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Stay with me a little longer (I will wait for you) [Johnlock]

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Antes de que el sol se asomara desde su ventana y sus luces lo iluminaran todo como un reflector natural, John ya se encontraba despierto. Su alma ya estaba consciente del volumen de su cuerpo fundiéndose entre su viejo colchón, sus ojos permaneciendo impasibles ante la serenidad que le proporcionaba mirar las estrellas pintadas sobre el techo. El reloj de números rojos brillaba las cinco desde su lugar permanente entre la oscuridad, en la mesa de noche de su lado izquierdo. Y su brazalete, mostraba la fecha de su visita obligatoria hacia la casa de citas.

Ese día había llegado.

Sus ojos celestiales se cerraron y se abrieron un par de minutos después, cuando la alarma sonó. Él suspiró, y de un movimiento se incorporó. Tras buscar sus sandalias y alguna toalla limpia, caminó hacia la ducha. Ahí, el agua le cayó como un piano tocando una nueva canción por primera vez en mucho tiempo, o como miles de burbujas tratando de hacerse más grandes con el aire. El aroma del jabón de canela se le pegó a la piel, y por un momento lo hizo olvidar toda la situación de aquella noche en vela, hasta que el agua comenzó a perder temperatura y él tuvo que salir para vestirse. Aunque no le hubiera molestado volver a lavarse para gastar el tiempo que le quedaba.

Prepararse era una obligación. Los boletines del gobierno y los comerciales informativos en las pantallas de publicidad así lo decían. Y, aunque John no era exactamente el hombre más obediente, seguía las reglas sin cuestionar su procedencia. Especialmente con temas tan delicados como estos. Aparentaba ser una manera decente de vivir.

Así, el hombre se esmeró en arreglar cada defecto que le encontraba al espejo, y siguió haciéndolo aún cuando dejó de encontrar alguno. Por último, se colocó la chamarra de cuero, e intentó practicar una sonrisa más antes de irse.

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Sherlock se despertó después de tener, lo que debió ser, su mejor sueño en años.

E incluso después, le parecía seguir viviéndolo. Bajo las escaleras, su madre tocaba guiándose de las partituras que él había dejado sobre el piano la noche anterior. Chopin era su favorito para ambientar la casa en los tranquilos días lluviosos de verano. La pulsera de su muñeca izquierda le señalaba la fecha recurrente, y sus ojos brillaban con expectación mientras le daba un vistazo a su armario para encontrar esa camisa purpúrea que había comprado hace ya un par de meses. La encontró colgada junto a su pantalón de vestir favorito. Y su pantalón favorito estaba listo también. No pudo evitar sonreír mientras los tomaba por los ganchos, y caminaba hacia la ducha al ritmo de la música.