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Hotch Scratch Fever

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Hotch se acercó hacia donde había visto al mago correr cuando le había sorprendido. Había sentido la magia golpearlo y lo había descartado como un hechizo de distracción. Ya había llamado al equipo para decirles dónde estaba. Trataba de arreglárselas hasta que pudieran llegar los demás. Realmente no se había esperado el ritual al llegar solo para hablar con el testigo. Quien, por desgracia, resultó ser su sospechoso.

Hotch sacó la varita de la funda de su muñeca y la levantó hacia el mago, un hechizo de restricción en la punta de su lengua, pero quería darle al sospechoso la oportunidad de rendirse pacíficamente.

—Abernathy Jones, FBI. Detenga lo que está haciendo. Queda arrestado—Hotch tuvo el tiempo justo para agacharse en el lateral de la casa cuando le lanzaron una maldición. Jurando para sí mismo, se preguntaba dónde demonios estaba su equipo. Ya deberían de estar ahí. El equipo había sido incapaz de averiguar exactamente el nivel de magia de su Sudes así que había esperado que arrastraran el culo para llegar hasta él.

Hotch intentó buscar otra oportunidad para llegar a la víctima, que aún estaba inconsciente en medio del círculo. Cuando Jones se apartó para buscarle, aprovechó su oportunidad. Avanzó y esperó sentir su pulso; era débil, pero por suerte aún estaba ahí. Ese fue su error. Había entrado del todo en el círculo. Sintió el poder a su alrededor y el círculo se cerró, atrapándolo dentro.

—¿Qué esperaba conseguir exactamente, agente?—Jones se paró frente a él dentro del círculo con una arrogante sonrisa en el rostro. No había nada que Hotch pudiera hacer y lo sabía. Su única esperanza era que el equipo llegara.

—Puedes detener esto ahora, Jones. Tenemos suficientes pruebas para arrestarte. Si me maldices, estarás atacando a un agente federal. Te aseguro que no quieres añadir eso a la extensa lista de cargos que tenemos contra ti—Hotch intentó establecer un diálogo para que el equipo tuviera algo más de tiempo para llegar. La expresión en el rostro de Jones le dijo que no iba a funcionar. Ambos se lanzaron hechizos el uno al otro al mismo tiempo.

Hotch cayó junto a la víctima, pero se sentía extraño y no estaba seguro de por qué. Sabía que algo había pasado, pero no sabía el qué. Jones estaba envuelto en el hechizo de restricción que ya tenía preparado. Comenzó a sentirse raro. Conocía un gran número de hechizos y este no era uno de ellos. Eso le tenía un poco asustado. Cuando escuchó ruidosos pasos dirigiéndose hacia él, intentó ocultarse aún más. No tenía ni idea de qué estaba causando el ruido ya que era mucho más fuerte que unos pasos humanos, incluso si era su equipo apresurándose hacia él.

—Hotch—gritó alguien. Pensó que quizás era Prentiss, pero no podía estar seguro.

—Hotch—esa voz sí la reconoció. Esa era la voz de consuelo y calidez. Saliendo de su escondite, levantó la mirada hacia el greñudo hombre. Reid estaba mucho más lejos de lo que su mente le decía que debería para estar en el suelo.

—Miau—espera, ¿qué? Acababa de—, Miau—¿Pero qué narices estaba pasando? Girándose, intentó ver a los demás y por el rabillo del ojo captó una larga y esponjosa cola. La punta de la cual se estaba moviendo adelante y atrás. Mirándola con furia, intentó lanzarse a por la cola y tropezó con la prenda de ropa sobre la que estaba sentado en ese momento. La cola desapareció y todo lo que pudo ver fue algo negro y brillante frente a él.

—Hotch, ¿dónde estás?—Reid le llamó de nuevo. Su equipo estaba intentando encontrarlo frenéticamente. Reid finalmente miró en su dirección y comenzó a caminar hacia él.

—Miau—maldición, aún no sabía por qué estaba haciendo eso.

Se levantó de la posición despatarrada en la que le había dejado intentar atrapar la cola. Contoneándose, finalmente fue capaz de sentarse sobre sus patas traseras. Entonces, se miró hacia abajo y vio las dos patas delanteras. Dejando salir un pequeño gruñido, finalmente llegó a la conclusión de que era un gato. No, un gato no. Un maldito gatito. Un pequeño gatito negro. Miró alrededor buscando algo para comparar su tamaño y encontró su arma enfundada. No era mucho más grande que ella. Demonios, pensó y se preguntó cómo iba a salir de este desastre.

—¿Hotch?—Reid se arrodilló y le miró a los ojos—. Tienes que estar bromeando—su mano se movió hacia él y Hotch no estaba seguro de si quería saltar sobre ella o huir—. Hey, está bien. Sé que probablemente estás asustado, pero soy yo. Soy Spencer—la mano no se acercó más, pero estaba ahí, firme y esperando. Hotch se inclinó más cerca y olfateó. Sabía lo que se suponía que debía oler, pero era mucho más. El olor de los archivos en papel sobre los que había estado inmerso era fuerte, pero aún más intenso era el olor de los libros que había estado leyendo y estaba incluso el débil olor del aceite para armas de cuando había estado trasteando con su revólver la noche anterior. Después estaba la esencia de Reid. Se inclinó aún más cerca y presionó su nariz contra la palma de la mano del joven.

Reid no movió esa mano, pero levantó la otra sin moverla hacia él. En su lugar, Hotch la vio detenerse con el puño cerrado. Fue entonces cuando Hotch se percató del resto del equipo detrás de Reid, todos ellos se habían detenido ante el movimiento del joven. Hotch se giró para intentar regresar a su escondite, pero las ropas habían caído. Eso llevaría demasiado tiempo. En su lugar vio su zapato, la cosa brillante y negra, y gateó dentro de él. Solo había una entrada por la que pudieran llegar a él y podría defenderse.

Una extraña sensación se movió por su mano, no, pata, hacia las puntas. Sintió que sus patas se enganchaban en el revestimiento del zapato. Sus garras estaban fuera. Morgan se acercó más para ver qué estaba pasando.

—Guaperas, ¿dónde está Hotch?—Morgan estaba mirando a su alrededor para encontrar a su jefe de unidad.

—Bueno, está en su zapato—oyó que Reid le decía a Morgan.

—¿Qué?—Morgan se agachó y metió la mano en el zapato. Hotch bufó y dio un zarpazo a los dedos intrusos. Morgan gritó, sacando la mano con cuatro arañazos profundos alineados en sus dedos—. ¿Qué demonios, Hotch?—miró molesto el zapato.

—Morgan, está asustado. Vamos a retroceder y a dejar que se tranquilice—el equipo retrocedió, pero Spencer se sentó en el círculo y esperó pacientemente para ver lo que iba a hacer el gatito. Cuando Hotch dejó de oír movimiento, avanzó y asomó la cabeza, mirando hacia arriba para ver a Reid sentado ahí tranquilo.

—Miau—dijo Hotch de nuevo, maldiciendo no poder hablar. Reid adelantó la mano otra vez, pero no la colocó sobre el zapato, solo frente a él para que no pareciera como si intentara agarrarlo. Hotch se inclinó hacia delante para tocar con su nariz la palma de nuevo. Doblando un poco sus dedos, Reid rascó la barbilla de Hotch, lo que le dejó ronroneando y estirando el cuelo por más. Las uñas se hundieron más en su pelaje. Hotch ronroneó más fuerte y no pudo evitar pensar lo bien que se sentía. Lentamente, salió del zapato y trepó por el brazo de Reid.

—¿Reid?—preguntó una voz nueva. Hotch tardó un momento en darse cuenta de que era la voz de Dave.

—Bueno, no sé de qué hechizo se trata, pero saludad a Hotch—sostuvo con cuidado al pequeño gatito en sus manos.

Hotch aún estaba ronroneando, pero se detuvo cuando Dave y J. J. se acercaron. Morgan tenía los dedos envueltos en el borde de su camiseta que había sacado de debajo de su chaleco. J. J. miró entre Reid y el gatito con las cejas levantadas tan alto que desaparecían bajo su flequillo.

—¿Ese es Hotch?—se acercó un poco más, pero Hotch se encogió en las manos de Reid.

Quería fruncirle el ceño, pero no sabía cómo, al menos aún no. En su lugar, sintió que su pelaje se levantaba en su espalda y en vez de ronronear los músculos de su garganta cambiaron para gruñirle. J. J. dejó de moverse y Reid lo acercó a su pecho. Sabía que en solo unos segundos comenzaría a escupir. No estaba seguro de qué pensar sobre estos nuevos instintos que estaba sintiendo.

—Ve y asegura al Sudes, Morgan. Yo me encargo de Hotch—la voz de Reid sonó fuerte, pero Hotch le conocía lo suficiente para oír la inseguridad. Morgan y Dave se dirigieron hacia el inmovilizado Jones y Hotch se alegró de ver que, mientras los otros habían estado ocupados con él, Prentiss había estado cuidando de la víctima.

—Reid, ¿estás seguro de que es él?—preguntó J. J. Se veía muy insegura.

—«Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad». Este chico estaba escondido en la ropa de Hotch y maulló cuando le llamé. A menos que Hotch se desnudara y escondiera un gato en su ropa, es él.

Hotch se ofendió cuando Reid habló sobre él desnudándose en un caso así que mordió la piel más cercana a él, lo que terminó siendo la sensible piel entre índice y pulgar. El joven se quejó y Hotch fue sostenido en una mano mientras Reid se llevaba la piel herida a su boca. La mirada enfadada dirigida a él con ojos serios hizo que Hotch se agachara y frotara su mejilla contra la mano que lo sostenía como disculpa, apartándose para dar un lametón a la piel.

—Lo sé, tienes miedo y no entiendes qué te está pasando, pero no te preocupes, averiguaremos qué sucede—sostuvo a Hotch cerca de su pecho y acarició su espalda. Hotch cerró los ojos y ronroneó contra el pecho de Reid. Esto era seguridad y comenzó a relajarse un poco más.

—Vale, tenemos a Jones en el coche y he recogido la ropa de Hotch, su arma, varita y las fundas para ambas—dijo Prentiss mientras se acercaba con cuidado a Reid.

Por supuesto, fue en ese mismo momento cuando el teléfono de Reid sonó. Pasó a Hotch a su otra mano y sacó el teléfono. Cuando vio quién estaba llamando, gruñó ligeramente. No necesitaba a García en ese momento, pero respondió para ver qué quería.

—Hey, García, ¿tenías algo para nosotros?—Hotch abrió los ojos y miró el teléfono preguntándose qué quería su analista. Quería responder desesperadamente, pero Reid mantenía el teléfono apartado de él.

—He intentado contactar con Hotch, pero no responde a su teléfono. He dejado mensajes y probado de nuevo, ¿qué está pasando? ¿Dónde está el jefe? ¿Qué ha pasado ahí...?

—Pen, respira hondo, ¿vale?—Prentiss parecía bastante divertida por la frenética llamada de su tecnomaga residente—. Hotch está... bien—no quería decir por teléfono lo que había pasado porque no quería que García se preocupara más de lo que ya estaba.

Cuando un holograma de García surgió del teléfono de Reid, Prentiss supo que había cometido un error. Había hecho que García se preocupara, lo que le hacía hacer cosas raras con la tecnología.

—¿Y qué significa eso, oh, mi princesa azabache?—resopló García mirando entre Prentiss y Reid. Los ojos de Hotch se abrieron y se sintió muy travieso al ver el holograma. Incorporándose en la mano de Reid, se inclinó hacia delante y golpeó la brillante imagen—. ¿Qué demonios fue eso?

Prentiss y Reid estaban intentando contener una risa cuando Hotch siguió sacudiendo su pequeña garra contra el holograma. Entrecerrando los ojos, frunció el ceño, o eso esperaba, a la imagen. Levantando el trasero en el aire y bajando la cabeza, contoneó su cuerpo antes de saltar. El chillido desde el teléfono tuvo a Hotch intentando sonreír. Su boca no haría el gesto, pero Reid soltó un resoplido y se echó a reír.

—Eso, García, es Hotch.

—¿Qué? ¿Qué? Ese no puede ser Hotch—el gatito estaba ahora sentado a medias entre los brazos de Reid y el teléfono, aún intentando fruncir el ceño al holograma—. ¿Los gatos fruncen el ceño?—los dos se miraron entre sí un momento y entonces García soltó un extraño sonido incluso para ella—. Oh dios mío. Ese es Hotch. ¿Cómo puede ser ese Hotch?—Hotch soltó un pequeño resoplido de satisfacción antes de volver a los brazos de Reid feliz de al menos haber averiguado una cosa.

—Te lo explicaremos todo cuando regresemos a casa, García. Ahora, ¿por qué estabas llamando?

—Oh, era sobre Abernathy Jones. Era profesor de transfiguración y magia física en la Universidad Estatal de Iowa. De hecho, conoce muchos hechizos raros y en desuso. Tenía reputación por experimentar con sus estudiantes. La mayor parte del tiempo los hechizos podrían revertirse, pero de vez en cuando una de sus víctimas permanecería en la forma en la que la transformaba. Cuando el comité de la universidad descubrió lo que sucedía, lo despidieron. Justo antes de que su esposa lo abandonara. Ella desapareció dos días más tarde.

—Ambos eventos tan cercanos debieron de ser el desencadenante—dijo Prentiss con el ceño fruncido.

—Vamos, volvamos a la comisaría. Dejad trabajar a los chicos de la escena del crimen. Con suerte, podrán conseguir una muestra de la magia que usó—Morgan había vuelto con ellos para ver cómo les iba a Reid y Hotch.

—Además, necesitamos que Jones nos diga exactamente qué hizo y cómo revertirlo—todo el equipo se subió a los Suburban que los esperaban con Reid en el asiento trasero sosteniendo con cuidado a Hotch. Enroscándose en el regazo del genio, Hotch dejó que el agotamiento lo invadiera y se sintió impulsado a echarse una siesta. Solo era un extra que fuera en su humano preferido.

La mano de Reid descansó en su espalda, frotando ligeramente. Los dedos recorrieron su columna y se asentó más. Era el cielo. Comenzó a ronronear de nuevo y eso solo le ayudó a sumergirse aún más profundo en el sueño. Lo despertaron demasiado pronto e hizo saber su molestia. Escuchó la suave risa de Reid y giró la cabeza para mirarle. Ahora sabía fruncir el ceño y se lo hizo saber. No estaba preparado para ver al joven cubriéndose la boca e intentando no temblar demasiado por la risa.

—¿Qué es tan divertido, chico?—Dave comenzó a caminar con él hacia la entrada de la comisaría.

—Ha averiguado cómo fruncir el ceño y es tan adorable—Reid aún estaba intentando reprimir la risa mientras cruzaban las puertas de la comisaría. Varias cabezas se giraron y Hotch se sobresaltó al ver tantos agentes dentro. Retrocedió en el brazo de Reid hasta que estuvo acurrucado con seguridad con algo a su espalda y a un lado. Solamente podrían llegar a él por dos lados. Podía vigilar mejor dos que tres o cuatro.

—Dr. Reid, siento tener que pedirle que lleve al gato a otra parte. No permitimos animales en la comisaría—le dijo el jefe de policía de Ames.

—El gato es un testigo y nuestro jefe de unidad. Va donde nosotros vamos—Reid no esperó una respuesta, se dirigió hacia la pequeña sala de reuniones que habían estado usando durante la investigación. El equipo lo siguió con Morgan llevando a Jones a las celdas. Nadie dijo nada mientras Reid se sentaba en la silla que estaba más lejos de la puerta. Hotch solo se apartó de su lado cuando Reid estuvo del todo sentado. Bajó y se sentó sobre la rodilla de Reid para mirar alrededor. Todo era mucho más grande y no le gustaba. Estaba acostumbrado a ser una de las cosas más grandes de la habitación.

Morgan llegó en unos minutos tras procesar a Jones y dejarlo en una celda. Querían hacerle sudar durante un rato antes de comenzar el interrogatorio.

—Prentiss, a parte de Hotch, tú eres la más en sintonía con la magia. ¿Conoces o puedes imaginar qué hechizo ha usado?—Dave intentó que no se notara la risa en su voz mientras observaba a Hotch limpiando los dedos de Reid.

—Normalmente, las transfiguraciones solo se realizan a título personal. Nunca he visto a otro hechicero convertir a alguien así. Conllevaría una gran cantidad de poder—se inclinó sobre la mesa y miró a Reid y a Hotch—. Tenemos que encontrar su grimorio o el libro de hechizos que usó si no podemos conseguir que revierta el hechizo.

—¿Y si no lo encontramos?—preguntó J. J.

—Entonces alguien acabará con una caja de arena y juguetes para gatos en su casa—dijo Prentiss.

Reid levantó la mirada de Hotch ante eso.

—Aún nos queda mucho para eso. Ni siquiera bromees con ello.

—Jones hablará—dijo Morgan desde la entrada de la sala. No se había vuelto a acercar desde que Hotch le había arañado. Hotch aún estaba sentado sobre Reid, pero ahora se estaba limpiando él mismo.

—Hay que concederle algo a Hotch. En las únicas transfiguraciones como esta sobre las que he leído, el objetivo se transformaba en algo que era el opuesto a ellos. Hotch debió de asustar mucho a Jones para convertirlo en un pequeño gatito—Reid miró a Hotch y vio que había dejado de limpiarse y estaba frunciendo el ceño de nuevo. Ni siquiera intentó contener la risa. Hotch golpeó la mano que le había estado acariciando.

—Por supuesto, a ti te pega con las almohadillas y a mí con las zarpas—Morgan levantó sus dedos ahora vendados, lo que hizo que todo el equipo soltara una risilla. Les llevó unos minutos tranquilizarse todos y, cuando lo hicieron, vieron a un engreído Hotch, por supuesto. Dave miró a Morgan.

—Muy bien, ¿vamos a por ello?—Morgan asintió una vez y ambos se dirigieron a la sala de interrogatorios.

—No te preocupes, Hotch—dijo Spencer y rascó la cabeza del gatito—. Te sacaremos de esta—Hotch ronroneó y frotó su cabeza contra la mano de Spencer.

Cuando J. J. y Prentiss trajeron comida una hora más tarde, Hotch comenzó a maullar. Era comida china, lo que hizo que Hotch maullara aún más fuerte. Cuando Spencer echó algo de pollo General Tsao en un plato, Hotch se abalanzó sobre él de inmediato.

—¡Hotch!—gritó Spencer mientras veía cómo se comía su comida.

—Tenías que pedir su favorita, Spencer—J. J. se estaba riendo a carcajadas viendo a Hotch intentar comer los tacos grandes de pollo.

Por supuesto, se calló de inmediato cuando se abalanzó sobre su plato intentando robar algunos fideos. Tenía un largo fideo en la mesa y, en lugar de comérselo, Hotch comenzó a jugar con él. Para cuando Spencer lo agarró, estaba completamente enrollado en un fideo Chow Mein.

—Ahora creo que solo estás jugando con nosotros—Spencer lo sostuvo en el aire con sus manos y le miró a los ojos—. Vamos a limpiarte.

A Hotch no le gustó cómo sonaba eso. Se retorció para intentar escapar de las manos que lo sostenían. Maldijo los ágiles dedos de Spencer mientras el joven le agarraba bien.

—J. J., ¿puedes ver si tienen jabón en la cocina?—preguntó Spencer.

Hotch gritó una vez mientras el joven lo sacaba de la sala de reuniones, intentando bloquear el sonido de las risas del equipo. Se retorció de nuevo, pero Spencer solo lo acercó más a su cuerpo, atrapándolo aún más. Se rindió de nuevo y se resignó a su destino. Se quedó inmóvil en manos de Spencer. Imaginó que no sería tan malo. Iba a ser Spencer bañándolo. Spencer era su favorito.

—Gracias, J. J.—dijo Spencer cuando J. J. entró al cuarto de baño de hombres y dejó un pequeño bote de lavavajillas al borde del lavabo. Spencer colocó a Hotch dentro del lavabo.

—Yo bloquearía la puerta para que nadie entre y él se escape.

—Es Hotch, no va a intentar escapar.

J. J. rio y dejó el cuarto de baño. Spencer miró donde había dejado al gato y frunció el ceño inclinándose para echar el pestillo a la puerta. Nunca había bañado antes a un gato. Sabía que la mecánica era similar a bañar cualquier cosa, pero que un gato era sensible. Este gato, sin embargo, solía ser una persona, su mente aún era la de una persona, y bañar a alguien era una experiencia bastante personal. El pelaje de Hotch estaba pegajoso con la salsa de Chow Mein y su cara estaba llena de la salsa picante del pollo. Se veía totalmente adorable intentando lavarse usando sus patas. Spencer le observó por un momento antes de volver con él.

Hotch lamió su pata para humedecerla, se frotó la cara con ella, volvió a lamerse la pata para limpiarla y comenzó el proceso de nuevo. Estaba funcionando, pero iba muy lento ya que la salsa era muy espesa. Spencer lo levantó y lo colocó en la encimera del lavabo. Giró los mandos para intentar conseguir agua a una temperatura que pensó que no dañaría la piel de Hotch.

—¿Estás listo?—preguntó Spencer.

Hotch echó un vistazo al lavabo que tenía un par de centímetros de agua ya que no se iba por el desagüe tan rápido como salía del grifo. Extendió la pata y golpeó el agua, saltando hacia atrás cuando salpicó sobre él. Hotch se agachó, intentando hacerse pequeño. Sabía que no debía tener miedo del agua, pero se sentía muy extraña en su pelo.

Spencer se sentía mal por él, pero no necesitaban un gato pegajoso corriendo por ahí hasta que consiguieran que Jones confesara cómo transformarlo de vuelta. No se permitía siquiera plantearse qué sucedería si no conseguían transformarlo de nuevo. Aún no se permitía pensar en Jack.

—¿Vas a dejarme hacer esto o vas a pelear?—Spencer sostuvo a Hotch en una mano mientras cogía algo de agua con la otra. Entonces la dejó gotear con cuidado sobre su espalda, dejando que se acostumbrara a la cálida humedad. Hotch protestó. Ruidosamente. Lo que, por supuesto, hizo que Spencer intentara reprimir una risa, lo que a su vez le hizo perder el agarre del gatito, quien aterrizó en el charco de agua del lavabo, salpicando a Spencer bastante espectacularmente. Hotch se sentó en medio del agua con una mirada estupefacta en el rostro. No sabía qué hacer.

Spencer actuó rápido cogiendo el jabón y echando un poco en su mano. Sostuvo a Hotch cuidadosamente por el pescuezo y comenzó a limpiarlo. Hotch quedó ahí colgado en su mano con un aire petulante. Spencer se preguntaba si así era como Hotch se sentía al bañar a Jack cuando era más pequeño, queriendo reírse mientras el chico le peleaba con actitud en lugar de intentar escapar. Finalmente, lo aclaró y cogió la toalla que J. J. le había dejado al traer el jabón. Envolvió a un traumatizado Hotch en la toalla y lo sostuvo contra su pecho. Lo frotó suavemente, intentando secarlo y calmarlo al mismo tiempo. Se centró primero en la cabeza de Hotch, limpiando alrededor de sus ojos antes de ir tras sus mejillas. Después fue su vientre. El gatito comenzó a ronronear mientras frotaba la toalla sobre su vientre. Cuando estuvo tan seco como Hotch le iba a permitir, Spencer comenzó a frotar la toalla por su espalda.

Hotch estiró su pecho para que Spencer pudiera llegar más fácil a su espalda al tiempo que presionaba su rostro ahora limpio contra la barbilla de Spencer. El genio no pudo evitar la sonrisa que cruzó sus labios mientras Hotch restregaba la cabeza por su mejilla.

—Te prometo que solucionaremos esto—Spencer suspiró mientras Hotch se acurrucaba bajo su cuello y ronroneaba.

Desabotonó su chaleco y comprobó la camisa. Por suerte estaba seca. Tan solo tendría que cambiarse el chaleco. Sus pantalones estaban un poco mojados, pero nada que no pudiera soportar por el rato que tardarían en secarse. Quitó el cerrojo de la puerta y la abrió, pero no salió. Miró hacia donde se encontraban las celdas para asegurarse de que nadie venía por ese camino. Se alegró de haber esperado al ver que dos agentes pasaban corriendo a su lado.

Spencer se metió de nuevo al baño y esperó a que pasaran. Les observó mientras se dirigían a la sala de reuniones donde estaban los demás.

—Oh, no, esto no es bueno—abrazó a Hotch mientras se dirigía rápidamente a la sala de reuniones.

Cuando llegó, todos estaban hablando al mismo tiempo. Morgan y Dave gritando a los agentes que estaban intentando explicar lo que había pasado. J. J. y Prentiss estaban intentando detener a los chicos, pero sin suerte. El gatito en sus brazos se movió y dejó salir un tremendo chillido que Spencer juraba haber oído solo cuando había pisado a un gato una vez en la casa de un vecino cuando era pequeño. Todos los ojos en la sala se giraron para mirar a Hotch y a él y cerraron la boca. Hotch se sentó en la mano de Spencer y se quedó mirándolos fijamente.

—Vale, ¿qué está pasando?—Spencer entró en la sala, esperando que alguien le explicara qué demonios estaba sucediendo. El problema era que nadie quería hablar. Sabían que esta noticia podría enloquecer a Spencer y nadie quería hacer eso. El temperamento de Spencer podía ser tranquilo, pero este era uno de esos casos que posiblemente conseguirían hacerle estallar. Finalmente, fue Morgan quien afrontó la situación.

—Jones escapó—los ojos de Spencer se abrieron como platos y dio gracias a todas las deidades que pudo porque hubiera una silla bajo él cuando sintió que sus rodillas cedían. No dijo nada, no podía mientras sus pensamientos comenzaban a rebotar por todas partes.

—¿Q-qué?—consiguió decir al fin.

—Lo encontraremos, Reid. Te lo prometo, pero Jones se ha ido. Se escapó del precinto. Parece que alguien decidió cambiarle las esposas con hechizo de restricción a unas normales y se desvaneció.

Hotch saltó de la mano de Spencer y cruzó la mesa acercándose tanto como pudo a los agentes. Entonces les dejó saber su desaprobación ante su estupidez.

Si no fuera por la severidad de la situación, Spencer sabía que se estaría partiendo de risa en el suelo ante la imagen del pequeño gatito Hotch al borde de la mesa bufando, escupiendo y aullando a los dos agentes. El pelo de la espalda del pequeño gatito estaba tan erizado como podía.

Dave se estaba esforzando por mantenerse bajo control cuando miró a los dos agentes que estaban con la cara roja de vergüenza.

—Os sugeriría volver a la casa de Jones y comprobar si está ahí. Si tenéis a un hechicero en vuestro equipo llevadlo con vosotros y esta vez dejadle puestas las esposas hechizadas—Dave les dedicó su propia mirada enfadada y los agentes se marcharon rápidamente para hacer lo que les había sugerido.

Una hora más tarde, los agentes regresaron con las manos vacías. Jones había desaparecido y no tenían ni idea de cómo encontrarlo. El equipo salvo Spencer fueron a la casa para recabar evidencias y, con suerte, encontrar el grimorio de Jones. Spencer se sentó en una de las sillas con Hotch enroscado en su brazo, dormido de nuevo, e intentó no pensar en lo peor.

Cuando todos regresaron finalmente a la comisaría tras horas de rastrear la casa de Jones, lo hicieron con muy poca información. Encontraron un libro de hechizos, pero no el grimorio personal de Jones. Prentiss cogió el libro para estudiarlo y ver si podía descubrir qué hechizo podría transformar de nuevo a Hotch.

—No hay nada más que podamos hacer. Jones se ha esfumado. Vamos a tener que volver a casa e intentar resolver esto.

—¿Quién va a cuidar de Hotch?—Morgan estaba visiblemente agitado por haber fallado a la hora de mantener encerrado al mago. Estaba furioso e intentaba controlar sus emociones. Dave sonrió mirando a Spencer sosteniendo al satisfecho gatito dormido.

—Creo que Hotch ya ha escogido quién quiere que cuide de él.

—¿Qué? Y-yo no puedo cuidar de un gato.

—Chico, prácticamente mutiló a Morgan y, aunque podamos acercarnos, se ha apegado a ti. Te ha escogido a ti, lo que significa que vas a tener que llevártelo contigo.

Spencer quería fruncirle el ceño a Hotch, pero, cuando vio la pequeña forma durmiente en sus manos, su expresión se suavizó y sonrió para sí. Cuando se tomó un momento para pensarlo, se dio cuenta de que no le importaba llevarse a Hotch consigo.

—Bien, entonces voy a tener que ir a una tienda de mascotas para conseguir un transportín y, J. J., tenemos que informar al piloto de lo que pasó para que no tengamos problemas—J. J. sonrió y dijo que se encargaría de ello. Morgan estuvo de acuerdo en llevar a Reid a la tienda de mascotas antes de que cerrara, pero tenían que darse prisa porque ya se estaba haciendo tarde. Dave dijo que llamaría a Strauss para advertirle también.

Por suerte, la tienda de mascotas admitía animales y Spencer pudo meter a Hotch. El gatito despertó cuando Morgan aparcaba el Suburban. Spencer observó mientras Hotch despertaba sobresaltado y miraba a su alrededor antes de mirarle a él y pareció relajarse en ese mismo instante. Saliendo del coche, levantó a Hotch para que pudiera trepar sobre su hombro. Se acomodó de modo que se apoyaba contra el cuello de Spencer, tocando tanta piel como podía.

—Espero que Hotch recuerde cada segundo de esto porque sería una gran injusticia si no se recuerda acurrucándose con la gente—dijo Morgan dando la vuelta al coche.

Las puertas de la tienda no eran automáticas ya que se permitían animales, Spencer lo entendió.

—¡Hola!—una de las trabajadoras les saludó al entrar. Por suerte, no intentó tocar a Hotch—. Es una monada. ¿Cómo se llama?

—Hotch—respondió Spencer y le vio arrugar el rostro confusa. Era un nombre realmente raro para un gato, pero no iba a decirle Aaron ni iba a inventar un nombre más de gato para él—. Necesito al menos un transportín para él.

—Vale, están...—la trabajadora se detuvo cuando vio las armas en las caderas de Spencer y Morgan. Sus ojos se abrieron y Morgan sacó su carné—. Están en el pasillo uno.

—Gracias—Spencer se dirigió hacia los pasillos.

No le estaba prestando ninguna atención a Hotch hasta que tuvo garras hundiéndose en su piel y entonces Hotch ya no estaba en su hombro. Se giró para encontrar a Hotch colgando de un pedazo de cuerda elástica. Tenía lo que parecía ser un pájaro de peluche en su boca. Morgan se detuvo, solo mirando fijamente. Lo único que mantenía a Hotch en el aire era que la cuerda estaba unida a una vara y esa vara a su vez estaba sujeta a un bloque de plástico. Spencer se acercó a él para apartarlo, pero antes de poder hacerlo escuchó el chasquido de una foto.

—Sabes que García se enfadará si oye esta historia y no le enseño una foto.

—Tú sabrás—dijo Spencer mientras sostenía a Hotch por el trasero y lo levantaba. Recibió un gruñido y el gatito intentó liberar el pequeño pájaro de peluche para llevárselo. Estuvo a punto de volcar de la mano de Spencer; solo la rápida reacción por parte del joven y que Hotch soltara el pájaro le salvó de caer al duro suelo—. ¿Por qué no encontramos los transportines y podemos buscar algún juguete para mantenerte entretenido en el vuelo a casa?

Morgan resopló y Spencer se giró para mirarle molesto.

—¿Por qué no vas a la sección para perros y le compras algún juguete a Clooney y quizás algunos dulces?—preguntó Spencer. Forzó un tono molesto en su voz y observó mientras Morgan levantaba las manos antes de retroceder.

Hotch le maulló y Spencer cogió el juguete de la estantería, pero no dejó que Hotch jugara con él. Estaba maravillado por cuánto Hotch era él mismo pero entonces parecía tener momentos en los que actuaba totalmente como un gatito. El incidente del fideo y ahora el juguete ahí. No había rastro del hechizo usado para transformarlo en un gato y, ya que él era el único superviviente, no había forma de volver sobre las víctimas. Todas habían permanecido en su forma animal durante mucho tiempo tras su muerte, solo volviendo a un cuerpo humano en la luna llena. Por eso habían tardado tanto en llamar a la UAC para trabajar en el caso, solo había un aumento en animales muertos antes de descubrir que sus cuerpos permanecían transfigurados tras la muerte.

Había una pequeña esperanza de que Hotch se transformara de nuevo con la luna llena, pero Spencer no iba a aferrarse a eso. La luna tenía poder sobre las cosas que ya no vivían y Hotch aún estaba vivo. Tendrían que encontrar a Jones, pero se había esfumado y no había manera de que el FBI aprobara su caza por todo el país. Se lo encargarían a la policía y la oficina local. La UAC ayudaría y haría su propia búsqueda desde la oficina. Como mucho, vuelos cortos para hacer comprobaciones. Mientras tanto, Hotch iba a ser un gatito. Ya que sucedió en el cumplimiento del deber, aún recibiría su paga normal más un extra por peligrosidad.

—Miau—llamó Hotch mientras se estiraba y rozaba su nariz contra la de Spencer, intentando conseguir su atención. Spencer le miró y fue honrado con un lametón en su mejilla. Hotch estaba preocupado por él. Spencer frotó sus mejillas juntas y besó la cabeza de Hotch. Morgan no estaba por ahí así que pudo permitirse más familiaridad con Hotch.

—Estoy bien, Aaron. Solo estaba perdido en mis pensamientos. Vamos a ver si tienen un transportín en el que te dignes a ser visto—sonrió Spencer. Hotch palmeó su rostro con las zarpas retraídas, haciéndole reír—. No sabemos si vas a crecer, pero por ahora podemos quedarnos con uno que te guste y conseguir luego uno más grande si hace falta.

Había una gran hilera de transportines y Spencer dejó a Hotch en el suelo para que se moviera por ellos hasta que se sentó frente a uno. Spencer manipuló el pestillo hasta abrirlo y Hotch entró. Dio una vuelta antes de asentarse en una bola en medio del transportín. Comenzó a ronronear para mostrar que le gustaba. Spencer lo levantó y lo volcó para que Hotch se deslizara hacia la entrara y lo cogió con una mano contra su pecho. La mirada que recibió no era nada en comparación a la mirada Hotchner, pero aún le hacía querer echarse a reír, aunque no lo hizo.

Iba a volver con Morgan cuando vio la hilera de collares. Los había de toda clase y colores, pero lo que llamó su atención fue la hilera de pequeños colgantes que podían unirse. Cuando vio la pequeña corbata con estampado de cachemir tuvo que detenerse a mirar. Dejando el transportín en el suelo, cogió el colgante y lo sostuvo para Hotch.

—Miau—Hotch golpeó el pequeño colgante y se sentó más recto en la mano de Spencer. Casi puso una mirada formal y Spencer juraría más tarde que realmente había estirado el cuello.

—Te gusta, ¿eh?—rio Spencer sujetando el colgante—. Bueno, si quieres llevarlo necesitamos encontrar un collar—Spencer observó mientras Hotch echaba un vistazo a las opciones con una mirada muy determinada. Mientras Spencer pasaba la hilera nada llamó su atención hasta el final. Era uno azul oscuro de la línea «fashion». Hotch extendió su pequeña pata y comenzó a golpearlo. Spencer lo cogió y miró la etiqueta.

—¿En serio? Solo tú encontrarías el collar de Armani—Spencer no podía estar seguro, pero creía que Hotch tenía una expresión muy engreída en su rostro.

—¿Has encontrado uno, guaperas?—preguntó Morgan deteniéndose junto a ellos con una manojo de cosas para Clooney. Spencer sostuvo el collar y el colgante para que Morgan lo viera y la expresión en su cara no tenía precio—. Eso le sentará muy bien a Hotch. Yo he encontrado una buena manta para el transportín y que así no esté en plástico duro.

—Gracias—Spencer colocó la manta dentro del transportín y añadió también el juguete de pájaro. Hotch lo miró con ansias—. Probablemente deberíamos conseguirle algo de comida y unos cuencos.

—Esos están en el siguiente pasillo. Junto con lo que parece buena comida en lata.

Morgan había puesto todos sus artículos en una cesta y llevó a Spencer al pasillo de la comida para gatos. Hotch estaba observando las latas dubitativo y protestó cuando Spencer escogió una que parecía bastante prometedora. Después cogió una bolsita de comida húmeda. Pensando en qué más podría necesitar Hotch, Spencer se movió al pasillo con la arena para gatos y encontró una pequeña bandeja para viaje. Tenía un forro con la arena y una tapa para desecharla. Cogió una de esas y la echó a la cesta. Hotch miró la bandeja y después miró a Spencer casi como para decir no lo creo. Spencer y Morgan rieron ante la expresión descontenta en el rostro del gatito.

—Vamos, chico. Creo que tienes lo básico para esta noche y el vuelo a casa. Vamos a volver y a dormir. Estoy exhausto.

—Sí, ha sido un día interesante—se pusieron a la cola y a Spencer le divirtió bastante la mirada que Hotch le estaba dedicando a la cajera mientras esta seguía diciendo lo lindo que era. Spencer no estaba seguro de si Hotch estaba molesto o le fascinaba. Terminaron de pagar, lo metieron todo en el Suburban y regresaron al hotel. Cuando la recepcionista comenzó a protestar porque llevaran a un animal, Morgan tranquilamente le explicó la situación y dijo que se asegurarían de que Hotch no estropeaba nada en la habitación. Finalmente, tras algo de discusión, lo subieron todo a su habitación.

Spencer estaba exhausto para cuando se echó en la cama y finalmente se sintió lo bastante cómodo para soltar a Hotch. Se estaba quedando dormido cuando sintió una pata golpear su nariz.

—Miau—Hotch estaba amasando dolorosamente su pecho, pero había una ansiedad en su pequeño cuerpo que hizo que Spencer intentara despertar.

—¿Qué pasa, Hotch? Estoy agotado.

—Miau, miau—la ansiedad aumentó y el pequeño cuerpo de Hotch estaba vibrando.

—Hey, ¿qué pasa?—Spencer estaba ahora sentado, poniéndose ansioso intentando adivinar qué pasaba.

—Um, Reid, creo que puede tener que ir al baño.

—Mrrawr—Hotch saltó de la cama, lo que casi hizo que le diera a Spencer un ataque al corazón, y corrió hacia la puerta del baño. Suspirando, Spencer se levantó de la cama, cogió la pequeña bandeja de viaje y la situó bajo el lavabo abierto. Cogiendo al gatito, Spencer lo colocó en la bandeja y esperó.

Hotch manoseó las duras cosas bajo sus patas y descubrió que definitivamente no le gustaba en absoluto.

—Mrawwwwwr—gritó y salió de la bandeja sin usarla. Fue al inodoro y frotó la cabeza contra la fría suavidad intentando conseguir la atención de Spencer.

—Estás bromeando, ¿verdad?—Spencer le miraba como si estuviera loco.

Cuando Hotch se volvió más exigente, Spencer soltó un suspiro exasperado, levantó a Hotch y lo colocó en el borde del asiento del inodoro. Finalmente, Hotch consiguió algo de alivio, pero entonces comenzó a resbalar. Sus pequeñas patas se estaban deslizando por la escurridiza superficie y se estaba revolviendo para intentar sujetarse, pero desafortunadamente no tenía nada a lo que sus pequeñas uñas afiladas pudieran engancharse y, con una aterrada expresión, se cayó al inodoro antes de que Spencer pudiera agarrarle. Soltó un chillido que hizo que incluso Morgan fuera corriendo al baño en pánico.

—¿Qué ha pasado?—miró a Spencer sujetando a un goteante Hotch por el pescuezo y no pudo contenerse más. Se había estado conteniendo todo el día, pero esto, con esto llegó al límite y Morgan cayó de culo mientras soltaba atronadoras carcajadas.

Spencer en realidad quería maldecirle hasta que levantó la mirada y vio la expresión ojiplática en la pequeña cara de gatito de Hotch y él tampoco pudo evitarlo. Toda esta situación era totalmente ridícula y finalmente soltó la risa que había estado conteniendo todo el día. Dejó a Hotch en una toalla para no caerlo y acabó en el suelo junto a Morgan, riendo tan fuerte que se sujetaba el estómago. No ayudó nada cuando un muy indignado Hotch se acercó trotando y sacudió su pequeño cuerpo sobre sus agentes muertos de risa. Lo que, por supuesto, hizo que rieran aún más fuerte. Ambos hombres tardaron largos minutos hasta que finalmente comenzaron a tranquilizarse.

Spencer aún estaba riendo a ratos cuando las lágrimas comenzaron a caer por su rostro. Morgan miró a su mejor amigo y se dio cuenta de que ya no estaba riendo. Las lágrimas eran reales y Spencer estaba llorando.

—Oye, Reid. ¿Qué pasa?—Morgan no sabía muy bien qué hacer. Se acercó a Spencer, abrazó al joven y le dejó purgar sus emociones. Cuando parecía que finalmente estaba vacío, Morgan sintió que era seguro hablar—. Reid, ¿qué sucede?

—¿Qué pasa si nunca lo recupero?—preguntó, más para sí mismo que para él, y tampoco se había dado cuenta de lo que había dicho.

—¿Qué quieres decir, Reid?—Hotch estaba observando a Spencer y le rompió el corazón ver a su humano favorito llorando. Maullando suavemente, caminó despacio hacia él y subió a su regazo, acurrucándose intentando consolarlo.

—Nosotros—Reid envolvió una amable mano alrededor de Hotch y rascó el húmedo pelaje—, estábamos juntos y quería que me mudara con él. Yo me... me asusté y peleamos y ahora, ahora puede que no tenga oportunidad de arreglar esto.

—Reid, solucionaremos esto, ¿vale?—Morgan no quería preguntar mucho en ese momento, sabía que si presionaba demasiado Reid se cerraría en sí mismo y se lo guardaría todo—. Lo traeremos de vuelta y podrás arreglar las cosas con Hotch.

Spencer cogió al gatito y lo sostuvo cerca de su corazón, sin importarle que aún estuviera húmedo. Dejándolo en la cama, Spencer se quitó lentamente la ropa y se echó también. Hotch trepó a la almohada de Spencer y dio unas cuántas vueltas antes de enroscarse y quedarse dormido cerca de la cabeza del joven.

Cuando Spencer despertó a la mañana siguiente, sabía que su sueño no había sido reparador. Extendió la mano hacia Hotch, pero el gatito ya no estaba en la almohada. Se sentó y cogió sus gafas para mirar alrededor. Morgan tampoco estaba en la habitación. Miró el reloj y vio que se había quedado dormido. Sus alarmas no habían sonado. Cogió su teléfono y descubrió que sus alarmas estaban apagadas. Junto al teléfono había una hoja de papel. Morgan había salido a por el desayuno para ambos, el equipo estaba encargándose de cerrar el caso y él solo tenía que preocuparse por Hotch.

Mirando alrededor, Spencer vio su bolsa de viaje abierta. Su ropa estaba desparramada por todas partes. Se levantó, rígido por dormir mal, y comenzó a recoger su ropa. Si no supiera mejor, diría que alguien había estado hurgando en ella. Cuando lo tenía todo guardado de nuevo, le faltaban dos objetos. El chaleco que se había empapado el día anterior y un calcetín. Miró alrededor, pero Hotch no estaba a la vista. Comenzó a entrar en pánico. La puerta del baño estaba cerrada así que miró ahí, pero no había gatito.

Cerró los ojos e intentó imaginar la habitación y a dónde iría Hotch. Morgan nunca le habría dejado escapar cuando se fue esa mañana. Miró en el armario, bajo las camas y tras la cómoda donde estaba la televisión. Entonces lo vio en la esquina el transportín. Saliendo de él había un trozo de tela del mismo tono que su chaleco. Se acercó y se agachó frente a él. Su chaleco estaba dentro con Hotch acurrucado sobre él, profundamente dormido. También agarraba con fuerza entre sus patas el calcetín desaparecido. Se veía adorable y Spencer no quería despertarlo así que lo dejó ahí. Cogió su neceser de ducha y se dirigió al baño para ducharse y prepararse para el día.