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HADOS

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Illumi llegó a la gran ciudad que actualmente fungía como el centro de la Iluminación; caminó entre mucho ruido y movimiento del transporte que estaba atestado de gente, eran fechas vacacionales para las personas comunes. La arquitectura y los espacios turísticos del lugar atraían a la población, así que tuvo que moverse con cuidado; no quería llamar la atención de la hermanad mientras llegaba a su destino. Aún si estaba por ingresar a la biblioteca, era preferente hacerlo en silencio y con calma, ya que, sin importar lo que hiciera, seguiría siendo parte de los Iluminados y tendría acceso a los libros que el Barón le había indicado, por ende no había tenido miedo de tomar provecho de la situación e ir a indagar en el mejor sitio para hacer sus investigaciones.

De todos modos, terminó siendo el centro de atención de los Iluminados; en cuanto entró en el enorme edificio, las miradas de todos los presentes se enfocaron en él, unos con miedo y rechazo, otros con curiosidad. Los ignoró; tendría sólo un día para estudiar tanto como pudiera para luego regresar por su hermano, el cual le había mandado un mensaje, avisándole que se había reunido con Alluka y que se moverían a otra ciudad para continuar con su viaje. Eso era bueno, el problema era que se alejarían demasiado, y para viajar hasta allá le tomaría bastante tiempo, así que no podría estudiar tanto como deseaba debido a que tenía que ir a verle en el plazo que habían acordado.

Caminó entre los pasillos queriendo encontrar la sección que había visto la primera vez que estuvo ahí, cuando descubrió por primera vez la carta de los amantes. Era más difícil de hallarla de lo que él recordaba, hasta que por fin dio con el estante, en el segundo piso, cerca de los libros de Alejandría.

Tomó el libro del Tarot, el gran índice de la enciclopedia y buscó atentamente entre las hojas casi trasparentes.

«Los amantes. Los hermanos.

Esta carta y su gemela; XIV; Arte; son los Atu más oscuros y difíciles; cada uno de estos símbolos es doble en sí mismo, de modo que los significados forman una serie divergente, y la integración de la Carta sólo puede recobrarse mediante repetidos emparejamientos, identificaciones y alguna forma de Hermafroditismo».

Lo leyó y su corazón dio un brinco. Eso era justo lo que estaba buscando: una guía para entender lo que le pasaría a su hermano.

Fue y buscó el libro señalado; abrió la página y se preparó para una larga lectura. Eran al menos cien páginas de información sobre la tirada; temas que él desconocía sobre el tarot como métodos de purificación astral, rituales y procedimientos antes de realizar la tirada y para preparar las cartas. Se requería mucho estudio, era una lectura que no podía ser realizada por cualquier persona.

«El sexto arcano. Tirada de Nen».

Mucha información que no necesitaba pero que de todos modos dedicó tiempo para leer porque no quería confiarse e ignorar algún punto que fuera a poner en riesgo su posición.

Tenía mucho por aprender y en momentos sentía que se quedaría dormido, así que de vez en cuando se detenía a despejar su mente, salía de la biblioteca, caminaba un poco, y luego volvía, siempre meditando en todo lo que descubría. Hasta ahora nada esencialmente útil.

Así se mantuvo hasta que, tras varias horas, encontró una página que le dio la clave de todo lo que debía saber. Al menos ahora sabía que el Barón no bromeaba cuando dijo que tenía un año completo para convencer a Killua de que de verdad estaba enamorado de él y que tenía que ser cuidadoso porque el enamoramiento no era normal. Su hermano sufriría muchas crisis emocionales debido al choque entre el efecto mágico y la razón; tendría que ser paciente ante los cambios, dado que podían ser bastante variados de acuerdo a su signo zodiacal.

«El zodiaco».

Ahora sabía a dónde debía acudir. Vio la tablilla para calcular el signo bajo el que su hermano y él habían nacido, y se dirigió hacia el respectivo libro.

«Cáncer».

Leyó el título. Vio que en el índice había mucho de qué hablar, así como su carácter, sus relaciones amistosas, laborales, familiares, amorosas, y notó con pesar que no acabaría de leerlo en todo el día, así que se mentalizó en que debía ir lento; por más que quisiera apresurarse, debía ser racional y asegurarse de comprender a fondo a su hermano.

Pero cuando leyó:

«La Luna es dueña de Cáncer, Signo del Agua, dispuesto a la construcción acuosa de los organismos. La Luna-Imaginación gobierna el líquido vital disperso en formas creadas por el crecimiento. Es la inteligencia arquitectónica que concibe, para cada especie, el plan constructivo de los individuos. Los babilonios lo convirtieron en su Dios-Luna, Sin, padre de Ishtar, la diosa de los vivientes…»

Supo que tendría un largo día de estudios.

En cuanto Illumi se marchó, Killua tuvo un merecido día de descanso. Pudo detenerse a pensar en sí mismo, en su salud mental y física. Necesitaba estar seguro de que podía seguir teniendo una vida al menos decente después de los abusos. A la mañana siguiente, justo cuando se disponía a ir en busca de su hermana, tocaron a la puerta del hotel. Fue a abrir y, para su sorpresa, un par de brazos lo rodearon.

—¡Hermano! —era Alluka que venía en compañía de Kalluto.

La chica se colgó de él sin pensarlo dos veces, y eso provocó que la tela que cubría el cuello del albino quedara un poco expuesto, mostrando un par de chupetones que lo avergonzaron. Mientras que Alluka se columpiaba, él levantó la tela mirando fijamente a Kalluto, quien si había notado las marcas, y desvió la mirada para que su hermano no se apenara más de lo que ya estaba.

—Gracias por cuidar de Alluka —extendió la mano y despeinó los cabellos negros de su hermano más pequeño.

—¿Y…? —detuvo sus palabras, no iba a tocar el tema si Killua no quería. Alluka siguió entretenida acurrucándose en su hermano.

—Él se marchó, fue a arreglar unos asuntos, pero ya está todo bajo control.

—¿Estás seguro de esto?, él volverá, ¿verdad?

—Sí, está en deuda conmigo, así que hará lo que yo le ordene.

—¡Te ves muy débil hermano!, ¿iremos a los parques de diversión que me prometiste? —exclamó Alluka, cambiando el tema. Sabía que su hermano iba a querer distraerse ahora que la marea había bajado.

—Sobre eso… —Kalluto los interrumpió— deberían considerar volver a casa, hay algo importante que…

—No —no le permitió continuar—. Ya te lo dije antes, Kalluto. No pienso volver. El que va a volver eres tú, necesito que vayas a la casa y le digas a Kikyo que ya sé todos sus secretos y que esto no se va a quedar así.

Pero el desafío en la voz de su hermano sólo encendió el malhumor del más pequeño que difícilmente se controlaba ante las provocaciones.

—No volveré a casa, no si tú no vuelves —Alluka dio un paso atrás, sus dos hermanos comenzaban a verse amenazantes.

—Kalluto… —no tenía ánimo, ni planeaba aguantar esa clase de respuestas.

—Tienes que volver, los Iluminados…

—¡No tengo nada qué ver con ellos! Tú vas a volver a casa, es una orden.

Kalluto no quería pelear, pero su instinto no le permitía quedarse de brazos cruzados cuando se le hablaba de ese modo mientras que él intentaba ayudar. Ni una pizca de gratitud había recibido después de tanto esfuerzo y eso le molestaba en sobremanera.

—Si no asumes tu papel en casa, no te haré caso —lo retó, pero esas palabras sólo eran impulso de su enojo, no era algo que de verdad intentara decir.

Killua dio un paso adelante, ante la clara provocación, iba a tomar a su hermano por el brazo y arrastrarlo a casa de ser necesario; no iba a permitir que se involucrara más con el Genei Ryodan, pero Kalluto también retrocedió, colocándose a la defensiva. Fue entonces que Alluka supo que tenía que intervenir y se colocó en medio de ambos. No quería que pelearan, menos en un momento tan delicado como ese.

—Soy tu hermano mayor, hago esto por tu bien, ¿quieres que le diga a papá?

—¡Dile!, ya seguro mamá le dijo.

—¡Esa mujer no es más mi madre! —espetó, y Kalluto se ruborizó.

Él también estaba enojado contra ella, estaban todos muy heridos por las acciones que Kikyo había tomado contra ellos.

—¡Ahora ve y díselo por mí! No iré a casa hasta que ella se largue.

—¡Pero esto no tiene nada que ver con ella!

Kalluto sentía que se ahogaba porque estaba en medio de un debate interno. Su hermano estaba herido y era claro que necesitaba descansar de todas las tragedias vividas en esos pocos días, pero tampoco tenía tiempo para hablar de ello, él quería decirle lo que su madre, la traidora, le había dicho sobre su seguridad.

—¡Te estoy diciendo que tienes que volver por otros motivos!

—Tú eres el que va a volver. Fin de la discusión.

—No —entre más retador fuera el albino, más afilado se volvía Kalluto. No sabía controlar su mal temperamento.

Killua no lo pensó más, se decidió a lanzarse sobre él, ignorando la presencia de Alluka. Ambos estaban bastante sensibles por diferentes causas y Killua sólo quería desahogar todas sus emociones contenidas. Alluka estaba gritándoles a ambos, intentando llamar su atención, desesperada por ser ignorada, al grado que en cuanto vio que sus hermanos iban a empezar a golpearse, se echó a llorar en voz alta.

Ambos se detuvieron, observando a Alluka llorar, cubriéndose el rostro.

—Paren, por favor… paren.

Un movimiento inteligente por parte de la chica, que sabía que ambos se controlarían por su causa, cosa que así fue. Ni siquiera pudieron darse un buen golpe cuando ambos se acercaron a ella para calmarla y decirle que todo estaba bien, que sólo estaban alterados y tuvieron que disculparse el uno con el otro por su mal comportamiento.

—Volveré a casa, a dar tu recado a… ella… —continuó—, pero si no vuelves a casa, me iré con la araña de nuevo, no permitiré que algo malo les pase a ambos.

—Es tu imaginación, papá no te dejará salir cuando se entere…

Pero Kalluto estaba ignorándolo, lo vio en sus ojos, que miraban de forma cómplice a Alluka. Tuvo miedo de preguntar qué ocurría ahí, puesto que Alluka le sonreía de una forma muy poco usual, ya habría tiempo para interrogar a la chica.

Después de eso, le envió un mensaje a Illumi sobre lo que haría para que él supiera cómo localizarlo.

Illumi tuvo que viajar bastante para volver a ver a Killua. Le fastidiaba tener que moverse tan lejos para sólo verlo poco tiempo, de todos modos sabía que este era uno de esos pequeños actos que él tomaría como muestras de verdadero interés y compromiso. Le envió un mensaje en cuanto llegó a la ciudad donde ellos se encontraban y se acomodó en algún hotel; su hermano le respondió que esa noche lo esperaba en su cuarto. Pese a que Kalluto y Alluka sabían que esto pasaría, el albino quería mantenerlo en la mayor privacidad posible, dado que le seguía avergonzando admitir que entre su hermano y él tenía que haber una relación diferente.

El morocho lo encontró sentado sobre la cama, enviando un mensaje a su amigo Gon sobre su viaje, y se sentó a la orilla de esta, examinándolo detenidamente intentando averiguar cuál era su reacción.

Killua estaba nervioso, todo el día le había dolido el estómago. Desde el momento en que vio el mensaje de su hermano se había puesto mal; sentía deseo de verlo y a la vez no. Tenía curiosidad por saber cómo era en realidad Illumi y qué se había perdido durante tantos años, pero temía a lo que fuera a pasar esa noche entre ellos dos. No quería que Illumi se lanzara sobre él, todavía no estaba preparado para eso. Internamente rogaba que su hermano no necesitara hacer esa clase de actividades con él y eso era lo que lo mantenía preocupado.

Para su suerte, en cuanto Illumi entró, se quedó quieto, observándolo en silencio, esperando recibir su atención lo cual le dio tiempo para respirar hondo y aparentar que todo estaba en orden.

—¿Y bien? —puso la tableta a un lado, mirando severamente a su hermano.

—¿Eh? —ese movimiento fue un poco agresivo.

Él también estaba nervioso, incluso más que Killua, entraba en pánico ante la idea de que el menor sintiera atracción por él, eso era algo que simplemente no esperaba que pasara.

—¿Qué quieres hacer?

La pregunta le llegó de sorpresa, pero sería honesto, tomaría su distancia todo lo posible. Su mente todavía conservaba el recuerdo fresco de su hermano suplicando misericordia. Miró al suelo, apenado de tener frente a él a la persona que más amaba y que más había herido.

—Conversar estaría bien —contestó pausado, su voz apenas se alcanzó a escuchar.

—¿De qué?

Esto era más incómodo de lo que se habían imaginado, pero para eso el morocho se había preparado, vaya que sí.

—Me gustaría saber un poco sobre ti —se giró, dándole la espalda al albino, mirando hacia el resto del cuarto, esperaba que con eso ya no se sintieran tan presionados—. Sé un poco de ti gracias a las actividades del hombre… pero a tu punto de vista, en realidad no sé lo que ha sido para ti toda esa experiencia.

Suspiró, rodando los ojos.

—Ni siquiera te agrada Gon… —alegó el albino.

—Ese era Nimrod —corrigió.

Killua agradeció que no estuviera mirándolo porque habría visto su rubor. Le iba a costar trabajo adaptarse a su hermano.

—Ah… mmm… ¿te desagrada Gon?

—¿Cómo me puede desagradar alguien que ni siquiera conozco?

De nuevo se sentía un tonto, definitivamente no podía afirmar que conocía a su hermano, aunque sus argumentos no eran malos, le hacían sentir como la persona más malvada del mundo al juzgarle tan rápido.

—Claro… si te soy sincero me provoca… celos.

—¿Celos de Gon?, bueno, lo podría comprender —el menor se rio, era el turno de Illumi de sentirse estúpido.

—¿Por qué te gusta?

—¡Esa es tu imaginación! —reclamó— es mi amigo, obvio, nunca he tenido un amigo hasta que lo conocí. Quizá lo quiero acaparar demasiado… —se aclaró la garganta— pero me refiero a que entiendo que sientas celos de alguien que es muy cercano a mí.

—Pero estaría dispuesto a darle una oportunidad si me lo pidieras…

Killua lo miró incrédulo. De todas las cosas que imaginó que su hermano diría sobre sus relaciones, esto era lo que menos creyó que ocurriría. Lo que él no sabía, era que Illumi había estado estudiando bastante su signo y ahora comprendía lo importante que eran los lazos para Killua; no iba a desperdiciar una oportunidad como esta para darse a desear.

Al final su conversación se volvió más amena, ambos descubrieron que no era tan complejo conversar sobre sus vidas, después de todo, no eran totalmente extraños. Illumi incluso podía ser bromista, de un modo en que a veces a Killua le costaba comprender, pero de igual manera le causaba gracia.

—Eso pudo haber sido muy peligroso, pero bueno, tú siempre has sido bastante arriesgado.

El mayor al fin había terminado por sentarse en la orilla de la cama, cuidando de no expresar con su cuerpo el inmenso afecto que le tenía al albino.

—Alguien debía hacerlo, Gon no es la clase de personas que piensa antes de actuar.

—Vaya, lo dices tú… —Killua lo vio amenazante— de acuerdo, puedo asumir que hay personas más impulsivas que tú.

—¡Jamás lo complaceré, señor perfecto! —respondió Killua, sarcástico.

—Descuida, así como eres, eres perfecto —dijo con naturalidad.

Silencio. Illumi secretamente disfrutó esa reacción, mezcla de nerviosismo e incomodidad; significaba que podía hacerle sentir algo; aun si fuera desagrado, era algo y eso decía bastante.

Killua recordó que el deseo de su hermano era él mismo, y esas palabras halagadoras eran sólo un destello de sus sentimientos por él. No podía quejarse porque él le había pedido honestidad ante todo, así que su hermano estaba haciendo uso de su derecho. Miró hacia un lado tratando de ignorar el halago, y continuó hablando.

—Bueno… el asunto es que Gon ya está bien —miró distraídamente el reloj de su celular y descubrió que era bastante noche— ¡son las cuatro de la mañana!, no puedo creerlo, le dije a Alluka que saldríamos muy temprano a la siguiente ciudad, ahora no creo poder despertar.

—Lo siento.

—No fue tu culpa… teníamos mucho de qué hablar.

—Será mejor que me marche para que duermas, ya nos veremos dentro de tres días.

Sin más, salió. Ya había comenzado su misión de volverse amigo de su hermano, no fue tan difícil como creyó que sería; agradecía que Killua fuera tan buen conversador. Iba a dirigirse de vuelta a la ciudad de los Iluminados cuando su padre lo detuvo con más trabajo. Tuvo que resignarse y dejar eso para otro día. Recordó entonces que sus trabajos últimamente estaban siendo atendidos por la persona que menos quería que se involucrara en su vida. Un pelirrojo perturbador y enfermo.

—Nimrod, hijo de perra…

Su celular estaba silencioso desde hace días, lo cual no era una buena señal porque significaba que en cualquier momento la bomba explotarí ía muchos asuntos por aclarar y, por todos los cielos, no quería atender a los hombres de la isla, sobre todo al amigo de su padre, Joab, a quién deseaba no volver a ver en su vida. Ni hablar de Chrollo y Hisoka, era una situación compleja. Sabía que al primero le costaría trabajo comprender que él no era la persona que estaba buscando; mientras que al pelirrojo, no podía calcular la forma en que reaccionaría; aún así, la persona que más le intrigaba era Gio. Junto con todos los problemas de los Iluminados, de seguro le esperaba un infierno de problemas a resolver.

Revisó los trabajos que Hisoka había terminado, tenía días que no le mandaba nada nuevo, así que había trabajo pendiente, y se dispuso a terminar todo, así tuviera que viajar más, valía la pena liberarse de más carga de trabajo así, por lo menos, tendría tiempo libre para compartir con Killua. Decidió que era hora de trazar un plan sobre todo lo que tendría que hacer. Porque si no lo hacía, entonces terminaría metido en muchos asuntos desagradables al mismo tiempo.

Killua se quedó el día siguiente se preguntó cómo era posible que su hermano fuera tan diferente a lo que él recordaba, siempre lucía apartado y desinteresado de todo; esta vez se interesó en él, en sus actividades, gustos e incluso opinó —juzgándolo un poco— pero no de forma agresiva. Había encontrado su convivencia tan entretenida como para terminar hablando hasta las cuatro de la mañana sin haberse percatado del tiempo.

Recordó sus palabras; "así como eres, eres perfecto". Eran las palabras más cursi que su hermano había pronunciado en su vida, eso lo podía apostar. No sabía describir lo que eso le hacía sentir, ¿escalofríos? No podía ser. Sólo sabía que ya no se sentía nervioso de verlo, al fin su hermano ni siquiera lo había tocado. Todo el tiempo mantuvo una distancia prudente de él, actuando respetuoso y decente. Eso le había agradado, era bastante elegante en sus modales. Así mismo su forma de vestir había cambiado drásticamente desde la última vez que lo vio; ya no se veía extravagante, con esas prendas brillosas, verdes, ni llenas de decoraciones extrañas, era más bien sobrio. En un modo que claramente demostraba que no quería llamar la atención, pero de todos modos lo lograba debido a su atractivo general y su gracia.

Se encontró a si mismo pensando en lo muy diferente que encontraba a Illumi, pero ignoró el hecho de que su mente se distraía bastante con su recuerdo, puesto que consideraba normal hacerlo, después de todo, se trataba de un cambio drástico y sorprendente. Quizá los que no conocieran bien a su hermano ignorarían este cambio dado que no era tan notorio, Nimrod se aseguraba de no deformar por completo su imagen, pero para él, que lo conocía de toda la vida, sí que había un abismo entre ambos.

Así que pasado un par de semanas, Killua decidió que era mejor que se vieran a una hora más temprana, dado que ambos se perdían en sus conversaciones por horas y terminaba por desvelarse. Hablando de lo que sea, de sus padres, de lo que pensaban que pasaría ahora que Nimrod no estaba, cómo resolver ese problema que tenían, discutían sobre la situación de Alluka, Kalluto e incluso sobre Milluki. Killua hablaba de sus anécdotas con sus amigos hasta que le pareció normal conversar de sí mismo, y empezó a sentir curiosidad por saber lo que Illumi había visto y vivido a través de su vida. Conocía su infancia gracias al Barón de R y pese a que le parecía lamentable, evitaba hablar de ello dado que no sabía cómo lo tomaría su hermano. Aunque cada día tenía más y más curiosidad al respecto.

El asunto era que Illumi nunca hablaba de eso, ni relataba sus historias y él en verdad quería saber, tenía ahora ansias por conocerlo más, saber lo que le gustaba y disgustaba, involucrarse en su vida y ayudarle. No sabía cómo abordar la situación, así que tras pensarlo mucho a su siguiente visita se armó de valor para hablarlo.

—En serio, si lo ves deberías mandarlo a casa. Kalluto no sabe con quienes se está metiendo.

—Entiendo tu temor, Kil, pero no soy el responsable de Kalluto. No creo que me obedezca.

Detestaba que Illumi fuera tan correcto, respetando todas las jerarquías y reglas, a veces se requería un poco de corazón para actuar e Illumi era la clase de persona que primero haría lo que estaba estipulado, y luego lloraría en un rincón en soledad, porque no estaba de acuerdo con ello.

—Por otro lado… quizá podría negociarlo con el líder de las arañas.

—¿Lo conoces? —se sorprendió, era la primera vez que su hermano hablaba de algo que él desconocía.

La verdad era que Illumi se avergonzaba de su pasado, por eso no lo hablaba, además consideraba que a Killua no le interesaría saber las horrendas cosas que había visto a lo largo de su vida.

—Algo así…

—¡Deberías hacerlo!, sí, Kalluto me preocupa bastante —entonces vio la oportunidad, era una de esas ocasiones raras en las que Illumi mencionaba un tema que desconocía, debía intentar hacerlo hablar—. ¿Cómo conociste a Chrollo?

—Es una historia larga… —quiso hablar de otra cosa— no creo que te interese saber algo así.

—¡Todo de ti me interesa! —expresó en voz alta y entonces notó su pequeño desliz, giró su rostro apenado.

Había dicho aquello con naturalidad como si fuera algo muy obvio y fácil de decir; rogó internamente que Illumi no lo notara, pero era muy tarde. No sólo lo había escuchado, sino que se sintió halagado y esa adorable expresión en el rostro del albino, llenó su corazón de felicidad.

—¿Seguro que quieres saber?

—Eh… claro… si quieres —trató de sonreír y fingir que no importaba, pero la mirada de Illumi le imponía, lo hacía sentir aún más nervioso.

—De acuerdo, como sabes, el hombre de la Y estaba en busca de su esposa.

Este era un detalle que había notado desde hace un tiempo, Illumi evitaba a toda costa decir el nombre de ese tipo, pero por supuesto, esto era algo que jamás indagaría. Todavía le dolía mucho recordar a esa criatura.

—Es algo complejo de explicar, pero mamá contribuyó a que él la perdiera…

—Otra víctima de esa mujer… —rodó los ojos, cada vez la odiaba más.

—Sí… pero él no se enfocó en vengarse de mamá porque, para él, ella no tenía la culpa. Mamá era el títere de alguien, ese alguien no la cuidó como debía y otras personas tomaron ventaja de ella y se aseguraron de que fallara a sus votos. Así que el hombre buscaba a esas personas que la hicieron fallar.

—¡¿Qué?! —si bien él quería saber sobre Illumi y su punto de vista en todo, esto era mucha información en un solo momento—, pero ella…

—Esto no justifica que ella nos hiciera esto a nosotros, lo último que quiero es que pienses que estoy de su parte.

—¡Por supuesto que no la justifica!, arruinó nuestras vidas, Illumi…

—Lo sé.

Tampoco estaba feliz por las acciones de su madre, pero estaba feliz de tener una oportunidad con su hermano y esto secretamente le hacía sentir un poco de gratitud hacia ella. Prefirió guardar sus comentarios.

—La forma en la que el hombre al inicio creyó que conseguiría información fue a través de las mafias, y un tipo, socio de él, le presentó a Chrollo Lucifer.

No importó, al final terminaron conversando hasta la madrugada sobre asuntos de la araña, el punto de vista de Illumi sobre Chrollo y por supuesto, tocaron varias veces el tema de Kalluto. Illumi no veía mal que el más pequeño estuviera con la araña, pero no le llevaría la contraria al peliblanco por el simple hecho de que no quería que terminaran en una discusión.

De vez en cuando, durante sus conversaciones, el celular de Illumi solía sonar, pero él sólo le daba un vistazo y optaba por ignorar la llamada. Esa clase de actitudes a la larga fue intrigando a su hermano. Era obvio que no era su padre, porque podía ver cuando le respondía y aceptaba trabajos, en cambio esto era diferente. El morocho había decidido ignorar todas las llamadas provenientes de los hombres de Tierra Sagrada, y en general a cualquier persona que supiera que le daría problemas, como Hisoka y Gio; por el momento Chrollo no había llamado, pero sabía que tarde o temprano eso ocurriría y tendría que resignarse, porque este era uno de esos clientes potenciales que no podría ignorar.

Aunque le llamaba la atención, Killua no se animaba a averiguar lo que ocurría porque no quería sonar demasiado curioso. Esto comenzó a sorprenderle; nunca antes había tenido interés en su hermano, en sus actividades, gustos o lo que fuera relacionado con él porque no le era una persona grata; después lo había hecho por rutina, pero ahora solía preguntarle cosas personales de forma auténtica y no sólo para pasar el tiempo.

Hubo una ocasión en la que comenzó a examinar el aspecto físico de su hermano; sus ojos, nariz, boca, su cabello, el porte elegante, cada una de sus expresiones, y lo encontró atractivo. Durante su conversación llegó a perder el hilo del tema por estar pensando en esos detalles. Mentalmente se regañaba por tener pensamientos tan tontos.

«De acuerdo, sí, es atractivo, pero eso no me importa a mí», se mentalizaba e intentaba evadir su fijación por sus facciones y su cuerpo en general.

Era más sencillo ignorar sus emociones mientras estuviera lejos, además agradecía esa sana convivencia, porque aprendía bastante de él; de hecho, notó que él tenía esos conocimientos profundos que Nimrod poseía sobre todos los temas, gracias a que se había adentrado varias veces en los recuerdos y mente de la entidad maligna.

Llegó el tiempo en que Silva tenía bastantes conflictos con su padre. Zeno estaba reacio a establecer un vínculo entre Illumi y algún miembro de la isla. Tenía en mente a tres individuos que habían mostrado determinado interés y una buena posición como para ofrecer lo que ellos buscaban; así mismo, mantenía su objetivo principal: llamar la atención de Joab, a quién valoraba más que a ningún otro hombre en la isla, no sólo porque poseía una buena posición, sino porque apreciaba más el lazo fuerte que guardaba con la familia. Por ello no lograba comprender porqué Silva no deseaba tal compromiso.

Al principio eran peleas simples, una que otra diferencia por las opiniones de Silva, pero luego se tornaron en grandes discusiones que llevaron a una separación entre ambos, padre e hijo. Silva estaba decidido a no comprometer a Illumi con ninguno de esos hombres, mientras que estos mostraran un deseo depravado por él; quería tratar el tema con su hijo, conocer su punto de vista y en base a ello, encausaría la situación. Por otro lado Zeno no tenía tanta paciencia como él, él veía la oportunidad y la dejaba pasar, jurando que no le perdonaría a Silva si, por culpa de sus emociones, lo perdía todo.

Era un terrible dolor de cabeza; no obstante, era algo que Silva estaba dispuesto a soportar hasta el final, tal como eran las costumbres familiares. Por ello, tomó la decisión de llamar a su hijo, y hacerle volver a casa para tratar el tema. Cuál fue su sorpresa que éste se negó rotundamente. Illumi puntualizó que no volvería a casa hasta que sus asuntos personales quedaran arreglados, y su defensa fue imparable.

—Kalluto no está en casa por culpa de mamá, Killua sigue viajando gracias a tus condiciones, y me tienes aquí, el único que está trabajando, ¿quieres que regrese a casa exactamente con qué fin?, ¿no es algo que puedo atender desde este sitio?

Y tenía toda la razón, era un mero capricho personal eso de querer hacerlo volver para tratar el tema de la isla. Pese a que podía hablarlo por teléfono, sentía esa incomodidad por hablar un tema delicado como si fuera un mero chisme o comentario que pudiera hacerse por un teléfono. Se guardó sus palabras y no peleó más; si iba a hacerlo sería con su padre. Ya luego tendría tiempo para forzar a su muchacho a volver. Apostaba que ya era cuestión de meses antes de que Killua fuera presa de sus malas decisiones, y Kalluto sería de igual modo forzado a regresar. Bajo esas condiciones a Illumi sólo le quedaría hacer lo que su papel indicaba.

Se quedaría con el problema. Mientras tanto, daría rondas por la isla, llevando a su esposa para llamar la atención. Zeno podría enojarse por sus acciones, y al final terminaría reconociendo que su hijo era un individuo más, con mente, metas y deseos propios.

Terminando un par de trabajos, Illumi optó por detenerse un momento a pensar en contactar a Chrollo o no. Killua había insistido en que era una excelente idea, y habló de lo bueno que era que ellos dos se conocieran. No quería defraudarlo, pero cada vez que tomaba el celular en su mano, pensaba en los escenarios y consecuencias que traería hacer esa llamada. En el peor de los casos, Chrollo se pondría pesado, lo cual lo hacía dudar sobre hacer esa llamada o no y, entre más lo pensaba, más inclinaba la balanza hacia la negativa, e ideaba cómo enfrentaría a Killua exponiéndole sus motivos para no contactarle. Por supuesto, nada de mentiras ni falacias.

Su celular comenzó a vibrar; lo sacó de entre sus bolsillos, para ver que se trataba de nada menos que Hisoka.

«Jodido Nimrod, no pudo haber elegido peor persona», llevaba días evitándolo, ignorando sus llamadas y mensajes y ya era hora, o eso supuso, era buen momento para terminar ese desajuste.

—Hola —contestó en un arranque de valor.

—¿Illumi? —pero el tono desconcertado del pelirrojo lo hizo darse cuenta que algo no había salido como esperaba.

—Soy yo, sí.

Hubo un largo silencio, y creyó que la señal estaba fallando.

—¿Eres Illumi?

—Sí, así es.

Y la llamada se cortó.

«¿Esto era todo? —se regañó mentalmente—, ¿por esto me había estado demorando tanto en dejarme atrapar?, por una llamada de sólo unos segundos que no tuvo ningún sentido»

El teléfono volvió a vibrar, y vio que era de nuevo el pelirrojo. Hisoka era un experto en Nen, y no le había tomado más que unos segundos en captar la diferencia entre Illumi y Nimrod.

—¿Ahora qué quieres?

—Vaya, no era una broma —se burló— ¿qué fue lo que pasó?, ¿se pelearon?

Sí, en definitiva Hisoka era una de esas personas de las que era mejor cuidarse. Un asesino que podía respetar y un loco con capacidades de Nen bastante profundas que era mejor no retarlo sin un plan previo.

—El hombre de Nen ya no está aquí, cualquier otro asunto, me temo que queda cancelado.

—Oh —pero para Hisoka parecía como si le hubieran contado un excelente chiste—, ¡es una pena!, éramos tan amigos.

—¿Algo más? —preguntó para finalizar la llamada.

—¿Puedo verte?

—No.

Fue directo, y aun así Hisoka parecía divertirse a su costa.

—Definitivamente nos veremos, tenemos varios asuntos que atender. Hasta entonces.

Colgó y respiró hondo, este era uno de tantos que tendría que tratar y sospechaba que era el más sencillo de aguantar, pero al mismo tiempo algo le decía que debía cuidarse más de él que de los demás. Se fue a trabajar, debía adelantar algunos de los trabajos que su padre le había señalado para estar sin contratiempos con su hermano; lo único bueno era que, como no estaba yendo a la biblioteca, viajar para ir a ver a su hermano era cuestión de un par de horas.

Al terminar sus trabajos recibió otra llamada. Esta vez, confiado en que se trataba de su padre pues acababa de notificarle sus trabajos, contestó sin precaución alguna.

—Dime.

Nadie habló por unos cuantos segundos y luego escuchó un susurró ansioso.

—Illumi.

Sintió escalofríos, justamente la persona que no quería contactar.

—Chrollo, sí, soy yo.

«Debo colgar, debo colgar», insistió mentalmente, pero lamentó que su boca no pudiera detenerse.

—¿En qué puedo ayudarte?

—No lo puedo creer… —le dijo con esa voz suave, misteriosa que tanto le fastidiaba— hace un par de horas estuve debatiendo con Hisoka sobre algunas cosas, y tengo la urgencia de verte…

—Oh… —tragó saliva, esforzándose por disimular su nerviosismo— en estos momentos estoy ocupado, no podría verte ahora.

—¿Cuándo entonces?

—Mmm… —atisbó a los lados, queriendo encontrar cualquier solución— aun no lo sé, tendrás que esperar.

—Lo entiendo. Te llamaré más tarde.

«No, por favor», la llamada finalizó. Ahora comprendía como era que Hisoka planeaba presionarlo. Ese había sido un golpe bajo.

«Al fin de cuentas esto es algo que iba a pasar, no tenía otra opción».

Estaba secretamente atemorizado de interactuar con Chrollo porque ahora conocía la diferencia entre una persona común y un tipo perteneciente a la organización más poderosa del mundo; esas personas simplemente no veían la vida del mismo modo que los demás, parecía que su vista estaba sobre un plano fuera del tiempo y lugar, cosa que era entendible gracias a los conocimientos que tenían; Chrollo era así, y ahora que lo sabía, creyendo que Illumi podría ser una nueva guía para su hambre por saber más, no lo iba a soltar; conociéndolo, era capaz de las cosas más ruines con tal de obtenerlo. Era un ladrón asesino después de todo.

«Debo ser sincero con Killua, no puedo hablar con Chrollo», en primer lugar ¿por qué había presumido que le conocía? No tenía caso, se había apresurado por culpa de sus instintos protectores y por supuesto, su necesidad de ser amado y admirado. Rodó los ojos con fastidio, no podía creer que había actuado como un adolescente intentando enamorar a su chica presumiéndole sus super-falsos-poderes.

—No puedo seguir así —escuchó la voz desesperada de su hermana y detuvo sus pasos para verla.

—¿Ocurre algo? —se asustó cuando vio sus ojos al borde del llanto— ¡Alluka!, ¿qué ocurre?

—No la encuentro, no la he visto en todo el mes… —entonces comprendió de quién hablaba.

La desaparición de Nanika o Semiramis, era una consecuencia de controlar el poder de Illumi; no contaba con que Alluka comenzaría a deprimirse. Era algo de esperarse, Alluka había crecido prácticamente sola; de no haber sido por esa entidad, ella se habría convertido en alguien amargado, patético, consciente de que no era deseada. Ella estaba triste, se sentía sola. Podía afirmar que Killua era una excelente compañía; no obstante, no la comprendía del todo, aunque no lo dijeran en voz alta, él la había abandonado, olvidado en algún lugar de la montaña. Por supuesto que Kalluto se esforzó por ella, para hacer más llevadero su asunto y, de todos modos, estuvo mucho tiempo en soledad. Nanika era todo lo que tenía, una madre, una amiga, que le había enseñado todo de la vida.

—Alluka… tú sabes lo que ocurre, ¿cierto? —no quería decirlo, no estaba dispuesto a ver sus lágrimas.

—¿No volverá? —esto era algo para lo que no estaba preparada, tendría que pasar por esto como un luto.

—No lo sé… es muy pronto para afirmarlo.

Y para negarlo, porque sabía que en el momento en que erradicaran la existencia de Nimrod —como se suponía que estaba planeado— perderían también a Semiramis. No, por supuesto que esto que no se lo dirían sin primero prepararla mentalmente para ese suceso.

Alluka siguió triste; no quiso tocar más el tema, no era algo que quería compartir con nadie más. De facto, pensaba que era mejor pasar por ese temporal en soledad, acostumbrarse a ser una misma después de haber pasado una vida completa siendo dos personas a la vez. Conservar lo bueno, aprender de lo malo, como siempre se lo aconsejaba Semiramis cuando la veía en depresión por causa del abandono al que era sometía día tras día.

Por la noche Killua se quedó pensando en todos los problemas que estaban ocurriendo. Imaginó que tal vez hacer una pausa en alguna ciudad por una temporada larga estaría bien para ambos; además, aquello le serviría a Illumi para no tener que estar viajando tanto, así que se planteó hablarlo con su hermana, esperando que ella eligiera el lugar de su agrado. Quería contactar a Kalluto, y de nuevo pensó en Illumi. Pensaba mucho en ese tonto y estoico tipo, en todo lo que veía en él, perdiendo así el sueño. Se preguntaba qué estaba haciendo en esos momentos, tenía tentación de mandarle mensajes, de llamarlo; jugaba nerviosamente con su celular, esperando ver mensajes de él. En ocasiones su mente le hacía bromas creyendo que su celular sonaba cuando no era así.

La noche era terrible, porque podía pensar más en él. En su niñez, en su presente, en quién era ahora física y mentalmente, quería verlo de nuevo, tenía montones de preguntas por hacerle. Últimamente pensaba en toda la historia que Alex le había contado y su corazón se acongojaba. Un niño que era tratado como si no tuviera sentimientos, obligado a cerrarse, a sufrir. Se lamentaba por su mala suerte, en esos momentos deseaba consolarlo, darle un largo abrazo. Volteaba a ver su celular, pensando en una excusa válida para hablarle y luego, en medio de la madrugada, caía en cuenta que estaba siendo irracional otra vez.

«¿Qué carajos me pasa? —se preguntaba abochornado—, ¿por qué me preocupo tanto por ese idiota?»

Por más que lo intentara no podía dejar de pensar en él hasta que por fin conseguía dormir un poco.

Illumi había logrado evitar a toda costa a sus acosadores meramente ignorando las llamadas y haciendo caso omiso de las amenazas cómicas y extrañamente amistosas del pelirrojo; haciendo caso omiso de los mensajes depresivos de Gio y los vacíos de Chrollo, quien por cierto no había llamado y sólo había mandado un mensaje de texto diciendo "estoy ocupado", que agradeció desde lo más hondo de su corazón, gracias a que le había dado tiempo para idear una estrategia.

En su siguiente visita, decidió que era momento de hablar con la verdad y explicarle por qué no podía hablar con Chrollo abiertamente. Sólo esperaba que Killua fuera racional y antes de amenazarlo, le diera tiempo para compensarlo.

—Hay algo que he querido decirte desde hace días, Kil… —los brillantes ojos azules le indicaron que continuara, que él escucharía todo con atención— no he sabido decirlo como es debido, y no quiero decepcionarte.

—Illumi, no podría decepcionarme de ti —confesó intranquilo— primero debería estar esperando algo de ti, y no es el caso. Sólo te estoy dando el espacio que creo que necesitas.

Mintió, no podía decepcionarse de alguien que ansiaba conocer más, y quería darle la libertad de ser el mismo, lo cual le fascinaba.

—Bueno… yo —se aclaró la garganta, y comenzó a distraerse con el panorama, mirando distraídamente lo que fuera— no puedo hablar con Chrollo sobre lo de Kalluto.

—¿Eh?

Ni siquiera se acordaba que habían quedado en ello, estaba más consternado por sus nuevas preocupaciones que ese punto había sido espléndidamente ignorado. Aun así hizo el esfuerzo por sonar interesado en ello.

—Oh… ¿por qué?

—Verás, él tiene un interés muy especial en Nimrod. No es cualquier clase de interés…

Pensó mejor sus palabras, no quería sonar absurdo. Killua lo miraba entretenido desde la cama siguiéndolo mientras él se sentaba frente a él.

—Cree que Nimrod puede ser su Maestro…

—Vaya, suena raro, ¿Maestro en qué sentido?, ¿así como me enseñaban a mi…?

—Algo así, más enfocado en magia y alquimia. Yo no pienso enseñarle nada, son cosas muy peligrosas y él parece no tener razonamiento para ponerse límites.

Killua observó la auténtica timidez del morocho y se enterneció; le hubiese gustado tener el valor de sentarse, al menos, a su lado.

—Bajo esas condiciones tienes razón, será mejor que te mantengas lejos de ese tipo. Por el momento no quiero que te metas en más problemas.

Quería preguntarle por más detalles, saber si había más gente con ese mismo interés. Era interesante y a la vez le preocupaba.

—Gracias, en verdad no quiero que él intente algo extraño conmigo. Sería vergonzoso para mí.

Repentinamente cambió el tema, preguntando por su viaje, por los detalles de los sitios que visitaba, y otros asuntos, pero esa última frase quedó grabada en la mente del albino. ¿Qué había querido decir con eso de que "intentara algo extraño"?, ¿qué podía ser tan vergonzoso? Esto fue peor de lo que imaginó, su mente comenzó a maquinar ideas erróneas sobre lo que podía significar, como si Nimrod secretamente también hubiese mantenido una relación amorosa con ese tipo. Lo podía visualizar, el serio y misterioso líder de las arañas y el asesino, habilidoso y sensual Illumi y ante eso, sólo podía encontrar una palabra que describiera sus emociones: celos.

Illumi, tal vez no exactamente él, pero con su cuerpo finalmente, lo había marcado de por vida y ahora, no iba a permitir que se fuera tan campante como si nunca hubiera pasado nada entre ellos. No podía permitir que él fuera el único que se sintiera así, tenía que averiguar las emociones de su hermano. Había trascurrido un mes entero y el morocho no se le acercaba, siempre estaba con esa distancia, mirándolo de pie junto a una ventana, sentado en una silla, lejos de él, al otro extremo de la cama; nunca le tocaba, se limitaba a muy breves gestos cuando lo hacía, y eran perfectamente bien cuidados. Se notaba que lo hacía a propósito.

«Se supone que me desea… ¿Se estará conteniendo?», pero no lograba sacar de su mente sus problemas emocionales de admiración y repelús, se molestaba al pensar en ello porque detestaba no poder definir la relación que ellos dos debían tener.

Por otro lado Illumi se fue tranquilo, agradecido de haber recibido esa aceptación. Sabía que el albino era de esa clase de personas que podían irse a los extremos en cualquier momento. Si alguien le agradaba, inmediatamente podría buscar una amistad con esa persona, de lo contrario, no era capaz de recordar su nombre. Killua podía optar por ser el tipo desagradable en un instante —despreciado por cierto sector de la población y admirado por otro tanto—, era impredecible y eso era algo que adoraba de él porque por más que pareciera que no sabía lo que hacía, siempre tenía un motivo detrás de sus acciones. Debía confesar que tuvo miedo de decirle que no podía arreglar las cosas con Chrollo y escuchar un reclamo de su parte, pero ahora que lo notaba, parecía que el asunto de Kalluto ya no le era más relevante dado que últimamente el foco de sus conversaciones era él. El albino tenía un hambre por conocerlo más, por saber todo de él y por más que intentara disimularlo, le era imposible. Debía recordar que era sólo el efecto de la carta, que el verdadero Killua seguramente no le habría dado esa relevancia, así calmaba sus falsas esperanzas.

Escuchó un ruido sordo y siguió su camino, desde hace rato sabía que estaba siendo seguido. Se trataba de alguien experimentado, lo notó por la forma imperceptible de esas pisadas, y que pese a que sabía que lo seguían, no sabía desde dónde. Se preguntaba quién podría atreverse a hacer algo tan arriesgado a sabiendas que él era un Zoldyck, pero quien fuera, no había querido salir de su escondite. Le desagradaba trabajar mientras que alguien le observaba. Se detuvo unos segundos, esperando que el tipo saliera, pero no pasó tal cosa y se forzó a continuar su camino.

Estaba de buen humor, ya sólo le quedaban dos pendientes más y tendría tiempo de moverse a la ciudad de los Iluminados; tenía muchos deseos de ir y seguir estudiando el asunto con su hermano, descubrir lo que le esperaba, por lo que le restó importancia a su espía, no perdió el tiempo, acabó todo sin más demora, y se dispuso a volver al hotel para recoger un par de cosas antes de partir.

Tal como esperaba justo al momento de entrar a su cuarto el tipo salió de entre las sombras.

—Illumi —le llamó y sintió unos terribles escalofríos.

—Mu-Muath —dudó si ese era su nombre o no, no era como si él lo hubiese pronunciado antes.

—No has respondido a mis llamadas… ni a las de nadie en la Isla. ¿Tu padre ya tomó una decisión?, ¿Zeno ya te entregó a alguien sin avisarme?, ¿has estado saliendo con alguien más? ¡Necesitamos hablar urgentemente!

Tomó al morocho del brazo con toda la confianza; esto por supuesto puso de muy mal humor al Zoldyck, el cual detestaba que invadieran su espacio personal. Caminó a regañadientes hasta su habitación, azotando la puerta. No sólo iba a ser una conversación vergonzosa, también tendría un montón de emociones derivados de la ira de ser tratado como un objeto.

—¡Responde, hombre!, estoy harto de tu silencio. ¿Ya te entregaron a alguien?

—No —cortante, alejándose del moreno que inmediatamente corrió tras él para no permitirle que se apartara de nuevo.

—¿Qué te pasó?, luces diferente… ¿estás enfermo?

—No —estaba pensando en lo que debía decir ante esas situaciones, evitarlas no había sido precisamente una excelente idea.

—Illumi… mírame cuando te hablo —volvió a estirarlo del brazo, el Zoldyck sintió escalofríos, ese tipo era un asesino tan capacitado como él, tal vez más o tal vez menos, era imposible de determinar, tampoco era como que pudiera atacarlo—, ¿te contagiaron de una ETS?

—¿Qué? —se quedó estupefacto, de nuevo azotó su brazo para quitárselo de encima.

—Joab… ése viejo, ¡lo sabía! Illumi, ese tipo es de la edad de tu papá, ¡no puedo creerlo! Sólo mírame, yo soy más joven, yo no te habría hecho daño.

—¡No tengo nada de eso! —reclamó.

Ese hombre vivía su propio drama mental de forma veloz, ni siquiera necesitaba un diálogo para sufrir.

—¡No dices nada, Illumi!, yo necesito saber de ti, no puedo seguir de este modo. Aceptémoslo, yo estoy enamorado de ti, no puedo vivir sin ti, ¿qué hago? Dime, ¿qué quieres de mí?

Sentía frío por todo su cuerpo, detestaba esta situación, quería decirle de forma poco amigable "lárgate de mi vista", pero no podía decirlo, al menos no de ese modo.

—Ya entiendo… —hizo una expresión como de alguien que hace un gran descubrimiento que había querido ocultarse deliberadamente— es Ender ¿cierto?, dudo que Adalfuns te satisfaga, pero Ender… ese es un tipazo, una buena elección…

Quería gritar "¡vete al carajo!" desmentir sus absurdas teorías, pero quizá no era buena idea hacerlo. Retrocedió nuevamente, dejando al tipo con sus pensamientos, al fin no hacía falta que pronunciara palabra alguna para que continuara con sus historias por sí mismo.

Hubo un silencio incómodo y prolongado, sólo podía escuchar breves murmullos y algunos gimoteos, esperó pacientemente hasta que un grito que le hizo sobresaltarse.

—¡No lo permitiré! —golpeó con la palma una pared, resquebrajándola con la fuerza—, puedes amarlo, pero no sabes lo que es el amor. Yo sí lo sé, yo te daré todo lo que necesites.

—¡Ya cállate! —no lo pudo resistir más.

Muath lo miró como si jamás hubiera esperando una reacción negativa, incrédulo de su determinación.

—No es necesario que grites Illumi… yo… mi amor por ti…

—Muath, sólo cierra la boca, ¿quieres? Me duele la cabeza.

—¿Quieres algún medicamento?, soy muy bueno dando masajes, seguramente eso te ayudaría, el otro día…

—Silencio —insistió, sospechando que el tipo le faltaban neuronas, o tenía algún serio problema cerebral—. Yo tengo asuntos que tratar, asuntos privados y personales, me urge que termines tus asuntos y te vayas de aquí.

Muath, haciendo gala de sus increíbles habilidades como asesino, sin esperar más, ni anunciarse, se lanzó sobre él, besándolo fugaz, pero escandalosamente y pronunció:

—Ya entendí, me voy, pero con un beso tuyo.

Salió, dejando a un azorado Illumi que quería matar, su sed de sangre estaba por todas partes y la sonrisa de Muath antes de salir no había ayudado en nada. Le tomó bastante tiempo recuperar la compostura. Si había una palabra con la que pudiera describir todo lo que estaba viviendo por parte de esas personas que Nimrod había dejado en su vida, era acoso. Acoso intenso, prolongado, pegajoso y oscuro. Como si no tuvieran paz si no se hacían notar por lo menos una vez al día.

Esa misma tarde se marchó a la ciudad de los Iluminados, llegaría por la noche y esperaba tener tiempo para leer antes de irse a su hotel.

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HADOS

Capítulo 2

En otra parte del mundo, a una distancia lejana de donde la gran mayoría de los seres humanos habitaban, se escuchó una gran explosión en medio del océano. Una enorme embarcación fuertemente acorazada estaba siendo atacada; gritos, llamadas de auxilio, botes salvavidas y personal corriendo por todas partes era lo único que se podía divisar entre tanta incertidumbre.

—¡Se está hundiendo el Azur!

—¡¿Qué?!, ¡¿otro más?!

—Así es —el reporte del ataque llegó a oídos del capitán secundado de gritos de terror.

—¡Vamos a morir! —se oía, entre el llanto, hombres y mujeres.

—Lo que más me preocupa es que el rey no va a aceptar un no por respuesta.

El viaje de prueba del rey de Kakin y compañía se había mermado a mitad de camino. No habían tomado un rumbo normal para llegar al ansiado continente, puesto que el verdadero camino estaba reservado para uso exclusivo de los Iluminados; así que sólo podían tomar una ruta alternativa, una cargada de peligros, llena de témpanos, monstruos terribles y mal tiempo. Eso en un principio no había representado temor para ninguno de los tripulantes ni temerarios acompañantes de las flotas submarinas. Sin embargo, no contaban con los conocimientos suficientes para alcanzar su meta, el equipo de exterminio de los Iluminados había arribado a la zona apenas hacía unos días, con la finalidad de detenerlos. La única sección que pensaban perdonar, era la que había sido notificada por Pariston Hill, el cual poseía el único de los submarinos que no recibiría agresión; el ex-miembro del zodiaco había sido advertido que la flota sería severamente atacada por parte de Dalozza, el cual protegía el continente a capa y espada. Pariston se había comunicado con Dalozza quién había aceptado perdonarle sus intenciones si le entregaba parte de sus investigaciones en el proceso.

El capitán se había resistido tanto como había podido, peleando en azorados combates contra los sujetos y animales que les atacaban, haciendo impresionantes demostraciones de sus habilidades, pero ni así pudo evitar que hundieran cada uno de sus botes y destrozaran sus submarinos hasta ir reduciendo la cantidad de acompañantes.

—Debemos regresar, elaborar una nueva estrategia y volver —anunció la segunda al mando con firmeza. La chica miraba con asombro los increíbles daños que habían recibido y eso que no estaban ni a mitad de su viaje.

—De ningún modo —exclamó el hombre, ésta era su oportunidad de brillar.

—Firmaste un acuerdo.

—Estamos lejos de la sociedad, en un sitio dónde las palabras dichas en tierra pierden el sentido.

—Te recomiendo sigas nuestras instrucciones, o no tendrás tierra a dónde regresar, de eso me haré cargo yo personalmente —amenazó el abogado del rey, que se encontraba ahí como observador.

Nadie quería morir a manos de esos montones de monstruos con formas humanas. Sí, tenían gente fuerte en sus tropas, pero no darían abasto ante tantas personas que requerían protección y sobre todo, las tecnologías que poseían no eran ni remotamente resistentes a los ataques a los que eran sometidos.

—¡Escucha lo que te digo! —exigió la segunda al mando—, no te estoy pidiendo que te rindas, si no que volvamos, estudiemos esto y regresemos más fuertes.

Pero volver, para él, significaba perder su posición de respeto, mucha gente contaba con su voz para defenderse de las constantes amenazas de los extranjeros que estaban en contra de los deseos de su rey. Salió del cuarto, necesitaba pensar las cosas, saber cómo anunciar su decisión y no quedar como un tonto. Se miró en el espejo, habló consigo mismo, y a la mañana siguiente, accedió a la petición de volver, no sin alegar que lo hacía por causa de ellos, de su debilidad.

La biblioteca estaba cerrada cuando llegó, sabía que podía solicitar que la abrieran para él, pero no quiso hacerlo principalmente porque había llegado con un cansancio insoportable a la ciudad de la Iluminación; además no estaba dispuesto a actuar como Nimrod, tomar provecho de su posición no era lo suyo. Decidió que a la mañana siguiente volvería con más seguridad.

Durmió profundamente, después de unos pesados días de trabajo y estrés por todas las consecuencias de Nimrod dejadas a su paso y a primer hora partió a la biblioteca. La mañana era fría y se dio prisa por llegar. Al entrar, tal como la vez pasada, se vio rodeado de miradas inquisidoras y él, como era su costumbre, se concentró en su asunto e ignoró espléndidamente a todo el mundo. Caminó hacía el pasillo que le interesaba hasta que una voz le hizo detenerse.

—¡Magister Illumi! —le llamó nada más y nada menos que el mismo Galileo— Magister, que gusto verle por aquí, tan lúcido; siendo usted mismo después de una larga travesía aprendiendo cosas a través de esa entidad…

No respondió, se dio la vuelta dispuesto a seguir su camino.

—¿Qué lo trae por estos rumbos? —pero los propósitos de Galileo lo forzaron a detenerse.

—No es tú asunto —no se tomó la molestia de voltear a verlo, le desagradaba que actuara como si le conociese de verdad.

—¡Oh!, entonces déjame ser más claro —alzó más la voz atrayendo más miradas y susurros que se enfocaron en el suceso a medio pasillo—. Después de que toda la hermandad se viera sometida por una sola entidad poderosa y con fuertes aliados, me temo que cualquier asunto concerniente a ti, es asunto de quien desee involucrarse.

Era una amenaza sutil y elegante, pero Illumi no se iba a dejar intimidar.

—En dado caso, sería bastante absurdo e incoherente de tu parte afirmar que desconoces mis asuntos aquí.

Galileo sonrió, en definitiva, no trataba con un muchachillo ignorante y novato.

—Los amantes, ¿cierto? —no esperó a que afirmara—, ¿necesitas ayuda?

—No, pero si tanto te apura que haga mi deber, entonces deja de interrumpirme. Nos vemos.

Siguió su curso y escuchó detrás de él que Galileo decía:

—De cualquier modo, me sentaré frente a ti por si es que requieres mis servicios.

Galileo era sincero en eso de ofrecer sus servicios, sin embargo, también deseaba espiarlo y asegurarse de que en verdad hiciera lo que decía y no se enfocara en buscar más información sobre el ente de Nen. No iban a ponerse en riesgo una segunda ocasión.

Illumi retomó su camino y tomó el libro en el que se había quedado la última vez que asistió a la biblioteca, disponiéndose a leer; apenas tomó asiento, escuchó que Galileo se aclaraba la garganta para llamar su atención. El alzó una ceja y esperó a que iniciara su discurso.

—¿Estás seguro que quieres comenzar con eso?

—¿Qué hay de malo en que haga lo que me venga en gana?

—Pues, verás —se puso de pie, señalando con su mano derecha— detrás del mismo estante donde tomaste ese libro, hay otros doce, y a los lados hay más. Los doce de atrás representan los signos zodiacales como son popularmente conocidos bajo la lectura del sol y en los lados están en sus interpretaciones, egipcia, según la alquimia, maya, árabe, de la época de Babel, entre otros… así que, creo que ese libro que tienes es sólo la más pequeña punta de la gran pirámide que te espera.

En efecto, cuando por fin prestó atención descubrió los estantes plagados con información sobre los astros, constelaciones y formaciones estelares; la astrología le rodeaba y lo había ignorado. Si bien poseía vastos conocimientos del tema debido al acceso que tenía sobre los recuerdos de Nimrod, desconfiaba de ellos. Se trataban de conocimientos obtenidos a través de la mente de un ser siniestro, todavía le costaba trabajo asimilarlos como propios o reales; además, no tenía información concreta sobre la complicada condición de los efectos de la magia insertada en el cerebro de Killua. De hecho, hasta antes de recibir la carta de los amantes, desconocía el signo bajo el que había nacido su hermano.

—Ahora, si me permites ilustrarte —sonrió amistosamente, no había más pretensión en su expresión corpórea—, yo recomendaría comenzar con la parte del amor, hay un buen libro sobre el amor y otro sobre el erotismo y sexualidad, justo en uno de los doce estantes. Están excelentemente desarrollados.

No se hizo el sabelotodo; no quiso perder su tiempo, así que dejó el libro que traía en manos y se fue en busca del indicado. Resultaron ser dos gruesos libros pesados que azotaron la mesa en cuanto los dejó caer. Abrió primero el del amor y se preparó para una larga sesión de lectura.

«Antes que nada, se debe señalar que en el amor Cáncer es, de todos los signos, el más emocional. Una vez que echa raíces sobre el ser que ama, difícilmente lo dejará, por más tóxica y perjudicial que sea la relación, creará una codependencia difícil de erradicar.

Repasemos las características:

Casero; doméstico; familiar; entrañable; afecto; fiel; íntimo; sentimental; sensible; sensitivo; afectivo; delicado; tierno; suave; emotivo; romántico…»

Sintió que su estómago se revolvía entre cada una de esas palabras.

«Imaginativo; psíquico; soñador; inspirado; receptivo; místico; bondadoso; apacible; dulce…»

No sabía si podría seguir leyendo y, entre más avanzaba, las palabras "romántico" y "pasional" resaltaban. Sus ojos se abrieron como platos, cuando sin más tuvo que reconocer que de todo lo que Cáncer pedía, él a duras penas podía cumplir con uno o dos requisitos.

«Soy prácticamente lo contrario a lo que Killua quiere…» se lamentó, eran noticias desalentadoras. No podría cumplir su parte del trato con el Barón, ni darle un final feliz a esa historia.

—¿Qué signo es él?

Galileo interrumpió sus lamentos interiores.

—¿Perdón?

—Él, tu hermano, ¿qué signo es él?

—Cáncer —contestó a secas, no podía seguir leyendo a causa del desánimo.

—¡El romántico y tierno Cáncer! —exclamó sin pena, llamando la atención del resto de lectores que estaban cerca de ambos para que escucharan la conversación que estaba por iniciar.

«Romántico» resaltó en la mente de Illumi, y de nuevo se consternó.

—¿Y tu signo es…?

—No se trata de mí, se trata de Killua, él es el único afectado por el efecto de la carta.

Galileo creyó que bromeaba, quizá el malhumor del muchacho no le estaba permitiendo usar sus conocimientos arcaicos, y no se equivocaba mucho.

—No has revisado la compatibilidad, ¿cierto? Entre tu signo y el signo de tu hermano. No significa que sean buena o mala relación, pero habla de los puntos que tienen en común, los que tienen de diferentes y eso te enseña a potenciar lo que tienes y controlar lo que debes.

Hizo un cálculo increíblemente veloz de su signo y contestó en voz alta.

—Virgo.

—Oh… interesante. El intelectual y eternamente joven, Virgo. Felicidades, según la tablilla esmeralda, diría que ambos tienen demasiado en común. Tanto así que si fueran una relación, estarían destinados a un largo y próspero matrimonio.

—Pero… según este libro, Killua necesita de romance, de pasión y cosas de las que yo carezco.

—¿Careces?, ¿estás seguro de eso? —nuevamente no lo dejó responder, se levantó de su asiento, volteó hacia los lados y gritó—: ¡Maestro B, Maestro W, vengan por favor aquí. El Magister Illumi requiere de sus servicios! —y de inmediato ambos invitados se dirigieron al lugar de Galileo, tomaron cada uno una silla y se acomodaron ante la sorpresa del Zoldyck.

—Procedamos, frater —pronunció uno de ellos.

—Él es Virgo, y su compañero en el amor, Cáncer.

—El trabajo está hecho entonces, ¿cómo podríamos ayudar en algo así?

Illumi se sorprendió, todos parecían dar por sentado que ellos dos estaban hechos a la medida, esto por supuesto le intrigaba.

—El Magister todavía no asimila los conocimientos de Nimrod con la pulcritud que debería. Requiere que le ilustremos con paciencia, no tiene tiempo para fundamentarse como nosotros lo hemos hecho.

En ese momento, justo cuando creía que no podía esperar más, un bombardeo de información ocurrió. Llegó a un punto que ya no sólo los tres en la mesa opinaban. De vez en cuando las personas a los alrededores se detenían a hacer comentarios respecto a todo lo que Illumi debía saber sobre sí mismo y sobre su hermano. Hubo cosas que impresionantemente se ajustaban a él con tal perfección que parecían sacados de un poderoso espía que estaba al tanto de las profundidades de su corazón, otros aspectos parecían ser lo contrario a él. No pudo opinar, objetar era fútil; quedó en silencio y sólo hablaba cuando se le hacía una pregunta.

—Debes ser paciente, porque empezará el efecto de la carta. La luna comenzará a hacer su trabajo con toda la potencia que nunca antes mostró; esto es debido a los cambios que la carta efectuará, lo volverá potencialmente celoso, obsesivo y posesivo…

—Dale lo que pide, si te dice "no lo mires", tú harás justamente eso. Deja de pensar en ti como una persona, se su propiedad.

«Oh cielos… », entre más escuchaba, más descubría lo difícil que sería tratar con su hermano.

—Si no lo haces, recuerda que Cáncer perdona, pero nunca olvida, y cuando menos lo esperes, te lo recriminará en la cara.

Algunas cosas eran sencillas, los aspectos familiares en los que podrían coincidir bastante, o que él podía comprender a la perfección y por los que no sufriría grandes cambios.

—Virgo puede ser infiel, Cáncer no.

—¡Cáncer sí puede ser infiel! Depende de la carta astral en los aspectos de relaciones… —interrumpió alguien del público.

—Esto no se evaluará en base a esos detalles, ¿no ves que se arraigarán en su corazón los aspectos más destacados sobre cáncer? Se enamorará hasta los huesos, nadie en el mundo existirá para él.

—Cáncer es rudo por fuera, blando por dentro, nunca lo olvides. Aunque aparente que no le importa algo, le está importando tanto que de un momento a otro explotará.

Los cambios constantes de ánimo, los excesos de atención, los futuros sube y bajas en su relación; tantos pros y contras, junto a la constante sensibilidad que el albino tendría, cada aspecto le provocaba un dolor de cabeza. Era mucha información que no debía olvidar y todavía estaba la palabra con "r" que creía no poseer y que sobresalía entre toda la información. Hasta ahora sólo entendía que debía volverse esclavo de Killua, un precio justo a pagar por todas las faltas cometidas en su pasado. Luego procedieron a bombardearlo con todo lo concerniente al erotismo, lo cual no le asustó; incluso le pareció racional y llevadero. Todo lo que su hermano pedía podía satisfacerlo, era su naturaleza, además estaba garantizado que él lo disfrutaría tanto como el albino; no obstante, a él le importaba más todo lo concerniente con su relación, puesto que se decía: «el noventa por ciento de nuestra relación se llevará fuera de la cama, no puedo preocuparme por lo menos difícil».

—¿Y qué hay del romance? El libro dice que requiere muchas dosis de romance, y yo, francamente no sé hacer algo como esto —interrumpió.

—¡Claramente eres Cirgo! —Bromeó W— el concepto de "romance" no es el mismo en tus labios, que en los míos o en los de tu querido hermano.

—Me sorprende que alguien cuyo cuerpo es compartido con una entidad con un historial de romance como el de Nimrod no pueda expresar un poco de lo que aprendió de él —argumentó Galileo deseando forzarlo a buscar más en su interior por la información valiosa que tanto reprimía.

Nimrod, en vida, nombró diosa a su mujer, edificó templos lunares en su nombre; escribió cánticos, poemas, hizo leyendas con su historia, la exaltó hasta lo más alto, y la amo con tanta pasión que ese mismo amor fue el que los unió por toda una eternidad. Cuando Illumi pensó en esto, se dio cuenta que también deseaba esa trascendencia tan mágica, rica en una naturaleza espiritual que no se obtenía con ninguna otra práctica, ni ciencia, sólo amor puro y verdadero. El secreto del Nen de Semiramis y Nimrod.

—Lo que el frater W dice, es verdad, Galileo —se puso de pie B y se sentó sobre la mesa, a un lado del Zoldyck, enfocándose exclusivamente en Illumi—. A ti te corresponde enseñarle tu estilo de amor, basado en acciones que trascienden sobre las palabras, razonamiento, ayuda y protección; ese amor que busca volverlo un diamante pulido con la más perfecta de las técnicas. No te será difícil, no es un reto, puesto que tu amante tiene la fortuna de ser el signo más comprensivo de todos, bastará con verte a los ojos para saber todas tus bellas intenciones, y las amará; a cambio te dará el amor que él sabe dar. El amor basado en comprensión, libertad, pasión y todas esas cosas que te son imposibles de dar; te protegerá y defenderá a toda costa, será tu admirador número uno y te cobijará en su cubierta maternal.

—Es por ello que sabemos que serán el uno para el otro. Porque Cáncer no tardará en comprender las necesidades de Virgo, y Virgo le dará a Cáncer todo lo que necesita.

Soltó un largo suspiro, un peso de sus hombros había sido removido, comprensión era lo que más necesitaba y era justo lo que tendría. Memorizó tanto como pudo, al fin bastaba con que entendiera la idea general. Si lo satisfacía y alcanzaba su meta de volverse más de lo que Killua esperaba, entonces tendría garantizado que al final del efecto, conservaría ese lazo y la felicidad de su hermano quedaría intacta. El efecto no desaparecería se disiparía de una mañana a la otra; así como apareció y se fue sembrando en él, el efecto desaparecería paulatinamente, todo como si fuera natural. Killua no olvidaría nada, ni tampoco despertaría sintiéndose desorientado, puesto que no era como había sido con él, cuyo cuerpo había sido arrebatado; todo lo estaría experimentando con su propia consciencia, así que más le valía ser el perfecto caballero y dar lo mejor de él, sin importar cuánto sacrificaría a su paso. Estaba en juego la estabilidad y salud mental de su hermano menor, del amor de su vida y por ello haría todo lo que tuviera a la mano.

Recordó lo que alguna vez su madre dijo sobre la lectura de su mano cuando era más joven; justamente la lectura de la línea del amor cobraba sentido al decir que la línea de su mano indicaba un destino junto a alguien que conocía desde hacía años. Línea que estaba bordeada del triángulo de venus, de la perversión, se preguntó si acaso Killua tenía uno como el de él.

Cabe decir que regresó a trabajar con la mente lista después de haber sido instruido, ya no iba a tientas en cuanto al asunto de la carta. Killua le había dejado un mensaje desde hacía un par de horas y por una u otra razón, no había tenido tiempo para responderle, lo cual le ponía bastante nervioso porque el muchachito deseaba saber la hora a la que llegaría. Resultaba extraño que le preguntara tal cosa, cuando ya habían acordado el plan, tenía curiosidad por entender qué ocurría detrás de esas palabras.

Killua se sentía un idiota por lo que había hecho. Había sido el resultado de un arranque desesperado por saber un poco sobre el morocho; deseaba regresar al pasado y borrar de su mente la idea de escribirle. Ese tentador mensaje que había enviado el mismo día que se verían, justo cuando ya habían acordado una hora. Deseaba que la ausencia de respuesta de Illumi se debiera a que había fallado el envío, que estaba perdido en la inmensidad del mundo virtual de los mensajes, pero es que lo extrañaba, quería que se diera prisa por ir a verlo y quería no ser el único idiota que extrañara al otro.

Esta actitud trajo a su memoria su niñez, cuando extrañaba a su hermano y se la pasaba preguntando a los mayordomos por él hasta escabullirse por la montaña para ir a verlo. Le daba vergüenza y a la vez felicidad recordar algo tan agradable; pensaba que ese sentimiento infantil estaba de vuelta en él, esto porque no iba a aceptar de un día para otro ese extraño y poco entendible sentimiento que había surgido de forma inexplicable.

Miró por vigésima vez la pantalla de su celular, hacía dos horas que había enviado el mensaje, y de pronto, para su desgracia, el aparato le indicó que tenía una respuesta. Sintió que su sangre se helaba, se le revolvió el estómago y de pronto ya no quería leerlo, tenía nervios de ver lo que contenía. Bloqueó la pantalla, miró a los lados y finalmente no resistió la tentación.

«Llegaré a la hora acordada ¿ocurre algo?»

Diez segundos después su celular comenzó a vibrar y creyó que se caería de la sorpresa. Illumi era quien llamaba.

—Hola —contestó casi sin voz, estaba completamente rojo y agradecía que Illumi no lo viera.

—Lo siento Kil, no podía responderte, odio hacerte esperar, ¿estás bien?, ¿necesitas algo?

Ya no era broma, estaba obligado a inventar algo o quedaría como un tonto y definitivamente no estaba dispuesto a quedar como tal frente a su hermano.

—No-no es nada malo, yo pues… —quería reírse de nervios— es que, estaré libre desde más temprano y me preguntaba si podía verte antes de la hora.

—¡Oh, ya veo! Sí, está bien.

Terminaron acordando una nueva hora y finalizaron la llamada. Killua se golpeó la frente con la palma de su mano. Su argumento era por completo falso, no tenía el tiempo libre según todo lo que había planeado con Alluka. Ahora estaba en un meollo y debía resolverlo cuanto antes. Terminó mintiéndole a Alluka, echándole la culpa a Illumi, inventándole que él había solicitado el cambio de hora de forma inexplicable y que por tal motivo no podían quedarse afuera hasta tarde.

Alluka no era ninguna tonta, vio la mentira en sus ojos, cualquier otro podía caer en las mentiras de Killua, era un experto, un maestro en el arte del engaño. Quizá sabía controlar todo su cuerpo y su tono de voz, pero Alluka lo conocía a dedillo; cientos de veces lo vio mentir cuando lo hacía por ella. Se quedó sin palabras. Su propio aliado, su hermano y mejor amigo le estaba mintiendo a la cara; debía tener sus motivos; ya se lo preguntaría en privado, se aseguraría de que no escapara de su interrogatorio.

Disfrutaron el tiempo que les quedaba, Alluka había querido asistir a un curso público para hacer postres y no podía decirle que no. En medio de la actividad se le antojó hacer uno para distraer su mente y dado que todo el tiempo pensó en Illumi, terminó por hacer otro para él.

«Dioses, ¿qué me pasa?», se preguntó cuándo logró llegar a su cuarto y encerrarse a esperar a su hermano, miraba el recipiente con el pequeño cupcake y se ruborizaba. Lo había hecho para la persona que menos creyó que cocinaría algo en su vida, un tipo que seguramente sabía hacer toda clase de postres como todo un experto gracias a la entidad que compartió todos estos conocimientos con él. ¿Qué le diría?, ¿cómo se lo entregaría? Descartó la idea de inmediato, no podía, aun no tenía tanta confianza como para atreverse a hacer algo así, pero luego comenzó a alucinar con la reacción que su hermano tendría y un sentimiento extraño surgió, era una especie de ternura y deseo.

«Bueno, no tiene que saber que yo lo hice para él…» se justificó, además, en serio no pensaba comerse eso después, no porque no tuviera buen sabor, si no que se la pasaría pensando en la persona para quien lo había preparado, más el tiempo y esfuerzo desperdiciado por no haberse atrevido a dárselo. Llamaron a la puerta y él se sobresaltó, respiró hondo.

«Es sólo Illumi» repitió en su mente.

—Kil —miró entretenido el atuendo del albino, se notaba que había estado en alguna actividad que involucraba harina, y un aroma dulce se desprendía de su cuerpo, pero no quiso indagar directamente.

Esta vez él fue quien inició la conversación, tenía curiosidad por las actividades que el menor hacía en su ausencia, tal vez y así conseguiría conocer el motivo de su apariencia.

—Alluka y yo fuimos a comer postres —él voluntariamente sacó el tema, tal como lo esperaba— nos sobró un postre… me… me preguntaba si te gustaría quedártelo. Aunque no sé si te gustan estas cosas.

De nuevo mentía, y se olvidaba de un detalle. Illumi era quién lo había instruido en el arte de la mentira. No le tomó demasiado tiempo darse cuenta que le ocultaba algo, y le intrigó bastante, sin embargo, a diferencia de Alluka, Illumi no tendría oportunidad de averiguar la verdad, así que se conformaba con inventarse un motivo que calmara sus ansias por saber la verdad.

«¿Se habrá peleado con Alluka y por ello no quiere hablar del tema? —se preguntó, después observó el postre, una deliciosa combinación entre café, chocolate y vainilla que parecían mezclados con un poco de apuro— para ser una tienda dedicada a los postres, la presentación no es lo suyo… —pensó con ironía y se aguantó las ganas de reír. Entonces cayó en cuenta de la verdad, ese postre no había sido hecho precisamente en una tienda, estaba hecho por Killua mismo, fue cosa de atar cabos para concluir una sola cosa—: lo hizo para mí —se levantó de su asiento para disimular su asombro, y caminó en dirección a la mesa».

Las últimas semanas Killua había estado rentando habitaciones que incluyeran algún espacio para pasar el tiempo conversando. Eso había dificultado su forma de rentar el cuarto, cosa por la que Alluka se había quejado, dado que dedicaba bastante tiempo para elegir el siguiente destino; y es que él quería asegurarse de que su hermano tuviera espacio para moverse en la habitación, además consideraba que estar sentados juntos en la cama, era demasiado sugerente.

Tomó la cuchara que venía incluida en el recipiente, y se dispuso a probarlo, tomando una pequeña porción que incluía un poco de betún de queso crema. Tal vez la presentación no era buena, pero el sabor sí que lo era; Killua se había esmerado bastante en hacerlo bien —clásico en él— ese perfeccionismo era una de las cualidades que más le atraía del albino. Ahora era uno de esos momentos que el destino había puesto en su camino para que tomara provecho de él.

—¡Esto está delicioso Kil! —sonrió, y la felicidad del niño delató lo bien que se sentía de oír aquello—, tienes una excelente sazón —al fin no iba dejar pasar ese momento.

—¡¿Qué te hace creer que yo lo hice?! —estaba absolutamente rojo de vergüenza, lo peor era que por más que intentara disimularlo, ya era muy tarde.

Illumi tomó uno de sus brazos, levantando la manga para señalarlo.

—No creo que la mezcla en tu ropa sea casualidad, fuera de eso… —se acercó al cuello del menor, que tuvo escalofríos ante la cercanía de su hermano— hueles a vainilla, definitivamente.

Mentir era lo más estúpido que podía hacer, después de haber sido descubierto tan atrozmente.

—Alluka y yo los preparamos, ese sobró… —pero no podía decir la verdad, sin importar nada. Illumi lo volvió a notar, y se rindió, no iba a hostigarlo con un tema de esa índole.

—Entonces estoy de suerte. Gracias por compartirlo conmigo.

Acarició sus blancos cabellos, y la piel de Killua se erizó, suspirando de emoción. Ambos estaban deseado ese tacto un poco más de lo que creían, pero por el momento se conformaban con sólo eso. Se perdieron en su conversación etérea. Ya no se molestaban por el tiempo, era obvio que se quedarían juntos hasta muy entrada la noche.

—Sería bueno que un día de estos saliéramos, creo que te hago encerrarte mucho en los hoteles, no creo que sea bueno hacerte perder el tiempo así.

—No está mal para mí, no te preocupes —le sonrió tímido— ¿es que quieres hacer algo diferente?

—De vez en cuando, suelo ir a los eventos culturales de las zonas donde estoy para no aburrirme mientras hago mi trabajo… normalmente lo hago solo, pero no estaría mal un poco de compañía.

Killua se ruborizó imaginando lo genial que sonaba su hermano ante sus ojos, tan inteligente, fuerte, lleno de talento y belleza; un hombre así de brillante en medio de uno de esos eventos hechos para gente intelectual, de pronto se le antojó mucho hacerlo.

—Es de los pocos hábitos que me agradaban del ente.

Aunque eso último lo sacó de su ensoñación, de todos modos, sonaba bastante decente la actividad.

—Claro que sí, estaría encantado de acompañarte —y ya se hacía en una nube imaginando todo lo que podría pasar mientras estaban en uno de esos maravillosos lugares, donde podía aprender tanto.

—Sólo pregúntale a Alluka si quiere venir… no sé si a ella yo le desagrado.

Desde hacía tiempo había decidido adoptar esa forma de referirse a Alluka, si Killua afirmaba que era una chica, no se pondría a discutir sobre ello. La mención de la chica volvió a reventar la burbuja mágica en la que Killua se había sumido, se sintió mal por olvidarse de ella. Por supuesto que no la dejaría sola en el hotel por nada del mundo, ella era su invitada en ese viaje y debía darle todas las atenciones que se merecía.

—Alluka es la persona más noble que conozco en el mundo, estoy seguro que ella no tendrá problemas contigo.

—Sólo pregúntale, ¿de acuerdo? No lo des por un hecho.

—Confía en mí, le preguntaré.

Ya se las arreglarían, y al final, esta vez Killua le pidió especialmente a Illumi que le mandara un mensaje cuando llegara a su hotel, alegando que le preocupaba que algo le ocurriera en el camino. Lo cual era absurdo, tratándose de Illumi, pero este era sólo uno de los muchos desvaríos que comenzaría a presentar el albino.

Se aseguró de mandar su mensaje «Ya estoy en mi cuarto, dormiré. Nos vemos», así de técnico y plano, y no tardó mucho cuando Killua le respondió.

«Gracias, yo también dormiré. Espero verte pronto»

Se sonrió, se acababan de ver, y sabía que volvería dentro de tres días. Eso último no iba al caso y tampoco era necesario que le respondiera, pero ya no tenía dudas, Killua estaba comenzando a enamorarse de él, estaba haciendo cosas ridículas y sin sentido, una característica clave en un enamorado. Sólo por tentar un poco su suerte y ver qué ocurría le respondió el mensaje:

«Yo también quiero verte, me gustaría volver a probar uno de tus postres. Buenas noches».

Soltó una breve carcajada porque sonaba bastante meloso para su propio gusto, pero no podía resistir el deseo de seguir adelante con el impulso de ganarse su auténtico amor.

Killua sintió que su corazón latía con mucha fuerza cuando leyó esas palabras. Estaba feliz de ver que su hermano era tan diferente a todo lo que conocía y que mostrara ese lado sensible que nadie más conocía de él, no podía más que saberse privilegiado de tener esa entrada en su vida. Deseaba seguir haciéndole feliz, motivándole a ser una persona más integra y sana.

«Lo tendré en cuenta», contestó el albino.

«Gracias. Ahora ve a dormir, te veré pronto».

Se quedó en silencio. Eso había sido algo cruel de su parte, sabía que Killua no podía controlar sus emociones y por tanto debía proceder con mucho cuidado, pero es que él también se emocionaba ante las reacciones de su hermano menor; las encontraba adorables, tanto que conmovían su corazón.

«Tú también duerme, estaré esperándote».

Eso había sido bastante claro, Killua estaba deseoso por el reencuentro, y eso lo complacía, debía repasar sus notas y no arruinar nada. Protegería a su hermano aun si por ello arruinaba sus propios planes para su futuro.

Killua se quedó viendo la pantalla de su celular, repasando los mensajes. Intentando encontrar en las palabras de su hermano un toque de romanticismo. Illumi era bastante serio al momento de hablar, pero esas palabras no eran tan formales; comenzó a analizar cada detalle, preguntándose por qué había dicho tal y cual cosa, sobre-analizando cada palabra, hasta que se dio cuenta que era muy tarde por la madrugada y que no podía seguir perdiendo el tiempo en nimiedades.

«¿Por qué me siento así cuando se trata de ese idiota?», con esa pregunta en la mente se fue a dormir.

Los abatidos viajeros llegaron a tierra después de un mes infructuoso de viaje, y de inmediato comenzaron los rumores sobre lo que les había ocurrido. Unos los veían con burla, acusándolos de alborotar el orden de la sociedad sólo por popularidad; otros con ira, tristeza a causa de las bajas, y la mayoría de la población no se enteró del suceso dado que se dio la orden de que no se difundiera en los medios. Sólo gente muy allegada a los tripulantes se enteró de la verdad: habían sido fuertemente atacados por diversas criaturas con forma humana.

Había caos en los sobrevivientes; algunos hablaban de pesadillas terribles vividas, historias de muerte y, de los pocos que habían arribado, más de la mitad se regresaron a sus tierras natales jurando no regresar. Desde que pisaron Kakin anunciaron que no volverían a retomar el viaje. El capitán estaba enfurecido, pero se comportó decentemente; optó por examinar su situación y decidir lo que era más sano para toda la tropa.

Cheadle fue contactada por uno de los médicos de la tripulación, narrándole el trágico suceso sin dar muchos detalles; solicitó con mucha urgencia de su ayuda, necesitaban más manos que apoyaran con las investigaciones, y ante tanto caos la chica fue llevada a una reunión de emergencia. Este era el mejor momento para tratar los asuntos del viaje.

—Ha sido un desastre, hemos aislado a los afectados para que esto no se vuelva una trágica epidemia. Lamentamos no poder darte muchos detalles del viaje, pero creemos que tú, como miembro del Zodiaco, podrías ayudarnos a resolver parte de este misterio.

Tenía miedo, no iba a mentir. Se estaba enfrentando a lo desconocido con tan pocas armas para hacerlo, no obstante, la adrenalina del reto le hizo seguir adelante.

—Precisamente tengo unas cuantas personas en mente que podrían ayudarnos con esto. Sólo necesito que me den de su apoyo para irlas instruyendo y que esto acelere el avance.

En cuanto recibió la respuesta positiva del equipo de Kakin, de inmediato se contactó con la primera persona que tenía en mente para ayudarle. Se acercaba el examen Hunter y estaban en medio de los preparativos, aunque prefería tenerlo cerca, era el momento de Leorio para adquirir nuevos conocimientos relacionados justamente con el viaje que tanto se estaba anunciando al continente oscuro.

—¿Qué se supone que estás haciendo? —Cheadle le llamó y él sintió escalofríos, esa chica sí que era exigente. Desde el momento que había aceptado unirse a los Zodiacos, Cheadle no había hecho cosa más que presionarlo, apenas Kurapika se ajustó al equipo, él se dedicó seriamente a aprender, tal como ella le había dicho.

—Yo… pensaba que…

—Desde este momento necesito que te vayas a Cab, allí hay un departamento de investigación que te estará esperando. Ya les anunciaré tu llegada y espero que demuestres un buen desempeño, así te prepararás para antes de que nuestro viaje al continente oficialmente ocurra, ¿entendido?

Suspiró, no esperaba pasar sus días libres entre montones de libros cuando apenas se había reunido con los Zodiaco y comenzaba a comprender lo que ocurría con el asunto de Beyond; tras prepararse para salir, concluyó que era más útil para la tripulación si al menos tomaba el entrenamiento de Cheadle y ser útil a sus amigos. Tomó el primer vuelo a Cab y buscó una casa agradable en dónde quedarse; para su suerte, la verde ciudad no era de clase turística por la que no tendría que pagar mucho para vivir, la renta era mejor de lo que esperaba y el lugar era bastante popular por su extensa vegetación, universidades y centros de estudio, un lugar exclusivo para estudiantes. El departamento que encontró estaba en un edificio cercano al centro de investigaciones que Cheadle le había indicado, a diez minutos caminando, así que no sería una molestia presentarse todos los días, además de que el clima era increíblemente agradable, sin lugar a dudas, un lugar perfecto para relajarse y estudiar.

Eran las seis de la tarde cuando su teléfono sonó. Esperaba que fuera su padre, notificando sus últimos trabajos, pero no fue así. Era uno de aquellos tantos que deseaba evitar a toda costa, sin embargo tuvo que resignarse puesto que ya había atendido y no podía colgar abruptamente sin cerciorarse primero de a quién le estaba cortando la llamada.

—Maestro Illumi… —No fue capaz de recordar quien era el que solía llamarlo de ese modo, cada vez era más estresante estar así—. Siento interrumpir, supe que Muath está detrás de ti, y nadie sabe el motivo de tu ausencia en la isla, ¿te ocurre algo?

Quería preguntar quién hablaba, claro que sí, no podía colgar puesto que en la isla había tanto clientes suyos como de su padre, y no podía arruinar cualquier relación sólo por sus propios temores. Se quedó en silencio haciendo un esfuerzo bárbaro por identificar la voz, pero no podía.

—¿Maestro?

—Sabes, por teléfono no reconozco tú voz —mintió y se sintió reverendamente estúpido por ello, era una mentira barata y tonta.

—Soy Ender, el nieto de Caín.

«¡Maldición!» se mordió el labio, quería colgar de inmediato el teléfono, pero se contuvo.

—Ah sí… ¿qué se te ofrece?

—Tú… eso dímelo tú, has desaparecido por completo.

—Tengo mucho trabajo.

—Sí, lo entiendo, pero Silva nos comunicó que estabas en la disposición de venir a la isla.

«Papá, ¿algo más que quieras arruinar?» se quejó mentalmente, y caminó rumbo a su habitación, apenas llegaba a descansar antes de terminar otros dos trabajos nocturnos.

—Tengo mis propios asuntos qué atender… —contestó vagamente, iba a dar por terminada la llamada pero Ender se apresuró a hablar.

—¿De verdad es eso?, no será que… —se quedó un par de segundos en silencio— Maestro, si quieres, yo puedo dejar esto de lado y pedirte a mi padre. No quisiera que por mi culpa te estés ausentando… puedo rendirme, ¿de acuerdo? Quiero verte, ya quiero verte…

Se heló su sangre, odiaba escuchar esa clase de oraciones en boca de gente extraña. Llevaba tiempo pensando en la terrible desventaja que se encontraba. Si Killua comenzaba a padecer los efectos de la carta, entonces debía proceder con mucha cautela; en la medida de lo posible, el albino no debía enterarse de lo que le había ocurrido en la isla o si no sus celos se volverían un terror, aunque no tenía mucha esperanza de lograrlo, dado que los asuntos familiares siempre terminaban saliendo a la luz. Por supuesto que quería que Killua le tuviera confianza, así que primero él debía cortar los lazos con las personas de la isla, demostrarles que él ya tenía a alguien importante a quién se debía y no aceptar más situaciones que se malinterpretaran con estas personas.

—Ender… seré breve —se aclaró la garganta—: no necesito esto, no he ido a la isla porque no me interesa y porque tengo una deuda que pagar.

—Por eso, si yo acepto el trato con tu padre, pagaré tu deuda y…

—No lo entiendes, yo me debo a alguien más… no es una deuda que se paga con bienes materiales. No volveré más a la isla, ahora debo colgar así que…

—Es imposible, no. No puedes venir aquí, hacernos esto y marcharte como si nada, pero está bien, dejaré que lo pienses más, iré a verte cuando considere que es momento.

Sabía que no iba ser sencillo, esos tipos eran los herederos de envanecidas familias de asesinos; habían crecido llenos de orgullo de sí mismos, un "no" era una respuesta inaceptable. Tendría que idear un método más drástico y firme si es que quería proteger a su hermano de ese horrendo ambiente, esperaba tener un poco de suerte.

Alluka esperó bastante tiempo para que su hermano confesara por voluntad propia lo que tanto le ocultaba. Hacía una semana desde que lo descubrió mintiendo, culpando a Illumi de su ausencia, y ahora le había sorprendido distraído leyendo una receta en su tableta electrónica. No quiso burlarse de él porque era una actividad normal y no había motivo para hacer burla de algo tan típico, sin embargo, las intenciones detrás de esas actitudes le intrigaban. ¿Qué le ocurría su hermano mayor? Había algo que estaba absorbiendo su mente, sus deseos de salir y conocer el mundo. Le entristecía porque hacía que su viaje no fuera tan ameno como ella quería. Así que esperó a que fuera la noche, justo cuando ambos estaban conversando antes de irse a dormir, para atreverse a preguntar.

—Te ha gustado mucho eso de hacer postres, ¿cierto? —Killua se puso nervioso, pero sólo atinó a reír en voz baja.

—Ah algo así —contestó distraído, deseando cambiar de tema.

—Sólo que la última vez no nos quedamos al curso por completo, habrías aprendido a hacer los rellenos, ¡yo quería crema de avellana! Pero tú y tu prisa no te dejaron en paz.

Observó detenidamente las reacciones de su hermano, parecía como si quisiera restar importancia a lo que ella hablaba.

—Tenía cosas que hacer Alluka, ya te lo he dicho.

Killua seguía sin captar que ella lo conocía muy bien, que sólo le estaba dando una última oportunidad de confesarse.

—¿Y ahora sí me lo dirás?

—¿Decirte qué?

—Lo que estabas haciendo, lo que te pasa… dijiste que Illumi te llamó para reunirse más temprano, pero yo sé que no es así —lo miró acusadoramente, de forma que no le dio salidas de escape al albino.

—¿Pones en duda las palabras de tu hermano mayor?, ¿qué clase de aliada eres, eh?

—¡No cambies el tema!, hermano, confiésalo… no me molestaré por ello.

Quería decírselo, decirle que se sentía extraño, que extrañaba a Illumi la mayor parte del tiempo y deseaba escribirle por cualquier motivo, no entendía lo que le pasaba, sólo que su hermano había pasado de ser un tipo indeseable a la persona más interesante y divertida que conocía en el mundo; además de que no podía dejar de pensar en él como alguien atractivo que le fascinaba ver aunque fuera de lejos. Sin embargo no podía, no sabía cómo empezar; decir que su hermano tenía buenas cualidades era como decir que estaba traicionando todo lo que antes había afirmado ante Alluka.

—¿Ha ocurrido algo malo con él? —la pregunta de ella lo sacó de su ensoñación.

—¿Malo?, ¿a qué te refieres?

—Ya sabes… pues… él —no tenía idea de cómo preguntar, la última y única vez que intentó tocar el tema de Illumi él le había pedido especialmente que no lo volviera a hacer— ¿te ha hecho algo?, algo como antes…

Y Killua captó bastante bien el mensaje.

—¡No!, no, para nada —se sentó sobre la cama de la chica y suspiró— él se ha portado increíblemente bien conmigo Alluka, no ha intentado nada extraño. Conocer a Illumi así, es como si estuviera tratando con una persona totalmente diferente a lo que había visto antes.

Alluka vio su postura, su sonrisa y ese tono de voz que le dio escalofríos. Recordó las palabras del Barón, sus dos hermanos debían estar juntos de un modo antinatural. Ella seguía sin estar de acuerdo, pero no podía hacer nada, más que aceptar la realidad.

—Sí, pero eso no quita quién es él, no es una persona de confianza.

Killua se sintió terriblemente mal de que ella se expresara de ese modo. Illumi había dicho que quería que ella los acompañara a hacer alguna actividad cuando él ni siquiera se había acordado que ella era su invitada; en cambio. Illumi estaba intentando involucrarse en su vida, de forma sana y agradable, no merecía ser tratado de un modo tan cruel, despreciarlo cuando a lo largo de su vida había sido maltratado tan frecuentemente sin que nadie le defendiera. Las tristes anécdotas de su infancia vinieron a su mente y se conmovió.

—No digas eso, Alluka —cortó con tristeza en su rostro— él no merece que lo trate así, ya muchos años, y muchas personas han jugado con sus sentimientos y él sigue siendo un ser humano.

Detestaba que Killua tuviera razón al respecto, ella sólo había escuchado un par de historias sobre su hermano mayor por boca del albino y tenía una vaga idea de lo que él había sufrido.

—Lo que digo es… —continuó ella— ¿recuerdas que me dijiste que él te daba miedo?, ¿ya no es así?

—No, al contrario. Es una persona que vale la pena conocer. Deberías intentarlo, Alluka. Él no era quien me daba miedo, era la otra cosa, la entidad que vivía dentro de él.

—¿Cómo sabes que no está allí?, ¿cómo sabes que no fue él? A lo mejor este es un plan para controlarte.

—Yo sé que no es así.

—¿Pero cómo lo sabes? —se desesperó, se puso frente a su hermano, mirándolo a los ojos retadoramente.

«Porque la entidad que estaba en ti no ha salido más» quería decírselo, pero no podía.

—Alluka, él tenía una entidad oscura que controlaba su cuerpo e hizo cosas horribles en su nombre. Su vida fue manchada por causa de esa cosa, y todo lo vivió en soledad porque nadie le daba la oportunidad de demostrar su inocencia. No seas como los demás…

Alluka bajó la mirada, un poco apenada por haber sido agresiva.

—También la entidad que vivía en mi llegó a controlarme, y sé lo que es vivir así como él, sin embargo yo… yo no te lastimo y él…

—Su vida depende de su deseo, y yo soy lo que él desea —se sonrojo por esas palabras, imaginando lo que significaban para su hermano—. Esa es la diferencia. Tu vida no depende de eso, si fuera así, yo también haría esto por ti.

Esas palabras eran justo lo que Alluka necesitaba escuchar para abrir sus ojos y sus oídos. Su hermano era más noble que ella y él no lo sabía, ella podía ser cruel y dura cuando era necesario, lo había aprendido a lo largo de su vida, pero Killua podía conservar esa bondad que hacía que cualquiera cediera ante su buen corazón. Por fin comprendía lo que el Barón había hecho por sus hermanos; si iban a tener que pasar por esa relación, al menos que fuera con algo de amor, algo que les hiciera sentir que no estaban haciendo algo horrible que manchara sus vidas por siempre.

—De acuerdo —se sentó junto a él—, dile de mi parte que cuando quiera podemos sentarnos a conversar, será un placer.

Killua le sonrió dulcemente.

—Yo le dije que tú eras la persona más noble que conozco en el mundo, y no me equivoqué al respecto.

Acarició los largos y negros cabellos de su hermana con mucha ternura.

«No hermano, tú eres el más noble de todos», fue lo que ella pensó.

Chapter Text

Cuando entró a su cuarto ya sabía lo que iba a pasar, había presentido al sujeto que estaba ahí dentro, esperándole como un león al acecho, por lo que se alistó mentalmente para responder.

Lo que no esperaba era ser recibido con violencia dado que era muy arriesgado atacar a un asesino como él; sin embargo, al entrar, Muath lo apresó contra la pared sosteniéndolo por el cuello y él se quedó quieto; respondió apretando sus manos y alejándolo de sí, torciéndole ambos brazos, pero el tipo hizo un movimiento brusco con las piernas haciéndole caer y chocar contra la pared en el proceso; Illumi tomó ventaja de la caída y dio una fuerte patada a la cara del hombre, el cual cayó al suelo, sólo que este también optó por actuar veloz y, con otra fuerte patada, logró quitarle el balance al morocho haciéndole caer. Con mucha velocidad se lanzó sobre Illumi sosteniéndolo por los hombros, sosteniéndolo contra el piso.

Illumi levantó ambas manos para hacer distancia entre el sujeto y él, y escuchó que susurraba con una ira apenas contenida:

—Esta noche sabrás por qué soy alumno del maestro Caín. Serás mío, no me importa lo que tenga que hacer.

Illumi aprovechó que le sostenía por el cuello para acercarlo a él.

—Nunca —respondió y aprovechando la distancia le asestó un fuerte cabezazo, que hizo retroceder y marear a su oponente.

Illumi hizo uso de su flexibilidad para escapar del sometimiento; Muath intentó noquear en varias ocasiones al morocho, golpeándolo por la mandíbula, pero la velocidad y el buen entrenamiento del Zoldyck no le permitió lograr su objetivo.

—Así que eres más que una cara bonita —escupió Muath, limpiándose la sangre de la boca— entonces yo también me pondré serio.

Y continuaron peleando dentro del departamento, que ya estaba destrozado; era una lucha intelectual porque ambos tenían un entrenamiento muy rudo y no podían simplemente usar cualquier técnica para ganar, porque el fin no era matarse —eso estaba entre líneas—. Muath planeaba hacer que Illumi se volviera su pertenencia e Illumi debía detenerlo a toda costa. Si lo mataba, estaría en serios problemas con su familia y con toda la hermandad.

En un descuido, Muath sacó una gruesa cuchilla que intentó clavar en el abdomen del morocho y que fue a dar contra uno de sus brazos, abriendo una profunda herida en él.

—El siguiente movimiento lo definirá todo —Muath se creyó victorioso al ver la herida.

Arremetió con todo contra Illumi, pero el muchacho había estado esperando este momento, y con un par de agujas se aseguró que Muath quedara en un estado de semi-inconsciencia.

—Si me preguntan, tú me lastimaste primero —señaló su brazo— y en segunda instancia, no pienso volver a la isla. No seré pertenencia de nadie. Que te quede claro Muath, es mejor que te rindas ahora y te retires fingiendo que no pasó nada. Si lo haces, yo no diré nada tampoco.

Se arrodilló y removió las agujas. Al instante Muath cayó inconsciente, así que aprovechó para tomarlo como un costal y lo dejó afuera del hotel, arrojándolo al suelo; allí estaría inconsciente un par de horas y podría marcharse sin decir nada. Pese a que no quería hacer las cosas de ese modo, tenía en mente un nombre, y por ese nombre haría lo que todo, sin importar cuan doloroso y peligroso fuera. Todo por su amado Killua.

El discurso que le había dicho a Alluka con respecto a Illumi de verdad había hecho mella en él. Tenía tiempo que no recordaba la muy desafortunada vida de su hermano. Cuando miraba hacia atrás temblaba, no quería volver a sentirse así, tan desolado y triste, temeroso por volver a casa con la ansiedad acabando con su salud. Luego pensó en lo que Illumi debió sentir cuando era un niño, que estaba solo y nadie le daba importancia a sus sentimientos, cuando no tenía nada con qué jugar ni nadie con quién divertirse, que miraba a todo el mundo tan lejos de él.

Ahora que lo conocía sabía que le gustaba mucho conversar. Sostenían largas charlas sobre diversos temas de los que Illumi tenía opiniones muy variadas, como si las hubiera pensado por largas horas, y sabía que le gustaba bromear; tenía un sentido del humor bastante ácido y a veces inoportuno, pero era bromista y eso era mucho, considerando que antes no hablaban de nada que no fuera trabajo y entrenamiento. Entonces cayó en cuenta que por mucho tiempo se perdió de una persona que era especial y que estaba ahí esperando una pequeña oportunidad para demostrar que no era la misma basura que todos afirmaban. Se sonrió. Quizá antes no lo hubiera apreciado tanto como en esos momentos; ahora podía hacer más por él, por mejorar su calidad de vida y verlo sonreír y hacer todas esas bromas. Definitivamente haría que valiera la pena cada segundo que compartieran juntos.

El día de volver a verse estaba cerca y sólo podía imaginar todas las cosas que harían; deseaba ver su rostro cuando le dijera que Alluka estaba dispuesta a tratarlo. Había tanto de qué hablar, y él ya no quería esperar. Se la pasaba con el celular en la mano esperando que se comunicara para avisar que iba en camino o que, de milagro, solicitara verse más temprano, aunque esto último era casi imposible. Illumi nunca le escribía salvo que tuviera algo que informarle y no por conversar ni para pasar tiempo con él. Comenzó a preguntarse si no estaba siendo lo suficientemente amistoso como para darle esa comodidad de hablarle aun si no fuera parte de su itinerario. Tenía ganas de ver un poco más de cercanía y no sólo limitarse a ser así cada tercer día.

«¿Y si yo le escribo?» se preguntó, pero no se le ocurría algo interesante de qué hablar, no podía escribirle algo tan simple como un "Hola Illumi, te extraño", porque le daban escalofríos de sólo pensarlo, aún si no estaba mintiendo.

«Hola, Illumi. ¿Vendrás hoy?»

Se arrepintió otra vez de escribirle algo absurdo. Se jaló los cabellos con desesperación.

«¿Por qué siempre actúo como un tonto cuando se trata de mi hermano?» no lo sabía, no podía comprenderlo.

—¿Qué pasa? —le interrumpió Alluka, asomándose por sobre su hombro para ver la pantalla de su celular.

—¡Alluka, es privado! —de inmediato tapó la pantalla como si tuviese algo que ocultar.

La chica soltó una carcajada; de todas las cosas que ella era capaz de hacer, jamás pensó que asustar a su casi invencible hermano estaría entre ellas.

—Pues es que estás así como tonto mirando tu celular y haciendo aspavientos, ¿qué quieres que te diga?

Killua reconoció internamente que sí, en efecto, actuaba como un loco.

—¡Es que envié un mensaje sin querer y ahora debería disculparme!

—¿A quién?, ¿qué le dijiste? —se rio otra vez por ver la expresión de vergüenza en su hermano.

—A alguien —se quejó—. Un mensaje estúpido y sin sentido.

Ella sabía de quién hablaba, siempre lo supo. Su risa nerviosa, sus ojos llenos de ilusión, su torpeza fuera de lo común y esas ansias mal disimuladas por estar en contacto con Illumi, eran la clara señal de que algo estaba pasando entre ambos, y que ella no tenía la facultad de detenerlos, sólo apoyarlos, hacerse a un lado y ayudarlos a seguir contra la adversidad, al tiempo que buscaban una solución más viable.

—Te gusta, ¿cierto?

—¡¿Qué?! —se levantó de su asiento— ¡No tienes idea de quién estoy hablando! Por eso dices esas cosas, no Alluka, ¡no!, es imposible que alguien como… es imposible.

—Lo que es imposible, es que niegues lo que es evidente.

—No sabes de quién hablo —espetó nuevamente, no muy convencido de sus propias palabras, pero esto era más difícil de reconocer.

Su celular le hizo olvidar la discusión, se dio prisa por ver la respuesta.

«Hola, sí, no faltaría a una cita contigo por nada del mundo»

Se ruborizó, y entonces tuvo escalofríos. Quizá Alluka estaba más cerca de la verdad de lo que él estaba dispuesto a reconocer. Pensar en las palabras de Illumi le provocaba un calor interior muy agradable, como si hubiera encontrado un trozo de un hogar que tanto anhelaba. Prefirió ignorar las palabras de su hermana, no tenían lógica, no podían ser aceptadas. Se enfocó en la siguiente reunión; esta vez se arregló muy presentable para ver a su hermano, quería dejarle una buena impresión para que le viera como una persona más madura e independiente.

Se sorprendió bastante cuando le vio entrar con una venda en el brazo, cubriendo una gran herida que se extendía desde el codo hasta atrás, cruzando el bíceps.

—¡¿Qué te ocurrió?! —se alarmó.

Su hermano era intocable, un excelente peleador, esa herida no podía ser hecha bajo circunstancias comunes.

—Una pelea. No es gran cosa, pero es mejor evitar la exposición.

—¿Cómo pasó?, explícate, nada de mentiras ni secretos —exigió, examinando el vendaje, revisando por encima en busca de una pista sobre lo que tenía.

—Un tipo me atacó cuando llegué a mi habitación. Peleamos, pero ya todo está bien, no te preocupes.

—Illumi… —el tono de su voz le indicaba que faltaba información, no se conformaría con una explicación tan plana.

Despeinó sus blancos cabellos y se dirigió hasta el cómodo sillón que tenía en el cuarto.

—No sabría cómo empezar a explicar esta historia —fue sincero, Illumi era demasiado apegado a las reglas como para atreverse a fallar. Aun si no quería decirle a su hermano sobre los hombres de la Isla y su relación con ellos, sabía que si no lo hacía y si se enteraba por otro medio, no se lo perdonaría y sería el fin de todo.

—Tranquilo, sé que lo que has vivido no ha sido tu culpa, no te juzgaré —se sentó a su lado, dispuesto a escuchar la historia.

—Verás, yo… —se puso inmensamente nervioso.

Quería decirlo, sí, pero no quería decir que el ente estuvo acostándose con un tipo amigo de su padre, ni que estuvo coqueteando con otros tantos. Lo hacía verse mal, horriblemente mal.

—Voy al baño.

Se puso de pie mecánicamente, quería hacer tiempo para pensar en cómo diría las cosas sin sonar mal. Era una tarea casi imposible de llevar a cabo, menos con esos tiernos ojos azules clavados en su figura, siguiéndole a todos lados. De pronto, escuchó que su celular sonaba, pero no lo traía con él, lo había dejado en el sillón; se asustó terriblemente de que Killua viera algo inapropiado.

—¡Illumi, te llama el abuelo! —suspiró, y toda su sangre regresó a su sitio.

—Ponlo en el altavoz, me lavaré las manos —abrió la puerta para escuchar mejor y se regresó a abrir la llave del lavamanos, Killua se acercó para que el mayor atendiera sin problemas, sosteniendo el celular en la mano.

—¡¿Dónde carajos estas, Illumi?! Muath ha hecho un escándalo diciendo que estás saliendo con alguien.

—Abuelo —mantuvo la calma, nunca antes había escuchado a Zeno tan alterado—, estoy ocupado, he estado trabajando estos días y…

—¡Me importa un carajo lo que Silva te esté ordenando hacer! Ven a la isla ahora mismo.

Killua estaba paralizado, tampoco él había escuchado su abuelo tan alterado en su vida, le sorprendía que Illumi no levantara la voz ni reaccionara abruptamente para defenderse.

—Abuelo, no pienso volver allí, no tengo nada qué hacer en ese lugar.

—No, niño, esto no funciona así, no es como tú quieras y cuando tú quieras. Te veré aquí en…

—¿Para qué?, no hay nada qué hacer allá.

—Para venderte, ¿para qué más te querría aquí? Silva está dudando, así que debo hacer la transacción rápido antes de que haga esto más difícil, te entregaré a alguien bastante conveniente. Terminará gustándote.

Los ojos de Illumi y Killua estaban fijos mientras su abuelo terminaba de dar su explicación, ambos estaban anonadados; Illumi avergonzado porque su hermano acababa de escuchar algo tan desagradable, mientras que Killua no podía creer lo que su abuelo había dicho. Estaban vendiendo a su hermano, comerciando con su vida. Su sangre comenzó a hervir de furia.

—Abuelo, no pienso ir. Yo tengo a alguien en mí vida, y ya tomé mi decisión, papá me dijo que podía dejar este asunto de la isla.

—Illumi, seamos francos, a nadie le importa lo que sientas. Puedes sentir todo lo que quieras y tu posición en casa no va a cambiar.

Zeno estaba molesto, no obstante había un trasfondo para ello. Silva estaba abandonando la idea de relacionarse con la gente de la isla, y no podía tolerar perder las tradiciones que tantos años le había costado mantener; no quería perderlo todo así de la noche a la mañana, se estaba dejando llevar por sus emociones, y sabía que estaba mal, pero creía que Illumi entendería su posición, ya que anteriormente había mostrado mucha frialdad en el tema.

Illumi forzó una sonrisa, queriendo calmar las ansias de Killua, pero fue muy tarde.

—Illumi está conmigo, abuelo —alzó la voz el albino e Illumi sintió ganas de vomitar por los nervios—. Vino a atender unos asuntos, y no lo dejaré ir. No permitiré que comercien con él, no me importa lo muy conveniente que sea para la familia. Es mi hermano, no su juguete.

—Kil… —Zeno comenzó a entrar en razón, pero su ira volvió— esto es asunto entre Illumi y yo, tú no tienes nada que ver aquí.

—Quieres que sea el heredero, ¿no? Si tan sólo te importa eso, entonces deja en paz a Illumi. No permitiré que pisoteen sus deseos, ni su persona, ni lo usen como siempre usan a todo el mundo. Ahora mismo colgaré, hablaré con él y luego me comunicaré contigo. Nos vemos.

Cortó la llamada, e Illumi no fue capaz de emitir sonido alguno. Zeno entendía que su pequeño nieto tenía bastante razón; estaban tratando con un ser humano, y él estaba actuando irracional por culpa de sus emociones. Decidió calmarse; luego volvería intentar comunicarse con su nieto mayor, tal vez podría llegar a un acuerdo más sano.

Illumi quería hablar, disculparse por la situación, pero se mantuvo quieto, viendo a Killua caminar con parsimonia hasta el sillón donde se sentó con la mirada seria.

—Kil…

—¿Ellos te han estado vendiendo? No conforme con usarte para estos trabajos, te mandan a promocionarte a una isla para venderte. Yo… yo no puedo Illumi, no puedo con esto.

—Lo siento…

—¿Por qué pides perdón? Illumi, esta no es tu culpa.

Lo vio, ahí estaba el morocho, de pie, sin poder decir una palabra en su defensa, y notó cuán frágil era: un muchacho a disposición de todo el mundo, queriendo un poco de paz para vivir, y hasta ahora —todos— lo habían interpretado como un tipo malvado, frívolo, capaz de cualquier fechoría. Recordó todo lo que el Barón decía sobre él, tantos detalles tan tristes en su historia, no pudo más que conmoverse.

—Illumi… desde hace tiempo quería decirte… —se armó de valor, imaginándolo así tan solitario cuando en realidad escondía una personalidad agradable dentro de él por temor a ser juzgado— necesito pedirte perdón —vio cómo su hermano comenzaba a respirar con rapidez, quizá alterado por sus palabras—. Yo… yo te dije esas cosas horribles sobre sentirme avergonzado de ti, y no es cierto, nunca lo fue. Yo nunca me avergonzaría de ti, estoy impresionado de la persona que en realidad eres; no puedo hacer otra cosa que admirarte. Pienso mucho en ti, pienso en todo lo que me he perdido de ti y me da coraje, no puedo creer que perdí tanto tiempo empujándote lejos de mí cuando más me necesitabas.

—Detente —suplicó con voz suave— no sigas por favor…

Pero el menor le ignoró, motivado por su deseo de desahogo.

—Quiero pedirte perdón, no sólo por eso, si no por no haberte dado la comprensión que necesitabas, siento… siento que fallé como hermano, que no estuve ahí para ti cuando estabas triste, cuando no tenías a nadie con quién hablar y querías conversar de cualquier cosa —sus manos temblaban por las emociones contenidas; se puso de pie y caminó a donde estaba su hermano, el cual escondía su rostro, mirando a un lado pretendiendo no prestar mayor importancia a lo que le decía—. Te debo tantos cumpleaños, tanta compañía y gratitud por todos los esfuerzos que hacías por mí. Yo era demasiado chico y engreído como para apreciarlo y…

—Kil…

Los recuerdos del abandono eran su peor pesadilla, cuando se dio cuenta que nadie le estimaba, le atormentaba la idea de reconocer que en su vida había estado tan solo, que morir quizá le hubiera proporcionado un poco de alivio.

—Yo necesito que lo sepas, Illumi. No dejaré que te vuelvas a sentir solo, no dejaré que nadie te pisotee, yo te defenderé de todos…

—Por favor… ya no más… —cubrió su rostro con una mano tallándose los ojos violentamente en un vano intento por disimular su estado.

Killua captó entonces lo que estaba pasando, había cruzado la barrera impenetrable de Illumi, esa que lo hacía parecer como un pilar duro y resistente; Illumi se atrevió a abrazarle para cubrir su tristeza, ocultándose en el hombro de su hermano. No iba a aceptar que le vieran mal, no importaba que se tratara de Killua.

—Lo siento… lo siento mucho.

Abrazó a Illumi con fuerza dejándose llevar por sus emociones, invitándolo a abandonar esos malos recuerdos que de seguro le rondaban en sus peores noches, deseando transportarlo a una nueva realidad, una donde no volvería a estar solo. Lo apretó y acarició su espalda hasta que sintió que Illumi se relajaba y se preparaba para soltarle.

Escuchó un murmullo muy suave y apenas entendible, un "gracias" que llegó hasta lo más hondo de su corazón. Sintió que se quebraba ¿tanto lo habían lastimado y él se lo había guardado sin decir nada, sin esperar nada? No podía soportarlo, la idea lo estaba acribillando. Imaginar estar en su lugar le hacía ahogarse de la angustia. Su padre lo usaba a su gusto, sin preguntar si estaba de acuerdo o no; su madre abusó de él, de su ignorancia para implantarle un monstruo de Nen sin misericordia; su abuelo lo estaba vendiendo como un objeto, y sus hermanos no lo veían precisamente con buenos ojos. No, ya no dejaría que siguiera así, él correría a darle auxilio.

Acarició nuevamente su espalda.

—No estás solo, Illumi… estoy contigo.

—Por favor, no digas nada… —no disfrutaba el dramatismo, no quería escuchar palabras compasivas si no iban a durar; si sólo eran un gesto emocional, no tendría sentido, estaba cansado de esto, de las falsas esperanzas. No jugaría con sus propios sentimientos. Estaba herido, pero se lo guardaría otra vez y quizá, con el tiempo, podría creer en lo que el albino decía.

La tristeza de Illumi le conmovía, no podía verlo, pero sabía que se estaba conteniendo de llorar puesto que la humedad de unas pocas lágrimas había empapado parte de su mejilla, y sin querer él también terminó por dejar que sus lágrimas le secundaran. Se quedaron así en silencio hasta que ambos lograron controlarse.

—Vamos, siéntate, hablaré con el abuelo —sugirió ya más calmado.

—No, no lo hagas Kil. Yo hablaré con él.

—¿Para qué te trate de ese modo? No, no… Illumi, ahora eres mi responsabilidad. Si él cumple lo que quiere ¿qué haremos?, ¿acaso crees que soy tonto y dejaré que te vendan? A todo esto… ¿por qué quieren venderte?, ¿qué ha pasado?

Eran muchas preguntas, por supuesto que iba a tener montones de dudas, era natural, sólo que no sabía qué tanto Killua conocía sobre su propio destino. Recordó cuando le dijo al abuelo "¿quieres que sea el heredero?" y se estremeció, Killua no tenía idea de la clase de vida que le esperaba como el heredero; ahora comprendía porque se requería una fortaleza mental impenetrable.

—Esta herida —señaló su brazo— me la hizo un tipo de la isla de Asesinos, fue a mi cuarto a verme, y tuve que sacarlo de ahí.

—¿La isla de Asesinos? Alguna vez escuché a Nimrod hablar de ella, pero no sé bien qué es —la pregunta confusa sorprendió al morocho.

—¿Papá nunca te habló de la isla de los Asesinos? —el peliblanco negó con la cabeza— qué extraño… ¿qué se supone que intenta papá contigo? —preguntó al aire.

Killua lo observaba con mucha atención y recordó de pronto las palabras del ente de Nen.

—Nimrod dijo alguna vez que papá quería castigarme por mi rebeldía… ¿lo recuerdas?

—¿Dijo eso? —se quedó pensativo, escarbando en su memoria hasta que llegó a él ésa imagen, sin embargo notó que había algo velado, un secreto en sus palabras al que él no podía acceder— recuerdo que dijo eso, pero no sé por qué… esto es bastante extraño…

—Sí… pero de todos modos ¿qué es eso de la isla de Asesinos?

Illumi tomó aire, sabía que iba a ser una larga explicación y que terminaría revelando cosas bastante delicadas, asuntos que quizá deberían esperar, pero ya le había dicho a su hermano que no le guardaría más secretos, sería honesto con él en todo momento.

—Existe un lugar conocido como Tierra Sagrada; es una isla fundada por familias de Asesinos, así como la nuestra. Dado que los negocios más importantes y el gobierno están protegidos por asesinos, dentro de Tierra Sagrada los bancos y materias primas sirven para el lavado de dinero.

No era ninguna sorpresa que el dinero que circulaba en el país tuviera otra finalidad, cualquier que conociera a un asesino, se preguntaría cómo es que tanto dinero no fuese detectado.

—Es una isla turística así que es un lugar bastante popular, los gobiernos de todos los países saben que es un territorio de Asesinos y saben que su función principal es el lavado de dinero, porque, como has de saber, el dinero que nosotros ganamos no es bien habido… Las familias más importantes de la hermandad de Asesinos conforman el parlamento que gobierna la isla y se dedica a las negociaciones más importantes para la hermandad, así como darles protección política alrededor del mundo gracias a sus buenos tratos con otros países.

—No me digas… ¡Nosotros somos parte de ese parlamento! —algo dentro de él le decía de la influencia que tenía su familia no era de chiste. Se levantó de su asiento, tomó una de las bebidas y le ofreció la otra a su hermano para alivianar el momento.

—Sí y no… ya no más. El abuelo pertenece al concejo, papá se suponía que estaría en el parlamento pero aquí es donde comienza el problema.

—Oh no… —presentía que algo no iba a gustarle para nada.

—Como bien sabes, mamá pertenece a los Iluminados.

—Ah sí… esa mujer… —rodó los ojos, detestaba que Illumi continuara llamándola "mamá" cuando no merecía ese puesto.

—Los Iluminados, nos guste o no, son la agrupación más poderosa del mundo. Son dueños de bancos, medios de comunicación, farmacéuticas, medios de transporte, líneas de mercados, producción de armamento; controlan artistas de todo tipo, están repartidos en toda clase de ciencias y se encargan de que los gobiernos hagan leyes que los beneficien; tienen gente en todas partes, y eso sin mencionar que controlan a otros grupos, como los Hunters, las mafias, el mercado negro, entre otras cosas…

Killua sabía que eran poderosos, pero no había imaginado la magnitud de esas palabras.

—Aniki… es como si dijeras que son dueños del mundo.

—No quiero decirlo en voz alta… —dejó la frase al aire, se aclaró la garganta y prosiguió— Lo único que no han podido dominar es, precisamente, el mercado de los asesinos. Controlan las mafias, el tráfico de drogas y trata de blancas y parte de la corrupción es vigilada por ellos. Pero por más que lo han intentado, nunca han podido superar a los Asesinos.

Por alguna razón sintió un alivio al saber que él pertenecía a la más grande resistencia de los Iluminados; sin embargo ese pensamiento se vio opacado cuando pensó en lo que eso implicaba.

—¿Por qué no hacen negocio con los Asesinos? ¿No sería más sencillo si los anexaran a su equipo?

—Eso es precisamente a lo que voy, los Iluminados se conforman por gente erudita, personas inteligentes que tienen altos grados de estudio. Tal vez no lo has notado, pero mamá tiene especialidad en psiquiatría. No puedes ser un miembro de los Iluminados si no eres alguien ilustre que ellos puedan aceptar como su igual. No es como los Hunter que hacen un tonto examen de resistencia, ellos son más exigentes. Pregúntate esto, Kil ¿qué grado de estudios tiene Gon?

—¿Eh? —se quedó pensativo— creo que ya terminó la escuela elemental… sé que está estudiando mucho ahora mismo.

—¿Y tú?

Se ruborizó, nunca se había visto a sí mismo con esa descripción tan vacía, no pudo responder a la pregunta, pese a que Illumi estaba en las mismas condiciones.

—Papá nos dio estudios básicos. Aprendimos a leer, a escribir, vimos un poco de matemáticas, física y biología, pero nunca terminamos ningún grado escolar. Así son todos los Asesinos, su vida es enteramente dedicada al negocio familiar, por ello mismo los Iluminados nos clasifican como "bestias ignorantes".

—Pero no pueden contra esas "bestias ignorantes".

—Ja… lo que quiero decir es que los Iluminados y los Asesinos no trabajan juntos, no son enemigos, son competencia, pero no se odian, al contrario, quisieran llegar a un acuerdo pero sus tradiciones y ambiciones chocan. Por eso, el asunto de mamá y papá es muy relevante.

Abrió los ojos, ahora comenzaba comprender un poco lo que Illumi intentaba transmitirle. Dejó a un lado su bebida y se enfocó en su hermano, esta vez sin quitarle el ojo de encima.

—Mamá era una sacerdotisa protegida por los Iluminados, que estaba obligada a mantenerse en celibato, pero papá se la llevó y regresó ya comprometido con ella, contra los deseos del abuelo.

—¡Oh cielos! No me digas… ¡Tú eres la razón por la que ellos dos se casaron! —Se rio en voz baja e Illumi lo vio con ironía.

—No es mi culpa que ellos dos hayan sido tan calientes como para aguantarse las ganas…

—¡No digas cosas así, Illumi! Qué asco.

Esta vez Illumi se rio, dio un sorbo a su bebida, al menos Killua estaba tomando la historia de forma relajada.

—Por culpa de esa relación, papá tuvo que abandonar su posición en la isla, y actualmente se está esforzando por recuperar su puesto.

—La pregunta entonces es, ¿cómo? —sonrió, era tan sencillo comprender a su hermano mayor; sin embargo, la actitud seria que mantuvo el morocho le hizo sentir que ya venía el verdadero problema de su historia.

—Hay una tradición entre las familias de Asesinos. No se permite el matrimonio por elección propia, se casan entre las familias que conforman la hermandad por medio de acuerdos que fomentan las buenas relaciones y negocios.

Instintivamente tomó la muñeca de Illlumi y la apretó, asustado por lo que estaba escuchando. No era tonto, comprendía bien lo que su hermano le explicaba.

—No… Illumi… no quiero que me obliguen a casarme…

—No harán eso —le sonrió a su hermano, aunque la mano del albino apretaba muy fuerte su muñeca y sentía cómo la sangre se detenía, enfriando sus dedos— tú estás exento de esa tradición, esto sólo recae en los hijos que no son los herederos.

—¡No! —volvió a apretar la muñeca de Illumi, sus nervios se dispararon— significa que… Alluka…

—No creo que papá quiera que ella se case, seguramente lo verá como una gran pérdida, no te preocupes por ello.

—Kalluto…

—Sí… seguramente así será con él.

—Milluki…

—Si lo piensas bien, para él será la única forma de hacer que salga de casa. Le vendrá a bien casarse con una de las adineradas hijas de un asesino influyente.

—Tú…

—Sí.

Sintió que se mareaba, un dolor en su pecho comenzó a atravesarlo.

—Eso es a lo que el abuelo se refiere, ¿verdad?

—En realidad, es otra cosa… Kil, ¿podrías soltarme? No siento los dedos.

Vio que el albino se mordía los labios mientras observaba apenado su mano que se marcaba en la piel blanca del morocho. Lo soltó con lentitud; Illumi aprovechó el momento para deslizar su mano hacia abajo y apretar suavemente los dedos de Killua y así trasmitirle por un breve instante un poco de afecto. Vio con orgullo el delicado rubor que apareció por un instante en sus dulces mejillas.

—Hay otra forma de hacer negocios entre Asesinos, que no es matrimonio —continuó, desviando la atención de su tierno gesto— digamos que tú, como heredero, conoces al hijo no-heredero de otro asesino, y por alguna razón lo consideras interesante y quizá quieres que trabaje para ti. Lo que harías sería ir con el padre de ese muchacho, y pedirías que se te permita "apadrinarlo", serías el padrino de ese muchacho y ahora él te pertenecería para los asuntos que lo requieras siempre y cuando ofrezcas cosas, ya sea dinero, negocios, posición social o lo que sea, con tal de tener a ese muchacho a tu disposición.

Se quedó en silencio, comprendiendo el punto, le sonó mucho mejor que forzar a Illumi a casarse.

—Entonces, es eso lo que el abuelo quiere, quiere que alguien te apadrine para recuperar la posición de papá, ¿qué pasaría contigo?

—Así es. Si el abuelo consigue eso, yo me iría a vivir con la persona que me apadrine, y tendría derecho a pertenecer a la hermandad de Asesinos. Nosotros, los no-herederos, somos considerados miembros externos, o simpatizantes, pero no tenemos posición ni partido dentro del grupo. Si me apadrinan, podría pertenecer a la hermandad, ya que se considera muy difícil impresionar a otro asesino, como para que quieran adoptarte —en teoría todo lo que decía era coherente pero la práctica era absurda.

—¿Tú… tú quieres eso para ti?

—Kil… no estaría mal estar dentro de un grupo para el que he trabajado toda mi vida, además, si me apadrinaran se me permitiría elegir si quiero casarme o no, pero… todo es muy diferente a lo que suena. En realidad, no necesito nada de eso.

—¿No?, ¿qué hay de malo en eso?

Illumi miró hacia la nada. No quería decirle las cosas a su hermano, no podía permitir que su imagen se viera manchada por algo tan desagradable.

—En realidad… Kil, no quisiera hablar de ello, esto es algo que el ente de Nen estuvo haciendo y preferiría no tocar ese tema.

—Pero…

—¿Podrías hacer esto por mí? —sabía que, al hablarle así, se estaba aprovechando de su actual posición frente a su hermano que estaba afectado por esa carta que lo volvía débil a él.

Se quedó en silencio, suponía que su hermano aspiraría a algo así, después de todo, él lucía como alguien que de verdad disfrutaba su trabajo; además si eso no significaba que su hermano estaría comprometido con alguien más, cosa que le hacía sentir un desagrado profundo, no sonaba tan mal. Entonces recordó algo que antes no había entendido bien, un viejo y desagradable recuerdo.

—"La mercancía de papá" —dijo en voz alta— a esto se refería Kalluto cuando te llamó así, ¿verdad?

—Lo sé… seguramente mamá le dice todo a Kalluto.

—¡Kalluto siempre ha sabido todo! Ese niño… —exhaló— tengo mucho de qué hablar con él.

—No lo hagas, no hace falta —sintió escalofríos, sospechaba que Kalluto conocía esas actividades desagradables en las que se metía el ente de Nen y con tal de ocultar esa información haría lo que fuera necesario.

Ese secretismo le molestaba, pero no quería que su hermano se sintiera incómodo. Suponía que Nimrod lo había puesto en situaciones bastante desagradables; no podía imaginar la cantidad de cosas que seguramente hizo en su nombre, así como lastimarlo a él y arruinar su imagen dentro de la familia. No iba a prometerle a Illumi que no hablaría con Kalluto, claro que pensaba hacerlo después, pero por el momento mantendría a Illumi tranquilo.

—Aniki… hablaré con el abuelo.

—Kil…

—Sí —insistió—, lo haré. Sé que no te gusta la idea, pero no toleraré que te traten como quieran.

—No quisiera que te metieras en problemas Kil, es mejor que te mantengas al margen de esto.

—Illu-nii, confía en mi —Illumi se quedó de piedra, hace mucho que no escuchaba a su hermano llamarlo de ese modo tan cercano— hablaré con él frente a ti, ahora mismo y verás que no diré nada comprometedor.

Lo dudaba, francamente. Killua podía ser muy emocional en momentos como ese —así como lo fue con Gon y con Alluka— y probablemente pondría mucho en juego con tal de conseguir lo que quería. No quería eso, pero las palabras de los astrólogos le habían enseñado que debía dejarse proteger por él, que aceptara ser su propiedad para alimentar su amor.

—De acuerdo, pero… no te meterás en problemas, ¿verdad?

—No —se rio, lo último que quería era problemas nuevos. Tomó el teléfono y llamó a su abuelo, estaba listo para demostrarle a Illumi que nunca más estaría solo.

—Pásame a Illumi —Zeno no esperó, ya no sonaba enojado como antes, pero se notaba que seguía en desacuerdo con Killua.

—No.

Illumi, desde el momento en que percibió el tono amenazador de Killua supo que tomaría un mal camino todo y se asustó, pero no se atrevió a intervenir.

—Killua, esto es entre él y yo, no tienes nada que ver aquí, pásame a tu hermano.

—Abuelo, lo siento, no pienso dejar que trates como quieras a Illumi, yo pienso dar la cara por él. Si lo vendes a él, te despides de mi ¿entiendes?

Illumi tuvo que reconocer que, aunque era terrible lo que decía, era un método efectivo para detener a su abuelo.

—¿Estás seguro de lo que dices? Kil, yo no soy tu enemigo, pero tengo que recordarte que yo no soy Silva, yo no te trataré como él lo hace, dejando que escarmientes por tu cuenta.

—Estoy totalmente seguro —confirmó sin dudarlo.

Escuchó a su abuelo soltar aire, se notaba que hacía el esfuerzo por mantenerse frío.

—Bien, un día de estos iré a hablar con ambos, los citaré y los veré. No ahora, será en su debido momento.

Cortó la llamada, esa reacción había sido inesperada, volteó a ver a su hermano que parecía tan confundido como él.

—Colgó. Dijo que hablaría con ambos.

—Bien, esto sólo puede significar que nos dará tiempo para actuar, eso es mejor que nada.

Había sido un día bastante emotivo, ambos se habían acercado más. La desgracia comenzaba a traer un efecto positivo en Killua, el cual se alegraba bastante de saber que podía ser útil pese a todo el mal por el que habían pasado hasta ahora, y que compensaría cada cosa mala que había aportado a la vida de su hermano; además, agradecía que Illumi fuera tan paciente y no tomara ventaja de él, con todo y que él le había dado permiso de hacerlo. Reconocía que cerca de él se sentía seguro y tranquilo.

Alluka vivía otra tragedia interior. Ella conocía de un modo diferente a Killua, no como un bravo asesino capaz de muchas cosas ni un talentoso y valiente peleador. Lo conocía como un chico tranquilo, alegre, juguetón, que solía ser emocional y duro cuando era adecuado. Desde el momento en que ella supo que tendría que involucrarse románticamente con su hermano mayor, tuvo miedo. Illumi era un completo desconocido para ella, sólo sabía que había atormentado a su hermano por años, lo recordaba como el acosador que no los dejaba estar juntos y por ello no aceptaba que tuvieran una relación, ni siquiera amistosa. No le agradaba, sospechaba que Illumi les tendería una trampa en cualquier momento, no podía dormir de sólo pensar que Killua estaba en el cuarto con su hermano, haciendo algo que ella desconocía, no se atrevía a acercarse a la puerta a espiar, principalmente porque ellos la descubrirían, pero tampoco lo hacía porque no quería encontrarse con algo desagradable. Ya Killua le había dicho que no era una mala persona, e incluso ella había accedido a hacer una reunión con Illumi.

Quería confiar en Illumi, de verdad que lo deseaba, pero con Killua escondiéndose de ella, le era imposible; sólo veía a su hermano reír o decir indirectas sobre lo muy bien que se sentía por tener contacto con su hermano mayor, y no podía mentir, sentía celos de saber que Illumi era alguien importante para él, aparentemente ahora más importante que ella y que Gon. Se sentía ignorada porque él no le contaba lo que pasaba en sus horas con su hermano, como si él no confiara en ella, tratándola como cuando eran pequeños cuando la apartaba de todo lo relacionado con su mundo de asesinos. Así que lo poco que avanzaba en su proceso de aceptar la relación de sus hermanos, retrocedía conforme veía que el albino la apartaba.

Kalluto y ella ahora estaban en contacto constante, ese era un secreto que voluntariamente había decidido tener con Killua. Si él no le contaba cosas sobre Illumi, ella no le diría sobre Kalluto. El albino desconocía por completo que ellos dos se mantenían en comunicación debido a sus constantes distracciones. Alluka le expresaba su inconformidad a su hermano menor, quejándose de todas las actitudes que el albino tenía con respecto a Illumi, y el más chico tenía que explicarle todo de vuelta hasta que se calmara. Por otro lado, Kalluto se mantenía así porque quería saber los avances que había entre sus hermanos, y estar al pendiente de la situación, así que soportaba la interminable lista de reproches de la chica.

—No suelta su celular. Se la pasa viendo la pantalla como si tuviera toda su vida ahí dentro —una de esas noches en las que Killua se encerraba con Illumi, se puso a conversar con Kalluto.

—Es de esperar, recuerda lo que nos dijo el Barón. Ellos dos tienen que… pues…

—Lo sé… —suspiró— ¿en serio tiene que ser así? Kalluto, no quiero que eso pase, Killua merece a alguien mejor, alguien joven, de su edad, que no sea su hermano y tenga una vida más sana.

—No es que yo sea fanático de estas cosas, ni apruebo esta relación, pero ¿te has puesto a pensar en las consecuencias de que esos dos estén juntos sin nada de por medio?

—¿A qué te refieres? —hubo una pausa, no importaba cuán habituados estuvieran a la situación, seguía siendo difícil tocar esos temas.

—¿Qué tal si tienen que estar así por muchos años? ¿Qué tal si nuestros intentos por encontrar una solución fallan? Killua estará así una temporada, ilusionado por culpa de un efecto, pero pasará y entonces… dime, conoces bien a nuestro hermano ¿crees que aceptaría tan fácilmente estar así con Illu-nii?

Se lo imagino, ¿qué sería de Killua si él no tuviera ese efecto en su cerebro? Cerró los ojos, y lo vio. Visualizó al albino enfermo, deprimido, consciente de que su hermano se había aprovechado sexualmente de él; quizá aguantaría así una temporada, luego todo sería caos y destrucción. Definitivamente agradeció que esa carta hubiera atenuado la caída de su hermano.

—Por eso, por eso mismo tengo la idea de apoyar a Illumi, ayudarlo a que Killua no pierda ese efecto en él. Terminando el año, esto debería seguir igual. No quiero que él sufra más, ya no más Alluka. No más ¿me entiendes?

Ahora estaba en sus manos, comprendía porque Kalluto le llamaba tanto; porque él no tenía influencia en Killua, en cambio ella sí. Ella podía decidir si orientar a Killua sobre sus sentimientos y hacerlo vivir como si fuera algo normal, o podía hacer que él tuviera miedo de sus propias emociones y volver todo una relación conflictiva, todo para que al final Killua perdiera el efecto y todo se fuera al carajo. Era una decisión que quería tomar, en base a los resultados que tuviera de sus próximos movimientos; a diferencia de Kalluto, ella creía firmemente en que encontrarían una solución rápida, principalmente creía esto porque ella no tenía conocimientos de Nen, y su experiencia con la entidad, le hacía suponer que todo era más sencillo de lo que parecía, así que no le importaba tanto el efecto de su hermano, si no darle una calidad de vida decente.

Con la excusa de que alguien lo había atacado, le exigió a Illumi que se mantuviera en contacto avisándole cada vez que llegara a su casa y que todo estuviera bien. Era suficiente motivo para que su hermano le escribiera constantemente, lo que le emocionaba bastante, tanto así que leía los mensajes de Illumi antes de dormir, mirándolos complacido de saber que él le escribía; de imaginar el momento en que él lo hacía; que pensaba en él antes de irse a dormir. Esto nunca lo vio como algo relevante o romántico, le parecía más bien que estaba siendo protector con su hermano mayor, como un verdadero líder al pendiente de todos los que estaban bajo su tutela y creía que el ser un buen líder lo hacía feliz.

—¿No te parece muy agradable saber que alguien que aprecias, está bien? —le preguntó a Alluka mientras caminaban por uno de los tantos parques que ahora visitaban.

—Claro, me siento feliz de verte aquí; tranquilo después de tantos años de entrenamiento —contestó ella, haciendo a un lado la idea de a quién se refería.

—En eso tienes razón.

—Aunque claro, si yo estuviera enamorada, también me sentiría así como tú.

—¡¿Qué?! No, no Alluka… no sabes de lo que hablas.

—Es obvio hermano, te gusta esa persona que te hace ver tanto tu celular, y por su culpa dices cosas raras en momentos menos esperados.

—Alluka, de verdad… si supieras, no dirías esto.

—Illumi, ¿cierto?

—¡Maldita sea, Alluka! —estaba horrorizado, ella sabía exactamente lo que decía, no estaba arrojando palabras al azar.

—¡Oh mira, un bebedero! —corrió hacia él, jalando a su hermano del brazo hasta estar cerca de la pequeña fuente, se acomodó el cabello y se inclinó— pero no te quedes callado, háblame de ese chico que tanto te gusta —bromeó.

—Alluka —murmuró amenazador— esto no es gracioso.

No lo era, en realidad Alluka sentía escalofríos de sólo referirse a su hermano mayor de ese modo. No, ellos dos no podían tener una relación, pero sí se trataba del bienestar mental de su hermano, entonces podía reconsiderar todo.

—Pues… parece que Illumi es alguien bastante especial, entiendo que lo veas así, digo… nunca convivimos lo suficiente con él como para verlo como un hermano, ¿no crees?

Era un absurdo razonamiento que guardaba la intención de aligerar la culpa que tenía Killua por sentirse atraído a su hermano. Si podía hacer que él pensara que no estaba tan mal por sentirse así, quizá ayudaría un poco a que su transición no fuera tan mala. Killua aguardó en silencio, mirando a su interior, considerando la posibilidad de que su hermana tuviera algo de sentido.

—A todo esto… ¿podrías pasarme su número de teléfono?, quisiera hablar con él.

—¿Eh? —examinó a Alluka, buscando señales de no haber enloquecido—, ¿de qué quieres hablar con él?

—¡Es privado! Sólo dame su número, por favor.

—¿Para qué? —iba a negarse rotundamente, pero la postura amenazante de su hermana le demostró que hablaba muy en serio—, ¡pero quiero saber de qué quieres hablar con él!

—Yo no hostigo preguntándote lo que hablas con él…

—Ya, ya… —buscó el número de Illumi— te enviaré su contacto, pero mmm…

Era difícil determinar lo que le preocupaba de que esos dos hablaran. Por un lado temía que ellos dos pelearan por lo que fuera, porque podía ser que Illumi no la tratara con la delicadeza que ella merecía, o que ella no lo tratara como el ser humano con sentimientos que en realidad era; pero también le daba curiosidad saber lo que pasaría y no quería que ellos dos lo ocultaran cuando tenía tanta necesidad de conocer a Illumi.

—¡Gracias! —miró el número, y por primera vez en días, no tuvo miedo. Si Killua le pasaba el número de su hermano, era porque consideraba que no era una amenaza para ambos; por más que ella dudara de sus intenciones, Killua no veía a su hermano mayor como algo que debía estar lejos de ella.

El albino se quedó quieto, mirando cómo su hermana caminaba tranquilamente frente a él. Varias de ideas cruzaban por su mente: la clase de conversación que esos dos sostendría; lo que Illumi diría sobre él, vaya que tenía curiosidad sobre ello.

Illumi no le coqueteaba, eso estaba claro, lo trataba con bastante atención, conversaban, hacían burla de lo que podían, se preocupaban por temas en común, pero no había eso que había esperado. Se dio cuenta que no comprendía bien el deseo de su hermano, era como si se hubiera desvanecido; ya comenzaba a dudar sobre lo que su hermano quería y eso le ponía nervioso, porque aunque no lo exteriorizara quería sentirse deseado por él. Se estaba comenzando a desesperar por la falta de interés de Illumi; y no era que no lo sintiera, pero no era la clase de interés que él quería.

—¡No te vayas sin mí! —llamó a la chica y se apresuró a alcanzarla— prométeme que me dirás de qué hablaste con él, ¿de acuerdo?

—Hermano… —se quería reír por la actitud tan nerviosa de él— te prometo que te diré si tuve una buena o mala impresión. Eso es todo.

Chapter Text

Tras el fallo del viaje experimental, el rey Nasubi estaba hecho una furia. Se vio forzado a volver a tierra firme después de un mes de nada; según las estimaciones sólo llevaban un cuarto de recorrido cuando tuvo que regresar. La familia real de Kakin recibió a los valientes viajeros ofreciendo pagos por las pérdidas a las familias más afectadas. Se hablaba de una posible trampa; alguien que les había guiado a una zona de riesgo durante el camino a fin de no permitirles conseguir su objetivo.

Nasubi reclamó en una reunión privada con el capitán por los malos resultados. El rey estaba profundamente herido en su orgullo.

—¡¿Qué cara daré al V5?! Soy el hazme reír de todos. El Fondo Mundial alegará que las pérdidas sobrepasan las posibilidades económicas de nuestro país por tener que pagar los daños a las vidas inocentes que viajaban con nosotros. No importará si de verdad podemos sostener los daños, seguirán diciendo lo mismo hasta que nos hagan doblar las rodillas y desistir a nuestro plan.

Y tenía razón, las reclamaciones públicas serían un dolor en el trasero. Si sus cálculos acertaban, en caso de haber hecho el viaje de manera pública, las protestas por las muertes y heridos se tornarían en violentas demandas que triplicarían el precio original. Definitivamente, se encontrarían en apuros si es que no daban con una solución pronto.

—Puede ser que tengas razón, padre. A menos que este haya sido un plan desde el inicio —hubo silencio en la sala. Camilla, la aventurada hija del rey alzó la voz. La insinuación en sus palabras era terrible, un complot, un culpable externo que podían señalar. Pero esto sólo conduciría a una solución bastante desgraciada.

—¿Sospechas ya de alguien?

—¡Padre, es ridículo! —intervino Benjamin, el mayor de sus hijos— ¿quién querría meterse en nuestro camino y mandar a sus aliados con ellos?

—Alguien que no es aliado de ellos —Tserriednich opinó con una sonrisa en el rostro—. Alguien con motivos ulteriores al viaje.

Tserriednich tenía una visión de las cosas escalofriante, una percepción que no era humana. Sin embargo, todos lo vieron como a un loco.

—¿Más conspiraciones sobre los Iluminados? Dirás algo así, ¿verdad? Deja tus falacias, Tserriednich, cierra la boca y deja a los adultos opinar.

Chasqueó la lengua, ya estaba acostumbrado a que no le creyeran, por eso seguía su camino, no miraba a los demás y pensaba en indagar por su propia cuenta. Su padre secretamente comprendía los temores de Tserriednich, pero no tenía la disposición de crear pánico en su propia familia; guardaba una confianza de acero en la fuerza de su país. Y si de Iluminados se trataba, sólo tenía una opción viable.

—Pensaba en el grupo principal del V5 —continuó Camilla—. El V5 nos ha tenido en la mira por años, no sería ninguna novedad que intentaran intervenir en nuestros asuntos internos.

—¡Inadmisible! Eso nos llevaría a una guerra —alguien más declaró con indignación.

Camilla era una gran oradora; en sólo unos segundos le bastó para cambiar el foco de atención de una falla a una guerra, en un paso. Sin sudar.

—No lo vean así, no ahora. Primero propongo investigar, conocer a nuestro enemigo. Si actuamos imprudentemente, los perseguidos seremos nosotros. El primer paso es encontrar y señalar al verdadero culpable antes de que él nos señale a nosotros —continuó Nasubi.

—Yo sugiero que no los señalemos, hallémosles y tomémosles por aliados. Luego, cuando estemos en el mar, los arrojaremos por la borda, diremos que fue a causa de un ataque —esa era la forma en la que la familia real procedía usualmente.

Durante la reunión, se decidieron medidas preventivas; si querían guerra, guerra tendrían, pero primero se harían averiguaciones. El rey, en secreto, llamó a la mejor alternativa contra los Iluminados, se preparó para hacer un viaje a Tierra Sagrada. Estuvo en el coliseo, se rodeó de los mejores Asesinos, hizo ofertas que enriquecerían a cualquiera de ellos, y los llenó de promesas. Para su desgracia, un "te enfrentarás a los Iluminados", hacía que cualquiera rechazara la propuesta, no sólo porque no les interesaba meterse con esa organización, sino porque eran finalmente aliados indirectos; acosarlos a ellos implicaba meter a toda la hermandad en un problema.

Así fue como Nasubi se dio cuenta que no estaba enfrentando a cualquier oponente, si los Asesinos se resistían a aceptar, no se debía a cualquier cosa.

—Pondré a su disposición a mis mejores hombres, encantadores de Nen, que son famosos por sus habilidades a distancia.

Los tenía, eran brujos capaces de cosas perversas e increíbles. No obstante, ni con tales ofertas aceptaban. Nasubi no quería a cualquier hombre, quería sólo a los mejores y, los mejores, tenían otras cosas por hacer diferentes a involucrarse en problemas.

Entre tantas negociaciones logró convencer a unos cuantos que parecía que habían aceptado sólo para no tener a un invitado insatisfecho. Era evidente que no tenían interés en cumplir con su trabajo, salvo como guardaespaldas personal. Y con estos tres en mano, el rey de Kakin volvió a casa, seguro de que vencería al final.

—Distribúyanse en las zonas que consideren necesarias cubrirse; sitúense donde quieran, no necesitan venir a pedir permiso, ya lo tienen —les instruyó a los Asesinos y sus sirvientes procedieron a ofrecer amablemente sus servicios—. Con la credencial que les di tendrán permiso de entrar a otros países, viajar e investigar lo que gusten; mis hombres se encargarán de pasarles tanta información como vayan obteniendo, pero no se limiten.

No lo iban a hacer, de todos modos. Ellos veían esto como una forma de ganar dinero y quizá un poco de fama.

Illumi volvía a su cuarto cuando notó a un par de individuos cruzando sospechosamente por encima de los edificios. No era la primera vez que lo hacía, últimamente veía gente como él andando en secreto por los alrededores. No quiso ser paranoico y asumir que se trataba de él, que lo venían siguiendo o algo por el estilo, así que no le dio vueltas y averiguó los motivos por los que había tantos asesinos rondando por las calles. En cuanto se enteró que eran trabajadores de distintas familias de Asesinos, dejó de investigar; no quería descubrir algo desagradable que le robara el sueño. Sin embargo, pensar constantemente en Killua y en todo lo que estaba enfrentado le hacía dudar si debía dejar pasar esta situación.

Luego supo fue que había un conflicto internacional con respecto al V5 y el rey de Kakin, así que le fue fácil asumir que todo iba en relación. Los asuntos de política y los Asesinos iban muy de la mano. Entonces recordó un viejo mensaje, uno de hacía tres semanas, de parte de Gio. El mensaje hablaba del rey de Kakin y su afán por llegar al Continente Oscuro. Tomó un respiro, no quería comunicarse con Gio, pero sabía que debía hacerlo. Si las cosas terminaban afectando a Killua —puesto que también era un Hunter— no quería que llegara por sorpresa una noticia que forzara al albino a irse lejos.

Hacía muchos años, cuando los exploradores habían sido enviados al continente, se habían encontrado con muchas adversidades; sufrieron muchas atrocidades, y al final pocos sobrevivieron, pero, como era de esperar, había una parte de la historia que nunca había sido revelada. Los sobrevivientes, no sólo habían descubierto grandes cosas, también se habían hecho de territorios, abrieron paso a que se instauraran pequeñas colonias de pobladores provenientes de diferentes partes del mundo.

El Continente Oscuro no sólo ya se encontraba habitado, también contaba con la más alta tecnología existente, avances en la medicina, en toda clase de ciencia, y allí habitaba la gente más sobresaliente del mundo que habían desarrollado capacidades increíbles. Se mantenía a puertas cerradas debido a que no querían contaminarse con la mundanalidad del resto de la población; así como también les era más sencillo controlar qué avances eran permisibles para la población sin que estos se afectaran y terminaran usándolo en su contra, como todos suponían.

Era un secreto gigantesco. Así que no le sorprendía a Illumi saber que los mismos Iluminados bloquearan el paso a los exploradores, de hecho estaba de acuerdo con ello. Lo único que aquello provocaría sería una guerra de grandes dimensiones que acabaría peor de lo que en otras ocasiones hubiera llegado.

—¡Gran Maestro! —ni siquiera tuvo que esperar a que el tono de espera sonara cuando Gio ya había atendido; esta era una llamada que llevaba esperando meses.

—Mmm… —no sabía cómo llamarle así que optó por brincarse el saludo— No soy la persona que estás esperando.

—Supe lo que pasó… usted debe ser el Gran Maestro Illumi. No el Gran Maestro Nimrod

—No, no soy un Gran Maestro, soy sólo un Asesino —aclaró.

—No… —apenas podía contenerse de la emoción— Usted, no importa lo que sienta, sus conocimientos, su destreza y agudeza. Fue reconocido como tal ante todos, es y seguirá siendo para todos, un Gran Maestro.

Prefirió ignorar el mensaje efusivo. Comenzó a preguntarse en primer lugar por qué había contactado a esa persona si no tenía nada que ofrecer, pero quería información así que dejó que Gio fuese quien guiara la conversación.

—Gran Maestro, usted tiene la autoridad, es Juez delante del "único", es reconocido por él, y tiene la capacidad de decidir los siguientes movimientos de la organización.

—Te has equivocado todo este tiempo imaginando que Nimrod lo que quería era paz —señaló, primero debía conocer bien qué tanto provecho podía tomar de Gio o si debía colgar el teléfono ahora mismo— él actuaba así porque quería venganza, sólo eso…

—¡Eso mismo! Su venganza está en los conspiradores, ellos quieren dominarlo todo, están aplastando a los nuevos exploradores. La humanidad merece saber lo que hay allá, la verdad detrás del océano. La humanidad tiene derecho a todos esos bienes, tanto como los pobladores y las hermandades unidas.

—No, yo no soy Nimrod, no quiero venganza de nada. No me meteré en los asuntos de corrupción del mundo, y mucho menos haré de interventor entre los exploradores y los conspiradores.

Gio sintió que la decepción le atravesaba hasta los pies, Illumi no tenía interés en causas nobles, a eso se refería al decir que era asesino; un hombre frío, que vivía del lado oscuro de la sociedad

—"El único" no es la autoridad de los Iluminados, en eso te has equivocado. Él es la autoridad del mundo, lidera todos los gobiernos, y situaciones con respecto a la humanidad; los Iluminados son como un parlamento que coopera con el único, pero no tienen una autoridad fija. Lo que el único quiso decir cuando me cedió el puesto de juez, se refería a tratar con los asuntos que empobrecen a la hermandad, no a ir en contra de ella. Eso fue justamente lo que hizo Nimrod, ir en contra, y yo tengo un compromiso que cumplir.

—Sí… entiendo… —su voz sonaba triste, estaba al borde del llanto.

Illumi escuchó su voz con ironía, no quería tratar con gente sensible y deseosa de algo que era imposible, no podía ir en contra de la naturaleza humana sólo para satisfacer la venganza de un individuo.

—Sé lo que quieres. Conozco a una marioneta que escapó de su amo hace varios y vive una vida a su gusto, escapar no es imposible.

—Ocho veces —remarcó—. He intentado escapar ocho veces, la última vez, me dejaron ir por dos meses, me regresaron, me tuvieron encerrado sesenta días en la oscuridad, todos los días me violaban y me alimentaban de forma forzada, ¡me hicieron comer cucarachas! ¡No sé cómo puedo estar hablando esto y vivir este infierno! ¡Quiero mi vida! Quiero una vida normal.

Se alejó el teléfono, los gritos del Gio eran muy fuertes y él estaba haciendo lo posible por mantener la calma.

—Bueno, date cuenta que el hecho de que seas una marioneta te hace ser estable, ellos te mantienen estable mentalmente —interrumpió su discurso.

Había sido cruel y lo sabía. Pero a Illumi no le importaba, no era alguien relevante en su vida, sólo lo había dicho llevado por su honestidad fría. Meditó un poco, contempló sus posibilidades y continuó.

—No puedo darte la justicia que mereces, pero puedo darte otra clase de justicia.

Los ojos de Gio se abrieron, tal vez había logrado conmover al Asesino, o eso torpemente pensó. Gio sabía que nunca podría ser libre, que sólo lo haría a través de la muerte. No quería morir, quería un mundo mejor, uno donde los Iluminados no gobernaran con sus injusticias.

—Ahora mismo me es imposible, estoy en medio de una situación que debo arreglar.

—¿El asunto de su hermano? —Illumi se dio cuenta que estaba comenzando a perder su privacidad sagrada, odiaba eso— Lo siento, todo el mundo lo sabe, no hay secretos entre los Iluminados.

Una idea cruzó en su cabeza, se dio la vuelta, mirando al espejo de su habitación.

—¿Mi madre lo sabe?

—No, todos menos ella y su padre, Silva Zoldyck, el concilio está decidiendo sobre cómo han de castigarla, así que la tienen aislada de información; tampoco lo sabe su familia, se ha protegido esa información de su vida personal.

Lo dudaba, Kalluto no parecía ignorar las cosas; recordaba que Alluka les había visto en la cama, detalle que le avergonzaba, y el Barón se había encargado de ir difundiendo la información que tenía. De todos modos, lo que le importaba era que no lo supiera su abuelo y sus padres, o se metería en serios problemas.

—Sólo tengo poco menos de diez meses, si puedes esperarme, podremos negociar estos puntos.

Lo hizo porque no podía huir de ellos, era parte de esa organización y tarde o temprano le pedirían que trabajara para ellos. Si podía tomar provecho del puesto que el único le había cedido a la entidad, ciertamente estaría en una posición de ventaja por sobre todos, y Gio, era la única persona que contaba como aliado y uno fuerte que podía mantenerlo informado de todo.

—Acepto —se apresuró—. Sólo mantengamos la comunicación, es todo lo que pido.

Illumi se sonrió, logró lo que quería, información gratis. Acordaron que se llamarían de vez en cuando para analizaron los avances en las problemáticas más importantes de la hermandad y que no se meterían en el tema de Killua, nada de eso, no quería volver a escuchar que alguien hablara de ello como si tuviera derecho a meterse en su intimidad. Ahí supo que el rey de Kakin había contratado a Asesinos. Nada se les escapaba en materia de información, y tuvo un mal presentimiento cuando supo que los miembros de Tierra Sagrada habían aceptado a jugar en ese asunto, le parecía sospechoso.

Apenas colgó, vio que tenía un mensaje pendiente de parte de su padre.

«Tres asesinos de la isla fueron contratados para atacar a la hermandad. No creo que vayan a cumplir su palabra. De cualquier modo Joab me dijo que fue a respaldarte, confía en él».

Su estómago se revolvió, de todos los tipos de la isla este era el menos agradable, el apasionado y pervertido Joab, que de seguro estaba detrás de él, y pronto dejaría ver sus intenciones.

Su teléfono volvió a sonar, estaba harto de ser el tipo más solicitado del momento. Vio el número y no le pareció familiar, así que no contestó, no quería llevarse más sorpresas desagradables, pero luego llegó otro mensaje, de parte de ese mismo número.

«Hola, soy Alluka, ¿podrías por favor contestar mi llamada?» sudó frío. Killua le había dicho ya que ella estaba bajo control, que no había peligro de tratar con la entidad dentro de ella, pero él tenía sus dudas. ¿Qué tal si se había aguantado todo este tiempo para vengarse de él? Miró la pantalla y vio que el teléfono volvía a sonar.

—Hola —contestó, y fingió que todo era normal.

—¿Illumi? —preguntó la pequeña.

—Sí, soy yo.

«Vaya día cansino» pensó y fue a sentarse en la cama.

—Oye, sé que esto no es normal pero… ¿podríamos vernos? Yo, en verdad necesito que hablemos sobre Killua. Esto es importante para mí, para ambos.

Tragó saliva.

—Claro —se imaginó un montón de escenarios indeseables en los que él salía perdiendo— mañana iré a ver a Killua, en cuanto llegue a la ciudad te mandaré un mensaje para que me digas la hora y lugar.

—Sí, de acuerdo, gracias. Te estaré esperando.

Y ahora sabía que su mundo iba a cambiar en cualquier momento. Lo odiaba, odiaba que Nimrod hubiera afectado tanto su existencia.

«Maldito Nimrod, hijo de perra», maldijo mentalmente, y enseguida marcó el número de Killua, no quería interrumpirlo justo después de hablar con Alluka, pero era necesario.

—¿Aniki? —Killua estaba nervioso y contento de que su hermano le llamara. Se había alegrado de que su hermana no se encontrara cerca de él, o lo habría visto huir sólo para atender a su hermano en privado.

—Hola, Kil —se aclaró la garganta—. Perdona que interrumpa, hace un minuto me marcó Alluka, ¿sabes algo al respecto?

Se aguantó la risa, buscó con la mirada a su hermana que regresaba del baño, y ahora entendía por qué su repentina urgencia de ir a cualquier sitio cerrado.

—Sí, ella me dijo que quiere hablar contigo, no te preocupes, no es nada malo.

—¿Sobre qué es?

—No lo sé —se rio torpemente, acababa de asegurar que no era malo cuando no tenía idea de lo que iba a pasar—, pero no te preocupes, estaré cerca en caso de que me necesites.

—Bien, sólo llamaba para eso, ¿estás bien?, ¿necesitas algo?

—No, no… todo bien —se sintió un poco decepcionado porque quería seguir conversando, encontrar cualquier excusa para alargar el tema, pero no tenía nada.

—De acuerdo, mañana te veo.

Se despidieron e Illumi volvió su rostro al espejo, ahora sí detestaba que su vida fuera tan movida.

El frente frío número doce acababa de entrar en la zona, Alluka sugirió que después de esa noche se movieran a un lugar más cálido, no tenía ánimos de estar abrigada cuando quería salir y disfrutar de los buenos climas de otras ciudades. Después de haber vivido encerrada en la montaña con temperaturas extremas, el calor le resultó adictivo y delicioso. Miró a su hermano, se había arreglado bastante atractivo para un simple día sin una salida en especial, no quiso decírselo porque entonces lo haría avergonzarse, pero ella sabía que se debía a la visita de su hermano mayor. De algún modo le dio gusto verlo tan recuperado después de haber sufrido tan atroces abusos, quizá no era la recuperación que hubiera deseado, no obstante, era mejor esto que nada. Killua le sonrió a distancia.

—No le haré nada malo —le aseguró por décima ocasión— sólo quiero hablar con él.

—Lo sé, lo sé es que…

—No nos pelearemos, ni habrá una escena dramática. Sólo hablaremos y te lo mandaré a tu cuarto, ¡no nos vayas a espiar o volveré a casa, lo juro!

No debía fallar a su hermana, quizá ella no notara su presencia, pero Illumi sí lo haría, y se lo haría saber a Alluka.

Moría de ganas por ver a Illumi, tenía mucha curiosidad sobre él, entre ellas saber lo que hablaría con su hermana. Desde el día anterior se había quedado con la idea de lo que Alluka le había dicho "no habían convivido lo suficiente con él como para verlo como a un hermano", no sonaba tan mal en su mente, y si lo veía así, justificaba en su totalidad el hecho de que se sintiera morbosamente atraído por Illumi. Más que esa atracción, le gustaba la idea de que Illumi lo deseara, era como pararse sobre un gran pedestal y donde podía decir «soy tan interesante, que le gusto a mi hermano mayor», lo pensaba y le causaba cierto placer. Montones de ideas contradictorias surgían y le ayudaban a adaptar su situación emocional con su razonamiento.

Cuando Illumi llegó al hotel, ambos jóvenes lo vieron desde el pasillo. Llego con un atuendo bastante elegante, de hecho por poco no lo reconocían; traía un abrigo negro largo que encajaba muy bien con el resto de su ropa, y se preguntó de dónde venía como para que luciera tan atractivo, pero olvidó su pregunta al escuchar la voz de su hermana.

—¡Hola, gracias por venir! —saludó Alluka efusivamente.

Killua sintió que explotaría en emociones, quería correr y tomar a su hermano de la mano, para pedirle a Alluka que no se tardara, que él quería estar con su hermano pronto. Se contuvo, mirando a Illumi, queriendo trasmitirle con la mirada ese mensaje.

—Hola —saludó Illumi, y discretamente miró al albino.

—Ven, vamos a mi cuarto —se giró hacia Killua que no dejaba de ver al morocho—. Hermano, tenemos un trato —lo amenazó e inesperadamente tomó a Illumi del brazo, jalándolo de él.

Illumi dirigió una sonrisa amable al albino antes de desaparecer junto con la chica.

«Ya ven conmigo…» se dijo mentalmente.

Los vio ingresar al cuarto de la chica y cerrar la puerta. Cerró los ojos y visualizó la sonrisa de Illumi, al instante una calidez le inundó. Sería paciente, dejaría que ellos dos hablaran y él esperaría en su recámara hasta que fuese su turno.

Alluka era un caso especial, ella no tenía vergüenza ni inhibición cuando se trataba de un objetivo. Empujó a Illumi hasta su cuarto, y lo hizo sentarse sobre el sofá, para luego asomarse por última vez fuera de su cuarto, asegurándose de que su hermano no los siguiera. Caminó dando pisadas fuertes hasta que se subió a su cama, sentada con las piernas cruzadas, mirando analíticamente a su hermano mayor, el cual no lograba descifrar nada de lo que ocurría.

—Lo sé todo —comenzó ella—. Seré directa, sé todo lo de la carta y lo que va a pasar entre ustedes.

Illumi sudó frío, de por sí ya tenía un mal presentimiento, esto sólo era una confirmación de sus malestares.

—No me gusta la idea de que Killua haga algo como esto, pero Kalluto y yo coincidimos en que esto es mejor a dejar que él sufra por tu culpa.

«¡Maravilloso! Kalluto también lo sabe» pensó con ironía.

—Así que tengo preguntas para ti, antes de tomar mi decisión definitiva, ¿listo? —Illumi no tuvo remedio más que asentir con la cabeza—. ¿Cuáles son tus intenciones con Killua?

—¿Intenciones?

—Sí, ¿piensas aprovechar el año o lo arruinarás todo?

Miró hacia otro lado, puesto que los ojos azules de su hermana comenzaban a intimidarle.

—Los meses que quedan, quiero hacer todo lo posible por que este efecto sea… —quería decir permanente, pero evitó la palabra— lo más duradero posible.

—¿Qué tan lejos estás dispuesto a llegar en su relación? ¿Esto es sólo un juego para ti o estás dispuesto a sacrificar lo que sea por él?

—Yo nunca voy en son de juego —aclaró—. Yo me limitaré a lo que Killua me pida.

—No —levantó la voz—, quiero oír lo que tú quieras. Esto es más relevante, porque Killua cada día se ve más… —se ruborizó— enamorado, y… —tomó aire— conociéndolo, te pedirá todo, así que no quiero saber las intenciones de Killua, quiero tu propia versión. Así que comienza. Si de ti dependiera todo tú…

—Si de mí dependiera todo, yo estaría dispuesto a estar con él… por siempre —ahí estaba la palabra que quería evitar, al fin lo había dicho y vio que los ojos de Alluka se iluminaban con una emoción que no supo describir.

Era sorpresa, una completa sorpresa puesto que no se esperaba que Illumi quisiera tanto a su hermano. Tanto tiempo pensando mal de él, creía que sólo tenía un capricho que en cuanto estuviera satisfecho, se desharía de él. Las palabras de Illumi no habían sido sueltas a lo tonto, se notaba una seriedad en sus intenciones. Un alivio extraño apareció, al menos no estarían jugando con los sentimientos de su hermano.

—¿Harás todo lo posible por ganártelo como debe ser?

—Por supuesto.

—¿Por qué te enamoraste de él? —soltó sin precaución.

Illumi bajó la mirada, no podía responder esa pregunta con un "no lo sé" y quedar como un tonto; tampoco quería decirle algo como un "él nunca me rechazó". No tenía confianza para contestar esa interrogante.

—Yo no te juzgaré, no estoy para eso, en base a tus respuestas sabré lo que debo hacer. Yo puedo ayudarte o arruinar tus planes, ¿entiendes?

Parecía como una amenaza, pero no se sintió como tal. Alluka intentaba encontrar algo que justificara su participación en los efectos del albino, como era de esperar, a ella le importaba mucho el bienestar de su hermano, así que a él le correspondía mantener la paz y armonía por la que Killua se esforzaba tanto.

—Cuando creces con alguien especial, lo conoces en todas sus formas, y aprendes cada aspecto de él.

—Sí, Killua es especial, y no por eso me enamoro de él. Se honesto Illumi.

—Porque sus cualidades positivas y negativas son irresistibles para mí.

Francamente ella esperaba un "no sé" por respuesta, mas esta respuesta era mejor que esa otra. Desdobló las piernas y cambió su postura a una más cómoda.

—Él quiere que tú te lleves bien con todos sus seres amados —continuó ella. Las palabras de Illumi le habían hecho tomar su decisión y no cambiaría de parecer—. Yo creo que sería bueno que nos llevemos bien, eso es algo vital para él, tiene que ver que nos llevamos bien. Debes organizar una reunión para nosotros tres tan pronto como puedas, ¿me escuchas?

Illumi asintió con la cabeza ¿qué más podía decir? Ella estaba dando órdenes, no haciendo sugerencias

—En la reunión debes tratarme lo mejor que puedas, se caballeroso, y trátame como a una buena dama.

El morocho contuvo la risa. No hacía mucho que había empezado a referirse a Alluka como a una chica, le costaba trabajo, pero lo hacía porque Killua lo hacía y no estaba en la postura de contradecir sus deseos.

—Yo me haré cargo de que Gon no arruine todo, eso déjamelo a mí. Kalluto también te ayudará. Killua es muy sensible aunque no lo aparente.

—Lo sé…

Se relajó, por supuesto, Illumi seguramente era un gran fanático del peliblanco, debía saber bastantes cosas sobre él.

—Nos comprometemos todos a no decirle a Killua lo de la carta y trabajaremos para eliminar el ente que vive en ti. ¿Tienes algo qué decir?

—No…

—"Gracias" Illumi, se dice "gracias".

—Gracias.

—Ah qué remedio… ¡Vaya que será difícil esto! Lo bueno es que Killua cree que eres genial —soltó una risita—. Está embobado contigo.

Ahora fue el turno de Illumi de reír, esto era irreal. Definitivamente había cruzado alguna dimensión extraña.

Alluka le explicó algunos detalles importantes que debía tomar en cuenta sobre su hermano y acordaron el papel que ambos adoptarían en cuando a su relación. Alluka no deseaba fingir que ambos tenían una buena relación, ella en verdad quería propiciarla, así que ella misma se encargó de conocer mejor a su hermano; le hizo tantas preguntas como deseo, y luego, desde un punto de vista un poco superfluo le explicó aspectos de ella. Gustos, y anécdotas de su vida cotidiana que Illumi escuchó con atención. Tras dos horas de charla vana, ella lo dejó salir, mandándolo directo al cuarto del albino que seguramente estaba ansioso por tenerlo de vuelta.

Dicho y hecho, el adolescente estaba que no soportaba la espera, la tentación de salir y espiar era cada vez mayor, hasta que se echó sobre la cama y se rindió; su hermano llegaría cuando tuviera que llegar y le contaría lo sucedido con su hermana. Illumi no iba a guardar secretos, en eso confiaba. Se sobresaltó cuando escuchó que llamaban a su puerta y corrió a abrir. Ahí estaba de pie, la persona que más ansiaba ver, le sonrió ampliamente y lo dejó pasar.

Illumi lo observó de pies a cabeza, el atractivo del menor, sin duda, era cada día más deslumbrante, quedó embelesado por sus facciones sonrientes; le fue necesario contenerse, recordándose que un tesoro más grande le aguardaba en la paciencia.

—¿Estás bien?, ¿Alluka te… te llevaste bien con ella?, ¿todo está en orden?

Se sonrió, obviamente Killua se estaba apresurando, sus emociones eran terribles.

—Sí, todo bien.

—Ah… menos mal —contestó pero parecía no creerlo del todo—. ¿Qué pasó?, ¿qué quería hablar?

Recordó la conversación. Debía ser cuidadoso con sus palabras. Si bien, había traicionado el acuerdo de no guardar secretos al ocultar el asunto de la carta, no quería que esto se volviese más grande al agregar mentiras.

—Ella tenía ganas de conocerme —confesó—. Me hizo muchas preguntas sobre mí.

—Oh… —se quedó pensativo. El recuerdo de las palabras de la chica vino a su mente "convivimos lo suficiente con él como para verlo como un hermano", tragó saliva, no quería creer que eso estaba más relacionado con ella de lo que estuviera relacionado con él.

Miró a Illumi fijamente, «pero… y si Alluka está…» descartó de vuelta ese pensamiento.

—¿Y… te pareció especial o algo así?

—Ha sido un día bastante extraño. Creo que estaría bien que los tres nos reuniéramos, me parece que tenemos bastante de qué conversar.

—¡No! —exclamó sin pensar; sus nuevos pensamientos le habían alarmado— no me gustaría que hicieras algo que no te parece bien.

—Acabo de decir que "estaría bien", ¿no quieres que nos reunamos? Yo haré lo que mejor te parezca.

«Alluka nunca se fijaría en Illumi, es nuestro hermano», se repitió mentalmente. Devolvió la mirada a su hermano y se dio cuenta de con quién hablaba, un tipo por demás interesante, inteligente, atractivo, fuerte, independiente y con ese aire de misterio que comenzaba a fascinarle «¿Y si sí?»

—Sí…, bueno, estaría bien organizarlo, pero mejor la próxima semana, no ahora.

—De acuerdo, será cuando tú me lo indiques —le parecía extraño que actuara de ese modo, evadiendo algo que estaba claro que le molestaba—, ¿estás bien?

—Mmm sí…

No importaba, en realidad no era relevante que Alluka sintiera atracción por Illumi, porque al fin de cuentas, Illumi estaba interesado en él; eso le recordó un tema peliagudo que había deseado sacar de su mente. Lo había pensado lo suficiente como para seguir resistiendo.

—Illumi, hay algo que debo preguntarte.

Illumi tomó una botella con agua que su hermano le había ofrecido, y la abrió, esperando a escuchar la pregunta del adolescente.

—Dime.

Era más difícil preguntar de lo que se hubiera imaginado, y entre más pasaba el tiempo más le intrigaba. No quería dejar esperando mucho al mayor, así que se armó de valor.

—Yo me preguntaba… pues… —sus mejillas se tiñeron de rojo, y de nuevo se quedó sin palabras.

—¿No confías en mí, Kil? —preguntó, preocupado por la incomodidad que mostraba, era sólo una simple pregunta.

—Claro que sí —se apresuró, y tomó aire «aquí voy»—. Es sobre tu deseo, me preguntaba si no… si por casualidad tú… —se aclaró la garganta de nueva cuenta ruborizado— no sientes algo ah mmm… no necesitas… olvídalo, ¿tuviste problemas con el abuelo? —al final se había rendido.

—¿Quieres saber si necesito más "acceso" a ti?, ¿tocarte y todo lo demás?

Asintió con la cabeza, mirando a otro lado, incluso aceptarlo era vergonzoso.

—Yo siempre deseo tocarte y… todo lo demás —contestó con insinuación y Killua de inmediato miró a su hermano sorprendido de la confesión.

—¡¿Por qué no lo haces?! Illumi, no podemos jugar con esa entidad, no quiero que vuelva, entiéndelo.

—Porque de eso no depende mi deseo —cortó— no es tan simple.

—Illumi… —amenazó con la voz.

—¿Tu quieres que lo haga?, ¿lo deseas? —esperó a la respuesta del menor pero este se quedó sin habla— ¿lo ves?, yo no deseo venir y que me dejes hacer cuando me dé la gana contigo. Lo que necesito es más profundo, quiero venir y que me lo pidas, que lo desees tanto como yo y poder hacerte sonreír en otro sentido. Lo que quiero decir Kil es… —no iba a ser un cobarde, lo diría así en frío, tal como sus sentimientos demandaban— Estoy enamorado de ti.

Killua sintió escalofríos, unos agradables escalofríos que le trajeron hermosas sensaciones que no había experimentado jamás. Ya no era tanto el rubor el que delataba sus sentimientos, si no todo su cuerpo, esa sonrisa embobada, el brillo de sus ojos. Illumi quería correr a besarlo, decirle que en verdad disfrutaba verle así, pero no debía hacerlo, no sin una real autorización por parte de su hermano.

—Es por eso que no lo hago. Kil, sé que no me corresponderás, por eso debo permanecer a esta distancia, respetar tu decisión. Me conformaré con lo que me des.

Esas palabras le rompían el corazón, deseaba decirle a su hermano cuanto en realidad deseaba ser tocado por él, y corresponderle, pero de inicio no podía clasificar sus emociones, no tenía modo de saber qué estaba pasando con él, no importaba si su cuerpo se lo estaba exigiendo.

—Y sobre tu pregunta, no, el abuelo no me ha llamado.

Cambió el tema a propósito, de todos modos no iba a poder seguir con el hilo de la conversación porque Killua estaba actuando como si esas palabras fueran algo inesperado. Además, valía la pena esperar.

Tras la visita, el albino se quedó repasando en su mente esas palabras, la declaración de su hermano. Era tan valiente y tan firme, no podía más que conmoverse y sus sentidos se disparaban. Lo quería, más que otra cosa en el mundo, necesitaba esa cercanía; saber más de él, pasar tiempo a su lado y sobre todo, tocarlo, sentir su piel. Fue por causa de tanto pensar en ello que una noche despertó en medio de un sueño agradable.

«Me besó… soñé que me él me besaba» repasó las imágenes en su cabeza.

En el sueño se encontraban platicando como cualquier otra visita; Illumi lo miraba desde un sillón mientras que él relataba un suceso imaginario sobre él y Alluka, y luego, sin un anuncio, de forma salvaje su hermano había robado su espacio, besándole acaloradamente, al tiempo que deslizaba sus manos por su cintura. El sueño era tan vívido que podía jurar que era real, sintió el calor de su piel, sus dedos clavándose en su abdomen, acariciando su espalda, recordaba el sabor de su boca. Ya no tuvo más remedio que reconocerlo, deseaba ese beso, llevaba días deseándolo. Soñarlo no sería suficiente, pero Illumi estaba reticente a tocarlo, alegando eso, que ellos dos no tenían tal relación dado que él no le correspondía. Mientras que Killua no se decidiera sería imposible, no importaba cuando lo deseara.

Todo el día pensó en su sueño, no podía sacarlo de su mente; se ruborizaba, su cuerpo se encendía y luego regresaba a la realidad. Alluka lo regañó varias de veces hasta que se convenció de que sería imposible hacerlo entrar en razón con su corazón latiendo por alguien que robaba cada uno de sus pensamientos.

—Hermano, debemos irnos. El dirigible saldrá en diez minutos, necesitas despertar de ese sueño —le reclamó mientras veía por décima vez que se quedaba con su vista a la nada.

—Ya oí, ya… —se acomodó las ropas y se dispuso a caminar a la salida.

Durante esos días habían decidido que era momento de hacer una pausa en una ciudad. Estaban cansados de viajar y viajar; detenerse por una temporada larga les vendría bastante bien.

El lugar seleccionado era un sitio con un clima agradable, justo lo que Alluka pedía. Dan, era el nombre del lugar, era popular entre los turistas porque era una zona de paso hacia Kakin, su economía era fuerte gracias a los turistas que cruzaban diariamente en busca de las playas de Kakin. Las universidades y centros de investigación eran muy reconocidos, por lo mismo estaba lleno de estudiantes por doquier; debido a la cantidad de jóvenes en la zona, el lugar era particularmente barato; los costos de vivienda y alimentos eran bastante accesibles, lo que llevaba a otro punto a favor. Dan, también poseía paisajes hermosos; era como un enorme jardín, agradable y limpio, lo cual incitaba a elegirlo como su mejor destino para vivir una vida de estudiante.

Rentaron un departamento en el gran edificio cercano a un afamado centro de estudios, así mismo, a pocas cuadras comenzaba el centro de la ciudad, la zona más agradable del lugar. Alluka llegó y se instaló de inmediato; el departamento era muy cómodo, contaba con todo lo necesario para que un grupo de jóvenes se acomodara; tenían cuartos propios, aislados, para que los estudiantes pudieran concentrarse sin el bullicio del exterior.

Killua se demoró un poco en hacer la mudanza, dado que estaba más preocupado en explicarle a Illumi sobre su nueva ubicación; su hermano le dijo que no se preocupara, que conocía Dan, y sabía moverse por la ciudad. La cosa era que el albino siempre quería encontrar una excusa para estar en contacto, así que así fuera algo tonto, lo externaba. Illumi estaba siempre dispuesto a responder a todos sus mensajes, y procuraba hacerlo de forma neutral, nada que fuera muy demostrativo, quería presionar a Killua par que él diera el primer paso.

Por la tarde salieron a dar un paseo, el día estaba nublado pero fresco y caminar por ahí valía totalmente la pena. Recorrieron las elegantes calles, alegres de encontrar diversas opciones de restaurantes, el ambiente era placentero donde quiera que anduvieran; caras sonrientes parecían recibirles en cada tienda a la que entraban. Recorrieron la mayor cantidad de lugares, por petición de la chica. Al final, optaron por ir a un local bastante concurrido donde encontraron un escenario en el que se llevaban a cabo diversas obras de teatro y baile. Alluka estaba rebosante de felicidad, y sin darse cuenta se quedaron ahí hasta el anochecer; entonces fue cuando la chica tuvo que reconocer que estaba demasiado cansada por el viaje y el cambio, así que regresaron al departamento.

Venían distraídos, subiendo las escaleras porque el elevador estaba en mantenimiento, cuando escucharon el quejido como de un hombre mayor.

—Mi espalda… —ambos se vieron un momento, y continuaron su camino, y justo cuando se cruzaron con el hombre Killua lo reconoció.

—¡¿Eh, tú?!

—¡Killua! —Leorio se dio la vuelta saludándolo efusivamente.

Él venía cargado con bolsas del mercado, se había abastecido para su encierro de estudios en su segunda semana.

—¿Qué estás haciendo aquí?

—Vine de visita —Alluka sonrió detrás de él y Leorio le dirigió una mirada cómplice—, ¡no estés pensando cosas raras! Es mi hermana menor.

—¡Oh!, ¡increíble! Al fin tus padres hicieron algo lindo.

El albino lo amenazó con la mirada y Alluka saludó con la mano, a lo lejos para no hacer rabiar a su hermano mayor.

—Hola señorita, mucho gusto, soy Leorio Paradinight.

—Hola…

—¿Y tú? —interrumpió Killua, no muy seguro de querer presentar a su hermana más allá de los límites—, ¿no se supone que estabas con los Zodiaco?

—Umm… sobre eso… digamos que hubo varios percances y Kurapika se está encargando de eso, así que vine aquí a estudiar y a esperar a que me pidan volver. Salí a comprar provisiones —levantó las bolsas— este es mi departamento.

—¡Justo debajo del nuestro! —declaró Alluka sonriente.

—Tú no eres un monstruo como tu hermano, ¿verdad? —se burló Leorio, y Killua jaló a Alluka para que permaneciera detrás de él.

—Alluka está bastante cansada, la llevaré a descansar. Es bueno saber que te veré por aquí.

Se despidieron y cada uno se dirigió a su respectivo cuarto. Alluka no quiso cuestionar a su hermano por su actitud, ya estaba acostumbrada a que él fuera protector con ella; al rato se le pasaría su faceta y seguramente terminaría presentándole a Leorio, así igual había sido con Gon, cuando al inicio Killua no la presentó adecuadamente.

Lo que ella no supo fue que Killua, en el momento en que vio a Leorio, sintió un alivio especial. Esos días había necesitado urgentemente alguien con quien hablar; conversar de sus últimos sucesos sin que le juzgaran. No podía hablar esto con Alluka ni Gon puesto que ellos sabrían bien de quién se trataba; necesitaba a alguien neutral, objetivo, que no tuviera idea jamás de la persona de la que se refería y así poder abrir su boca y decir tanto como pensaba y sentía. Leorio era la mejor opción de todas, no sólo desconocía su problema, también era un tipo que sabía mucho sobre relaciones humanas o eso daba a entender.

Esperó hasta que su hermana estaba dormida, para bajar y averiguar si su amigo estaba despierto.

Tenía la impresión de que Leorio no dormía temprano y así fue; apenas tocó, escuchó sus pasos yendo a abrirle.

—¿Puedo pasar? —preguntó nervioso, y Leorio se hizo a un lado para permitirle el paso.

Le ofreció café o alguna otra bebida que pudiera servirle para tener una visita más agradable. Killua se acomodó en una silla del comedor, con un chocolate tibio y un pan, y se aseguró de hacer cualquier conversación que justificara su presencia antes de sacar a flote el asunto que de verdad le traía hasta ahí.

—Leorio, tú… tienes experiencia con las citas y las cosas cursis, ¿cierto?

Los ojos del Paradinight se iluminaron y una gran sonrisa adornó su rostro, justamente un tema que le parecía más ameno.

—¿Ya te flecharon?

—¿Qué?, ¿de qué hablas?

—¿Por qué otra razón tocarías este tema? Es obvio que alguien te gusta.

Killua se puso rojo hasta las orejas, se arrepintió de haber tocado el tema, tenía ganas de salir corriendo, pero se contuvo.

—¿Cómo sabes que me gusta?, ¿no puede ser otra cosa?

—Killua, en mi experiencia personal, cuando comienzas preguntarte si te gusta alguien, es porque ese alguien te gusta. Así de simple.

—Pero…

—¿Te la pasas pensando en ella? ¿Sólo quieres hablar de ella? ¿Has hecho cosas ridículas por esa persona? ¿Viniste hasta aquí a mitad de la noche para hablar sobre lo que sientes por ella? Si al menos una de esas preguntas es un sí, la respuesta es sí, te gusta.

Era demasiado rápido, esperaba que todo se volviera en un interrogatorio más complejo e ir analizando poco a poco hasta estar seguro de que no podía sentirse así por su hermano. Todo le salió al revés y ahora hasta el mismo Leorio, sin conocer bien su caso, había resumido todo en un sí. Definitivamente no tenía dudas, su corazón se lo decía, Illumi inundaba todos sus pensamientos y deseos.

—Tú silencio sólo lo empeora… —Leorio lo hizo salir de sus pensamientos, sobre todo cuando soltó una fuerte carcajada— Killua, ¿quién es ella?

—¿Ella? —se extrañó sin darse cuenta.

—La chica de la que hablamos, debo saberlo.

—¿La chica? —se quedaron en silencio, viéndose mutuamente, y lentamente las piezas encajaron.

—¿No es una chica?

Killua no tenía palabras para explicarse, de hecho, hasta ese momento fue que se le ocurrió que podía ser una mejor idea, más fácil de ocultar que admitir lo segundo.

— Killua! Oh… mmm… vaya, es bastante inesperado, pero bueno… no me meteré al respecto… aunque de cierto modo lo veía venir… ¿es Gon?

—¡¿Qué?!, ¡no, no!, ¿por qué creerías eso? —manoteó contra la mesa, alterado por la pregunta.

—Tranquilo… lo decía porque ustedes dos son muy cercanos, creí que podría haber algo.

—¡No! —Se levantó y tomó aire.

Leorio sólo lo seguía con la mirada, conteniendo las ganas de reírse por la actitud del menor.

—De acuerdo, ya entendí. Puedes volver a tu asiento.

Killua ignoró la invitación, caminando nerviosamente hacia la salida y luego se detuvo, dio la vuelta y preguntó.

—¿Por qué me gusta? —lo preguntó en una voz tan alta que Leorio se sobresaltó.

—Ya, ya, es normal. Tranquilo.

—¡No es normal! —pero no podía explicar por qué no era normal, no iba a decir por nada del mundo que el tipo de quien hablaban era su hermano mayor.

—Te gusta porque tiene algo bueno que te llama la atención.

—No, olvídalo, esto es inútil.

Se dio la vuelta y salió del cuarto. Estaba bastante apenado de haber indagado algo como eso. Se fue a su recámara y su corazón volvió a saltar, un mensaje había llegado a su celular «ya estoy en mi cuarto, dormiré, ten una agradable noche», era Illumi cumpliendo su rutina del día y se maldijo, le había robado otra sonrisa.

«¿Por qué él?» se preguntó. De entre todas las personas, hombres y mujeres del mundo, su hermano mayor tenía un poder sorprendente sobre él, lograba hacer que todo su ser lo extrañara. Todas las preguntas que Leorio le había hecho para comprobar si le gustaba alguien, las había respondido con un rotundo sí. Tenía miedo de sí mismo.

«Estoy enamorado de ti» recordó la confesión de Illumi, algo dentro de él le trajo calma al pensar en esas palabras.

«¿Y si el de verdad me gusta?» se preguntó con sinceridad. No sería tan malo si él se sentía atraído por su hermano porque correspondía sus sentimientos, además volvería más ligera la carga del deseo de su hermano, incluso la haría amena, podría pasar más tiempo con él y en consecuencia todo sería maravilloso «¿por qué no?» No perdía nada, no era como si Illumi lo tacharía de enfermo, pero era su hermano y eso no cambiaría aun si fingieran que no era así. Reconoció con pena que debía tomar una decisión al respecto, nada en el mundo sería peor que él actuara por curiosidad y terminara lastimando a Illumi.