la oportunidad, fuera la definición de disimulado-.

De cualquier modo, eran las 17:20 pm y pasaban más de los diez minutos en los que el maldito de Barnes aún no se aparecía. Demonios, ¿Quién lo haría? Fue demasiado estúpido haber confiado en ese par, ¿Quién le mandaba a pedirle un consejo a un nerd con problemas de ira y a un tipo tan raro como Strange?

Suelta un bufido, cansado y agotado por toda la jornada escolar. El día estaba resultando ser más exhaustivo y largo de lo que alguna vez imaginó. Era, incluso, frustrante. Miró su reloj una vez más, observando que en cinco minutos más serían las cinco y media de la tarde. Su vista se desvía hacia el cielo naranja que se lograba apreciar a través de los ventanales. Si no llegaba en cinco minutos más, se iría a la oficina de Fury a comentarle la nula participación e interés de James Barnes por recibir la tutoría.

Pestañea varias veces, esperando que los minutos pasen. El único sonido que persistía en el salón era el tick-tock del reloj de muralla que colgaba de una pared. Tony apoya su cabeza en una de sus manos, apreciando la vista que le brindaba aquel salón que se encontraba en el segundo piso del pequeño instituto. Las nubes de diferentes tonalidades cubren por completo el paisaje, mientras apenas se percibe el sol.

A Tony le agrada esa vista, tanto que el silencio y el sentirse solo logra incomodar algo en el interior de su pecho. Es suficiente. La sensación es la misma que siente cuando llega a esa casa, y él necesitaba distraerse, no pensar más en ello. Podía sobrellevarlo; era un maldito genio en esa generación del 2005. Sólo necesitaba una distracción para no pensar en sí mismo ni en todas esas mierdas que la gente normal siempre hace. Sus problemas estaban bien como estaban, lejanos, apartados, ignorados.

Acomoda sus cosas, antes de salir rápidamente de la sala, perdiéndose entre los pasillos que se dirigen al área de profesores y administración. Por los alrededores sólo se encuentra los que llevan los últimos talleres y electivos. Afuera, los de fútbol ocupan la cancha que se encuentra en el patio. Incluso puede oír los gritos de Rogers cuando pasa cerca de la cancha. Frunce el ceño aún más, volteándose a verlo. Steve Rogers era todo lo que jamás podría ser él. Se le quedó mirando unos instantes, antes de continuar su camino y conseguir la mirada del rubio a sus espaldas.

Tony, sin embargo, parece no percibirlo. —Maldito idiota. — murmura para sí, cuando al doblar la esquina, su cuerpo choca ligeramente con el de otra persona. Él sólo se tambalea levemente, sin tener esa abrupta caída que se ven en esos inútiles clichés de película. Alza su mano hacia adelante, pensando actuar caballerosamente si se trata de una chica. Después de todo, no pierde nada con ello.

Sin embargo Tony no parece darse de quién es cuando es alzado contra la muralla de improvisto por el irritante de Barnes. El cuerpo de Tony se ve cubierto por el del otro, y en defensa propia, sus manos se van rápidamente hacia las ajenas para ejercer presión en aquel brusco agarre. 

James debió haberlo premeditado antes de chocar contra él, dejar de lado la ofuscación de su contraparte salvaje por sobre ese aroma de humano a miel y avellanas. Los ojos de ambos se conectan, y es el de la mirada de hielo quién suelta primero al otro. Las mejillas de Tony se tiñen, sin saber la razón, pero es lo que menos le molesta. Por impulso, el castaño empuja al mayor por mera frustración.

Barnes sólo se deja hacer, por la confusión que se ve completamente plasmada en su pálido rostro.

—¡¿Qué pasa contigo?! ¡Maldito imbécil! — grita Tony, sabiendo que está más alterado de lo que alguna vez lo estuvo en su vida; sabiendo que una persona como él, no debería estar enfrentándose al malote del instituto. Y una mierda, estaba cansado, indignado y enfurecido. Su respiración se encontraba acelerada, mientras su pecho subía y bajaba.

James podía escuchar cada uno de los latidos del corazón de Anthony, con una agudeza que en esos momentos lo estaba frustrando. La melodía se le antojaba deliciosa, aterciopelada. Quiso marcharse, alejarse de ese provocativo olor y sonido que provenía del descarado de Stark. Jamás había pensado, que entre todas las personas del instituto, el olor que había estado buscando desde que se reincorporó al mundo escolar, era del molestoso e infantil Anthony Stark.

Vaya pesadilla.

James muerde sus labios con insistencia, tratando de controlarse, de controlarlo. Pero es imposible cuando ese carmín tiñe el rostro del humano. —Stark. — logra pronunciar el mayor con voz rasposa, ignorando el como una parte de él saborea la agitación del menor. Intenta irse, pero es detenido por el otro. Sin quererlo realmente, se acerca de forma intimidante hacia el castaño. Pero sabe que está jodido, muy jodido de tenerlo ahí, frente a él; respirando y oliendo de esa manera. —¿Qué quieres? — pregunta de manera seca, manteniéndose inexpresivo. Sus ojos vagan por el rostro del otro, hasta posarse en su cuello.

Tony, por otro lado, simplemente no lo puede creer. Carraspea, sin verse realmente acobardado por James. Eleva su vista y su mentón, con esa capa fría de soberbia que utiliza contra los demás y el mundo. —Escúchame, mapache. — relame sus labios y James persigue ese movimiento con su mirada. —No hagas esto más difícil para los dos. Fury me ha asignado ser tu maldito tutor. Y no, no se puede cambiar, yo lo intenté. Le dije, además como otra sugerencia, que bien podrías hacerlo tú solo, que no necesitabas alguien que te ayudara, porque sí, tampoco me hace gracia tenerte cerca, pero, ¿Qué pasó? — hace una pausa, desviando su mirada hacia otro lugar. —Fury me dijo que yo, estrictamente tengo que ayudarte a ti, y tú, obligatoriamente, tienes que aceptar mi ayuda. Así que, sí, estamos jodidos.

No hay más que silencio por parte de ambos. Stark no lo mira, y James lo prefiere de esa forma, porque sabe que no podrá despegar su mirada de ese color tan fácilmente. Sin saber qué decir para escapar de esa situación lo más pronto posible, dice lo que primero pasa por su turbia y agitada cabeza. Siente una presión en su boca y un calor que va a arder como el infierno si es que no logra apartarse. Mira hacia todos lados, mareado. Las extremidades comienzan a picarle y sabe que es momento de huir.

—Está bien. — pronuncia James, antes de marcharse y dejar a Tony Stark en su lugar, sorprendido. Parpadea varias veces antes de dejarse caer a la pared del pasillo, recogiendo su mochila que había caído olvidada en el suelo, y llevando sus manos hasta su propio pecho, palmeando suavemente el lugar donde sentía una extraña presión. Aprieta los labios y siente su rostro arder tanto que lo esconde entre sus manos, avergonzado. No sabía que había pasado, y él, justamente, deseaba no hacerlo.


 

Es al día siguiente, el día jueves cuando Fury lo cita nuevamente a su oficina para preguntarle cómo va todo. Tony sólo responde lacónico, sin explayarse más de lo que debería. Le anuncia que ese día iría a empezar la ayudantía con James, después del término de las clases.

Aunque claro, no puede hacerlo, porque ese día el maldito de Barnes, el delincuente, el desalmado de Barnes; no asiste a clases.

Ni el viernes, ni el lunes.