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Una Serpiente De Peluche

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Severus Snape estaba destrozado. Ahí frente a si, tenía a la mujer que había sido su gran amor desde su tierna infancia, la persona en la que más confiaba, la primera persona a quien dejo entrar a su corazón después de su madre. Muerta. Inerte. Junto a la cuna de su hijo, el cual estaba lloriqueando, ya había llorado un buen rato y cuando vio que el adulto frente a él no respondía a su llanto, solo quedo en un leve lloriqueo. Snape había pasado también enfrente del cuerpo de su antiguo enemigo y el esposo de su amor platónico.

Su amo, antiguo amo, había ido a matar al hijo de ambos, gracias a su estúpida idea de decirle que había una profecía donde un niño sería su perdición. Cuando se la dijo a su amo, nunca relaciono está a su amiga y su familia. Y ese fue su error, pensar que su amo, el señor oscuro, podría respetar la vida de ella... eso y pensar que su amada permitiría que el Lord tomara la vida de su hijo sin oponer resistencia. Snape; en muchos aspectos, había sido un completo y total idiota. Y él lo sabía. Por eso el verla ahí en el suelo resultaba aún más doloroso. Por qué sabía que había sido culpa suya el que hubieran marcado a esa familia.

Si no fuera porque el silencio inundo la casa, jamás habría salido de ese shock. Se preguntó él porque estaba todo tan callado. El bebé se había quedado dormido de tanto llorar y Severus Snape por fin pudo reaccionar y lo primero que hizo fue acercarse a la cuna donde dormía el pequeño Harry.

Era la viva imagen de su enemigo jurado de la adolescencia, las ganas de retorcerle el cuellito no se hicieron esperar. ¿Qué sería lo peor que podría pasar? Una almohada encima de su cara y podría echarle la culpa al Lord, sería todo tan fácil, un momentito y ¡adiós al último de los Potter!, si no hubiera sido por un Potter, Lily jamás se hubiera alejado de su lado. Severus se repetía eso a menudo a manera de mantra. Ya tenía la almohada en sus manos y hubiera hecho lo impensable si en ese momento el pequeño Harry no hubiera abierto los ojos.

Sus ojos, idénticos a los de Lily. Severus se quedó nuevamente en shock. Podía ver el espíritu de Lily en esos ojos esmeralda. El último vestigio de su primer amiga y primer amor. ¿Y ahora que debería hacer? Ya no se sentía capaz de terminar la existencia del pequeño. E hizo exactamente lo contrario a lo que todo su cuerpo, su mente e instinto le pedían a gritos. Fue y levanto al pequeño en sus brazos, cuando el bebé estuvo tan cerca del adulto de ceño fruncido, tomo con sus manitas su nariz, eso hizo estornudar al mayor y el bebé estallo en pequeñas risas. Su inocencia lo protegía de la escena que había a su alrededor.

Snape no supo cuánto tiempo permaneció con el bebé en brazos, solo el ruido de una moto acercándose lo saco de su letargo. La moto ya estaba al frente de la casa y pudo ver a su otro enemigo jurado de la adolescencia, Sirius Black. Apenas llego y vio la casa, el hombre que en hace apenas unos años se dedicaba a hacerle la vida miserable estallo en un llanto desgarrador, incluso Snape, acostumbrado a usar una máscara de frialdad, no pudo menos que sentir lastima por el dolor de su enemigo. Si para él estaba siendo duro, no quería imaginar lo que significaba para Black haber perdido al hombre que se convirtió en su hermano, más que el de sangre que si tenía. Mientras él pensaba en esto, otra figura, más grande que ellos dos juntos se acercaba a la entrada, Black estaba tan centrado en su dolor que ni siquiera lo vio, pero Snape si, así que dejo al bebé en su cuna y se ocultó bien.

--Hola pequeño... Dijo con una voz grave pero gentil la figura enorme. Me llamo Hagrid y soy amigo de tus papás. Tengo que llevarte conmigo, iremos a ver a otro amigo de tus papás, le vas a caer muy bien Harry.

El bebé se dejó cargar con tranquilidad a la vez que daba un pequeño bostezo que hizo que Hagrid soltara lagrimas tan gruesas como pelotas de ping pong. Las cuales aparto rápidamente. Para asombro de Snape, que estaba oculto tras el armario de juguetes del pequeño, el recién llegado estaba mostrando mucha entereza. El bebé empezó a gesticular sus manitas hacia donde estaba él y puso en alerta al enorme hombre.

--¿Qué pasa pequeño? ¿Viste algo?

Snape estaba temblando, si lo descubría podría pensar que él fue el causante de aquel crimen, así que con un poquito de magia no verbal conjuro un peluche del único animal que en ese momento se le ocurrió e hizo que sobresaliera de la puerta torcida del armario. Un peluche de serpiente.

--¿Eso querías? ¿El peluche?, bueno, debió de ser del amigo de tu mamá, quizás por fin hablaron y se reconciliaron, ¿sabes pequeño? Ella quería mucho a su amigo y le hacía falta, parece que esta semana le iban a escribir, tu mamá y papá para hacer las paces. ¡Por Merlín pequeño! Es bueno saber que al menos alcanzaron a hacer eso tus p-pa-pa... p-padres. Mejor vámonos pequeño, no quiero que me veas llorar, no es algo agradable de ver.

Una vez que el enorme hombre, que ahora podía reconocer como Hagrid, el guardabosques de Hogwarts; Snape supo que al menos el pequeño estaría a salvo si iba a estar bajo el cuidado de Dumbledore. Así que se limitó a observar como Black discutía un poco con Hagrid, se veía aún más alterado que antes, y luego de algo que dijo el semigigante, Black le dio la moto en la que llego y después de ver partir al hijo de sus mejores amigos, se desapareció de ahí.

Era hora de que desapareciera de ahí él también.


Desde esa fatídica noche, Severus Snape se había volcado en cumplir su rol como maestro de pociones en la escuela de magia y hechicería, Hogwarts; la institución donde su "protector" se encontraba y donde podía estar sin ser juzgado por su reciente pasado. Habían pasado meses desde ese día y ahora ya eran vacaciones. Así que no podía volcarse en sus clases para acallar las voces de su conciencia, daba vueltas como animal enjaulado, no podía olvidarse del niño, por más que quisiera.

Se preguntaba constantemente como estaría, si estaría recibiendo las atenciones adecuadas, si era querido, si lo cargaban, si dormía bien, y, por último, el mismo pensamiento recurrente, si dormía en las noches abrazando su peluche de serpiente. Esos pensamientos lo estaban devorando vivo. Tenía que hacer algo, y pronto, o su sanidad mental quedaría pendiendo de un muy, pero muy delgado hilo. Sabía que el comedor compulsivo de dulces de limón no le daría la ubicación del niño, así que recurrió a su mejor arma, su intelecto.

Empezó por descartar a las familias mágicas, los Potter no tenían parientes vivos a donde pudiera ser enviado el niño, sus abuelos habían fallecido antes de que naciera Harry, además de que no se conocían primos de James Potter, así que la familia de James Potter quedaba descartada en su análisis. Caso contrario era la familia de Lily Potter, Severus había conocido a Lily en su infancia, así que sabía que tenía una hermana, desconocía si tenía primos o si sus padres seguían vivos, pero su hermana era una apuesta más segura. Así que realizo un hechizo rastreador con el nombre de Petunia Evans. Irónicamente, funciono. Dumbledore había puesto un hechizo fidelio sobre Harry Potter, pero no sobre Petunia Evans. Ya tenía su dirección, el número 4 de Privet Drive en Surrey.


Había estado planeando esto por semanas, y aun así estaba nervioso. Sabía que Petunia lo recordaría, ¿Cómo podría olvidarlo si hizo que le cayera una rama de un árbol encima? Y, aun así, ahí estaba, cargando un regalo para el pequeño Harry, hoy era su segundo cumpleaños. Y llevaba también un regalo para Petunia, una botella de whiskey muggle de 10 años, consejo del retrato de su madre. Iba incluso vestido con un traje muggle, para que la hermana de Lily no se sintiera "ofendida".

Toco muy nervioso a la puerta y fue recibido por un corpulento hombre con una cara parecida a un cerdo con bigote de morsa.

--¿Qué desea?

--Busco a la señorita Petunia Evans.

--Usted debe estar atrasado de noticias, ya no es más una Evans, ahora es una Dursley, es mi esposa.

--¡Oh! Mil disculpas, entonces, ¿podría hablar con su esposa?

--Ya la llamó, ¿me dice su nombre?

--Snape, dígale que la busca Snape, ella sabe quién soy.

--Muy bien. Petunia, querida, te busca un señor Snape en la puerta.

El cerdo bigotón se fue y casi inmediatamente se presentó Petunia Dursley con una bolita de grasa muy parecida a un pequeño cerdito en brazos que gritaba quejándose de algo ininteligible. Hijo de la bola de grasa mayor, supuso.

--¿Qué quieres pelo grasiento? Mi hermana ya no está aquí, ¡Largo!

--Tuny, Tuny, Tuny, ¿así saludas a los viejos amigos? ¿no querrás hacer una escena enfrente de tu esposo verdad?

--Repito ¿Qué quieres Snape?

--Ver a Harry por supuesto.

--¿Y a ti que te importa el mocoso?

--Me importa porque es el hijo de mi mejor amiga, así que o me dejas verlo o convierto a tu marido en una morsa, ¿tú decides?

Petunia Dursley bufo molesta, sabía que Snape compartía la misma "anormalidad" de su hermana y de que Vernon, su marido, no sabía que además de su hermana, Petunia conocía a otra persona así.

--Pasa y no digas nada "extraño".

Snape paso a sentarse en la sala y vio como Petunia preparaba un servicio de té, al menos eso podía decirse de la mujer, vivía para las apariencias y no permitiría que el hecho de que despreciara con toda su alma al hombre, le impidiera ser una buena anfitriona. Afortunadamente para ambos, esa noche Vernon Dursley tenía una cita con unos compañeros de trabajo para tomar unos tragos y los dejo solos.

--Bien, mi esposo ya se fue, ahora si dime que es lo que buscas Snape.

--Lo que te dije en la entrada, quiero ver a Harry.

--Entonces espera aquí.

Se fue por unos instantes y oyó algo parecido a un pestillo abriéndose, en ningún momento se oyó que los pasos de petunia se dirigieran a las escaleras, lo que quería decir que Harry estaba en la planta baja. Instantes después, Petunia regresaba con un pequeño de pelo negro revuelto como nido de pájaros y que abrazaba con verdadero fervor un peluche de serpiente algo sucio. Sintió que su corazón se rompía un poco al ver al pequeño.

Estaba más delgado de lo que debería un niño de su edad, y tenía el rostro cubierto de lagrimitas, llevaba ropa más grande que su talla y tenía la cara sucia de polvo, como si hubiera estado escondido en un armario o alacena. Y entonces su mente conecto el sonido de pestillo y utilizo magia contra Petunia, la cual nunca vio venir el hechizo.

Usando un legeremens, Severus Snape vio lo que había pasado desde que Petunia y Vernon Dursley recogieron al pequeño Harry, vio la carta de Dumbledore explicándoles la situación, vio a Petunia pensando seriamente en enviar al niño a un orfanato, vio las privaciones del pequeño y los maltratos que había recibido en esos meses, y finalmente vio al pequeño ser encerrado en la alacena debajo de las escaleras y convertirlo en su "habitación". Después de eso, estaba más que tentado a esperar a Vernon y tirarle un buen sectumsempra, y a Petunia, aun no estaba seguro de que hacerle, al final decidió algo más sensato y la libero del hechizo.

--¡Monstruo! ¿Cómo te atreves a usar tu "rareza" conmigo?

--No me tientes Petunia que podría hacerte algo peor de lo que estoy pensando, ¿Cómo pudiste ensañarte así con un niño inocente? ¿Cómo permitiste que tu marido le pegara a un pequeño?

--¡Es para curarlo de su anormalidad! No permitiré que eso continúe, si los golpes le quitan lo anormal, habremos salvado su vida, si se queda sin "eso", ya no tendrá ningún peligro.

--Ya, y el hecho de que sea el hijo de tu hermana, a la cual siempre envidiaste, no tiene nada que ver con los golpes ¿verdad?, eres un despojo que no merece llamarse humano, y te justificas diciendo que es por "su bien". Es envidia lo que tienes Petunia, nunca aceptaste que tu hermana fuera especial y tu no. Y ahora te desquitas con su hijo porque ya no puedes hacerlo con tu hermana.

--¿Y tú qué sabes? Yo no quería cuidar a su pequeño monstruo, y ahora por haber aceptado cuidarlo, tengo que hacerlo hasta que cumpla los 17 años. Yo no quiero hacerlo, me recuerda tanto a ella.

--Entonces creo que ambos queremos lo mismo Petunia.

Dijo Snape con una sonrisa torcida mientras le extendía el whiskey con una mano y la invitaba a sentarse con la otra, mientras el pequeño lo miraba un poco confundido, para luego irse directo hacia él.

--Hola pequeño, ¡Feliz cumpleaños!

--¡Cumpleaños!

--Si Harry, es tu cumpleaños, te traje un regalo.

Abrió la caja por el pequeño y saco un marco con la foto de una adolescente pelirroja que se movía saludando desde el marco.

--¡Mamá!

--Sí pequeño, es mami.

El pequeño le dio un abracito a Snape sin dejar de aferrar su serpiente de peluche, con toda la sinceridad del mundo y se sentó en el piso con la foto en las manos, ignorando a ambos adultos, el pequeño cerdito jugaba en un corral, o más bien estaba durmiendo en el corral.

--Bien Snape, soy toda oídos.

--¿Qué opinarías de darme la custodia de Harry?