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HADOS

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Illumi llegó a la gran ciudad que actualmente fungía como el centro de la Iluminación; caminó entre mucho ruido y movimiento del transporte que estaba atestado de gente, eran fechas vacacionales para las personas comunes. La arquitectura y los espacios turísticos del lugar atraían a la población, así que tuvo que moverse con cuidado; no quería llamar la atención de la hermanad mientras llegaba a su destino. Aún si estaba por ingresar a la biblioteca, era preferente hacerlo en silencio y con calma, ya que, sin importar lo que hiciera, seguiría siendo parte de los Iluminados y tendría acceso a los libros que el Barón le había indicado, por ende no había tenido miedo de tomar provecho de la situación e ir a indagar en el mejor sitio para hacer sus investigaciones.

De todos modos, terminó siendo el centro de atención de los Iluminados; en cuanto entró en el enorme edificio, las miradas de todos los presentes se enfocaron en él, unos con miedo y rechazo, otros con curiosidad. Los ignoró; tendría sólo un día para estudiar tanto como pudiera para luego regresar por su hermano, el cual le había mandado un mensaje, avisándole que se había reunido con Alluka y que se moverían a otra ciudad para continuar con su viaje. Eso era bueno, el problema era que se alejarían demasiado, y para viajar hasta allá le tomaría bastante tiempo, así que no podría estudiar tanto como deseaba debido a que tenía que ir a verle en el plazo que habían acordado.

Caminó entre los pasillos queriendo encontrar la sección que había visto la primera vez que estuvo ahí, cuando descubrió por primera vez la carta de los amantes. Era más difícil de hallarla de lo que él recordaba, hasta que por fin dio con el estante, en el segundo piso, cerca de los libros de Alejandría.

Tomó el libro del Tarot, el gran índice de la enciclopedia y buscó atentamente entre las hojas casi trasparentes.

«Los amantes. Los hermanos.

Esta carta y su gemela; XIV; Arte; son los Atu más oscuros y difíciles; cada uno de estos símbolos es doble en sí mismo, de modo que los significados forman una serie divergente, y la integración de la Carta sólo puede recobrarse mediante repetidos emparejamientos, identificaciones y alguna forma de Hermafroditismo».

Lo leyó y su corazón dio un brinco. Eso era justo lo que estaba buscando: una guía para entender lo que le pasaría a su hermano.

Fue y buscó el libro señalado; abrió la página y se preparó para una larga lectura. Eran al menos cien páginas de información sobre la tirada; temas que él desconocía sobre el tarot como métodos de purificación astral, rituales y procedimientos antes de realizar la tirada y para preparar las cartas. Se requería mucho estudio, era una lectura que no podía ser realizada por cualquier persona.

«El sexto arcano. Tirada de Nen».

Mucha información que no necesitaba pero que de todos modos dedicó tiempo para leer porque no quería confiarse e ignorar algún punto que fuera a poner en riesgo su posición.

Tenía mucho por aprender y en momentos sentía que se quedaría dormido, así que de vez en cuando se detenía a despejar su mente, salía de la biblioteca, caminaba un poco, y luego volvía, siempre meditando en todo lo que descubría. Hasta ahora nada esencialmente útil.

Así se mantuvo hasta que, tras varias horas, encontró una página que le dio la clave de todo lo que debía saber. Al menos ahora sabía que el Barón no bromeaba cuando dijo que tenía un año completo para convencer a Killua de que de verdad estaba enamorado de él y que tenía que ser cuidadoso porque el enamoramiento no era normal. Su hermano sufriría muchas crisis emocionales debido al choque entre el efecto mágico y la razón; tendría que ser paciente ante los cambios, dado que podían ser bastante variados de acuerdo a su signo zodiacal.

«El zodiaco».

Ahora sabía a dónde debía acudir. Vio la tablilla para calcular el signo bajo el que su hermano y él habían nacido, y se dirigió hacia el respectivo libro.

«Cáncer».

Leyó el título. Vio que en el índice había mucho de qué hablar, así como su carácter, sus relaciones amistosas, laborales, familiares, amorosas, y notó con pesar que no acabaría de leerlo en todo el día, así que se mentalizó en que debía ir lento; por más que quisiera apresurarse, debía ser racional y asegurarse de comprender a fondo a su hermano.

Pero cuando leyó:

«La Luna es dueña de Cáncer, Signo del Agua, dispuesto a la construcción acuosa de los organismos. La Luna-Imaginación gobierna el líquido vital disperso en formas creadas por el crecimiento. Es la inteligencia arquitectónica que concibe, para cada especie, el plan constructivo de los individuos. Los babilonios lo convirtieron en su Dios-Luna, Sin, padre de Ishtar, la diosa de los vivientes…»

Supo que tendría un largo día de estudios.

En cuanto Illumi se marchó, Killua tuvo un merecido día de descanso. Pudo detenerse a pensar en sí mismo, en su salud mental y física. Necesitaba estar seguro de que podía seguir teniendo una vida al menos decente después de los abusos. A la mañana siguiente, justo cuando se disponía a ir en busca de su hermana, tocaron a la puerta del hotel. Fue a abrir y, para su sorpresa, un par de brazos lo rodearon.

—¡Hermano! —era Alluka que venía en compañía de Kalluto.

La chica se colgó de él sin pensarlo dos veces, y eso provocó que la tela que cubría el cuello del albino quedara un poco expuesto, mostrando un par de chupetones que lo avergonzaron. Mientras que Alluka se columpiaba, él levantó la tela mirando fijamente a Kalluto, quien si había notado las marcas, y desvió la mirada para que su hermano no se apenara más de lo que ya estaba.

—Gracias por cuidar de Alluka —extendió la mano y despeinó los cabellos negros de su hermano más pequeño.

—¿Y…? —detuvo sus palabras, no iba a tocar el tema si Killua no quería. Alluka siguió entretenida acurrucándose en su hermano.

—Él se marchó, fue a arreglar unos asuntos, pero ya está todo bajo control.

—¿Estás seguro de esto?, él volverá, ¿verdad?

—Sí, está en deuda conmigo, así que hará lo que yo le ordene.

—¡Te ves muy débil hermano!, ¿iremos a los parques de diversión que me prometiste? —exclamó Alluka, cambiando el tema. Sabía que su hermano iba a querer distraerse ahora que la marea había bajado.

—Sobre eso… —Kalluto los interrumpió— deberían considerar volver a casa, hay algo importante que…

—No —no le permitió continuar—. Ya te lo dije antes, Kalluto. No pienso volver. El que va a volver eres tú, necesito que vayas a la casa y le digas a Kikyo que ya sé todos sus secretos y que esto no se va a quedar así.

Pero el desafío en la voz de su hermano sólo encendió el malhumor del más pequeño que difícilmente se controlaba ante las provocaciones.

—No volveré a casa, no si tú no vuelves —Alluka dio un paso atrás, sus dos hermanos comenzaban a verse amenazantes.

—Kalluto… —no tenía ánimo, ni planeaba aguantar esa clase de respuestas.

—Tienes que volver, los Iluminados…

—¡No tengo nada qué ver con ellos! Tú vas a volver a casa, es una orden.

Kalluto no quería pelear, pero su instinto no le permitía quedarse de brazos cruzados cuando se le hablaba de ese modo mientras que él intentaba ayudar. Ni una pizca de gratitud había recibido después de tanto esfuerzo y eso le molestaba en sobremanera.

—Si no asumes tu papel en casa, no te haré caso —lo retó, pero esas palabras sólo eran impulso de su enojo, no era algo que de verdad intentara decir.

Killua dio un paso adelante, ante la clara provocación, iba a tomar a su hermano por el brazo y arrastrarlo a casa de ser necesario; no iba a permitir que se involucrara más con el Genei Ryodan, pero Kalluto también retrocedió, colocándose a la defensiva. Fue entonces que Alluka supo que tenía que intervenir y se colocó en medio de ambos. No quería que pelearan, menos en un momento tan delicado como ese.

—Soy tu hermano mayor, hago esto por tu bien, ¿quieres que le diga a papá?

—¡Dile!, ya seguro mamá le dijo.

—¡Esa mujer no es más mi madre! —espetó, y Kalluto se ruborizó.

Él también estaba enojado contra ella, estaban todos muy heridos por las acciones que Kikyo había tomado contra ellos.

—¡Ahora ve y díselo por mí! No iré a casa hasta que ella se largue.

—¡Pero esto no tiene nada que ver con ella!

Kalluto sentía que se ahogaba porque estaba en medio de un debate interno. Su hermano estaba herido y era claro que necesitaba descansar de todas las tragedias vividas en esos pocos días, pero tampoco tenía tiempo para hablar de ello, él quería decirle lo que su madre, la traidora, le había dicho sobre su seguridad.

—¡Te estoy diciendo que tienes que volver por otros motivos!

—Tú eres el que va a volver. Fin de la discusión.

—No —entre más retador fuera el albino, más afilado se volvía Kalluto. No sabía controlar su mal temperamento.

Killua no lo pensó más, se decidió a lanzarse sobre él, ignorando la presencia de Alluka. Ambos estaban bastante sensibles por diferentes causas y Killua sólo quería desahogar todas sus emociones contenidas. Alluka estaba gritándoles a ambos, intentando llamar su atención, desesperada por ser ignorada, al grado que en cuanto vio que sus hermanos iban a empezar a golpearse, se echó a llorar en voz alta.

Ambos se detuvieron, observando a Alluka llorar, cubriéndose el rostro.

—Paren, por favor… paren.

Un movimiento inteligente por parte de la chica, que sabía que ambos se controlarían por su causa, cosa que así fue. Ni siquiera pudieron darse un buen golpe cuando ambos se acercaron a ella para calmarla y decirle que todo estaba bien, que sólo estaban alterados y tuvieron que disculparse el uno con el otro por su mal comportamiento.

—Volveré a casa, a dar tu recado a… ella… —continuó—, pero si no vuelves a casa, me iré con la araña de nuevo, no permitiré que algo malo les pase a ambos.

—Es tu imaginación, papá no te dejará salir cuando se entere…

Pero Kalluto estaba ignorándolo, lo vio en sus ojos, que miraban de forma cómplice a Alluka. Tuvo miedo de preguntar qué ocurría ahí, puesto que Alluka le sonreía de una forma muy poco usual, ya habría tiempo para interrogar a la chica.

Después de eso, le envió un mensaje a Illumi sobre lo que haría para que él supiera cómo localizarlo.

Illumi tuvo que viajar bastante para volver a ver a Killua. Le fastidiaba tener que moverse tan lejos para sólo verlo poco tiempo, de todos modos sabía que este era uno de esos pequeños actos que él tomaría como muestras de verdadero interés y compromiso. Le envió un mensaje en cuanto llegó a la ciudad donde ellos se encontraban y se acomodó en algún hotel; su hermano le respondió que esa noche lo esperaba en su cuarto. Pese a que Kalluto y Alluka sabían que esto pasaría, el albino quería mantenerlo en la mayor privacidad posible, dado que le seguía avergonzando admitir que entre su hermano y él tenía que haber una relación diferente.

El morocho lo encontró sentado sobre la cama, enviando un mensaje a su amigo Gon sobre su viaje, y se sentó a la orilla de esta, examinándolo detenidamente intentando averiguar cuál era su reacción.

Killua estaba nervioso, todo el día le había dolido el estómago. Desde el momento en que vio el mensaje de su hermano se había puesto mal; sentía deseo de verlo y a la vez no. Tenía curiosidad por saber cómo era en realidad Illumi y qué se había perdido durante tantos años, pero temía a lo que fuera a pasar esa noche entre ellos dos. No quería que Illumi se lanzara sobre él, todavía no estaba preparado para eso. Internamente rogaba que su hermano no necesitara hacer esa clase de actividades con él y eso era lo que lo mantenía preocupado.

Para su suerte, en cuanto Illumi entró, se quedó quieto, observándolo en silencio, esperando recibir su atención lo cual le dio tiempo para respirar hondo y aparentar que todo estaba en orden.

—¿Y bien? —puso la tableta a un lado, mirando severamente a su hermano.

—¿Eh? —ese movimiento fue un poco agresivo.

Él también estaba nervioso, incluso más que Killua, entraba en pánico ante la idea de que el menor sintiera atracción por él, eso era algo que simplemente no esperaba que pasara.

—¿Qué quieres hacer?

La pregunta le llegó de sorpresa, pero sería honesto, tomaría su distancia todo lo posible. Su mente todavía conservaba el recuerdo fresco de su hermano suplicando misericordia. Miró al suelo, apenado de tener frente a él a la persona que más amaba y que más había herido.

—Conversar estaría bien —contestó pausado, su voz apenas se alcanzó a escuchar.

—¿De qué?

Esto era más incómodo de lo que se habían imaginado, pero para eso el morocho se había preparado, vaya que sí.

—Me gustaría saber un poco sobre ti —se giró, dándole la espalda al albino, mirando hacia el resto del cuarto, esperaba que con eso ya no se sintieran tan presionados—. Sé un poco de ti gracias a las actividades del hombre… pero a tu punto de vista, en realidad no sé lo que ha sido para ti toda esa experiencia.

Suspiró, rodando los ojos.

—Ni siquiera te agrada Gon… —alegó el albino.

—Ese era Nimrod —corrigió.

Killua agradeció que no estuviera mirándolo porque habría visto su rubor. Le iba a costar trabajo adaptarse a su hermano.

—Ah… mmm… ¿te desagrada Gon?

—¿Cómo me puede desagradar alguien que ni siquiera conozco?

De nuevo se sentía un tonto, definitivamente no podía afirmar que conocía a su hermano, aunque sus argumentos no eran malos, le hacían sentir como la persona más malvada del mundo al juzgarle tan rápido.

—Claro… si te soy sincero me provoca… celos.

—¿Celos de Gon?, bueno, lo podría comprender —el menor se rio, era el turno de Illumi de sentirse estúpido.

—¿Por qué te gusta?

—¡Esa es tu imaginación! —reclamó— es mi amigo, obvio, nunca he tenido un amigo hasta que lo conocí. Quizá lo quiero acaparar demasiado… —se aclaró la garganta— pero me refiero a que entiendo que sientas celos de alguien que es muy cercano a mí.

—Pero estaría dispuesto a darle una oportunidad si me lo pidieras…

Killua lo miró incrédulo. De todas las cosas que imaginó que su hermano diría sobre sus relaciones, esto era lo que menos creyó que ocurriría. Lo que él no sabía, era que Illumi había estado estudiando bastante su signo y ahora comprendía lo importante que eran los lazos para Killua; no iba a desperdiciar una oportunidad como esta para darse a desear.

Al final su conversación se volvió más amena, ambos descubrieron que no era tan complejo conversar sobre sus vidas, después de todo, no eran totalmente extraños. Illumi incluso podía ser bromista, de un modo en que a veces a Killua le costaba comprender, pero de igual manera le causaba gracia.

—Eso pudo haber sido muy peligroso, pero bueno, tú siempre has sido bastante arriesgado.

El mayor al fin había terminado por sentarse en la orilla de la cama, cuidando de no expresar con su cuerpo el inmenso afecto que le tenía al albino.

—Alguien debía hacerlo, Gon no es la clase de personas que piensa antes de actuar.

—Vaya, lo dices tú… —Killua lo vio amenazante— de acuerdo, puedo asumir que hay personas más impulsivas que tú.

—¡Jamás lo complaceré, señor perfecto! —respondió Killua, sarcástico.

—Descuida, así como eres, eres perfecto —dijo con naturalidad.

Silencio. Illumi secretamente disfrutó esa reacción, mezcla de nerviosismo e incomodidad; significaba que podía hacerle sentir algo; aun si fuera desagrado, era algo y eso decía bastante.

Killua recordó que el deseo de su hermano era él mismo, y esas palabras halagadoras eran sólo un destello de sus sentimientos por él. No podía quejarse porque él le había pedido honestidad ante todo, así que su hermano estaba haciendo uso de su derecho. Miró hacia un lado tratando de ignorar el halago, y continuó hablando.

—Bueno… el asunto es que Gon ya está bien —miró distraídamente el reloj de su celular y descubrió que era bastante noche— ¡son las cuatro de la mañana!, no puedo creerlo, le dije a Alluka que saldríamos muy temprano a la siguiente ciudad, ahora no creo poder despertar.

—Lo siento.

—No fue tu culpa… teníamos mucho de qué hablar.

—Será mejor que me marche para que duermas, ya nos veremos dentro de tres días.

Sin más, salió. Ya había comenzado su misión de volverse amigo de su hermano, no fue tan difícil como creyó que sería; agradecía que Killua fuera tan buen conversador. Iba a dirigirse de vuelta a la ciudad de los Iluminados cuando su padre lo detuvo con más trabajo. Tuvo que resignarse y dejar eso para otro día. Recordó entonces que sus trabajos últimamente estaban siendo atendidos por la persona que menos quería que se involucrara en su vida. Un pelirrojo perturbador y enfermo.

—Nimrod, hijo de perra…

Su celular estaba silencioso desde hace días, lo cual no era una buena señal porque significaba que en cualquier momento la bomba explotarí ía muchos asuntos por aclarar y, por todos los cielos, no quería atender a los hombres de la isla, sobre todo al amigo de su padre, Joab, a quién deseaba no volver a ver en su vida. Ni hablar de Chrollo y Hisoka, era una situación compleja. Sabía que al primero le costaría trabajo comprender que él no era la persona que estaba buscando; mientras que al pelirrojo, no podía calcular la forma en que reaccionaría; aún así, la persona que más le intrigaba era Gio. Junto con todos los problemas de los Iluminados, de seguro le esperaba un infierno de problemas a resolver.

Revisó los trabajos que Hisoka había terminado, tenía días que no le mandaba nada nuevo, así que había trabajo pendiente, y se dispuso a terminar todo, así tuviera que viajar más, valía la pena liberarse de más carga de trabajo así, por lo menos, tendría tiempo libre para compartir con Killua. Decidió que era hora de trazar un plan sobre todo lo que tendría que hacer. Porque si no lo hacía, entonces terminaría metido en muchos asuntos desagradables al mismo tiempo.

Killua se quedó el día siguiente se preguntó cómo era posible que su hermano fuera tan diferente a lo que él recordaba, siempre lucía apartado y desinteresado de todo; esta vez se interesó en él, en sus actividades, gustos e incluso opinó —juzgándolo un poco— pero no de forma agresiva. Había encontrado su convivencia tan entretenida como para terminar hablando hasta las cuatro de la mañana sin haberse percatado del tiempo.

Recordó sus palabras; "así como eres, eres perfecto". Eran las palabras más cursi que su hermano había pronunciado en su vida, eso lo podía apostar. No sabía describir lo que eso le hacía sentir, ¿escalofríos? No podía ser. Sólo sabía que ya no se sentía nervioso de verlo, al fin su hermano ni siquiera lo había tocado. Todo el tiempo mantuvo una distancia prudente de él, actuando respetuoso y decente. Eso le había agradado, era bastante elegante en sus modales. Así mismo su forma de vestir había cambiado drásticamente desde la última vez que lo vio; ya no se veía extravagante, con esas prendas brillosas, verdes, ni llenas de decoraciones extrañas, era más bien sobrio. En un modo que claramente demostraba que no quería llamar la atención, pero de todos modos lo lograba debido a su atractivo general y su gracia.

Se encontró a si mismo pensando en lo muy diferente que encontraba a Illumi, pero ignoró el hecho de que su mente se distraía bastante con su recuerdo, puesto que consideraba normal hacerlo, después de todo, se trataba de un cambio drástico y sorprendente. Quizá los que no conocieran bien a su hermano ignorarían este cambio dado que no era tan notorio, Nimrod se aseguraba de no deformar por completo su imagen, pero para él, que lo conocía de toda la vida, sí que había un abismo entre ambos.

Así que pasado un par de semanas, Killua decidió que era mejor que se vieran a una hora más temprana, dado que ambos se perdían en sus conversaciones por horas y terminaba por desvelarse. Hablando de lo que sea, de sus padres, de lo que pensaban que pasaría ahora que Nimrod no estaba, cómo resolver ese problema que tenían, discutían sobre la situación de Alluka, Kalluto e incluso sobre Milluki. Killua hablaba de sus anécdotas con sus amigos hasta que le pareció normal conversar de sí mismo, y empezó a sentir curiosidad por saber lo que Illumi había visto y vivido a través de su vida. Conocía su infancia gracias al Barón de R y pese a que le parecía lamentable, evitaba hablar de ello dado que no sabía cómo lo tomaría su hermano. Aunque cada día tenía más y más curiosidad al respecto.

El asunto era que Illumi nunca hablaba de eso, ni relataba sus historias y él en verdad quería saber, tenía ahora ansias por conocerlo más, saber lo que le gustaba y disgustaba, involucrarse en su vida y ayudarle. No sabía cómo abordar la situación, así que tras pensarlo mucho a su siguiente visita se armó de valor para hablarlo.

—En serio, si lo ves deberías mandarlo a casa. Kalluto no sabe con quienes se está metiendo.

—Entiendo tu temor, Kil, pero no soy el responsable de Kalluto. No creo que me obedezca.

Detestaba que Illumi fuera tan correcto, respetando todas las jerarquías y reglas, a veces se requería un poco de corazón para actuar e Illumi era la clase de persona que primero haría lo que estaba estipulado, y luego lloraría en un rincón en soledad, porque no estaba de acuerdo con ello.

—Por otro lado… quizá podría negociarlo con el líder de las arañas.

—¿Lo conoces? —se sorprendió, era la primera vez que su hermano hablaba de algo que él desconocía.

La verdad era que Illumi se avergonzaba de su pasado, por eso no lo hablaba, además consideraba que a Killua no le interesaría saber las horrendas cosas que había visto a lo largo de su vida.

—Algo así…

—¡Deberías hacerlo!, sí, Kalluto me preocupa bastante —entonces vio la oportunidad, era una de esas ocasiones raras en las que Illumi mencionaba un tema que desconocía, debía intentar hacerlo hablar—. ¿Cómo conociste a Chrollo?

—Es una historia larga… —quiso hablar de otra cosa— no creo que te interese saber algo así.

—¡Todo de ti me interesa! —expresó en voz alta y entonces notó su pequeño desliz, giró su rostro apenado.

Había dicho aquello con naturalidad como si fuera algo muy obvio y fácil de decir; rogó internamente que Illumi no lo notara, pero era muy tarde. No sólo lo había escuchado, sino que se sintió halagado y esa adorable expresión en el rostro del albino, llenó su corazón de felicidad.

—¿Seguro que quieres saber?

—Eh… claro… si quieres —trató de sonreír y fingir que no importaba, pero la mirada de Illumi le imponía, lo hacía sentir aún más nervioso.

—De acuerdo, como sabes, el hombre de la Y estaba en busca de su esposa.

Este era un detalle que había notado desde hace un tiempo, Illumi evitaba a toda costa decir el nombre de ese tipo, pero por supuesto, esto era algo que jamás indagaría. Todavía le dolía mucho recordar a esa criatura.

—Es algo complejo de explicar, pero mamá contribuyó a que él la perdiera…

—Otra víctima de esa mujer… —rodó los ojos, cada vez la odiaba más.

—Sí… pero él no se enfocó en vengarse de mamá porque, para él, ella no tenía la culpa. Mamá era el títere de alguien, ese alguien no la cuidó como debía y otras personas tomaron ventaja de ella y se aseguraron de que fallara a sus votos. Así que el hombre buscaba a esas personas que la hicieron fallar.

—¡¿Qué?! —si bien él quería saber sobre Illumi y su punto de vista en todo, esto era mucha información en un solo momento—, pero ella…

—Esto no justifica que ella nos hiciera esto a nosotros, lo último que quiero es que pienses que estoy de su parte.

—¡Por supuesto que no la justifica!, arruinó nuestras vidas, Illumi…

—Lo sé.

Tampoco estaba feliz por las acciones de su madre, pero estaba feliz de tener una oportunidad con su hermano y esto secretamente le hacía sentir un poco de gratitud hacia ella. Prefirió guardar sus comentarios.

—La forma en la que el hombre al inicio creyó que conseguiría información fue a través de las mafias, y un tipo, socio de él, le presentó a Chrollo Lucifer.

No importó, al final terminaron conversando hasta la madrugada sobre asuntos de la araña, el punto de vista de Illumi sobre Chrollo y por supuesto, tocaron varias veces el tema de Kalluto. Illumi no veía mal que el más pequeño estuviera con la araña, pero no le llevaría la contraria al peliblanco por el simple hecho de que no quería que terminaran en una discusión.

De vez en cuando, durante sus conversaciones, el celular de Illumi solía sonar, pero él sólo le daba un vistazo y optaba por ignorar la llamada. Esa clase de actitudes a la larga fue intrigando a su hermano. Era obvio que no era su padre, porque podía ver cuando le respondía y aceptaba trabajos, en cambio esto era diferente. El morocho había decidido ignorar todas las llamadas provenientes de los hombres de Tierra Sagrada, y en general a cualquier persona que supiera que le daría problemas, como Hisoka y Gio; por el momento Chrollo no había llamado, pero sabía que tarde o temprano eso ocurriría y tendría que resignarse, porque este era uno de esos clientes potenciales que no podría ignorar.

Aunque le llamaba la atención, Killua no se animaba a averiguar lo que ocurría porque no quería sonar demasiado curioso. Esto comenzó a sorprenderle; nunca antes había tenido interés en su hermano, en sus actividades, gustos o lo que fuera relacionado con él porque no le era una persona grata; después lo había hecho por rutina, pero ahora solía preguntarle cosas personales de forma auténtica y no sólo para pasar el tiempo.

Hubo una ocasión en la que comenzó a examinar el aspecto físico de su hermano; sus ojos, nariz, boca, su cabello, el porte elegante, cada una de sus expresiones, y lo encontró atractivo. Durante su conversación llegó a perder el hilo del tema por estar pensando en esos detalles. Mentalmente se regañaba por tener pensamientos tan tontos.

«De acuerdo, sí, es atractivo, pero eso no me importa a mí», se mentalizaba e intentaba evadir su fijación por sus facciones y su cuerpo en general.

Era más sencillo ignorar sus emociones mientras estuviera lejos, además agradecía esa sana convivencia, porque aprendía bastante de él; de hecho, notó que él tenía esos conocimientos profundos que Nimrod poseía sobre todos los temas, gracias a que se había adentrado varias veces en los recuerdos y mente de la entidad maligna.

Llegó el tiempo en que Silva tenía bastantes conflictos con su padre. Zeno estaba reacio a establecer un vínculo entre Illumi y algún miembro de la isla. Tenía en mente a tres individuos que habían mostrado determinado interés y una buena posición como para ofrecer lo que ellos buscaban; así mismo, mantenía su objetivo principal: llamar la atención de Joab, a quién valoraba más que a ningún otro hombre en la isla, no sólo porque poseía una buena posición, sino porque apreciaba más el lazo fuerte que guardaba con la familia. Por ello no lograba comprender porqué Silva no deseaba tal compromiso.

Al principio eran peleas simples, una que otra diferencia por las opiniones de Silva, pero luego se tornaron en grandes discusiones que llevaron a una separación entre ambos, padre e hijo. Silva estaba decidido a no comprometer a Illumi con ninguno de esos hombres, mientras que estos mostraran un deseo depravado por él; quería tratar el tema con su hijo, conocer su punto de vista y en base a ello, encausaría la situación. Por otro lado Zeno no tenía tanta paciencia como él, él veía la oportunidad y la dejaba pasar, jurando que no le perdonaría a Silva si, por culpa de sus emociones, lo perdía todo.

Era un terrible dolor de cabeza; no obstante, era algo que Silva estaba dispuesto a soportar hasta el final, tal como eran las costumbres familiares. Por ello, tomó la decisión de llamar a su hijo, y hacerle volver a casa para tratar el tema. Cuál fue su sorpresa que éste se negó rotundamente. Illumi puntualizó que no volvería a casa hasta que sus asuntos personales quedaran arreglados, y su defensa fue imparable.

—Kalluto no está en casa por culpa de mamá, Killua sigue viajando gracias a tus condiciones, y me tienes aquí, el único que está trabajando, ¿quieres que regrese a casa exactamente con qué fin?, ¿no es algo que puedo atender desde este sitio?

Y tenía toda la razón, era un mero capricho personal eso de querer hacerlo volver para tratar el tema de la isla. Pese a que podía hablarlo por teléfono, sentía esa incomodidad por hablar un tema delicado como si fuera un mero chisme o comentario que pudiera hacerse por un teléfono. Se guardó sus palabras y no peleó más; si iba a hacerlo sería con su padre. Ya luego tendría tiempo para forzar a su muchacho a volver. Apostaba que ya era cuestión de meses antes de que Killua fuera presa de sus malas decisiones, y Kalluto sería de igual modo forzado a regresar. Bajo esas condiciones a Illumi sólo le quedaría hacer lo que su papel indicaba.

Se quedaría con el problema. Mientras tanto, daría rondas por la isla, llevando a su esposa para llamar la atención. Zeno podría enojarse por sus acciones, y al final terminaría reconociendo que su hijo era un individuo más, con mente, metas y deseos propios.

Terminando un par de trabajos, Illumi optó por detenerse un momento a pensar en contactar a Chrollo o no. Killua había insistido en que era una excelente idea, y habló de lo bueno que era que ellos dos se conocieran. No quería defraudarlo, pero cada vez que tomaba el celular en su mano, pensaba en los escenarios y consecuencias que traería hacer esa llamada. En el peor de los casos, Chrollo se pondría pesado, lo cual lo hacía dudar sobre hacer esa llamada o no y, entre más lo pensaba, más inclinaba la balanza hacia la negativa, e ideaba cómo enfrentaría a Killua exponiéndole sus motivos para no contactarle. Por supuesto, nada de mentiras ni falacias.

Su celular comenzó a vibrar; lo sacó de entre sus bolsillos, para ver que se trataba de nada menos que Hisoka.

«Jodido Nimrod, no pudo haber elegido peor persona», llevaba días evitándolo, ignorando sus llamadas y mensajes y ya era hora, o eso supuso, era buen momento para terminar ese desajuste.

—Hola —contestó en un arranque de valor.

—¿Illumi? —pero el tono desconcertado del pelirrojo lo hizo darse cuenta que algo no había salido como esperaba.

—Soy yo, sí.

Hubo un largo silencio, y creyó que la señal estaba fallando.

—¿Eres Illumi?

—Sí, así es.

Y la llamada se cortó.

«¿Esto era todo? —se regañó mentalmente—, ¿por esto me había estado demorando tanto en dejarme atrapar?, por una llamada de sólo unos segundos que no tuvo ningún sentido»

El teléfono volvió a vibrar, y vio que era de nuevo el pelirrojo. Hisoka era un experto en Nen, y no le había tomado más que unos segundos en captar la diferencia entre Illumi y Nimrod.

—¿Ahora qué quieres?

—Vaya, no era una broma —se burló— ¿qué fue lo que pasó?, ¿se pelearon?

Sí, en definitiva Hisoka era una de esas personas de las que era mejor cuidarse. Un asesino que podía respetar y un loco con capacidades de Nen bastante profundas que era mejor no retarlo sin un plan previo.

—El hombre de Nen ya no está aquí, cualquier otro asunto, me temo que queda cancelado.

—Oh —pero para Hisoka parecía como si le hubieran contado un excelente chiste—, ¡es una pena!, éramos tan amigos.

—¿Algo más? —preguntó para finalizar la llamada.

—¿Puedo verte?

—No.

Fue directo, y aun así Hisoka parecía divertirse a su costa.

—Definitivamente nos veremos, tenemos varios asuntos que atender. Hasta entonces.

Colgó y respiró hondo, este era uno de tantos que tendría que tratar y sospechaba que era el más sencillo de aguantar, pero al mismo tiempo algo le decía que debía cuidarse más de él que de los demás. Se fue a trabajar, debía adelantar algunos de los trabajos que su padre le había señalado para estar sin contratiempos con su hermano; lo único bueno era que, como no estaba yendo a la biblioteca, viajar para ir a ver a su hermano era cuestión de un par de horas.

Al terminar sus trabajos recibió otra llamada. Esta vez, confiado en que se trataba de su padre pues acababa de notificarle sus trabajos, contestó sin precaución alguna.

—Dime.

Nadie habló por unos cuantos segundos y luego escuchó un susurró ansioso.

—Illumi.

Sintió escalofríos, justamente la persona que no quería contactar.

—Chrollo, sí, soy yo.

«Debo colgar, debo colgar», insistió mentalmente, pero lamentó que su boca no pudiera detenerse.

—¿En qué puedo ayudarte?

—No lo puedo creer… —le dijo con esa voz suave, misteriosa que tanto le fastidiaba— hace un par de horas estuve debatiendo con Hisoka sobre algunas cosas, y tengo la urgencia de verte…

—Oh… —tragó saliva, esforzándose por disimular su nerviosismo— en estos momentos estoy ocupado, no podría verte ahora.

—¿Cuándo entonces?

—Mmm… —atisbó a los lados, queriendo encontrar cualquier solución— aun no lo sé, tendrás que esperar.

—Lo entiendo. Te llamaré más tarde.

«No, por favor», la llamada finalizó. Ahora comprendía como era que Hisoka planeaba presionarlo. Ese había sido un golpe bajo.

«Al fin de cuentas esto es algo que iba a pasar, no tenía otra opción».

Estaba secretamente atemorizado de interactuar con Chrollo porque ahora conocía la diferencia entre una persona común y un tipo perteneciente a la organización más poderosa del mundo; esas personas simplemente no veían la vida del mismo modo que los demás, parecía que su vista estaba sobre un plano fuera del tiempo y lugar, cosa que era entendible gracias a los conocimientos que tenían; Chrollo era así, y ahora que lo sabía, creyendo que Illumi podría ser una nueva guía para su hambre por saber más, no lo iba a soltar; conociéndolo, era capaz de las cosas más ruines con tal de obtenerlo. Era un ladrón asesino después de todo.

«Debo ser sincero con Killua, no puedo hablar con Chrollo», en primer lugar ¿por qué había presumido que le conocía? No tenía caso, se había apresurado por culpa de sus instintos protectores y por supuesto, su necesidad de ser amado y admirado. Rodó los ojos con fastidio, no podía creer que había actuado como un adolescente intentando enamorar a su chica presumiéndole sus super-falsos-poderes.

—No puedo seguir así —escuchó la voz desesperada de su hermana y detuvo sus pasos para verla.

—¿Ocurre algo? —se asustó cuando vio sus ojos al borde del llanto— ¡Alluka!, ¿qué ocurre?

—No la encuentro, no la he visto en todo el mes… —entonces comprendió de quién hablaba.

La desaparición de Nanika o Semiramis, era una consecuencia de controlar el poder de Illumi; no contaba con que Alluka comenzaría a deprimirse. Era algo de esperarse, Alluka había crecido prácticamente sola; de no haber sido por esa entidad, ella se habría convertido en alguien amargado, patético, consciente de que no era deseada. Ella estaba triste, se sentía sola. Podía afirmar que Killua era una excelente compañía; no obstante, no la comprendía del todo, aunque no lo dijeran en voz alta, él la había abandonado, olvidado en algún lugar de la montaña. Por supuesto que Kalluto se esforzó por ella, para hacer más llevadero su asunto y, de todos modos, estuvo mucho tiempo en soledad. Nanika era todo lo que tenía, una madre, una amiga, que le había enseñado todo de la vida.

—Alluka… tú sabes lo que ocurre, ¿cierto? —no quería decirlo, no estaba dispuesto a ver sus lágrimas.

—¿No volverá? —esto era algo para lo que no estaba preparada, tendría que pasar por esto como un luto.

—No lo sé… es muy pronto para afirmarlo.

Y para negarlo, porque sabía que en el momento en que erradicaran la existencia de Nimrod —como se suponía que estaba planeado— perderían también a Semiramis. No, por supuesto que esto que no se lo dirían sin primero prepararla mentalmente para ese suceso.

Alluka siguió triste; no quiso tocar más el tema, no era algo que quería compartir con nadie más. De facto, pensaba que era mejor pasar por ese temporal en soledad, acostumbrarse a ser una misma después de haber pasado una vida completa siendo dos personas a la vez. Conservar lo bueno, aprender de lo malo, como siempre se lo aconsejaba Semiramis cuando la veía en depresión por causa del abandono al que era sometía día tras día.

Por la noche Killua se quedó pensando en todos los problemas que estaban ocurriendo. Imaginó que tal vez hacer una pausa en alguna ciudad por una temporada larga estaría bien para ambos; además, aquello le serviría a Illumi para no tener que estar viajando tanto, así que se planteó hablarlo con su hermana, esperando que ella eligiera el lugar de su agrado. Quería contactar a Kalluto, y de nuevo pensó en Illumi. Pensaba mucho en ese tonto y estoico tipo, en todo lo que veía en él, perdiendo así el sueño. Se preguntaba qué estaba haciendo en esos momentos, tenía tentación de mandarle mensajes, de llamarlo; jugaba nerviosamente con su celular, esperando ver mensajes de él. En ocasiones su mente le hacía bromas creyendo que su celular sonaba cuando no era así.

La noche era terrible, porque podía pensar más en él. En su niñez, en su presente, en quién era ahora física y mentalmente, quería verlo de nuevo, tenía montones de preguntas por hacerle. Últimamente pensaba en toda la historia que Alex le había contado y su corazón se acongojaba. Un niño que era tratado como si no tuviera sentimientos, obligado a cerrarse, a sufrir. Se lamentaba por su mala suerte, en esos momentos deseaba consolarlo, darle un largo abrazo. Volteaba a ver su celular, pensando en una excusa válida para hablarle y luego, en medio de la madrugada, caía en cuenta que estaba siendo irracional otra vez.

«¿Qué carajos me pasa? —se preguntaba abochornado—, ¿por qué me preocupo tanto por ese idiota?»

Por más que lo intentara no podía dejar de pensar en él hasta que por fin conseguía dormir un poco.

Illumi había logrado evitar a toda costa a sus acosadores meramente ignorando las llamadas y haciendo caso omiso de las amenazas cómicas y extrañamente amistosas del pelirrojo; haciendo caso omiso de los mensajes depresivos de Gio y los vacíos de Chrollo, quien por cierto no había llamado y sólo había mandado un mensaje de texto diciendo "estoy ocupado", que agradeció desde lo más hondo de su corazón, gracias a que le había dado tiempo para idear una estrategia.

En su siguiente visita, decidió que era momento de hablar con la verdad y explicarle por qué no podía hablar con Chrollo abiertamente. Sólo esperaba que Killua fuera racional y antes de amenazarlo, le diera tiempo para compensarlo.

—Hay algo que he querido decirte desde hace días, Kil… —los brillantes ojos azules le indicaron que continuara, que él escucharía todo con atención— no he sabido decirlo como es debido, y no quiero decepcionarte.

—Illumi, no podría decepcionarme de ti —confesó intranquilo— primero debería estar esperando algo de ti, y no es el caso. Sólo te estoy dando el espacio que creo que necesitas.

Mintió, no podía decepcionarse de alguien que ansiaba conocer más, y quería darle la libertad de ser el mismo, lo cual le fascinaba.

—Bueno… yo —se aclaró la garganta, y comenzó a distraerse con el panorama, mirando distraídamente lo que fuera— no puedo hablar con Chrollo sobre lo de Kalluto.

—¿Eh?

Ni siquiera se acordaba que habían quedado en ello, estaba más consternado por sus nuevas preocupaciones que ese punto había sido espléndidamente ignorado. Aun así hizo el esfuerzo por sonar interesado en ello.

—Oh… ¿por qué?

—Verás, él tiene un interés muy especial en Nimrod. No es cualquier clase de interés…

Pensó mejor sus palabras, no quería sonar absurdo. Killua lo miraba entretenido desde la cama siguiéndolo mientras él se sentaba frente a él.

—Cree que Nimrod puede ser su Maestro…

—Vaya, suena raro, ¿Maestro en qué sentido?, ¿así como me enseñaban a mi…?

—Algo así, más enfocado en magia y alquimia. Yo no pienso enseñarle nada, son cosas muy peligrosas y él parece no tener razonamiento para ponerse límites.

Killua observó la auténtica timidez del morocho y se enterneció; le hubiese gustado tener el valor de sentarse, al menos, a su lado.

—Bajo esas condiciones tienes razón, será mejor que te mantengas lejos de ese tipo. Por el momento no quiero que te metas en más problemas.

Quería preguntarle por más detalles, saber si había más gente con ese mismo interés. Era interesante y a la vez le preocupaba.

—Gracias, en verdad no quiero que él intente algo extraño conmigo. Sería vergonzoso para mí.

Repentinamente cambió el tema, preguntando por su viaje, por los detalles de los sitios que visitaba, y otros asuntos, pero esa última frase quedó grabada en la mente del albino. ¿Qué había querido decir con eso de que "intentara algo extraño"?, ¿qué podía ser tan vergonzoso? Esto fue peor de lo que imaginó, su mente comenzó a maquinar ideas erróneas sobre lo que podía significar, como si Nimrod secretamente también hubiese mantenido una relación amorosa con ese tipo. Lo podía visualizar, el serio y misterioso líder de las arañas y el asesino, habilidoso y sensual Illumi y ante eso, sólo podía encontrar una palabra que describiera sus emociones: celos.

Illumi, tal vez no exactamente él, pero con su cuerpo finalmente, lo había marcado de por vida y ahora, no iba a permitir que se fuera tan campante como si nunca hubiera pasado nada entre ellos. No podía permitir que él fuera el único que se sintiera así, tenía que averiguar las emociones de su hermano. Había trascurrido un mes entero y el morocho no se le acercaba, siempre estaba con esa distancia, mirándolo de pie junto a una ventana, sentado en una silla, lejos de él, al otro extremo de la cama; nunca le tocaba, se limitaba a muy breves gestos cuando lo hacía, y eran perfectamente bien cuidados. Se notaba que lo hacía a propósito.

«Se supone que me desea… ¿Se estará conteniendo?», pero no lograba sacar de su mente sus problemas emocionales de admiración y repelús, se molestaba al pensar en ello porque detestaba no poder definir la relación que ellos dos debían tener.

Por otro lado Illumi se fue tranquilo, agradecido de haber recibido esa aceptación. Sabía que el albino era de esa clase de personas que podían irse a los extremos en cualquier momento. Si alguien le agradaba, inmediatamente podría buscar una amistad con esa persona, de lo contrario, no era capaz de recordar su nombre. Killua podía optar por ser el tipo desagradable en un instante —despreciado por cierto sector de la población y admirado por otro tanto—, era impredecible y eso era algo que adoraba de él porque por más que pareciera que no sabía lo que hacía, siempre tenía un motivo detrás de sus acciones. Debía confesar que tuvo miedo de decirle que no podía arreglar las cosas con Chrollo y escuchar un reclamo de su parte, pero ahora que lo notaba, parecía que el asunto de Kalluto ya no le era más relevante dado que últimamente el foco de sus conversaciones era él. El albino tenía un hambre por conocerlo más, por saber todo de él y por más que intentara disimularlo, le era imposible. Debía recordar que era sólo el efecto de la carta, que el verdadero Killua seguramente no le habría dado esa relevancia, así calmaba sus falsas esperanzas.

Escuchó un ruido sordo y siguió su camino, desde hace rato sabía que estaba siendo seguido. Se trataba de alguien experimentado, lo notó por la forma imperceptible de esas pisadas, y que pese a que sabía que lo seguían, no sabía desde dónde. Se preguntaba quién podría atreverse a hacer algo tan arriesgado a sabiendas que él era un Zoldyck, pero quien fuera, no había querido salir de su escondite. Le desagradaba trabajar mientras que alguien le observaba. Se detuvo unos segundos, esperando que el tipo saliera, pero no pasó tal cosa y se forzó a continuar su camino.

Estaba de buen humor, ya sólo le quedaban dos pendientes más y tendría tiempo de moverse a la ciudad de los Iluminados; tenía muchos deseos de ir y seguir estudiando el asunto con su hermano, descubrir lo que le esperaba, por lo que le restó importancia a su espía, no perdió el tiempo, acabó todo sin más demora, y se dispuso a volver al hotel para recoger un par de cosas antes de partir.

Tal como esperaba justo al momento de entrar a su cuarto el tipo salió de entre las sombras.

—Illumi —le llamó y sintió unos terribles escalofríos.

—Mu-Muath —dudó si ese era su nombre o no, no era como si él lo hubiese pronunciado antes.

—No has respondido a mis llamadas… ni a las de nadie en la Isla. ¿Tu padre ya tomó una decisión?, ¿Zeno ya te entregó a alguien sin avisarme?, ¿has estado saliendo con alguien más? ¡Necesitamos hablar urgentemente!

Tomó al morocho del brazo con toda la confianza; esto por supuesto puso de muy mal humor al Zoldyck, el cual detestaba que invadieran su espacio personal. Caminó a regañadientes hasta su habitación, azotando la puerta. No sólo iba a ser una conversación vergonzosa, también tendría un montón de emociones derivados de la ira de ser tratado como un objeto.

—¡Responde, hombre!, estoy harto de tu silencio. ¿Ya te entregaron a alguien?

—No —cortante, alejándose del moreno que inmediatamente corrió tras él para no permitirle que se apartara de nuevo.

—¿Qué te pasó?, luces diferente… ¿estás enfermo?

—No —estaba pensando en lo que debía decir ante esas situaciones, evitarlas no había sido precisamente una excelente idea.

—Illumi… mírame cuando te hablo —volvió a estirarlo del brazo, el Zoldyck sintió escalofríos, ese tipo era un asesino tan capacitado como él, tal vez más o tal vez menos, era imposible de determinar, tampoco era como que pudiera atacarlo—, ¿te contagiaron de una ETS?

—¿Qué? —se quedó estupefacto, de nuevo azotó su brazo para quitárselo de encima.

—Joab… ése viejo, ¡lo sabía! Illumi, ese tipo es de la edad de tu papá, ¡no puedo creerlo! Sólo mírame, yo soy más joven, yo no te habría hecho daño.

—¡No tengo nada de eso! —reclamó.

Ese hombre vivía su propio drama mental de forma veloz, ni siquiera necesitaba un diálogo para sufrir.

—¡No dices nada, Illumi!, yo necesito saber de ti, no puedo seguir de este modo. Aceptémoslo, yo estoy enamorado de ti, no puedo vivir sin ti, ¿qué hago? Dime, ¿qué quieres de mí?

Sentía frío por todo su cuerpo, detestaba esta situación, quería decirle de forma poco amigable "lárgate de mi vista", pero no podía decirlo, al menos no de ese modo.

—Ya entiendo… —hizo una expresión como de alguien que hace un gran descubrimiento que había querido ocultarse deliberadamente— es Ender ¿cierto?, dudo que Adalfuns te satisfaga, pero Ender… ese es un tipazo, una buena elección…

Quería gritar "¡vete al carajo!" desmentir sus absurdas teorías, pero quizá no era buena idea hacerlo. Retrocedió nuevamente, dejando al tipo con sus pensamientos, al fin no hacía falta que pronunciara palabra alguna para que continuara con sus historias por sí mismo.

Hubo un silencio incómodo y prolongado, sólo podía escuchar breves murmullos y algunos gimoteos, esperó pacientemente hasta que un grito que le hizo sobresaltarse.

—¡No lo permitiré! —golpeó con la palma una pared, resquebrajándola con la fuerza—, puedes amarlo, pero no sabes lo que es el amor. Yo sí lo sé, yo te daré todo lo que necesites.

—¡Ya cállate! —no lo pudo resistir más.

Muath lo miró como si jamás hubiera esperando una reacción negativa, incrédulo de su determinación.

—No es necesario que grites Illumi… yo… mi amor por ti…

—Muath, sólo cierra la boca, ¿quieres? Me duele la cabeza.

—¿Quieres algún medicamento?, soy muy bueno dando masajes, seguramente eso te ayudaría, el otro día…

—Silencio —insistió, sospechando que el tipo le faltaban neuronas, o tenía algún serio problema cerebral—. Yo tengo asuntos que tratar, asuntos privados y personales, me urge que termines tus asuntos y te vayas de aquí.

Muath, haciendo gala de sus increíbles habilidades como asesino, sin esperar más, ni anunciarse, se lanzó sobre él, besándolo fugaz, pero escandalosamente y pronunció:

—Ya entendí, me voy, pero con un beso tuyo.

Salió, dejando a un azorado Illumi que quería matar, su sed de sangre estaba por todas partes y la sonrisa de Muath antes de salir no había ayudado en nada. Le tomó bastante tiempo recuperar la compostura. Si había una palabra con la que pudiera describir todo lo que estaba viviendo por parte de esas personas que Nimrod había dejado en su vida, era acoso. Acoso intenso, prolongado, pegajoso y oscuro. Como si no tuvieran paz si no se hacían notar por lo menos una vez al día.

Esa misma tarde se marchó a la ciudad de los Iluminados, llegaría por la noche y esperaba tener tiempo para leer antes de irse a su hotel.

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HADOS

Capítulo 2

En otra parte del mundo, a una distancia lejana de donde la gran mayoría de los seres humanos habitaban, se escuchó una gran explosión en medio del océano. Una enorme embarcación fuertemente acorazada estaba siendo atacada; gritos, llamadas de auxilio, botes salvavidas y personal corriendo por todas partes era lo único que se podía divisar entre tanta incertidumbre.

—¡Se está hundiendo el Azur!

—¡¿Qué?!, ¡¿otro más?!

—Así es —el reporte del ataque llegó a oídos del capitán secundado de gritos de terror.

—¡Vamos a morir! —se oía, entre el llanto, hombres y mujeres.

—Lo que más me preocupa es que el rey no va a aceptar un no por respuesta.

El viaje de prueba del rey de Kakin y compañía se había mermado a mitad de camino. No habían tomado un rumbo normal para llegar al ansiado continente, puesto que el verdadero camino estaba reservado para uso exclusivo de los Iluminados; así que sólo podían tomar una ruta alternativa, una cargada de peligros, llena de témpanos, monstruos terribles y mal tiempo. Eso en un principio no había representado temor para ninguno de los tripulantes ni temerarios acompañantes de las flotas submarinas. Sin embargo, no contaban con los conocimientos suficientes para alcanzar su meta, el equipo de exterminio de los Iluminados había arribado a la zona apenas hacía unos días, con la finalidad de detenerlos. La única sección que pensaban perdonar, era la que había sido notificada por Pariston Hill, el cual poseía el único de los submarinos que no recibiría agresión; el ex-miembro del zodiaco había sido advertido que la flota sería severamente atacada por parte de Dalozza, el cual protegía el continente a capa y espada. Pariston se había comunicado con Dalozza quién había aceptado perdonarle sus intenciones si le entregaba parte de sus investigaciones en el proceso.

El capitán se había resistido tanto como había podido, peleando en azorados combates contra los sujetos y animales que les atacaban, haciendo impresionantes demostraciones de sus habilidades, pero ni así pudo evitar que hundieran cada uno de sus botes y destrozaran sus submarinos hasta ir reduciendo la cantidad de acompañantes.

—Debemos regresar, elaborar una nueva estrategia y volver —anunció la segunda al mando con firmeza. La chica miraba con asombro los increíbles daños que habían recibido y eso que no estaban ni a mitad de su viaje.

—De ningún modo —exclamó el hombre, ésta era su oportunidad de brillar.

—Firmaste un acuerdo.

—Estamos lejos de la sociedad, en un sitio dónde las palabras dichas en tierra pierden el sentido.

—Te recomiendo sigas nuestras instrucciones, o no tendrás tierra a dónde regresar, de eso me haré cargo yo personalmente —amenazó el abogado del rey, que se encontraba ahí como observador.

Nadie quería morir a manos de esos montones de monstruos con formas humanas. Sí, tenían gente fuerte en sus tropas, pero no darían abasto ante tantas personas que requerían protección y sobre todo, las tecnologías que poseían no eran ni remotamente resistentes a los ataques a los que eran sometidos.

—¡Escucha lo que te digo! —exigió la segunda al mando—, no te estoy pidiendo que te rindas, si no que volvamos, estudiemos esto y regresemos más fuertes.

Pero volver, para él, significaba perder su posición de respeto, mucha gente contaba con su voz para defenderse de las constantes amenazas de los extranjeros que estaban en contra de los deseos de su rey. Salió del cuarto, necesitaba pensar las cosas, saber cómo anunciar su decisión y no quedar como un tonto. Se miró en el espejo, habló consigo mismo, y a la mañana siguiente, accedió a la petición de volver, no sin alegar que lo hacía por causa de ellos, de su debilidad.

La biblioteca estaba cerrada cuando llegó, sabía que podía solicitar que la abrieran para él, pero no quiso hacerlo principalmente porque había llegado con un cansancio insoportable a la ciudad de la Iluminación; además no estaba dispuesto a actuar como Nimrod, tomar provecho de su posición no era lo suyo. Decidió que a la mañana siguiente volvería con más seguridad.

Durmió profundamente, después de unos pesados días de trabajo y estrés por todas las consecuencias de Nimrod dejadas a su paso y a primer hora partió a la biblioteca. La mañana era fría y se dio prisa por llegar. Al entrar, tal como la vez pasada, se vio rodeado de miradas inquisidoras y él, como era su costumbre, se concentró en su asunto e ignoró espléndidamente a todo el mundo. Caminó hacía el pasillo que le interesaba hasta que una voz le hizo detenerse.

—¡Magister Illumi! —le llamó nada más y nada menos que el mismo Galileo— Magister, que gusto verle por aquí, tan lúcido; siendo usted mismo después de una larga travesía aprendiendo cosas a través de esa entidad…

No respondió, se dio la vuelta dispuesto a seguir su camino.

—¿Qué lo trae por estos rumbos? —pero los propósitos de Galileo lo forzaron a detenerse.

—No es tú asunto —no se tomó la molestia de voltear a verlo, le desagradaba que actuara como si le conociese de verdad.

—¡Oh!, entonces déjame ser más claro —alzó más la voz atrayendo más miradas y susurros que se enfocaron en el suceso a medio pasillo—. Después de que toda la hermandad se viera sometida por una sola entidad poderosa y con fuertes aliados, me temo que cualquier asunto concerniente a ti, es asunto de quien desee involucrarse.

Era una amenaza sutil y elegante, pero Illumi no se iba a dejar intimidar.

—En dado caso, sería bastante absurdo e incoherente de tu parte afirmar que desconoces mis asuntos aquí.

Galileo sonrió, en definitiva, no trataba con un muchachillo ignorante y novato.

—Los amantes, ¿cierto? —no esperó a que afirmara—, ¿necesitas ayuda?

—No, pero si tanto te apura que haga mi deber, entonces deja de interrumpirme. Nos vemos.

Siguió su curso y escuchó detrás de él que Galileo decía:

—De cualquier modo, me sentaré frente a ti por si es que requieres mis servicios.

Galileo era sincero en eso de ofrecer sus servicios, sin embargo, también deseaba espiarlo y asegurarse de que en verdad hiciera lo que decía y no se enfocara en buscar más información sobre el ente de Nen. No iban a ponerse en riesgo una segunda ocasión.

Illumi retomó su camino y tomó el libro en el que se había quedado la última vez que asistió a la biblioteca, disponiéndose a leer; apenas tomó asiento, escuchó que Galileo se aclaraba la garganta para llamar su atención. El alzó una ceja y esperó a que iniciara su discurso.

—¿Estás seguro que quieres comenzar con eso?

—¿Qué hay de malo en que haga lo que me venga en gana?

—Pues, verás —se puso de pie, señalando con su mano derecha— detrás del mismo estante donde tomaste ese libro, hay otros doce, y a los lados hay más. Los doce de atrás representan los signos zodiacales como son popularmente conocidos bajo la lectura del sol y en los lados están en sus interpretaciones, egipcia, según la alquimia, maya, árabe, de la época de Babel, entre otros… así que, creo que ese libro que tienes es sólo la más pequeña punta de la gran pirámide que te espera.

En efecto, cuando por fin prestó atención descubrió los estantes plagados con información sobre los astros, constelaciones y formaciones estelares; la astrología le rodeaba y lo había ignorado. Si bien poseía vastos conocimientos del tema debido al acceso que tenía sobre los recuerdos de Nimrod, desconfiaba de ellos. Se trataban de conocimientos obtenidos a través de la mente de un ser siniestro, todavía le costaba trabajo asimilarlos como propios o reales; además, no tenía información concreta sobre la complicada condición de los efectos de la magia insertada en el cerebro de Killua. De hecho, hasta antes de recibir la carta de los amantes, desconocía el signo bajo el que había nacido su hermano.

—Ahora, si me permites ilustrarte —sonrió amistosamente, no había más pretensión en su expresión corpórea—, yo recomendaría comenzar con la parte del amor, hay un buen libro sobre el amor y otro sobre el erotismo y sexualidad, justo en uno de los doce estantes. Están excelentemente desarrollados.

No se hizo el sabelotodo; no quiso perder su tiempo, así que dejó el libro que traía en manos y se fue en busca del indicado. Resultaron ser dos gruesos libros pesados que azotaron la mesa en cuanto los dejó caer. Abrió primero el del amor y se preparó para una larga sesión de lectura.

«Antes que nada, se debe señalar que en el amor Cáncer es, de todos los signos, el más emocional. Una vez que echa raíces sobre el ser que ama, difícilmente lo dejará, por más tóxica y perjudicial que sea la relación, creará una codependencia difícil de erradicar.

Repasemos las características:

Casero; doméstico; familiar; entrañable; afecto; fiel; íntimo; sentimental; sensible; sensitivo; afectivo; delicado; tierno; suave; emotivo; romántico…»

Sintió que su estómago se revolvía entre cada una de esas palabras.

«Imaginativo; psíquico; soñador; inspirado; receptivo; místico; bondadoso; apacible; dulce…»

No sabía si podría seguir leyendo y, entre más avanzaba, las palabras "romántico" y "pasional" resaltaban. Sus ojos se abrieron como platos, cuando sin más tuvo que reconocer que de todo lo que Cáncer pedía, él a duras penas podía cumplir con uno o dos requisitos.

«Soy prácticamente lo contrario a lo que Killua quiere…» se lamentó, eran noticias desalentadoras. No podría cumplir su parte del trato con el Barón, ni darle un final feliz a esa historia.

—¿Qué signo es él?

Galileo interrumpió sus lamentos interiores.

—¿Perdón?

—Él, tu hermano, ¿qué signo es él?

—Cáncer —contestó a secas, no podía seguir leyendo a causa del desánimo.

—¡El romántico y tierno Cáncer! —exclamó sin pena, llamando la atención del resto de lectores que estaban cerca de ambos para que escucharan la conversación que estaba por iniciar.

«Romántico» resaltó en la mente de Illumi, y de nuevo se consternó.

—¿Y tu signo es…?

—No se trata de mí, se trata de Killua, él es el único afectado por el efecto de la carta.

Galileo creyó que bromeaba, quizá el malhumor del muchacho no le estaba permitiendo usar sus conocimientos arcaicos, y no se equivocaba mucho.

—No has revisado la compatibilidad, ¿cierto? Entre tu signo y el signo de tu hermano. No significa que sean buena o mala relación, pero habla de los puntos que tienen en común, los que tienen de diferentes y eso te enseña a potenciar lo que tienes y controlar lo que debes.

Hizo un cálculo increíblemente veloz de su signo y contestó en voz alta.

—Virgo.

—Oh… interesante. El intelectual y eternamente joven, Virgo. Felicidades, según la tablilla esmeralda, diría que ambos tienen demasiado en común. Tanto así que si fueran una relación, estarían destinados a un largo y próspero matrimonio.

—Pero… según este libro, Killua necesita de romance, de pasión y cosas de las que yo carezco.

—¿Careces?, ¿estás seguro de eso? —nuevamente no lo dejó responder, se levantó de su asiento, volteó hacia los lados y gritó—: ¡Maestro B, Maestro W, vengan por favor aquí. El Magister Illumi requiere de sus servicios! —y de inmediato ambos invitados se dirigieron al lugar de Galileo, tomaron cada uno una silla y se acomodaron ante la sorpresa del Zoldyck.

—Procedamos, frater —pronunció uno de ellos.

—Él es Virgo, y su compañero en el amor, Cáncer.

—El trabajo está hecho entonces, ¿cómo podríamos ayudar en algo así?

Illumi se sorprendió, todos parecían dar por sentado que ellos dos estaban hechos a la medida, esto por supuesto le intrigaba.

—El Magister todavía no asimila los conocimientos de Nimrod con la pulcritud que debería. Requiere que le ilustremos con paciencia, no tiene tiempo para fundamentarse como nosotros lo hemos hecho.

En ese momento, justo cuando creía que no podía esperar más, un bombardeo de información ocurrió. Llegó a un punto que ya no sólo los tres en la mesa opinaban. De vez en cuando las personas a los alrededores se detenían a hacer comentarios respecto a todo lo que Illumi debía saber sobre sí mismo y sobre su hermano. Hubo cosas que impresionantemente se ajustaban a él con tal perfección que parecían sacados de un poderoso espía que estaba al tanto de las profundidades de su corazón, otros aspectos parecían ser lo contrario a él. No pudo opinar, objetar era fútil; quedó en silencio y sólo hablaba cuando se le hacía una pregunta.

—Debes ser paciente, porque empezará el efecto de la carta. La luna comenzará a hacer su trabajo con toda la potencia que nunca antes mostró; esto es debido a los cambios que la carta efectuará, lo volverá potencialmente celoso, obsesivo y posesivo…

—Dale lo que pide, si te dice "no lo mires", tú harás justamente eso. Deja de pensar en ti como una persona, se su propiedad.

«Oh cielos… », entre más escuchaba, más descubría lo difícil que sería tratar con su hermano.

—Si no lo haces, recuerda que Cáncer perdona, pero nunca olvida, y cuando menos lo esperes, te lo recriminará en la cara.

Algunas cosas eran sencillas, los aspectos familiares en los que podrían coincidir bastante, o que él podía comprender a la perfección y por los que no sufriría grandes cambios.

—Virgo puede ser infiel, Cáncer no.

—¡Cáncer sí puede ser infiel! Depende de la carta astral en los aspectos de relaciones… —interrumpió alguien del público.

—Esto no se evaluará en base a esos detalles, ¿no ves que se arraigarán en su corazón los aspectos más destacados sobre cáncer? Se enamorará hasta los huesos, nadie en el mundo existirá para él.

—Cáncer es rudo por fuera, blando por dentro, nunca lo olvides. Aunque aparente que no le importa algo, le está importando tanto que de un momento a otro explotará.

Los cambios constantes de ánimo, los excesos de atención, los futuros sube y bajas en su relación; tantos pros y contras, junto a la constante sensibilidad que el albino tendría, cada aspecto le provocaba un dolor de cabeza. Era mucha información que no debía olvidar y todavía estaba la palabra con "r" que creía no poseer y que sobresalía entre toda la información. Hasta ahora sólo entendía que debía volverse esclavo de Killua, un precio justo a pagar por todas las faltas cometidas en su pasado. Luego procedieron a bombardearlo con todo lo concerniente al erotismo, lo cual no le asustó; incluso le pareció racional y llevadero. Todo lo que su hermano pedía podía satisfacerlo, era su naturaleza, además estaba garantizado que él lo disfrutaría tanto como el albino; no obstante, a él le importaba más todo lo concerniente con su relación, puesto que se decía: «el noventa por ciento de nuestra relación se llevará fuera de la cama, no puedo preocuparme por lo menos difícil».

—¿Y qué hay del romance? El libro dice que requiere muchas dosis de romance, y yo, francamente no sé hacer algo como esto —interrumpió.

—¡Claramente eres Cirgo! —Bromeó W— el concepto de "romance" no es el mismo en tus labios, que en los míos o en los de tu querido hermano.

—Me sorprende que alguien cuyo cuerpo es compartido con una entidad con un historial de romance como el de Nimrod no pueda expresar un poco de lo que aprendió de él —argumentó Galileo deseando forzarlo a buscar más en su interior por la información valiosa que tanto reprimía.

Nimrod, en vida, nombró diosa a su mujer, edificó templos lunares en su nombre; escribió cánticos, poemas, hizo leyendas con su historia, la exaltó hasta lo más alto, y la amo con tanta pasión que ese mismo amor fue el que los unió por toda una eternidad. Cuando Illumi pensó en esto, se dio cuenta que también deseaba esa trascendencia tan mágica, rica en una naturaleza espiritual que no se obtenía con ninguna otra práctica, ni ciencia, sólo amor puro y verdadero. El secreto del Nen de Semiramis y Nimrod.

—Lo que el frater W dice, es verdad, Galileo —se puso de pie B y se sentó sobre la mesa, a un lado del Zoldyck, enfocándose exclusivamente en Illumi—. A ti te corresponde enseñarle tu estilo de amor, basado en acciones que trascienden sobre las palabras, razonamiento, ayuda y protección; ese amor que busca volverlo un diamante pulido con la más perfecta de las técnicas. No te será difícil, no es un reto, puesto que tu amante tiene la fortuna de ser el signo más comprensivo de todos, bastará con verte a los ojos para saber todas tus bellas intenciones, y las amará; a cambio te dará el amor que él sabe dar. El amor basado en comprensión, libertad, pasión y todas esas cosas que te son imposibles de dar; te protegerá y defenderá a toda costa, será tu admirador número uno y te cobijará en su cubierta maternal.

—Es por ello que sabemos que serán el uno para el otro. Porque Cáncer no tardará en comprender las necesidades de Virgo, y Virgo le dará a Cáncer todo lo que necesita.

Soltó un largo suspiro, un peso de sus hombros había sido removido, comprensión era lo que más necesitaba y era justo lo que tendría. Memorizó tanto como pudo, al fin bastaba con que entendiera la idea general. Si lo satisfacía y alcanzaba su meta de volverse más de lo que Killua esperaba, entonces tendría garantizado que al final del efecto, conservaría ese lazo y la felicidad de su hermano quedaría intacta. El efecto no desaparecería se disiparía de una mañana a la otra; así como apareció y se fue sembrando en él, el efecto desaparecería paulatinamente, todo como si fuera natural. Killua no olvidaría nada, ni tampoco despertaría sintiéndose desorientado, puesto que no era como había sido con él, cuyo cuerpo había sido arrebatado; todo lo estaría experimentando con su propia consciencia, así que más le valía ser el perfecto caballero y dar lo mejor de él, sin importar cuánto sacrificaría a su paso. Estaba en juego la estabilidad y salud mental de su hermano menor, del amor de su vida y por ello haría todo lo que tuviera a la mano.

Recordó lo que alguna vez su madre dijo sobre la lectura de su mano cuando era más joven; justamente la lectura de la línea del amor cobraba sentido al decir que la línea de su mano indicaba un destino junto a alguien que conocía desde hacía años. Línea que estaba bordeada del triángulo de venus, de la perversión, se preguntó si acaso Killua tenía uno como el de él.

Cabe decir que regresó a trabajar con la mente lista después de haber sido instruido, ya no iba a tientas en cuanto al asunto de la carta. Killua le había dejado un mensaje desde hacía un par de horas y por una u otra razón, no había tenido tiempo para responderle, lo cual le ponía bastante nervioso porque el muchachito deseaba saber la hora a la que llegaría. Resultaba extraño que le preguntara tal cosa, cuando ya habían acordado el plan, tenía curiosidad por entender qué ocurría detrás de esas palabras.

Killua se sentía un idiota por lo que había hecho. Había sido el resultado de un arranque desesperado por saber un poco sobre el morocho; deseaba regresar al pasado y borrar de su mente la idea de escribirle. Ese tentador mensaje que había enviado el mismo día que se verían, justo cuando ya habían acordado una hora. Deseaba que la ausencia de respuesta de Illumi se debiera a que había fallado el envío, que estaba perdido en la inmensidad del mundo virtual de los mensajes, pero es que lo extrañaba, quería que se diera prisa por ir a verlo y quería no ser el único idiota que extrañara al otro.

Esta actitud trajo a su memoria su niñez, cuando extrañaba a su hermano y se la pasaba preguntando a los mayordomos por él hasta escabullirse por la montaña para ir a verlo. Le daba vergüenza y a la vez felicidad recordar algo tan agradable; pensaba que ese sentimiento infantil estaba de vuelta en él, esto porque no iba a aceptar de un día para otro ese extraño y poco entendible sentimiento que había surgido de forma inexplicable.

Miró por vigésima vez la pantalla de su celular, hacía dos horas que había enviado el mensaje, y de pronto, para su desgracia, el aparato le indicó que tenía una respuesta. Sintió que su sangre se helaba, se le revolvió el estómago y de pronto ya no quería leerlo, tenía nervios de ver lo que contenía. Bloqueó la pantalla, miró a los lados y finalmente no resistió la tentación.

«Llegaré a la hora acordada ¿ocurre algo?»

Diez segundos después su celular comenzó a vibrar y creyó que se caería de la sorpresa. Illumi era quien llamaba.

—Hola —contestó casi sin voz, estaba completamente rojo y agradecía que Illumi no lo viera.

—Lo siento Kil, no podía responderte, odio hacerte esperar, ¿estás bien?, ¿necesitas algo?

Ya no era broma, estaba obligado a inventar algo o quedaría como un tonto y definitivamente no estaba dispuesto a quedar como tal frente a su hermano.

—No-no es nada malo, yo pues… —quería reírse de nervios— es que, estaré libre desde más temprano y me preguntaba si podía verte antes de la hora.

—¡Oh, ya veo! Sí, está bien.

Terminaron acordando una nueva hora y finalizaron la llamada. Killua se golpeó la frente con la palma de su mano. Su argumento era por completo falso, no tenía el tiempo libre según todo lo que había planeado con Alluka. Ahora estaba en un meollo y debía resolverlo cuanto antes. Terminó mintiéndole a Alluka, echándole la culpa a Illumi, inventándole que él había solicitado el cambio de hora de forma inexplicable y que por tal motivo no podían quedarse afuera hasta tarde.

Alluka no era ninguna tonta, vio la mentira en sus ojos, cualquier otro podía caer en las mentiras de Killua, era un experto, un maestro en el arte del engaño. Quizá sabía controlar todo su cuerpo y su tono de voz, pero Alluka lo conocía a dedillo; cientos de veces lo vio mentir cuando lo hacía por ella. Se quedó sin palabras. Su propio aliado, su hermano y mejor amigo le estaba mintiendo a la cara; debía tener sus motivos; ya se lo preguntaría en privado, se aseguraría de que no escapara de su interrogatorio.

Disfrutaron el tiempo que les quedaba, Alluka había querido asistir a un curso público para hacer postres y no podía decirle que no. En medio de la actividad se le antojó hacer uno para distraer su mente y dado que todo el tiempo pensó en Illumi, terminó por hacer otro para él.

«Dioses, ¿qué me pasa?», se preguntó cuándo logró llegar a su cuarto y encerrarse a esperar a su hermano, miraba el recipiente con el pequeño cupcake y se ruborizaba. Lo había hecho para la persona que menos creyó que cocinaría algo en su vida, un tipo que seguramente sabía hacer toda clase de postres como todo un experto gracias a la entidad que compartió todos estos conocimientos con él. ¿Qué le diría?, ¿cómo se lo entregaría? Descartó la idea de inmediato, no podía, aun no tenía tanta confianza como para atreverse a hacer algo así, pero luego comenzó a alucinar con la reacción que su hermano tendría y un sentimiento extraño surgió, era una especie de ternura y deseo.

«Bueno, no tiene que saber que yo lo hice para él…» se justificó, además, en serio no pensaba comerse eso después, no porque no tuviera buen sabor, si no que se la pasaría pensando en la persona para quien lo había preparado, más el tiempo y esfuerzo desperdiciado por no haberse atrevido a dárselo. Llamaron a la puerta y él se sobresaltó, respiró hondo.

«Es sólo Illumi» repitió en su mente.

—Kil —miró entretenido el atuendo del albino, se notaba que había estado en alguna actividad que involucraba harina, y un aroma dulce se desprendía de su cuerpo, pero no quiso indagar directamente.

Esta vez él fue quien inició la conversación, tenía curiosidad por las actividades que el menor hacía en su ausencia, tal vez y así conseguiría conocer el motivo de su apariencia.

—Alluka y yo fuimos a comer postres —él voluntariamente sacó el tema, tal como lo esperaba— nos sobró un postre… me… me preguntaba si te gustaría quedártelo. Aunque no sé si te gustan estas cosas.

De nuevo mentía, y se olvidaba de un detalle. Illumi era quién lo había instruido en el arte de la mentira. No le tomó demasiado tiempo darse cuenta que le ocultaba algo, y le intrigó bastante, sin embargo, a diferencia de Alluka, Illumi no tendría oportunidad de averiguar la verdad, así que se conformaba con inventarse un motivo que calmara sus ansias por saber la verdad.

«¿Se habrá peleado con Alluka y por ello no quiere hablar del tema? —se preguntó, después observó el postre, una deliciosa combinación entre café, chocolate y vainilla que parecían mezclados con un poco de apuro— para ser una tienda dedicada a los postres, la presentación no es lo suyo… —pensó con ironía y se aguantó las ganas de reír. Entonces cayó en cuenta de la verdad, ese postre no había sido hecho precisamente en una tienda, estaba hecho por Killua mismo, fue cosa de atar cabos para concluir una sola cosa—: lo hizo para mí —se levantó de su asiento para disimular su asombro, y caminó en dirección a la mesa».

Las últimas semanas Killua había estado rentando habitaciones que incluyeran algún espacio para pasar el tiempo conversando. Eso había dificultado su forma de rentar el cuarto, cosa por la que Alluka se había quejado, dado que dedicaba bastante tiempo para elegir el siguiente destino; y es que él quería asegurarse de que su hermano tuviera espacio para moverse en la habitación, además consideraba que estar sentados juntos en la cama, era demasiado sugerente.

Tomó la cuchara que venía incluida en el recipiente, y se dispuso a probarlo, tomando una pequeña porción que incluía un poco de betún de queso crema. Tal vez la presentación no era buena, pero el sabor sí que lo era; Killua se había esmerado bastante en hacerlo bien —clásico en él— ese perfeccionismo era una de las cualidades que más le atraía del albino. Ahora era uno de esos momentos que el destino había puesto en su camino para que tomara provecho de él.

—¡Esto está delicioso Kil! —sonrió, y la felicidad del niño delató lo bien que se sentía de oír aquello—, tienes una excelente sazón —al fin no iba dejar pasar ese momento.

—¡¿Qué te hace creer que yo lo hice?! —estaba absolutamente rojo de vergüenza, lo peor era que por más que intentara disimularlo, ya era muy tarde.

Illumi tomó uno de sus brazos, levantando la manga para señalarlo.

—No creo que la mezcla en tu ropa sea casualidad, fuera de eso… —se acercó al cuello del menor, que tuvo escalofríos ante la cercanía de su hermano— hueles a vainilla, definitivamente.

Mentir era lo más estúpido que podía hacer, después de haber sido descubierto tan atrozmente.

—Alluka y yo los preparamos, ese sobró… —pero no podía decir la verdad, sin importar nada. Illumi lo volvió a notar, y se rindió, no iba a hostigarlo con un tema de esa índole.

—Entonces estoy de suerte. Gracias por compartirlo conmigo.

Acarició sus blancos cabellos, y la piel de Killua se erizó, suspirando de emoción. Ambos estaban deseado ese tacto un poco más de lo que creían, pero por el momento se conformaban con sólo eso. Se perdieron en su conversación etérea. Ya no se molestaban por el tiempo, era obvio que se quedarían juntos hasta muy entrada la noche.

—Sería bueno que un día de estos saliéramos, creo que te hago encerrarte mucho en los hoteles, no creo que sea bueno hacerte perder el tiempo así.

—No está mal para mí, no te preocupes —le sonrió tímido— ¿es que quieres hacer algo diferente?

—De vez en cuando, suelo ir a los eventos culturales de las zonas donde estoy para no aburrirme mientras hago mi trabajo… normalmente lo hago solo, pero no estaría mal un poco de compañía.

Killua se ruborizó imaginando lo genial que sonaba su hermano ante sus ojos, tan inteligente, fuerte, lleno de talento y belleza; un hombre así de brillante en medio de uno de esos eventos hechos para gente intelectual, de pronto se le antojó mucho hacerlo.

—Es de los pocos hábitos que me agradaban del ente.

Aunque eso último lo sacó de su ensoñación, de todos modos, sonaba bastante decente la actividad.

—Claro que sí, estaría encantado de acompañarte —y ya se hacía en una nube imaginando todo lo que podría pasar mientras estaban en uno de esos maravillosos lugares, donde podía aprender tanto.

—Sólo pregúntale a Alluka si quiere venir… no sé si a ella yo le desagrado.

Desde hacía tiempo había decidido adoptar esa forma de referirse a Alluka, si Killua afirmaba que era una chica, no se pondría a discutir sobre ello. La mención de la chica volvió a reventar la burbuja mágica en la que Killua se había sumido, se sintió mal por olvidarse de ella. Por supuesto que no la dejaría sola en el hotel por nada del mundo, ella era su invitada en ese viaje y debía darle todas las atenciones que se merecía.

—Alluka es la persona más noble que conozco en el mundo, estoy seguro que ella no tendrá problemas contigo.

—Sólo pregúntale, ¿de acuerdo? No lo des por un hecho.

—Confía en mí, le preguntaré.

Ya se las arreglarían, y al final, esta vez Killua le pidió especialmente a Illumi que le mandara un mensaje cuando llegara a su hotel, alegando que le preocupaba que algo le ocurriera en el camino. Lo cual era absurdo, tratándose de Illumi, pero este era sólo uno de los muchos desvaríos que comenzaría a presentar el albino.

Se aseguró de mandar su mensaje «Ya estoy en mi cuarto, dormiré. Nos vemos», así de técnico y plano, y no tardó mucho cuando Killua le respondió.

«Gracias, yo también dormiré. Espero verte pronto»

Se sonrió, se acababan de ver, y sabía que volvería dentro de tres días. Eso último no iba al caso y tampoco era necesario que le respondiera, pero ya no tenía dudas, Killua estaba comenzando a enamorarse de él, estaba haciendo cosas ridículas y sin sentido, una característica clave en un enamorado. Sólo por tentar un poco su suerte y ver qué ocurría le respondió el mensaje:

«Yo también quiero verte, me gustaría volver a probar uno de tus postres. Buenas noches».

Soltó una breve carcajada porque sonaba bastante meloso para su propio gusto, pero no podía resistir el deseo de seguir adelante con el impulso de ganarse su auténtico amor.

Killua sintió que su corazón latía con mucha fuerza cuando leyó esas palabras. Estaba feliz de ver que su hermano era tan diferente a todo lo que conocía y que mostrara ese lado sensible que nadie más conocía de él, no podía más que saberse privilegiado de tener esa entrada en su vida. Deseaba seguir haciéndole feliz, motivándole a ser una persona más integra y sana.

«Lo tendré en cuenta», contestó el albino.

«Gracias. Ahora ve a dormir, te veré pronto».

Se quedó en silencio. Eso había sido algo cruel de su parte, sabía que Killua no podía controlar sus emociones y por tanto debía proceder con mucho cuidado, pero es que él también se emocionaba ante las reacciones de su hermano menor; las encontraba adorables, tanto que conmovían su corazón.

«Tú también duerme, estaré esperándote».

Eso había sido bastante claro, Killua estaba deseoso por el reencuentro, y eso lo complacía, debía repasar sus notas y no arruinar nada. Protegería a su hermano aun si por ello arruinaba sus propios planes para su futuro.

Killua se quedó viendo la pantalla de su celular, repasando los mensajes. Intentando encontrar en las palabras de su hermano un toque de romanticismo. Illumi era bastante serio al momento de hablar, pero esas palabras no eran tan formales; comenzó a analizar cada detalle, preguntándose por qué había dicho tal y cual cosa, sobre-analizando cada palabra, hasta que se dio cuenta que era muy tarde por la madrugada y que no podía seguir perdiendo el tiempo en nimiedades.

«¿Por qué me siento así cuando se trata de ese idiota?», con esa pregunta en la mente se fue a dormir.

Los abatidos viajeros llegaron a tierra después de un mes infructuoso de viaje, y de inmediato comenzaron los rumores sobre lo que les había ocurrido. Unos los veían con burla, acusándolos de alborotar el orden de la sociedad sólo por popularidad; otros con ira, tristeza a causa de las bajas, y la mayoría de la población no se enteró del suceso dado que se dio la orden de que no se difundiera en los medios. Sólo gente muy allegada a los tripulantes se enteró de la verdad: habían sido fuertemente atacados por diversas criaturas con forma humana.

Había caos en los sobrevivientes; algunos hablaban de pesadillas terribles vividas, historias de muerte y, de los pocos que habían arribado, más de la mitad se regresaron a sus tierras natales jurando no regresar. Desde que pisaron Kakin anunciaron que no volverían a retomar el viaje. El capitán estaba enfurecido, pero se comportó decentemente; optó por examinar su situación y decidir lo que era más sano para toda la tropa.

Cheadle fue contactada por uno de los médicos de la tripulación, narrándole el trágico suceso sin dar muchos detalles; solicitó con mucha urgencia de su ayuda, necesitaban más manos que apoyaran con las investigaciones, y ante tanto caos la chica fue llevada a una reunión de emergencia. Este era el mejor momento para tratar los asuntos del viaje.

—Ha sido un desastre, hemos aislado a los afectados para que esto no se vuelva una trágica epidemia. Lamentamos no poder darte muchos detalles del viaje, pero creemos que tú, como miembro del Zodiaco, podrías ayudarnos a resolver parte de este misterio.

Tenía miedo, no iba a mentir. Se estaba enfrentando a lo desconocido con tan pocas armas para hacerlo, no obstante, la adrenalina del reto le hizo seguir adelante.

—Precisamente tengo unas cuantas personas en mente que podrían ayudarnos con esto. Sólo necesito que me den de su apoyo para irlas instruyendo y que esto acelere el avance.

En cuanto recibió la respuesta positiva del equipo de Kakin, de inmediato se contactó con la primera persona que tenía en mente para ayudarle. Se acercaba el examen Hunter y estaban en medio de los preparativos, aunque prefería tenerlo cerca, era el momento de Leorio para adquirir nuevos conocimientos relacionados justamente con el viaje que tanto se estaba anunciando al continente oscuro.

—¿Qué se supone que estás haciendo? —Cheadle le llamó y él sintió escalofríos, esa chica sí que era exigente. Desde el momento que había aceptado unirse a los Zodiacos, Cheadle no había hecho cosa más que presionarlo, apenas Kurapika se ajustó al equipo, él se dedicó seriamente a aprender, tal como ella le había dicho.

—Yo… pensaba que…

—Desde este momento necesito que te vayas a Cab, allí hay un departamento de investigación que te estará esperando. Ya les anunciaré tu llegada y espero que demuestres un buen desempeño, así te prepararás para antes de que nuestro viaje al continente oficialmente ocurra, ¿entendido?

Suspiró, no esperaba pasar sus días libres entre montones de libros cuando apenas se había reunido con los Zodiaco y comenzaba a comprender lo que ocurría con el asunto de Beyond; tras prepararse para salir, concluyó que era más útil para la tripulación si al menos tomaba el entrenamiento de Cheadle y ser útil a sus amigos. Tomó el primer vuelo a Cab y buscó una casa agradable en dónde quedarse; para su suerte, la verde ciudad no era de clase turística por la que no tendría que pagar mucho para vivir, la renta era mejor de lo que esperaba y el lugar era bastante popular por su extensa vegetación, universidades y centros de estudio, un lugar exclusivo para estudiantes. El departamento que encontró estaba en un edificio cercano al centro de investigaciones que Cheadle le había indicado, a diez minutos caminando, así que no sería una molestia presentarse todos los días, además de que el clima era increíblemente agradable, sin lugar a dudas, un lugar perfecto para relajarse y estudiar.

Eran las seis de la tarde cuando su teléfono sonó. Esperaba que fuera su padre, notificando sus últimos trabajos, pero no fue así. Era uno de aquellos tantos que deseaba evitar a toda costa, sin embargo tuvo que resignarse puesto que ya había atendido y no podía colgar abruptamente sin cerciorarse primero de a quién le estaba cortando la llamada.

—Maestro Illumi… —No fue capaz de recordar quien era el que solía llamarlo de ese modo, cada vez era más estresante estar así—. Siento interrumpir, supe que Muath está detrás de ti, y nadie sabe el motivo de tu ausencia en la isla, ¿te ocurre algo?

Quería preguntar quién hablaba, claro que sí, no podía colgar puesto que en la isla había tanto clientes suyos como de su padre, y no podía arruinar cualquier relación sólo por sus propios temores. Se quedó en silencio haciendo un esfuerzo bárbaro por identificar la voz, pero no podía.

—¿Maestro?

—Sabes, por teléfono no reconozco tú voz —mintió y se sintió reverendamente estúpido por ello, era una mentira barata y tonta.

—Soy Ender, el nieto de Caín.

«¡Maldición!» se mordió el labio, quería colgar de inmediato el teléfono, pero se contuvo.

—Ah sí… ¿qué se te ofrece?

—Tú… eso dímelo tú, has desaparecido por completo.

—Tengo mucho trabajo.

—Sí, lo entiendo, pero Silva nos comunicó que estabas en la disposición de venir a la isla.

«Papá, ¿algo más que quieras arruinar?» se quejó mentalmente, y caminó rumbo a su habitación, apenas llegaba a descansar antes de terminar otros dos trabajos nocturnos.

—Tengo mis propios asuntos qué atender… —contestó vagamente, iba a dar por terminada la llamada pero Ender se apresuró a hablar.

—¿De verdad es eso?, no será que… —se quedó un par de segundos en silencio— Maestro, si quieres, yo puedo dejar esto de lado y pedirte a mi padre. No quisiera que por mi culpa te estés ausentando… puedo rendirme, ¿de acuerdo? Quiero verte, ya quiero verte…

Se heló su sangre, odiaba escuchar esa clase de oraciones en boca de gente extraña. Llevaba tiempo pensando en la terrible desventaja que se encontraba. Si Killua comenzaba a padecer los efectos de la carta, entonces debía proceder con mucha cautela; en la medida de lo posible, el albino no debía enterarse de lo que le había ocurrido en la isla o si no sus celos se volverían un terror, aunque no tenía mucha esperanza de lograrlo, dado que los asuntos familiares siempre terminaban saliendo a la luz. Por supuesto que quería que Killua le tuviera confianza, así que primero él debía cortar los lazos con las personas de la isla, demostrarles que él ya tenía a alguien importante a quién se debía y no aceptar más situaciones que se malinterpretaran con estas personas.

—Ender… seré breve —se aclaró la garganta—: no necesito esto, no he ido a la isla porque no me interesa y porque tengo una deuda que pagar.

—Por eso, si yo acepto el trato con tu padre, pagaré tu deuda y…

—No lo entiendes, yo me debo a alguien más… no es una deuda que se paga con bienes materiales. No volveré más a la isla, ahora debo colgar así que…

—Es imposible, no. No puedes venir aquí, hacernos esto y marcharte como si nada, pero está bien, dejaré que lo pienses más, iré a verte cuando considere que es momento.

Sabía que no iba ser sencillo, esos tipos eran los herederos de envanecidas familias de asesinos; habían crecido llenos de orgullo de sí mismos, un "no" era una respuesta inaceptable. Tendría que idear un método más drástico y firme si es que quería proteger a su hermano de ese horrendo ambiente, esperaba tener un poco de suerte.

Alluka esperó bastante tiempo para que su hermano confesara por voluntad propia lo que tanto le ocultaba. Hacía una semana desde que lo descubrió mintiendo, culpando a Illumi de su ausencia, y ahora le había sorprendido distraído leyendo una receta en su tableta electrónica. No quiso burlarse de él porque era una actividad normal y no había motivo para hacer burla de algo tan típico, sin embargo, las intenciones detrás de esas actitudes le intrigaban. ¿Qué le ocurría su hermano mayor? Había algo que estaba absorbiendo su mente, sus deseos de salir y conocer el mundo. Le entristecía porque hacía que su viaje no fuera tan ameno como ella quería. Así que esperó a que fuera la noche, justo cuando ambos estaban conversando antes de irse a dormir, para atreverse a preguntar.

—Te ha gustado mucho eso de hacer postres, ¿cierto? —Killua se puso nervioso, pero sólo atinó a reír en voz baja.

—Ah algo así —contestó distraído, deseando cambiar de tema.

—Sólo que la última vez no nos quedamos al curso por completo, habrías aprendido a hacer los rellenos, ¡yo quería crema de avellana! Pero tú y tu prisa no te dejaron en paz.

Observó detenidamente las reacciones de su hermano, parecía como si quisiera restar importancia a lo que ella hablaba.

—Tenía cosas que hacer Alluka, ya te lo he dicho.

Killua seguía sin captar que ella lo conocía muy bien, que sólo le estaba dando una última oportunidad de confesarse.

—¿Y ahora sí me lo dirás?

—¿Decirte qué?

—Lo que estabas haciendo, lo que te pasa… dijiste que Illumi te llamó para reunirse más temprano, pero yo sé que no es así —lo miró acusadoramente, de forma que no le dio salidas de escape al albino.

—¿Pones en duda las palabras de tu hermano mayor?, ¿qué clase de aliada eres, eh?

—¡No cambies el tema!, hermano, confiésalo… no me molestaré por ello.

Quería decírselo, decirle que se sentía extraño, que extrañaba a Illumi la mayor parte del tiempo y deseaba escribirle por cualquier motivo, no entendía lo que le pasaba, sólo que su hermano había pasado de ser un tipo indeseable a la persona más interesante y divertida que conocía en el mundo; además de que no podía dejar de pensar en él como alguien atractivo que le fascinaba ver aunque fuera de lejos. Sin embargo no podía, no sabía cómo empezar; decir que su hermano tenía buenas cualidades era como decir que estaba traicionando todo lo que antes había afirmado ante Alluka.

—¿Ha ocurrido algo malo con él? —la pregunta de ella lo sacó de su ensoñación.

—¿Malo?, ¿a qué te refieres?

—Ya sabes… pues… él —no tenía idea de cómo preguntar, la última y única vez que intentó tocar el tema de Illumi él le había pedido especialmente que no lo volviera a hacer— ¿te ha hecho algo?, algo como antes…

Y Killua captó bastante bien el mensaje.

—¡No!, no, para nada —se sentó sobre la cama de la chica y suspiró— él se ha portado increíblemente bien conmigo Alluka, no ha intentado nada extraño. Conocer a Illumi así, es como si estuviera tratando con una persona totalmente diferente a lo que había visto antes.

Alluka vio su postura, su sonrisa y ese tono de voz que le dio escalofríos. Recordó las palabras del Barón, sus dos hermanos debían estar juntos de un modo antinatural. Ella seguía sin estar de acuerdo, pero no podía hacer nada, más que aceptar la realidad.

—Sí, pero eso no quita quién es él, no es una persona de confianza.

Killua se sintió terriblemente mal de que ella se expresara de ese modo. Illumi había dicho que quería que ella los acompañara a hacer alguna actividad cuando él ni siquiera se había acordado que ella era su invitada; en cambio. Illumi estaba intentando involucrarse en su vida, de forma sana y agradable, no merecía ser tratado de un modo tan cruel, despreciarlo cuando a lo largo de su vida había sido maltratado tan frecuentemente sin que nadie le defendiera. Las tristes anécdotas de su infancia vinieron a su mente y se conmovió.

—No digas eso, Alluka —cortó con tristeza en su rostro— él no merece que lo trate así, ya muchos años, y muchas personas han jugado con sus sentimientos y él sigue siendo un ser humano.

Detestaba que Killua tuviera razón al respecto, ella sólo había escuchado un par de historias sobre su hermano mayor por boca del albino y tenía una vaga idea de lo que él había sufrido.

—Lo que digo es… —continuó ella— ¿recuerdas que me dijiste que él te daba miedo?, ¿ya no es así?

—No, al contrario. Es una persona que vale la pena conocer. Deberías intentarlo, Alluka. Él no era quien me daba miedo, era la otra cosa, la entidad que vivía dentro de él.

—¿Cómo sabes que no está allí?, ¿cómo sabes que no fue él? A lo mejor este es un plan para controlarte.

—Yo sé que no es así.

—¿Pero cómo lo sabes? —se desesperó, se puso frente a su hermano, mirándolo a los ojos retadoramente.

«Porque la entidad que estaba en ti no ha salido más» quería decírselo, pero no podía.

—Alluka, él tenía una entidad oscura que controlaba su cuerpo e hizo cosas horribles en su nombre. Su vida fue manchada por causa de esa cosa, y todo lo vivió en soledad porque nadie le daba la oportunidad de demostrar su inocencia. No seas como los demás…

Alluka bajó la mirada, un poco apenada por haber sido agresiva.

—También la entidad que vivía en mi llegó a controlarme, y sé lo que es vivir así como él, sin embargo yo… yo no te lastimo y él…

—Su vida depende de su deseo, y yo soy lo que él desea —se sonrojo por esas palabras, imaginando lo que significaban para su hermano—. Esa es la diferencia. Tu vida no depende de eso, si fuera así, yo también haría esto por ti.

Esas palabras eran justo lo que Alluka necesitaba escuchar para abrir sus ojos y sus oídos. Su hermano era más noble que ella y él no lo sabía, ella podía ser cruel y dura cuando era necesario, lo había aprendido a lo largo de su vida, pero Killua podía conservar esa bondad que hacía que cualquiera cediera ante su buen corazón. Por fin comprendía lo que el Barón había hecho por sus hermanos; si iban a tener que pasar por esa relación, al menos que fuera con algo de amor, algo que les hiciera sentir que no estaban haciendo algo horrible que manchara sus vidas por siempre.

—De acuerdo —se sentó junto a él—, dile de mi parte que cuando quiera podemos sentarnos a conversar, será un placer.

Killua le sonrió dulcemente.

—Yo le dije que tú eras la persona más noble que conozco en el mundo, y no me equivoqué al respecto.

Acarició los largos y negros cabellos de su hermana con mucha ternura.

«No hermano, tú eres el más noble de todos», fue lo que ella pensó.

Chapter Text

Cuando entró a su cuarto ya sabía lo que iba a pasar, había presentido al sujeto que estaba ahí dentro, esperándole como un león al acecho, por lo que se alistó mentalmente para responder.

Lo que no esperaba era ser recibido con violencia dado que era muy arriesgado atacar a un asesino como él; sin embargo, al entrar, Muath lo apresó contra la pared sosteniéndolo por el cuello y él se quedó quieto; respondió apretando sus manos y alejándolo de sí, torciéndole ambos brazos, pero el tipo hizo un movimiento brusco con las piernas haciéndole caer y chocar contra la pared en el proceso; Illumi tomó ventaja de la caída y dio una fuerte patada a la cara del hombre, el cual cayó al suelo, sólo que este también optó por actuar veloz y, con otra fuerte patada, logró quitarle el balance al morocho haciéndole caer. Con mucha velocidad se lanzó sobre Illumi sosteniéndolo por los hombros, sosteniéndolo contra el piso.

Illumi levantó ambas manos para hacer distancia entre el sujeto y él, y escuchó que susurraba con una ira apenas contenida:

—Esta noche sabrás por qué soy alumno del maestro Caín. Serás mío, no me importa lo que tenga que hacer.

Illumi aprovechó que le sostenía por el cuello para acercarlo a él.

—Nunca —respondió y aprovechando la distancia le asestó un fuerte cabezazo, que hizo retroceder y marear a su oponente.

Illumi hizo uso de su flexibilidad para escapar del sometimiento; Muath intentó noquear en varias ocasiones al morocho, golpeándolo por la mandíbula, pero la velocidad y el buen entrenamiento del Zoldyck no le permitió lograr su objetivo.

—Así que eres más que una cara bonita —escupió Muath, limpiándose la sangre de la boca— entonces yo también me pondré serio.

Y continuaron peleando dentro del departamento, que ya estaba destrozado; era una lucha intelectual porque ambos tenían un entrenamiento muy rudo y no podían simplemente usar cualquier técnica para ganar, porque el fin no era matarse —eso estaba entre líneas—. Muath planeaba hacer que Illumi se volviera su pertenencia e Illumi debía detenerlo a toda costa. Si lo mataba, estaría en serios problemas con su familia y con toda la hermandad.

En un descuido, Muath sacó una gruesa cuchilla que intentó clavar en el abdomen del morocho y que fue a dar contra uno de sus brazos, abriendo una profunda herida en él.

—El siguiente movimiento lo definirá todo —Muath se creyó victorioso al ver la herida.

Arremetió con todo contra Illumi, pero el muchacho había estado esperando este momento, y con un par de agujas se aseguró que Muath quedara en un estado de semi-inconsciencia.

—Si me preguntan, tú me lastimaste primero —señaló su brazo— y en segunda instancia, no pienso volver a la isla. No seré pertenencia de nadie. Que te quede claro Muath, es mejor que te rindas ahora y te retires fingiendo que no pasó nada. Si lo haces, yo no diré nada tampoco.

Se arrodilló y removió las agujas. Al instante Muath cayó inconsciente, así que aprovechó para tomarlo como un costal y lo dejó afuera del hotel, arrojándolo al suelo; allí estaría inconsciente un par de horas y podría marcharse sin decir nada. Pese a que no quería hacer las cosas de ese modo, tenía en mente un nombre, y por ese nombre haría lo que todo, sin importar cuan doloroso y peligroso fuera. Todo por su amado Killua.

El discurso que le había dicho a Alluka con respecto a Illumi de verdad había hecho mella en él. Tenía tiempo que no recordaba la muy desafortunada vida de su hermano. Cuando miraba hacia atrás temblaba, no quería volver a sentirse así, tan desolado y triste, temeroso por volver a casa con la ansiedad acabando con su salud. Luego pensó en lo que Illumi debió sentir cuando era un niño, que estaba solo y nadie le daba importancia a sus sentimientos, cuando no tenía nada con qué jugar ni nadie con quién divertirse, que miraba a todo el mundo tan lejos de él.

Ahora que lo conocía sabía que le gustaba mucho conversar. Sostenían largas charlas sobre diversos temas de los que Illumi tenía opiniones muy variadas, como si las hubiera pensado por largas horas, y sabía que le gustaba bromear; tenía un sentido del humor bastante ácido y a veces inoportuno, pero era bromista y eso era mucho, considerando que antes no hablaban de nada que no fuera trabajo y entrenamiento. Entonces cayó en cuenta que por mucho tiempo se perdió de una persona que era especial y que estaba ahí esperando una pequeña oportunidad para demostrar que no era la misma basura que todos afirmaban. Se sonrió. Quizá antes no lo hubiera apreciado tanto como en esos momentos; ahora podía hacer más por él, por mejorar su calidad de vida y verlo sonreír y hacer todas esas bromas. Definitivamente haría que valiera la pena cada segundo que compartieran juntos.

El día de volver a verse estaba cerca y sólo podía imaginar todas las cosas que harían; deseaba ver su rostro cuando le dijera que Alluka estaba dispuesta a tratarlo. Había tanto de qué hablar, y él ya no quería esperar. Se la pasaba con el celular en la mano esperando que se comunicara para avisar que iba en camino o que, de milagro, solicitara verse más temprano, aunque esto último era casi imposible. Illumi nunca le escribía salvo que tuviera algo que informarle y no por conversar ni para pasar tiempo con él. Comenzó a preguntarse si no estaba siendo lo suficientemente amistoso como para darle esa comodidad de hablarle aun si no fuera parte de su itinerario. Tenía ganas de ver un poco más de cercanía y no sólo limitarse a ser así cada tercer día.

«¿Y si yo le escribo?» se preguntó, pero no se le ocurría algo interesante de qué hablar, no podía escribirle algo tan simple como un "Hola Illumi, te extraño", porque le daban escalofríos de sólo pensarlo, aún si no estaba mintiendo.

«Hola, Illumi. ¿Vendrás hoy?»

Se arrepintió otra vez de escribirle algo absurdo. Se jaló los cabellos con desesperación.

«¿Por qué siempre actúo como un tonto cuando se trata de mi hermano?» no lo sabía, no podía comprenderlo.

—¿Qué pasa? —le interrumpió Alluka, asomándose por sobre su hombro para ver la pantalla de su celular.

—¡Alluka, es privado! —de inmediato tapó la pantalla como si tuviese algo que ocultar.

La chica soltó una carcajada; de todas las cosas que ella era capaz de hacer, jamás pensó que asustar a su casi invencible hermano estaría entre ellas.

—Pues es que estás así como tonto mirando tu celular y haciendo aspavientos, ¿qué quieres que te diga?

Killua reconoció internamente que sí, en efecto, actuaba como un loco.

—¡Es que envié un mensaje sin querer y ahora debería disculparme!

—¿A quién?, ¿qué le dijiste? —se rio otra vez por ver la expresión de vergüenza en su hermano.

—A alguien —se quejó—. Un mensaje estúpido y sin sentido.

Ella sabía de quién hablaba, siempre lo supo. Su risa nerviosa, sus ojos llenos de ilusión, su torpeza fuera de lo común y esas ansias mal disimuladas por estar en contacto con Illumi, eran la clara señal de que algo estaba pasando entre ambos, y que ella no tenía la facultad de detenerlos, sólo apoyarlos, hacerse a un lado y ayudarlos a seguir contra la adversidad, al tiempo que buscaban una solución más viable.

—Te gusta, ¿cierto?

—¡¿Qué?! —se levantó de su asiento— ¡No tienes idea de quién estoy hablando! Por eso dices esas cosas, no Alluka, ¡no!, es imposible que alguien como… es imposible.

—Lo que es imposible, es que niegues lo que es evidente.

—No sabes de quién hablo —espetó nuevamente, no muy convencido de sus propias palabras, pero esto era más difícil de reconocer.

Su celular le hizo olvidar la discusión, se dio prisa por ver la respuesta.

«Hola, sí, no faltaría a una cita contigo por nada del mundo»

Se ruborizó, y entonces tuvo escalofríos. Quizá Alluka estaba más cerca de la verdad de lo que él estaba dispuesto a reconocer. Pensar en las palabras de Illumi le provocaba un calor interior muy agradable, como si hubiera encontrado un trozo de un hogar que tanto anhelaba. Prefirió ignorar las palabras de su hermana, no tenían lógica, no podían ser aceptadas. Se enfocó en la siguiente reunión; esta vez se arregló muy presentable para ver a su hermano, quería dejarle una buena impresión para que le viera como una persona más madura e independiente.

Se sorprendió bastante cuando le vio entrar con una venda en el brazo, cubriendo una gran herida que se extendía desde el codo hasta atrás, cruzando el bíceps.

—¡¿Qué te ocurrió?! —se alarmó.

Su hermano era intocable, un excelente peleador, esa herida no podía ser hecha bajo circunstancias comunes.

—Una pelea. No es gran cosa, pero es mejor evitar la exposición.

—¿Cómo pasó?, explícate, nada de mentiras ni secretos —exigió, examinando el vendaje, revisando por encima en busca de una pista sobre lo que tenía.

—Un tipo me atacó cuando llegué a mi habitación. Peleamos, pero ya todo está bien, no te preocupes.

—Illumi… —el tono de su voz le indicaba que faltaba información, no se conformaría con una explicación tan plana.

Despeinó sus blancos cabellos y se dirigió hasta el cómodo sillón que tenía en el cuarto.

—No sabría cómo empezar a explicar esta historia —fue sincero, Illumi era demasiado apegado a las reglas como para atreverse a fallar. Aun si no quería decirle a su hermano sobre los hombres de la Isla y su relación con ellos, sabía que si no lo hacía y si se enteraba por otro medio, no se lo perdonaría y sería el fin de todo.

—Tranquilo, sé que lo que has vivido no ha sido tu culpa, no te juzgaré —se sentó a su lado, dispuesto a escuchar la historia.

—Verás, yo… —se puso inmensamente nervioso.

Quería decirlo, sí, pero no quería decir que el ente estuvo acostándose con un tipo amigo de su padre, ni que estuvo coqueteando con otros tantos. Lo hacía verse mal, horriblemente mal.

—Voy al baño.

Se puso de pie mecánicamente, quería hacer tiempo para pensar en cómo diría las cosas sin sonar mal. Era una tarea casi imposible de llevar a cabo, menos con esos tiernos ojos azules clavados en su figura, siguiéndole a todos lados. De pronto, escuchó que su celular sonaba, pero no lo traía con él, lo había dejado en el sillón; se asustó terriblemente de que Killua viera algo inapropiado.

—¡Illumi, te llama el abuelo! —suspiró, y toda su sangre regresó a su sitio.

—Ponlo en el altavoz, me lavaré las manos —abrió la puerta para escuchar mejor y se regresó a abrir la llave del lavamanos, Killua se acercó para que el mayor atendiera sin problemas, sosteniendo el celular en la mano.

—¡¿Dónde carajos estas, Illumi?! Muath ha hecho un escándalo diciendo que estás saliendo con alguien.

—Abuelo —mantuvo la calma, nunca antes había escuchado a Zeno tan alterado—, estoy ocupado, he estado trabajando estos días y…

—¡Me importa un carajo lo que Silva te esté ordenando hacer! Ven a la isla ahora mismo.

Killua estaba paralizado, tampoco él había escuchado su abuelo tan alterado en su vida, le sorprendía que Illumi no levantara la voz ni reaccionara abruptamente para defenderse.

—Abuelo, no pienso volver allí, no tengo nada qué hacer en ese lugar.

—No, niño, esto no funciona así, no es como tú quieras y cuando tú quieras. Te veré aquí en…

—¿Para qué?, no hay nada qué hacer allá.

—Para venderte, ¿para qué más te querría aquí? Silva está dudando, así que debo hacer la transacción rápido antes de que haga esto más difícil, te entregaré a alguien bastante conveniente. Terminará gustándote.

Los ojos de Illumi y Killua estaban fijos mientras su abuelo terminaba de dar su explicación, ambos estaban anonadados; Illumi avergonzado porque su hermano acababa de escuchar algo tan desagradable, mientras que Killua no podía creer lo que su abuelo había dicho. Estaban vendiendo a su hermano, comerciando con su vida. Su sangre comenzó a hervir de furia.

—Abuelo, no pienso ir. Yo tengo a alguien en mí vida, y ya tomé mi decisión, papá me dijo que podía dejar este asunto de la isla.

—Illumi, seamos francos, a nadie le importa lo que sientas. Puedes sentir todo lo que quieras y tu posición en casa no va a cambiar.

Zeno estaba molesto, no obstante había un trasfondo para ello. Silva estaba abandonando la idea de relacionarse con la gente de la isla, y no podía tolerar perder las tradiciones que tantos años le había costado mantener; no quería perderlo todo así de la noche a la mañana, se estaba dejando llevar por sus emociones, y sabía que estaba mal, pero creía que Illumi entendería su posición, ya que anteriormente había mostrado mucha frialdad en el tema.

Illumi forzó una sonrisa, queriendo calmar las ansias de Killua, pero fue muy tarde.

—Illumi está conmigo, abuelo —alzó la voz el albino e Illumi sintió ganas de vomitar por los nervios—. Vino a atender unos asuntos, y no lo dejaré ir. No permitiré que comercien con él, no me importa lo muy conveniente que sea para la familia. Es mi hermano, no su juguete.

—Kil… —Zeno comenzó a entrar en razón, pero su ira volvió— esto es asunto entre Illumi y yo, tú no tienes nada que ver aquí.

—Quieres que sea el heredero, ¿no? Si tan sólo te importa eso, entonces deja en paz a Illumi. No permitiré que pisoteen sus deseos, ni su persona, ni lo usen como siempre usan a todo el mundo. Ahora mismo colgaré, hablaré con él y luego me comunicaré contigo. Nos vemos.

Cortó la llamada, e Illumi no fue capaz de emitir sonido alguno. Zeno entendía que su pequeño nieto tenía bastante razón; estaban tratando con un ser humano, y él estaba actuando irracional por culpa de sus emociones. Decidió calmarse; luego volvería intentar comunicarse con su nieto mayor, tal vez podría llegar a un acuerdo más sano.

Illumi quería hablar, disculparse por la situación, pero se mantuvo quieto, viendo a Killua caminar con parsimonia hasta el sillón donde se sentó con la mirada seria.

—Kil…

—¿Ellos te han estado vendiendo? No conforme con usarte para estos trabajos, te mandan a promocionarte a una isla para venderte. Yo… yo no puedo Illumi, no puedo con esto.

—Lo siento…

—¿Por qué pides perdón? Illumi, esta no es tu culpa.

Lo vio, ahí estaba el morocho, de pie, sin poder decir una palabra en su defensa, y notó cuán frágil era: un muchacho a disposición de todo el mundo, queriendo un poco de paz para vivir, y hasta ahora —todos— lo habían interpretado como un tipo malvado, frívolo, capaz de cualquier fechoría. Recordó todo lo que el Barón decía sobre él, tantos detalles tan tristes en su historia, no pudo más que conmoverse.

—Illumi… desde hace tiempo quería decirte… —se armó de valor, imaginándolo así tan solitario cuando en realidad escondía una personalidad agradable dentro de él por temor a ser juzgado— necesito pedirte perdón —vio cómo su hermano comenzaba a respirar con rapidez, quizá alterado por sus palabras—. Yo… yo te dije esas cosas horribles sobre sentirme avergonzado de ti, y no es cierto, nunca lo fue. Yo nunca me avergonzaría de ti, estoy impresionado de la persona que en realidad eres; no puedo hacer otra cosa que admirarte. Pienso mucho en ti, pienso en todo lo que me he perdido de ti y me da coraje, no puedo creer que perdí tanto tiempo empujándote lejos de mí cuando más me necesitabas.

—Detente —suplicó con voz suave— no sigas por favor…

Pero el menor le ignoró, motivado por su deseo de desahogo.

—Quiero pedirte perdón, no sólo por eso, si no por no haberte dado la comprensión que necesitabas, siento… siento que fallé como hermano, que no estuve ahí para ti cuando estabas triste, cuando no tenías a nadie con quién hablar y querías conversar de cualquier cosa —sus manos temblaban por las emociones contenidas; se puso de pie y caminó a donde estaba su hermano, el cual escondía su rostro, mirando a un lado pretendiendo no prestar mayor importancia a lo que le decía—. Te debo tantos cumpleaños, tanta compañía y gratitud por todos los esfuerzos que hacías por mí. Yo era demasiado chico y engreído como para apreciarlo y…

—Kil…

Los recuerdos del abandono eran su peor pesadilla, cuando se dio cuenta que nadie le estimaba, le atormentaba la idea de reconocer que en su vida había estado tan solo, que morir quizá le hubiera proporcionado un poco de alivio.

—Yo necesito que lo sepas, Illumi. No dejaré que te vuelvas a sentir solo, no dejaré que nadie te pisotee, yo te defenderé de todos…

—Por favor… ya no más… —cubrió su rostro con una mano tallándose los ojos violentamente en un vano intento por disimular su estado.

Killua captó entonces lo que estaba pasando, había cruzado la barrera impenetrable de Illumi, esa que lo hacía parecer como un pilar duro y resistente; Illumi se atrevió a abrazarle para cubrir su tristeza, ocultándose en el hombro de su hermano. No iba a aceptar que le vieran mal, no importaba que se tratara de Killua.

—Lo siento… lo siento mucho.

Abrazó a Illumi con fuerza dejándose llevar por sus emociones, invitándolo a abandonar esos malos recuerdos que de seguro le rondaban en sus peores noches, deseando transportarlo a una nueva realidad, una donde no volvería a estar solo. Lo apretó y acarició su espalda hasta que sintió que Illumi se relajaba y se preparaba para soltarle.

Escuchó un murmullo muy suave y apenas entendible, un "gracias" que llegó hasta lo más hondo de su corazón. Sintió que se quebraba ¿tanto lo habían lastimado y él se lo había guardado sin decir nada, sin esperar nada? No podía soportarlo, la idea lo estaba acribillando. Imaginar estar en su lugar le hacía ahogarse de la angustia. Su padre lo usaba a su gusto, sin preguntar si estaba de acuerdo o no; su madre abusó de él, de su ignorancia para implantarle un monstruo de Nen sin misericordia; su abuelo lo estaba vendiendo como un objeto, y sus hermanos no lo veían precisamente con buenos ojos. No, ya no dejaría que siguiera así, él correría a darle auxilio.

Acarició nuevamente su espalda.

—No estás solo, Illumi… estoy contigo.

—Por favor, no digas nada… —no disfrutaba el dramatismo, no quería escuchar palabras compasivas si no iban a durar; si sólo eran un gesto emocional, no tendría sentido, estaba cansado de esto, de las falsas esperanzas. No jugaría con sus propios sentimientos. Estaba herido, pero se lo guardaría otra vez y quizá, con el tiempo, podría creer en lo que el albino decía.

La tristeza de Illumi le conmovía, no podía verlo, pero sabía que se estaba conteniendo de llorar puesto que la humedad de unas pocas lágrimas había empapado parte de su mejilla, y sin querer él también terminó por dejar que sus lágrimas le secundaran. Se quedaron así en silencio hasta que ambos lograron controlarse.

—Vamos, siéntate, hablaré con el abuelo —sugirió ya más calmado.

—No, no lo hagas Kil. Yo hablaré con él.

—¿Para qué te trate de ese modo? No, no… Illumi, ahora eres mi responsabilidad. Si él cumple lo que quiere ¿qué haremos?, ¿acaso crees que soy tonto y dejaré que te vendan? A todo esto… ¿por qué quieren venderte?, ¿qué ha pasado?

Eran muchas preguntas, por supuesto que iba a tener montones de dudas, era natural, sólo que no sabía qué tanto Killua conocía sobre su propio destino. Recordó cuando le dijo al abuelo "¿quieres que sea el heredero?" y se estremeció, Killua no tenía idea de la clase de vida que le esperaba como el heredero; ahora comprendía porque se requería una fortaleza mental impenetrable.

—Esta herida —señaló su brazo— me la hizo un tipo de la isla de Asesinos, fue a mi cuarto a verme, y tuve que sacarlo de ahí.

—¿La isla de Asesinos? Alguna vez escuché a Nimrod hablar de ella, pero no sé bien qué es —la pregunta confusa sorprendió al morocho.

—¿Papá nunca te habló de la isla de los Asesinos? —el peliblanco negó con la cabeza— qué extraño… ¿qué se supone que intenta papá contigo? —preguntó al aire.

Killua lo observaba con mucha atención y recordó de pronto las palabras del ente de Nen.

—Nimrod dijo alguna vez que papá quería castigarme por mi rebeldía… ¿lo recuerdas?

—¿Dijo eso? —se quedó pensativo, escarbando en su memoria hasta que llegó a él ésa imagen, sin embargo notó que había algo velado, un secreto en sus palabras al que él no podía acceder— recuerdo que dijo eso, pero no sé por qué… esto es bastante extraño…

—Sí… pero de todos modos ¿qué es eso de la isla de Asesinos?

Illumi tomó aire, sabía que iba a ser una larga explicación y que terminaría revelando cosas bastante delicadas, asuntos que quizá deberían esperar, pero ya le había dicho a su hermano que no le guardaría más secretos, sería honesto con él en todo momento.

—Existe un lugar conocido como Tierra Sagrada; es una isla fundada por familias de Asesinos, así como la nuestra. Dado que los negocios más importantes y el gobierno están protegidos por asesinos, dentro de Tierra Sagrada los bancos y materias primas sirven para el lavado de dinero.

No era ninguna sorpresa que el dinero que circulaba en el país tuviera otra finalidad, cualquier que conociera a un asesino, se preguntaría cómo es que tanto dinero no fuese detectado.

—Es una isla turística así que es un lugar bastante popular, los gobiernos de todos los países saben que es un territorio de Asesinos y saben que su función principal es el lavado de dinero, porque, como has de saber, el dinero que nosotros ganamos no es bien habido… Las familias más importantes de la hermandad de Asesinos conforman el parlamento que gobierna la isla y se dedica a las negociaciones más importantes para la hermandad, así como darles protección política alrededor del mundo gracias a sus buenos tratos con otros países.

—No me digas… ¡Nosotros somos parte de ese parlamento! —algo dentro de él le decía de la influencia que tenía su familia no era de chiste. Se levantó de su asiento, tomó una de las bebidas y le ofreció la otra a su hermano para alivianar el momento.

—Sí y no… ya no más. El abuelo pertenece al concejo, papá se suponía que estaría en el parlamento pero aquí es donde comienza el problema.

—Oh no… —presentía que algo no iba a gustarle para nada.

—Como bien sabes, mamá pertenece a los Iluminados.

—Ah sí… esa mujer… —rodó los ojos, detestaba que Illumi continuara llamándola "mamá" cuando no merecía ese puesto.

—Los Iluminados, nos guste o no, son la agrupación más poderosa del mundo. Son dueños de bancos, medios de comunicación, farmacéuticas, medios de transporte, líneas de mercados, producción de armamento; controlan artistas de todo tipo, están repartidos en toda clase de ciencias y se encargan de que los gobiernos hagan leyes que los beneficien; tienen gente en todas partes, y eso sin mencionar que controlan a otros grupos, como los Hunters, las mafias, el mercado negro, entre otras cosas…

Killua sabía que eran poderosos, pero no había imaginado la magnitud de esas palabras.

—Aniki… es como si dijeras que son dueños del mundo.

—No quiero decirlo en voz alta… —dejó la frase al aire, se aclaró la garganta y prosiguió— Lo único que no han podido dominar es, precisamente, el mercado de los asesinos. Controlan las mafias, el tráfico de drogas y trata de blancas y parte de la corrupción es vigilada por ellos. Pero por más que lo han intentado, nunca han podido superar a los Asesinos.

Por alguna razón sintió un alivio al saber que él pertenecía a la más grande resistencia de los Iluminados; sin embargo ese pensamiento se vio opacado cuando pensó en lo que eso implicaba.

—¿Por qué no hacen negocio con los Asesinos? ¿No sería más sencillo si los anexaran a su equipo?

—Eso es precisamente a lo que voy, los Iluminados se conforman por gente erudita, personas inteligentes que tienen altos grados de estudio. Tal vez no lo has notado, pero mamá tiene especialidad en psiquiatría. No puedes ser un miembro de los Iluminados si no eres alguien ilustre que ellos puedan aceptar como su igual. No es como los Hunter que hacen un tonto examen de resistencia, ellos son más exigentes. Pregúntate esto, Kil ¿qué grado de estudios tiene Gon?

—¿Eh? —se quedó pensativo— creo que ya terminó la escuela elemental… sé que está estudiando mucho ahora mismo.

—¿Y tú?

Se ruborizó, nunca se había visto a sí mismo con esa descripción tan vacía, no pudo responder a la pregunta, pese a que Illumi estaba en las mismas condiciones.

—Papá nos dio estudios básicos. Aprendimos a leer, a escribir, vimos un poco de matemáticas, física y biología, pero nunca terminamos ningún grado escolar. Así son todos los Asesinos, su vida es enteramente dedicada al negocio familiar, por ello mismo los Iluminados nos clasifican como "bestias ignorantes".

—Pero no pueden contra esas "bestias ignorantes".

—Ja… lo que quiero decir es que los Iluminados y los Asesinos no trabajan juntos, no son enemigos, son competencia, pero no se odian, al contrario, quisieran llegar a un acuerdo pero sus tradiciones y ambiciones chocan. Por eso, el asunto de mamá y papá es muy relevante.

Abrió los ojos, ahora comenzaba comprender un poco lo que Illumi intentaba transmitirle. Dejó a un lado su bebida y se enfocó en su hermano, esta vez sin quitarle el ojo de encima.

—Mamá era una sacerdotisa protegida por los Iluminados, que estaba obligada a mantenerse en celibato, pero papá se la llevó y regresó ya comprometido con ella, contra los deseos del abuelo.

—¡Oh cielos! No me digas… ¡Tú eres la razón por la que ellos dos se casaron! —Se rio en voz baja e Illumi lo vio con ironía.

—No es mi culpa que ellos dos hayan sido tan calientes como para aguantarse las ganas…

—¡No digas cosas así, Illumi! Qué asco.

Esta vez Illumi se rio, dio un sorbo a su bebida, al menos Killua estaba tomando la historia de forma relajada.

—Por culpa de esa relación, papá tuvo que abandonar su posición en la isla, y actualmente se está esforzando por recuperar su puesto.

—La pregunta entonces es, ¿cómo? —sonrió, era tan sencillo comprender a su hermano mayor; sin embargo, la actitud seria que mantuvo el morocho le hizo sentir que ya venía el verdadero problema de su historia.

—Hay una tradición entre las familias de Asesinos. No se permite el matrimonio por elección propia, se casan entre las familias que conforman la hermandad por medio de acuerdos que fomentan las buenas relaciones y negocios.

Instintivamente tomó la muñeca de Illlumi y la apretó, asustado por lo que estaba escuchando. No era tonto, comprendía bien lo que su hermano le explicaba.

—No… Illumi… no quiero que me obliguen a casarme…

—No harán eso —le sonrió a su hermano, aunque la mano del albino apretaba muy fuerte su muñeca y sentía cómo la sangre se detenía, enfriando sus dedos— tú estás exento de esa tradición, esto sólo recae en los hijos que no son los herederos.

—¡No! —volvió a apretar la muñeca de Illumi, sus nervios se dispararon— significa que… Alluka…

—No creo que papá quiera que ella se case, seguramente lo verá como una gran pérdida, no te preocupes por ello.

—Kalluto…

—Sí… seguramente así será con él.

—Milluki…

—Si lo piensas bien, para él será la única forma de hacer que salga de casa. Le vendrá a bien casarse con una de las adineradas hijas de un asesino influyente.

—Tú…

—Sí.

Sintió que se mareaba, un dolor en su pecho comenzó a atravesarlo.

—Eso es a lo que el abuelo se refiere, ¿verdad?

—En realidad, es otra cosa… Kil, ¿podrías soltarme? No siento los dedos.

Vio que el albino se mordía los labios mientras observaba apenado su mano que se marcaba en la piel blanca del morocho. Lo soltó con lentitud; Illumi aprovechó el momento para deslizar su mano hacia abajo y apretar suavemente los dedos de Killua y así trasmitirle por un breve instante un poco de afecto. Vio con orgullo el delicado rubor que apareció por un instante en sus dulces mejillas.

—Hay otra forma de hacer negocios entre Asesinos, que no es matrimonio —continuó, desviando la atención de su tierno gesto— digamos que tú, como heredero, conoces al hijo no-heredero de otro asesino, y por alguna razón lo consideras interesante y quizá quieres que trabaje para ti. Lo que harías sería ir con el padre de ese muchacho, y pedirías que se te permita "apadrinarlo", serías el padrino de ese muchacho y ahora él te pertenecería para los asuntos que lo requieras siempre y cuando ofrezcas cosas, ya sea dinero, negocios, posición social o lo que sea, con tal de tener a ese muchacho a tu disposición.

Se quedó en silencio, comprendiendo el punto, le sonó mucho mejor que forzar a Illumi a casarse.

—Entonces, es eso lo que el abuelo quiere, quiere que alguien te apadrine para recuperar la posición de papá, ¿qué pasaría contigo?

—Así es. Si el abuelo consigue eso, yo me iría a vivir con la persona que me apadrine, y tendría derecho a pertenecer a la hermandad de Asesinos. Nosotros, los no-herederos, somos considerados miembros externos, o simpatizantes, pero no tenemos posición ni partido dentro del grupo. Si me apadrinan, podría pertenecer a la hermandad, ya que se considera muy difícil impresionar a otro asesino, como para que quieran adoptarte —en teoría todo lo que decía era coherente pero la práctica era absurda.

—¿Tú… tú quieres eso para ti?

—Kil… no estaría mal estar dentro de un grupo para el que he trabajado toda mi vida, además, si me apadrinaran se me permitiría elegir si quiero casarme o no, pero… todo es muy diferente a lo que suena. En realidad, no necesito nada de eso.

—¿No?, ¿qué hay de malo en eso?

Illumi miró hacia la nada. No quería decirle las cosas a su hermano, no podía permitir que su imagen se viera manchada por algo tan desagradable.

—En realidad… Kil, no quisiera hablar de ello, esto es algo que el ente de Nen estuvo haciendo y preferiría no tocar ese tema.

—Pero…

—¿Podrías hacer esto por mí? —sabía que, al hablarle así, se estaba aprovechando de su actual posición frente a su hermano que estaba afectado por esa carta que lo volvía débil a él.

Se quedó en silencio, suponía que su hermano aspiraría a algo así, después de todo, él lucía como alguien que de verdad disfrutaba su trabajo; además si eso no significaba que su hermano estaría comprometido con alguien más, cosa que le hacía sentir un desagrado profundo, no sonaba tan mal. Entonces recordó algo que antes no había entendido bien, un viejo y desagradable recuerdo.

—"La mercancía de papá" —dijo en voz alta— a esto se refería Kalluto cuando te llamó así, ¿verdad?

—Lo sé… seguramente mamá le dice todo a Kalluto.

—¡Kalluto siempre ha sabido todo! Ese niño… —exhaló— tengo mucho de qué hablar con él.

—No lo hagas, no hace falta —sintió escalofríos, sospechaba que Kalluto conocía esas actividades desagradables en las que se metía el ente de Nen y con tal de ocultar esa información haría lo que fuera necesario.

Ese secretismo le molestaba, pero no quería que su hermano se sintiera incómodo. Suponía que Nimrod lo había puesto en situaciones bastante desagradables; no podía imaginar la cantidad de cosas que seguramente hizo en su nombre, así como lastimarlo a él y arruinar su imagen dentro de la familia. No iba a prometerle a Illumi que no hablaría con Kalluto, claro que pensaba hacerlo después, pero por el momento mantendría a Illumi tranquilo.

—Aniki… hablaré con el abuelo.

—Kil…

—Sí —insistió—, lo haré. Sé que no te gusta la idea, pero no toleraré que te traten como quieran.

—No quisiera que te metieras en problemas Kil, es mejor que te mantengas al margen de esto.

—Illu-nii, confía en mi —Illumi se quedó de piedra, hace mucho que no escuchaba a su hermano llamarlo de ese modo tan cercano— hablaré con él frente a ti, ahora mismo y verás que no diré nada comprometedor.

Lo dudaba, francamente. Killua podía ser muy emocional en momentos como ese —así como lo fue con Gon y con Alluka— y probablemente pondría mucho en juego con tal de conseguir lo que quería. No quería eso, pero las palabras de los astrólogos le habían enseñado que debía dejarse proteger por él, que aceptara ser su propiedad para alimentar su amor.

—De acuerdo, pero… no te meterás en problemas, ¿verdad?

—No —se rio, lo último que quería era problemas nuevos. Tomó el teléfono y llamó a su abuelo, estaba listo para demostrarle a Illumi que nunca más estaría solo.

—Pásame a Illumi —Zeno no esperó, ya no sonaba enojado como antes, pero se notaba que seguía en desacuerdo con Killua.

—No.

Illumi, desde el momento en que percibió el tono amenazador de Killua supo que tomaría un mal camino todo y se asustó, pero no se atrevió a intervenir.

—Killua, esto es entre él y yo, no tienes nada que ver aquí, pásame a tu hermano.

—Abuelo, lo siento, no pienso dejar que trates como quieras a Illumi, yo pienso dar la cara por él. Si lo vendes a él, te despides de mi ¿entiendes?

Illumi tuvo que reconocer que, aunque era terrible lo que decía, era un método efectivo para detener a su abuelo.

—¿Estás seguro de lo que dices? Kil, yo no soy tu enemigo, pero tengo que recordarte que yo no soy Silva, yo no te trataré como él lo hace, dejando que escarmientes por tu cuenta.

—Estoy totalmente seguro —confirmó sin dudarlo.

Escuchó a su abuelo soltar aire, se notaba que hacía el esfuerzo por mantenerse frío.

—Bien, un día de estos iré a hablar con ambos, los citaré y los veré. No ahora, será en su debido momento.

Cortó la llamada, esa reacción había sido inesperada, volteó a ver a su hermano que parecía tan confundido como él.

—Colgó. Dijo que hablaría con ambos.

—Bien, esto sólo puede significar que nos dará tiempo para actuar, eso es mejor que nada.

Había sido un día bastante emotivo, ambos se habían acercado más. La desgracia comenzaba a traer un efecto positivo en Killua, el cual se alegraba bastante de saber que podía ser útil pese a todo el mal por el que habían pasado hasta ahora, y que compensaría cada cosa mala que había aportado a la vida de su hermano; además, agradecía que Illumi fuera tan paciente y no tomara ventaja de él, con todo y que él le había dado permiso de hacerlo. Reconocía que cerca de él se sentía seguro y tranquilo.

Alluka vivía otra tragedia interior. Ella conocía de un modo diferente a Killua, no como un bravo asesino capaz de muchas cosas ni un talentoso y valiente peleador. Lo conocía como un chico tranquilo, alegre, juguetón, que solía ser emocional y duro cuando era adecuado. Desde el momento en que ella supo que tendría que involucrarse románticamente con su hermano mayor, tuvo miedo. Illumi era un completo desconocido para ella, sólo sabía que había atormentado a su hermano por años, lo recordaba como el acosador que no los dejaba estar juntos y por ello no aceptaba que tuvieran una relación, ni siquiera amistosa. No le agradaba, sospechaba que Illumi les tendería una trampa en cualquier momento, no podía dormir de sólo pensar que Killua estaba en el cuarto con su hermano, haciendo algo que ella desconocía, no se atrevía a acercarse a la puerta a espiar, principalmente porque ellos la descubrirían, pero tampoco lo hacía porque no quería encontrarse con algo desagradable. Ya Killua le había dicho que no era una mala persona, e incluso ella había accedido a hacer una reunión con Illumi.

Quería confiar en Illumi, de verdad que lo deseaba, pero con Killua escondiéndose de ella, le era imposible; sólo veía a su hermano reír o decir indirectas sobre lo muy bien que se sentía por tener contacto con su hermano mayor, y no podía mentir, sentía celos de saber que Illumi era alguien importante para él, aparentemente ahora más importante que ella y que Gon. Se sentía ignorada porque él no le contaba lo que pasaba en sus horas con su hermano, como si él no confiara en ella, tratándola como cuando eran pequeños cuando la apartaba de todo lo relacionado con su mundo de asesinos. Así que lo poco que avanzaba en su proceso de aceptar la relación de sus hermanos, retrocedía conforme veía que el albino la apartaba.

Kalluto y ella ahora estaban en contacto constante, ese era un secreto que voluntariamente había decidido tener con Killua. Si él no le contaba cosas sobre Illumi, ella no le diría sobre Kalluto. El albino desconocía por completo que ellos dos se mantenían en comunicación debido a sus constantes distracciones. Alluka le expresaba su inconformidad a su hermano menor, quejándose de todas las actitudes que el albino tenía con respecto a Illumi, y el más chico tenía que explicarle todo de vuelta hasta que se calmara. Por otro lado, Kalluto se mantenía así porque quería saber los avances que había entre sus hermanos, y estar al pendiente de la situación, así que soportaba la interminable lista de reproches de la chica.

—No suelta su celular. Se la pasa viendo la pantalla como si tuviera toda su vida ahí dentro —una de esas noches en las que Killua se encerraba con Illumi, se puso a conversar con Kalluto.

—Es de esperar, recuerda lo que nos dijo el Barón. Ellos dos tienen que… pues…

—Lo sé… —suspiró— ¿en serio tiene que ser así? Kalluto, no quiero que eso pase, Killua merece a alguien mejor, alguien joven, de su edad, que no sea su hermano y tenga una vida más sana.

—No es que yo sea fanático de estas cosas, ni apruebo esta relación, pero ¿te has puesto a pensar en las consecuencias de que esos dos estén juntos sin nada de por medio?

—¿A qué te refieres? —hubo una pausa, no importaba cuán habituados estuvieran a la situación, seguía siendo difícil tocar esos temas.

—¿Qué tal si tienen que estar así por muchos años? ¿Qué tal si nuestros intentos por encontrar una solución fallan? Killua estará así una temporada, ilusionado por culpa de un efecto, pero pasará y entonces… dime, conoces bien a nuestro hermano ¿crees que aceptaría tan fácilmente estar así con Illu-nii?

Se lo imagino, ¿qué sería de Killua si él no tuviera ese efecto en su cerebro? Cerró los ojos, y lo vio. Visualizó al albino enfermo, deprimido, consciente de que su hermano se había aprovechado sexualmente de él; quizá aguantaría así una temporada, luego todo sería caos y destrucción. Definitivamente agradeció que esa carta hubiera atenuado la caída de su hermano.

—Por eso, por eso mismo tengo la idea de apoyar a Illumi, ayudarlo a que Killua no pierda ese efecto en él. Terminando el año, esto debería seguir igual. No quiero que él sufra más, ya no más Alluka. No más ¿me entiendes?

Ahora estaba en sus manos, comprendía porque Kalluto le llamaba tanto; porque él no tenía influencia en Killua, en cambio ella sí. Ella podía decidir si orientar a Killua sobre sus sentimientos y hacerlo vivir como si fuera algo normal, o podía hacer que él tuviera miedo de sus propias emociones y volver todo una relación conflictiva, todo para que al final Killua perdiera el efecto y todo se fuera al carajo. Era una decisión que quería tomar, en base a los resultados que tuviera de sus próximos movimientos; a diferencia de Kalluto, ella creía firmemente en que encontrarían una solución rápida, principalmente creía esto porque ella no tenía conocimientos de Nen, y su experiencia con la entidad, le hacía suponer que todo era más sencillo de lo que parecía, así que no le importaba tanto el efecto de su hermano, si no darle una calidad de vida decente.

Con la excusa de que alguien lo había atacado, le exigió a Illumi que se mantuviera en contacto avisándole cada vez que llegara a su casa y que todo estuviera bien. Era suficiente motivo para que su hermano le escribiera constantemente, lo que le emocionaba bastante, tanto así que leía los mensajes de Illumi antes de dormir, mirándolos complacido de saber que él le escribía; de imaginar el momento en que él lo hacía; que pensaba en él antes de irse a dormir. Esto nunca lo vio como algo relevante o romántico, le parecía más bien que estaba siendo protector con su hermano mayor, como un verdadero líder al pendiente de todos los que estaban bajo su tutela y creía que el ser un buen líder lo hacía feliz.

—¿No te parece muy agradable saber que alguien que aprecias, está bien? —le preguntó a Alluka mientras caminaban por uno de los tantos parques que ahora visitaban.

—Claro, me siento feliz de verte aquí; tranquilo después de tantos años de entrenamiento —contestó ella, haciendo a un lado la idea de a quién se refería.

—En eso tienes razón.

—Aunque claro, si yo estuviera enamorada, también me sentiría así como tú.

—¡¿Qué?! No, no Alluka… no sabes de lo que hablas.

—Es obvio hermano, te gusta esa persona que te hace ver tanto tu celular, y por su culpa dices cosas raras en momentos menos esperados.

—Alluka, de verdad… si supieras, no dirías esto.

—Illumi, ¿cierto?

—¡Maldita sea, Alluka! —estaba horrorizado, ella sabía exactamente lo que decía, no estaba arrojando palabras al azar.

—¡Oh mira, un bebedero! —corrió hacia él, jalando a su hermano del brazo hasta estar cerca de la pequeña fuente, se acomodó el cabello y se inclinó— pero no te quedes callado, háblame de ese chico que tanto te gusta —bromeó.

—Alluka —murmuró amenazador— esto no es gracioso.

No lo era, en realidad Alluka sentía escalofríos de sólo referirse a su hermano mayor de ese modo. No, ellos dos no podían tener una relación, pero sí se trataba del bienestar mental de su hermano, entonces podía reconsiderar todo.

—Pues… parece que Illumi es alguien bastante especial, entiendo que lo veas así, digo… nunca convivimos lo suficiente con él como para verlo como un hermano, ¿no crees?

Era un absurdo razonamiento que guardaba la intención de aligerar la culpa que tenía Killua por sentirse atraído a su hermano. Si podía hacer que él pensara que no estaba tan mal por sentirse así, quizá ayudaría un poco a que su transición no fuera tan mala. Killua aguardó en silencio, mirando a su interior, considerando la posibilidad de que su hermana tuviera algo de sentido.

—A todo esto… ¿podrías pasarme su número de teléfono?, quisiera hablar con él.

—¿Eh? —examinó a Alluka, buscando señales de no haber enloquecido—, ¿de qué quieres hablar con él?

—¡Es privado! Sólo dame su número, por favor.

—¿Para qué? —iba a negarse rotundamente, pero la postura amenazante de su hermana le demostró que hablaba muy en serio—, ¡pero quiero saber de qué quieres hablar con él!

—Yo no hostigo preguntándote lo que hablas con él…

—Ya, ya… —buscó el número de Illumi— te enviaré su contacto, pero mmm…

Era difícil determinar lo que le preocupaba de que esos dos hablaran. Por un lado temía que ellos dos pelearan por lo que fuera, porque podía ser que Illumi no la tratara con la delicadeza que ella merecía, o que ella no lo tratara como el ser humano con sentimientos que en realidad era; pero también le daba curiosidad saber lo que pasaría y no quería que ellos dos lo ocultaran cuando tenía tanta necesidad de conocer a Illumi.

—¡Gracias! —miró el número, y por primera vez en días, no tuvo miedo. Si Killua le pasaba el número de su hermano, era porque consideraba que no era una amenaza para ambos; por más que ella dudara de sus intenciones, Killua no veía a su hermano mayor como algo que debía estar lejos de ella.

El albino se quedó quieto, mirando cómo su hermana caminaba tranquilamente frente a él. Varias de ideas cruzaban por su mente: la clase de conversación que esos dos sostendría; lo que Illumi diría sobre él, vaya que tenía curiosidad sobre ello.

Illumi no le coqueteaba, eso estaba claro, lo trataba con bastante atención, conversaban, hacían burla de lo que podían, se preocupaban por temas en común, pero no había eso que había esperado. Se dio cuenta que no comprendía bien el deseo de su hermano, era como si se hubiera desvanecido; ya comenzaba a dudar sobre lo que su hermano quería y eso le ponía nervioso, porque aunque no lo exteriorizara quería sentirse deseado por él. Se estaba comenzando a desesperar por la falta de interés de Illumi; y no era que no lo sintiera, pero no era la clase de interés que él quería.

—¡No te vayas sin mí! —llamó a la chica y se apresuró a alcanzarla— prométeme que me dirás de qué hablaste con él, ¿de acuerdo?

—Hermano… —se quería reír por la actitud tan nerviosa de él— te prometo que te diré si tuve una buena o mala impresión. Eso es todo.

Chapter Text

Tras el fallo del viaje experimental, el rey Nasubi estaba hecho una furia. Se vio forzado a volver a tierra firme después de un mes de nada; según las estimaciones sólo llevaban un cuarto de recorrido cuando tuvo que regresar. La familia real de Kakin recibió a los valientes viajeros ofreciendo pagos por las pérdidas a las familias más afectadas. Se hablaba de una posible trampa; alguien que les había guiado a una zona de riesgo durante el camino a fin de no permitirles conseguir su objetivo.

Nasubi reclamó en una reunión privada con el capitán por los malos resultados. El rey estaba profundamente herido en su orgullo.

—¡¿Qué cara daré al V5?! Soy el hazme reír de todos. El Fondo Mundial alegará que las pérdidas sobrepasan las posibilidades económicas de nuestro país por tener que pagar los daños a las vidas inocentes que viajaban con nosotros. No importará si de verdad podemos sostener los daños, seguirán diciendo lo mismo hasta que nos hagan doblar las rodillas y desistir a nuestro plan.

Y tenía razón, las reclamaciones públicas serían un dolor en el trasero. Si sus cálculos acertaban, en caso de haber hecho el viaje de manera pública, las protestas por las muertes y heridos se tornarían en violentas demandas que triplicarían el precio original. Definitivamente, se encontrarían en apuros si es que no daban con una solución pronto.

—Puede ser que tengas razón, padre. A menos que este haya sido un plan desde el inicio —hubo silencio en la sala. Camilla, la aventurada hija del rey alzó la voz. La insinuación en sus palabras era terrible, un complot, un culpable externo que podían señalar. Pero esto sólo conduciría a una solución bastante desgraciada.

—¿Sospechas ya de alguien?

—¡Padre, es ridículo! —intervino Benjamin, el mayor de sus hijos— ¿quién querría meterse en nuestro camino y mandar a sus aliados con ellos?

—Alguien que no es aliado de ellos —Tserriednich opinó con una sonrisa en el rostro—. Alguien con motivos ulteriores al viaje.

Tserriednich tenía una visión de las cosas escalofriante, una percepción que no era humana. Sin embargo, todos lo vieron como a un loco.

—¿Más conspiraciones sobre los Iluminados? Dirás algo así, ¿verdad? Deja tus falacias, Tserriednich, cierra la boca y deja a los adultos opinar.

Chasqueó la lengua, ya estaba acostumbrado a que no le creyeran, por eso seguía su camino, no miraba a los demás y pensaba en indagar por su propia cuenta. Su padre secretamente comprendía los temores de Tserriednich, pero no tenía la disposición de crear pánico en su propia familia; guardaba una confianza de acero en la fuerza de su país. Y si de Iluminados se trataba, sólo tenía una opción viable.

—Pensaba en el grupo principal del V5 —continuó Camilla—. El V5 nos ha tenido en la mira por años, no sería ninguna novedad que intentaran intervenir en nuestros asuntos internos.

—¡Inadmisible! Eso nos llevaría a una guerra —alguien más declaró con indignación.

Camilla era una gran oradora; en sólo unos segundos le bastó para cambiar el foco de atención de una falla a una guerra, en un paso. Sin sudar.

—No lo vean así, no ahora. Primero propongo investigar, conocer a nuestro enemigo. Si actuamos imprudentemente, los perseguidos seremos nosotros. El primer paso es encontrar y señalar al verdadero culpable antes de que él nos señale a nosotros —continuó Nasubi.

—Yo sugiero que no los señalemos, hallémosles y tomémosles por aliados. Luego, cuando estemos en el mar, los arrojaremos por la borda, diremos que fue a causa de un ataque —esa era la forma en la que la familia real procedía usualmente.

Durante la reunión, se decidieron medidas preventivas; si querían guerra, guerra tendrían, pero primero se harían averiguaciones. El rey, en secreto, llamó a la mejor alternativa contra los Iluminados, se preparó para hacer un viaje a Tierra Sagrada. Estuvo en el coliseo, se rodeó de los mejores Asesinos, hizo ofertas que enriquecerían a cualquiera de ellos, y los llenó de promesas. Para su desgracia, un "te enfrentarás a los Iluminados", hacía que cualquiera rechazara la propuesta, no sólo porque no les interesaba meterse con esa organización, sino porque eran finalmente aliados indirectos; acosarlos a ellos implicaba meter a toda la hermandad en un problema.

Así fue como Nasubi se dio cuenta que no estaba enfrentando a cualquier oponente, si los Asesinos se resistían a aceptar, no se debía a cualquier cosa.

—Pondré a su disposición a mis mejores hombres, encantadores de Nen, que son famosos por sus habilidades a distancia.

Los tenía, eran brujos capaces de cosas perversas e increíbles. No obstante, ni con tales ofertas aceptaban. Nasubi no quería a cualquier hombre, quería sólo a los mejores y, los mejores, tenían otras cosas por hacer diferentes a involucrarse en problemas.

Entre tantas negociaciones logró convencer a unos cuantos que parecía que habían aceptado sólo para no tener a un invitado insatisfecho. Era evidente que no tenían interés en cumplir con su trabajo, salvo como guardaespaldas personal. Y con estos tres en mano, el rey de Kakin volvió a casa, seguro de que vencería al final.

—Distribúyanse en las zonas que consideren necesarias cubrirse; sitúense donde quieran, no necesitan venir a pedir permiso, ya lo tienen —les instruyó a los Asesinos y sus sirvientes procedieron a ofrecer amablemente sus servicios—. Con la credencial que les di tendrán permiso de entrar a otros países, viajar e investigar lo que gusten; mis hombres se encargarán de pasarles tanta información como vayan obteniendo, pero no se limiten.

No lo iban a hacer, de todos modos. Ellos veían esto como una forma de ganar dinero y quizá un poco de fama.

Illumi volvía a su cuarto cuando notó a un par de individuos cruzando sospechosamente por encima de los edificios. No era la primera vez que lo hacía, últimamente veía gente como él andando en secreto por los alrededores. No quiso ser paranoico y asumir que se trataba de él, que lo venían siguiendo o algo por el estilo, así que no le dio vueltas y averiguó los motivos por los que había tantos asesinos rondando por las calles. En cuanto se enteró que eran trabajadores de distintas familias de Asesinos, dejó de investigar; no quería descubrir algo desagradable que le robara el sueño. Sin embargo, pensar constantemente en Killua y en todo lo que estaba enfrentado le hacía dudar si debía dejar pasar esta situación.

Luego supo fue que había un conflicto internacional con respecto al V5 y el rey de Kakin, así que le fue fácil asumir que todo iba en relación. Los asuntos de política y los Asesinos iban muy de la mano. Entonces recordó un viejo mensaje, uno de hacía tres semanas, de parte de Gio. El mensaje hablaba del rey de Kakin y su afán por llegar al Continente Oscuro. Tomó un respiro, no quería comunicarse con Gio, pero sabía que debía hacerlo. Si las cosas terminaban afectando a Killua —puesto que también era un Hunter— no quería que llegara por sorpresa una noticia que forzara al albino a irse lejos.

Hacía muchos años, cuando los exploradores habían sido enviados al continente, se habían encontrado con muchas adversidades; sufrieron muchas atrocidades, y al final pocos sobrevivieron, pero, como era de esperar, había una parte de la historia que nunca había sido revelada. Los sobrevivientes, no sólo habían descubierto grandes cosas, también se habían hecho de territorios, abrieron paso a que se instauraran pequeñas colonias de pobladores provenientes de diferentes partes del mundo.

El Continente Oscuro no sólo ya se encontraba habitado, también contaba con la más alta tecnología existente, avances en la medicina, en toda clase de ciencia, y allí habitaba la gente más sobresaliente del mundo que habían desarrollado capacidades increíbles. Se mantenía a puertas cerradas debido a que no querían contaminarse con la mundanalidad del resto de la población; así como también les era más sencillo controlar qué avances eran permisibles para la población sin que estos se afectaran y terminaran usándolo en su contra, como todos suponían.

Era un secreto gigantesco. Así que no le sorprendía a Illumi saber que los mismos Iluminados bloquearan el paso a los exploradores, de hecho estaba de acuerdo con ello. Lo único que aquello provocaría sería una guerra de grandes dimensiones que acabaría peor de lo que en otras ocasiones hubiera llegado.

—¡Gran Maestro! —ni siquiera tuvo que esperar a que el tono de espera sonara cuando Gio ya había atendido; esta era una llamada que llevaba esperando meses.

—Mmm… —no sabía cómo llamarle así que optó por brincarse el saludo— No soy la persona que estás esperando.

—Supe lo que pasó… usted debe ser el Gran Maestro Illumi. No el Gran Maestro Nimrod

—No, no soy un Gran Maestro, soy sólo un Asesino —aclaró.

—No… —apenas podía contenerse de la emoción— Usted, no importa lo que sienta, sus conocimientos, su destreza y agudeza. Fue reconocido como tal ante todos, es y seguirá siendo para todos, un Gran Maestro.

Prefirió ignorar el mensaje efusivo. Comenzó a preguntarse en primer lugar por qué había contactado a esa persona si no tenía nada que ofrecer, pero quería información así que dejó que Gio fuese quien guiara la conversación.

—Gran Maestro, usted tiene la autoridad, es Juez delante del "único", es reconocido por él, y tiene la capacidad de decidir los siguientes movimientos de la organización.

—Te has equivocado todo este tiempo imaginando que Nimrod lo que quería era paz —señaló, primero debía conocer bien qué tanto provecho podía tomar de Gio o si debía colgar el teléfono ahora mismo— él actuaba así porque quería venganza, sólo eso…

—¡Eso mismo! Su venganza está en los conspiradores, ellos quieren dominarlo todo, están aplastando a los nuevos exploradores. La humanidad merece saber lo que hay allá, la verdad detrás del océano. La humanidad tiene derecho a todos esos bienes, tanto como los pobladores y las hermandades unidas.

—No, yo no soy Nimrod, no quiero venganza de nada. No me meteré en los asuntos de corrupción del mundo, y mucho menos haré de interventor entre los exploradores y los conspiradores.

Gio sintió que la decepción le atravesaba hasta los pies, Illumi no tenía interés en causas nobles, a eso se refería al decir que era asesino; un hombre frío, que vivía del lado oscuro de la sociedad

—"El único" no es la autoridad de los Iluminados, en eso te has equivocado. Él es la autoridad del mundo, lidera todos los gobiernos, y situaciones con respecto a la humanidad; los Iluminados son como un parlamento que coopera con el único, pero no tienen una autoridad fija. Lo que el único quiso decir cuando me cedió el puesto de juez, se refería a tratar con los asuntos que empobrecen a la hermandad, no a ir en contra de ella. Eso fue justamente lo que hizo Nimrod, ir en contra, y yo tengo un compromiso que cumplir.

—Sí… entiendo… —su voz sonaba triste, estaba al borde del llanto.

Illumi escuchó su voz con ironía, no quería tratar con gente sensible y deseosa de algo que era imposible, no podía ir en contra de la naturaleza humana sólo para satisfacer la venganza de un individuo.

—Sé lo que quieres. Conozco a una marioneta que escapó de su amo hace varios y vive una vida a su gusto, escapar no es imposible.

—Ocho veces —remarcó—. He intentado escapar ocho veces, la última vez, me dejaron ir por dos meses, me regresaron, me tuvieron encerrado sesenta días en la oscuridad, todos los días me violaban y me alimentaban de forma forzada, ¡me hicieron comer cucarachas! ¡No sé cómo puedo estar hablando esto y vivir este infierno! ¡Quiero mi vida! Quiero una vida normal.

Se alejó el teléfono, los gritos del Gio eran muy fuertes y él estaba haciendo lo posible por mantener la calma.

—Bueno, date cuenta que el hecho de que seas una marioneta te hace ser estable, ellos te mantienen estable mentalmente —interrumpió su discurso.

Había sido cruel y lo sabía. Pero a Illumi no le importaba, no era alguien relevante en su vida, sólo lo había dicho llevado por su honestidad fría. Meditó un poco, contempló sus posibilidades y continuó.

—No puedo darte la justicia que mereces, pero puedo darte otra clase de justicia.

Los ojos de Gio se abrieron, tal vez había logrado conmover al Asesino, o eso torpemente pensó. Gio sabía que nunca podría ser libre, que sólo lo haría a través de la muerte. No quería morir, quería un mundo mejor, uno donde los Iluminados no gobernaran con sus injusticias.

—Ahora mismo me es imposible, estoy en medio de una situación que debo arreglar.

—¿El asunto de su hermano? —Illumi se dio cuenta que estaba comenzando a perder su privacidad sagrada, odiaba eso— Lo siento, todo el mundo lo sabe, no hay secretos entre los Iluminados.

Una idea cruzó en su cabeza, se dio la vuelta, mirando al espejo de su habitación.

—¿Mi madre lo sabe?

—No, todos menos ella y su padre, Silva Zoldyck, el concilio está decidiendo sobre cómo han de castigarla, así que la tienen aislada de información; tampoco lo sabe su familia, se ha protegido esa información de su vida personal.

Lo dudaba, Kalluto no parecía ignorar las cosas; recordaba que Alluka les había visto en la cama, detalle que le avergonzaba, y el Barón se había encargado de ir difundiendo la información que tenía. De todos modos, lo que le importaba era que no lo supiera su abuelo y sus padres, o se metería en serios problemas.

—Sólo tengo poco menos de diez meses, si puedes esperarme, podremos negociar estos puntos.

Lo hizo porque no podía huir de ellos, era parte de esa organización y tarde o temprano le pedirían que trabajara para ellos. Si podía tomar provecho del puesto que el único le había cedido a la entidad, ciertamente estaría en una posición de ventaja por sobre todos, y Gio, era la única persona que contaba como aliado y uno fuerte que podía mantenerlo informado de todo.

—Acepto —se apresuró—. Sólo mantengamos la comunicación, es todo lo que pido.

Illumi se sonrió, logró lo que quería, información gratis. Acordaron que se llamarían de vez en cuando para analizaron los avances en las problemáticas más importantes de la hermandad y que no se meterían en el tema de Killua, nada de eso, no quería volver a escuchar que alguien hablara de ello como si tuviera derecho a meterse en su intimidad. Ahí supo que el rey de Kakin había contratado a Asesinos. Nada se les escapaba en materia de información, y tuvo un mal presentimiento cuando supo que los miembros de Tierra Sagrada habían aceptado a jugar en ese asunto, le parecía sospechoso.

Apenas colgó, vio que tenía un mensaje pendiente de parte de su padre.

«Tres asesinos de la isla fueron contratados para atacar a la hermandad. No creo que vayan a cumplir su palabra. De cualquier modo Joab me dijo que fue a respaldarte, confía en él».

Su estómago se revolvió, de todos los tipos de la isla este era el menos agradable, el apasionado y pervertido Joab, que de seguro estaba detrás de él, y pronto dejaría ver sus intenciones.

Su teléfono volvió a sonar, estaba harto de ser el tipo más solicitado del momento. Vio el número y no le pareció familiar, así que no contestó, no quería llevarse más sorpresas desagradables, pero luego llegó otro mensaje, de parte de ese mismo número.

«Hola, soy Alluka, ¿podrías por favor contestar mi llamada?» sudó frío. Killua le había dicho ya que ella estaba bajo control, que no había peligro de tratar con la entidad dentro de ella, pero él tenía sus dudas. ¿Qué tal si se había aguantado todo este tiempo para vengarse de él? Miró la pantalla y vio que el teléfono volvía a sonar.

—Hola —contestó, y fingió que todo era normal.

—¿Illumi? —preguntó la pequeña.

—Sí, soy yo.

«Vaya día cansino» pensó y fue a sentarse en la cama.

—Oye, sé que esto no es normal pero… ¿podríamos vernos? Yo, en verdad necesito que hablemos sobre Killua. Esto es importante para mí, para ambos.

Tragó saliva.

—Claro —se imaginó un montón de escenarios indeseables en los que él salía perdiendo— mañana iré a ver a Killua, en cuanto llegue a la ciudad te mandaré un mensaje para que me digas la hora y lugar.

—Sí, de acuerdo, gracias. Te estaré esperando.

Y ahora sabía que su mundo iba a cambiar en cualquier momento. Lo odiaba, odiaba que Nimrod hubiera afectado tanto su existencia.

«Maldito Nimrod, hijo de perra», maldijo mentalmente, y enseguida marcó el número de Killua, no quería interrumpirlo justo después de hablar con Alluka, pero era necesario.

—¿Aniki? —Killua estaba nervioso y contento de que su hermano le llamara. Se había alegrado de que su hermana no se encontrara cerca de él, o lo habría visto huir sólo para atender a su hermano en privado.

—Hola, Kil —se aclaró la garganta—. Perdona que interrumpa, hace un minuto me marcó Alluka, ¿sabes algo al respecto?

Se aguantó la risa, buscó con la mirada a su hermana que regresaba del baño, y ahora entendía por qué su repentina urgencia de ir a cualquier sitio cerrado.

—Sí, ella me dijo que quiere hablar contigo, no te preocupes, no es nada malo.

—¿Sobre qué es?

—No lo sé —se rio torpemente, acababa de asegurar que no era malo cuando no tenía idea de lo que iba a pasar—, pero no te preocupes, estaré cerca en caso de que me necesites.

—Bien, sólo llamaba para eso, ¿estás bien?, ¿necesitas algo?

—No, no… todo bien —se sintió un poco decepcionado porque quería seguir conversando, encontrar cualquier excusa para alargar el tema, pero no tenía nada.

—De acuerdo, mañana te veo.

Se despidieron e Illumi volvió su rostro al espejo, ahora sí detestaba que su vida fuera tan movida.

El frente frío número doce acababa de entrar en la zona, Alluka sugirió que después de esa noche se movieran a un lugar más cálido, no tenía ánimos de estar abrigada cuando quería salir y disfrutar de los buenos climas de otras ciudades. Después de haber vivido encerrada en la montaña con temperaturas extremas, el calor le resultó adictivo y delicioso. Miró a su hermano, se había arreglado bastante atractivo para un simple día sin una salida en especial, no quiso decírselo porque entonces lo haría avergonzarse, pero ella sabía que se debía a la visita de su hermano mayor. De algún modo le dio gusto verlo tan recuperado después de haber sufrido tan atroces abusos, quizá no era la recuperación que hubiera deseado, no obstante, era mejor esto que nada. Killua le sonrió a distancia.

—No le haré nada malo —le aseguró por décima ocasión— sólo quiero hablar con él.

—Lo sé, lo sé es que…

—No nos pelearemos, ni habrá una escena dramática. Sólo hablaremos y te lo mandaré a tu cuarto, ¡no nos vayas a espiar o volveré a casa, lo juro!

No debía fallar a su hermana, quizá ella no notara su presencia, pero Illumi sí lo haría, y se lo haría saber a Alluka.

Moría de ganas por ver a Illumi, tenía mucha curiosidad sobre él, entre ellas saber lo que hablaría con su hermana. Desde el día anterior se había quedado con la idea de lo que Alluka le había dicho "no habían convivido lo suficiente con él como para verlo como a un hermano", no sonaba tan mal en su mente, y si lo veía así, justificaba en su totalidad el hecho de que se sintiera morbosamente atraído por Illumi. Más que esa atracción, le gustaba la idea de que Illumi lo deseara, era como pararse sobre un gran pedestal y donde podía decir «soy tan interesante, que le gusto a mi hermano mayor», lo pensaba y le causaba cierto placer. Montones de ideas contradictorias surgían y le ayudaban a adaptar su situación emocional con su razonamiento.

Cuando Illumi llegó al hotel, ambos jóvenes lo vieron desde el pasillo. Llego con un atuendo bastante elegante, de hecho por poco no lo reconocían; traía un abrigo negro largo que encajaba muy bien con el resto de su ropa, y se preguntó de dónde venía como para que luciera tan atractivo, pero olvidó su pregunta al escuchar la voz de su hermana.

—¡Hola, gracias por venir! —saludó Alluka efusivamente.

Killua sintió que explotaría en emociones, quería correr y tomar a su hermano de la mano, para pedirle a Alluka que no se tardara, que él quería estar con su hermano pronto. Se contuvo, mirando a Illumi, queriendo trasmitirle con la mirada ese mensaje.

—Hola —saludó Illumi, y discretamente miró al albino.

—Ven, vamos a mi cuarto —se giró hacia Killua que no dejaba de ver al morocho—. Hermano, tenemos un trato —lo amenazó e inesperadamente tomó a Illumi del brazo, jalándolo de él.

Illumi dirigió una sonrisa amable al albino antes de desaparecer junto con la chica.

«Ya ven conmigo…» se dijo mentalmente.

Los vio ingresar al cuarto de la chica y cerrar la puerta. Cerró los ojos y visualizó la sonrisa de Illumi, al instante una calidez le inundó. Sería paciente, dejaría que ellos dos hablaran y él esperaría en su recámara hasta que fuese su turno.

Alluka era un caso especial, ella no tenía vergüenza ni inhibición cuando se trataba de un objetivo. Empujó a Illumi hasta su cuarto, y lo hizo sentarse sobre el sofá, para luego asomarse por última vez fuera de su cuarto, asegurándose de que su hermano no los siguiera. Caminó dando pisadas fuertes hasta que se subió a su cama, sentada con las piernas cruzadas, mirando analíticamente a su hermano mayor, el cual no lograba descifrar nada de lo que ocurría.

—Lo sé todo —comenzó ella—. Seré directa, sé todo lo de la carta y lo que va a pasar entre ustedes.

Illumi sudó frío, de por sí ya tenía un mal presentimiento, esto sólo era una confirmación de sus malestares.

—No me gusta la idea de que Killua haga algo como esto, pero Kalluto y yo coincidimos en que esto es mejor a dejar que él sufra por tu culpa.

«¡Maravilloso! Kalluto también lo sabe» pensó con ironía.

—Así que tengo preguntas para ti, antes de tomar mi decisión definitiva, ¿listo? —Illumi no tuvo remedio más que asentir con la cabeza—. ¿Cuáles son tus intenciones con Killua?

—¿Intenciones?

—Sí, ¿piensas aprovechar el año o lo arruinarás todo?

Miró hacia otro lado, puesto que los ojos azules de su hermana comenzaban a intimidarle.

—Los meses que quedan, quiero hacer todo lo posible por que este efecto sea… —quería decir permanente, pero evitó la palabra— lo más duradero posible.

—¿Qué tan lejos estás dispuesto a llegar en su relación? ¿Esto es sólo un juego para ti o estás dispuesto a sacrificar lo que sea por él?

—Yo nunca voy en son de juego —aclaró—. Yo me limitaré a lo que Killua me pida.

—No —levantó la voz—, quiero oír lo que tú quieras. Esto es más relevante, porque Killua cada día se ve más… —se ruborizó— enamorado, y… —tomó aire— conociéndolo, te pedirá todo, así que no quiero saber las intenciones de Killua, quiero tu propia versión. Así que comienza. Si de ti dependiera todo tú…

—Si de mí dependiera todo, yo estaría dispuesto a estar con él… por siempre —ahí estaba la palabra que quería evitar, al fin lo había dicho y vio que los ojos de Alluka se iluminaban con una emoción que no supo describir.

Era sorpresa, una completa sorpresa puesto que no se esperaba que Illumi quisiera tanto a su hermano. Tanto tiempo pensando mal de él, creía que sólo tenía un capricho que en cuanto estuviera satisfecho, se desharía de él. Las palabras de Illumi no habían sido sueltas a lo tonto, se notaba una seriedad en sus intenciones. Un alivio extraño apareció, al menos no estarían jugando con los sentimientos de su hermano.

—¿Harás todo lo posible por ganártelo como debe ser?

—Por supuesto.

—¿Por qué te enamoraste de él? —soltó sin precaución.

Illumi bajó la mirada, no podía responder esa pregunta con un "no lo sé" y quedar como un tonto; tampoco quería decirle algo como un "él nunca me rechazó". No tenía confianza para contestar esa interrogante.

—Yo no te juzgaré, no estoy para eso, en base a tus respuestas sabré lo que debo hacer. Yo puedo ayudarte o arruinar tus planes, ¿entiendes?

Parecía como una amenaza, pero no se sintió como tal. Alluka intentaba encontrar algo que justificara su participación en los efectos del albino, como era de esperar, a ella le importaba mucho el bienestar de su hermano, así que a él le correspondía mantener la paz y armonía por la que Killua se esforzaba tanto.

—Cuando creces con alguien especial, lo conoces en todas sus formas, y aprendes cada aspecto de él.

—Sí, Killua es especial, y no por eso me enamoro de él. Se honesto Illumi.

—Porque sus cualidades positivas y negativas son irresistibles para mí.

Francamente ella esperaba un "no sé" por respuesta, mas esta respuesta era mejor que esa otra. Desdobló las piernas y cambió su postura a una más cómoda.

—Él quiere que tú te lleves bien con todos sus seres amados —continuó ella. Las palabras de Illumi le habían hecho tomar su decisión y no cambiaría de parecer—. Yo creo que sería bueno que nos llevemos bien, eso es algo vital para él, tiene que ver que nos llevamos bien. Debes organizar una reunión para nosotros tres tan pronto como puedas, ¿me escuchas?

Illumi asintió con la cabeza ¿qué más podía decir? Ella estaba dando órdenes, no haciendo sugerencias

—En la reunión debes tratarme lo mejor que puedas, se caballeroso, y trátame como a una buena dama.

El morocho contuvo la risa. No hacía mucho que había empezado a referirse a Alluka como a una chica, le costaba trabajo, pero lo hacía porque Killua lo hacía y no estaba en la postura de contradecir sus deseos.

—Yo me haré cargo de que Gon no arruine todo, eso déjamelo a mí. Kalluto también te ayudará. Killua es muy sensible aunque no lo aparente.

—Lo sé…

Se relajó, por supuesto, Illumi seguramente era un gran fanático del peliblanco, debía saber bastantes cosas sobre él.

—Nos comprometemos todos a no decirle a Killua lo de la carta y trabajaremos para eliminar el ente que vive en ti. ¿Tienes algo qué decir?

—No…

—"Gracias" Illumi, se dice "gracias".

—Gracias.

—Ah qué remedio… ¡Vaya que será difícil esto! Lo bueno es que Killua cree que eres genial —soltó una risita—. Está embobado contigo.

Ahora fue el turno de Illumi de reír, esto era irreal. Definitivamente había cruzado alguna dimensión extraña.

Alluka le explicó algunos detalles importantes que debía tomar en cuenta sobre su hermano y acordaron el papel que ambos adoptarían en cuando a su relación. Alluka no deseaba fingir que ambos tenían una buena relación, ella en verdad quería propiciarla, así que ella misma se encargó de conocer mejor a su hermano; le hizo tantas preguntas como deseo, y luego, desde un punto de vista un poco superfluo le explicó aspectos de ella. Gustos, y anécdotas de su vida cotidiana que Illumi escuchó con atención. Tras dos horas de charla vana, ella lo dejó salir, mandándolo directo al cuarto del albino que seguramente estaba ansioso por tenerlo de vuelta.

Dicho y hecho, el adolescente estaba que no soportaba la espera, la tentación de salir y espiar era cada vez mayor, hasta que se echó sobre la cama y se rindió; su hermano llegaría cuando tuviera que llegar y le contaría lo sucedido con su hermana. Illumi no iba a guardar secretos, en eso confiaba. Se sobresaltó cuando escuchó que llamaban a su puerta y corrió a abrir. Ahí estaba de pie, la persona que más ansiaba ver, le sonrió ampliamente y lo dejó pasar.

Illumi lo observó de pies a cabeza, el atractivo del menor, sin duda, era cada día más deslumbrante, quedó embelesado por sus facciones sonrientes; le fue necesario contenerse, recordándose que un tesoro más grande le aguardaba en la paciencia.

—¿Estás bien?, ¿Alluka te… te llevaste bien con ella?, ¿todo está en orden?

Se sonrió, obviamente Killua se estaba apresurando, sus emociones eran terribles.

—Sí, todo bien.

—Ah… menos mal —contestó pero parecía no creerlo del todo—. ¿Qué pasó?, ¿qué quería hablar?

Recordó la conversación. Debía ser cuidadoso con sus palabras. Si bien, había traicionado el acuerdo de no guardar secretos al ocultar el asunto de la carta, no quería que esto se volviese más grande al agregar mentiras.

—Ella tenía ganas de conocerme —confesó—. Me hizo muchas preguntas sobre mí.

—Oh… —se quedó pensativo. El recuerdo de las palabras de la chica vino a su mente "convivimos lo suficiente con él como para verlo como un hermano", tragó saliva, no quería creer que eso estaba más relacionado con ella de lo que estuviera relacionado con él.

Miró a Illumi fijamente, «pero… y si Alluka está…» descartó de vuelta ese pensamiento.

—¿Y… te pareció especial o algo así?

—Ha sido un día bastante extraño. Creo que estaría bien que los tres nos reuniéramos, me parece que tenemos bastante de qué conversar.

—¡No! —exclamó sin pensar; sus nuevos pensamientos le habían alarmado— no me gustaría que hicieras algo que no te parece bien.

—Acabo de decir que "estaría bien", ¿no quieres que nos reunamos? Yo haré lo que mejor te parezca.

«Alluka nunca se fijaría en Illumi, es nuestro hermano», se repitió mentalmente. Devolvió la mirada a su hermano y se dio cuenta de con quién hablaba, un tipo por demás interesante, inteligente, atractivo, fuerte, independiente y con ese aire de misterio que comenzaba a fascinarle «¿Y si sí?»

—Sí…, bueno, estaría bien organizarlo, pero mejor la próxima semana, no ahora.

—De acuerdo, será cuando tú me lo indiques —le parecía extraño que actuara de ese modo, evadiendo algo que estaba claro que le molestaba—, ¿estás bien?

—Mmm sí…

No importaba, en realidad no era relevante que Alluka sintiera atracción por Illumi, porque al fin de cuentas, Illumi estaba interesado en él; eso le recordó un tema peliagudo que había deseado sacar de su mente. Lo había pensado lo suficiente como para seguir resistiendo.

—Illumi, hay algo que debo preguntarte.

Illumi tomó una botella con agua que su hermano le había ofrecido, y la abrió, esperando a escuchar la pregunta del adolescente.

—Dime.

Era más difícil preguntar de lo que se hubiera imaginado, y entre más pasaba el tiempo más le intrigaba. No quería dejar esperando mucho al mayor, así que se armó de valor.

—Yo me preguntaba… pues… —sus mejillas se tiñeron de rojo, y de nuevo se quedó sin palabras.

—¿No confías en mí, Kil? —preguntó, preocupado por la incomodidad que mostraba, era sólo una simple pregunta.

—Claro que sí —se apresuró, y tomó aire «aquí voy»—. Es sobre tu deseo, me preguntaba si no… si por casualidad tú… —se aclaró la garganta de nueva cuenta ruborizado— no sientes algo ah mmm… no necesitas… olvídalo, ¿tuviste problemas con el abuelo? —al final se había rendido.

—¿Quieres saber si necesito más "acceso" a ti?, ¿tocarte y todo lo demás?

Asintió con la cabeza, mirando a otro lado, incluso aceptarlo era vergonzoso.

—Yo siempre deseo tocarte y… todo lo demás —contestó con insinuación y Killua de inmediato miró a su hermano sorprendido de la confesión.

—¡¿Por qué no lo haces?! Illumi, no podemos jugar con esa entidad, no quiero que vuelva, entiéndelo.

—Porque de eso no depende mi deseo —cortó— no es tan simple.

—Illumi… —amenazó con la voz.

—¿Tu quieres que lo haga?, ¿lo deseas? —esperó a la respuesta del menor pero este se quedó sin habla— ¿lo ves?, yo no deseo venir y que me dejes hacer cuando me dé la gana contigo. Lo que necesito es más profundo, quiero venir y que me lo pidas, que lo desees tanto como yo y poder hacerte sonreír en otro sentido. Lo que quiero decir Kil es… —no iba a ser un cobarde, lo diría así en frío, tal como sus sentimientos demandaban— Estoy enamorado de ti.

Killua sintió escalofríos, unos agradables escalofríos que le trajeron hermosas sensaciones que no había experimentado jamás. Ya no era tanto el rubor el que delataba sus sentimientos, si no todo su cuerpo, esa sonrisa embobada, el brillo de sus ojos. Illumi quería correr a besarlo, decirle que en verdad disfrutaba verle así, pero no debía hacerlo, no sin una real autorización por parte de su hermano.

—Es por eso que no lo hago. Kil, sé que no me corresponderás, por eso debo permanecer a esta distancia, respetar tu decisión. Me conformaré con lo que me des.

Esas palabras le rompían el corazón, deseaba decirle a su hermano cuanto en realidad deseaba ser tocado por él, y corresponderle, pero de inicio no podía clasificar sus emociones, no tenía modo de saber qué estaba pasando con él, no importaba si su cuerpo se lo estaba exigiendo.

—Y sobre tu pregunta, no, el abuelo no me ha llamado.

Cambió el tema a propósito, de todos modos no iba a poder seguir con el hilo de la conversación porque Killua estaba actuando como si esas palabras fueran algo inesperado. Además, valía la pena esperar.

Tras la visita, el albino se quedó repasando en su mente esas palabras, la declaración de su hermano. Era tan valiente y tan firme, no podía más que conmoverse y sus sentidos se disparaban. Lo quería, más que otra cosa en el mundo, necesitaba esa cercanía; saber más de él, pasar tiempo a su lado y sobre todo, tocarlo, sentir su piel. Fue por causa de tanto pensar en ello que una noche despertó en medio de un sueño agradable.

«Me besó… soñé que me él me besaba» repasó las imágenes en su cabeza.

En el sueño se encontraban platicando como cualquier otra visita; Illumi lo miraba desde un sillón mientras que él relataba un suceso imaginario sobre él y Alluka, y luego, sin un anuncio, de forma salvaje su hermano había robado su espacio, besándole acaloradamente, al tiempo que deslizaba sus manos por su cintura. El sueño era tan vívido que podía jurar que era real, sintió el calor de su piel, sus dedos clavándose en su abdomen, acariciando su espalda, recordaba el sabor de su boca. Ya no tuvo más remedio que reconocerlo, deseaba ese beso, llevaba días deseándolo. Soñarlo no sería suficiente, pero Illumi estaba reticente a tocarlo, alegando eso, que ellos dos no tenían tal relación dado que él no le correspondía. Mientras que Killua no se decidiera sería imposible, no importaba cuando lo deseara.

Todo el día pensó en su sueño, no podía sacarlo de su mente; se ruborizaba, su cuerpo se encendía y luego regresaba a la realidad. Alluka lo regañó varias de veces hasta que se convenció de que sería imposible hacerlo entrar en razón con su corazón latiendo por alguien que robaba cada uno de sus pensamientos.

—Hermano, debemos irnos. El dirigible saldrá en diez minutos, necesitas despertar de ese sueño —le reclamó mientras veía por décima vez que se quedaba con su vista a la nada.

—Ya oí, ya… —se acomodó las ropas y se dispuso a caminar a la salida.

Durante esos días habían decidido que era momento de hacer una pausa en una ciudad. Estaban cansados de viajar y viajar; detenerse por una temporada larga les vendría bastante bien.

El lugar seleccionado era un sitio con un clima agradable, justo lo que Alluka pedía. Dan, era el nombre del lugar, era popular entre los turistas porque era una zona de paso hacia Kakin, su economía era fuerte gracias a los turistas que cruzaban diariamente en busca de las playas de Kakin. Las universidades y centros de investigación eran muy reconocidos, por lo mismo estaba lleno de estudiantes por doquier; debido a la cantidad de jóvenes en la zona, el lugar era particularmente barato; los costos de vivienda y alimentos eran bastante accesibles, lo que llevaba a otro punto a favor. Dan, también poseía paisajes hermosos; era como un enorme jardín, agradable y limpio, lo cual incitaba a elegirlo como su mejor destino para vivir una vida de estudiante.

Rentaron un departamento en el gran edificio cercano a un afamado centro de estudios, así mismo, a pocas cuadras comenzaba el centro de la ciudad, la zona más agradable del lugar. Alluka llegó y se instaló de inmediato; el departamento era muy cómodo, contaba con todo lo necesario para que un grupo de jóvenes se acomodara; tenían cuartos propios, aislados, para que los estudiantes pudieran concentrarse sin el bullicio del exterior.

Killua se demoró un poco en hacer la mudanza, dado que estaba más preocupado en explicarle a Illumi sobre su nueva ubicación; su hermano le dijo que no se preocupara, que conocía Dan, y sabía moverse por la ciudad. La cosa era que el albino siempre quería encontrar una excusa para estar en contacto, así que así fuera algo tonto, lo externaba. Illumi estaba siempre dispuesto a responder a todos sus mensajes, y procuraba hacerlo de forma neutral, nada que fuera muy demostrativo, quería presionar a Killua par que él diera el primer paso.

Por la tarde salieron a dar un paseo, el día estaba nublado pero fresco y caminar por ahí valía totalmente la pena. Recorrieron las elegantes calles, alegres de encontrar diversas opciones de restaurantes, el ambiente era placentero donde quiera que anduvieran; caras sonrientes parecían recibirles en cada tienda a la que entraban. Recorrieron la mayor cantidad de lugares, por petición de la chica. Al final, optaron por ir a un local bastante concurrido donde encontraron un escenario en el que se llevaban a cabo diversas obras de teatro y baile. Alluka estaba rebosante de felicidad, y sin darse cuenta se quedaron ahí hasta el anochecer; entonces fue cuando la chica tuvo que reconocer que estaba demasiado cansada por el viaje y el cambio, así que regresaron al departamento.

Venían distraídos, subiendo las escaleras porque el elevador estaba en mantenimiento, cuando escucharon el quejido como de un hombre mayor.

—Mi espalda… —ambos se vieron un momento, y continuaron su camino, y justo cuando se cruzaron con el hombre Killua lo reconoció.

—¡¿Eh, tú?!

—¡Killua! —Leorio se dio la vuelta saludándolo efusivamente.

Él venía cargado con bolsas del mercado, se había abastecido para su encierro de estudios en su segunda semana.

—¿Qué estás haciendo aquí?

—Vine de visita —Alluka sonrió detrás de él y Leorio le dirigió una mirada cómplice—, ¡no estés pensando cosas raras! Es mi hermana menor.

—¡Oh!, ¡increíble! Al fin tus padres hicieron algo lindo.

El albino lo amenazó con la mirada y Alluka saludó con la mano, a lo lejos para no hacer rabiar a su hermano mayor.

—Hola señorita, mucho gusto, soy Leorio Paradinight.

—Hola…

—¿Y tú? —interrumpió Killua, no muy seguro de querer presentar a su hermana más allá de los límites—, ¿no se supone que estabas con los Zodiaco?

—Umm… sobre eso… digamos que hubo varios percances y Kurapika se está encargando de eso, así que vine aquí a estudiar y a esperar a que me pidan volver. Salí a comprar provisiones —levantó las bolsas— este es mi departamento.

—¡Justo debajo del nuestro! —declaró Alluka sonriente.

—Tú no eres un monstruo como tu hermano, ¿verdad? —se burló Leorio, y Killua jaló a Alluka para que permaneciera detrás de él.

—Alluka está bastante cansada, la llevaré a descansar. Es bueno saber que te veré por aquí.

Se despidieron y cada uno se dirigió a su respectivo cuarto. Alluka no quiso cuestionar a su hermano por su actitud, ya estaba acostumbrada a que él fuera protector con ella; al rato se le pasaría su faceta y seguramente terminaría presentándole a Leorio, así igual había sido con Gon, cuando al inicio Killua no la presentó adecuadamente.

Lo que ella no supo fue que Killua, en el momento en que vio a Leorio, sintió un alivio especial. Esos días había necesitado urgentemente alguien con quien hablar; conversar de sus últimos sucesos sin que le juzgaran. No podía hablar esto con Alluka ni Gon puesto que ellos sabrían bien de quién se trataba; necesitaba a alguien neutral, objetivo, que no tuviera idea jamás de la persona de la que se refería y así poder abrir su boca y decir tanto como pensaba y sentía. Leorio era la mejor opción de todas, no sólo desconocía su problema, también era un tipo que sabía mucho sobre relaciones humanas o eso daba a entender.

Esperó hasta que su hermana estaba dormida, para bajar y averiguar si su amigo estaba despierto.

Tenía la impresión de que Leorio no dormía temprano y así fue; apenas tocó, escuchó sus pasos yendo a abrirle.

—¿Puedo pasar? —preguntó nervioso, y Leorio se hizo a un lado para permitirle el paso.

Le ofreció café o alguna otra bebida que pudiera servirle para tener una visita más agradable. Killua se acomodó en una silla del comedor, con un chocolate tibio y un pan, y se aseguró de hacer cualquier conversación que justificara su presencia antes de sacar a flote el asunto que de verdad le traía hasta ahí.

—Leorio, tú… tienes experiencia con las citas y las cosas cursis, ¿cierto?

Los ojos del Paradinight se iluminaron y una gran sonrisa adornó su rostro, justamente un tema que le parecía más ameno.

—¿Ya te flecharon?

—¿Qué?, ¿de qué hablas?

—¿Por qué otra razón tocarías este tema? Es obvio que alguien te gusta.

Killua se puso rojo hasta las orejas, se arrepintió de haber tocado el tema, tenía ganas de salir corriendo, pero se contuvo.

—¿Cómo sabes que me gusta?, ¿no puede ser otra cosa?

—Killua, en mi experiencia personal, cuando comienzas preguntarte si te gusta alguien, es porque ese alguien te gusta. Así de simple.

—Pero…

—¿Te la pasas pensando en ella? ¿Sólo quieres hablar de ella? ¿Has hecho cosas ridículas por esa persona? ¿Viniste hasta aquí a mitad de la noche para hablar sobre lo que sientes por ella? Si al menos una de esas preguntas es un sí, la respuesta es sí, te gusta.

Era demasiado rápido, esperaba que todo se volviera en un interrogatorio más complejo e ir analizando poco a poco hasta estar seguro de que no podía sentirse así por su hermano. Todo le salió al revés y ahora hasta el mismo Leorio, sin conocer bien su caso, había resumido todo en un sí. Definitivamente no tenía dudas, su corazón se lo decía, Illumi inundaba todos sus pensamientos y deseos.

—Tú silencio sólo lo empeora… —Leorio lo hizo salir de sus pensamientos, sobre todo cuando soltó una fuerte carcajada— Killua, ¿quién es ella?

—¿Ella? —se extrañó sin darse cuenta.

—La chica de la que hablamos, debo saberlo.

—¿La chica? —se quedaron en silencio, viéndose mutuamente, y lentamente las piezas encajaron.

—¿No es una chica?

Killua no tenía palabras para explicarse, de hecho, hasta ese momento fue que se le ocurrió que podía ser una mejor idea, más fácil de ocultar que admitir lo segundo.

— Killua! Oh… mmm… vaya, es bastante inesperado, pero bueno… no me meteré al respecto… aunque de cierto modo lo veía venir… ¿es Gon?

—¡¿Qué?!, ¡no, no!, ¿por qué creerías eso? —manoteó contra la mesa, alterado por la pregunta.

—Tranquilo… lo decía porque ustedes dos son muy cercanos, creí que podría haber algo.

—¡No! —Se levantó y tomó aire.

Leorio sólo lo seguía con la mirada, conteniendo las ganas de reírse por la actitud del menor.

—De acuerdo, ya entendí. Puedes volver a tu asiento.

Killua ignoró la invitación, caminando nerviosamente hacia la salida y luego se detuvo, dio la vuelta y preguntó.

—¿Por qué me gusta? —lo preguntó en una voz tan alta que Leorio se sobresaltó.

—Ya, ya, es normal. Tranquilo.

—¡No es normal! —pero no podía explicar por qué no era normal, no iba a decir por nada del mundo que el tipo de quien hablaban era su hermano mayor.

—Te gusta porque tiene algo bueno que te llama la atención.

—No, olvídalo, esto es inútil.

Se dio la vuelta y salió del cuarto. Estaba bastante apenado de haber indagado algo como eso. Se fue a su recámara y su corazón volvió a saltar, un mensaje había llegado a su celular «ya estoy en mi cuarto, dormiré, ten una agradable noche», era Illumi cumpliendo su rutina del día y se maldijo, le había robado otra sonrisa.

«¿Por qué él?» se preguntó. De entre todas las personas, hombres y mujeres del mundo, su hermano mayor tenía un poder sorprendente sobre él, lograba hacer que todo su ser lo extrañara. Todas las preguntas que Leorio le había hecho para comprobar si le gustaba alguien, las había respondido con un rotundo sí. Tenía miedo de sí mismo.

«Estoy enamorado de ti» recordó la confesión de Illumi, algo dentro de él le trajo calma al pensar en esas palabras.

«¿Y si el de verdad me gusta?» se preguntó con sinceridad. No sería tan malo si él se sentía atraído por su hermano porque correspondía sus sentimientos, además volvería más ligera la carga del deseo de su hermano, incluso la haría amena, podría pasar más tiempo con él y en consecuencia todo sería maravilloso «¿por qué no?» No perdía nada, no era como si Illumi lo tacharía de enfermo, pero era su hermano y eso no cambiaría aun si fingieran que no era así. Reconoció con pena que debía tomar una decisión al respecto, nada en el mundo sería peor que él actuara por curiosidad y terminara lastimando a Illumi.

Chapter Text

Al siguiente día no tocaba visita de Illumi, así que Alluka sugirió que salieran a pasear, para buscar nuevas funciones teatrales y eventos culturales. Así lo hicieron, pero después de comer, él se hartó, su mente no estaba ahí, no podía enfocarse en nada que fuera diferente a Illumi; a cada instante se perdía imaginando cuánto disfrutaría verlo ahí junto a ellos, viendo el mismo espectáculo que él, escuchar sus opiniones, mostrarle sus descubrimientos y compartirle sus reflexiones; no podía seguir así. De nuevo sintió ansiedad por ver a Leorio y tratar con él ese tema delicado; tal vez con suerte lograba definir por completo su situación.

—¿Qué ocurre contigo, hermano?, has estado muy distraído últimamente… ¿estás pensando en él?

Le apenaba bastante que la chica se expresara libremente, haciendo esas preguntas directas sin el debido tacto que él solicitaba.

—¡No!, no, Alluka, estaba pensando… quisiera ir a saludar a mi amigo.

—¿El señor del otro día? —Killua rio por el comentario.

—Sí, él.

—Mira, es temprano y estamos a pocas cuadras del departamento; hay suficiente seguridad por aquí, puedo quedarme yo sola, ve a verlo. Mañana vendrá Illumi, y estoy segura que no tendrás tiempo para ir a ver a tu amigo.

Lo pensó detenidamente, ya últimamente solía dejarla sola por periodos cortos, lo cual tenía un efecto positivo en su vida; gracias a esto ella se estaba volviendo bastante independiente, aprendía a cuidarse y a observar; sin embargo no siempre se convencía de hacerlo, la veía tan pequeña y frágil que le daba pánico pensar en la posibilidad de que alguien la lastimara. Miró a los alrededores; en realidad, era una zona de estudiantes, interesados en los asuntos culturales, había guardias por varias partes, y era cierto, sólo eran pocas cuadras antes de llegar.

—Si algo pasa, sabes que te llamaré, mi celular tiene el botón de emergencia ¿lo recuerdas?

—Sí, pero…

—Ya… tranquilo, yo estaré bien ¿confías en mí?

Le sonrió, esa confianza era algo que muchas veces deseó para él cuando Illumi no le dejaba aprender por su cuenta cosas de la vida; no iba a ser incongruente, se despidió de su hermana y regresó a toda prisa al edificio.

En dos minutos ya estaba ahí, listo para tocar la puerta de Leorio. La sorpresa fue que su amigo abrió la misma antes de que él tocara.

—¿Killua?

—¡Eh!, ¿sabías que vendría?

—No, iba a comprar frituras, ¿vienes?

No le quedó otra opción, comenzaron a bajar por las escaleras, y recordó lo ocurrido el día anterior.

—Sobre ayer…

—No, no… descuida, a veces esos temas son difíciles de hablar, es sólo que —suspiró— llega un punto en que es tan normal que ya no encuentras ese toque de vergüenza. Lo siento, creo que hablé muy rudo.

Leorio intentó retomar la comodidad entre ambos para hablar de esos temas; de todos modos, no iría tan rápido esta vez, dejaría que el chico se expresara antes de emitir uno de sus juicios. Que en su opinión era bastante sencillo: estaba comenzando a enamorarse de alguien o ya lo estaba. Sólo era cuestión de analizar lo que quería y, seguramente, tendría montones de preguntas sobre lo que el otro sentía.

Regresaron al departamento. Leorio compró bastantes frituras para que ambos comieran sin pena y se acomodaron en los sillones. Killua se desparramó, preparándose mentalmente para retomar el tema del otro día.

—¿Podría ser otra cosa? ¿Algo diferente a gustar?

—Mmm… podría ser que admires a ese alguien y nada más.

Se quedó pensativo, ¿admiraba a Illumi? Sus sentimientos modificados por la carta le hicieron responder con un sí, y su razonamiento se ajustó para dar la respuesta que faltaba. «Lo admiro, porque pese a todo lo que pasó, él sigue aquí, es un tipo fuerte, inteligente, atractivo… —se ruborizó por sus pensamientos— es independiente, y valiente, aunque aparente que no lo es…»

—Pero pregúntate esto ¿te enojaría que ese alguien estuviera con otra persona que no fueras tú? Admirar alguien no es motivo para sentir celos por verle con otra persona.

Cerró sus ojos, visualizó a su hermano junto a un ser imaginario, pero no lograba encontrar a alguien ahí; «Muath» recordó ese nombre, y lo visualizó como alguien que podía ser bastante cercano a su hermano.

—Imagina que está con esa persona, que lo abraza, lo besa, lo trata de un modo especial.

«Illumi sonriendo, abrazando a ese tipo, tomándolo de la mano, besándolo…» repasó en su mente.

—¡No!, nunca, él nunca, no… no me cambiaría por nadie, ¿verdad?

—¡Oh, tranquilo! —se rio. Cada vez era más obvio que le gustaba alguien, pero que estaba reacio a reconocerlo— él puede ser libre de estar con quien quiera, ¿no lo crees? —todavía le costaba trabajo admitir que su amigo estaba enamorado de otro chico, especialmente porque consideraba que era lo suficiente atractivo para conseguir a cualquier chica.

El albino se mordió el labio, no soportaba esa idea, no podía admitirla, Illumi no podía estar con nadie más, no sólo por su deseo. Le había dicho que estaba enamorado de él, se confesó delante de él, y fuera de ello, sentía que tenía más derecho sobre cualquier otra persona a exigirle exclusividad.

—No —contestó sin pena.

—Eso es muy egoísta de tu parte, ¿acaso no disfrutas viéndolo feliz?

Recordó esas breves sonrisas, su forma relajada de conversar, la mirada embelesada que le dirigía.

—Sí, claro que sí es sólo que… —no podía permitir que estuviera con nadie más, le dolía mucho la sola idea— si es conmigo, sí.

—¡Eres un egoísta! No puedes ser tan cruel, él merece ser feliz.

Por supuesto que creía que Illumi merecía ser feliz, ya era hora de que lo fuera, pero quería que esa felicidad fuera él, que partiera de él, no de alguien más, quería resistirse a la posibilidad de que Illumi pudiera encontrar salida a su deseo e irse con otra persona.

—Yo también lo merezco, no sería justo.

Claro, Leorio desconocía los pormenores del problema. Nimrod había abusado de él usando a Illumi y eso desembocaba en la idea de que el morocho tenía una deuda que lo volvía su propiedad. No iba a dejar que hiciera lo que quisiera sin pensar en sus deberes hacia él.

—Así él nunca se fijará en ti, eres un egocéntrico —lo regañó, recibiendo la mirada amenazadora del albino.

—Él me dijo que está enamorado de mí.

Leorio se sobresaltó, ¿una persona enamorada de ese chiquillo egoísta? Eso debía ser digno de verse, pero entonces cayó en cuenta de que el albino estaba siendo correspondido y mantenía esa duda aun, eso sólo podía significar algo.

—¿No le respondiste a su declaración?

—¿R-responder?

—Sí, bueno, cuando alguien te dice "estoy enamorado de ti", normalmente espera recibir un "uh, yo también" o "no, lo siento, yo no" —explicó simulando una conversación entre dos personas.

Recordó ese momento, y se reclamó por haberse quedado callado cuando Illumi se le declaraba, ¿pero qué iba a responder? Ni siquiera estaba seguro de lo que le estaba pasando, podía afirmar con seguridad que quería a Illumi, era su hermano, y ahora su responsabilidad, debía protegerlo, tal y como afirmó que lo haría, no podía jugar con los sentimientos de su hermano, era una línea muy delicada que debía resguardar.

—No sabías qué responder, ¿cierto? —el albino negó con la cabeza y Leorio suspiró—, ah, ese chico debe estarla pasando muy mal, para ser su primera vez… ¿de dónde lo conoces?

—¡¿Eh?!

—¡Oye si vas a querer que te ayude con esto, al menos debo saber un poco de esa persona!

Pensó en cuánta información estaba dispuesto a dar, lo único que le importaba era que no supieran que se trataba de Illumi, su hermano mayor.

—L-lo conozco desde hace mucho tiempo —bajó la voz— de toda la vida.

—¡Un amigo de la infancia!, ya veo, no está nada mal, los amigos de la infancia son relaciones muy estables… no hay sorpresas desagradables entre ustedes —Leorio tomó confianza, y fue por una cerveza, algo le decía que sería una conversación bastante amena.

—¿De verdad? —preguntó inseguro, no era como Illumi fuera un amigo de la infancia, pero podía cumplir los requisitos para serlo.

—Sí, un momento… si es tu amigo de la infancia… quiere decir… —miró atentamente al albino— ¡Es uno de tus mayordomos! Oh, vaya, un jefe y su subordinado, que cliché.

La carcajada de Leorio lo hizo enojar, jamás pensó en sus mayordomos de ese modo, de entrada ellos tenían prohibido las relaciones y menos, tratándose hacia los Zoldyck.

—¡No, de ningún modo! Es imposible algo como eso —una negación instintiva, casi de inmediato se arrepintió de haberlo dicho.

El mayor se quedó pensando, Killua era un novato en esas cosas, apenas y entendía que sentía algo por alguien. Debía ser escalofriante tener una relación tan rápido, cuando apenas descubrió lo que era desear estar con una persona.

Se sonrió, «menos mal que pensó en mí» quién sabe, a lo mejor una persona diferente a él lo hubiera forzado a hacer algo que no deseaba, no aún. Debía ser un adulto responsable y guiar al niño a tomar la mejor decisión, enseñarle el buen camino del respeto.

—Bueno… si no es un mayordomo mmm… supongo que al fin de cuentas sí tenías un amigo de confianza.

—Una persona con la que entrenaba —describió la forma más básica para explicar su relación, no podía decir que eran grandes amigos de la infancia, pero tampoco iba a aceptar que lo relacionaran con los mayordomos, los veía como figuras amistosas, demasiado involucradas con su labor como para mancharlas con una temática tabú.

—De acuerdo, alguien con quién entrenabas —se imaginó a un niño, aproximadamente de la edad de su amigo, una personita traída a casa de los Zoldyck con la finalidad de entrenar a su muchacho— tal vez es momento de averiguar qué quieres que pase.

¿Cómo lo iba a saber? Apenas podía asimilar la idea de que estaba siendo atraído por Illumi, esa pregunta ahora era muy compleja para él. Lo que sí sabía era que no quería que él estuviera con nadie más, sólo con él, y con nadie lo cual implicaba a Alluka. Temía demasiado que ella se fijara en su hermano. Ahora que lo veía de ese modo, le resultaba sencillo creer que cualquier otra persona podía tener intenciones especiales hacia él, no supo en qué momento dejó de verlo como un hermano para verlo como un hombre, un individuo más, con virtudes y defectos.

Tras esa conversación, se quedaron ambos conversando de otras circunstancias, se enteró de las dificultades vividas durante el viaje al continente, y de todas las cuestiones políticas tan delicadas que estaban ocurriendo mientras que él viajaba, y la situación de Kurapika. Salió del departamento cuando escuchó las pisadas de su hermana subiendo, se despidió y se fue tras ella.

Durante la noche no podía dormir, estaba bastante estresado y más aún al recordar que Illumi iría al día siguiente a verlo, su corazón no dejaba de latir con fuerza, estaba más nervioso que de costumbre, daba vueltas y vueltas en la cama imaginando los diferentes escenarios que podrían pasar, en busca de la respuesta la pregunta que había dejando en el aire.

—¿Qué quiero que pase? —se preguntaba—, ¿qué? —suspiraba, y volvía a cerrar los ojos.

«Illumi saliendo con alguien, saliendo con otra persona…», volvió a imaginarlo y no pudo más que sentir repulsión, la ansiedad llenaba su mente; lo quería para él, lo quería dolorosamente para él, para nadie más, «Illumi… con… conmigo» sus mejillas se encendieron y ésta vez murmuró— no… él es mi hermano, es mi hermano mayor, yo no puedo hacer algo así, no… —cerró los ojos y lo primero que vio, fue una de esas escenas imaginarias, cursis. Illumi estaba frente a él, acariciando su mejilla, levantando su barbilla y…

Se sobresaltó, su teléfono celular acababa de vibrar, miró la pantalla y leyó el nombre del remitente.

—Es él…

Tomó el aparato, y leyó apresuradamente el mensaje.

"Hola, ya estoy en mi cuarto, iré a ducharme y luego dormiré. Mañana te veo".

Sentía esas palabras tan agradables que sonreía de lado a lado, «Illumi escribió esto para mi», lo imaginaba, trataba de adivinar lo que su hermano sentía cuando lo hacía, cuando enviaba ése mensaje a la persona de la que estaba enamorado. Tal vez estaba nervioso, y ansioso como él, tal vez esperaba un mensaje de regreso o sólo quería trasmitir tranquilidad. No era un simple "estoy bien". Escribió un mensaje que le tomó varios minutos terminar, no por la extensión del mismo, sino porque leyó y releyó tantas veces el mensaje hasta que estuvo convencido de que eso era lo que le quería decir a Illumi.

"No puedo dormir, me siento algo extraño. Ya quiero platicar contigo"

Se arrepintió de enviarlo, pero ya no lo remediaría. Illumi le escribió en regreso.

"Aquí estoy, ¿quieres que te llame? ¿A qué te refieres con -extraño-?"

Sus manos temblaban, quería responder, pero la pregunta sin respuesta volvió a su mente. No podía jugar con Illumi, no podía hacer un experimento sólo para saber lo que deseaba; una parte de él deseaba que estuviera a su lado, y otra parte peleaba en contra de ese concepto, porque de entrada "estar a su lado" no tenía ninguna definición, sólo sabía que no quería compartirlo con nadie más.

"No quiero despertar a Alluka. No sé cómo explicarlo ¿mañana a qué hora llegarás?"

Se maldijo mentalmente, ¿por qué nuevamente había preguntado algo que ya tenía conocimiento? Era como un vicio de seguir escribiendo, haciendo contacto con él. Se jaló los cabellos, odiaba no controlarse, esos condenados impulsos que sólo lo hacían ver patético.

"Llegaré a la ciudad desde temprano, estaré cerca de ti en cuanto me lo pidas. Kil ¿recuerdas cuando estabas pequeño que te enseñé una forma de calmarte? ¿Podrías hacerlo? Me gustaría estar ahí para ayudarte, pero no puedo, no podré dormir si tú no estás bien».

Su corazón volvió a latir muy fuerte, creía que moriría de un infarto en esos momentos, esas palabras estaban cargadas de ternura, así lo vio y se echó sobre su cama, con un placer indescriptible, la calma más perfecta de todos los tiempos. Illumi se estaba mostrando un poco de su corazón. Lo quería abrazar muy fuerte, decirle algo agradable que le devolviera esa sensación maravillosa de armonía y paz. Escribió apresuradamente sin pensar, entusiasmado más por sus sentimientos que por su razonamiento.

"¡Lo haré! Gracias, siempre me haces sentir mejor. Ve a dormir, ya quiero verte".

Y cayó en cuenta que había sido demasiado explícito, enrojeció por completo, refunfuñó, regañándose por ser tan descuidado.

—Sólo pido diez segundos de autocontrol —gritó en voz baja exasperado, intentando no despertara su hermana.

"Esa es mi línea. Duerme entonces".

Eso fue lo último que leyó, de nuevo la sensación más agradable del mundo volvió. Hizo memoria, eso a lo que su hermano se refería, y lo recordó, cerró los ojos; centró su mente en un lugar en que deseaba estar, un paisaje hermoso que le pareció familiar, unas gotas de rocío cayendo, chocando contra una ventana mientras él se asomaba por ella, viendo un enorme jardín con muchas construcciones increíbles en su interior, y luego, se dio la vuelta y ahí estaba él, Illumi, de pie, esperándole. Así en medio de su fantasía se quedó dormido.

Illumi leyó ese mensaje una docena de veces, analizando palabra por palabra hasta que se convenció de que estaba siendo un exagerado por querer adivinar algo que era obvio. No mentiría, estaba terriblemente feliz por saberse deseado, que dijera "siempre", era como si toda su vida tuviera sentido ahora, tanto sacrificio, esfuerzo invertido, todo su dolor se desvanecía sus cargas quedaban en el pasado como tristes historias que ya no valían la pena invocar. Quizá sí, ya era el momento de recoger un poco de la cosecha que con lágrimas y sangre había sembrado.

Gracias a eso, Illumi durmió como hacía mucho no podía. Desde que despertó de su largo letargo, no había conseguido hacerlo; la carga de la culpa lo carcomía, cerraba sus ojos y sólo veía lágrimas, súplicas de parte del albino, pidiendo que parara, que pensara mejor las cosas. Esto lo estaba torturando, apenas aceptaba que no tenía del todo la culpa, pero de todos modos dolía; era terrible, él se suponía que era el hermano mayor responsable que protegía a su familia, no el que la destruía. Ahora, ya eso por lo menos se vio disimulado por las palabras nobles del albino. Lo vería al día siguiente, y se aseguraría de que cada segundo valiera la pena, tanto que el chico dejara de temer a lo que fuera, se decidiera por él sin más. Era momento de subir la apuesta.

Killua despertó por la mañana, más temprano de lo normal después de un sueño bastante comprometedor. Su hermano le besaba, lo llevaba por una enorme casa, con un aspecto bastante familiar, y luego, en medio de una conversación, lo besaba. Recordaba cada detalle del sueño, parecía muy auténtico, incluso recordaba el sabor de su boca, la calidez de sus labios, sus dedos atrayéndole más a su cuerpo, la respiración chocando. ¿Así se sentían sus besos o era una alucinación? Porque de verdad quería saberlo ahora, estar seguro de qué tan bien era ser besado de ese modo tan pasional.

—¡¿Qué demonios?! —se regañó.

Retazos de lo ocurrido la noche anterior aparecieron en su mente, se avergonzó bastante por sus acciones, estaba dando falsas esperanzas a su hermano y eso no estaba bien, por nada del mundo podía hacer algo como eso, menos a alguien que sufría desesperadamente de amor. Debía vigilar más atentamente sus acciones, no caer en provocaciones de esta índole o si no perdería el juego.

Para la tarde, regresaron ambos chicos al departamento, Alluka insistió que debían hacerlo porque ese día Illumi iría a verlo.

—Debes arreglarte bien, asegúrate de que él no deje de verte —aconsejó, y él se molestó bastante, como no lo había hecho antes contra la chica.

—Alluka —la reprendió— Illumi es nuestro hermano, lo que sea que te estés imaginando, déjalo.

Pero ella no se iba a dejar intimidar tan fácilmente; levantó el dedo índice, señalándolo acusadoramente.

—Pero él te gusta, no lo puedes negar.

—Eso se llama incesto.

—Se llama amor —corrigió, su tono se volvió amenazador—. Digas lo que digas, la forma que sea que tenga, si te sientes así, es porque estás enamorado. El amor es la fuerza que es capaz de revolucionar el mundo, un gobierno, cambiar una ideología, despojar a un hombre de todos sus bienes, de sus creencias, valores y llevarlo a la locura.

El escalofrío más intenso hubiese experimentado jamás, lo recorrió. Esas palabras eran como traídas del mismo infierno. Tomó a Alluka por los hombros, despavorido por lo que acababa de escuchar.

—¡¿Dónde escuchaste eso?!

Ella se asustó, jamás su hermano se había comportado de ese modo, temblando respondió.

—Semiramis, ella… solía decirlo.

Se percató de lo que estaba haciendo y se arrepintió.

—Lo lamento Alluka —se disculpó, y se dio la vuelta mirando apenado hacia el suelo.

Esas palabras eran las mismas que Nimrod usó el día que describió lo que era el amor. Odiaba tanto a ese hombre, que no soportaba escuchar nada referente a él.

—Tranquilo hermano, sé que estás asustado, pero tómalo con calma, yo sólo quiero que estés bien. No digo esto por burlarme, creo que quizá necesitas un empujón para dejar de temer.

Con esas palabras se quedó, y una hora después llegó Illumi a su cuarto. Por un momento olvidó lo muy nervioso que le ponía la idea de que su hermano fuera. De nuevo estaba alerta, deseoso por verlo, por saber qué cosa nueva ocurriría; descubrir en sus negros ojos un mundo infinito, hermoso.

—¿Cómo seguiste? —le preguntó el morocho después de uno minutos de conversación relajada.

—B-bien, creo… ¿tú?

—Yo estoy bien, estaré bien.

Según lo estimado, su siguiente movimiento sería determinante, sólo podía lograr dos cosas, presionar a su hermano a tomar una decisión, que éste aceptara seguir con él, o lo rechazaría, para al final seguir con él. La diferencia entre ambas era que en una su relación funcionaría, y en la otra no. Un buen inicio era un augurio positivo de que las cosas resultarían.

—Sobre lo que te dije el otro día… Kil —el menor se alarmó por la manera en que había dicho aquello, inclinando su cuerpo hacia adelante, como si tuviera que decir algo serio— lo que dije, que estoy enamorado de ti.

—No te preocupes, yo…

—Lo dejaré ir… —Killua se quedó helado, sin palabras— fue un error haberlo dicho sin pensarlo más. Sabes, yo no quiero que por algo como eso, nuestra relación se pierda, yo soy feliz con esto, no necesito más.

—¿Un error?

—Kil… —veía en sus ojos azules una especie de decepción, que tuvo que resistir, «es mi estrategia» se recordó— yo no quiero que esto acabe, no quiero forzarte a nada, para mí, lo primordial es tu felicidad. Te debo tanto que…

Killua lo detuvo, lo jaló de la manga, su rostro estaba mirando hacia el suelo. El pequeño no entendía lo que pasaba en su interior, esas palabras, eso de "dejarlo ir", "un error", dolió, dolía tanto que no podía articular palabra alguna. Apretó con más fuerza la manga, «¿qué quiero que pase?» la pregunta flotó en el aire, contuvo sus lágrimas.

—No lo hagas… —susurró— d-dame tiempo.

—¿De qué hablas?

De nuevo silencio, era incómodo y triste, e Illumi se arrepintió de entristecerlo, no merecía esto, era terrible e injustificado. Quiso sostener su mano y Killua se apartó, estaba bastante herido como para dejarse tocar y se asustó.

—Illumi yo… me siento extraño —confesó— no sé qué es pero sé… sé que no quiero que dejes de insistir.

Se sentía apenado de admitir su egoísmo tan abiertamente, no le estaba diciendo que se sentía atraído por él, sólo que quería sentirse deseado por él. No le prometía nada a cambio, ni establecía las bases de algo, no lo beneficiaba ¿por qué aceptaría hacer algo tan egoísta?

—¿Esta es… una de esas cosas que debo hacer por mi deuda?

Killua alzó la mirada, sólo para encontrarse con sus ojos, mismos que denunciaban días de desvelo y arrepentimiento, de buscar un perdón inalcanzable.

«¡Oh dios, estoy siendo el peor de los egoístas!» Illumi no distinguía su culpa de la de Nimrod, no sólo le estaba pidiendo que viviera enamorado de alguien que no le correspondía, también le pedía que cargara con una deuda y que pagara con sus sentimientos de por medio.

—No… —se quedó sin aliento. Quiso pensar en algo qué explicara lo que deseaba, aquel sentimiento que le estaba quemando por dentro, desgarrando sus entrañas, buscando salida— yo… Illumi…

—Está bien, no te juzgo.

—¡No!, sólo cállate, ¿de acuerdo?

Aguardó, ambos estaban en una posición muy compleja, sus emociones estaban en peligro, era una apuesta muy grande. De nueva cuenta Illumi se arrepentía de haber procedido de ese modo, no esperaba consecuencias tan grandes, sólo hacerlo desesperar y darse prisa, después de todo, el tiempo de la carta estaba corriendo y no podía darse el lujo de esperar.

—Necesito tiempo, sé que es egoísta, ruin… pero… cuando te veo, no sé qué siento. Dame tiempo ¿sí? sólo te pido que no dejes de intentarlo, tal vez y así…

—Kil… me rendiré cuando esté seguro de que no lo lograré.

Si tan sólo no tuviera esa vergüenza e inseguridad, el albino juraba que se hubiera lanzado sobre él para abrazarlo. Su admiración y aprecio incrementaron, estaba decidido a que llegaría a fondo, le daría una respuesta segura a Illumi, no dudaría esta vez, se enfocaría tanto como pudiera en ello hasta que ser firme. Él lo merecía, ese muchacho extraño y sereno valía la pena. Ahora estaba seguro que era así.

—¿Le has comentado a Alluka la idea de vernos? —cambió el tema, deseaba que su hermano se guardara esas palabras en su mente, las siguiera rodeando por el resto de los días.

—¡¿Le dijiste que te diera tiempo?! —reclamó Leorio cuando se enteró de la novedad que el albino trajo para él.

La noche después de la visita de Illumi, su joven amigo se había escabullido del cuarto para ir a buscar el consejo del aspirante a médico. Estaba en un difícil dilema después de darse cuenta que no podía pensar por sí mismo lo que quería para él con respecto a Illumi, y estaba claro que Leorio era una persona que aparentaba la suficiente experiencia como para darle una correcta instrucción o por lo menos, un punto de vista objetivo.

—¡¿Qué hay de malo con eso?! —también gritó, si Leorio le alzaba la voz, él no se quedaría atrás.

—Pues, verás… —recargó su cabeza en la palma de su mano, el albino estaba frente a él, acostado sobre el sillón, jugando con una pequeña pelota que arrojaba y atrapaba constantemente— cuando alguien te pide tiempo, usualmente es porque quieren apartarte de sus vidas, pero en un modo amable.

—¡No es así!, que a ti te haya pasado toda tu vida no quiere decir que siempre sea así.

—No, bueno… personalmente a mí me tomó tiempo darme cuenta de que las cosas no eran tan lineales. Depende de la etapa en la que estén.

—¿A qué te refieres? —atrapó la bola, y cambió de posición, sentándose para ver mejor a su amigo.

—Cuando yo era un mocoso enclenque, como tú… —sintió que la pelota rebotó en su cabeza y se sobó— Cuando una chica me pedía tiempo para pensar las cosas, me ilusionaba, creía que tendría una pequeña oportunidad y me motivaba bastante hasta que eventualmente caía en cuenta que no me iban a corresponder jamás, así que, conforme pasó el tiempo yo adopté esa petición por un "no", y así lo mantuve hasta que logré madurar, y actualmente puedo distinguir cuando eso se refiere a un amable "no" o a una oportunidad sincera —se aclaró la garganta, todavía le incomodaba pensar en su amigo comenzando a sentir atracción por alguien más—. Si tu chico es muy novato, seguramente entenderá tu respuesta como un no… es difícil de estimar esto…

—No lo verá así —le aseguró.

—No es así Killua —suspiró—, ¿qué edad tiene él?

—Él tiene… —se detuvo antes de revelar esa información, se ruborizó al pensar en la gran brecha que había entre ellos dos— Es mayor que yo…

Pero Leorio intuyó que algo no estaba muy bien en ese aspecto. De todos modos, quiso darle el beneficio de la duda, tragándose sus teorías.

—¿Cuánto?

—A-algunos mmm… años.

—Killua —contestó en tono de regaño— al menos necesito un poco de información sobre esto, ¡será imposible ayudarte a interpretar las acciones que quieres comprender si no me das ese dato! Todo depende de la etapa en la que esté, no es lo mismo un chico de catorce a uno de dieciséis, no importa que la edad esté muy cercana, créeme.

—Es mayor, es todo… además… yo quiero saber —se detuvo, le costaba tanto trabajo decir abiertamente su problema, entre más lo decía más complejo se volvía— qué es lo que quiero que pase entre él…

—¿Todavía no te decides? —el silencio del menor le respondió— es de esperar ¿sabes? Tienes catorce, está es la primera vez que te planteas la idea de tener "algo especial" con alguien. No es como que a esa edad uno sabe lo que quiere, menos a largo plazo.

—No puedo jugar, especialmente con él, no puedo decir que sí y luego que no, pero no sé si quiero decir que sí.

—Cuando yo tenía trece, había una chica de mi clase que me gustaba bastante. Era una chica un poco aislada, pero amable; el día en que me confesé, ella dijo que no podía corresponderme porque sus padres no le permitían tener novio —suspiró—. Después de eso, seguimos siendo amigos, en segundo grado de secundaria yo continué enamorado de ella, pero estaba seguro que me rechazaría así que no intenté nada, salía con otras chicas y ella lo sabía, nunca me reclamó ni nada parecido; en el último año, yo escuché un rumor, uno que aseguraba que ella estaba enamorada de mí, volví a intentarlo, me confesé y ella respondió que necesitaba tiempo.

—¿Eso qué tiene que ver con…?

—Para ese entonces —remarcó alzando la voz— yo creía que un "dame tiempo" era una forma de decir que no, así que después de que ella lo dijera, yo me alejé, no quise escuchar su rechazo; pasaron varios años, un día me encontré con ella por casualidad y conversamos, ella entonces fue cuando me confesó que ella estaba profundamente enamorada de mí en aquel entonces, pero estaba tan asustada por tener una relación, que cuando vio la oportunidad no la aprovechó, y al final, nos dimos cuenta de nuestro error.

Killua estaba a punto de refutar, pero él se lo negó por segunda ocasión.

—Ella ya tenía otro novio y…, lo que pudo haber sido, jamás ocurrió porque esta oportunidad Killua, no es algo que sólo me iba a ser concedido, también era una oportunidad para ella —los ojos azules se abrieron con sorpresa— no pienses en esto como una oportunidad para tu amigo, es una oportunidad única que también se te ofrece a ti. Evalúalo como algo que quieres que ocurra en tu vida y no sólo en su vida. Tal vez si ella se hubiera dado esa oportunidad, yo no estaría delante de ti, ella pudo haber cambiado el curso de nuestras vidas con una sola respuesta.

Killua regresó a su cuarto a descansar, Leorio necesitaba dormir tras un día de mucho estudio. Antes de marcharse recibió una hoja con una lista de cosas que su amigo le exigió pensar.

—Antes de decidir, imagínate esto, junto a él y piensa si de verdad lo quieres o no—su mente estaba un poco más clara ahora, después de todo, ahora tenía la clave de lo que estaba buscando, hasta hace poco todos sus pensamientos giraban en torno a lo que su hermano sentía, al deseo de Illumi y cayó en cuenta que no se había puesto a pensar que también se afectaría a sí mismo.

—Imagínate en una relación con él, ¿puedes visualizar esta lista? —le había dicho Leorio cuando le entregó la hoja que escribió en ese rato de estar hablando.

No leyó nada de lo que venía escrito ahí hasta la noche del día siguiente, cuando regresó a su cuarto, quería tomarse su tiempo en calma para pensar. Dejó a Alluka en su cuarto y se encerró con llave, no quería ser interrumpido. Tomó la hoja y se acercó a la ventana que apuntaba hacia la calle, mirando el hermoso anochecer, leyó la primera línea de la lista.

«Imagina que sales con él».

Eso era fácil, no sería la primera vez después de todo. Ir a comer juntos, caminar, visitar una ciudad e inspeccionarla dando un paseo, era parte de las actividades que solían hacer juntos en su trabajo. Así que visualizarse con él en una salida era pan comido. No le pareció particularmente llamativo.

«Imagina que se toman de la mano».

Su mano derecha tomó su izquierda, instintivamente mientras visualizaba esa acción como si de su hermano se tratara. Esos dedos largos con aspecto femenino, apretando su mano, dándole calor. Tragó saliva, debía ser una cosa muy agradable. No quería intimidarse por una acción tan sencilla, pero su corazón ya estaba comenzando a latir apresuradamente.

«Imagina que te besa».

Vino a su mente el recuerdo de su sueño.

—Bueno, no es como si fuera la primera vez —se excusó—, aunque era Nimrod, pero… —Illumi, según su imaginación, debía besar como un torpe niño de trece años experimentando por primera vez un beso. Tierno, intuitivo, buscando más contacto con sus labios que con su lengua. Tenía mucha curiosidad sobre este punto, así que aceptó que en esto posiblemente coincidía con lo que Leorio afirmaba.

«Imagina que lo besas»

—¡No! —de inmediato exclamó, una cosa era que Illumi lo besara, otra muy diferente era que él tomara la iniciativa. Hacer algo de esa magnitud implicaba que él descubriera esa delicada capa de su interior que jamás había sido vista por nadie. De todos modos, cerró sus ojos y se vio a sí mismo, esta vez, no sólo se vio vulnerable, también visualizó a Illumi de ese modo y en cierto modo, le gustó. «Si tan sólo él fuera cursi…» se recriminó, su hermano era frío, plano, no podía esperar sorpresas de parte de alguien que siempre era obvio.

«Imagina que lo presentas a tus amigos y familia»

—No creo que Gon tenga interés en conocerlo —de hecho era mejor si no se conocían, crear conflictos entre ellos era tan probable que prefería no hacerlo, al menos, no hasta que su amigo lograra controlarse. Tampoco creía que nadie más pudiera con esa verdad, era bastante pesada como para compartirla. Miró el paisaje, le dolía mantener esos secretos que sólo creaban distancia entre él y los seres que amaba. Leyó de nuevo esa línea, y resaltó la palabra «familia». Por lo menos Alluka ya le había confesado su aprobación, además, tenía esa actitud hacia su relación, como si supiera todo lo que pasaba entre ellos y no le molestara. También estaba Kalluto, él también alguna vez le había dicho lo mismo, respiró hondo.

—No estoy tan solo —se sonrió.

«Imagina los conflictos que podrían existir»

Nada vino a su mente. No era sencillo que ellos dos disintiesen en algo o chocaran sus personalidades, inclusive pensaba que congeniaban tanto que poco a poco comenzó a ceder abrir su difícil corazón, compartiendo algunos secretos, y opiniones.

—Al menos es así, hasta que él comienza con su personalidad controladora —rodó los ojos— se hace el mártir cuando no le corresponde y me quiere convencer de que siempre tiene la razón —soltó la carcajada—, mientras pueda lidiar con esto, no veo porqué nuestros conflictos sean tan relevantes.

«Imagina qué podría separarlos»

Que él lo engañara, definitivamente no perdonaría que jugara con sus sentimientos cuando él estaba siendo excesivamente considerado, pero debía reconocer que Illumi no lo engañaría; vivió muchos años con esa maldición, y todavía la tenía, gracias a su amor por él. ¿Por qué le sería infiel si tanto lo había esperado? Descartó eso, y quiso pensar en otro factor decisivo. De inmediato pensó en su padre y su abuelo, ellos dos podían hacer mucho daño si se lo proponían. El miedo lo recorrió, «todo menos eso, por favor», no soportaría que lastimaran a su hermano frente a él. Evadió ese pensamiento, todavía no estaba listo para afrontarlo.

«Imagina cuánto tiempo quieres estar con él».

—Mucho, mucho tiempo —dijo en voz alta. Entonces abrió los ojos, todo el tiempo estuvo pensando en eso no como una posibilidad, lo estaba dando por un hecho, uno que sólo quería postergar hasta que algo pasara ¿qué cosa? No lo sabía, pero deseaba que ese algo pasara y le diera la señal de que ya todo podía comenzar. Tembló, no de miedo, sino de una excitación que jamás pensó sentir. Deseo de sentirse amado y correspondido, tocar a su hermano y que le tocara, ver que sus etapas existenciales ocurrían al mismo tiempo y entre ambos se fortalecían. Estaba seguro que entre esos brazos, encontraría un refugio y un sitio al que podría llamar "hogar", una persona a la que le devolvería las alas para llegar tan lejos como su familia no se lo permitió. Escaparían juntos, romperían todas las reglas hasta crear las suyas propias, unas que permanecerían atados a ellos. Deseo, con todas sus fuerzas ese algo, la señal.

Las estrellas ya decoraban su cielo, cuando su corazón, excitado por su nuevo descubrimiento, regresó a la vida. Al fin lo reconocía:

—Estoy enamorado.

Ahora era más sencillo reconocer sus sentimientos, los mensajes de Illumi, antes de dormir, se volvieron lo más esperado del día. Esperaba con manos temblorosas a que llegara, a leer unas palabras suyas que alimentaran ese fuego interior, leía el resto de los mensajes detenidamente, examinando sus palabras, en busca de pistas que le demostraran que era correspondido en su totalidad.

Por ratos tenía deseos de decírselo, de tomar el celular y ya no guardar más secretos. Confirmar que ambos poseían el mismo fin, pero no se atrevía, una cosa era reconocer que estaba enamorado, que ya no temía a una relación, pero otra cosa, era dar ése paso, era lo más difícil de todo. Confesarse con el mismo valor que su hermano lo hizo el día anterior.

La siguiente visita de Illumi fue diferente, desde antes estaba ansioso pero ya no del mismo modo que los pasados días, esta vez era una ansiedad por ver la señal. El momento clave que definiría el inicio de todo.

Illumi apareció luciendo bastante sencillo esta vez, con su cabello recogido en una coleta alta, y su sonrisa inteligente, que lo derretía. Lo invitó a pasar, y entonces su corazón comenzó a latir con tanta fuerza que tuvo que pedir un momento para ir al baño a lavarse la cara, necesitaba aire, estaba demasiado motivado que ya no podía contenerse. A ese paso terminaría confesándose sin una señal.

Illumi lo notaba, Killua reía más, por cualquier cosa; encontraba todo lo que hablaban como "muy interesante"; le lanzaba miradas que, si no lo conociera bien, diría que eran coquetas, además de que en determinados momentos creaba situaciones en las que el contacto físico era necesario. Debía ser honesto, adoraba ese comportamiento en su hermanito, tan discretamente amoroso y tierno, como si en cualquier momento fuera a confesar su amor. Sin embargo, no le convenía dejarse llevar por esa libertad, tomar provecho sólo asustaría a su hermano que apenas comenzaba a inclinar la balanza a su favor, era el mejor momento para proceder con lentitud, resistir la tentación.

Cambió un poco su comportamiento, para mostrar sus mejores armas, sus conocimientos, experiencias y sus expresiones, todas enfocadas a demostrar que no sólo era un tipo genial, la mejor opción para el albino. Se soltó el cabello, para sobar su cuero cabelludo, el negro de sus cabellos cubrió sus hombros de forma desordenada.

—¿Tienes un cepillo que puedas prestarme? Mi cabello es un desastre —le sonrió.

Killua asintió y fue tras uno, que le ofreció amablemente a su hermano.

—Detesto que se enrede —continuó Illumi— fue idea del ente que me dejara el cabello largo, debería cortarlo.

—¡No! A mí me gusta así como se te ve.

Killua se detuvo a observar su expresión entre burlesca y apenada, y le devolvió una pequeña risa.

—Supongo que podría dejarlo largo por más tiempo, si te gusta a ti. —Terminó de cepillar su cabello, ordenándolo hacia un lado de su hombro derecho, y le devolvió el cepillo a su hermano que lo puso sobre la mesa sin fijarse más—. Claro, no pienso dejar que crezca más allá, sería un desastre.

Aprovechó la cercanía, la mano de Killua estaba sobre la mesa, así que con un movimiento bien disimulado rozó los nudillos del menor con lentitud y suavidad, fingiendo no darse por enterado de lo que tocaba.

Por supuesto, el albino se sobresaltó y resistió la necesidad de expresar su sorpresa, en cambio se armó de valor, miró los dedos de su hermano mayor, y estiró su mano, acariciándole las yemas de los dedos del mismo sutil modo que el mayor lo había hecho.

La sonrisa de Illumi se borró, no pudo ocultar su sorpresa del mismo modo que su hermano, sobre todo cuando, al alzar los ojos, se encontró con los azules, que le hablaban de amor. Killua levantó las cejas un instante, y le sonrió de forma tan coqueta que se ruborizó por causa de la cantidad de emociones contenidas en ese instante. Tuvo el impulso de cubrir su rostro con una mano, simulando tener comezón en la nariz, pero era muy tarde. Killua lo vio todo, y ahora no podía borrar su sonrisa orgullosa.

—Hay un observatorio en la parte más alta de una colina por estos rumbos, ¿han ido allá? —optó por cambiar de tema, no quería sostener esa mirada por tanto tiempo.

—No sabía que había uno —contestó, y desvió la mirada, toda esa actitud suya no era voluntaria, no era consciente de lo que hacía—, podríamos ir ¿no crees?

Eso fue sorpresivo.

—¿Crees que Alluka quiera ir a esta hora? ¿No le incomodará mi presencia?

—En realidad me refería a nosotros… —de nuevo lo hizo, sorprendió al morocho— Alluka debe estar en su cuarto, no creo que se dé cuenta si salimos tú y yo.

—De acuerdo —respondió sin dudarlo. Esta era una de esas raras oportunidades que no debía desaprovechar.

Salieron hasta la colina, la zona estaba apenas iluminada por políticas del observatorio. Por supuesto que para llegar al observatorio se requería un permiso especial, pero en los alrededores había un espacio para los turistas o estudiantes fanáticos de la astronomía. En toda esa área no había nada de luz, mas que la natural, el cielo estrellado y la luna eran todo lo que alumbraban ahí. Era un paisaje hermoso, rodeado por la naturaleza, pero el cielo en todo su esplendor era lo que más sobresalía.

—¡Es increíble! —exclamó el albino, ya se había topado con paisajes similares antes, pero siempre estaba en alguna misión o luchando por su vida, por lo que nunca se había dado el tiempo de disfrutarlo, ahora que podía, veía todo como si fuera la primera vez.

El silencio, los luceros, el viento fresco, la oscuridad, era tan perfecto que de inmediato vino a él la idea «¿será esta la señal?» se preguntó, estremecido, sentía el cosquilleo en su estómago, la emoción de encontrarse en medio de una situación romántica con la persona que deseaba. Buscó a su hermano entre la oscuridad, detrás de él, pudo ver como un par de estrellas fugaces recorrían el cielo.

—¡¿Viste eso Illumi?! Las estrellas fugaces.

Asintió y continuó.

—Son las Gemínidas.

—¿Gemínidas?

—Una lluvia de estrellas que ocurre a mediados de diciembre. Son tan brillantes que no hace falta tanta oscuridad para verlas.

—¿Has estado aquí antes?

—Sí —se dio la vuelta para tratar de ver la expresión de su hermano— en algunos otros momentos.

Aprovechó para explicarle algunas constelaciones y leyendas que creyó que al albino le interesarían. Lamentó que la oscuridad no le permitiera ver sus ojos cuando se emocionaba con las historias y todo el conocimiento que almacenaba en su mente. No terminó de hablar porque quería reservar una segunda oportunidad para llevarlo ahí en otra ocasión, bajo la excusa de que tenía más qué contarle.

—¿Quieres algo para beber? Abajo hay una cafetería, si tienes hambre podríamos cenar ahí algo.

El albino se emocionó todavía más. Esta era la clase de situaciones románticas que ansiaba ver para tomarlas por la señal lo que estaba esperando para darle el sí a su hermano. Aceptó la invitación de muy buena gana, y se dejó guiar por él. Allí abajo había un lugar bastante cómodo, no muy lleno, pero las personas que ahí estaban eran estudiantes de astronomía, lo notó por el tema complejo de sus conversaciones.

—¿Entiendes lo que ellos dicen? —preguntó el albino, casi seguro de la respuesta que recibiría.

—Algunas cosas, el ente tenía mucha experiencia en astronomía antigua, lo que ellos hablan son teorías actuales que yo desconozco. Además, lo que yo sé es más basado en magia y teología.

—Oh… —pese al vasto conocimiento que tenía, siempre lucía inconforme por ello, no parecía emocionado por los temas que conversaba— ¿no te gusta saber todo eso?

—¿Eh? No lo malinterpretes, me gusta bastante aprender, pero… siempre que recuerdo por qué lo sé, pienso en ti y me duele.

—¡No lo hagas! —estaba comenzando a perder la paciencia por los constantes arranques depresivos de su hermano, detestaba que el buen ambiente que llevaban lo guiara a un tema desagradable— tú eres tú, y él es él. Yo estoy hablando contigo, no con él y eso es todo lo que me importa, que eres tú.

Amaba a ese chiquillo brillante, cada día lo amaba más, dejando a un lado sus problemas y cargas para levantar sus brazos caídos y darle fuerzas para seguir adelante. Le sonrió agradecido, esta era la oportunidad que estaba esperando para dar su siguiente movimiento.

—Ah… —suspiró profundamente— sabes, es un poco molesto —dejó un silencio para cerciorarse que el albino lo estuviera escuchando— es como si me estuvieses dando falsas esperanzas.

Killua se ruborizó suavemente.

—Qui-quizás no son falsas… esperanzas —estaba muy nervioso por decir aquello, pero internamente rogó que la indirecta cayera sobre la cabeza del morocho.

—No lo creo —contestó con desánimo— nadie cambia de parecer de un día para otro.

Cambió el tema drásticamente, ese era su plan, frustrarlo un poco hasta que se volviera irresistible. Killua se mordió el labio, deseando refutar esa negativa. No pudo pensar en algo concreto para defender su deseo, así que se calló. Todavía no tenía el suficiente valor como para defender su deseo.

Chapter Text

HADOS 6

Sabe sólo de Amor mi pensamiento;
por él y en él lo tengo tan cambiante:
de Amor la potestad lo lleva amante,
o a loco razonar, su valimiento. —Tutti li miei penser, Dante Alighieri

—Estoy enamorado —pronunció en voz alta, esta vez con seguridad, ya no había rubor ni miedo de por medio, simple y pura sinceridad.

—¡¿Lo aceptaste al fin?! —exclamó Leorio, impresionado por la declaración tan formal por parte del albino, no era un mero sentimiento, ya era una realidad— Me sorprende… y bien, ¿qué sigue entonces?

—Se lo dije.

—¡¿Qué?!

—Bueno, no —cortó la expresión— no directamente, sólo se lo insinué —esta vez se ruborizó, recordó la frustración de esa noche— y me dijo que nadie cambia de parecer de un día a otro —se desparramó sobre el sillón, incluso repasar ese momento lo desanimaba.

—Prácticamente así fue.

—No… yo tengo bastante tiempo así…

—Pues, entonces, suena a que tratas con un muchacho bastante maduro para su edad. Que te diga eso es porque te ve con seriedad, bien podría haberse aprovechado de ese momento pero no lo hizo.

Killua sonrió, estaba feliz de escuchar algo como eso. Le daba a entender que Illumi lo estaba tratando con respeto, lo cual le hacía sentir inmensamente especial.

—Aunque dime ¿qué es exactamente lo que te llevó a darte cuenta de eso? ¿Qué es eso que te gusta tanto?

Lo pensó detenidamente, mirando hacia el techo.

—Él es… él es genial, es fuerte, inteligente y me entiende en un modo en que nadie más podría hacerlo. Me trata bastante bien, es muy detallista. Por ejemplo… a veces me pasa que, cuando voy a pagar la cuenta del hotel donde estuvimos hospedándonos Alluka y yo, descubro que él ya pagó nuestros gastos y ni siquiera me dice algo al respecto, actúa como si nunca lo hubiera hecho.

Leorio silbó sorprendido.

—Un chico rico, ¿eh?

—Sí… algo así.

—Pero se nota que te dedica tiempo, se interesa por ti y tú hermana, no muchos tipos hacen eso sin alardear al respecto o presionarte a "pagarles" de otro modo.

—¡El nunca haría eso! —sintió la necesidad de aclararlo— De hecho, pese a que sabe que podría hacer lo que quiera conmigo, no ha tomado ventaja de esa libertad. No se atreve a tocarme ni nada por el estilo.

—¿Qué quieres decir con "hacer lo que quiera"? —no hubo respuesta— bueno, quizá no se aprovecha porque es un niño, digo, dieciséis años no es una edad de mucha seguridad como para… —vio la expresión de culpa en el rostro del albino— no me digas que… no tiene dieciséis años, ¿cuántos tiene? Killua…

—Es mayor que yo.

—¿Dieciocho?, ¿veinte? ¡Killua, a esa edad se dejan llevar por sus hormonas, se sienten ya mayores de edad y quieren experimentar de todo, podría estar jugando contigo!

—¡Acabas de decir que me está tomando en serio! ¿Por qué el cambio de opinión ahora?

—¡No sabía que tenía veinte!

—¡No tiene veinte!

La conversación había evolucionado a gritos frustrados, ambos estaban bastante alterados como para hablar con decencia, pero esa expresión final marcó la pauta de nuevo terror en Leorio.

—¿Qué edad tiene? —bajó la voz, intentando intimidar al chiquillo que se cubrió el rostro con un cojín del sillón en el que se encontraba.

—Es… doce años mayor que yo…

—¡Doce!, ¡por el amor a lo que más quieras! Doce es un número enorme.

Pensó en retrospectiva, las conversaciones pasadas y se sintió mal por haber aconsejado de ese modo al muchacho; seguramente eso era lo que lo llevó a pensar de ese modo y abrir su mente para reconocer su enamoramiento.

—Podría estar casado, estar aburrido de su matrimonio y buscar algo de diversión fuera de casa.

—¡No lo está! —se quejó.

—¿Cómo lo sabes?

—Yo lo sé perfectamente —tornó los ojos.

—A lo mejor no es un matrimonio, pero puede tener un compromiso serio con alguien.

—No, yo sé con quién estoy tratando. Está soltero.

Leorio suspiró, no iba a convencerlo, ese chiquillo era muy aferrado cuando se le antojaba. Pero luego se le ocurrió que Killua no era un niño normal, no era como los demás muchachos que conoció a lo largo de su vida, era un asesino, criado como asesino, con una familia muy loca; seguramente amor, no era una de las cosas básicas que se le brindó a lo largo de su corta vida, todo lo que conocía le indicaba que su madurez mental era bastante avanzada y quizá eso explicaba que se fijara en un hombre adulto.

—Lo sé… —escuchó que el adolescente decía— sé que suena ilógico, pero ya está hecho y no puedo deshacerlo porque sí.

—Ese tipo, ¿te ha hecho algo? ¿Te ha tocado de forma indecorosa? —su instinto protector salió a la luz, preocupado por su joven amigo.

—No… ya te lo dije, no quiere ni tocarme.

—¡Que alivio!, una carga menos —suspiró.

—No vas a ayudarme, ¿cierto?

Podía verlo en la postura de Leorio; su amigo no iba a aceptar que tuviera una relación con un hombre mucho mayor que él. Justo ahora que estaba decidido a afrontarla, y quería tener un poco de apoyo moral de parte de alguien que no conocía por completo su condición.

—Killua… —el tono decepcionado lo alarmó, rechistó los dientes, debía decidir entre hacer lo correcto moralmente o cerrar los ojos y guiarlo.

«Pero conociendo a Killua, seguramente aunque yo le diga que no, él hará lo que su instinto le diga… esto podría acabar peor», y tenía razón, si no tenía apoyo, de todas maneras Killua correría detrás de Illumi y se abrazaría a él, con o sin orientación.

—De acuerdo —se desanimó—, te voy a ayudar, pero escúchame bien, me vas a decir todo, todo lo que te hace o dice, sino no hay trato ¿entendido?

Se levantó del sillón, con una gran sonrisa, y agradeció bastante que fuera así, comenzó a relatar algunos gestos y palabras que Illumi solía decir y hacer, para ver si Leorio podía deducir su relación, explicaba sin temor puesto que no era como si su amigo fuera a saber de quién hablaba; además, tratándose de Illumi, no había mucho qué contar. Salvo que era un tipo bastante inteligente.

—Sabes, en realidad, suena como si tuviera miedo de hacer algo indebido contigo. No lo culpo, yo también me sentiría así si fuera él, ¡uy! —sintió escalofríos por imaginar estar en esa posición— en ese caso sólo te queda una opción: dar tú el primer paso.

Los efectos del cansancio apenas comenzaban a pegar en su cuerpo, le dolía bastante la cabeza, el cuello y la espalda, a causa del estrés de tener que estar llevando su vida en base a lo que ese albino necesitaba. Tenía meses viajando constantemente entre sus trabajos y visitas a Killua —haciendo un gran esfuerzo por no faltar a su acuerdo— y nunca se quejaría abiertamente, pero dormir entre viajes y moverse de lugar en lugar no era para nada cómodo. Lo bueno era que por fin estaba recibiendo una recompensa gracias a su perseverancia; ver a su hermano actuar coquetamente era como rocío sobre el desierto, nada mejor que salir con él y escucharlo lanzarle indirectas.

Constantemente se preguntaba si el albino se sentía cómodo con todo lo que pasaba entre ellos; si era feliz, si no le hacía daño con su amor, y sonreía cuando recordaba esos dulces gestos que Killua solía hacer por él como ofrecerle agua o pedirle que se quedara otros quince minutos más; no podía negar que disfrutaba recibir uno de esos mensajes sin ningún propósito serio, o cómo recién ocurrió, descubrirle en medio de uno de esos gestos al acariciar su mano mientras conversaban.

Le entristecía que sólo bajo esas mágicas circunstancias su hermano le correspondiera, pero ese pesar se desvanecía cada vez que veía sus hermosos ojos, su sonrisa y esos labios delicados que rogaban por besos. La idea de que fuera su hermano menor, nunca le había parecido importante, era un detalle que sólo endulzaba sus deseos, y lo volvía más valioso, no todas las personas tenían el placer de gozar una relación tan compleja y a la vez, tan perfecta como él lo haría a lo largo de su vida. Había estado rogando durante tanto tiempo porque este día llegara, que ahora lo disfrutaría plenamente, sin detenerse, pensar ni dudar, guardaría cada instante en su memoria por siempre. Porque nada le decía que su relación sería eterna, no tenía esa esperanza, pero si podía disfrutarla aunque fuera un par de años, con eso se daría por satisfecho.

Cansado como ya estaba, optó por seguir su plan, no podía mantenerse viajando por tanto tiempo o explotaría, así que llamó a su padre para hacer lo que debió haber hecho desde que despertó del efecto de Nimrod.

—Voy a tomarme este tiempo de vacaciones —le indicó.

—Illumi, el otro día me lo dejaste muy en claro, eres el único que está trabajando ¿crees que voy a aceptar que te tomes este tiempo?

—Puedes usar a los mayordomos, papá, llevo meses haciendo esto, estoy harto, necesito una pausa.

Escuchó a su padre alejarse del teléfono y cruzar algunas palabras con las personas que estaban cerca de él.

—Y quiero cambiar mi número de teléfono.

—Espera, espera…

Su padre estaba bastante ocupado, probablemente en ese momento tenía otra reunión, pero si se ponía a indagar, lo más probable es que se arrepintiera de tomar unas vacaciones gracias a su instinto de hijo responsable. Por eso mismo se dio prisa a hablar y no darle tiempo para negociarlo.

—¡¿Cambiar tú número?! Illumi, eso ya es bastante, ¿qué ocurre?

No pasaba nada malo si cambiaba su número, para empezar, los clientes de los Zoldyck no se comunicaban directamente a sus números personales, más bien lo hacían a través de otro servicio que garantizaba la seguridad de no ser rastreados. Cambiar o no de número, no representaba en absoluto algún problema, salvo que tuviera algún contacto que no fuera a través de esos medios seguros.

—Estoy harto de que me llamen de la isla —confesó, sospechaba que su papá comprendería su postura—. Quiero un descanso de todo, de ellos.

Al parecer lo que dijo era más relevante de lo que creyó que sería, porque su padre se alejó de las personas con las que estaba sólo para responder a su petición.

—De acuerdo, cámbialo, ¿cuánto tiempo requieres? Illumi, no creas que me gusta la idea de que nos dejes con todo el trabajo, pero creo que estás comenzando a entrar en razón y esto es más importante para mí.

Se quedó anonadado, jamás consideró la posibilidad de que su padre le conociera, al decir esto, era como si reconociera que su hijo estuvo actuando fuera de sí todo ese tiempo, y que secretamente estuviera esperando el momento en que regresara a su habitual forma de ser. Era un alivio, la persona que más problemas le podía dar, no estaba siendo un estorbo en su vida.

—Un mes, tal vez sólo tres semanas, sólo lo necesario para perder un poco la pista de todos ellos…

—Bien, pero luego vendrás a casa, necesito hablar seriamente contigo, en persona.

—De acuerdo.

Colgó. Ahora quedaba hacer los pendientes que tenía en mente. Desde hace tiempo había solicitado una copia de todos los libros que requería para estudiar la carta y los cambios que afectarían a su hermano, sobre todo, aprender lo necesario para ganarse su amor. Se habían demorado debido a que eran copias que se realizaban en el momento que se solicitaban y tomaba tiempo hacerlas, ahora sabía que ya estaban listas, y podía ir por ellas. Así que primero hizo una parada en la biblioteca, reunió todo, y lo hizo llevar hasta la casa que había rentado —dentro de la misma ciudad donde Killua y Alluka se hospedaban— tenía planeado avisarle a su hermano que se quedaría ahí hasta la segunda semana, para tener un lugar decente donde recibirlo, en caso de que se diera la oportunidad de que fuera así y estaba totalmente seguro de que eso ocurriría.

Terminó bastante fastidiado, al final del día sólo se tiró a la cama y se quedó profundamente dormido. Despertó en la madrugada de un sobresalto.

«¡El mensaje!» escribió a su hermano que ya estaba en casa, que dormiría porque estaba bastante cansado, y no tardó en recibir respuesta. Un agradable:

"Dulces sueños", seguramente Killua lo había hecho sin querer y estaba avergonzado de decirlo, pero eso sólo le hacía sentir mejor y volvió a quedarse dormido. Al menos ya no tendría que pensar en vuelos, trabajo y sus asuntos personales al mismo tiempo.

A la mañana siguiente, antes de terminar de hacer el cambio de número de celular, avisó a su hermano de la novedad, luego notificó a Alluka y a Kalluto, este último gracias a la insistencia de la chica y, finalmente, tras mucho pensarlo, le escribió a Gio, una petición especial.

"Cambiaré de teléfono, te enviaré mi nuevo número, pero no quiero que me escribas sin mi autorización, estaré muy ocupado, en cuanto te diga, volveremos a estar en contacto".

Gio estuvo de acuerdo, al parecer, las cosas estaban saliendo a pedir de boca. Se alegró de que así fuera, esa podría ser una buena señal de que su suerte estaba comenzando a compensarse.

Desde el momento en que Leorio le dijo que él debía ser quien diera el primer paso sólo se la pasaba pensando en todo lo que eso implicaba. No era tan fácil, no tenía la más mínima idea de qué debía hacer, sólo que requería darle esa confianza a Illumi. Se preguntó si era buena idea dejar las indirectas y decir las cosas concretas. A veces se desesperaba y deseaba ser sincero, sin embargo, él nunca se había caracterizado por ser una persona abierta hasta ese punto, menos en cuanto a asuntos del corazón.

A su vez Alluka se rindió en conseguir su atención, su hermano siempre estaba en las nubes, y hablando de forma indirecta sobre Illumi, cosa que era absurdo porque, por más que se esforzara ella siempre descubría de lo que hablaba, a veces se lo hacía ver, y otras tantas, se quedaba en silencio, fingiendo que no comprendía sus preguntas y comentarios.

Killua recibió un mensaje del nuevo número de su hermano el mismo día que lo cambió; él sabía que era necesario que su hermano hiciera tal cosa, intuyó sus motivos, seguramente estaba evitando a la gente que el ente de Nen atrajo después de años y años de estar metiéndose en su vida.

Illumi fue a verlo el día acordado y, esta vez, para su sorpresa, Killua no lo encerró en su cuarto, lo invitó a pasar a la sala del departamento. Alluka también estaba ahí, aparentemente el albino tuvo la idea de que se reunieran los tres, lo cual significaba una buena señal de que estaba aceptando su presencia como algo cotidiano y positivo. Illumi pasó a la sala y saludó a la chica que lo observaba de pies a cabeza, como para asegurarse de que fuera en son de paz, y luego le saludó animadamente.

—Lo siento Illumi, ahora no tendremos privacidad —explicó el albino.

La risa de Alluka lo hizo darse la vuelta para pedirle que no se burlara.

—¡No fue mi culpa! —se justificó la chica, luego llamó la atención del morocho, el cual miraba atontado a su hermano— Illumi, ¿recuerdas lo que te pedí?

El muchacho la miró por un segundo y asintió en silencio.

—¡Ustedes dos y su secretismo me está matando! —se quejó Killua—, ¿te está molestando Alluka?

—¡Oye! —reclamó ella— ¿dónde está ese hermano protector que me defendía de todos?

—Estoy bien —contestó Illumi intentando no sonar muy efusivo, estaba conteniendo la risa por la escena que veía ante él. Tomó una de las sillas que quedaban libres, y se acomodó ahí, casi desplomándose.

—¿Estás bien? —Killua indagó, ese gesto en el morocho no era común. Por fin pudo verlo con atención y se percató de su estado de ánimo.

—Al fin que tengo tiempo para descansar, apenas me doy cuenta que no he parado desde que regresé.

—¿Has tenido mucho trabajo? —preguntó Alluka.

—Ha habido bastante trabajo en casa, y soy el único que está al pendiente de todo.

—Cuando dices que hay mucho trabajo, no sé si tomarlo como algo bueno o algo malo —contestó Killua, ofreciéndole un vaso con agua fría a su hermano.

—Depende del cliente.

Sí, sabía esto. Matar no era precisamente agradable, ni una actividad cotidiana que podía volverse un tema de conversación. No obstante, en algunas ocasiones, matar era un acto justiciero, y pese a que era cruel, llegaba al punto de aceptar el acto como el único medio en que podría haber balance en la sociedad.

—Nunca me tocó ir a los trabajos más difíciles, siempre me llevaban a las cosas que estaban más planeadas.

—Es bueno… —explicó— en la medida de lo posible, preferiría que no volvieras nunca más a casa —dio un sorbo a su bebida, y se quedó en silencio.

Él sabía mejor que nadie las cosas horrendas que le esperarían en su camino en el caso de que volviera. ¿Para qué tanto poder si al final lo usarían contra la misma humanidad? No le veía utilidad.

—No volveré, ni tampoco Alluka. Soy un Hunter, puedo vivir de eso.

Finalmente prefirieron cambiar el tema antes de que todo se volviera incómodo. Alluka fue la primera en hablar de las obras de teatro y arte que estaban en la ciudad; la gente extraña que rondaba por el lugar, y lo mucho que le gustaba estar ahí. Conforme la noche avanzó, la convivencia se volvió más animada, Killua no podía quitar la vista de su hermano, que poco se había animado a hablar, posiblemente porque le intimidaba la presencia de su hermana, no lo dudaba, era raro verlos a ellos dos juntos. Pero tantas miradas, sonrisitas disimuladas y sutiles indirectas entre ellos, pronto fueron captadas por la chica que de vez en cuando interrumpía esos gestos para su diversión personal.

—Bueno, la pregunta más importante es esta —habló con un tono excesivamente fuerte, y ambos dejaron otro momento más de sonreírse coquetamente—: ¿ya son novios?

—¡Alluka! —tuvo la tentación de darle un buen coscorrón a la atrevida chica.

Illumi soltó la risa, por primera vez en toda la noche.

—Todavía no me dice que sí —le contestó burlescamente, y esta vez fue Alluka quién rio.

Killua estaba rojo a más no poder, y para colmo, esta vez no vio necesario aguantar su impulso. Tomó una de las cucharas de la mesa y la arrojó sorpresivamente a la cabeza del mayor, el cual apenas alcanzó a esquivarla.

—Está bien, los dejo a solas para ver si ya te responde.

—¡Ya basta! Te las verás conmigo, ¡¿a dónde crees que vas?! —le gritó mientras veía que ella escapaba de la sala y se encerraba en su cuarto—. Esa niña… —refunfuñó mirando la puerta cerrada, luego volteó a ver a su hermano el cual todavía reía— ¡tú, no creas que te salvarás de mí! —miró amenazante a su hermano— ¿qué fue ese comentario?, ¿te parece gracioso?

—Sí —respondió sin ninguna vergüenza— sólo verte, es suficiente para que me haga gracia.

—Deja de burlarte, idiota.

—No sabía que te gustaban los eventos culturales. ¿Desde cuándo es así?

Killua detestaba que hiciera eso, que cambiara el tema cuando podía aprovechar la situación para hablar de cosas que urgían arreglar, como sus sentimientos mutuos.

—Desde hace tiempo —reprimió sus emociones, no quería reconocer que se debía a Nimrod, todavía hablar de eso era un tabú— me gusta aprender cosas nuevas.

Esa parte sí que conocía, desde que era un bebé, no había forma más eficaz para obtener su atención que mostrándole cosas nuevas para que volteara y se quedara quieto, hasta que comprendía la supuesta novedad y volviera a perder el interés.

Y mientras Illumi comenzaba a hablar sobre los interesantes puntos de vista que se aprendían en el desarrollo artístico, Killua se perdió en un pensamiento que no podía eliminar de su mente «quiero besarlo», observaba el movimiento de sus labios y recordaba el sueño que tuvo con él, ese beso de sus sueños, y lo brillante que sonaba mientras hablaba de esos temas complejos, «es tan sexy». No resistiría por más tiempo, lo más difícil había sido reconocer que estaba enamorado, besarlo era sólo algo que desde hacía más tiempo se le había antojado y, en realidad no tenía excusa, sólo lo deseaba. Entre más hablaban, más pensaba en que no era un simple antojo, era una necesidad básica. El punto culmine de su deseo desembocó cuando lo vio relamerse los labios, tenía la boca seca y pidió más agua, pero él no le escuchó, estaba perdido en su imaginación.

—¿Kil?

—Perdón —se aclaró la garganta.

—¿Podría tomar un vaso con agua?

—Sí, yo te lo traigo, espera un segundo.

Fue por el mentado vaso y dio un vistazo hacia la puerta del cuarto de Alluka, ella estaba encerrada con seguro; había puesto música, lo notó por el sonido sordo que escapaba de vez en cuando probablemente de algún vídeo que estaba viendo ahí dentro. Llevó el vaso, y esperó en silencio a que terminara de beber.

—Illumi —le llamó, no iba a dar marcha atrás ahora, de verdad estaría dispuesto a dar el siguiente paso, su corazón latía fuertemente y tuvo que controlar su temblor—, ¿podías… cerrar los ojos un momento?

Illumi tragó saliva, sabía lo que eso significaba. «Es muy pronto…», pensó. Él tenía una rutina en mente, pero no podía oponerse a la realidad, una cosa eran sus planes y otra que lograra efectuarlos.

—¿Para qué?

—¡Sólo hazlo, idiota! —con lo mucho que le costó pedirlo y este se ponía reticente. No iba a pedirlo de nuevo, esperó a que obedeciera, y lo hizo, después de mostrar su completa duda y desconfianza.

Sus manos sudaron, su estómago se revolvió, su boca se secó y se arrepintió de lo que iba a hacer, pero era la mejor oportunidad para hacerlo. Estaban a solas, y de sobra sabía que su hermano no le rechazaría. Se relamió los labios, y se aproximó hasta donde estaba el morocho sentado, no debía acercarse lentamente o leería sus intenciones, o al menos eso esperaba. Cuando estuvo a una distancia segura, cerró los ojos «aquí voy, es ahora o nunca», se apoyó sobre el respaldo de la silla y le plantó un suave beso en los labios.

Illumi se quedó sin aliento, perdió la respiración, Killua estaba besándole sin duda, ¿cuánto esfuerzo le costó hacerlo? Seguramente bastante. Hacía falta mucha determinación y seguridad para hacer algo de esa magnitud, pero adorable o no, estaba mal, era una de esas acciones que el albino se arrepentiría más adelante, cuando el efecto de la carta pasara; se preguntaría en qué maldito mundo se imaginó que besar a su hermano era una idea maravillosa. Y no, no pensaba arriesgar a perderlo sólo por una acción tan ambigua como esa. Con todo el dolor de su corazón, colocó una mano en su hombro, respondiendo el beso con la misma suavidad que el pequeño lo había hecho, y luego, despacio lo apartó de él.

—Kil… —susurró, con el corazón en la garganta, todavía podía percibir el calor de sus labios contra los suyos. Deseaba estrecharlo contra su pecho y besarle apasionadamente, pero lo guardó, ya habría tiempo para hacerlo— ¿qué… qué se supone que haces?

Aniki yo, pues —era ridículo que preguntara algo como eso, cuando era evidente lo que acababa de hacer— no quiero que creas que no… mmm…

—No juegues conmigo —apretó su mano, trasmitiéndole su miedo— no puedes hacer esto y esperar que no desee más.

—Pero tú sabes que puedes…

—No, no así, ya te lo he dicho. No es algo que se me antoje y ya, no Kil. Por lo que más quieras, no juegues conmigo, con esto que siento por ti.

—No lo hago, Illumi —quería confesarse, pero aparentemente era más difícil decir en voz alta lo que sentía que besarlo— yo también lo deseo —y al final terminó murmurando, no controlando su vergüenza.

Hubo un silencio incómodo prolongado. Pese a que fue planeado, el morocho no tenía idea de qué era lo mejor que podía hacer bajo esas circunstancias.

—Creo que es mejor que me vaya… —miró la tristeza en los ojos del albino y se sintió conmovido.

—No —rogó—. Yo, no sé cómo decir esto, Illumi.

Illumi no podía hacer como si no hubiera visto nada, ni pretender que no lo escuchaba, se quedó quieto, al fin era más débil de lo que creía.

—Kil, no puedo hacer dos papeles al mismo tiempo. Si soy tu hermano, entonces debo actuar como tal, no debo tocarte, ni hacer nada indebido, nada impropio de un hermano mayor; si soy tu novio, entonces, puedo admitirlo. No soportaría jugar el papel de un "hermano especial", y esperar el momento en que tenga que compartirte con alguien más, que llegue el día en que aparezca ese alguien especial para ti y yo tenga que conformarme con las migajas de lo que me ofreces. No, preferiría morir. Sé que me pediste vivir, que esto y que todo lo que ocurre ahora en mi vida, es tu deseo, pero… tengo límites.

Abrió sus ojos con impresión, ahora comprendía el verdadero origen del problema entre ambos. Miró al suelo, evaluando la situación, buscando una respuesta en su interior. La pregunta que Leorio le había hecho antes volvió a su mente, y se decidió como nunca antes a dar ese paso que hacía falta.

—Yo…

—No necesitas decir algo sobre esto, me quedaré hasta tarde, pero cambiemos de tema ¿de acuerdo?

—Pero…

—Ahora no, prometo que luego hablaremos esto, pero —miró abajo, apenado— mis piernas tiemblan, me siento como un chiquillo de catorce años haciendo algo tonto.

—¡Oye! —le reclamó— yo tengo catorce años.

—Por eso lo digo —aprovechó la cercanía para despeinar sus cabellos.

—Ya, ya —apartó su mano.

—Te prometo que otro día hablaremos con tranquilidad, no hoy, Alluka debe estar en su cuarto y puede que escuche algo comprometedor, preferiría esperar.

—¿Cuándo? —no era tonto, pondría presión para que cumpliera su palabra.

—La próxima vez que venga.

Y tal como dijo, hizo un cambio de conversación y aunque ese ambiente tenso se quedó por el resto de la velada, no era tan pesado como inicialmente lo fue, más bien era como una ansiosa espera a que el tiempo pasara más aprisa y les otorgara la oportunidad de aclarar las cosas y decidir todo de una vez.

—Hice algo estúpido —confesó el peliblanco, apenado.

—Puedo imaginar cientos de cosas, pero si nada de eso tiene que ver con sexo, no creo que sea tonto.

Lo miró incrédulo, ¿cómo podía decir algo como eso tan a la ligera?

—¿Recuerdas que tengo catorce años, cierto?

La carcajada escandalosa de su amigo le intimidó.

—Tranquilo, sé que no fue nada de eso.

—¡Cállate!

Leorio era más difícil de comprender cuando tomaba las cosas a broma, además no le gusta que se dirigiera a él de ese modo tan grotesco.

—Bueno, ¿me dirás qué hiciste? Recuerda que acordamos que me contarías todo —sacó de entre sus bolsillos un cigarrillo—. ¿Te molesta si fumo?

El albino negó con la cabeza y el mayor procedió a encender su cigarrillo. Killua se recostó en el sillón, por alguna razón encontraba más sencillo hablar de sus asuntos personales en esa posición que cuando estaba sentado.

—Lo besé.

Escuchó cómo casi se atraganta el aspirante a médico, y se cubrió el rostro con un cojín, detestaba haber llegado tan lejos, y todo para que su hermano lo rechazara de ese modo tan penoso.

—Perdón, perdón —tosió un poco más—.Yo nunca imaginé que tomarías eso de dar el primer paso tan a pecho.

—¡¿Qué querías que hiciera?!

—Preguntarle si aún sentía eso por ti, hacerlo hablar del tema —se dispuso a ir en busca de una lata de cerveza, era bastante insano hacer esas cosas, pero ese chiquillo siempre lo hacía sentir con el deseo de estar en un estado de estupor para poder escucharle sin alarmarse tanto.

—Pues ya lo hice, ya ni modo.

—¿Y bien?, ¿qué pasó después?

—Me rechazó —se hundió todavía más entre los cojines.

—¡¿Qué?! —ahora se ahogó con su cerveza, vaya que pasaba por su propio drama privado.

—Creyó que yo quería jugar con sus sentimientos, y no quiso hablar del tema. Me dijo que cuando nos volviéramos a ver, lo hablaríamos.

—A ver, no, espera… no —se quedó pensativo.

Un chico de veintiséis años, al cual de inicio juzgó como un aprovechado, un pedófilo en busca de un chico fácil que pudiese usar, estaba actuando como un tipo racional. Bueno, con la descripción que su amigo daba sobre él, parecía un gran tipo, respetuoso, educado y con un instinto protector que sobresalía cada vez más.

—¿Por qué pensó eso? ¿Le diste algún motivo para creer que…? Ah ya veo.

—¿Qué cosa? —se descubrió el rostro para cerciorarse de lo que captó. Leorio parecía tener una respuesta.

—Verás, él es un hombre adulto, ya con una vida hecha. Una relación de secundaria no va con él, quiere algo serio, eso explica por qué se da tanto espacio contigo.

Encajaba bastante con la descripción. Illumi le había dicho que no soportaría eso de jugar doble papel a la vez; quería ser su novio, y no uno cualquiera, sino uno serio. Una relación con un largo camino por delante. Era tonto pensar que el albino podía verlo como un entretenimiento temporal, eso no era propio de él, menos si se iba a involucrar con su hermano. Para atreverse a hacer algo como eso debía tener toda la determinación del mundo sobre sus hombros, estaba arriesgando algo más que sólo su relación, sus vidas podían ponerse en riesgo si sus padres llegaban a enterarse.

—No voy de juego —remarcó—, es imposible que yo haga algo como eso con él.

—Espera un poco Killua. Tienes apenas catorce años, no puedes tomar una decisión tan seria sin saber lo que te espera a futuro.

—Sí puedo ¿qué me impide a hacerlo?

—Que eres un niño —levantó el dedo índice—. No creo que aguantes una relación formal si nunca antes tuviste otra relación, mucho menos con un hombre mayor.

«Y mi hermano», añadió mentalmente, pero no podía evitarlo, sus cualidades no eran algo que encontraría en nadie más. Una persona que lo comprendía en muchos sentidos, que siempre daría la cara por él, y lo trataría con dignidad, que no batallaría porque su madurez mental no era la de un crío que se echaría a llorar por cualquier cosa. Tantas cosas positivas que encontraba, que negarse a tener algo con él era como arruinar su propio destino.

—Pero yo ya lo decidí.

Exhaló, no le podía debatir a un muchachito que ya se había aferrado a su decisión. Además, si lo rechazaba corría el peligro de dejarlo a la deriva con un hombre que en cualquier momento podría mostrar una cara de maldad de la cual su amigo no saldría bien librado. Prefería estar ahí cerca, protegiéndolo a su modo, que refutar y decirle que estaba mal, para que no confiara en él y no le pidiera ayuda el día en que lo necesitara de verdad.

—De acuerdo, entonces, díselo. Escúchame bien, se lo vas a decir, y vas a llegar a un acuerdo con él. No a besarlo ¿entiendes?

—¿Qué acuerdo?, ¿para qué llegaría a un acuerdo?

—Cuando inicias una relación, se debe llegar a un acuerdo de lo que está correcto y… —se quedó callado, recordó apenas que Killua era un chico sin experiencia en el área, no podía saber lo que era aceptable y lo que pelearía en caso de que se cruzaran sus límites de tolerancia— Verás, hay cosas que debes estar dispuesto a tolerar y cosas que, sin importar lo que ocurra, rechazarás. Por ejemplo, apuesto que no aceptarías una infidelidad ¿verdad?

—Claro que no, nadie toleraría eso.

—Así debe haber más detalles, reglas que debes poner. Como que él debe entender que tu hermana va en primer lugar, o que Gon es tu amigo y él debe aceptarlo.

—¡Esas cosas son lógicas!

—No siempre, Killua, créeme que no siempre. Piensa en esas cosas, y cuando vayas a hablar con él, díselas. Recuerda. Nada de besarlo.

Enrojeció de nuevo y se cubrió el rostro ¿cuánto ridículo más debía hacer antes de tener una consecuencia positiva?

Entendía ahora que tenía tiempo libre de sobra para estudiar todos los libros que le faltaban para comprender a su hermano, los cambios que tendría y la relación que era más conveniente mantener para que, al término del efecto, cayera rendido a sus pies, o quizá no a ese extremo, pero que no le dejara sólo por una nimiedad. Necesitaba que se comprometiera seriamente en su relación, un mal paso, una libertad inapropiada sólo arruinaría sus oportunidades. Entonces recordaba esos labios, el cálido beso que recibió mientras cerraba los ojos, sabía que eso ocurriría y no lo evadió, no pudo, lo deseaba tanto como el mismo Killua, quizá más.

Leyó la siguiente línea de su libro; pensó en sus labios, repasó en el calor que procedía de ellos, de su blanca piel; salió de sus pensamientos, y leyó todo el párrafo; regresó a ese instante, a la sensación de sus labios contra los suyos, el sutil movimiento que hizo por sólo dos segundos que duró el beso, la mano apoyada en el respaldo, como apresándole para que no escapara; se regañó, no era momento de fantasear. Terminó de comprender la página, y de nuevo la imagen estaba ahí. Extrañaba tanto esos labios, ansiaba besarlos una vez más. Aunque fuera sólo por dos segundos más.

«Ya lo haré luego, y no serán sólo dos segundos» se dio aliento para seguir con su lectura, y entre más leía más fantaseaba con todo lo que quería hacer, las páginas ahí sólo lo alentaban a crear escenarios fantásticos donde ellos dos eran los protagonistas.

Cuando llegó a los temas del erotismo, se rindió; imaginar a Killua bajo su cuerpo, disfrutando y pidiendo por más, superaba toda su capacidad de concentración. Sólo le preocupaba una cosa ¿cuánto tiempo más resistiría? ¿Sería lo suficiente como para llegar y cumplir sus metas? Por el bien de su hermano y su futuro juntos, más valía que sí.

Para la siguiente visita, habían acordado con Alluka que irían al observatorio por la noche a ver las estrellas. Lo habían hablado como si nunca antes hubieran ido allí y que sería la primera vez que iban juntos, Killua no quería que ella supiera que habían salido a solas o si no, las bromas de Alluka no tendrían fin. Cada día esa chica se volvía más abierta, lo cual hacía muy feliz al albino que deseaba que ella fuera al fin libre, y pudiera ser ella misma sin ningún tapujo.

Se fueron poco antes de que oscureciera porque no querían que la chica tropezara en el camino, y llegaron a la cafetería del otro día, donde esperaron a que fuera una buena hora para terminar el recorrido. Alluka estaba por demás ansiosa, aunque en la montaña el cielo podía verse tan claro como en esos lugares, ella pasó demasiado tiempo encerrada como para disfrutarlo, y en sus viajes no reparó en estos detalles. Killua la llenó de muchas expectativas antes de llegar, contándole lo maravilloso que era observar el cielo estrellado, y asegurándole que Illumi sabía muchas cosas interesantes al respecto, que podría compartirles.

Así que al llegar a la zona, oscura y fresca, escuchar las historias mientras observaba las constelaciones, las formaciones y mitos era increíble, emocionante. No dejaba de hacer pregunta tras pregunta, hambrienta por aprender más, Killua reía porque algunas de sus preguntas no tenían sentido y terminaban haciendo bromas sobre eso. Lo único que lamentaban era que, por la oscuridad, no podían dirigirse esas miradas cómplices, justo cuando hablarían del delicado tema que Illumi prometió que harían. Secretamente Killua deseaba que volvieran pronto al departamento, pero con la chica tan contenta, era imposible.

Sin darse cuenta, entre bromas e historias, se hizo muy de noche. La pequeña logró convencerlos de que se tiraran al pasto y quedaran ahí recostados observando más la luna, algunas estrellas fugaces y a unas débiles nubes que se movían a gran velocidad por el cielo estrellado. En un punto, entre movimientos, sus manos chocaron; Killua sintió escalofríos, recordó que todavía una conversación los aguardaba y aprovechó para acercar de nuevo su mano hasta la de su hermano, tocándola disimuladamente. Ante esto Illumi siguió fingiendo que no se daba cuenta y levantó su mano, sólo para acercarla más y enredar sus dedos entre los del menor. Killua quedó en silencio, no se atrevió a mover su mano para corresponderle, no quería que sus emociones le traicionaran y asustara al morocho.

Llegó un punto en que era la voz de Illumi la que sólo se escuchaba, hablando despacio, sin prisa por terminar.

—No conocía la leyenda del conejo en la luna, vaya que tenían imaginación —finalizó Killua, todavía sosteniendo la mano de Illumi, emocionado por sentir su calor— ¿tú qué opinas, Alluka?

Pero la niña no respondió, Killua se asustó un momento y se sentó para verla a través de la luz lunar, estaba dormida. Seguramente no resistió más, vio la hora de su celular.

—¡Ya es la una de la mañana!

—Deberíamos irnos, está haciendo frío.

Illumi se arrodilló y cargó a la chica en sus brazos. Killua se levantó sacudiéndose la espalda y los pantalones. Caminaron en silencio hasta el departamento y al llegar, dejaron a la pequeña en su alcoba, para luego dirigirse al cuarto del albino.

—¡Eso fue divertido! —expresó, y se arrojó a la cama, acostándose boca-arriba, Illumi le hizo segunda, acostándose a su lado, la verdad era que tenía ganas de dormir, pero seguramente Killua lo presionaría a no marcharse tan rápidamente, no cuando tenían una conversación pendiente.

—Tal vez podríamos hacerlo de nuevo.

—Sabes, si me hubieran dicho que Alluka y tú tendrían una relación más cordial, hubiera creído que me mentían, pero viéndolo, hasta parece natural.

—Es gracias a ti —aclaró—. Ella todavía se siente incomodidad cuando estoy cerca, pero se aguanta por ti, y yo… bueno, en realidad, sólo me interesas tú.

—Si lo dices así, pierde todo el encanto —soltó una risita. Se dio la vuelta para ver al morocho, recostándose en su costado izquierdo—. No importa, yo creo que no le desagradas tanto como tú crees.

Sonrió de lado, tal vez Killua no se daba cuenta de lo mucho que Alluka presionaba para forzarlo a hablar, cuando no tenía deseos de involucrarse más profundamente con alguien que no fuera el albino. Ella era bastante astuta, más de lo que él creyó que era, pero no podía discutir con ella, era consciente de lo valioso que era contar con su ayuda y lo agradecía. Haría un esfuerzo por llevarse bien con la chica, así le costara un tanto su dignidad.

—Tal vez tienes razón —quiso girarse para ver al albino y se encontró con su rostro, que estaba a sólo un par de centímetros del suyo—. Kil… —susurró, tanto tiempo fantaseando con tenerlo cerca que cuando por fin lo tuvo, ya no pudo hacer nada por luchar contra sus instintos— lo siento, sé que dije que no lo haría, pero… estás… muy cerca.

Lo tomó del mentón y lo besó, con toda la delicadeza y lentitud que pudo. Moviendo sus labios solamente, paseándolos por sobre los del menor, que al darse cuenta de la situación, no se hizo de rogar y correspondió al beso. Era mejor de lo que imaginaba, incluso sintió como su temperatura corporal se incrementaba entre más pasaba el tiempo, y reaccionó. No debía besarlo, no eran nada, más que hermanos y eso Killua podría malinterpretarlo a futuro, no tomarlo con seriedad, pero no podía separarse, no tenía fuerzas para hacerlo.

Prácticamente hizo un sacrificio por mover la mano que todavía sostenía el mentón del menor para colocarla sobre sus labios, impidiendo más contacto.

—Lo siento —tomó aire y volvió a girarse para mirar el techo, apenado—. Será mejor que me vaya.

—No —Killua le quitó la mano que cubría su boca y la apretó para que entendiera que no lo dejaría ir— Illumi yo quiero esto, no hiciste nada malo.

—Ya te lo expliqué, no puedo jugar dos papeles. Está mal que lo haga, Killua, deberías reclamarme por invadir tu espacio.

—Ya te dije que no, yo quiero esto y… no tienes que jugar dos papeles —se dio la vuelta, tentado a tapar su rostro como cuando hablaba con Leorio—. Yo sí quiero…

—Ni siquiera puedes pronunciarlo, y dices que lo quieres.

—Sí quiero que seamos… —se ruborizó— n…

—No lo digas, detente —volvió a colocar su mano sobre la boca del menor y se dio la vuelta para encararlo—. No puedes decir esto tan fácilmente, las cosas no son tan sencillas como esto, no pueden ser tan simples. Kil, yo llevo años enamorado de ti, ¿sí? yo sí estoy seguro de que esto es lo que quiero, no puedo aceptar que de un día a otro decidas esto como si fuera tan fácil.

Volvió a apartar su mano, con violencia.

—No soy tonto, aniki, sé lo que digo, no es algo que pensé hace unos segundos —vio que iba a refutar—. ¡Ni días! No fue tan fácil como crees.

—Kil, piensa bien las cosas.

—Ya lo hice.

—No. No es así —y levantó su mano para indicarle que no le interrumpiera—. Yo tengo una entidad oscura, una vez que digas que sí, no podrás retractarte nunca, o por lo menos, hasta que la eliminemos de mi cuerpo, no puedes decir que sí y mañana cambiar de parecer porque entonces me destrozarás para siempre ¿lo entiendes? No es un juego, no puedes jugar conmigo Kil, no lo hagas, por favor.

Killua lo recordó, los temores de Illumi tenían fundamentos reales, y era impresionante ver que pensó en ellos todo este tiempo, más allá de complacer sus propios deseos. Esto incrementó considerablemente su respeto y admiración por él, debía amarlo de verdad como para no sucumbir ante las tentaciones que él mismo le ponía en bandeja de plata. Ahora más que nunca quería responderle que sí, no tenía duda alguna de que esto era justo lo que deseaba para él.

Illumi acarició su mejilla con ternura, conteniendo sus deseos de besarle otra vez.

—No digas nada, no está noche, no mañana, ni pasado mañana. Piénsalo, no me respondas hasta que no tengas duda alguna de que esto es lo que quieres —acarició sus cabellos— quiero que lo imagines como un futuro largo, como si nunca pudiéramos eliminar el ente de Nen de mi cuerpo. Si estás dispuesto a correr ese riesgo, tomaré tu respuesta con todo gusto.

Se quedó en silencio, pese a que quería gritar que sí, y no lo hizo porque deseaba demostrarle que lo tomaba en serio, fingiría que lo pensó más y le respondería que sí, no importaba si debía esperar un poco más, el resultado sería el mismo. Illumi se quedó tan sólo una hora más, porque el menor no lo dejaba partir, y se despidió besando su frente con devoción. Killua apenas pudo dormir de la emoción, repasando una y otra vez ese cálido beso, quería otro, más, muchos otros tantos hasta que sus labios dejaran de sentir. En sueños repitió la escena, y entre más lo pensaba, más quería volverla real.

—Haz caso, te dio un buen consejo, y lo sabes —alegó Leorio tras escuchar la historia resumida de boca del menor.

—No hay nada qué pensar, ya sé lo que quiero. Sólo quiero saber, ¿cómo lo convenzo? ¿Qué tengo que ir hasta su casa para que vea que ya tomé mi decisión? —esta vez no estaba recostado, ahora caminaba en círculos alrededor de la casa, ansiosamente.

Leorio se había cansado de perseguirlo con la vista y había optado por sentarse junto a la mesa a tomar una cerveza.

—No seas exagerado. Sólo piénsalo bien ¿no te has dado cuenta de la posición en la que estás, cierto?

Dejó de caminar, con las manos en la nuca, se recargó en la pared, intrigado por lo siguiente que diría.

—No lo sabes… —se respondió al ver esa reacción— él tiene veintiséis años, no busca una relación ocasional, ya te lo dije. Debes pensar esta relación a futuro, como si te fueras a casar con él dentro de diez años ¿me entiendes?

—¡¿Casar?! —gritó, diría que se puso azul del terror que le causó esa palabra, definitivamente esto no era algo que podía visualizar, pero tampoco la desecharía porque bien podía ser un deseo de su hermano a futuro, un muy, muy lejano futuro que todavía estaba por verse.

—Es en serio, Killua. Si no lo pensaste antes, quizá no es buena idea que te involucres —pese a que ya no expresaba su desagrado, no quería decir que estuviera de acuerdo con que su joven amigo se involucrara con un hombre mayor que él, menos sin tener experiencias previas que le ayudaran a guiarse por sí mismo en los peores momentos—. Él puede que sólo busque una relación así, o nada.

—L-lo sé —se acomodó la ropa y caminó hasta el sofá para echarse sobre él—. Creo que podría pensarlo un poco…

Kalluto recibía los mensajes constantes de parte de Alluka con todas las novedades entre sus hermanos, la relación que tanto temían estaba avanzando lentamente. Agradecía que Illumi fuera un hombre tan considerado y le diera espacio a Killua antes de hacer un movimiento brusco con él. Alluka era una gran espía, a un grado que jamás imaginó que lo sería, disimulaba bastante bien y tenía ese instinto natural de un Zoldyck para perseguir a sus presas sin ser notada.

«Zoldyck, después de todo» pensaba con ironía. Hasta ahora sabía que Illumi le había propuesto la relación, pero dejando en claro que no lo tomaría como su hermano una vez que aceptara, eso significaba una cosa, que el mayor lo apartaría de todos, protegería esa relación a como diera lugar, sin importar que le quitaran la entidad o no. Al menos esperaba que, para ese momento, Killua fuera quien diera por terminado todo.

Kalluto tenía un dilema constante, no quería que ellos dos estuvieran juntos por nada del mundo, pero tampoco quería verlos sufrir, tal como siempre se lo decía a su hermana. Prefería que estuvieran así, a que pasaran por más angustia derivada de sus problemas. No los podía culpar por sus necesidades. Quería que ambos tuvieran justicia, pero por el momento le había tocado un papel como observador.

Descubrió que Chrollo tenía un interés muy fuerte en su hermano mayor, y que el tipo pelirrojo que antes había visto con Illumi —cuando todavía estaba bajo la posesión del espíritu— también estaba tras él, y tras el líder de las arañas. Así que no podía estar de ocioso jugando con las arañas. Gran parte del tiempo se la pasaba ocultando a su hermano con mentiras bien hechas, protegiéndolo de esos dos hombres que lo acechaban. Con el pelirrojo era más sencillo porque casi nunca lo veía, salvo en pequeños momentos en que lograba dar con él, y eran momentos muy cortos debido a que Chrollo lo protegía; mientras que con Chrollo estaba siempre a la defensiva, sospechaba que el hombre ya conocía sus intenciones pero que le estaba dando oportunidades para que terminara por hablar. Era un rehén, eso era ahora, no un miembro más de la araña, y mientras no hiciera nada brusco, no usarían la violencia en su contra. Solo imploraba que sus planes resultaran bien y que un día, pudiera cobrar todos los favores hechos. Desconocía cuánto tiempo más aguantaría antes de que Illumi consiguiera su objetivo y ocultara a su hermano de los peligros en los que lo metería.

Alluka, por otro lado, veía las cosas con una perspectiva diferente. La forma en que Illumi trató a su hermano esa noche, le había agradado, de hecho, ya no lo consideraba tan insoportable; de vez en cuando le gustaba escuchar las cosas tan maravillosas que compartía con Killua, y la noche en que fueron a ver las estrellas comprendió mejor su compleja personalidad cargada de información, conocimientos profundos y sentimientos encontrados. Killua apreciaba sus características con vehemencia, mientras que ella lo veía como algo digno de admiración y respeto, pero no al grado en que pudiera enamorarse, no, definitivamente ella jamás podría desarrollar algo así hacia un miembro de su familia. Hasta ahora, lo mejor que había logrado hacer era visualizar a Illumi, cuando estaba con Killua, como un hombre más, con sentimientos por Killua y reconocía que era sincero en sus emociones. Mientras lo tratara con respeto, se conformaría.

Todo lo que veía en él lo compartía con Kalluto. Le explicó que Illumi no tocaba al albino, que platicaban mucho hasta la madrugada, de diferentes temas, y que hasta ahora, sólo había ocurrido un suceso desagradable, sí, ella se percató del momento en que Killua besó a Illumi, no lo había visto, pero el silencio que hubo en la sala era suficiente señal para saber que algo extraño había ocurrido. Intentó escuchar, pero al final se dio cuenta que los muchachos habían cambiado de tema. Después de eso, ya no pudo verlos a ambos sólo como un par de hermanos, lo estuvo meditando tanto hasta que concluyó que debía respetar su decisión.

Illumi era mejor tipo de lo que creía, lo reconoció cuando no se aprovechó de su privacidad, sino que le hacía meditar sus acciones. Por eso, la noche que salió junto con ellos, los dejó estar juntos, ya no espió más, confiaba en que el morocho no lo lastimaría y se quedó profundamente dormida. Se lo platicó a Kalluto para hacerle ver que ya podían descansar. No tenían nada que temer, y aunque al inicio Kalluto fue reticente, al final, aceptó que las cosas siguieran su curso. Lo hizo cuando escuchó "Killua es feliz". Su única preocupación y objetivo final era ese, que su hermano mayor, el cual había pasado por grandes penas, tuviera al menos un poco de paz en su vida. Entonces se animó a poner más empeño, darle a Illumi tiempo para estar a solas con su hermano y arreglar de una vez por todas las cosas entre ellos dos.

Chrollo se había comunicado con Kalluto directamente un par de ocasiones, y se había encontrado con él, sólo una vez, y en cada ocasión su única motivación había sido el saber sobre Illumi. No era directo al hablar, daba rodeos, indagaba entre líneas y el menor de los Zoldyck no era nada tonto, sabía que ocurría algo de por medio. Lo peor no era eso, el problema principal era que todo hasta ahora lo había podido controlar gracias a un tercer factor: Hisoka. El pelirrojo hacía que esconder a Illumi fuera más sencillo, porque aparecía constantemente, dando vueltas sobre Chrollo, que no hacía otra cosa más que huir de él. En algún punto se preguntó por qué Chrollo se escondía, luego descubrió que el líder de las arañas guardaba cierto recelo hacia las habilidades del pelirrojo y se encontraba preparando un plan especial para resolver ese asunto. Lo malo de vivir así era que dependían bastante del humor del falso mago, si un día él se hartaba de estar de cacería, todo se vendría abajo para el pequeño Zoldyck.

Tras conocer que Killua estaba estable, se alegró tanto que decidió que era momento de tomar cartas en el asunto y dejar de depender de Hisoka para mantener oculto a su hermano, se dedicó prácticamente a examinar todas las herramientas de las que disponía para planear algo nuevo en caso de emergencia y mientras tanto, mantuvo la esperanza de seguir recibiendo buenas noticias.

—¿Qué diablos se supone que estás haciendo? —escuchó el grito de su hermana tras el teléfono, se distanció del aparato por la impresión de recibir un grito como primera reacción— Killua lleva días en histeria, días, no duerme, no come, no habla, dice puras tonterías con respecto a ti y cree que yo no entiendo sus indirectas. Esto no puede seguir así, Illumi, ya ten tu dichosa relación con él. Hazlo ya, o te las verás conmigo.

Habían sido varios largos días desde que le había pedido al albino que se tomara el tiempo para pensar en su respuesta y no le había dado oportunidad de sacar sus sentimientos, por más oportunidades que hubiesen durante su convivencia.

Illumi se quedó en silencio, pensando en las palabras de la chica, en cierto modo él notaba esos desordenes en el menor, como si estuviera en las nubes y cuando iba a verlo siempre le sonreía actuaba natural, pero siempre tenía esa necesidad de volver a hablar de su hambre romántica y él, como buen galán, fingía no entender lo que decía dado que todo lo que el albino decía eran indirectas así que era opcional el entender o no lo que decía.

—Alluka —sin embargo, tenía conflicto sobre lo que su hermana decía— esto no tiene nada que ver contigo.

—¡Claro que sí! Tiene que ver conmigo, con Kalluto, con papá, con mamá, con todo aquel que quiera meterse y sea miembro de ésta familia —le reprochó, y él estuvo tentado a refutar—. No estamos hablando de una relación entre tú y algún fulano de la calle, o Killua y alguna otra persona. Les guste o no, son nuestros hermanos, esta relación no es normal, así que tengo derecho de opinar.

Su mano tembló, detestaba recordar eso. La realidad era terrible, no quería pensar en la idea de que estaba involucrándose románticamente con su hermano menor, prefería pensar en él como algo más, como si fuera la reencarnación de alguien que en otra vida fue su pareja sentimental y que en esta vida tuvieron la desgracia de nacer como hermanos, eso lo tranquilizaba más, no la realidad. Menos cuando se lo presentaba una chica de trece años con una mentalidad más o menos madura y que sabía perfectamente como exponer sus ideas.

—Necesito tiempo Alluka, él tiene que saber que no puede tener una relación normal conmigo. Necesito que él esté listo.

—¡Él ya está listo! Eres tú el que no lo está y por eso da largas y largas. No puedes hacerlo esperar más, yo no soportaré verlo así, Illumi ¡No come ni duerme! ¿Crees que eso no es mucho problema? Haz lo que quieras Illumi, pero si él sufre, te las verás conmigo.

—Sólo necesito diez días.

—Ya dije, si Killua sigue así, no tendré piedad —colgó.

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HADOS

Capítulo 7

Illumi sabía que estaba jugando con fuego al postergar por tanto tiempo su relación. Su cuerpo ya no tenía la misma energía que cuando despertó; haciendo cálculos creía soportar exactamente diez días más antes de requerir atenciones más íntimas por parte del albino. Si su hermano le daba cierto permiso sobre él, sin llegar al sexo, podría mantenerse bajo control aproximadamente por dos meses, y luego, invariablemente necesitaría de sexo. Él no quería hacer nada de esto hasta que fuera estrictamente necesario, y planeaba no pedírselo a su hermano hasta que supiera que estaba cruzando los límites de su capacidad. Mientras tanto haría lo poco que tendría permitido.

Si le pidió los diez días completos a Alluka era porque era su límite, y no abusaría de su libertad sólo por tenerla. Se dio cuenta de que su deseo estaba llamando oscuramente a Nimrod cuando no pudo resistir su impulso por besar a su hermano. Ese día confirmó sus miedos, ya se estaba volviendo una ansiedad terrible; cada vez su cuerpo le pedía más proximidad, más contacto. Al menos ya tenía un plan sobre cómo le pediría al albino que avanzaran.

Killua la pasaba de nuevo mal, pero no porque Illumi fuera malo con él; la carta le estaba afectando profundamente, su sentir era comparable al deseo de su hermano por él cuando este fue incrementando a medidas estratosféricas. Veía a Illumi y no podía dejar de imaginar besarlo, sonreía estúpidamente por recordar los días pasados junto a él, y deseaba más, mucho más, quería sentir más cercanía entre ambos, y que le hablara de amor; no podía resistirlo y a veces era tan fuerte su necesidad que sin pensarlo, usaba cualquier excusa para que sus manos o sus pies rozaran el uno con el otro.

No podía dormir bien porque sólo pensaba en lo muy frustrante que era gustar tanto de alguien que no le permitía cruzar esas líneas por más que ambos quisieran, por sólo creer que no estaba listo. Creía que se veían como un par de tontos, deseándose mutuamente, sin darse satisfacción, era simple y sencillamente ridículo. Extrañaba mucho su presencia cuando no estaba, y Alluka no le ayudaba mucho a no pensar en él, siempre sacaba temas que le recordaban al morocho, haciendo bromas sobre su relación, comentarios inapropiados que sólo le hacían desear un poco más de cercanía. Los mensajes nocturnos de Illumi le provocaban ansiedad porque le recordaban que todavía no podía darle el tan ansiado "sí". Seis larguísimos días que ya no quería aguantar, prácticamente estaba dispuesto a lanzarse sobre él y forzarlo a tocarle si es que Illumi se negaba otra vez a hablar del tema.

Leorio le había dicho que tuviera paciencia, y siempre se lo repetía, que no había necesidad de estresarse ya que prácticamente tenía un sí. Solía recordarle que era un hombre mayor, que no era cualquier cosa iniciar una relación y que el tiempo que le pedía era una buena señal de respeto. Empero el efecto de la carta ya no le permitía ver que tenía razón y empeoró más cuando supo que Illumi estaba de vacaciones, que ahora tenía un departamento en la misma ciudad donde estaban, es decir, podía ir a verle todos los días, pero no lo hacía, sólo se habían visto dos veces porque el mayor insistía en verlo sólo en sus días de ley. El resto del día se preguntaba qué tanto hacía.

Por eso, cuando llegó otro de esos sagrados días de visita, se preparó con todo lo mejor que pudo, comió, durmió bien por órdenes de Alluka, quien le amenazó con interrumpir en su reunión privada si no lo hacía y no quería perder esas sagradas horas de compañía. Mucho menos ese día, justo cuando planeaba poner su último esfuerzo.

Illumi llegó con su porte galán, su aire de seguridad infinita y su sonrisa que tanto le hacía volverse como de gelatina. Tragó saliva, ¿cómo le diría todo lo que deseaba si no podía ni pararse apropiadamente delante de él?

—Kil —le saludó— tenía muchas ganas de verte hoy, creo que llegué demasiado temprano, lo siento.

—No te preocupes, sabes que está bien.

Y sin saber cómo, terminaba enredado en otra de esas emocionantes conversaciones con él, debatiendo sobre cuestiones morales e históricas; ahora que ya no era un completo ignorante, y estudiaba por decisión propia, se daba el lujo de dar una opinión bien pensada. Illumi siempre sacaba un tema nuevo que le demostraba que todavía quedaba mucho por aprender. Adoraba que él fuera tan espléndido; sólo quería caer entre sus brazos y dejarse mimar.

De una manera brillante, Killua había planeado toda esa conversación, la forma en la que habían estado hablando esa noche llevaba un ritmo dirigido por él; todo con tal de llevar las cosas un punto especial. Estaban dentro de su habitación, Illumi se encontraba sentado sobre su cama, mientras que él estaba de pie, junto a la ventana; estaba ahí a propósito porque Illumi tenía la tendencia de ir a asomarse para señalar algún detalle en el cielo. Desde que le había mostrado interés sobre los asuntos de la astrología, Illumi, de vez en cuando, aprovechaba ciertas horas para ir junto a la ventana y decir lo siguiente que debía mirar.

—Ese es el arcoíris lunar —y esta era una de esas ocasiones en las que caminaba hasta la ventana, se paraba junto a él y le señalaba el cielo— rodea toda la luna, hoy estamos de suerte, ¡se ve muy claro todo!

—Sí —contestó sin prestar mucha atención, tenía en su mente un objetivo un poco diferente. Se giró para observar fijamente a Illumi, el cual se dio la vuelta al sentir sus ojos sobre él, y le sonrió dulcemente— ¿ese es Marte, cierto?

Levantó una mano, para apuntar el dichoso punto rojo en el cielo, un movimiento casi natural, pero que provocó que sus cuerpos chocaran en una cercanía deliciosa; sostuvo la camisa de Illumi halándola hacia abajo como si sólo se estuviese sosteniendo para no resbalar. El morocho cayó en su pequeña trampa, su primer reacción fue abrazarle para que no tropezara; era absurdo porque Killua tenía excelentes reflejos y equilibrio, sin embargo, el movimiento del albino le hizo tener esa reacción tan cursi. Se quedaron quietos, en silencio y Killua aprovechó para devolver el abrazo.

—No te muevas —le pidió al mayor, respiró hondo, sentía como temblaba, probablemente por la emoción de tenerle cerca.

—Kil —tuvo el impulso de empujarle, temía que su voluntad no fuera la misma de antes, pero los brazos del menor rodeándole no le permitían darse ese lujo—, no debemos…

—¿Por qué no? —alzó la voz— yo también quiero… yo…

—¿Qué quieres? —intentó empujarle, pero el niño se aferró a él.

—Que tú y yo… eh…

—Ni puedes decirlo. No puedes querer algo que no puedes ni decir.

—¿No me deseas?

—Kil —esa pregunta le alteró bastante, se le hizo agua la boca, el aroma del niño inundaba sus sentidos y le elevaban su deseo de tocarle y besarle—. Kil, yo no puedo resistir. No podré por más tiempo.

Hizo un esfuerzo por soltarse, y esta vez, para su sorpresa vio la mirada de determinación en su hermano menor, el cual le sostenía por la manga de la camisa.

—Yo estoy listo, lo he estado por mucho tiempo, ¿cuánto tiempo más vas a hacerme sufrir así? ¿Es que no te gusto tanto? Porque Illumi… ni siquiera sé qué deseas escuchar de mí.

Era injusto, le había pedido a Alluka diez días, apenas llevaba tres, y ya estaba en su límite. Killua lucía tan apetecible, pequeño y adorable, pidiendo cercanía y atención; rogando por su amor, y él tenía mucho de eso para darle. Se imaginó cuánta carga estaba dejando sobre los hombros del albino al hacerle esperar, y se compadeció, «he sido tan cruel con él…» se regañó mentalmente, miró por última vez al pequeño albino y sin pensarlo más, se dejó llevar. Tomó la muñeca de la mano que sostenía su camisa, llevando su pequeña mano hasta su pecho, a la altura de su corazón para trasmitirle a su hermano que no estaba tranquilo para nada, y se abalanzó sobre él, besándole nerviosamente.

Killua reaccionó un poco lento, había sido realmente inesperado ese beso. Se perdió en esos labios tibios que reclamaban los suyos, y no se hizo de rogar, devolviendo el beso con toda la atención que podía, sintiendo en su palma el corazón que latía cada vez más rápido y fuerte; no quería romper la magia de ese beso, quería adueñarse de esos labios y olvidarse de todo por siempre; tenía miedo que su hermano volviera a separarse bruscamente y pedirle perdón porque definitivamente no lo perdonaría de nuevo, darle tanto y después arrepentirse, era desalmado. Con calma, y lentitud se dieron espacio para separarse.

—Sabes que no podrás retractarte, ¿verdad? —susurró contra sus labios, Illumi.

Killua tembló, esas palabras eran todo lo que deseaba escuchar, al fin se estaban dando esa oportunidad que tanto Leorio le había hablado. Asintió con la cabeza y sonrió.

—No me retractaré, no lo haré.

—Ni mañana, ni nunca ¿entiendes esto? Yo te pediré más, y más, y no quiero que nadie más lo tenga.

—Y yo tampoco aceptaré que estés con nadie más ¿entiendes tú lo que digo?

Illumi rio.

—Es imposible que yo lo haga, soy adicto a ti.

Killua enrojeció. Illumi no dejó que las palabras quedaran ahí, volvió a tomar sus labios. Esta vez, sostuvo su rostro entre sus manos, besándole con ternura, ahora ya podía decirlo, ya no era un sueño, una meta imaginaria, Killua le estaba aceptando; le devolvía el beso con la misma ternura que él lo hacía. Transmitiendo cuidado y respeto, era un niño, nuevo en esto y los besos apasionados podían esperar hasta que se adaptara al cambio. Quería borrar esos momentos de angustia que el ente le forzó a vivir, y para eso deseaba construir nuevos recuerdos sobre aquellos dolorosos y aplastantes.

Se separaron, y el albino suspiró, el cansancio vino a su cuerpo, después de días resistiendo las profundas emociones que tenía que retener para controlarse, le dio hambre y su estómago lo delató delante de su hermano.

—¿Quieres ir a comer algo?

Quería responder que no, que prefería quedarse en su cuarto, asolas con él y seguir con ese momento tan romántico, pero Illumi le tomó de la mano y lo sacó de ahí antes de que pudiera negarse.

—¿A-a dónde vamos?

—A un restaurante, no has comido ¿cierto?

—Espera, espera un momento —quiso detenerse, pero Illumi ya lo había sacado del departamento, y se ruborizó cuando se dio cuenta que sus manos seguían unidas, aún estando en la calle.

—¿Qué ocurre?, ¿tienes algún antojo en particular? —sonrió cuando notó que el pequeño miraba sus manos, se acercó a su rostro y murmuró— ¿qué te sorprende?, ¿no era esto lo que deseabas?

—Ah… no tengo ningún antojo en particular —la cercanía de Illumi ya lo estaba acelerando, su pulso estaba fuera de control.

Los dedos del morocho se enredaban entre los suyos y apretaban suavemente su mano, a lo que él respondió con otro apretón.

Alluka los vio partir desde la ventana, con lágrimas en sus ojos, reconoció que no tenía opción más que aceptar lo que veía, aprobarlo y dar el aviso a Kalluto.

"Killua es feliz".

A la mañana siguiente Killua despertó de un especial buen humor, no podía borrar esa sonrisa tonta de su cara, repasaba todas las cosas agradables vividas la noche anterior, y lo que seguía, ahora que eran novios. Era una palabra muy especial que resaltaba a donde quiera que fuera, y ya quería ver cómo las cosas cambiarían entre ambos.

Alluka lo interceptó en la cocina, después de desayunar, estaba inquieta tras verlo por unas horas con esa actitud y consideró que era el momento de hablar de ciertos aspectos que debía dejar en claro entre ellos dos.

—¿Ya son novios? —preguntó sin tapujos, como era lo usual en ella.

Killua escuchó esa palabra y enrojeció, no podía creer que ella fuera capaz de usarla con tanta libertad cuando a él le costaba mucho esfuerzo pronunciarla aunque fuera estando a solas. La miró con incredulidad.

—¡Alluka, esto no es…!

—¿Asunto mío? Esto es gracioso, hasta en sus respuestas parece que se ponen de acuerdo.

—¡¿Le preguntaste lo mismo a Illumi?! —no podía creer que esa niña tuviese bastantes agallas. Cualquiera pensaría que era mentira que ella hubiese pasado años encerrada en un cuarto rodeada de juguetes.

—Sí, ¿y bien?, ¿ya lo son?

—Alluka no se te olvide que él y yo somos… —iba a decir "hermanos", pero recordó lo que le había dicho a Illumi, ya no serían más hermanos, no jugarían doble papel, serían una sola cosa y él ya había elegido lo que quería, ¿sería correcto decirlo abiertamente delante de Alluka?— n-no… diferentes.

—Novios —remarcó con velocidad, y se preparó para lo que había ido a buscarle—. Es obvio que entre ustedes hay algo especial; transpiran esa atracción, apenas están juntos y no dejan de coquetearse, no puedo estar cerca de ustedes y fingir que no me doy cuenta que Illumi te ve de una manera no muy normal para llamarlo "hermanos". Ustedes dos ya abandonaron sus lazos de sangre para ser algo más, entre ustedes ya no hay ese lazo. No lo olvides —Killua quedó en silencio, sorprendido por la increíble coincidencia que tenía con el discurso de su hermano—. Pero eso no va a cambiar las cosas entre nosotros— apuntó un dedo índice sobre el pecho del albino— yo soy tu hermana menor —luego levantó su dedo hacia un punto en el espacio— y él es mi hermano mayor, las cosas no van a cambiar entre nosotros. Sólo cambia entre él y tú, todos nosotros no tenemos por qué rebuscar nuestra posición frente a ustedes, no llamaré a ninguno de ustedes "cuñado", eso sería enfermo. Que te quede claro eso.

—¿Qué demonios…? —ella era más madura de lo que sospechaba, a menos que esto fuera parte de la conversación privada que habían sostenido ellos dos hace tiempo—, ¿él te dijo todo esto?

—Illumi es muy estricto con sus propias reglas —ignoró la pregunta.

—Dímelo a mí —no resistió las ganas de decirlo, después de tantos años de tratarlo.

—Él nunca podrá hacer las dos cosas a la vez, no será tu novio y tu hermano. Por eso supuse que tendría que decírtelo, y decirte lo que Kalluto y yo pensamos sobre esto.

—¡¿Kalluto?! —esto estaba llegado a límites insospechados— ¡¿Ustedes dos saben todo?!

—Sí —soltó una risa accidental— y es importante que lo sepas. Nosotros dos no nos interpondremos, pero no nos vayan a tratar como si estuviéramos involucrados en su relación, ¿entendido?

Atrapó la muñeca de la niña antes de que se le escapara y se encerrara en su habitación.

—Ese Kalluto me las va a pagar, no puedo creer que ustedes dos complotaran todo esto a mis espaldas. Sí, entiendo esto que me dices y no, no los veré de otro modo mas que como mis hermanos, pero no deben difundirlo ¿lo entiendes? Podrían poner la vida de ambos en peligro si papá se llegara a enterar.

Ella le sonrió para infundirle tranquilidad.

—Es obvio, sólo sé un buen novio ¿de acuerdo? Es tu primer novio, después de todo.

—Lo dices como si fuera a tener más —su respuesta fue tan sorpresiva que Alluka se ruborizó.

—¡Eso es mejor aún! —se abalanzó sobre él y lo abrazó—, ¡eres tan bueno! Apuesto que Illumi será un excelente novio también, se nota que es tu fan número uno. ¡Oh, cuídense mucho el uno al otro!, ¿de acuerdo? Yo quiero verlos felices, lo demás no me importa.

Luego de esa conversación, ella logró escapar y encerrarse en su cuarto, sus emociones estaban carcomiéndole desde hace rato. Quería echarse a su cama a llorar, en lugar de eso sacó su celular y marcó a la única persona en la que podía contar cuando se sentía así.

—¡Ya son novios! —gimió adolorida—, Kalluto, ya son novios. Ya me lo dijo Killua.

Le dolía profundamente que fuera así, eran sus hermanos, no podía verlos como dos amigos que se habían enamorado, menos cuando Illumi era muchos años mayor que Killua. Quién sabe qué mañas podría tener que pudiesen lastimar al más chico; pensar que Killua estaba siendo movido a actuar contra su propia naturaleza y que ella debía aparentar como si aquello fuera aceptable era lo peor de todo.

—¿Y por qué lloras? Ya sabíamos que esto iba a pasar.

—No puedo… no…

—Sí puedes. Sí, Alluka, y lo vas a seguir haciendo.

Kalluto estaba más sereno, porque le era más fácil enfrentar la realidad sin verla. Era sencillo tener en la mente que todo esto ocurría mientras él trabajaba en arreglar otros desperfectos, sin embargo, era consciente que su hermana no la estaba pasando nada bien.

—No puedo creerlo Kalluto, todo fue más rápido de lo que yo esperaba.

—Dijiste que Killua era feliz, ahora hazte a la idea de que esto es lo que tanto deseábamos. Luego lo arreglaremos, además recuerda el propósito de esto.

Es decir, hacer que Killua lograra enfrentar su duro pasado con su hermano, y seguir adelante como si nada hubiera pasado antes.

—Illumi no es tonto, sabe lo que tiene que hacer y tratará a Killua con decencia y respeto. Dejará en él muchos buenos recuerdos que suplirán todos los sinsabores que le dio cuando estaba bajo la posesión del ente y tendrá una oportunidad de reparar el daño.

—¡Más le vale que lo haga! Se las verá conmigo si no es así.

—Lo hará, créeme. Hablaré con él luego.

—Yo quiero estar cuando hablen.

—Déjame hacerlo primero yo… necesito hablar con él de asuntos privados. Luego nos reuniremos los tres.

Se limpió las lágrimas, ya no quería llorar más por eso. Era demasiado sufrimiento en tan poco tiempo, y si iban a estar así juntos por un largo periodo, entonces sería mejor que se hiciera a la idea y de verdad aceptara su relación con respeto. Ambos lo querían, ya no era como antes, cuando sólo Illumi era el obsesivo.

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Escupió la cerveza cuando escuchó la gran noticia. Killua estaba sentado frente a él, con una enorme sonrisa. No había resistido las ganas de ir a contarle a Leorio la gran novedad.

—¡¿Tan pronto?!, ¿qué pasó con eso de esperar, de pensar mejor las cosas? —agitaba sus manos, para darle más dramatismo a sus palabras.

—Ya sabíamos que esto pasaría, Leorio. Era el momento. Esto no podía esperar más.

Fue en busca de unas servilletas para limpiar el desastre que provocó con la cerveza, mientras meditaba en lo que siguiente que le diría a su joven amigo.

—¿Qué debería hacer ahora? —ese era el verdadero motivo por el que estaba con Leorio. Una vez que le había dado el "sí" a su hermano, no tenía ni la más remota idea de qué seguiría o cómo esto afectaría su vida.

—Nada muy grande, si es que eso era lo que esperabas —contestó y echó los papeles al bote de basura— todo seguirá igual que siempre, pero la diferencia es que ya serán libres de expresar todo lo que sienten. Supongo que él estaba reservando sus deseos para estos momentos. Él es libre de llamarte, de invitarte a salir como su pareja, tocarte y… —refrenó sus palabras— entre otras cosas.

Recordó el momento en que Illumi, antes de marcharse, se había despidió con un dulce beso que lo dejó en una nube de felicidad. Lo extrañaba y eso que se acababan de ver la noche anterior. Quería más interacción entre ellos.

—Él… —se vio interrumpido, su celular empezó a sonar y vio que se trataba precisamente del dueño de sus pensamientos— es él…

—Contesta —tenía curiosidad sobre la forma en que se hablaban, pero Killua se puso de pie y salió del departamento para hablar junto a las escaleras, mientras que Leorio tuvo que resistir sus ganas de espiarlo.

—Hola, Illumi.

—¿Todo bien?

—Sí.

Era un alivio escuchar su voz, el albino sonaba muy contento y eso le inspiraba más deseos de verle.

—Oye… Kil… —no sabía cómo decir lo que deseaba, respiró hondo— me preguntaba si podía verte hoy. Te echo bastante de menos.

Al menos escuchar eso le hacía sentir menos tonto, no era el único que estaba extrañando en medio de una ausencia tan breve.

—Sí, sí —se apresuró a contestar— bueno, Alluka me dijo que quería ir al teatro esta noche. Hay una función mmm… ¿te gustaría venir con nosotros?

—¿No crees que Alluka se moleste?

—¿Qué dices? No, no, ella sabe lo… lo nuestro —se ruborizó. Todavía le costaba trabajo expresarlo.

—¿Ella? —se preguntó si eso estaba bien, claro que sabía que tanto ella como Kalluto estaban al tanto de la situación, pero no creyó que se lo harían saber al albino.

—Descuida, Alluka estará feliz de vernos juntos, está loca.

—Claro —era mejor que nada— ¿a qué hora estaría bien que pasara por ustedes?

—La función es a las ocho, pero podríamos vernos desde antes.

—Bien, entonces a las seis voy por ustedes, estaría bien que fuéramos a cenar antes de ir al teatro.

No era la idea que tenía en mente. Quería que se vieran a solas un rato antes de la función, pero ya había propuesto un plan bastante concreto e incluyendo a su hermana, aceptó la invitación y regresó al interior del departamento de Leorio.

—¿Qué pasó? —curioseó Leorio, viendo su sonrisita embobada.

—Lo veré en una hora.

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Se alistó para verlo, no cabía de la felicidad, Killua lo era todo para él. Por muchos años había resistido sus intenciones, consciente de que era un niño pequeño, y justamente toda su espera al fin daba resultados positivos, cada momento en su vida valía la pena y era mejor, sobre todo al escucharle tan pleno, emocionado por verlo tanto como él. Llegó temprano por ellos, tocó a la puerta, ansioso por ver al chico de hermosos ojos azules.

—Illumi… —saludó, y el mayor no resistió sus impulsos, lo besó fugazmente en los labios, deteniéndose cerca de su rostro para responderle.

—Hola —se distanció un poco y continuó— ¿están listos?

—Sí… —susurró— Alluka ya saldrá de su cuarto.

Dicho esto, casi al instante, la chica salió y vio al mayor de pie frente al marco de la puerta con Killua embobado viéndolo, como su fuera la primera vez después de mucho tiempo.

—¡Listo! —gritó ella para llamar su atención— Ah… Illumi ¿ya lo besaste?

—¡Alluka! —Reclamó el albino.

—Te lo perdiste —contestó con cinismo, y Killua tuvo deseos de esconderse de en medio de ellos—. Lo volvería a hacer pero no quiero que Killua me lance otra cuchara a la cabeza.

—¡Te lo estás buscando! —amenazó al morocho, pero no pudo evitar sentirse mal por haberle lanzado el cubierto cuando estaba tan emocional, no lograba habituarse a escucharlos hablarse como si fuera muy normal que entre ellos dos hubiera una relación y a su vez, la mano de Illumi, sobre su cabeza lo hizo relajarse un poco.

—¿Nos vamos?

—¡Sí! —contestó Alluka satisfecha.

Tuvieron una noche bastante agradable, Illumi se comportó a la altura, después de tanto estudiar sobre el signo de Killua era consciente de lo importante que era la familia y el romance para el albino, se aseguraba de tratar a su hermana con mucha atención y cuidado para que Killua lo notara y apreciara ese gesto amable, y por supuesto, le demostraba su afecto en cada detalle, tomando su mano durante la función, acariciando sus dedos, sutiles gestos que no serían notados por cualquiera. Él no era esa clase de personas que se desvivían abiertamente frente a todos por la persona que amaba, prefería los pequeños detalles que enriquecían la vida de su amado, y serle útil ante todo, con eso podía darse por satisfecho.

Al final de la función Killua no lo dejó marcharse, le pidió de forma indirecta que se quedaran en su cuarto a conversar un rato, y casi le rogó a Alluka en secreto, que les dejara a solas.

—¿Te gustó la obra? —le preguntó a Illumi una vez que estuvieron en privado. Durante toda la función no lo había escuchado decir palabra alguna.

—La fierecilla domada —respondió— alguna vez leí el guión, pero nunca antes estuve en una representación de ella. Fue agradable.

—Yo no podía dejar de reír, Petruchio es un personaje épico.

—Un donjuán machista —alzó las cejas, Killua tenía las típicas costumbres de un asesino, lo cual era entendible, dado que fue criado por su padre y su abuelo. En cambio, a Illumi, para su desgracia, Nimrod lo había educado en un modo muy extraordinario. Enseñándole a apreciar valores que el hombre comúnmente no valoraba— no dirías lo mismo si Catalina fuera Alluka.

—Aguafiestas —reprochó—. De todos modos fue gracioso.

—Lo sé, lo entiendo, prefiero éste humor sencillo que los monólogos absurdos que ahora presentan en la televisión.

—¡Ni me lo recuerdes! Gon y yo nos llevamos muchas decepciones al querer entretenernos con esos programas.

La convivencia era sencilla ahora que tenían puntos en común, y compartían un poco más de sus vidas. Illumi se sentó en la cama seguido por el menor. Killua tenía ahora más curiosidad que antes sobre las actividades que su hermano realizaba cuando estaba en posesión del ente; sospechaba que estaba cargando con muchos problemas en sus hombros y deseaba ayudarlo, esperaba pacientemente a que él se animara a contarle por voluntad propia sus pesares y poco a poco se fue dando cuenta que eso sería una misión difícil de conseguir dado que él no parecía interesado en hablar de esos temas, los evadía, daba vueltas hasta que encontraba una salida y eso le angustiaba, quería tener más cercanía a él, ganarse su entera confianza.

Los días pasaron con velocidad, más de lo que imaginó que sería. Cada día era único y especial, sentía más y más apego al morocho. Quería estar con él, tanto así que terminaron por verse todos los días, al principio era por las noches, luego comenzaron a verse cada vez más temprano hasta que duraban desde la mañana, hasta la noche juntos. No se aburrían el uno del otro, estaban tan unidos y se sentían tan bien que la relación se volvió natural. Killua no batallaba en decir que estaba disfrutando de esa cercanía; Illumi le sorprendía a cada instante, provocándole ternura dado que, de vez en cuando, lograba ver la dulce vergüenza que sentía cada vez que se abría a él y mostraba ese lado sensible y romántico que poseía en realidad.

Como prefería pasar el tiempo con el morocho, las visitas a Leorio se redujeron considerablemente, solía verlo cuando se encontraban en medio de las escaleras camino a su departamento, pero fuera de eso, lo llegó a visitar unas cuantas veces sólo para reafirmar que su relación iba viento en popa. Siempre diciendo todas las cosas espléndidas que iba descubriendo en su camino.

—Bueno, creo que esta es nuestra despedida —le informó Leorio.

Un día antes había recibido la notificación de que se reuniera con Cheadle para revisar sus estudios durante esos días de aparente descanso antes de marcharse al Continente Oscuro. Iba con miedo de dejarlo solo, cerca de ese hombre mayor que se hacía llamar novio del pequeño albino. Tenía buen concepto de su pareja, un hombre trabajador, responsable y educado, que no se había propasado nunca con él, ni buscado algo más que sólo una buena relación, sana, y que no le estorbaba para nada, pero las malas costumbres podrían salir a la luz tarde o temprano.

—Me alegra mucho haberme encontrado contigo —confesó— no habría sabido qué hacer.

—Killua, prométeme algo —lo tomó por los hombros— prométeme que no dejarás que ese hombre se propase contigo. Que te cuidarás…

Leorio se sentía absurdo. En su juventud sus padres también llegaron a advertirle sobre su cuidado personal y sexual, ignorando por completo los consejos y haciendo cuanto deseó con su cuerpo en su momento. Ahora podía comprender mejor esos consejos insistentes. Quería que ese niño no cayera en malos pasos y de hecho, no quería marcharse.

—¿De qué estás hablando Leorio? —se quejó— él nunca me haría daño, de eso estoy seguro.

Por supuesto que no podía esperar a que él le entendiera, era demasiado joven para darse cuenta de ciertos detalles. Además, no sabía si Killua tenía alguna experiencia sexual antes de eso, personalmente creía que todo sería más simple si se tratara de una relación común, una chica de su edad; bajo esas circunstancias estaba dispuesto a darle consejos sobre cómo hacer mejor las cosas y complacer a la chica, pero esto le sobrepasaba, y por motivos que le parecían obvios, consideraba que Killua sería el pasivo en la relación, así que con mucho temor se hizo a la idea de que era algo que no podría evitar por más que se lo planteara.

—Yo entiendo lo que crees —se aclaró la garganta para armarse de valor a lo siguiente que diría—, pero Killua, escucha esto: si un día decides tener relaciones sexuales con ese tipo, como médico que deseo ser, te diré que… es algo que duele, pero no es un dolor que no puedas soportar. No es un dolor imposible, debe haber mucha lubricación, él debe prestarte mucha atención y cuidado —remarcó con toda la seriedad que pudo, sin atreverse a mirarle a los ojos— prométeme que si te duele demasiado, si después de ése día tu cuerpo no se repone como debería, me lo dirás ¿de acuerdo? Si ese maldito hijo de perra te lastima me las va a pagar. No me importa lo que tenga qué hacer, si ese infeliz no te cuida como debería, yo me aseguraré de que pague.

Killua estaba rojo de vergüenza, hablar de sexo era todavía muy fuerte para él, aunque ya no era tan impresionante como antes. Ahora sabía lo que era mantener una relación sexual, y para ser honestos, no lo encontraba tan repulsivo como llegó a creer que sería. Tal vez lo había hecho con Nimrod, pero ese tipo había sido lo suficientemente cuidadoso y delicado como dejarle una horrenda impresión de lo que significaba. Por supuesto, todavía le provocaba escalofríos, y esas palabras de Leorio trajeron a su mente ciertos recuerdos penosos que prefería mantener ocultos.

—S-sí… descuida, sé cómo lidiar con esto.

—¿En serio? —no lo podía creer, menos con la expresión cabizbaja del muchacho.

—Sí, por supuesto —contestó con firmeza.

—De acuerdo, yo, de todos modos, quiero mantenerme informado —se marchó, no sin antes pasarle un número para mantenerse en contacto e hizo comprometerse al menor que se mantendría en contacto constante y le avisaría sobre cualquier cambio que hubiera en la relación, después de eso Leorio pudo sentirse tranquilo de partir sin mayores cargas.

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Una semana después de que Leorio se fuera, Illumi le avisó que pronto regresaría a la montaña, sus vacaciones acabarían así que ése sería último día en que estarían juntos. Planeaba marcharse durante la noche para llegar por la mañana a la montaña y encontrarse con su padre, seguramente ese viaje lo conduciría a muchas tareas nuevas y existía la posibilidad de que se ausentara por más de tres días a sus citas con Killua, así que temía que la respuesta del menor fuera negativa. Por eso no se molestó al escuchar la reacción del albino al anunciarle sus partida, y es que, estar sin ver a su amado, era perjudicial; entre más se acercaba la hora de alejarse, más angustiado se le notaba.

—Tranquilo, Kil, volveremos a estar juntos, como antes.

El menor le dirigió una expresión severa, sabía que se volverían a ver pero eso no le bastaba.

—No quiero verte como antes… —«quiero verte todos los días», pero eso fue todo lo que atinó a decir. Últimamente así era su comunicación, Killua no se atrevía a decir las cosas como completamente deseaba. Para su bien, Illumi le conocía de toda la vida y comprendía todo lo que omitía con su boca.

—Nos veremos tan seguido como me sea posible, lo prometo. ¿Acaso crees que no quiero aprovechar esta oportunidad?

Killua le respondió con una sonrisa tímida y desvió su atención en el momento en que Alluka salió de la tienda con un gran cono de nieve. Corrió hacia donde estaban sus dos hermanos y se les unió en el camino de vuelta a la casa. También estaba al tanto del nerviosismo que su hermano mayor tenía por estar a solas con su novio, y pese a que ella quería retrasar un tanto las cosas para que esos dos pasaran menos tiempo a solas, no debía hacerlo o Killua no lo tomaría muy bien. Todo el día lo notó estresado, frunciendo el ceño a cada rato; particularmente irritable cuando hablaban de la hora y lo tarde que se estaba volviendo.

Para cuando por fin estuvieron a la soledad de su cuarto, Illumi se dedicó a abrazarlo y besarlo tanto como podía.

—No quiero que te vea Kikyo…

—No podría evitarlo, aunque te prometo que la evadiré todo lo posible

—¿En verdad tienes que irte ahora…? —cuestionó el menor, sosteniendo las manos de su amado.

—Viajar de noche no es tan malo, llegaría por la mañana a casa, y descansar un rato —apretó suavemente las manos del menor atrayéndolas a su pecho.

—¿Pero… ahora mismo? ¿No podrías irte mañana?

—Mañana es cuando debo estar allá.

—Mañana por la mañana podrías irte, y llegarías en la tarde a la montaña.

—Igual debo ir a dormir —se rio.

—¿Y si te quedas a dormir aquí?

Era la primera vez que lo veía de ese modo, tan ansioso, temeroso de perder el contacto al que tanto se había acostumbrado los días pasados. Esa invitación era una gran tentación para él, tenerlo cerca toda la noche, escuchar su respiración, llenarse de su aroma y contagiarse con su buen ánimo, sería la mejor forma de cerrar ese primer mes al lado del ser que más amaba en el mundo.

—Ah… —detestaba pensar las cosas, evaluar si era conveniente o no quedarse, por todos los dioses, él quería quedarse y olvidar sus itinerarios por un día— dormir, ¿verdad?

—Sí, claro. ¿Por qué?

—Sólo quería asegurarme, digo, si me quedara aquí, tendría que irme temprano, así que no estaría mal dormir suficientes horas.

—Claro. Si tú me dices que durmamos, lo haremos, sólo quiero que estés… —y ahí quedaba su fuerza de voluntad para decir cosas agradables.

—Claro que sí —besó su frente— ¿tienes enjuague bucal? No traigo conmigo mi cepillo de dientes, y no quiero dejarle una mala impresión a mi pequeño novio.

La risa de Illumi en esas circunstancias, lejos de hacerle enojar, sólo acentuaba su rubor. Él era tan honesto y libre de decir esa clase de expresiones cuando estaban a solas, era cálido y dulce en muchas maneras, y quería corresponderle, hacerle sentir de ese mismo modo, pero se le dificultaba bastante.

—Alluka compró varios cepillos hace días, no lograba elegir uno sólo, le gustaron los colores… —suspiró— niñas… —y murmuró al final con un deje de reproche— te daré uno de esos. Se apartó y fue en busca de uno de los mentados cepillos que estaban en la alacena del comedor, y regresó.

—Gracias. Pasaré al baño, ¿de acuerdo? —Killua asintió y permaneció inmóvil hasta que la puerta del baño se cerró.

Desde que Leorio le había hablado de las cuestiones sexuales, ahora tenía ese pensamiento constante, se preguntaba si Illumi sentía esa necesidad aunque no lo demostraba, e inconscientemente comenzaba a desear que la tuviera. Durante esos días se había estado preguntado cómo sería hacerlo con Illumi; recordaba su cuerpo desnudo y se sonrojaba, su cuerpo se encendía en deseo. De alguna manera, sin percatarse de sus deseos más oscuros, estaba esperando a ver si esa noche el mayor se animaba a dar un paso más, pedirle un poco más de él. Se mordió el labio imaginando que su novio saldría del baño, se recostaría a su lado y con suerte, recibiría un poco más.

—¡Debo cambiarme de ropa! —murmuró alarmado y se dio prisa por ponerse el pijama, aprovechando que Illumi continuaba en el baño. En secreto pensaba que si su hermano lo veía con esa ropa tan cómoda y fácil de quitar, podría darle otra idea tendría sobre lo que harían esa noche de soledad.

En efecto, cuando Illumi salió del baño con su cabello recogido en una coleta baja, y se encontró con el albino sentado en la cama —con el pijama puesto— se le hizo agua la boca. Contuvo la respiración en un intento por sacar esos pensamientos de su mente «no es momento» se dijo muchas veces, para calmarse. Amaba profundamente a ese niño tanto así que deseaba dejarle la mejor de las impresiones posible y ante ese pensamiento era fácil sostener sus deseos. Killua fue al baño y fue turno del mayor de quedarse con sus pensamientos, no sabía cómo decirlo pero parecía como si ese niño estuviera coqueteándole y eso era más que tentador porque si descubría que era así, posiblemente no podría tener voluntad para resistirse.

Se subió a la cama, acomodando las cobijas y su espacio para recostarse en él. Era más cómodo de lo que se veía, y de inmediato sintió el peso del cansancio; había estado haciendo un gran esfuerzo para permanecer activo, así que se sentó para no quedarse dormido y terminó por despertar cuando vio al albino salir con su destellante sonrisa y sus ojos iluminados de la emoción, seguramente provocada por tenerle ahí en su cuarto.

—¿Listo? —le invitó a recostarse a su lado.

El pequeño se acomodó junto a él, viendo de forma entretenida a su hermano, vigilando los movimientos de sus manos, de su mirada, esperanzado por ver un destello de lujuria en su expresión.

—Sí —en cuanto se acostó, Illumi aprovechó el momento, se dio la vuelta y lo besó.

Estando a solas, la noche entrada y en el silencio, era inevitable desear hacer algo más que sólo acostarse. Lo besó con un aire apasionado, colocando una mano sobre la mejilla del menor, empujándolo contra la cama, ahondando el beso hasta casi dejarle sin aliento.

—Vamos a dormir —murmuró al finalizar. Acarició su mejilla y le sonrió.

—¿Sólo dormir? —preguntó Killua, sin poder resistirlo.

—Claro, ¿qué otra cosa más te gustaría hacer?

Hubo un silencio incómodo, era como un "obviamente no quiero dormir, quiero hacer otra cosa contigo", pero sin poder ser expresado abiertamente, Killua sólo pensaba «tómame», e Illumi trataba de enfocar sus pensamientos en todo lo bonito que resultaría si hacía bien su papel como novio responsable, y resistía la tentación de esa noche.

—Illumi… tú… no piensas en mmm… —entre más hablaba más enrojecía, lo cual era un tanto cómico— ¿no tienes necesidades especiales?

El silencio volvió, era una pregunta retórica compleja de responder, más porque podría darse a malentender y eso sería desafortunado por completo.

—Mi deseo va más allá que sólo eso, Kil —al menos logró resolver la forma de decirlo. Enredó sus dedos en las blancas hebras— deseo tu absoluta felicidad y satisfacción, aunque siendo franco, por el momento no lo requiero, y creo que te tengo la suficiente confianza para pedírtelo si me llegara a hacer falta.

Durante todo su discurso no paró de ver a su rostro. Su hermano mayor era cada día más atractivo a sus ojos, con su sonrisa galante, su cuerpo bien formado y musculoso, sus atractivos físicos, emocionales e intelectuales le fascinaban.

—¿Y si yo te lo pidiera? —preguntó deliberadamente, de nuevo colocó en un dilema a su hermano.

—Sí tú me lo pidieras, por supuesto que lo tomaría en cuenta para un futuro —sonrió—. ¿Ahora me dirás qué cosa tienes pensando hacer esta noche? No estaría mal desvelarme si es por ti.

Había sido tan sorpresivamente amable que no se le ocurrió decir en el momento alguna excusa. Killua se preguntó el motivo por el cual su hermano se negaría a hacerlo cuando lo deseaba en realidad, pero no quiso indagar demasiado con tal de no hostigarlo, después de todo, era un tema delicado. Si él no se sentía preparado todavía para esa clase de actividades, entonces era mejor esperar. El problema era que ahora debía idear algo para sustituir el vacío creado por sus palabras, algo que justificara su sugerencia nocturna.

Respiró hondo, miró atentamente a los ojos negros de su hermano y se levantó, esta vez para robar un beso del mayor. Era la primera vez que se esforzaba por besarlo de ese modo, desde que su relación había iniciado, y era consciente de que él debía poner de su parte para que la relación progresara, tal como Leorio le llegó a explicar en algunas ocasiones. Colocó una mano en el cuello del mayor y lo atrajo más hacia sí mismo, hundiéndose entre sus labios. Moviendo su boca, sintiendo cómo poco a poco el mayor lo volvía a recostar contra la cama para encender más el beso, tuvieron que separarse puesto que luego acabarían haciendo algo más para lo que todavía no estaban listos.

—Ahora sí, creo que podré dormir —sonrió Killua.

Illumi lo atrajo hacia su cuerpo, en un dulce abrazo, y el menor se acurrucó junto a él, sí que sería una larga noche con ambos haciendo el esfuerzo por no pensar en lo evidente. Sus cuerpos tan cerca y sin poder cruzar sus límites, desviando sus pensamientos en algo que no delatara su excitación. Illumi casi no pudo descansar por temor de que sus manos se deslizaran y tocaran piel que no debía ser tocada aún, y Killua no le ayudaba dado que inconscientemente terminaba por coquetear con su cercanía a su hermano, intentando provocar que las manos del mayor llegaran a partes que hasta ahora se había resistido.

Illumi llegó a la montaña durante la noche. Despegarse del niño al final resultó demasiado difícil, todavía por la mañana le convenció que se quedara a desayunar junto a él, y lo acompañó hasta que el dirigible llegó por él. Tuvo que prometerle muchas veces que volvería y estaría con él por más tiempo, hasta que se despidieron con un discreto y fugaz beso. Eran conscientes que debían tener cuidado sobre el tiempo y lugar en el que explayaban sus muestras de afecto.

Esta vez, su recibimiento fue muy diferente a cuando Nimrod estaba ocupando su lugar. Tras muchos años de temer al mayor de los Zoldyck, por primera vez llegaba en un estado neutral, tanto así que no muchos se percataron que él estaba ahí hasta que le vieron de pie frente a la puerta del cuarto de su padre, escribiendo atentamente en su celular.

"Ya estoy en casa, hablaré con papá. Me comunicaré contigo más tarde".

Esperó un rato no muy largo y recibió su respuesta: "de acuerdo, mantenme al tanto de todo. Te echo de menos".

Sonrió, Killua era tan tierno que era imposible no llenarse de ese sentimiento puro cada vez que leía sus palabras.

Abrió las puertas y vio a su padre solo, le intrigó la forma en que le recibió: serio, un tanto confuso por ver a su hijo tan tranquilo después de tanto tiempo actuando como si estuviera al borde de una explosión. Saludó, y tomó asiento frente a él.

—Te has de preguntar por qué te hice venir en un día como este —aclaró— tu madre salió a una reunión urgente, y tu abuelo está en la isla. Quiero aprovechar que estamos a solas para hablar libremente sobre tu posición en estos momentos, Illumi, quiero saber qué es lo que deseas que pase ahora, ¿quieres que te entregue a alguien de los Asesinos o prefieres que te comprometa con alguna mujer?

Eso fue mejor de lo que esperaba, aunque sospechaba de la ausencia de su madre tan oportuna. Seguramente ella se encontraba con los Iluminados, escuchando ahora el castigo que le correspondería por su traición a la hermandad.

—Sobre eso, bueno, éste mes me ha servido para pensar y evaluar lo que realmente me conviene hacer al respecto. Francamente no deseo ser entregado ni comprometido con nadie, al menos no por ahora, si me dieras a elegir, diría que preferiría esperar unos años más. Por el momento prefiero trabajar para la familia, Kalluto está en sus asuntos, Killua tiene tu permiso para estar fuera de casa y Milluki, definitivamente no puede hacer el papel que hace falta para los trabajos de la familia. Si me marcho tendrás que hacer todo sólo.

Silva se quedó en silencio, meditando en el deseo de su hijo mayor.

—Para serte honesto, detesto la idea de que te involucres con uno de los hombres de la isla. Para bien o para mal eres mi hijo…, pensar que te estoy dando a uno de esos hombres y sus fetiches… Claro, aceptaría si me lo pidieras, pero ahora creo que seguiré tu deseo. El problema aquí es que tu abuelo se está dando cuenta que ya dudas de tu primera decisión y se está apresurando en conseguir a alguien para ti lo más pronto posible, pero usaré tu excusa para arreglarlo.

Illumi se relajó, era bueno saber que podía contar con su papá en esas condiciones, además tenía tiempo para prevenir que Killua se enredara en algo desagradable.

—Kalluto está bajo el mando de su madre, por eso trato de no intervenir en los asuntos de ella, no quiero causarle disgustos; pero Killua… bueno, él pronto se verá forzado a volver a casa, ahí no pienso intervenir.

Sintió que su corazón se estremecía, algo en esas palabras le sabía muy mal.

—¿Forzado?

—Tú sabes la verdad ahora. Él todavía no, y no pienso decírsela, prefiero que sea del mismo modo en que tú lo viste, por ti mismo. Una vez que lo ves, ya no puedes huir de ello.

Era cierto, Illumi podía pretender que no le importaba lo que ocurría a su alrededor, ni cuántas vidas se vieran afectadas por la situación del mundo, pero su participación en la humanidad no sería evadida, en cualquier momento tendría que volver a trabajar para la hermandad de los Iluminados. Por tanto tenía dos opciones: podía trabajar para ellos desde la familia o dentro de la posición que el único le había delegado. Hablar de huir era imposible; grandes consecuencias aparecerían el día en que negara su posición, la hermandad no perdonaba la traición, no lo matarían, pero sí lo harían volver a cualquier costo.

—Papá, ¿Killua se verá involucrado…?

—Sí —contestó, pero parecía no tener alma, no sentir ni la más mínima preocupación por lo que le fuera a pasar si caía en manos de la hermandad.

—¿No crees que sería perjudicial?

—Esto no te corresponde a ti, lo importante aquí es que tú y yo planeemos algo para detener a tu abuelo antes de que las cosas avancen más. Requeriré que sigas trabajando y, cuando yo te lo pida, vayas a la isla. Estoy seguro que Joab te dará refugio. Le pediré que finja estar en negociación con nosotros y así evitaremos que papá te entregue.

Sudó frío, ese nombre le provocaba náuseas, más si tendría que estar en su casa —a solas y a su merced—. Su disciplina le diría que no le atacara, menos considerándolo un aliado importante para la familia, mientras que su corazón y fidelidad por su hermano le insistirían en permanecer lejos de él.

—Por ahora sólo ocúpate del trabajo —la voz de su padre lo sacó de sus pensamientos.

No debía precipitarse a armar un plan, hasta no estar seguro de la posición en la que Killua se pondría. Era más relevante saber lo que ocurriría con su niño, sin importar nada, lo mantendría a salvo. Terminando de hablar con su papá, salió más preocupado y presionado que antes para llamar a Killua. Tenía mucha ansiedad por escuchar su voz y calmarse un poco. Le marcó y éste respondió con voz ronca.

—¿Hola?

—Oh… Kil, lo siento, te desperté —recordó la diferencia de horarios, seguramente ahí eran las cuatro de la mañana y el niño debía estar bastante cansado.

—No, no… estoy bien, ¿estás bien?

—Lo estoy —resistió el deseo de hablar un poco más— sólo quería que lo supieras, más tarde te marcaré, por favor ve a dormir.

—Pero…

—Más tarde, Kil, tendremos tiempo.

—Mmm —no podía insistir, además sí que estaba cansado— de acuerdo, estaré esperando tu llamada.

Colgó, y todavía con los nervios alterados, se fue a dormir como pudo. Además, era preferible marcharse de la casa por la mañana, para no encontrarse con su madre o su abuelo, sobre todo con la primera porque a Killua no le haría gracia que le viera lúcido.

Por la mañana, después de abordar el dirigible, llamó de vuelta a Killua. Era de tarde cuando contestó el teléfono, pero el niño estaba en una feria y el ruido del lugar no le permitía escuchar bien su voz. Demasiada mala suerte. Le dijo que se comunicaría después, pero con el viaje y el trabajo pendiente, se dio cuenta que no le podría marcar, sólo le envió un mensaje disculpándose por no llamar y tuvo que esperar hasta el día siguiente para volver intentar comunicarse con él.

Nuevamente llamó por la tarde, Killua estaba de vuelta con Alluka en medio del viaje.

—¿Por casualidad, sería posible que tuviéramos una conversación privada? —le preguntó, aunque no albergaba esperanza en recibir una respuesta positiva.

—Lo siento, podría ir al baño, pero no creo poder durar mucho tiempo ahí.

—No, está bien. Kil —tenía tantos deseos de decirle todo lo ocurrido— me hace falta verte… —y eso era todo lo que atinó a decir. Killua se emocionó por ello, pero no tuvo el valor de responderle.

—¿Cuándo te veré de nuevo? —preguntó intentando no sonar muy ansioso.

—Estaba pensando, papá me dio veinte días para terminar los trabajos, así que tengo planeado tomarme esta semana para terminar todo y el resto de los días quedarme contigo, no sé si eso te parezca bien.

—Pero, eso significaría que no te veré en toda la semana —no le gustó de entrada esa idea, no obstante, era mejor que verlo unas cuantas horas durante varios días distribuidos— ¿estarás bien?

—Kil, mi deseo está más que satisfecho —aclaró— el ente no volverá sólo porque me ausente una semana, y te llamaré tanto como me sea posible.

Todavía con desanimo, aceptó la propuesta, lo echaría de menos, y más ahora que se había acostumbrado a verlo seguido. Dejarlo ir por tantos días sería largo y angustiante.

Chapter Text

Los días pasaban con lentitud; Killua constantemente se preguntaba cómo pudo haber aceptado estar lejos por tanto tiempo, entonces se alentaba recordándose que lo vería por varios días seguidos. Tal vez con un poco de suerte, estando a solas en el hotel, la relación subiría de nivel. Usualmente así se le iba el tiempo, pensando en su hermano y extrañando su cercanía; de vez en cuando sus pensamientos se desviaban hacia esos rumbos oscuros que jamás creyó que llegarían a su mente, recuerdos de su cuerpo desnudo, de la sensación placentera, sus respiraciones unidas y luego aterrizaba, regañándose por volver a recordar algo que, eliminando la imagen de Nimrod, le resultaba apetecible.

Pasados los siete días, Illumi anunció que viajaría esa noche a donde los dos chicos Zoldyck estaban. Killua se emocionó tanto que no se preocupó por ocultar su felicidad y claro, Alluka estaba satisfecha de verle así, no obstante, quedó pasmada en sus pensamientos cuando supo que sería una visita larga; le preocupaba lo que pasaría ahora entre sus dos hermanos. La última noche, sin importar lo discretos que habían sido, ella supo que Illumi se había quedado a dormir con el menor y sus malos recuerdos volvieron.

—Rentarás otro cuarto para que duerma ahí Illu-nii, ¿verdad?

—¿Eh? —ni siquiera lo había pensado, hasta ese momento lo único que deseaba era verlo, detalles como ese eran lo de menos. Inconscientemente estaba dando por un hecho que su amante dormiría con él— sí, claro… —por eso dio una respuesta vaga.

—No van a dormir juntos —sentenció—. Hermano, no, ¿tú crees que no me di cuenta que durmieron juntos el otro día?

—¡¿Nos estuviste espiando?!

—¡No dormirán juntos! He dicho.

—Eso no es de tu incumbencia Alluka. Que yo duerma con él no tiene nada de malo, él es mi… —se detuvo, de nuevo tenía esa incapacidad para decir las cosas tal como eran— ya sabes de lo que hablo.

—Ni siquiera te atreves a decirlo y quieres que lo tome más en serio.

—De todos modos no tienes de qué preocuparte. Illumi es muy respetuoso. Además, sí, rentaré otra habitación para él.

Y así fue; con un poco de pena por tener que decirle a Illumi que su hermana no quería que durmieran juntos, rentó otro cuarto, justamente frente al suyo, y de ese modo sólo bastaría cruzar de puerta en puerta para verse. Eso en el supuesto caso de que fuesen a cumplir su palabra. El problema fue que Alluka no era tonta, y en cuanto notó que sus cuartos estaban demasiado cerca sospechó de las intenciones del albino.

—Si querías disimular que no dormirían juntos, al menos debiste esforzarte un poco más.

Killua se puso pálido por ser descubierto y aunque tenía valor para ocultar sus intenciones, decidió que era momento de comenzar a confrontar la realidad.

—Me gusta mucho, ¿sabes? —no levantó la voz, fue claro y directo, tanto como tuvo fuerzas para hacerlo— no sé cuándo lo volveré a ver, por eso quiero aprovechar el tiempo libre que me dedica…

Ella abrió los ojos, impresionada por escucharle confesarse así. Era la primera vez que lo oía decir las cosas sin pena y por la seriedad con la que lo decía, tuvo que asimilarlo.

—Bueno, sí… dicen que cuando te gusta mucho alguien, tratas de pasar el mayor tiempo posible con esa persona, saber todo de ella… tal vez, es lo que te ocurre.

—No te preocupes por nosotros Alluka, todo va bien, no dormiré con él, si es lo que quieres escuchar.

Ella bajó la mirada, estaban a mitad de pasillo, poco antes de que cada uno se retirara a sus cuartos a dormir. Illumi llegaría por la madrugada así que contaba con que estarían a solas por un rato más.

—Yo te vi con Nimrod una noche… —dijo en voz alta, por primera vez se atrevía a hablar de ese tabú— tal vez en ese momento no entendía lo que pasaba, pero me dolió tanto como si lo entendiera. Hermano, no sé si esté lista para enfrentar esto. No aun, y me asusta saber que ustedes dos están a solas haciendo algo como eso.

Era doloroso recordar, más aún viniendo de la boca de su hermana. Tomó aire y con decisión habló.

—No te diré que no pasará —la impresión de su hermana—, es algo que eventualmente Illumi va a necesitar, pero cuando eso ocurra… —contestó, dispuesto a transmitir su confianza, no dejaría que ella le hiciera dudar ahora que estaba tan feliz en su relación— te prometo que seremos cuidadosos, no dejaré que te enteres, simplemente pasará cuando deba pasar y nuestra relación no va a cambiar.

Ella sonrió. Si hablaba así era porque en verdad no habían hecho nada obsceno hasta ahora, sólo dormir. Eso significaba que ella podría descansar tranquila, creyendo que ellos dos sólo hacían eso, dormir juntos, visualizar las cosas desde ese punto era más sencillo, aún si era mentira; si en un momento ellos dos dejaban esa actividad y la transformaban en otra cosa, estaría bien porque ella no se enteraría, seguiría feliz en su nube de "ellos sólo duermen juntos". Killua estaba siendo el adorable hermano mayor que siempre amó, el que la cuidaba incluso de sus propios temores.

—Gracias.

Illumi llegó por la madrugada; cargaba una pequeña maleta de mano con un par de mudas. Venía cansado, tanto del viaje como del estrés por tener que hablar con su hermano sobre los complejos temas que vendrían y que no le habían dejado descansar. Esperaba llegar a recepción y preguntar por su cuarto, y en cambio encontró a su pequeño amor sentado entre los sillones de la entrada, esperándole ahí con una agradable expresión que le provocó una sonrisa. Caminó hacia él, y el adolescente se puso de pie para saludar.

—¿No es un poco tarde para estar despierto? —acarició su mejilla. Moría por besarle, pero no lo haría ahí, no frente a todo el mundo.

—Tengo tu llave.

Una excusa barata, bien podía haberla dejado en la recepción. Su conciencia le regañó por su pésima mentira; «te extrañé», era lo que deseaba decir y no lograba pronunciar.

—Y yo a ti —irónicamente Illumi logró descifrar su intrínseco mensaje. Killua rió por la simpleza con la que habían salido esas palabras, tan acertadas.

Lo condujo hasta su cuarto y enseguida le entregó la llave e Illumi abrió, mirando a un lado para despedirse del pequeño. Sin embargo, Killua tenía otros planes en mente, se le quedó viendo en silencio batallando por soltar las palabras que tanto deseaba.

—¿Te mmm… te quedarás ahí? —alargaba las palabras, pretendiendo prolongar el tiempo.

—Kil… dijiste que Alluka no quiere que durmamos juntos —le recordó la situación, ya conociendo su destino final.

—Sí, pero es sólo si ella se entera.

No fue necesario que lo repitiera; dejó la maleta en el cuarto, volvió a poner el cerrojo y el rostro alegre del albino le dijo que esa acción no podía haberle complacido más. Killua le señaló su cuarto, abrió la puerta y le invitó a pasar. El morocho entró primero, vio que la cama lista, con aroma a cuarto limpio, y se dio la vuelta justo cuando Killua entraba y cerraba la puerta.

—Espero no te moleste que… —apenas el albino comenzaba hablar, sintió como era jalado por el hombro izquierdo, arrinconado y sus labios arrebatados por un intenso beso. No tuvo tiempo de prepararse, Illumi estaba hambriento por él, pudo percibirlo en la intensidad con la que devoraba su boca.

—Sabes a café y galletas —susurró contra su mejilla.

—Quería mantenerme despierto —se ruborizó.

Illlumi sabía a pasta dental, probablemente lo único que tenía planeado para esa noche era precisamente dormir.

—Vamos a dormir —confirmó sus pensamientos.

—D-dijiste que tenías algo qué decir.

—Podemos hablarlo mañana, tenemos tiempo de sobra —besó su frente y lo tomó de la mano para que se apartara de la pared— me importa mucho que duermas lo necesario.

—Pero…

—Kil… ¿harías esto por mí?

Se sintió sutilmente chantajeado y no le dio importancia, era el chantaje más noble que había escuchado provenir de su hermano mayor. Se tuvo que resignar a sólo dormir esa noche, con el placer de hacerlo en la cercanía de esa persona que tanto le atraía.

Por la mañana Illumi regresó a su cuarto para que su hermana no descubriera el incumplimiento de su palabra. Reconocía estar apenado de mentirle puesto que no le era de su conocimiento el asunto de la criatura que habitaba en su hermana; al morocho le preocupaba que la entidad le agrediera si les descubría. En cambio Killua, se mostró sonriente, completamente repuesto de sus malos días y saludó a Illumi como si no le hubiera visto. Alluka les pidió que la llevaran al centro comercial, no dio sus motivos, pero ellos dos sólo querían pasar el día juntos así que cualquier detalle extra, les importaba poco.

Llegaron a una esquina cerca a un puente; Alluka entró a una tienda pequeña con grandes vidrios y ellos optaron por esperarla, sólo vigilándola por fuera. Killua se sentó sobre una columna de concreto e Illumi se recargó en la pared, a un lado de él.

—¿Ya me dirás? —vio que él observaba los movimientos de su hermana— No te preocupes, ella tardará, se ha estado tardando mucho entre cada tienda. Tiene muchas ganas de comprar algo en especial, no tengo idea de qué, pero por lo visto no logra decidirse.

—Hablé con papá —comenzó a hablar—, durante la conversación me dio a entender que los Iluminados te van a buscar.

—¿A mí? Yo no tengo nada que ver con ellos. No habría motivo para que ellos lo hicieran.

Cierto que esto le sorprendía al albino; su primer contacto con ellos no lo había encontrado negativo del todo. El Barón era relativamente desagradable, pero nada que no pudiera resistir, y la causa de su contacto estuvo completamente bien justificada.

—Quizá lo ves así, pero mamá es parte de ellos, papá también. Yo mismo soy parte de…

—Uh —tenía razón—, si lo dices así, tal vez tengo un poco de relación. De todos modos, yo no tengo nada que ver.

—Sea como sea, sólo quiero pedirte una cosa. Si ellos te buscan, si te sientes aunque sea un mínimo acosado, dímelo. ¿Lo prometes?

Quiso ser serio porque Killua no daba señales de darle la relevancia que requería. El estaba tan estresado que por la noche no durmió hasta que se aseguró que no tuvieran molestos espías a su alrededor.

—Si eso te ayuda a relajarte un poco, cuenta con ello.

—Gracias. Sobre lo otro, bueno, papá me dijo que me enviará a la isla de los Asesinos.

—¿Allá?, ¿cuánto tiempo?, ¿por qué? —algo le decía que no era bueno.

—Son cuestiones de negocios, papá no quiere que nuestro abuelo me entregue a alguien. Así que me pidió que me refugiara en casa de un amigo suyo.

—¡¿Papá tiene amigos?! —eso era nuevo para él.

—Algo así… sólo serían quince días.

—¡No! —alzó tanto la voz que algunos transeúntes le miraron con curiosidad. Se avergonzó por el efecto obtenido y bajó la voz— No te puedes ir por quince días, Illumi, es demasiado tiempo.

—No es porque yo quiera, pero creo que es una buena idea. Papá me ayudaría a convencer al abuelo de no involucrarme con alguien, por lo menos por ahora.

—Pero y… ¿Nimrod?

—Kil, mi deseo está satisfecho todavía, haría falta que no te viera por dos meses, sin posibilidad de comunicarme contigo para que él volviera a aparecer.

Mantuvo esa expresión de insatisfacción, quería seguir discutiendo el tema, no obstante se vieron interrumpidos por la chica, la cual acaba de salir con una bolsa de plástico en mano.

—¡Chicos, vean!

Sacó un broche de cabello con algunos adornos, un espejo decorado y un monedero con bordados dorados y negros. Los dos hermanos se mostraron confundidos, como si los productos no tuvieran sentido para ellos.

—Ay no… ya comenzaron a parecerse —guardó las cosas en la bolsa— ¡no me están ayudando! Quiero comprarle un regalo a Kalluto y no sé qué elegir.

—Alluka —Killua se talló las sienes—, Kalluto es hombre ¿lo recuerdas? Mamá lo viste de mujer, pero eso no quiere decir que le guste mucho parecer una niña ¿ya le preguntaste si eso le divierte?

—Ah —resopló—, siempre dice que ya le da igual.

—¡Darle igual no quiere decir que le guste!

La risa suave de Illumi atrajo la atención de ambos chicos.

—¡Tú no te rías y mejor ayúdame! —reclamó Alluka.

—Está bien, de acuerdo —pensó un poco, el albino tenía curiosidad sobre lo que diría— llévale un libro. Un libro es algo neutral, no insinúas que es un chico o una chica, y en nuestro trabajo, cargar con un libro no es gran cosa. Le darás algo con qué entretenerse en sus ratos aburridos.

La pequeña sonrió complacida.

—¿Ves, hermanito tonto?, esa es una gran idea —sacó la lengua y se dio a la fuga en busca de una librería.

Por la noche regresaron al hotel. Alluka no les había dado tiempo para estar a solas, desde el momento en que vio que Illumi tenía buenas ideas lo hizo darle reseñas de varios libros hasta que uno de ellos la convenció. Killua tuvo que soportar compartir un poco a su Illumi con tal de tener a su hermana satisfecha, y de vez en cuando, mientras los veía juntos convivir sanamente, sentía la punzada de los celos, pero en esa situación no podía definir qué le daba celos, si ver a su hermana llevarse bien con alguien que no era él, o ver a su novio convivir con alguien más. Afortunadamente no era algo del otro mundo, así que en cuanto se percató de sus emociones, se controló y logró acoplarse exitosamente a la convivencia.

En cuanto entraron al hotel, percibió la mirada escrutadora de su hermana y sintió escalofríos al recordar su advertencia de no dormir juntos, tendría que esperar hasta asegurarse que ella estuviera dormida para que ambos se encerraran en una de las habitaciones disponibles.

—¡Durmieron juntos! —el grito acusador de su hermana, mientras subían las escaleras rumbo al pasillo que los llevaría a sus cuartos, le hizo palidecer. No había esperado que ella los descubriera tan fácilmente.

—¡¿Nos viste?!

Illumi tuvo el instinto de ponerse una mano en la frente, apenado porque él sí había captado la falsa acusación. Sólo que la buena consciencia y sinceridad del albino le habían traicionado en esta ocasión.

—¡No! Sólo lo dije como broma… —abrió sus ojos como platos, era la primera vez que atrapaba a su hermano en una mentira— ¡Me mintieron, ambos lo hicieron!

Killua ya no quiso hablar, estaba muy apenado por haberse delatado tan torpemente y frente a su novio.

—Yo me preocupo por su bienestar chicos, no lo tomen a mal —suspiró resignada— de todos modos lo seguirán haciendo… sólo… sólo tengan cuidado ¿de acuerdo?

—Sí, señora —respondió burlesco, Illumi.

Para colmo tuvieron que aguantar un regaño largo por parte de ella hasta que los dejó ir, y ambos, ya sin pena, se metieron al cuarto de Killua. En esta ocasión, fue el mismo albino quien detuvo a su hermano en cuanto entraron, le abrazó y se quedaron así un rato, en silencio.

—No quiero que te vayas a la isla, ya aguanté siete días, quince días será una locura…

Apretó el abrazo, y su corazón latió con velocidad.

—Vendré, ¿en serio crees que yo aguantaré tanto tiempo sin verte? Te extrañaré más de lo que tú a mí.

Probablemente tenía razón, Illumi llevaba más tiempo enamorado y probablemente a la primera oportunidad iría a verlo.

—¿Cuándo vendrás?

—No quiero decirte una fecha y luego fallar, pero sé que vendré tan pronto como me sea posible. Todo el tiempo que tenga oportunidad, cuenta con ello.

Se apartó un poco de él, tomó su rostro con ambas manos alzándolo hacia él, y le dio un profundo beso. Justo como el del día anterior, después de un largo día de no poder ni tocarlo. Se deleitaron con sus sabores, olvidándose de todo, sólo pensando en seguir así. Illumi colocó una mano sobre la cintura del albino, atrayéndolo a su cuerpo y el menor rodeó con sus manos el cuello de su novio para profundizar más la intensidad de sus emociones.

La puerta se abrió sin anunciar nada. Alluka había querido entrar para tratar un tema más, pero se llevó la sorpresa de su vida al verles ahí tan unidos. Como nunca antes. Una cosa era ver a Illumi actuar de ése modo, como si Killua fuera de su propiedad y tuviera derecho por sobre su cuerpo. Otra era que Killua fuera el que denotara ese aire de posesividad, atrayendo al mayor a su boca, como para exigirle que no le soltara hasta que él quisiera. No se veían mal —no si no se sabía que eran hermanos— era tan naturales sus posturas, su intensidad y todo lo que trasmitían, que fue chocante en su mente. Se quebró, pero resistió, Killua no debía ver por nada del mundo su desaprobación o arruinaría todo, Illumi se estaba esforzando demasiado como para negar su ayuda. Se concentró en la imagen, en engañarse a sí misma que no estaba mal, que lucían tan acaramelados que valía la pena estar ahí para presenciarlo.

Illumi soltó a Killua en cuanto notó la presencia de la menor. Se regañó mentalmente por haber bajado la guardia, las cosas pudieron haber sido peores. Miró la expresión de sorpresa de la chica, a punto de echarse a correr y supo que no debía soltar al menor cuando reparó en que Killua escondía su rostro en su pecho; no estaba dispuesto a ver a su hermana a los ojos, así que le abrazó sutilmente cogiéndolo por los hombros.

—Es de mala educación entrar sin tocar la puerta —dijo en son de broma para que Killua no se molestara después por haber usando un lenguaje más soez; sin embargo, sus ojos destellaron un evidente deseo de matar que Alluka no pudo más que tener miedo de caer presa de ese sujeto.

—Lo siento —susurró sin voz— sólo quería… yo… los veo mañana.

Cerró la puerta y se refugió en su habitación. Illumi se separó del chico y lo tomó por los hombros para animarlo a dejarse ver.

—Nos vio… —fue lo que escuchó— me siento mal por ella.

—Kil —besó su frente—, ¿te arrepientes de estar conmigo?

Esas palabras dolieron. Apretó la playera del morocho, no podía creer que siguiera con sus dudas después de demostrarle que estaba dispuesto a todo con él.

—De eso jamás.

—Entonces no te sientas mal. Esto es algo que eventualmente ocurrirá, no sólo con ella. Llegará el día en que todo el mundo lo sepa.

Era un asunto un tanto complejo. Killua solía aceptar su relación cuando estaban a solas, pero cuando había alguien cerca, lo trataba como su hermano mayor, lo llamaba "aniki", no lo tocaba y se ponía demasiado nervioso cuando Illumi hacía algún gesto cariñoso. A Illumi no le molestaba que él fuera así, y debía admitir que era preferible ocultar su relación por el bien de ambos, sobre todo por el bien del menor a quien acosarían por haber tomado tal decisión, pero él sabía que esa actitud sólo denotaba que Killua todavía no estaba lo suficientemente convencido de su relación.

Él quería que todo el mundo supiera de ellos, no tenía vergüenza ni arrepentimiento, ni el más mínimo aire de duda sobre lo que hacía, en cambio Killua prefería mantener las cosas con suprema discreción. Illumi aceptaba su decisión porque no era algo que él tuviera derecho a cambiar, al contrario, no estaba en sus manos el decidir por su cuenta. Esto era algo que ocurría todos los días, y él se había resignado a mantenerlo oculto. Sospechaba que el albino también estaba desesperado por tener privacidad, porque en muchas ocasiones lo atrapaba viéndole a distancia con un aire de tristeza. El morocho pensaba que era cuestión de tiempo antes de que ambos se hartaran de todo su secretismo.

Alluka cambió un poco su actitud. Illumi sabía que ella no estaba del todo dispuesta a aceptar su relación, sólo lo veía como algo obligatorio hasta que ambos lograran liberarse de su maldición y por ello no intervenía tanto como quería. Sin embargo, después de haberles visto besándose, al día siguiente se mantuvo silenciosa, evitaba el contacto visual y las preguntas sobre lo que pasó el día anterior. La chica se la pasó reflexionando sobre su posición, detestaba que su hermano y mejor amigo, pasara por esos problemas, con sus sentimientos fuera de control.

Todo el tiempo se la había pasado juzgando duramente a Illumi por las cargas que su hermano estaba forzado a llevar, no lo aceptaba, le sonreía, le trataba bien porque no se creía con el derecho de ser malvada con él, pero eso no quería decir que estuviera conforme. Casualmente esa noche, cuando lo vio junto a Killua, su visión repentinamente cambió. Illumi transmitía tanto durante el beso que era imposible no verlo; su cuerpo inclinado hacia el menor, sus manos atrayéndole por la cintura; su rostro, sus ojos cerrados, su guardia abajo; se veía auténticamente enamorado, mostraba un lado tan vulnerable que si lo deseaban, bien podrían destruirle en ese instante y no quedaría ni rastro del Illumi que alguna vez se proclamó como un poderoso enemigo. Fue profunda y dolorosamente impactante darse cuenta que el enemigo que tanto juzgaba, era en realidad un ser humano lleno de ilusiones y sentimientos. Se preguntó cómo se sentiría ella en su lugar. Ella no sabía la larga historia que rodeaba a Illumi, sólo conocía su deseo a grandes rasgos, y hasta ese momento fue testigo de cuán grande era su devoción. De hecho, ni siquiera le pareció un deseo, era más bien, amor.

«Si yo hubiera sido él, si yo tuviera un amor tan imposible por el cual quisiera pelear…»

Definitivamente no habría podido con la carga. Probablemente se habría rendido antes de empezar y viviría con el dolor de su corazón por siempre. Así hasta que sus emociones se entumecieran y se volviera soportable vivir así.

Al día siguiente sonrió, volvió a ser la Alluka de siempre pero con una excepción, esta vez era sincera. Ya no hacía burla de las emociones de ambos, ni decía para sus adentros cuán menospreciable y perverso era Illumi. Admitió que él era una persona más y una que amaba a su hermano de una forma especial.

En un momento de privacidad, Killua le preguntó sobre cómo se sentía al respecto; respondió que era la primera vez que veía un beso tan romántico que tuvo envidia, le describió lo que había visto en Illumi y esto, para suerte del morocho, despertó los ánimos de romance en el chico.

—¡Ah! Había olvidado por completo que quería decirles el día en que los atrapé en su nido de amor —Killua se preguntó de dónde diablo sacaba tantas expresiones— Kalluto vendrá mañana, llegará al hotel y se quedará con nosotros esta semana.

—¡Por fin! Ese niño se las verá conmigo.

—¡No!, ¡nada de peleas, Illu-nii dile algo!

Killua disimuladamente puso una mano sobre la rodilla de su hermano por debajo de la mesa en la que estaban, erizándole la piel. Illumi se quedó sin habla, jamás imaginó que Killua jugaría sucio con tal de ganar en algo como eso.

—¿Illu-nii? —le preguntó juguetonamente el albino—, ¿tienes algo qué decirme?

Palideció internamente, «si ya se comporta de éste modo, me imagino cómo será después de que haya más en juego de por medio». Claro, después de haber tenido sexo, cuando los lazos se volvieran más poderosos y fuera más sencillo manipularle, seguramente Killua sólo requeriría de mirarle a los ojos para ordenarle unas cuantas cosas.

—N-no —tragó saliva y se puso de pie, fingiendo que tenía que ir al baño. Escuchó que Killua soltaba una risita al ver su reacción.

«Este niño un día va a matarme».

.'.

Kalluto iba con toda la disposición de su corazón de llegar y mostrar su apoyo y aprobación a sus dos hermanos mayores. Sostenía la idea de animar más a Killua a seguir adelante con su relación, ese año de enamoramiento no garantizaba que fuera a aguantar por mucho tiempo o, por lo menos, el suficiente como para dejarles experimentar y descubrir el secreto oculto para deshacer aquel Nen arcaico.

El asunto fue que, cuando llegó, Alluka lo condujo al cuarto donde Killua se quedaba para discutir sobre los asuntos que tenían pendientes y vio a sus hermanos juntos, sin hacer nada en específico, y sin embargo no pudo concentrarse.

Estaban ellos dos hablando sobre algo serio, se notaba porque ambos irradiaban cierto enojo. Pero no quiso indagar, estaba más impresionado de lo que creyó que estaría. A diferencia de Alluka, él si había podido pasar tiempo con sus dos hermanos juntos y sabía la compleja relación que tenían, y por eso, verles hablando civilizadamente fue simple y sencillamente chocante. Se quedó paralizado, no podía visualizarlos como una pareja, sólo como sus hermanos. La realidad le cayó como un balde de agua fría y quiso huir en ese instante.

—¿Kalluto? —escuchó que Alluka le llamó, sacándolo de sus pensamientos—, ¿no vas a responder?

—¿Eh? —volteó hacia ellos, sus hermanos le miraban con curiosidad, y entendió que acaban de saludarle—, hola.

—Sólo falta Milluki para que esto se vuelva reunión de hermanos Zoldyck —bromeó Alluka.

—¡Ni hablar, no quiero ver a ese tipo! —se quejó Killua— Sería una molestia.

—No importa, él no saldría de casa sólo para vernos —señaló Illumi.

—Hace tiempo lo vi salir, fue a una subasta en York Shin.

—¡¿Salió de casa?! —tuvo que reconocer que no le prestaba atención a las cosas que su hermano menor hacía.

—Que se quede ahí —interrumpió Kalluto— no quiero ver al perro faldero de Illu-nii.

Tanto Alluka como Killua rieron por el comentario, Illumi tenía de cara no comprender el chiste.

—Sí aniki, no te hagas el desentendido. Milluki es tu fan.

Killua siguió con la broma, pero esta vez, aprovechando que estaban sentados muy cerca el uno del otro, se recargó en su regazo sin pensar en que Kalluto estaba ahí. Illumi lo recibió, abrazándolo por la cintura.

El menor de todos procesó la imagen tan rápido como pudo, era más impresionante de lo que había calculado. Se dio cuenta de la terrible carga que dejaba en su hermana cada vez que ella le llamaba para lamentarse de estar en medio de esos sucesos, ya podía entenderla mejor. Sintió un nudo en la garganta, creyó que se rompería en mil pedazos, pero la mano de Alluka empujándolo para que tomara asiento cerca de ella, le hizo despertar. La chica le sonreía amablemente. Era un "resiste" que, aun sin palabras, comprendió a la perfección. Deseó tomar la mano de su hermana y apretarla fuertemente para seguir fingiendo indiferencia.

Se quedaron conversando un rato más hasta que Alluka le pidió al más chico que le acompañara a hacer unas compras. Kalluto no se negó porque deseaba salir de ahí cuanto antes.

—Duele.

—Te lo dije —contestó Alluka.

Ya estaban solos, caminando sin prestar atención entre los pasillos de un gran centro comercial.

—Pero duele de verdad, no como cuando tengo un enfrentamiento.

—Lo sé —se detuvo frente a un barandal, y recargó sus antebrazos en él, para asomarse hacia abajo—, sabes, el otro día los vi besándose.

—No por favor… —se acercó al barandal y recargó su espalda, su corazón latía fuerte de sólo imaginar estar en el lugar de Alluka.

—No es tan horrible como crees. Es sólo un beso, además Kalluto, aunque nos duela, ellos dos se quieren de verdad.

—No, Killua está afectado por la carta. Él no sabe lo que hace.

—Illumi sí que lo quiere. Sabes, desde que lo noté, no dejo de pensar en lo mucho que debe doler estar en su lugar.

Silencio. Kalluto tuvo que darse un momento para procesar esas palabras. Tenían mucho significado. No era como el caso de Killua, aquí no había un elemento mágico que le produjera amor.

—También se vio afectado por el ente —examinó el menor.

—Pero es permanente. Asume eso Kalluto, y entenderás que es él.

Tenía mucha razón. La realidad era más cruda de lo que imaginó. Quitarle el efecto del ente no quería decir que Illumi dejaría de sentir amor por el albino, y era orillarlo a vivir así, sin él.

—Es una decisión, es él o Killua. Uno de los dos va a seguir sufriendo.

—¿Y si no?, ¿y si Killua, cuando termine el efecto, quiere quedarse con él y nosotros no intervenimos?

—Alluka… Killua no tiene un efecto permanente, tarde o temprano va a reaccionar. No creo que Killua, con su consciencia, decida estar con su propio hermano. No es un loco.

No resistió las ganas de darle un buen sopapo en la cabeza. Alluka se molestó por la descripción tan pesimista del menor.

—Eso tú no lo decides.

—¡Ey! No me golpees.

—Pudiste esquivarlo. Y no, Killua es el dueño de su vida, no nosotros. Hemos estado hablando todo este tiempo como si él no pudiera pensar por sí mismo y tomar una decisión. Lo que nos queda hacer es seguir con nuestra parte, investigar sobre el espíritu de Nen, y dejar que ellos dos sigan con lo que tienen. Si Killua decide apartarse, entonces, intervendremos.

—¿Desde cuándo eres mi hermana mayor? —soltó sin pensar, estaba impresionado de tratar con alguien tan cuerdo, considerando que vivió casi toda su vida en el encierro.

Otro golpe en la cabeza le respondió.

—Toda tu vida, tonto.

Dormir junto a Illumi se volvió un problema, no porque le hubiese dejado de gustar, sino todo lo contrario. Se volvía loco con su aroma, su presencia, y su respiración por las noches; despertaba y tenía ganas de besarle y acurrucarse de nuevo entre sus brazos. En muchas ocasiones, cuando los besos de media noche se volvían un poco intensos, no quedaba satisfecho, necesitaba más y más de él, así hasta quedar agotado. Cuando estaba en ese estado de éxtasis, el recuerdo de las palabras de Leorio volvía a él.

«Illumi es un hombre mayor, debe estar paralizado entre lo que puede o no hacer conmigo, la moralidad y los deseos».

El dilema en el que suponía poner a su hermano, que sólo él podía resolver teniendo iniciativa, y que para su desgracia, no podía tenerla, porque no era capaz de decirle sus sentimientos. Es verdad que Illumi los intuía todos, siempre atinado en cada gesto, y también era cierto que Illumi tampoco era expresivo, al menos, no en público, no era esa clase de persona que disfrutara las muestras de afecto frente a un montón de desconocidos, era discreto y paciente, esperando a que estuvieran a solas para entregarse a él. Una vez que cerraban la puerta con seguro, le abrazaba, le recordaba que le quería, lo besaba y llenaba de caricias, expresaba sus preocupaciones y era cuando sus conversaciones se prolongaban por horas en las que se escuchaban mutuamente hasta que no les quedaba remedio más que dormir.

Illumi se levantaba, tomaba sus prendas y se cambiaba de ropa. Killua desviaba la mirada por pena a verle semidesnudo, y prefería cambiarse de ropa en el baño. Siempre se preguntaba si Illumi sentía alguna especie de pudor cuando hacía aquello. Aunque secretamente agradecía que lo hiciera, porque podía ver un poco más de piel de lo acostumbrado. Entonces, cuando se acostaban, Ilumi se giraba, le atrapaba contra la cama y le robaba otro sensual beso, el de las buenas noches. Se detenía en sus labios, acariciaba sus mejillas, su cuello, y procuraba siempre no bajar sus manos más allá de sus hombros, o llegaría a terrenos en los que su voluntad flaquearía. Por otro lado, Killua, a él le bastaba eso para desear más, e inconscientemente lo trasmitía en la tensión de su boca, cuando colocaba su mano en el cuello de Illumi y lo presionaba para acercarse a su cuerpo, insinuándole que le tocara más.

Illumi no era tonto, comprendía el lenguaje corporal de su hermano, le pedía algo bastante evidente y él se hacía el tonto, ¿cómo podía atreverse a satisfacerlo si no se atrevía ni a decir algo agradable cuando estaban a solas? La intimidad a ese grado implicaba una cercanía entre ambos más profunda o acabarían en sexo sin sentido. Aunque deseaba complacerlo y por supuesto, complacerse, quería ser fuerte porque guardaba la esperanza de que un día tuviera ese amor recíproco e incontrolable, sabía de sobra que pronto su deseo se lo exigiría y él quería resistir hasta el final.

Luego, entre suspiros, y buenos deseos, ambos se dormían. No perdían jamás el contacto de sus cuerpos durante la noche, no importaba que estuvieran dormidos, buscaban su calor.

Killua ya estaba listo para confrontar a Kalluto, su pequeño hermano sólo estaría ahí por tres días así que debía darse prisa para asegurarse de tenerlo en un lugar a salvo.

—Vuelve a casa —reclamó Killua después de haber almorzado— te dije que te alejaras del Genei Ryodan. No me has hecho caso, cabeza hueca.

—Ya te dije que no lo haré ¿volverás a casa?, ¿no, verdad? Entonces no vengas aquí a darte esos aires de superioridad.

—¡Soy tu hermano mayor, idiota! Illumi…

Detestaba que Killua lo controlara de ése modo. No podía poner lucha cuando usaba el clásico tono de voz que le indicaba que debía ponerse de su lado aun si no tuviera la razón.

—Illumi no manda —reclamó—. ¿Me mandarás de regreso a casa, hermano? —se dirigió al mayor de todos.

—Kalluto, no puedo más que apoyar lo que dice Killua.

—¿Eso es lo que tú quieres? —preguntó el menor. Quizá Alluka podía pretender no darse cuenta de que Killua controlaba todas las decisiones de su novio, pero él no— dime ¿por qué crees que yo debo volver a casa, Illumi?

No tenía ni la más mínima idea de por qué Kalluto debía volver. No era como que le apeteciera exponerlo a estar con su madre, la peor persona con la que podía dejarlo. No le parecía menos problemático que estuviera con las arañas. Debía idear algo pronto, por suerte, antes de que pudiera responder, Killua contestó.

—Es peligroso que te involucres, ellos podrían…

—Le pregunté a Illumi, no a ti —no lo dejó seguir con su juego de presión, aprovechando que Illumi le amaba para sacar partido— déjalo que él se exprese por su cuenta.

Y ahí estaba de nuevo, esa mirada de "tienes que apoyarme" y que lo hacía sentirse culpable de diferir en ideas.

—Sería bueno que volvieras a casa, Kalluto, creo que hace falta alguien que pueda ayudarnos con los trabajos.

—Tú sabes bien que no es cierto.

—¿Quién no lo deja expresarse? ¿Si no vas a creerle, entonces para qué le preguntas?

Illumi suspiró. Iba a ser difícil lidiar con esa clase de problemas.

—Sabes que estaré del lado de Killua, pero si quieres estar con ellos será mejor que nos des buenos motivos para no frenarte.

«Al fin algo de Illumi» pensó el chiquillo rebelde.

—Después se los diré, sólo necesito una cosa más y dejaré las cosas claras.

—Aquí vamos… —incrédulo respondió el albino.

No le gustaba para nada que estuviera con la gente de la araña. Ellos siempre estaban rodeados de peligro con oponentes fuertes y vengativos, sobre todo si entre esos ataques se encontraba Kurapika, no quería imaginar lo qué pasaría si ello se diera.

Por sugerencia obligatoria de Alluka cortaron su discusión para salir a caminar; era una enorme ciudad y según ella, no estaban disfrutando como era debido por culpa de sus debates absurdos sobre quién debía hacer qué y cuándo. Anduvieron siguiendo a la chica —con una tensión un poco reducida— por la ciudad hasta que se volvió noche y ella pidió volver.

—Necesito hablar contigo en privado —pidió Kalluto al mayor, en presencia de sus otros hermanos antes de irse a dormir— ¿tienes tiempo?

—Seguro.

—¿De qué? —preguntó Killua.

—Es privado —le respondió Alluka.

—¿Y tú sí sabes?, ¿por qué tú sabes y yo no?

—Yo no lo sé, pero si Kalluto dijo que quería hablar en privado, es porque es algo que tiene que ver con ellos dos solamente.

—Kalluto… —amenazó Killua.

Se sentía intimidado de dejar a Illumi junto a sus hermanos sin que él estuviera presente; no por lo que Illumi pudiera hacerles, confiaba ya en él; creía que, de cierta forma, le sacarían provecho al mayor. Ahora que lo conocía mejor, sabía lo sencillo que era manipularle, que era un ser humano sensible que guardaba toda su vulnerabilidad bajo capas de indiferencia que en algún punto se deshacían por su falta de entendimiento personal.

—Nadie te quitará a tu novio. Tranquilo.

Para sorpresa de todos, esa fue la respuesta de Kalluto. Lejos de sonar como una broma, parecía como si estuviera intentando calmarlo con toda franqueza.

—¡No es eso! Ah… olvídalo, vayan.

Al fin de cuentas sabía que Illumi le contaría todo.

Illumi lo acompañó al cuarto, y el menor no inició la conversación hasta que se aseguró de que no estuvieran siendo espiados. Estaba nervioso. No tenía idea de cómo empezar con sus palabras, no era su intención decir algo hiriente. Le indicó a su hermano que tomara asiento sobre la cama y él caminó dando vueltas, pensando en lo que diría.

—Kal…

—¿Cómo va todo entre ustedes dos? ¿Ya son nov-nov… eh…? —estaba completamente rojo de la cara e Illumi contuvo la risa.

—¿Qué les pasa a ustedes que no pueden hablar del tema directamente? Oh, espera, Alluka no sabe ser sutil, olvídalo… —pensó en voz alta. Encontraba cómico ver que tanto él como Killua se volvían un manojo de nervios cuando el tema giraba en torno al romance; no eran capaces de pronunciar ni las palabras más sencillas.

—¿De qué hablas?

—Sí, Kalluto. Todo va bien, él y yo tenemos una relación. ¿No se nota?

«No» quería decirle. En todo el día, pese a que estuvieron juntos, no vio ni una sola señal de romance entre ellos dos. Era como si fueran simplemente amigos, él estaba esperando verlos como sus padres, que en ocasiones los veían juntos tomados de la mano, o actuando como una pareja normal. Recuerdos que prefería omitir de su mente.

—Eso está bien, yo no quiero que las cosas vayan aprisa. Vamos paso a paso, como creo que a él le conviene más.

Por supuesto, no estaban hablando de una relación normal. Eran hermanos y él le llevaba una diferencia de doce años. Ir rápido significaría que entre ellos sólo había una atracción pasional sin futuro.

—Illumi, yo…

—Si no te gusta, lo entiendo, pero no voy a desaprovechar la oportunidad sólo porque no te parezca.

Soltó la risa. Las cosas eran tal como Alluka se las había descrito, Illumi sí estaba enamorado y consideraba esto como la oportunidad de su vida mientras que ellos, lo veían como una tregua para mantener a Killua estable emocionalmente, hasta conseguir una "cura" que resolviera todo con la misma magia con la que había llegado.

—No iba a decir eso… —se relajó más, se sentó sobre la cama. Ya no pensaba investigar más sobre lo que había entre ellos dos— En realidad quiero pedirte un favor.

—Adelante, dilo.

—Haz que Killua vuelva a casa. Convéncelo.

—Kalluto, yo no quiero que él vuelva a casa. Tampoco quiero que vuelvas tú —confesó finalmente lo que pensaba— sabes bien que allá ellos tienen poder sobre nosotros, y no quiero que Killua se involucre más con los asuntos de la familia.

—Los Iluminados irán tras él.

Calló, era la segunda vez que escuchaba eso. Se puso en alerta ante lo siguiente que su hermano menor fuera a advertir.

—Mamá me lo dijo. Papá firmó un pacto con los Iluminados, nosotros les pertenecemos a ellos para que hagan con nosotros como mejor les convenga. No sé mucho del tema, no tanto como quisiera, pero sé que ellos están al tanto de Killua por ser el heredero, y si Killua permanece fuera por más tiempo del que ellos desean, vendrán por él, harán lo que quieran con él y cuando queden satisfechos, lo forzarán a volver a la casa.

Era justo la descripción que toda marioneta temía una vez que se escapaba de su amo. Ellos no eran libres nunca, no importaba a dónde fueran, en el momento en que sus titiriteros tronaran los dedos, no tendrían opción que volver a los pies de sus amos. Killua no tenía el entrenamiento de una marioneta, pero había todavía muchas cosas que él desconocía sobre lo que sus padres habían negociado con la hermandad y que quizá existía una brecha de debilidad en ellos cuando se trataba de los Illuminados. Si Nimrod llegó a sentirse amenazado por la hermandad, siendo que él era terriblemente poderoso, Killua correría más peligro aún, considerando que aun tenía debilidades fáciles de adivinar y atacar.

Esa gente no lo mataría, lo torturaría hasta tener lo que deseaba. Eso significaba que sus padres tenían el acuerdo de obediencia por voluntad, y no por entrenamiento como usualmente ocurría. Entonces vino a él el recuerdo doloroso de su infancia. Cuando estaba encerrado en el cuarto blanco durante las torturas, mientras que su madre lo había dejado sin comer durante toda la semana, y no hacía otra cosa que drogarlo e impedirle dormir con los constantes ruidos y discursos que sólo atormentaban su mente. Estando ahí, con sus ojos perdidos en la nada, deseándose la muerte, escuchó dentro de su cabeza una voz que le decía la solución a sus problemas: la obediencia absoluta.

Tuvo un terrible dolor de cabeza. Cerró los ojos y apretó su cráneo, era como si la idea quisiera escapar de ahí. El recuerdo le producía tal dolor que no creía que perdería su lucidez.

—¿Illumi? —la voz de Kalluto sonaba apagada y distante a pesar de que estaba frente a él—, ¿hermano, estás bien?

Kalluto se asustó bastante, pero no quiso salir y dejar solo a Illumi para buscar ayuda, no se veía bien y podía ser que su estado empeorara si se apartaba.

Cuando vio a Illumi palidecer al tiempo que se recostaba sobre la cama, comprendió que algo no estaba bien y salió rápidamente a llamar a sus hermanos.

En cuanto escuchó la noticia, Killua fue a revisarlo a toda prisa, preocupado por el bienestar de su hermano, y al final determinó que el mayor se había quedado dormido como si hubiese hecho una actividad terriblemente exhaustiva. Por suerte para todos, ya que llamar a un médico hubiese resultado inútil tratándose de un Zoldyck.

Killua se quedó junto a él, sosteniendo una de sus manos, asustado porque fuese un efecto de Nimrod. Esperó en silencio, con el corazón angustiado ante cada movimiento de su hermano, el cual parecía que despertaría en cualquier momento.

Tras unos minutos Illumi comenzó a recobrar la consciencia, escuchó el sonido de la habitación y una respiración a su lado; entonces se percató de la mano que sostenía la suya y la reconoció, era la de su amado.

—¿Illumi? —volvió a escuchar que le llamaban, esta vez era Killua—, Illumi ¿eres tú?

—Kil —apretó su mano, quería reaccionar, pero el aturdimiento apenas le permitía entreabrir los ojos.

Se dio cuenta que sus los otros chicos Zoldyck estaban ahí cuando les oyó saliendo para dejarles tranquilos hasta que Illumi terminara de volver en sí; eso y que no querían verles en alguna situación comprometedora.

—Illumi… ¿eres tú? —todavía tenía sus dudas, desconocía por completo lo que le había ocurrido como para hacerle desmayar y cualquier cosa que fuera, debía ser lo suficiente fuerte como para matar a cualquier otro.

Con mucho esfuerzo el mayor terminó de abrir los ojos. Observó en silencio el techo, recordando lo último que había ocurrido antes de echarse sobre la cama, la conversación con Kalluto volvió a su mente, y el recuerdo inicial, aquel que le había aplastado reapareció como un destello a la distancia que ya no lucía tan dañino como al inicio.

—Kil… tengo sed.

—Me asustaste, idiota —reclamó el albino.

—Estoy bien, sólo creo que me atropelló un tráiler.

—Idiota —apretó de nuevo su mano—, eres un idiota. No sé qué hiciste, pero no lo vuelvas a hacer.

Cuando su vista logró enfocarse bien, se sobresaltó, Killua estaba a punto de llorar y se delataba por el leve rubor causado por las emociones contenidas. Se lamentó no tener las fuerzas para sentarse y darle un abrazo que calmara su ansiedad.

—Lo siento —acarició su mejilla— no lo volveré a hacer —realmente no quería hacerlo, no quería traer de vuelta esos recuerdos. Tan sólo el conocimiento aprendido era lo único que deseaba conservar.

Antes de que dijera algo más, esta vez, sin previo aviso, Killua se echó sobre él respirando hondo. Estaba feliz de verle bien, aunque tenía curiosidad por saber lo que había provocado la pérdida de consciencia.

—No soportaría que algo malo te pasase.

Cuando escuchó esas palabras, no pudo más que sonreír. Era la primera vez que escuchaba a Killua confesar sus sentimientos más profundos. Acarició sus blancos cabellos aprovechando la cercanía e intentó recuperar sus fuerzas para hablar.

—Tuve un mal recuerdo, eso es todo —tan sólo pudo admitir el recuerdo, sin embargo, no tuvo el valor para volver a explorar dentro de sí nuevamente y arriesgarse a recaer.

—Tonto… ¿cómo un mal recuerdo te hace perder la consciencia? Es absurdo.

—Un mal recuerdo Zoldyck —explicó y la risa del menor le hizo recobrar el aliento.

—Oh… retiro lo dicho.

—Pero ya pasó, y estoy bien. Estás aquí, eso es lo importante.

Killua se levantó sin pensarlo dos veces, gateó un poco hasta que besó los labios de Illumi. Un dulce beso sin ninguna pretensión más que darle esa tranquilidad que tanto necesitaba. El morocho sonrió, atrapando la nuca del menor antes de que se alejara por completo, para presionarlo contra sus labios una segunda vez, aunque ahora con un aire picarón que hizo sonrojar al menor.