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Winter Song

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Salieron como grupo después de la competición y ocuparon una de las habitaciones privadas en un restaurante local. El olor de las especias en el aire y el calor de los fogones de cocina les hizo despojarse de sus abrigos, bufandas y guantes. Se sentaron juntos para reírse y revivir la emoción de la noche.

Perdido en algún lugar entre las conversaciones, Yuuri estaba callado mientras los observaba a todos.

Victor había le había obligado a llevar su medalla, y cuando Yuuri había intentado quitársela o esconderla, Victor la sacaba de nuevo (con gran ceremonia) y la reajustaba hasta que estaba prominentemente exhibida en su pecho.

Mi Yuuri tomará champán,” dijo Victor al camarero. “Está de celebración esta noche.”

En el extremo más alejado de la mesa, Guang-Hong y Leo parecían estar en medio de una profunda conversación mientras sus entrenadores intentaban tener una charla sin el beneficio de un traductor. Yakov no estaba, pero había convencido a Gerogi para que viniera. Christophe tenía su brazo alrededor de él y le estaba contando en términos inequívocos que era patético y que necesitaba olvidarse ya de la chica. Georgi lloró abiertamente en su servilleta mientras Phichit sacaba escondidamente algunas fotos con su móvil.

La boca de Yuuri se suavizó en una íntima sonrisa mientras Victor apretaba su rodilla debajo de la mesa. Sus manos estaban desnudas, libres de los guantes que llevaba con tanta frecuencia cuando estaban juntos en la pista, y el calor de su palma quemaba a través de los pantalones vaqueros de Yuuri. Deslizó su propia mano debajo de la mesa para encontrar la de Victor. Ocultos de la vista de los demás, sus dedos empezaron a coquetear y jugar. Una conversación secreta totalmente propia que no necesitaba palabras.

Yuuri era consciente de que en algún momento — un momento en el tiempo que no podía situar con certeza— Victor se había convertido en su novio.

No fue un instante concreto cuando sucedió. Fue una comprensión lenta, como si Victor le hubiera estado haciendo la pregunta silenciosamente durante meses, y Yuuri le hubiera estado dando la respuesta un poco más con cada día que pasaba.

Aunque no se hubieran sentado y hubieran puesto una etiqueta para definir la relación oficialmente, esto se sentía innecesario cuando cada vez que sus ojos que sus ojos se encontraban era una confirmación de lo que habían llegado a ser el uno para el otro. La naturaleza de su relación estaba sobreentendida, no solo por ellos sino por todos los demás también.

Yuuri sacudió la cabeza como señal de advertencia a Phichit, quien estaba sonriendo como un idiota mientras sacaba una foto a su nueva pareja favorita. Pronto era Yuuri quien estaba intentando ocultar su propia sonrisa, a pesar de haberle suplicado a su amigo que dejara de sonreír.

Después de media copa de champán, el cansancio golpeó a Yuuri. No era solo la falta de sueño, sino la actuación de esa noche y todo lo que la precedía le habían agotado, tanto física como emocionalmente. Pronto se encontró cabeceando. Cuando Victor se dio cuenta, pasó un brazo alrededor de los hombros de Yuuri.

Yuuri estaba demasiado cansado como para sentirse cohibido mientras se acurrucaba contra Victor. Dormitaba, se dormía y se despertaba, parcialmente consciente del ruidoso restaurante pero arrullado por el calor de Victor y el peso protector de su brazo a su alrededor. Olía a champán y a hielo fresco de invierno.

En algún lugar de las profundidades de la adormecida mente de Yuuri, escuchó a Christophe decir, “Victor, esto es lo que pasa por mantener al pobre chico despierto toda la noche, todas las noches.”

(Lo cual fue una insinuación que Yuuri no entendió hasta horas después cuando se estaba lavando los dientes en el baño del hotel. Una vez lo averiguó, jadeó con tal espanto que casi se tragó el cepillo de dientes.)

Victor simplemente rió y contestó al otro lado de la mesa, “Espera hasta que veas patinar a mi Yuuri cuando haya tenido una buena noche de sueño.”

Considerándolo todo, fue una noche maravillosa, llena de buena rivalidad, risa y amistad. Su conversación continuó toda la noche hasta que uno a uno, se empezaron a levantar de la mesa y desear al grupo buenas noches y buena suerte para la próxima comeptición.

Al notar los labios de Victor rozando su línea del pelo, Yuuri se removió y abrió sus ojos.

“El restaurante está cerrando.” Victor le ofreció a Yuuri sus gafas. “Volvamos al hotel”.

Yuuri asintió y tomó las gafas, preguntándose todo el tiempo cuándo se las habían quitado de la cara. Pensaba que se había quedado dormido con ellas puestas. Sus piernas y su cuerpo se sintieron rígidos cuando se levantó de la mesa, y Victor observó con cariñosa paciencia mientras Yuuri forcejeaba con el cortavientos para poner la cabeza y los brazos n los agujeros correctos.

“Espera, déjame ayudarte con eso,” dijo Victor —para luego proceder a ignorar el hecho de que el brazo de Yuuri estaba atascado en la manga. Victor simplemente sacó la medalla de plata de debajo del cortavientos para que estuviera orgullosamente expuesta para que todos la vieran. “¡Perfecto!”

Mientras el resto del grupo se reunía para despedirse fuera delante de las puertas del restaurante, Yuuri se excusó brevemente para ir al baño antes de que se fueran. Se echó agua fría en la cara con la esperanza de que le ayudara a mantenerse despierto de camino de vuelta al hotel.

Se enderezó y entornó los ojos a su reflejo en el espejo, pero incluso después de ponerse las gafas, no podía decir si se veía diferente o no. Ciertamente él había cambiado.

Había sido besado por primera vez esa noche. Tenía un novio. Que de entre toda la gente, era Victor Nikiforov.

El pensamiento trajo una suave (y francamente, asombrada) sonrisa a su cara. Cerró el grifo y alcanzó una toalla para secarse las manos.

Sin embargo, la sonrisa pronto se desvaneció al reparar en la medalla de plata apoyada en su pecho. Resoplando, la metió de nuevo en la parte delantera de su cortavientos y se reunió con los demás fuera del restaurante. El encargado de noche cerró las puertas tras él.

Fuera, el aire era amargamente frío con pequeños copos de hielo que se derretían cuando aterrizaban en sus mejillas. Brumosos halos de luz rodeaban las farolas a lo lejos, y la niebla nublaba todo lo demás. La temperatura estaba descendiendo rápidamente.

Phichit le estaba esperando, a unos pasos de donde Victor y Celestino estaban teniendo una conversación. El aliento de Yuuri se congeló en el aire ante él mientras se apresuraba hacia su amigo.

“Están hablando sobre ti,” dijo Phichit, señalando con la cabeza en dirección a sus entrenadores. “Victor le ha pedido consejo.”

Yuuri cerró la cremallera de su chaqueta tan alto como pudo y se lamentó de su incapacidad para esconder su vergüenza del mundo. Se sintió mal por dejar la mentoría de Celestino, aunque había sido una decisión acertada.  Había sido un buen entrenador y siempre creyó que Yuuri era capaz de mucho más de lo que demostraba. Celestino había sido uno de los seguidores de Yuuri más vocales después de la actuación de esta noche, orgulloso de él a pesar de ser el entrenador de otro competidor. Eso significaba mucho.

Pero ¿qué le estaba diciendo Celestino a Victor ahora? Incómodo porque la gente estuviera hablando sobre él, Yuuri metió las manos en sus bolsillos y dio una patada al suelo con la punta de su zapatilla.

“¿Qué tal lo está haciendo Victor como entrenador?” Phichit preguntó, manteniendo la voz baja para que nadie más le pudiera oír. “Todos sabemos que es un gran patinador, pero hoy las cosas parecían tensas.”

“Ya me has visto así antes,” dijo Yuuri.

“No sé. Esta vez era diferente. Te he visto nervioso, pero cuando entraste en el hielo, parecías más… centrado. Tu programa libre ha sido increíble, Yuuri.”

Yuuri se sonrojó. Nunca había sabido qué hacer con los elogios, así que simplemente dijo, “me aseguraré de ver el tuyo online pronto, pero he escuchado los aplausos desde el garaje. Literalmente conmoviste a toda China”

Phichit sonrió y dijo, “Los dos vamos a practicar duro para que podamos ganar esto juntos, ¿vale?”

Mientras asentían, Victor y Celestino rieron y se dieron la mano. No mucho después, las dos parejas se desearon buenos viajes y se separaron. Victor enganchó un brazo alrededor del cuello de Yuuri y le acercó para caminar de vuelta al hotel.

“¿Tienes frío?” preguntó Victor. Su enguantada mano se deslizó arriba y abajo por el brazo de Yuuri. “Necesitamos conseguirte un abrigo más caliente antes de Rusia.”

“Estoy…” Yuuri se calló y tragó saliva. “No. No tengo frío.”

Porque realmente, ¿qué persona en su sano juicio podría concentrarse en el frío cuando Victor Nikiforov le estaba tocando?

“Mmm, qué mal,” Victor ronroneó en su oído. “Los rusos tenemos manera muy creativas para mantenernos calientes.”

Su aliento olía no desagradablemente a alcohol, pero milagrosamente, no estaba borracho. Solo relajado y desprovisto de sus inhibiciones, lo cual no era algo fuera de lo normal. Así mismo, Yuuri se sintió aturdido por el atrevimiento de Victor. Siempre había flirteado descaradamente, pero sus palabras ahora tenían peso. En otro tiempo, Yuuri podría haber pensado que solo estaba bromeando o intentando sacarle alguna reacción. Ahora Yuuri podía asumir que Victor podría ir en serio.

“Q-Qué te dijo Celestino?” Yuuri tartamudeó. “Phichit-kun dijo que le pediste consejo.”

Victor suspiró e inclinó la cara hacia el cielo, como si le gustara la sensación de la fría brisa en su cara. “No lo digo como algo malo, Yuuri, pero a veces no sé qué hacer contigo. Como tu entrenador, digo. Y eso fallo mío, no tuyo. No quiero que mi inexperiencia te afecte a ti o a tu patinaje. Así que sí, le he pedido consejo a Celestino, pero simplemente me ha dicho lo que yo ya sabía. Que tienes el talento para cambiar el deporte del patinaje para siempre. El problema es hacerte creer eso.”

Caminaron media manzana en silencio mientras Yuuri reflexionaba sobre lo que Victor había dicho. No fue nada nuevo. Celestino y Victor le habían dicho cosas similares a Yuuri anteriormente, a pesar de que las palabras casi siempre caían en oídos sordos.

Pero lo que más le llamó la atención fue que Victor por fin lo estaba consiguiendo . ¿Cuántas veces había intentado Yuuri explicar sus luchas mentales, solo para calmar las preocupaciones de Victor, como si fuera un problema fácil de superar?

Hoy, había visto por sí mismo que no era algo simple. Una cosa era conocer que Yuuri tenía problemas de ansiedad y otra diferente ver un ataque de primera mano. Ver a Yuuri de esa manera había borrado la sonrisa del siempre sonriente rostro de Victor, se volvió serio y sacó un lado protector completamente inesperado.

“Siento lo de antes,” dijo Yuuri. “Por gritarte y hacer todo estresante. No sé por qué me pongo tan nervioso. Me gustaría poder controlarlo cuando pasa.”

El brazo de Victor se estrechó a su alrededor. “Te pasó lo mismo en el Grand Prix Final del año pasado?”

Yuuri asintió.

“¿Sabes qué es lo que lo provoca? Ayer estabas bien.”

“Bueno, el año pasado, lo desencadenaste. Bueno, tú y Vicchan.”

“¿Yo?”

“Siempre te he admirado, y estaba a punto de patinar en el mismo hielo que tú por primera vez. No quería que me vieras fracasar, y eso fue exactamente lo que pasó. Es como si tuviera el poder de convertir mis peores miedos en realidad.”

Victor paró en seco y se volvió para estar de cara a Yuuri. Manos amables pero firmes agarraron sus brazos. “Mírame. No fracasaste. ¿Piensas que alguno de tus amigos han fracasado esta noche? ¿Guang-Hong o Leo? Sus puntuaciones han sido casi como la tuya el año pasado.”

La cara de Yuuri ardió. Pues claro que no pensaba eso.

“Tienes alguna idea de cuanto talento tienes?” Victor continuó. “Te vi patinar el año pasado. Me acordé de ti debido al modo en el que movías tu cuerpo con la música. Estabas nervioso, pero no lo suficiente como para distraer de tu encanto. Incluso pusiste a Yurio ansioso. Quería sacarme una foto y hablar contigo después porque despertaste algo en mi que no había sentido en mucho tiempo. Tú puedes llamarlo un fracaso, pero eso no fue lo que vi. Ahora mira la diferencia que hay en ti esta noche. Por mi cuenta, fallaste tantos saltos como el año pasado, pero esta noche estabas contento con tu actuación. Esa es la diferencia entre fracasar y ganar. No tiene nada que ver con tu puntuación.”

Mientra Victor hablaba, Yuuri se empezó a emocionar otra vez. Aún no había sanado completamente después de la pesadilla del año pasado y bajó la mirada antes de que lágrimas pudieran llenar sus ojos. Estaba exhausto, y las palabras de Victor eran difíciles de escuchar, a pesar de que cada sílaba era muy necesitada.

“¿Victor?”

Manos enguantadas apretaron sus brazos. ¿Qué es, mi Yuuri?”

Yuuri tembló y cerró los ojos cuando Victor le llamó suyo . “Eres el mejor entrenador que he tenido nunca.”

Y lo decía en serio. Había tenido otros más sabios, seguro, pero nunca uno que lo quisiera y creyera en él tanto.

Victor inspiró lentamente, y cuando lo soltó, se hizo evidente que se había estado tenso. Luego sonrió, y la visión de ello calentó a Yuuri desde dentro. “Lo estoy intentando,” dijo Victor. “Da igual lo que pase, siempre estaré a tu lado.” Dijo las palabras casi con reverencia, como si significaran algo más para él de lo que estaba en la superficie.

Sus frentes se juntaron, y permanecieron allí por un largo momento, simplemente disfrutando de la paz después de una noche tan estresante. El olor de Victor y su proximidad eliminaron el cansancio de la mente de Yuuri y aliviaron la tensión restante.

No pasó mucho tiempo antes de que algo más tomara su lugar, justo en el momento en que Victor colocó una mano en la cadera de Yuuri.

Se sintió cálido y extrañamente sin solidificar en la base de su abdomen, y sin pensar, alargó la mano y agarró las solapas del abrigo de Victor. Sus cuerpos se acercaron como si fueran atraídos por la gravedad.

No sabía qué estaba pidiendo. Le asustaba a la vez que le llenaba el pecho de un despliegue esperanzador como las alas de un pájaro.

Victor inclinó la cabeza y acarició el rostro de Yuuri, bañando su piel con el calor de su aliento. Las puntas de los dedos le rozaron la cara, persuadiendo su barbilla a que se elevara, y luego sintió la suave presión de los labios de Victor sobre su boca.

Fue un beso breve. Solo un roce de labios, en realidad, seguido del aleteo de las pestañas al separarse para mirar.

Victor aún estaba preguntando silenciosamente con sus acciones. ¿Está bien esto? ¿Quieres más?

La barbilla de Yuuri descendió, y se humedeció los labios. Estaba temblando internamente.

“¿No?” preguntó suavemente Victor. Su pulgar acarició el pómulo de Yuuri.

“Deberíamos volver al hotel,” dijo Yuuri.

Su voz sonaba rara, incluso a sus propios oídos. No era que quisiera que este momento acabara.Todo lo contrario, de hecho. Pero ahora ya había compartido sus dos primeros besos con el resto del mundo. Lo que fuera que pasara a continuación… lo quería todo para sí mismo.

Y así miró a Victor directamente a los ojos y dijo sin ninguna vergüenza, “Si vamos a hacer esto, quiero estar a solas contigo. Hay demasiada gente aquí fuera.”

Soltó el abrigo de Victor, se deshizo de su abrazo y empezó a caminar hacia el hotel con un enfoque renovado. No sabía lo que le esperaba allí, pero sabía que nada iba a ser igual después de ello.

Victor le alcanzó un momento después, con una satisfecha y pagada de sí misma sonrisa que apenas podía contener. “Ahora, espera un segundo.” Alcanzó el brazo de Yuuri. “Tú y yo aún tenemos un serio problema que tenemos que solucionar antes de dar otro paso. Espero que sepas que estoy muy decepcionado contigo como mi estudiante ahora mismo.”

Yuuri se volvió y parpadeó ante Victor confuso. Sus palabras no coincidían con la traviesa sonrisa de su rostro. “¿Qué..?”

“Bueno, acabo de darme cuenta de que no estás llevando tu medalla de manera que todos puedan verla.” dijo Victor. “En serio, Yuuri. Pensaba que habíamos hablado sobre esto.”

Mientras enganchaba un dedo alrededor de la cinta de la medalla y la sacaba del cortavientos, Victor saludó a un trío de transeúntes que paseaban por el otro lado de la calle y gritó a todo volumen, “¡Hey, mirad a mi Yuuri! ¡Ha ganado una medalla esta noche!”

“Victor, para.

 

Continuará.