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Destinos Enredados

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Extraordinario. Nunca antes visto. Innovador. Sin precedentes.

Estas eran las palabras que sobrevolaban el ambiente con respecto al primer programa de intercambio internacional que llevaría a cabo el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Un selecto número de estudiantes del Instituto Durmstrang y la Academia de Magia Beauxbatons iban a quedarse con estudiantes selectos de Hogwarts e irían a clases con ellos durante un semestre. Nunca antes las escuelas de magos se habían unido para un evento similar más allá del Torneo de los Tres Magos. Con la derrota del Innombrable, los directivos de cada escuela creyeron pertinente llevar a cabo un intercambio cultural, como una manera de promover relaciones amistosas a lo largo de las regiones, especialmente por la desagradable reputación de una escuela en particular que no debía ser nombrada.

Mientras que Hogwarts se preparaba para recibir a sus invitados, el colegio entero vibraba de emoción; era todo de lo que los estudiantes hablaban los días previos al evento.

Para Katsuki Yuuri seguramente sólo sería un semestre más en su vida en Hogwarts.

Cuando le expresó estos pensamientos a su compañero de habitación, Seung-gil puso los ojos en blanco.

- Más vale que así sea, tenemos que estudiar para los T.I.M.O.

Yuuri rió entre dientes. El bueno de Lee Seung-gil. La forma en la que el coreano recibió su acercamiento no le resultó tan cálida, de hecho rozaba la indiferencia, pero ya se había resignado a los tensos y raros silencios que estarían presentes el resto de su vida escolar. Un año de interacciones le habían enseñado rápidamente que la frialdad era simplemente inamovible de la inexpresiva cara de Seung-gil; pero en el fondo, el chico tenía un corazón cálido.

- Vamos chicos, anímense -dijo Leo, desplomándose en la cama de Yuuri.- Tal vez venga alguna celebridad, ¿saben?


- Como jugadores del equipo de Rusia - sugirió Guang Hong.


- ¡Tú sólo quieres a Viktor Nikiforov!

Las mejillas de Guang Hong se tiñeron de rosa levemente.

- No lo quiero a él, sólo quiero conocerlo.

Yuuri vio a Leo sentarse y estirarse para pellizcarle las mejillas a Guang Hong. Leo de la Iglesia y Guang Hong Ji: Amigos que prácticamente se unieron al instante en el que se conocieron. A pesar de que eran de casas diferentes e iban a diferentes años, siempre se las arreglaban para andar juntos; raramente se los veía a uno sin el otro.

Yuuri se preguntaba distraídamente cómo el mexicano no se daba cuenta: Las mejillas de Guang Hong se encendían como brillantes luces de neón cada vez que Leo lo tocaba, como si gritaran ¡de verdad me gustas mucho, mucho, mucho!


Leo despeinó el cabello de Guang Hong -de alguna forma, perdiéndose de la tímida sonrisa que se dibujó en los labios del chico- y se giró para mirar a Yuuri.

- ¿Tú también quieres conocer a Viktor?


Sorprendido, Yuuri comenzó a farfullar. Esa no era una pregunta que quisiera responder y no era bueno mintiendo.


- Yo... Eh, bueno...


- Yuuri viene de una familia de muggles, no sabe mucho de Quidditch - dijo Seung-gil distraídamente, pasando la página del libro de estudios que estaba leyendo.

Yuuri le dirigió una sonrisa de agradecimiento a su compañero.

- Sí, sí, tiene razón.

- Qué pena -dijo Guang Hong. - Viktor es increíble. Es el buscador más joven en jugar para un equipo nacional, es el pilar del equipo de Rusia y ganaron el Campeonato Mundial el año pasado, todo gracias a Viktor.

- Eres un fanático -se burló Leo.- ¿Qué harás si lo asignan con alguien de mi casa?

Seung-gil levantó la vista de su libro.

- Sabes, este es un dormitorio de Ravenclaw -apuntó.

- Yo soy de Ravenclaw -dijo Guang Hong haciendo una mueca.

- Le hablaba a él -dijo Seung-gil, señalando a Leo con la cabeza.

- En serio Seung-gil, tengo nombre -dijo Leo con una sonrisa bondadosa.

- En serio, Hufflepuff -dijo Seung-gil. - Vuelve a tu torre.

"Un corazón cálido", pensó Yuuri. "Muy, muy en el fondo".

 



- ¡Yuuri!

Yuuri detuvo sus pasos y se giró justo cuando su mejor amigo chocaba con él, casi derribándolo.


- ¡P-Phichit-kun! -exclamó mientras sus libros se esparcían por el suelo.


- Perdón, perdón -dijo Phichit con una risa. Agarró uno de los libros del suelo y se lo arrojó a Yuuri. - ¡Es que estoy muy emocionado!

-¿Por qué? -preguntó Yuuri, agachándose a recoger el resto de sus libros.

Phichit Chulanont era su querido y viejo amigo de la infancia. Se habían conocido durante las vacaciones familiares de Yuuri en Tailandia. Yuuri todavía tenía el recuerdo de estar llorando fuertemente, separado de su familia entre una multitud de turistas, para terminar seleccionando juguetes y dulces arrojados en su cara por un amigable niño. El niño se había quedado con él hasta que se reunió con su familia, para luego intercambiar contactos y, más tarde, cartas y cartas y más cartas. Recordaba haber compartido con él la fascinación de descubrir sus poderes mágicos -Phichit había, literalmente, hecho explotar su cuenta de instagram (y por supuesto, su celular); Yuuri de alguna forma había animado una escoba, que persiguió a los pendejos que trataban de meterlo en el armario del conserje- el entusiasmo por sus aceptaciones en la escuela. Phichit era para Yuuri la viva manifestación de un rayo de luz cuando este último fue transferido a Hogwarts. En el estado en el que estaba Yuuri en ese momento, habría caído lentamente en un profundo abismo de no ser por su mejor amigo. Y el hecho de que Phichit también era hijo de muggles claramente había contribuido en la relación.
Yuuri se estaba levantando nuevamente, con los libros en brazos, cuando unas manos lo golpearon ligeramente en los hombros y lo sacudieron lo suficiente como para que sus anteojos resbalaran de su nariz.

-Yuuri, Yuuri -dijo Phichit.- ¡Yuuri, él vendrá!

-¿Quién? -preguntó Yuuri acomodándose los anteojos

- Él. El tipo. El único e inigualable. Tu ídolo.

Yuuri sintió que su corazón se detenía un instante. O tal vez se había detenido por completo. Le resultaba difícil respirar.

- Te refieres a...

- Yep -dijo Phichit.

Oh dios.

- Yo puedo ayudar -continuó Phichit. Se golpeó el pecho con orgullo, mostrando una lustrada medalla en él.- Privilegios de prefectos. Puedo ayudarte con las asignaciones.

Oh dios, oh dios.

- Claro que sería un tanto extraño, considerando que soy de Gryffindor y tú no, pero encontraré la manera, sabes que soy bueno para estas cosas...

Oh dios, oh dios, oh dios.

- Eh, Yuuri, ¿Estás respirando?

Cierto, respirar. Yuuri inhaló.

- Tal vez. Más o menos. No realmente.

Phichit sonrió.

- ¿Entonces? ¿Debería hacerlo?

- Perdón, ¿Hacer qué?

- Hacer que te asignen a Viktor Nikiforov.

- No -espetó Yuuri. Ante la mirada que le dirigió Phichit, se ruborizó.- No -repitió con un tono más suave.

- Yuuri -comenzó Phichit con gentileza-, eso sucedió hace mucho tiempo.

- No el tiempo suficiente -murmuró Yuuri, con los ojos fijos en sus zapatos.

Hubo una pausa, y luego:

- Al menos ven a la reunión de bienvenida, ¿sí?

Yuuri observó el serio rostro de Phichit y sintió que su corazón se oprimía un tanto.

- Gracias Phichit, pero preferiría no hacerlo.

Phichit suspiró, pero luego asintió con entendimiento.

- Compartiré las fotografías, ¿Puedo?

- Sabes que lo harás de todas formas.

 


 

Las clases fueron canceladas el día de la reunión de bienvenida, con total desaprobación por parte de Seung-gil. Llenos de un entusiasta nerviosismo, grupos de estudiantes se reunieron cerca de la entrada del Gran Salón, sin dudas esperando a vislumbrar a ciertas celebridades rusas de Durmstrang. Leo y Guang Hong probablemente estaban entre la multitud, con las cámaras listas en las manos.
Yuuri escuchó los gritos incluso antes de mirar por la ventana para ver el gran barco de Durmstrang romper y emerger de la superficie del lago. Encima de ellos, el carruaje de Beauxbatons atravesó los cielos, dejando un rastro de huellas plateadas y brillantes.

- Chiflados, todos ellos -dijo Seung-gil desde el escritorio donde solía estudiar.

- ¿Así que tú tampoco irás a recibirlos?

Seung-gil le dirigió una mirada fulminante.

- Lo siento -dijo Yuuri, riendo.

Se mantuvieron en confortable silencio. Yuuri espiando por la ventana, Seung-gil con su cabeza hundida en algún libro de estudios.

- ¿Por qué no vas tú? -preguntó Seung-gil después de un momento. Yuuri se giró hacia él, con sus ojos muy abiertos.

- ¿Qué?

- Por qué no vas tú -repitió Seung-gil

- Por la misma razón que tú -dijo Yuuri, desviando la vista nuevamente hacia la ventana.

- Tonterías.

En silencio, Yuuri mantuvo sus ojos firmemente clavados en el cielo.

- Mira, todos cometemos errores... -comenzó Seung-gil.

- Yo, eh... Iré a caminar un rato -interrumpió Yuuri rápidamente. Recogiendo su capa del respaldo de la silla, atravesó la puerta antes de que su compañero pudiera decir algo más.

Yuuri agradecía el apoyo de sus amigos, de verdad. Pero aún no estaba listo. No para los recuerdos que lo habían acechado día y noche; los traumáticos flashes grabados en su mente. Fue una de esas noches de insomnio, llenas de ansiedad, que Yuuri lo descubrió: Su propia habitación privada en lo más alto de una torre, una sala que, por alguna razón, sólo aparecía cuando él necesitaba estar solo y oculto del resto del mundo. Se había transformado en un lugar en el que Yuuri venía a relajarse, a meditar... Y a bailar.


El ballet le brindaba la libertad de expresarse, de liberar el peso de sus hombros cada vez que sus pies cazaban vuelo. Minako-sensei siempre le decía que "bailaba como una niña", lo cual era un cumplido viniendo de una auténtica prima donna del mundo del ballet japonés.


Así que esta noche, Yuuri bailaba.


Haciendo giros y piruetas y elegantes arcos, volcó sus tristezas, preocupaciones, miedos, todo lo que emergía de su cuerpo, moviéndose silenciosamente al compás de una melodía imaginaria. En un impulso, levantó su varita y murmuró un hechizo. Hilillos plateados afloraron de ella tomando forma, una forma que lo encerró en un magnífico arco y se unió a él en su pequeña performance improvisada.


Yuuri estaba orgulloso de su Patronus. No sólo por el hecho de que era seguramente el único estudiante de quinto año capaz de manejar semejante magia, sino también por su forma. Lo inspiraba, un animal reconocido por su elegancia y dulzura. Incluso ahora, flotaba sobre él con la majestuosidad de un rey, la encarnación de una confianza que desearía tener.


Girando sobre las puntas de sus pies, se unió a su Patronus en el aire para un salto final, antes de aterrizar suavemente sobre sus talones. Alzando sus alas, el encantamiento se disipó en una lluvia de chispas plateadas.


Mientras trataba de recuperar su aliento, oyó un vago sonido antes de darse cuenta. Era el sonido de alguien aplaudiendo.


Yuuri giró el cuello y miró alrededor rápidamente, podría jurar que escuchó algo romperse. Luego lo visualizó. Entornó los ojos. Luego lo hizo aún más. No. Era imposible. Este era un cuarto privado, uno que sólo él podría encontrar.


No había forma en la que la estrella internacional de Quidditch, Viktor Nikiforov, podía estar parado en la puerta, engalanado en su atuendo militar de Durmstrang, y brindándole un cálido aplauso.


No, tenía que ser un fantasma, una alucinación de su mente.


- Bravo, bravo -dijo la aparición, con un inglés particularmente acentuado.- ¡Eso fue maravilloso!

Atónito, Yuuri no respondió.

Deslizándose hacia él -oh, tenía que ser un fantasma, ningún ser humano podía moverse tan suavemente- la aparición le ofreció una mano a Yuuri.

- Soy Viktor Nikiforov.

Yuuri parpadeó, solemnemente, antes de estrechar la mano. Que de hecho, era cálida.

- Lo sé -farfulló, de repente muy ruborizado.

La aparición rió; un cálido y abierto sonido.

- ¿Así que practicas ballet? -preguntó, dejando caer su cabeza a un costado. El plateado cabello cayó sobre su ojo derecho con el pequeño movimiento, mezclándose justo con sus ojos, brillantes, turquesas.

"Mitad Veela ", pensó Yuuri, vagamente consciente de que se había quedado mirándolo.

- ¿Sí?

- ¿No estás seguro? -preguntó la aparición, nuevamente soltando una risita. Su alucinación claramente reía un montón. Antes de que Yuuri pueda reaccionar, la aparición cerró el espacio entre ellos y lo tomó del mentón con el pulgar y el índice, levantándolo levemente.- Mi madre fue bailarina en su juventud y puedo asegurarte -siguió avanzando hacia él, el cálido aliento chocaba en los labios de Yuuri.- Sabes bailar ballet.


Yuuri sintió el rubor de sus mejillas expandirse casi dolorosamente por todo su cuello.


- Okay -dijo sin aliento.

- ¿Y ese era tu Patronus?

Yuuri asintió.

- Una grulla. Símbolo de la longevidad y la buena fortuna en mi país.

- ¿Tu país?

- Eh... Japón.

Parecía como si la aparición tuviera más que decir, pero unos enojados gritos de afuera hicieron que se detuviera. Entre diversas palabras en ruso, Yuuri reconoció "Viktor", "dónde" y lo que sonaba a una larga cadena de improperios.

- Ah -suspiró la aparición con dramatismo.- Parece que debo volver para dar un discurso de agradecimiento a mi amada escuela.

- Okay -dijo Yuuri, inseguro sobre qué más podría decir.

- Te volveré a ver, mi bella balerina.

Posando sus labios sobre la mano de Yuuri, muy cálidamente, la aparición giró y se fue.


Yuuri se quedó mirando la puerta, su mente todavía zumbando del esfuerzo de procesar los últimos dos minutos. ¿Por qué un fantasma se sentiría tan cálido? ¿Por qué ahora, de entre todos los momentos, había su cerebro decidido invocar una muy viva imagen de su ídolo de Quidditch?


¿Y por qué una alucinación necesitaría abrir la puerta para salir de la habitación?


Lentamente, Yuuri puso los pies sobre la tierra.


No había forma de negarlo: Acababa de conocer al verdadero Viktor Nikiforov.
Seung-gil, por supuesto, se mostró imperturbable ante la noticia.

- Ya duérmete -dijo simplemente.- Lo procesarás mejor mañana.

Así que Yuuri hizo exactamente eso. O al menos, trató.

- No tenía idea de que fuera mitad Veela -murmuró Yuuri desde su cama, con el corazón latiéndole fuerte, todavía muy despierto.

- No me interesa -le contestó Seung-gil en un susurro en la oscuridad.

- Dios, es encantador, Seung-gil.

- No me interesa.

- ¿No es extraño que haya encontrado esa habitación? Phichit trató muchas veces y nunca lo consiguió.

- ¿Qué parte de "no me interesa" no entendiste?

- Lo siento, es sólo que... -Yuuri puso sus manos sobre su rostro, sintiendo el temblor de la adrenalina bajo su piel.- Estoy emocionado.

Seung-gil hizo una pausa.

- Ya era hora, supongo -gruñó.- Ahora vete a dormir.

 



Yuuri se despertó la siguiente mañana con una repentina convicción: Él no había conocido a su ídolo la noche anterior. No tenía razones para creer esto, ya que después de todo, estaba convencido de que el otro chico había sido una mera proyección de sus propios deseos. Habiendo reventado definitivamente la burbuja, Yuuri decidió dejar a su compañero de habitación para bajar a la sala común sin hacer mucho ruido, y así enfurruñarse en uno de los sillones.

Excepto que la sala común estaba llena hasta reventar de estudiantes. La menuda figura de Guang Hong estaba notablemente trepando un estante, con la cámara colgando de una correa que llevaba alrededor del cuello. ¿Qué estaba sucediendo?


- ¡Yuuri~!

Ante el sonido del acento muy particular en su nombre, Yuuri se detuvo en medio de las escaleras.

En medio de un grupo de chicas que reían como tontas, Viktor Nikiforov se irguió por completo de su sillón, extendiendo una mano.

- ¡De ahora en más, seré tu estudiante de intercambio por el resto del semestre!


"Pobre Seung-gil", fue el último pensamiento racional de Yuuri, antes que toda la sala común estallara en rabiosos vitores.