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Realidad irreal

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Si durante sus años de escuela, a Harry le hubieran dicho alguna vez que estaría presente el día en el que los Malfoy y los Potter pudieran permanecer juntos en una habitación sin hechizarse mutuamente durante más de 5 minutos, seguramente se habría reído hasta no poder más. Después de todo, ¿en qué cabeza cabía pensar que ello sucedería alguna vez?

Si le hubieran dicho que un día vería los ojos de un Malfoy brillar de una forma especial para un Potter habría creído loco a quien se lo dijera. ¿Un Malfoy y un Potter... enamorados? Eso parecía tan irreal como ver cerditos voladores en el cielo, y eso era algo extraño incluso en el mundo mágico.

Y si alguna vez le hubieran dicho que él entraría a Malfoy Manor una vez más, no en calidad de prisionero sino en calidad de cordial invitado, seguramente se habría sentido estupefacto. ¿Él entraría en ese lugar una vez más? No gracias, seguramente declinaría cualquier invitación. Regresar ahí no era algo que le entusiasmara mucho después de todo.

Pero ese día, durante el matrimonio de Albus con Scorpius, Harry pensaba que era casi un milagro estar ahí para presenciar y, de alguna manera, formar parte, de ese evento que causaba un poco de escepticismo a mucha gente, él incluido.

—Aún no terminas de creerlo, ¿verdad?

Harry miró a su izquierda al escuchar la voz de Draco. Sonrió al verle y ambos dirigieron su mirada hacia la mesa principal, donde Albus y Scorpius charlaban con Rose, quien no sólo era su mejor amiga, sino que también había sido la causante de que las cosas entre los dos terminaran así.

—Es bastante...

—¿Irreal?— preguntó Draco. Harry sonrió un poco más.

—Sí y no— Draco le miró confundido—. No creo que sea tan irreal, pero sí es algo de lo qué sorprenderse. No hubiera imaginado que mi hijo y tu hijo...

—Terminarían juntos.

—Exacto.

Draco asintió y tomó una copa con champagne de las que llevaba un mesero en una charola, ofreciendo a los invitados. Harry también tomó una y bebió un sorbo.

—¿Recuerdas el día en que nos dijeron que estaban juntos?— preguntó. Draco suspiró.

—¿Cómo olvidarlo? Fue obra de tu sobrina que nadie supiera nada hasta ese día, en el restaurante— Harry rió un poco, ahora que lo pensaba se habían enterado de todo como si fuera una especie de cita a ciegas, en la que ninguna de las familias supo con quiénes compartirían la mesa hasta que era demasiado tarde—. Sabía que Scorpius tenía una pareja y que era algo serio, pero he de admitir que fue demasiado sorprendente saber que se trataba de tu hijo.

—Lo sé. Ginny enmudeció y eso es difícil que suceda —Draco sonrió—. Pero mira ahora, ella y tu esposa se llevan bastante bien.

—Eso también es algo sorprendente. Tienen más gustos en común de lo que hubiera imaginado y ahora son una especie de...

—¿Súper amigas?— interrumpió Harry. Draco asintió.

—Podría decirse.

Harry bebió un trago más de champagne. Fijó su mirada en el ambarino líquido y miró a Draco una vez más.

—Brindemos.

—¿Por qué?

—Por la felicidad de nuestros hijos y para celebrar que ellos lograron lo que durante décadas se creía (y a mi parecer aún se cree) imposible: juntar a nuestras familias.

Draco rió, de una manera que Harry jamás le había escuchado hacer. Después de unos segundos él también comenzó a reír. Chocaron sus copas con suavidad y bebieron su contenido hasta que en sus recipientes sólo quedaron unas gotas.

—Créeme, Potter— dijo Draco sonriendo de lado—, si hace años alguien me hubiera dicho este día estaría aquí en Malfoy Manor, brindando contigo, y que vería a mi hijo casarse con tu hijo, no lo habría pensado dos veces antes de cruciarlo con todo lo que tengo.